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martes, 31 de mayo de 2016

JEAN PAUL SARTRE - PRINCIPALES IDEAS DEL TEXTO DE SARTRE - Por: EUGENIO SÀNCHEZ BRAVO ( 12 DE marzo de 2012) - EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO - LA MODA EXISTENCIALISTA - HAY DOS ESCUELAS EXISTENCIALISTAS - LA EXISTENCIA PRECEDE A LA ESENCIA - VISION TECNICA DEL MUNDO - TRATAR AL HOMBRE COMO UN FIN EN SI MISMO Y NO COMO UN MEDIO - VISION TECNICA DEL MUNDO - EL HOMBRE Y DIOS EN LOS FILOSOFOS DEL SIGLO XVII - LA NATURALEZA HUMANA EN LOS FILOSOFOS DEL SIGLO XVIII - EL EXISTENCIALISMO ATEO - CONCEPCION EXISTENCIALISTA DEL HOMBRE - EL HOMBRE ES LO QUE SE HACE - EL PROYECTO - EL HOMBRE ES PLENAMENTE RESPONSABLE - LA ELECCION - EL OBRERO QUE ELIGE EL CRISTIANISMO - EL INDIVIDUO QUE ELIGE LA MONOGAMIA - LA ANGUSTIA - ANGUSTIA Y MALA FE -

Ideas principales del texto de Sartre (PAU Extremadura)





Jean-Paul Sartre
Jean-Paul Sartre: El existencialismo es un humanismo. Francisco Caballero Quemades y Miguel Corella Lacasa (ed.) Madrid: Santillana, 1996, pp. 20-24.

1. La moda existencialista

¿A qué se llama existencialismo?
Para la mayor parte de la gente que utiliza esta palabra sería muy embarazoso justificarla pues, hoy que se ha puesto de moda, se afirma de buena gana que un músico o un pintor es existencialista.

Un columnista deClartés firma El existencialista; y en el fondo la palabra ha tomado hoy tal amplitud y tal extensión que ya no significa nada de nada.

Parece que, a falta de una doctrina de vanguardia análoga al surrealismo, la gente ávida de escándalo y de ajetreo se dirige a esta filosofía, que no puede, por otra parte, aportarle nada al respecto; en realidad es la doctrina menos escandalosa, la más austera; está destinada estrictamente a los técnicos y a los filósofos. No obstante, puede definirse fácilmente.
El existencialismo es un humanismo es una conferencia impartida por Sartre en el Club Maintenant de Paris en 1945 y publicada en 1946. 

Sartre se queja de que la palabra se estaba usando para referirse a tantas cosas que se había quedado vacía de significado. En general se entendía por existencialismo el estado de ánimo pesimista que se presidía cualquier manifestación cultural después del horror de la II Guerra Mundial. 

Con esta charla Sartre pretende delimitar el significado estrictamente filosófico del existencialismo.

2. Hay dos escuelas existencialistas.

Lo que complica las cosas es que hay dos clases de existencialistas: en primer lugar, los que son cristianos, entre los cuales yo incluiría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica; y, por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuales hay que incluir a Heidegger y también a los existencialistas franceses y a mí mismo.
Dentro del terreno filosófico, Sartre distingue dos escuelas existencialistas: una corriente cristiana representada por Jaspers y Marcel, y otra atea que incluiría a Heidegger y al mismo Sartre.
El existencialismo cristiano busca respuestas al nihilismo que supone la muerte de Dios en convulsas conversiones al catolicismo típicas de la primera mitad del siglo XX.

La corriente atea, por el contrario, se mantiene fiel a la finitud del hombre.

3. La existencia precede a la esencia.

Lo que tienen en común es simplemente el hecho de que consideran que la existencia precede a la esencia o, si ustedes prefieren, que hay que partir de la subjetividad.

¿Qué debemos entender exactamente por esto? Cuando se considera un objeto fabricado, como por ejemplo un libro o un abrecartas, tal objeto ha sido fabricado por un artesano que se ha inspirado en un concepto; se ha referido al concepto de abrecartas e igualmente a una técnica de producción previa que forma parte del concepto y que en el fondo es una receta.

Así, el abrecartas es a la vez un objeto que se produce de una cierta manera y que, por otra parte, tiene una utilidad definida, y no se puede suponer un hombre que produjera un abrecartas sin saber para qué va a servir ese objeto.

Diremos pues que, para el abrecartas, la esencia -es decir el conjunto de recetas y de cualidades que permiten producirlo y definirlo- precede a la existencia; y así, la presencia, frente a mí, de semejante abrecartas o de semejante libro está determinada.
Ambas escuelas tienen en común un axioma “la existencia precede a la esencia“. 

Pensemos, dice Sartre, en un abrecartas: su esencia, esto es, sus características y su utilidad, están pensadas previamente a su fabricación. Su existencia, por tanto, está determinada por la esencia.
La distinción esencia-existencia tiene su origen en Tomás de Aquino. 

Aristóteles había establecido las siguientes oposiciones: materia – forma y potencia-acto. 

Tomás de Aquino añade una tercera: esencia – existencia. Su objetivo es separar bien a Dios de las criaturas. Al contrario que en Aristóteles donde las esencias son eternas, en Tomás de Aquino sólo en Dios coinciden la esencia y la existencia, sólo Dios es.

4. Visión técnica del mundo

Tenemos aquí, pues, una visión técnica del mundo, en la que se puede decir que la producción precede a la existencia.
En el mundo técnico, el mundo artificial creado por el hombre, la esencia precede a la existencia.
Sartre coincide aquí con Heidegger. Para este el triunfo de la técnica a nivel planetario supone un modo de interpretar la realidad regido por la calculabilidad, la utilidad y la rentabilidad. 

El mundo y, el propio hombre, quedan reducidos cosa.
En ambos casos, Sartre y Heidegger recuperan aquella formulación del imperativo categórico kantiano según la cual es necesario tratar al hombre como un fin en sí mismo y no como un medio.
Un ejemplo sencillo para entender lo que significa la visión técnica del mundo es la película Avatar de James Cameron, donde la multinacional sólo está interesada en explotar los recursos de Pandora.

Fotograma de Avatar (Cameron, 2009). Destrucción del Árbol Madre (Home Tree)

5. El hombre y Dios en los filósofos del s. XVII

Cuando concebimos un Dios creador, tal Dios se asimila en la mayor parte de las ocasiones a un artesano superior; y sea cual sea la doctrina que consideremos, se trate de una doctrina como la de Descartes o de la doctrina de Leibniz, admitimos siempre que la voluntad sigue más o menos al entendimiento, o al menos lo acompaña, y que Dios, cuando crea, sabe perfectamente lo que crea.

Así, el concepto de hombre, en el espíritu de Dios, es asimilable al concepto de abrecartas en el espíritu del industrial; y Dios produce al hombre siguiendo unas técnicas y una concepción, exactamente como el artesano fabrica un abrecartas siguiendo una definición y una técnica.

Así, el hombre individual realiza cierto concepto que se encuentra en el entendimiento divino.
La visión técnica del mundo equivale al modo en que la metafísica moderna, heredera de la teoría de las Ideas de Platón, define al hombre. Recuerda que para Platón existe un artesano superior llamado Demiurgo que, plasma las Ideas en la Materia. El individuo humano sería, por tanto, una copia de la Idea de Hombre.
Esta forma de entender al ser humano se prolonga durante la filosofía medieval donde Dios asume el papel de creador del Universo.
En la filosofía moderna, representada por los racionalistas Descartes o Leibniz, el hombre es el producto de una mente divina que reproduce las esencias en el mundo material. La voluntad de Dios obedece a su entendimiento. 

Sartre insiste en una analogía fundamental: el abrecartas es al industrial lo que el hombre a Dios.

6. La naturaleza humana en los filósofos del siglo XVIII

En el siglo XVIII, en el ateísmo de los filósofos, la noción de Dios es suprimida, pero no sin embargo la idea de que la esencia precede a la existencia.

Encontramos esta idea un poco por todas partes: la descubrimos en Diderot, en Voltaire e incluso en Kant.

El hombre es poseedor de una naturaleza humana; esta naturaleza humana, que es el concepto humano, se encuentra en todos los hombres, lo que significa que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal, el hombre; en Kant, resulta de esta universalidad que tanto el hombre de los bosques, el hombre de la naturaleza, como el burgués están sujetos a la misma definición y poseen las mismas cualidades básicas. De este modo, aquí también, la esencia del hombre precede a esa existencia histórica que encontramos en la naturaleza.
En el siglo XVIII, aunque la idea de Dios desaparece, permanece la certeza de que existe una naturaleza, una esencia, que define al hombre. Así, por ejemplo,Kant. Tanto el hombre sin civilizar como el burgués comparten unas características comunes. 

Recuerda como Kant establece que la naturaleza humana está determinada por la “insociable sociabilidad” y que esta es, paradójicamente, la causa del progreso moral y científico de la humanidad. 

Otros ejemplos son la naturaleza humana torcida por el mal que crítica Voltaire en su novela Cándido o la obsesión por el poder que Diderot atribuye al ser humano en su novela Jacques el fatalista, el “buen salvaje” de Rousseau o “el hombre es un lobo para el hombre” de Hobbes.

7. El existencialismo ateo.

El existencialismo ateo que yo represento es más coherente. Declara que, si Dios no existe, hay al menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningún concepto y que este ser es el hombre o, como dice Heidegger, la realidad humana.
El existencialismo ateo pretende ser coherente con la idea de que Dios no existe. La desaparición de Dios del mapa filosófico implica que hay al menos un ser cuya existencia no está definida de antemano: es el hombre. El hombre está arrojado al mundo y se define por sus acciones. En esto coinciden Heidegger y Sartre.

8. La concepción existencialista del hombre

¿Qué significa aquí que la existencia precede a la esencia? Significa que el hombre primero existe, se encuentra, surge en el mundo, y que se define después.

Si el hombre, tal como lo concibe el existencialista, es indefinible, es porque comienza no siendo nada. Sólo será más tarde y será tal como se haga a sí mismo. Así pues, no hay naturaleza humana, puesto que no hay Dios para concebirla.
La naturaleza humana equivale a una nada que se hace progresivamente en el mundo. El hombre se define por sus decisiones y acciones no por una naturaleza previa.

9. El hombre es lo que se hace.

El hombre no sólo es tal como se concibe, sino tal como se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere tras ese impulso hacia la existencia, el hombre no es otra cosa que lo que él mismo se hace. 

Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad y lo que se nos reprocha con ese mismo nombre. Pero ¿qué queremos decir por esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o que la mesa? Pues queremos decir que el hombre comienza por existir, es decir que el hombre es en primer lugar algo que se lanza hacia un porvenir y algo que es consciente de proyectarse en el porvenir.
El hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa pues estos objetos tienen definida su esencia previamente a su existencia. El hombre, por el contrario, existe y es consciente de ser un algo que se proyecta hacia el porvenir. 

Este discurso sobre la dignidad del hombre remite directamente al humanismo renacentista de Pico della Mirandolla: el hombre es un ser intermedio entre lo divino y las bestias, puede elevarse o caer de acuerdo a su liberad.

10. El proyecto

El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; no existe nada anterior a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será en primer lugar lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser. Porque lo que ordinariamente entendemos por querer es una decisión consciente y que es, para la mayoría de nosotros, posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme, todo esto no es más que una manifestación de una elección más original, más espontánea que lo que se llama voluntad.

Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es.
El hombre es, ante todo, subjetividad, es decir, un “ser-para-sí”.  No es un “ser-en-sí” como pueden serlo el musgo, la podredumbre o una coliflor.
Del mismo modo que no existe el mundo inteligible de Platón, no existe una Idea de hombre que determine cuál ha de ser su existencia. El hombre es, sobre todo,voluntad y, por tanto, responsable de lo que es. El hombre es lo que haya proyectado ser.
Observa que Sartre distingue entre el hombre como proyecto y el querer consciente. El hombre como proyecto es previo al querer consciente. 

Hay que distinguir entre lo que creemos que estamos haciendo y lo que realmente estamos haciendo. Es una distinción que recuerda mucho a Schopenhauer y, sobre todo, a Freud. Imagina a alguien con una formación reactiva: puede ser que conscientemente crea que está enamorado de su pareja y que por ello va a pedirle matrimonio, pero en realidad lo único que desea es dejar es alejarse de la homosexualidad que tanto le atrae y odia al mismo tiempo.

11. El hombre es plenamente responsable

Así, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es y hacer descansar sobre él la responsabilidad total de su existencia.

Y, cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres.

Hay dos sentidos del término subjetivismo, y nuestros adversarios juegan con estos dos sentidos. Subjetivismo quiere decir, por una parte, elección del sujeto individual por sí mismo y, por otra parte, imposibilidad para el hombre de superar la subjetividad humana.
Cuando los comandantes de los campos de concentración se defendían en los Juicios de Nüremberg, alegaban que obedecían órdenes. Según Sartre esta sería una respuesta inadmisible porque el hombre es siempre responsable de sí mismo.
Cuando el marxismo acusa al existencialismo de subjetivismo, es decir, de ser una filosofía a la que sólo preocupa el individuo pero no la clase social, Sartre se ve obligado a matizar que el hombre es responsable no sólo de sí mismo sino de aquello que todos los hombres pueden llegar a ser. 

Esta es, evidentemente, una nueva versión del imperativo categórico kantiano: obra de tal manera que tu máxima se convierta en ley universal. Aunque Sartre es crítico con Kant pues ni siquiera la lógica del imperativo categórico es suficiente para guiarnos en nuestras acciones. Si a un individuo le está dado elegir entre ir al frente a combatir a los nazis o quedarse en la retaguardia para cuidar de su madre, ambas opciones podrían convertirse en ley universal.
Al final del párrafo, Sartre afirma que el hombre no sólo es libre sino que no puede escapar de su subjetividad. Es decir, que sus acciones comprometen a toda la humanidad.

12. La elección

El segundo es el sentido profundo del existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero con ello queremos decir también que al elegirse elige a todos los hombres.

En efecto, no hay uno solo de nuestros actos que, al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como estimamos que debe ser.

Elegir ser esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, pues no podemos nunca elegir el mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos.

Si, por otra parte, la existencia precede a la esencia y nosotros quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es válida para todos y para toda nuestra época. Así nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos suponer, pues compromete a la humanidad entera.
Nuestra elección, dice Sartre, “compromete a la humanidad entera”. Como dijimos anteriormente, una nueva versión del imperativo categórico de Kant, aunque con matices citados.
Sin embargo, de un modo coherente con su ateísmo, y recuperando el ingenuo intelectualismo moral de Sócrates, Sartre afirma que no existe el mal. El hombre siempre elige el bien, pero lo que elija es como si obligase a la humanidad entera.

13. El obrero que elige el cristianismo.

Si soy obrero y si elijo adherirme a un sindicato cristiano en lugar de ser comunista, si, por esta adhesión, quiero indicar que la resignación es en el fondo la solución que conviene al hombre, que el reino del hombre no está en la tierra, no comprometo únicamente mi caso: quiero ser resignado para todos, en consecuencia mi andadura ha comprometido a toda la humanidad.
Para ilustrar lo anterior Sartre recurre a un ejemplo polémico. Cuando un obrero elige el cristianismo en lugar del comunismo está comprometiendo a todos los hombres  en una  actitud de humildad y renuncia. Aquí están presentes las críticas a la alienación religiosa de Marx y Nietzsche.
Traducido a un lenguaje más actual, Sartre critica al “obrero” que vota a “la derecha”.

14. El individuo que elige la monogamia.

Y si yo quiero, hecho más individual, casarme, tener hijos, incluso si este matrimonio depende únicamente de mi situación, o de mi pasión, o de mi deseo, con eso no me comprometo solamente a mí mismo, sino a toda la humanidad en la senda de la monogamia. De este modo, soy responsable ante mí mismo y ante todos y creo una cierta imagen del hombre que elijo; eligiéndome, yo elijo al hombre.
Esto nos permite comprender lo que ocultan palabras un poco grandilocuentes como angustia, desamparo, desesperación. Como van a ver ustedes, es extremadamente simple. En primer lugar, ¿qué se entiende por angustia?
Sartre utiliza otro ejemplo interesante para debatir en clase. Cuando, en un plano individual, elijo como mi destino el matrimonio y tener hijos (y un coche y una hipoteca y vacaciones…) también estoy comprometiendo a la humanidad entera. 

Recuerda que la relación entre Sartre y Simone de Beauvoir era poco convencional y la monogamia le parecía un estereotipo burgués.
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Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Boris Vian y Michelle.
Cualquier elección moral no sólo me compromete a mí sino también a todos los hombres. Este es el origen de la angustia existencialista.

15. La angustia

El existencialista declara de buen grado que el hombre es angustia. Esto significa lo siguiente: el hombre que se compromete y que es consciente de que no es solamente eso que elige ser -sino también un legislador eligiendo al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera- no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad.

Sin duda, muchas personas no están angustiadas, pero nosotros sostenemos que enmascaran su angustia, que huyen de ella; indudablemente, muchos creen al obrar que sólo se comprometen a sí mismos y, cuando se les dice: ¿y si todos hicieran lo mismo, qué?, se encogen de hombros y responden: todo el mundo no hace lo mismo.
Si el hombre es realmente consciente de que su elección implica a la humanidad entera no podrá dejar de sentir una responsabilidad extrema, una profunda angustia. Observa como Sartre utiliza la palabra “legislador” lo cual es una reminiscencia claramente kantiana.
Sin embargo, la mayoría actúa como si su elección sólo le afectase a sí mismo, actúa, dice Sartre, de mala fe. No son capaces de enfrentarse a la catástrofe de que todo el mundo actuase como ellos y prefieren pensar que ya habrá otros que tomen la decisión correcta. 

Piensa, por ejemplo, que el Sindicato de Estudiantes convoca una huelga para protestar por los recortes en Educación. Puedes elegir no ir a la huelga y hacer un examen importante, o quedarte en casa a estudiar o irte al bar. Para aliviar la angustia que te produciría pensar que esa decisión compromete la de todos los demás, te dices a ti mismo que ya habrá algún “pringado” que proteste.

16. Angustia y mala fe

Pero realmente debemos preguntarnos siempre: ¿qué sucedería si todo el mundo hiciera lo mismo?, y uno no escapa de este inquietante pensamiento más que por una especie de mala fe.
Liberarse de la angustia, es, de algún modo, volver a encerrrarse en la caverna platónica o renunciar a pensar por ti mismo (en términos de Kant). Según Sartre lo hacemos cada vez que no nos planteamos la pregunta “¿qué sucedería si todo el mundo hiciera lo mismo?”.

JUBILACIONES -QUE NO PRESCRIBAN LAS SENTENCIAS DE LOS JUBILADOS - ESTABILIDAD DE LA SENTENCIA ES DE ORDEN PÙBLICO - GARANTIA DE LA COSA JUZGADA - INMUTABILIDAD DE LA COSA JUZGADA - FALLO JUDICIAL AMPARA LO DEDUCIDO Y LO DEDUCIBLE


abuela

Que no prescriban las sentencias de jubilados

La Cámara Federal rechazó un planteo de prescripción deducido por ANSES contra la ejecución de una sentencia de reajuste. Según la Alzada, “ la estabilidad de las sentencias es de orden público”.
abuela + -  Diario Judicial Lunes 30 de mayo de 2016
Por: Diario Judicial


La Sala III de la Cámara Federal de la Seguridad Social confirmó la resolución de autos “Truccone, Isolina Angela c/ ANSES s/ Incidente”, en la que se rechaza un planteo de prescripción de la ejecución de una sentencia de reajuste interpuesto por la ANSES.

En un fallo que cuenta con las firmas de los camaristas Martin Laclau, Nestro Fasciolo y Juan Poclava Lafuente, la Cámara consideró acertado lo resuelto en primera instancia “en tanto estimó que la estabilidad de las sentencias es de orden público y tratándose de la ejecución de una sentencia firme y consentida, no se puede alterar lo dispuesto en dicho pronunciamiento, en menoscabo de la garantía de la cosa juzgada”.

El Tribunal de Apelaciones mantuvo así firme el criterio del Cuerpo, que entiende que lLa cosa juzgada “no sólo alcanza a todas las cuestiones planteadas y debatidas en un proceso y expresamente decididas por los jueces, sino que abarca, incluso, aquéllas que pudiendo haber sido propuestas, no lo fueron”.

Conforme ese razonamiento, si se admitiera lo contrario, “facultándose a debatir en el futuro nuevas cuestiones que bien pudieron serlo antes”, se estarían desconociendo “los efectos de la inmutabilidad de la cosa juzgada al poner en discusión argumentos o excepciones no utilizadas”.

Todo ello, sin perjuicio “de los límites objetivos propios de esa institución, dado por la cosa demandada, así como los hechos y la causa en que se funde la petición”.

En su fallo, los magistrados puntualizaron que “la sentencia inimpugable cierra una etapa, precluye, a los efectos de proponer en el futuro nuevas pretensiones o defensas que pudieron haber sido deducidas ante el magistrado”.

En esos términos, los camaristas explicaron que un fallo judicial ampara “lo deducido y lo deducible”, lo que significa que la figura de la sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada “ampara no sólo las peticiones sometidas al debate judicial cuanto, además todas aquellas que sin ser motivo de un pronunciamiento expreso han sido resueltas “implícitamente” en un sentido u otro; máxime que fue la propia actora quien manifiesta que la sentencia que se ejecuta fue dictada por esta Sala y, se encuentra firme y consentida”.

Permalink: http://www.diariojudicial.com/nota/75285

lunes, 30 de mayo de 2016

ROLANDO GIALDINO - DIGNIDAD, JUSTICIA SOCIAL, PRINCIPIO DE PROGRESIVIDAD Y NÚCLEO DURO . Dr.Rolando Gialdino - TRATADOS Y PACTOS INTERNACIONALES - ENUNCIADO DE PRINCIPIOS Y VALORES - DERECHOS, LIBERTADES Y GARANTIAS DE LAS PERSONAS - OBLIGACIONES DE LOS ESTADOS PARTES - CONTROL JUDICIAL SUPRA-NACIONAL - PRODUCCIÒN JURÌDICA ORGANOS SUPRA-NACIONALES - CONVULSIÒN EN FUENTES FORMALES DEL DERECHO INTERNO Y CONSTITUCIONAL - PRINCIPIO LEX POSTERIORI DEROGAT PRIORI - CONSTITUCIONALIDAD DE LA NORMA - CONTROL DE CONVENCIONALIDAD - MODELO DE ESTADO SOCIAL - NUEVAS PAUTAS Y CRITERIOS DE HERMENEUTICA JURÌDICA - OMISIONES LEGISLATIVAS -





DIGNIDAD, JUSTICIA SOCIAL, PRINCIPIO DE PROGRESIVIDAD Y NÚCLEO DURO . Dr.Rolando Gialdino

Jurisprudencia Civil: 
Principio de Progresividad
Contenido: 
                             
“Ahora bien, es imprescindible advertir que el edificio jurídico que fue levantándose sobre los nobles pilares de las declaraciones Universal y Americana, i.e., el de los tratados anteriormente citados, obedeció, al menos, a tres claves arquitectónicas: 

a. el enunciado de principios y valores, junto con el de una paleta de derechos, libertades y garantías de las personas; 

b. el establecimiento de correlativas obligaciones de los Estados Partes, y 

c. la creación de verdaderos sistemas supranacionales con competencia para controlar el respeto, protección y realización de los primeros, y el cumplimiento de las segundas. 

Respecto de esto último, los pactos y convenciones en juego, bajo modalidades propias y comunes (y en algunos casos por intermedio de protocolos adicionales), establecieron dichos sistemas, por vía de determinados procedimientos y órganos internacionales, cuya producción jurídica se manifiesta por una diversidad de medios: sentencias, informes, recomendaciones, observaciones finales a los informes periódicos de los Estados Partes, observaciones generales….

Todo ello, vale decir, principios, valores, derechos, libertades, garantías, obligaciones estatales y, cabe insistir, la producción jurídica de los órganos supranacionales de control y protección, ha producido, por lo pronto, una profunda convulsión, no siempre advertida, en el campo de las fuentes (formales) del derecho interno de los Estados Partes, y, con mayor precisión, en el de las concretas fuentes constitucionales.

Resulta evidente que dar carácter sólo legal a los tratados es, en la práctica, someterlos a la regla lex posteriori derogat priori, que presenta “fragilidades flagrantes” y, sobre todo, implica, en definitiva, “la propia negación del derecho internacional”. 

Resulta “inaceptable”, en consecuencia, que un Estado dé prioridad a la aplicación de su derecho interno “por encima” de las obligaciones contraídas en virtud, p.ej., del PIDCP, aun con base en razones de “seguridad nacional”. 

Más aún; la constitucionalidad de una norma “no es suficiente para garantizar el cumplimiento del Pacto”. 

En todo caso, bien podría acotarse que la prevalencia dada a la Constitución no impediría en manera alguna que el juez llamado a aplicar un tratado, interprete  aquélla de conformidad con éste. 

Si bien es cierto que la lectura de la Constitución a la luz de un tratado no es un método favorecido por la superioridad de la primera, no lo es menos que el juez puede seguir ese criterio cuando el respeto del tratado está garantizado por un régimen jurisdiccional (o cuasijurisdiccional) que lleve a una instancia de control a pronunciarse, directa o indirectamente, sobre la adecuación de la Constitución a la convención de que se trate. 

El riesgo de ver que la decisión local que hace primar a la Constitución sobre el tratado resulte “censurada” por una jurisdicción internacional, sería de porte para frenar una defensa incondicional de la Constitución.

Y calificamos de profunda convulsión a la inserción de los Estados en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, pues comporta, en el plano constitucional, según lo antedicho, las siguientes consecuencias, entre otras:

a. la incorporación de nuevos principios y valores (v.gr. dignidad inherente a todo ser humano, liberación del temor y de la miseria, interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos...), y nuevos derechos, garantías y libertades, o la profundización, renovación o resignificación de los ya existentes, invocables por los individuos ante los órganos del poder y, en su caso, ante otros particulares (Drittwirkung/efecto horizontal);

b. la asunción por los Estados de concretas obligaciones de cara a todas las personas sometidas a su jurisdicción y de cara a la comunidad internacional, cuya inobservancia, por acción u omisión, puede configurar actos ilícitos internacionales, además de una injusticia interna. 

Ello ha impreso un claro perfil, y una nueva dinámica, a todas las instituciones estatales, dadas las características de las obligaciones que asume el Estado al ratificar los aludidos tratados, y configura un punto que tampoco pareciera haber levantado la reflexión de la que es merecedor, máxime cuando posibilita, junto a otros factores, que podamos sostener que, en clave jurídica, los Estados Partes adhieren a un verdadero modelo de Estado Social, más allá de que ello resulte enunciado expresamente en sus constituciones. 

Pesan sobre el Estado las siguientes obligaciones: 

a. “respetar” los derechos humanos, es decir, abstenerse de todo acto que entrañe una interferencia en el goce de éstos; 

b. “proteger” los derechos humanos, o sea, prevenir que las personas (físicas o jurídicas) produzcan dichas interferencias; y 

c. “realizar” los derechos humanos, dentro de lo cual se distinguen la obligación de “facilitar”, en el sentido de iniciar actividades con el fin de fortalecer el acceso y disfrute de aquéllos, y la de “hacer efectivo” directamente esos derechos cuando un individuo o grupo sea incapaz, por razones ajenas a su voluntad, de lograrlo por los medios a su alcance.

Los dos puntos anteriores, a su vez, entrañan repercusiones sobre:

c. las pautas y criterios de hermenéutica jurídica (p.ej., interpretación progresiva o evolutiva...), tanto de la propia constitución -si ésta debe ser entendida, según lo sostiene la Corte Suprema argentina, como una unidad, vale decir, como un cuerpo que no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere, como un conjunto armónico en el que cada uno de sus preceptos ha de interpretarse de acuerdo con el contenido de los demás - cuanto del ordenamiento infraconstitucional, que debe ser interpretado con “fecundo y auténtico sentido constitucional” ;

d. el control de constitucionalidad de las normas y actos de los gobernantes que, eventualmente, entren en conflicto con las internacionales, salvo que se torne inaplicable el principio de supremacía de la constitución, y

e. el problemático asunto de las “omisiones legislativas”, cuando la realización de un derecho convencional requiriera del dictado de la reglamentación interna, aun cuando, a nuestro juicio, dicho requerimiento no debería ser obstáculo para que los jueces afirmen la efectividad de un derecho humano no obstante la inercia del legislador….

domingo, 29 de mayo de 2016

EL PRESIDENTE QUE TODOS QUIEREN IMITAR - CARLOS PAGNI

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El presidente al que todos quieren imitar

*) Por Carlos Pagni | Publicado el 29 de marzo de 2012.

En un día como hoy, (más de) 50 años atrás, un golpe de Estado terminó con el gobierno de Arturo Frondizi. La caída contó con un apoyo muy extendido. Un consenso que vuelve más contrastante la ecuménica simpatía que promueve Frondizi en estos tiempos. Las figuras más diversas se declaran sus descendientes. 

Néstor Kirchner se soñaba heredero de Frondizi, igual que Carlos Menem. Hasta Mauricio Macri, cuya incursión en la política parecía atemporal, acaba de descubrirse su continuador. Y los radicales, que lo denostaron desde la división de 1956, también vuelven a Frondizi. Aunque todavía no agregaron su retrato a la galería de ex presidentes del Comité Nacional, a pesar del frondizista Ernesto Sanz y del ultrafrondizista Rodolfo Terragno, que dirigieron esa casa.

Más allá de los abusos en el uso de la historia, hay en Frondizi una versatilidad capaz de convertirlo en patrimonio colectivo. Esa polivalencia está en el centro de su tragedia. 

Inspirado en Rogelio Frigerio, Frondizi entendió que el proceso de transformación que impulsaba era impensable sin la participación de los sindicatos, por lo cual normalizó la CGT y promovió la ley de asociaciones profesionales. Y quedó enfrentado al empresariado. 

El ajuste del gasto público, sobre todo en las empresas del Estado, lo indispusieron con los gremios, obligándolo a la reposición del Plan Conintes, que había decretado Juan Perón. 

La incorporación de tecnología benefició al campo, que igual lo enfrentó por su intervencionismo o, según la tesis de algunos de sus ex funcionarios, por una reacción de conservadurismo de clase.

Oscar Camilión, en sus imprescindibles memorias, sostiene que Frondizi era bifronte por la proyección de esa lógica dialéctica con la que él y Frigerio -que se había formado en el marxismo de Insurrexit- analizaban la política. 

A esa concepción se deben las operaciones más originales y riesgosas de aquel gobierno derrocado: el intento de evitar que la revolución cubana convirtiera a la región en otro escenario de la Guerra Fría; y el ensayo de una rehabilitación del peronismo como actor del sistema democrático. En ambas iniciativas están situadas las razones de la caída.

Es difícil encontrar en la historia contemporánea de América latina un acontecimiento más relevante que la revolución cubana. Cuando triunfa, el 1° de enero de 1959, hace ya ocho meses que Frondizi está en el poder. Su irrupción modela la agenda continental con un nuevo concepto: desarrollo. 

Esa idea está detrás de la Operación Panamericana del brasileño Juscelino Kubitscheck, con quien Frondizi constituye una alianza que trasciende a la administración de Janio Quadros. 

También inspira la Alianza para el Progreso de John Fitzgerald Kennedy, tan influida por los textos de W.W. Rostow sobre las etapas del crecimiento económico.

Frondizi y Kennedy tuvieron un vínculo amistoso. Se entrevistaron dos veces, en 1961. El último encuentro, el 24 de diciembre, en Palm Beach, fue relatado con detalle en Confidencias diplomáticas por quien ofició como intérprete, Carlos Ortiz de Rozas. 

Frondizi sostuvo que Cuba no debía ser el eje de la política interamericana; que Estados Unidos debía considerar las repercusiones que la revolución tendría en la política interna de los demás países, y que había que contener a Fidel Castro para que no terminara atrapado en la órbita soviética.

Frondizi había intentado una mediación entre Cuba y los Estados Unidos cuando recibió la visita clandestina de Ernesto “Che” Guevara en Olivos, el 18 de agosto de 1961. El Che acababa de tener un acercamiento con el representante de los Estados Unidos, Richard Goodwin, en una reunión continental de Punta del Este. El puente fue Jacobo Timerman, padre del actual canciller, quien regaló a Goodwin una caja de puros de parte de Guevara. 

Horacio Rodríguez Larreta, padre del actual jefe de Gabinete porteño, intentó sin éxito organizar un encuentro. La visita de Guevara a Buenos Aires fue instrumentada por el frondizista Jorge Carretoni, quien treinta y tres años más tarde, en Santa Fe, se enfrentaría como constituyente con una estrella en ascenso: Cristina Fernández de Kirchner.

Sobre Frondizi se desató una impugnación protogolpista, sobre todo desde las Fuerzas Armadas, que operaban con extraordinaria autonomía. A pesar de ello, en la Conferencia de Punta del Este de febrero de 1962, la Argentina se negó a convalidar la expulsión de Cuba de la OEA, absteniéndose. La presión aumentó y Frondizi debió romper relaciones con Castro.

La reacción del anticomunismo se superpuso a otra más antigua: la del antiperonismo. Para calibrar su magnitud basta leer los diálogos en los que Borges y Bioy, en 1957, confiesan su admiración por Ricardo Balbín, sólo justificada en la oposición al pacto de Frondizi con Perón. Ese acuerdo, negociado por Frigerio, impuso cargas costosísimas a Frondizi. 

La última, y la más grave, fue la crisis por la participación triunfal del peronismo en las elecciones bonaerenses del 18 de marzo de 1962, con la candidatura de Andrés Framini. Perón se había postulado como vice, pero estaba proscripto. 

Carlos Corach especula con que quiso estropear las elecciones y salvar a Frondizi de un golpe. Camilión va más allá: cree que Framini insistió, y se hizo acompañar por Marcos Anglada, para obedecer a Augusto Vandor y su proyecto de un “peronismo sin Perón”. Camilión cita una frase que le escuchó años después a Antonio Cafiero, muy cercano a Vandor: “Perón estaba muerto y vino el estúpido de Frigerio y lo resucitó con el pacto”.

Frondizi debió intervenir las provincias en la que se había impuesto el peronismo. Pero no consiguió sobrevivir. Las elecciones llevaron a que el Ejército le bajara el pulgar. La marina, cuyo antiperonismo era irreductible, lo tenía condenado hacía ya tiempo.

La creatividad de un joven ministro de la Corte, Julio Oyhanarte, impidió que el general Raúl Poggi ocupara la Presidencia. Con Poggi en la Casa Rosada, Oyhanarte hizo que la Corte tomara juramento a José María Guido, que encabezó un gobierno semi-constitucional. Era el presidente provisional del Senado. El vicepresidente, Alejandro Gómez, había renunciado en 1958.

El debilitamiento político convivió en Frondizi con un gran sueño, y tal vez no se entienda uno sin el otro: la Argentina debía entrar en un proceso de modernización industrial financiado por las exportaciones agropecuarias y energéticas.

En el campo de los hidrocarburos Frondizi produjo una revolución. Abrió el subsuelo a la inversión internacional, dando el paso insinuado por Perón antes de caer, que él había denunciado en su célebre Petróleo y Política. 

Entre 1958 y 1962 la producción de crudo pasó de 4,6 a 15 millones de metros cúbicos. Pocas veces el espejo de la historia se muestra tan actual.

Frondizi auspiciaba la intervención del Estado para atraer la inversión extranjera que facilitara la autonomía industrial. En ese marco promovió la producción de maquinaria agrícola, la petroquímica y, sobre todo, la siderurgia (fue un admirador de Agostino Rocca, a quien lo unía Arnaldo Musich).

Para esta estrategia económica Frondizi aspiró a correr a los Estados Unidos del eje histórico de defensa del libre comercio. Fue el tema de su primera entrevista con Kennedy, al que interesó a su colega en la construcción de un alto horno, una red de aeropuertos y la usina El Chocón.

Frondizi rompió también con una herencia central del peronismo: el control de cambios, incompatible con la inversión extranjera. Otro espejo.

La historiografía ha analizado las virtudes y limitaciones de esta estrategia. Tal vez ha sido Pablo Gerchunoff quien lo hizo con mayor equilibrio, al reconocer que entre 1960 y 1975 se verifica un “milagro argentino” oculto debajo de una gran turbulencia. Pero ese “milagro” sólo era posible con un deterioro del salario real. Esta contradicción es la que mantiene al experimento frondizista en discusión. Basta leer la Carta Abierta XI de los intelectuales kirchneristas para advertirlo.

A pesar de ese debate, hay razones que explican aquella apropiación más o menos forzada que hoy se hace de Frondizi. En la experiencia que colapsó hace medio siglo hay condiciones que este presente añora. Una es el audaz espíritu de síntesis. El intento, acaso ingenuo por lo prematuro, de superar contradicciones en apariencia insalvables. La otra, ligada a la anterior, es el ejercicio del pensamiento estratégico; la vocación para imaginar un país distinto del visible. En otras palabras: la capacidad de Frondizi para respirar en la atmósfera del futuro..
A_p81t1UCarlos Pagni
Periodista
Columnista del diario La Nación
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martes, 24 de mayo de 2016

BEATRIZ SARLO - CRITICA GOBIERNO DE MACRI - TUVO EN CUENTA NECESIDADES DE LOS EMPRESARIOS Y LOS RICOS POR ENCIMA Y POR DEBAJO LA DE LOS POBRES - BAJARON LAS RETENCIONES AL AGRO Y A LAS MINERAS PERO NO EL IMPUESTO A LAS GANANCIAS A LOS TRABAJADORES - DIO LA IMPRESIÒN QUE PENSABAN SOLO EN LOS EMPRESARIOS - CEOCRACIA - MACRI DIRIA QUE NO TIENE NINGUNA FORMACIÒN CULTURAL - AUTOMATISMOS IDELOLOGICOS -

Beatriz Sarlo, dura con el gobierno de Macri

En Animales Sueltos
La intelectual evaluó los primeros meses de gestión. Además, la relación con Francisco y la vuelta de los aplazos en la Provincia, entre otros asuntos de actualidad.


"Siempre es posible que un gobierno cambie. Los primeros meses de este Gobierno fueron, a mi juicio, opciones que ordenaban a la Argentina poniendo por encima las necesidades de los empresarios y los ricos y por debajo la de los pobres", dijo anoche Beatriz Sarlo.
En diálogo con el periodista Alejandro Fantino, en el programa Animales Sueltos, la intelectual señaló que desde el Gobierno de Cambiemos podrían "aunque sea" haber anunciado las medidas de manera diferente. 
"Anunciaron primero que bajaban las retenciones al algro, después que bajaban las retenciones a la industria minera, sin pedir nada a cambio de eso, no se ocuparon del impuesto a las Ganancias en los trabajadores asalariados, que son altas y hoy están pagando más", explicó. 
"Dio la impresión de que estaban pensando sólo en el empresariado", concluyó.
"Yo he sido fuertemente crítica de todos estos meses de gobierno -continuó-, incluso de algunas medidas de carácter institucional: vinieron a defender la República y quieren meter a dos jueces de la Corte Suprema por decreto". 
"Saben corregir", reconoció Sarlo, pero advirtió que "saber corregir, es saber corregir de acuerdo con tus posibilidades, en este caso ideológicas". 
Y ejemplificó: "Vos que jugás muy bien al tenis, podrás corregir como yo hago un drop, pero según mis posibilidades. Va a haber un momento en que no me vas a poder corregir más".
En otro tramo de la entrevista, Sarlo abordó la llamada "CEOcracia", es decir, personalidades del ambito empresarial que se desempeñan en el gobierno del país. 
"Hay muchos políticos que han sido ministros en la Argentina que han tenido una combinación que los argentinos deberíamos tratar de repetir: cuando tenés un ministro como (Roberto) Lavagna, al margen de que estés a favor o en contra de sus posiciones, tenés la combinación de un hombre que conoce muy bien a la burguesía argentina; muy bien el mundo internacional de esa burguesía y del capitalismo; tiene una alta formación técnica y se rodea de técnicos. 
Entonces ahí tenés una combinación muy razonable", opinó. "No necesariamente tienen que venir de un banco, pero alguna relación histórica con la política deberían tener", dijo.
En el marco de la relación entre el papa Francisco y el gobierno que encabeza Mauricio Macri, la intelectual explicó que "Bergoglio es peronista"
"Como no soy católica, ni creo en los milagros, no creo que las personas cuando llegan a ser una cosa puedan despojarse por completo de sus automatismos ideológicos", indicó. 
Luego aseguró: "Él (Francisco) interviene (en la Argentina) como peronista histórico, no como kirchnerista. Fue Guardia de Hierro, es decir la derecha peronista, e interviene como peronista histórico en estas batallas simbólicas que se dan dentro del peronismo y la Argentina".
Fantino le pidió a Sarlo una opinión sobre la prevista imitación de la fiscal Viviana Fein en el ShowMatch, el programa que conduce Marcelo Tinelli, que comienza el 30 de mayo. "Yo creo que a Gran Cuñado puede ir todo aquel que, de algún modo, tiene posibilidades de defensa en el mismo medio", dijo. "Que está entrenado en el medio", enfatizó. "Me parece un error gravísimo de Tinelli, es casi una ofensa incorporar personas que no tienen ese entrenamiento".

Sarlo también fue consultada sobre los pensadores o intelectuales que alimentan al gobierno actual, como podría ser Alejandro Rozitchner y Durán Barba. 
"¿Intelectualmente, Marcos Peña, Mauricio (Macri), son formados?", preguntó el periodista. 
"Marcos Peña es graduado en Di Tella, es una universidad chica, pero con grandes profesores. No tengo por qué desconfiar. 
Macri no tengo la menor idea. Todavía no muestra las cartas. Diría que no tiene ninguna formación cultural", opinó Sarlo.
Otro de los temas potentes de la entrevista fue la vuelta de los aplazos en la provincia de Buenos Aires. "La cuestión no es cuáles números le tocan al aprobado y al desaprobado, sino que existe la posibilidad de que alguien no haya aprendido lo que tiene que aprender. Una vez que se toman los recaudos para ver cuáles son sus problemas sociales y sus problemas psicológicos, puede haber problemas que hay que solucionar y que la escuela se tiene que hacer cargo", explicó.