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sábado, 27 de mayo de 2017

JEAN-PAUL SARTRE - ***¿SE PUEDE GOBERNAR LIMPIAMENTE? (OBRA DE TEATRO)*** - PODER ABSOLUTO --- MAQUIAVELO Y SARTRE EN ESCENA ---DILEMA ENTRE POLITICA Y MORAL, CAPAS ---EL FIN Y LOS MEDIOS ---SUPERVIVENCIA EXISTENCIAL ---VORACIDAD Y CORRUPCIÓN POLÍTICA ---EN POLÍTICA NADA ES GRATIS, NI LO QUE SE PARECE ---CINISMO POLÍTICO --- DIVISIÓN DE PODERES ---LA GUERRA ---DAÑOS COLATERALES ---SITUACIÓN LÍMITE ---DIFERENCIA ENTRE EL DEBER SER Y EL SER ---AMBIGÜEDAD MORAL DENTRO DEL COMPROMISO POLÍTICO ---EFICACIA POLÍTICA --- IDEALES

2016-02-19 

Maquiavelo y Sartre en escena: ¿Se puede gobernar limpiamente?

El dilema entre política y moral, el fin y los medios, y la supervivencia existencial, plantea la obra Poder Absoluto interpretada por Carlos Kaspar y Gonzalo Heredia.
  • Carlos Kaspar y Gonzalo Heredia en Poder Absoluto
Las relaciones entre política y ética suelen tener dos capas: una elevada que incluye decisiones sobre la vida y la muerte, y otra rutinaria que entraña decisiones astutas para conservar el poder. Romper la moralidad en la capa más elevada significa cometer un crimen.
PODER ABSOLUTO es un texto sólido, despiadado, y furiosamente actual. Aborda un tema en torno al que siempre gira la discusión pública: la relación entre política y moral.
Pero la obra no solo atrae por la fuerza de su vigencia, centrada en temas tan nuestros como la voracidad y la corrupción políticas, sino por contar con un talentoso actor como Carlos Kaspar, una figura popular como Gonzalo Heredia (ambos en un gran duelo dialéctico) y la exquisita dirección de Oscar Barney Finn.
Un prestigioso político aspira a la presidencia de su país. Todo parece estar a su favor, salvo un trapo sucio por lavar. Para ello contará con la ayuda de un joven y ambicioso miembro del partido. Pero en política nada es gratis y nada es lo que parece. A partir de esta premisa, PODER ABSOLUTO ofrece un apasionante thriller político. 
Algunos espectadores encontrarán una referencia televisiva en House of Cards, pero esta historia ocurre en la Viena de los 80.
El contrapunto dialógico resulta un portentoso suceso de cinismo político, con afiladas frases del veterano conservador que sueña con ser recordado en la Historia como un patriota que condujo a su país a la prosperidad: 
“Nosotros, el Poder Ejecutivo, estamos para gobernar, el Poder Legislativo está para perder el tiempo en charlas y el Poder Judicial para controlar cualquier cosa, menos al poder de turno”; 
“la guerra es necesaria para calmar la voracidad del sistema capitalista, siempre y cuando sea lejos de nuestras fronteras, da fuertes ingresos (como la venta de armamento). Los daños colaterales... si se reflexiona, somos demasiados en el mundo”.
La impecable historia política y personal del viejo dirigente resulta ser una farsa que trata de sostener con la ayuda del joven miembro del mismo partido, a quien convoca para, después de un baño de realismo político, inducirlo a barrer con el último obstáculo que pondría al descubierto su oscuro pasado y le costaría la derrota en las elecciones.
Pero el dilema no pasa solo por legitimar o cuestionar el reparo moral si un líder utiliza cualquier medio para promover el interés colectivo, sino también por su propia supervivencia existencial en el pasado: en una situación límite, cualquier cosa es posible para no morir? Después de aquella dura charla, frente al jardín de invierno del viejo político, ninguno volverá a ser el mismo, o serán más auténticos que nunca.
SARTRE Y MAQUIAVELO se saludan en Poder Absoluto
El autor Roger Peña Carulla enmarcó la acción en Austria porque fue un país con mucha responsabilidad en el alzamiento del nacionalsocialismo, pero confiesa que la escribió en 1996 pensando en el poder absoluto que se le dio al Partido Popular español cuando ganaron aquellas elecciones.
Sin embargo, el texto nos remite, casi como si fuese un homenaje, a Las Manos Sucias: obra de teatro escrita por Sartre en 1948, donde se escrutan las diferencias entre el "deber ser" y el "ser", así como la ambigüedad moral dentro del compromiso político, y la confrontación entre la "eficacia política" y el riesgo de comprometer los propios ideales. 
Un drama en el que resuenan las doctrinas del existencialismo sartreano: 
“¡Cómo te aferras a la pureza, muchacho! Qué miedo tienes de ensuciarte las manos. Bien, ¡sigue puro! ¿De qué te servirá y por qué has venido con nosotros? La pureza es el ideal del faquir y del monje. Vosotros, los intelectuales, los anarquistas burgueses, utilizáis la pureza como pretexto para no hacer nada. No hacer nada, quedaros quietos, apretar los puños, llevar guantes. Yo tengo las manos sucias, hasta los codos. Las he hundido en la mierda y en la sangre. ¿Y qué? ¿Acaso crees que se puede gobernar limpiamente?”
Poder Absoluto nos habla de la política de alto riesgo, la que practican quienes aspiran a ser estadistas y toman decisiones importantes, y no de quienes solo se aferran al poder por supervivencia política. Y es aquí donde también hallamos el problema maquiavélico: 
"¿Qué debe hacer el gobernante para permanecer en el poder de manera gloriosa? La respuesta de Maquiavelo es conocida: implacabilidad y astucia, engaño y crueldad calculada, porque lo que la política exige es incompatible con la humildad y la santidad que requiere la moral cristiana.
Poder Absoluto es una interesante pieza que reconforta a quienes gusten del buen teatro, y quieran reflexionar sobre la actualidad y la historia.