Páginas vistas en total

jueves, 25 de febrero de 2016

JESÙS, MAHOMA Y MARX, TRINIDAD FILOSOFICA - ROGER GARAUDY - EL TERROR OCCIDENTAL - VISIÒN SOBRE ATENTADOS 11 SETIEMBRE 2001 - EDUCACIÒN ATEA - CONCEPCIÒN ANTROPOMORFICA DE DIOS - RELIGIÒN TRIBAL - PRISIÒN CIENTISTA - CON JESÙS EN EL CORAZÒN DEVINE MARXISTA - LA RIQUEZA Y PODERIO DE ALGUNOS ESTÀ BASADA EN LA MISERIA Y DEPENDENCIA DE MUCHOS - FRACTURA ENTRE LOS QUE TIENEN Y LOS QUE NO TIENEN - ISLAM IDEOLOGIA DOMINANTE DE LOS DOMINADOS - TEOLOGIA DE LA LIBERACIÒN - MODELO DE CRECIMIENTO OCCIDENTAL AGRAVA SUBDESARROLLO `PAISES POBRES - LA FE COMO DIMENSIÒN CONSTITUTIVA DEL HOMBRE -






Jesús, Mahoma y Marx, trinidad filosófica
Este texto es parte del prólogo de El terror occidental, nuevo libro del filósofo francés Roger Garaudy, aún no editado en español. 

La traducción es del profesor Francisco J. Peña Torres. Las ediciones en árabe y francés -de la editorial Dar El Dumma de Argel- aparecieron hace poco. Una versión en inglés se lanzará en Toronto, Canadá. 

El libro, de unas 500 páginas, tiene nueve capítulos y un prefacio en que Garaudy entrega su visión sobre los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 en Nueva York y Washington. 

Sostiene que han servido a Bush y al lobby militar, industrial y petrolero norteamericano para iniciar una “cruzada contra el terrorismo” destinada a superar las dificultades que afronta la economía de Estados Unidos.
"Mi vida está hecha de rupturas. No lamento ninguna de ellas. Porque ninguna fue la negación de la precedente, sino la superación de un límite.

Mi familia me educó con un ateísmo que me liberó de las concepciones antropomórficas de Dios y me preservó de toda religión tribal, aquellas que pretenden tener el monopolio de lo absoluto y nos imponen mitos, ritos y dogmas, como si tuvieran un valor universal, como si fuesen propiedad de un pueblo elegido. Su frontera era la razón hermética, es decir, inconsciente de sus postulados y de sus límites.

Cuando tomé conciencia que estos límites eran la cultura y la filosofía que me habían enseñado en la escuela, tuve la necesidad de escapar de esa prisión cientista. 

Gracias a Kierkegaard, a quien descubrí gracias a algunas amistades protestantes, me di cuenta que existían más allá de nuestra pequeña lógica y moral, sacrificios parecidos a los de Abraham, aparentemente dementes, puesto que rompían con todas las normas de la tribu. 

Pude entonces franquear otra brecha, tal vez la más grande abierta en la historia de los hombres y de los dioses: Jesús. 

Con El, la ruptura, la superación y la trascendencia no estaban contaminadas por nuestra mezquina visión espacial de la exterioridad... 

Con Jesús en el corazón devine marxista, considerando que Marx había elaborado para un siglo determinado, leyes de desarrollo que permitirían al hombre alcanzar no un “fin de la historia”, sino salir de la prehistoria, en la cual la riqueza y el poderío de algunos están basados en la 
miseria y la dependencia de muchos.

Nunca he lamentado haber tomado esa opción, porque continúo pensando que sin el método de análisis empleado por Marx en su época, no es posible comprender hoy en día la división del mundo entre el colonialismo unificado existente desde la última guerra -coalición formada por los antiguos y nuevos colonialistas- y la creciente fractura entre los que tienen y los que no tienen. 

Una vez más escogí mi campo contra la ideología dominante de los dominantes. 

Escogí el Islam, la ideología dominante de los dominados, no para compartir las nostalgias del pasado o la imitación de Occidente, sino como una manera de tomar partido y seguir el ejemplo de la Teología de la Liberación. 

Esta nació en América Latina, en Africa, en Asia, allí donde los seres humanos mueren de miseria al ritmo de un Hiroshima cada dos días, debido al “modelo de crecimiento” occidental que sigue agravando su “subdesarrollo”, corolario de la dependencia...

Lo que necesitamos es algo completamente nuevo, no una renovación de tal o cual religión, sino la toma de conciencia de la fe como dimensión constitutiva del hombre en su unidad, para salir de esta sórdida prehistoria depredadora en que nos ha sumido el desarrollo de la técnica -viga maestra de la “religión de los medios”- que nos ha hecho perder hasta el deseo de reflexionar en la finalidad y sentido de nuestra vida y de nuestra historia común.

Es en la cabeza y en el corazón de los hombres donde no sólo comienzan las revoluciones, sino que las verdaderas mutaciones de la historia. 

Desgraciadamente, muchos revolucionarios tienen prisa por cambiar todo, salvo cambiar ellos mismos."