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sábado, 21 de noviembre de 2015

COSA DE LOCOS, PORQUE TODOS LOS FINALES POLITICOS SON ABRUPTOS - Por: OSVALDO BURGOS - PARANOIA Y PODER - "LA PARANOIA HA HECHO CORRER DEMASIADA SANGRE COMO PARA DEJÁRSELA A LOS PSIQUIATRAS" - DELIRIO CONTAGIOSO DE LOS FANÀTICOS - TEORIA DEL COMPLOT - OMNIPOTENCIA - FANFARRONERIA - DUDA - UTOCRITICA - RELACIÒN AMIGO ENEMIGO - MULTIPLICACIÒN DE ENEMIGOS PEQUEÑOS - PARANOICO EXITOSO - DISCURSO CARISMÀTICO - DINÀMICA PARANOICA - YO O EL ABISMO= MANIPULACIÒN EXTORSIVA - -







COSA DE LOCOS (o por qué todos los finales políticos son abruptos)

En su extenso y muy documentado libro sobre el tema -en el que parte desde Ayax, pasa por Hitler y Stalin y termina en Otelo-, Luigi Zoja define a la paranoia como la locura que hace la historia.


"LA PARANOIA HA HECHO CORRER DEMASIADA SANGRE COMO PARA DEJÁRSELA A LOS PSIQUIATRAS" dice, y creo que tiene razón.

Pero el problema no es la enfermedad en sí misma, claro. Sino el éxito del paranoico, que termina por encender el delirio contagioso de los fanáticos.

Esto no lo digo yo, tampoco el bueno de Luigi. 

Lo dijo, hace un siglo, el mismo Freud: "en todos los tiempos, exaltados, visionarios, delirantes, víctimas de desilusiones, neuróticos y locos tuvieron un papel destacado en la historia del género humano."


"Grandes hombres" diría Engels (el gran amigo de Marx). Excesos de la voluntad de poder, diría Nietzsche. 

Exaltados, neuróticos, delirantes. Locos que ahondando las divisiones -reales o imaginarias, o más bien reales en cuanto antes imaginadas- han sostenido su leyenda desde la teoría del complot. Y la convicción contagiada, de que fuera del "nosotros" difuso y reductivo que ellos mismos delimitan arbitrariamente, solo hay lugar para los monstruos. O la nada.
Los ejemplos sobran, la tipología se preserva y se repite a través de las décadas y de las geografías con exactitud de manual.
Una y otra vez, aquí y allá, los “paranoicos exitosos” se exaltan en su entusiasmo, declinando hacia la omnipotencia, que se manifiesta de manera clara en su irrefrenable tendencia a la fanfarronería (el término es de Zoja)


Descartan cualquier atisbo de duda o autocrítica, falsean su historia para sostener su superioridad absoluta y se creen la farsa que ellos mismos construyen a partir de un enemigo prodigioso, diabólico, sobrehumano, al que vencen continuamente en innumerables batallas pero al que nunca terminan de destruir.

La multiplicación de enemigos pequeños no es suficiente para un “paranoico exitoso”, su superioridad no es simplemente cuantitativa ni acumulativa –lo que la haría provisoria y alguna vez descartable-, sino cualitativa e indescontable –lo que la torna esencial-. 

Solo ellos pueden dominar lo que amenaza con la catástrofe. 


En su discurso carismático, siempre será urgente una guerra más –que nunca será la última- para avanzar hacia su destino inexorable de elegidos, haciéndose cada vez más y más grandes. Pero en esa dinámica paranoica de engrandecimiento constante no hay un lugar real de llegada. En ella, la tierra prometida se agota apenas en la promisión.


Y es inevitable: sin ningún lugar real de llegada, la interrupción de semejante camino de gloria será siempre abrupta. Advendrá paradójicamente catastrófica, tal y como la amenaza que ellos mismos estaban convencidos de combatir y sobre cuyo vencimiento siempre “casi” total (y en ese “casi” se justifica su afán de permanencia a-temporal en el liderazgo) asentaban el con-vencimiento irrefutable de su superioridad.

Solo quien conduce al abismo, y lo sabe, plantea la alternativa entre el abismo y el yo. El abismo, claro, no es racionalmente elegible. 


De modo que esa alternativa dilemática es su manera manipuladora, extorsiva, de confirmar la devoción, el fanatismo, la lealtad de los que se aferran a él para no caer, sin saber –o sabiéndolo pero eligiendo la indiferencia a su propio destino como una ofrenda- que aceptando el dilema terminarán cayendo.