Buscar este blog

lunes, 1 de febrero de 2016

MISTERIOS DE LA MEMORIA: Por. FACUNDO MANES - LA MEMORIA ES UN HECHO CREATIVO - PATRON DE ACTIVACIÒN NEURONAL - ¿QUE ES LA MEMORIA ? - DIFERENTES TIPOS DE MEMORIA - MEMORIA AUTOBIOGRÀFICA - EL CEREBRO TRANSFORMA NUESTRA MEMORIA - RECONSOLIDACIÒN DE LA MEMORIA - NUEVA MEMORIA -

Resultado de imagen para facundo manes





Misterios de la memoria

¿Acaso no conservamos el recuerdo de qué estábamos haciendo el 11 de septiembre de 2001 por la mañana?
PARA LA NACION
JUEVES 23 DE ENERO DE 2014 • 00:14

Resulta bastante común graficar la memoria como un arcón alojado en nuestro cerebro que sirve para guardar los recuerdos. 
Así, cuando algunos de esos recuerdos son requeridos, se recuperan intactos y de la misma manera se vuelven a guardar. Aunque resulte sorprendente, nada de eso puede estar más alejado de la realidad.
Uno de los campos más fascinantes en el estudio neurocientífico es la memoria humana, ya que es a través de ésta que podemos evaluar el pasado para actuar en el presente y planificar el futuro. 
¿Qué es lo que recordamos exactamente? 
¿El hecho tal cual sucedió? 
¿Nuestra percepción del hecho? 
¿El último recuerdo sobre el mismo hecho, es decir, recordamos nuestra propia memoria? 
¿Recordamos de la misma manera a lo largo de toda nuestra vida?
Comencemos por este último enigma. Mi hijo Pedro tiene 5 años. Él recuerda perfectamente bien el viaje que hicimos para fin de año. También el resultado del último partido de Boca, el club del cual es hincha. Pero pronto todos esos recuerdos desaparecerán de su mente. 
Cuando tenga ocho, él ya no recordará casi nada de sus primeros cuatro o cinco años. Y cuando sea adulto, sus primeros años quedarán completamente en blanco. Esta pérdida normal de los primeros recuerdos se llama "amnesia infantil".
Cada recuerdo se reconstruye de nuevo cada vez que se lo evoca. 
Aquello que recordamos -una imagen de un paisaje, una frase de nuestro abuelo, un aroma de nuestra adolescencia- está influido por el contexto que rodea esa acción de recupero.
La relación entre la memoria y el hecho o elemento que se recuerda es sumamente compleja y atrapante.

 
"Las estructuras cerebrales que están involucradas en la memoria autobiográfica alimentan a su vez circuitos neurales ligados con las emociones"Lo primero que debemos tener en cuenta es que cada memoria tiene un patrón de activación neuronal que es capaz de ponerse en funcionamiento incluso cuando el estímulo que originalmente lo provocó ha desaparecido. 
Este complejo proceso funcionaría así: la primera vez que percibimos un objeto -por ejemplo, un jarrón amarillo en la casa de nuestra abuela- dispara la activación conjunta y simultánea de un grupo determinado de neuronas. 
Si volvemos a ver el mismo elemento, el mismo grupo de neuronas se activará, a esto se sumará una cualidad fundamental de nuestro cerebro que hace que dos neuronas que normalmente se activan juntas, aumente la probabilidad de que, al activarse una se active también la otra. 
Entonces ya no será necesario ver el jarrón para recordarlo. Solo con ver un color, el lugar donde estaba o una parte del mismo, será suficiente para evocar la representación completa del jarrón y la información con él asociada (el olor de la casa de nuestra abuela, su cara y hasta el sentimiento de comodidad que su casa nos provocaba)
Pensemos otro ejemplo cualquiera. Una persona está en una reunión social con su pareja y se le ocurre contar, para amenizar la charla, una anécdota personal: el relato de cómo fue la historia de amor que llevó a conocerla, las primeras conversaciones, detalles románticos y otros curiosos de ese hecho. 
Imaginemos también que no es la primera vez que la cuenta, ya que le resulta útil porque permite entretener al resto con un relato lleno de vicisitudes, complicaciones y azares. 
A todos les gusta la anécdota, de hecho aportan sobre algunas cuestiones, e incluso, hacen preguntas disparadoras. 
Pero cuando ya se despide y están volviendo a su casa, la pareja le comenta con sorpresa: "Lo que contaste no es exactamente lo que en verdad pasó entre nosotros". ¿Fue así? ¿Quién tiene razón? ¿Qué es en lo que "en verdad" pasó?
Analicemos qué es la memoria y de qué tipo de memoria estamos hablando en este caso. 
La memoria es la capacidad para adquirir, retener, almacenar y evocar información. 
Existen diferentes tipos de memoria y cada una se asocia a estructuras neurales específicas. 
Llamamos "memoria autobiográfica" a la colección de los recuerdos de nuestra historia. 
Esta nos permite codificar, almacenar y recuperar sobre eventos experimentados de forma personal, con la particularidad de que, cuando opera, tenemos la sensación de estar "reviviendo" el momento. 
Ese componente personal le da una particularidad esencial a la memoria autobiográfica: está definida por lo episódico, es decir, podemos asignarle un tiempo y un espacio a cada una de nuestras memorias. 
Cuando recordamos este tipo de eventos, no solo recordamos dónde fue y con quién estábamos, también los sentimientos y las sensaciones vividas. 
Esto tiene sentido porque las estructuras cerebrales que están involucradas en la memoria autobiográfica alimentan a su vez circuitos neurales ligados con las emociones. 
Los hechos autobiográficos con fuerte carga emocional se recuerdan más detalladamente que los hechos rutinarios con baja implicancia emocional. 
¿Acaso no conservamos el recuerdo de qué estábamos haciendo el 11 de septiembre de 2001 por la mañana? Y el día siguiente, ¿también lo recordamos?
Volvamos al ejemplo de la pareja y las preguntas que nos hicimos. 
¿Quién de los dos recuerda "fielmente" al hecho narrado tal cual sucedió? ¿Uno o el otro? ¿Ninguno de los dos? 
Lo que sucede es que la forma en que recordamos un evento en particular no se trata muchas veces de una recopilación exacta de cómo sucedió originalmente, sino el modo en que lo relatamos la última vez. 
Y si esa última vez estábamos más contentos, seguramente hayamos cargado con esos condimentos positivos el recuerdo. 
Por el contrario, si nuestro ánimo era más bien negativo, el recuerdo tendrá un tinte más pesimista. 
La memoria, cuando se evoca, se hace inestable, frágil y permeable a nuestras emociones del presente.
¿Por qué? Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas. 
Nuestros cerebros constantemente nos "traicionan", transformando nuestra memoria. 
La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. 
Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un período corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". 
La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos la memoria de un hecho, ésta se hace inestable otra vez permitiendo la incorporación de nueva información. 
Cuando almacenamos nuevamente esta memoria como una "nueva memoria", contiene información adicional al evento original. 
Muchas veces aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento exactamente tal como fue en realidad, sino la forma en la cual fue recordado la última vez que lo trajimos a la memoria. 
Esto es como un documento de Word que, al "trabajarlo" podemos incorporar y sacarle cosas y, cuando lo volvemos a guardar, se "fija" la nueva versión hasta el próximo "uso". 
Cada vez que evocamos una memoria la recreamos y tenemos menos precisión del recuerdo original, por lo que podemos suponer que la memoria es el último recuerdo. 
Aunque suene contradictorio con el sentido común, la evidencia científica muestra que si uno tiene una memoria, cuanto más la usa, más la cambia.
Décadas de investigación científica han establecido que la consolidación de la memoria a largo plazo exige la síntesis de proteínas en los caminos neuronales de la memoria, pero nadie sabía que también hacía falta una síntesis de proteínas después de recuperar un recuerdo, lo que implica que el recuerdo también se está consolidando en ese momento. 
Esto resultó una excelente pista bioquímica de que al menos algunos tipos de recuerdos hay que reescribirlos neuronalmente cada vez que se recuperan.
Estas evidencias aquí expuestas abren también interesantes debates en otras áreas del conocimiento, desde las teorías sociológicas hasta la práctica jurídica. 
Por ejemplo, ¿cuál es la "verdad y nada más que la verdad" que jura el testigo revelar cuando recuerda algún hecho si, como fue dicho, el contexto de un nuevo lugar y tiempo, o incluso el estado de ánimo, permiten que las memorias pueden integrar nueva información?
Al recordar, nos volvemos eximios creadores, ya que las memorias se reconstruyen cuando son evocadas. 
Así lo refiere una de las obras cumbres de la literatura universal que lleva por título, justamente, "En busca del tiempo perdido" y fue escrita por Marcel Proust en los albores del siglo XX. 
El primer volumen recorre esos recuerdos de la infancia y, sobre todo, la labor creativa de recordarla. 
Una bella cita lo dice así: "Ya sea porque en mí se ha cegado la fe creadora, o sea porque la realidad no se forme más que en la memoria, por ello es que las flores que hoy me enseñan por vez primera no me parecen flores de verdad."

LA REALIDAD CON LA QUE CONVIVIMOS ES UNA SIMULACIÒN DE NUESTRO CEREBRO - Por: FACUNDO MANES, SUSANA MARTÌNEZ-CONDE Y RAÙL ROJAS - LA MENTIRA - LA VISIÒN COMO EXPERIENCIA DINÀMICA Y ACTIVA - DECISIONES RACIONALES - BASE BIOLÒGICA DE LAS EMOCIONES - PREJUICIOS - EL AJEDREZ - COMPUTADORA -


EUROCIENCIA

“La realidad con la que convivimos es una simulación de nuestro cerebro”

Dos neurocientíficos y un experto en inteligencia artificial hablan sobre los engaños del cerebro, las emociones y la toma de decisiones y la creación de máquinas inteligentes


Facundo Manes, Susana Martínez-Conde y Raúl Rojas CARLOS ROSILLO
Susana Martínez-Conde, directora del laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU), muestra el que quizá sea el único vídeo donde es posible ver feo a Brad Pitt. El actor estadounidense aparece con el mismo rostro de siempre, junto a otros compañeros de profesión, pero un pequeño detalle lo trastoca todo. Una simple cruz en el centro de la imagen, en la que el observador ha de fijarse mientras se suceden las caras, cambia el punto de vista y las expectativas del que mira que pasa a comparar unos rostros con otros convirtiendo en extremas las diferencias entre sus rasgos.
Lo más alto de la inteligencia es la mentira, porque para mentir he de tener un modelo mental del otro
“Muchas veces pensamos en la visión como una experiencia pasiva, pero siempre es dinámica y activa”, continúa Martínez-Conde, que investiga las bases neuronales de nuestra experiencia subjetiva. 

“El cerebro siempre está buscando información y con los pocos aspectos que percibe después completa la información”, continúa.
Manes recuerda también otra particularidad de nuestra manera de acercarnos al mundo. 

Aunque nos gusta pensar que somos seres racionales, las decisiones nunca se toman después de un análisis frío de los datos. 

“Durante mucho tiempo se consideró que para tomar una decisión racional debíamos dejar las emociones de lado. Hoy sabemos que las emociones y la razón trabajan en tándem en la toma de decisiones”, señala el científico argentino.
Esas emociones tienen una base biológica generada por millones de años de evolución. Los ancestros humanos, en su lucha por la supervivencia, se acostumbraron a clasificar el mundo entre nosotros y ellos, asignando emociones contrapuestas a cada uno de los grupos. 

“Nosotros en Chile hicimos un experimento con chilenos mapuches y no mapuches, poniéndoles electrodos y mostrándoles fotos de ambos grupos sociales”, cuenta Manes. 

“En cuestión de milisegundos el cerebro se da cuenta de si la foto pertenece a su etnia o no y si pertenece lo asocia con algo positivo y si no con algo negativo”, afirma. 

“Por este motivo va a ser difícil solucionar el tema palestino y judío desde una oficina en Washington, porque biológicamente en el cerebro ya tenemos prejuicios contra el que es diferente a nosotros y justamente la clave de la armonía es buscar puentes con el que piensa distinto”, señala. 

“Entendiendo el mecanismo de la empatía no solo vamos a poder ayudar a pacientes con problemas de déficit de interacción social, como la esquizofrenia o el autismo. También entenderemos fenómenos sociales como conflictos que escapan a la lógica y tienen más que ver con impregnaciones biológicas de la historia personal que pasa de generación en generación”, concluye.
Biologicamente en el cerebro tenemos prejuicios contra el que es distinto de nosotros
Raúl Rojas considera que la neurociencia puede ser una inspiración para la inteligencia artificial, aunque cree que su función no consiste en recrear cerebros humanos. 

“En inteligencia artificial, entre los 50 y los 90 el esfuerzo se dirigió a resolver problemas combinatorios aplicando reglas una detrás de otra”, apunta. 

“El ejemplo típico es el ajedrez. Los humanos juegan reconociendo patrones, conociendo la situación del juego y haciendo después los movimientos, pero una persona no está calculando millones de movimientos en su cabeza”, explica. 

“La computadora calcula esas alternativas de movimientos propios y contrarios y como es muy buena haciéndolo las máquinas ya ganan a los humanos al ajedrez con esa solución de fuerza bruta”.
Desde los 90, el interés está en los problemas que los humanos resuelven de manera subconsciente. 

“Reconocer caras, traducir un idioma o conducir un automóvil se hace sin conciencia. Yo puedo conducir, llegar a mi casa y no sé cómo he llegado”, ejemplifica. 

“Con estas ideas hemos desarrollado robots futbolistas que juegan muy bien al fútbol. De hecho, cuando empezamos a desarrollarlos uno podía tomar el joystick y jugar contra los robots y ganarles, pero ahora juegan tan rápido y tan bien que no hay manera”, explica.
Aunque los robots pueden ganar a los humanos en muchas cosas, aún quedan espacios en los que los humanos tienen ventaja. Por ejemplo, la mentira. “Lo más alto de la inteligencia es la mentira en el sentido de que si yo le cuento mentiras a una persona tengo que saber qué sabe esa persona, tengo que tener un modelo mental de la persona para que me crea las mentiras”, explica Rojas. 

“Por eso es tan difícil decir mentiras, porque cuando lo agarran a uno por un lado con una información que no cuadra, hay que cambiar la historia y rehacerla inmediatamente. 

El test de Turing consiste en que la computadora cuente mentiras al humano para parecer humana, pero para hacer eso tiene que tener un modelo mental de la otra persona”, indica.
Emociones y razón trabajan en tándem en la toma de decisiones
En este sentido Manes recuerda que “un grupo de investigadores de Oxford encontró una correlación entre la capacidad de engaño táctico de una especie y su capacidad cerebral”, algo que puede indicar que esa capacidad fue un salto evolutivo más allá de lo social que nos hizo humanos. 

Martínez-Conde discrepa de sus colegas sobre la mentira como actividad humana por excelencia: 

“Tenemos una capacidad más refinada de engaño como una capacidad más refinada en muchas cosas, pero hay muchos engaños en el mundo animal, desde el mimetismo o el camuflaje en insectos a otros más sofisticados en algunos primates”. 

“En mi investigación me he interesado en por qué funcionan los trucos de magia en el cerebro. Es fácil engañar a un animal y lo hacen entre ellos, pero no creo que la magia funcione en un animal. 

Lo que es diferente para una persona en un espectáculo de magia, esta capacidad de asombro y maravilla es lo que nos hace humano”, afirma. Rojas sin embargo considera que sin un modelo mental del otro y un conocimiento de la diferencia entre la verdad y la mentira, lo que se está haciendo es simplemente despistar al rival, algo distinto del engaño.
El engaño, pero de uno mismo, es otro de los mecanismos de adaptación humana para gestionar el mundo con un cerebro limitado. 

Muchas veces tomamos una decisión y la justificamos aunque haya indicios de que ha sido un error. “Existe una gran inercia a mantener la opinión una vez que decidimos”, explica la investigadora. 

“Es un mecanismo de atajo mental, la disonancia cognitiva. Después de tomar una decisión no puedo cuestionarla todo el rato porque no tienes los recursos neurales para estar analizando de nuevo los datos una y otra vez”, añade.
Tras siglos de investigación, cree Martínez-Conde que será posible conocer al detalle la biología cerebral y, si la tecnología del futuro lo permite, construir una máquina con las capacidades del cerebro humano. 

Rojas, sin embargo, no cree que eso vaya a suceder, por cuestiones técnicas y por falta de interés. 

“No creo que una computadora, que puede ser muy rápida para tomar decisiones y mejores que las personas al poder sopesar más información, vaya a tener una inteligencia como nosotros. 

También porque las emociones juegan un papel muy importante en la toma de decisiones humana, y no creo que una computadora vaya a tener emociones”, explica. 

Además, en opinión de Rojas “no se puede reconstruir un cerebro con computadoras digitales porque el cerebro es un sistema analógico y en sistemas analógicos el mejor modelo con lo que sabemos actualmente es el sistema analógico mismo”. 

“Para construir cerebros humanos la mejor manera que tenemos ahora es tener hijos”, concluye.

ENVEJECER, UN DESAFIO Y UNA OPORTUNIDAD - FACUNDO MANES (06-01-2016) - DETERIORO COGNITIVO ES EVITABLE - ESTIMULO COGNITIVO - PASIVIZACIÒN - MANTENER PLASTICIADAD DEL CREBRO - DESAFIO COGNITIVO - ACTIVIDADES DE MANTENIMIENTO CEREBRAL - CAPITALIZAR EXPERIENCIAS - NUEVOS SABERES - NO JUBILARSE INTELECTUALMENTE - CARENCIA DE ESTÌMULOS - INTERACCIONES SOCIALES -

Envejecer, un desafío y una oportunidad

Mientras la expectativa de vida humana es cada vez mayor, las neurociencias han cuestionado la idea de que el deterioro cognitivo es inevitable y fijo; en gran medida, la plasticidad del cerebro depende de mantenerlo activo con lecturas, paseos o inquietudes intelectuales
PARA LA NACION


SIGUIENDO
Facundo Manes
MIÉRCOLES 06 DE ENERO DE 2016

Envejecer es un desafío. 
Plantea el reto de capitalizar la incomparable experiencia al combinarla con nuevos saberes. 
El avance de la educación, la ciencia, la tecnología y los cuidados preventivos nos permiten vivir más y mejor. 
De hecho, la expectativa de vida se duplicó en apenas un par de siglos. 
Así como en un período histórico surgió "la adolescencia" como tal, hoy nos hallamos frente una nueva etapa de la vida humana a la que, acaso por costumbre, llamamos "pasiva", cuando ese tiempo puede -y debe- ser de gran actividad y provecho.
Una de las mayores tendencias sociales de los próximos siglos será el envejecimiento de la población mundial. 
Se calcula que el número de personas de mas de 60 años llegará a 2000 millones en 2050. 
Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por primera vez en la historia la mayoría de la gente puede esperar vivir hasta los 60 años o más. 
Dentro de 35 años, el número de personas mayores de 60 casi se duplicará. Un niño nacido en Brasil en 2015 puede esperar vivir hasta 20 años más que uno nacido allí hace sólo 50. 
Para 2020, habrá más personas mayores de 60 años que niños de 5. Y la mayoría de los adultos mayores (80%) vivirá en países de "ingresos bajos y medios".
En nuestro país, según datos del Banco Mundial, la población adulta mayor pasará del 10,4% al 19,3% en 2050 y al 24,7% en 2100. Hoy la Argentina, junto con Uruguay, Cuba y Costa Rica, está entre los países más envejecidos poblacionalmente de América latina. A diferencia de la mayoría de los cambios sociales que sobrevendrán, esta tendencia es en gran parte previsible y nos da la oportunidad de planificar.
Uno de los elementos más importantes en el proceso de envejecimiento es el potencial (o no) deterioro de las capacidades cognitivas. 
Distintos estudios indican que los individuos con niveles más altos de reserva cognitiva pueden hacer más lento el proceso de neurodegeneración asociado a la edad. 
Investigaciones en neurociencias han cuestionado la idea de que el deterioro cognitivo es inevitable y fijo. 
Aunque se ha reportado que la plasticidad neuronal se reduce durante la llamada "tercera edad", trabajos recientes han demostrado que esta plasticidad se conserva mucho más de lo que se pensaba. 
Debemos enfocarnos más, entonces, en la idea de estímulo cognitivo que en la de deterioro.
¿Cómo interviene en ese impacto la circunstancia de la "pasividad" en un cerebro "activo"? 
La jubilación funciona en el sentido común como un premio merecido al trabajo de toda la vida (de ahí su nombre, emparentado a "júbilo", "grito de alegría"). 
La recompensa entonces debería redundar en un beneficio y no un perjuicio para quien la reciba. Sin embargo, según investigaciones, la "pasivización" jugaría un rol fundamental en el proceso de cierto deterioro cognitivo. 
Se ha demostrado que los incentivos a la jubilación anticipada u obligatoria causan pérdidas importantes de capital intelectual. 
Esto se da cuando decrece el desafío cognitivo, un elemento indispensable para la salud cerebral de las personas. 
Por eso, la persona que se jubila no necesariamente debe morigerar el ejercicio intelectual (incluso puede aumentarlo) con relación a la etapa previa. 
Al contrario, se vuelve fundamental la inversión de parte del tiempo del jubilado en actividades de "mantenimiento cerebral" (lectura, paseos culturales, desafíos intelectuales, etc.) para lograr un envejecimiento cognitivo saludable. 
Aquellas cosas que se hacían por obligación o rutina laboral pueden interrumpirse, mientras que las que daban gusto deberían conservarse; además, ahora habrá tiempo para dedicarse a aquellas que se querían conquistar.
Lo que hay que evitar, entonces, es "jubilarse intelectualmente". Un compromiso permanente con la exigencia intelectual sería uno de los caminos más eficaces para el mantenimiento cerebral.
Muchas veces, la carencia de estímulos no está determinada únicamente por la actividad específica que se deja de hacer, sino por el aumento o la disminución de las interacciones sociales y el sentido de autosuficiencia, ambas variables importantes que contribuyen al mantenimiento de la reserva cognitiva. 
La interacción también es clave para mantener el cerebro en forma.
Si nos concentramos en el efecto general de la pasividad ligada a la jubilación a fin de establecer políticas públicas, hay que tener en cuenta el carácter individual de la decisión de jubilarse. 
La forma en que se produzca este cambio de situación afecta el estado de ánimo del sujeto y su estabilidad psicológica emocional. Por ejemplo, no es lo mismo que una persona se jubile por propia decisión, habiendo esperado este cambio para dedicarse a un emprendimiento o un pasatiempo postergado, o que lo haga empujada por las normas o la realidad de una empresa que lo reemplaza por un individuo más joven. 
Esto queda expuesto en el libro De vuelta. Diálogos con personas que vivieron mucho (y lo cuentan bien), de mi colega Diego Bernardini, que tuve el gusto de prologar. 
En todos los casos, sin embargo, las políticas públicas deben comprender, intervenir y proteger. 
El marco político del "envejecimiento activo" que promueve la OMS dice que se deben ofrecer salud y seguridad, porque con ellas se logra que la persona mayor sea partícipe de la sociedad y no un sujeto "pasivo".
Debemos comprometernos con el envejecimiento saludable y generar políticas basadas en la evidencia científica para fortalecer las capacidades de todas las personas. Solo así será posible construir ciudades y comunidades amigas. 
El envejecimiento es un desafío y una oportunidad para las sociedades. La experiencia y la sabiduría son bienes esenciales que pueden desestimarse (y así se estaría perdiendo un tesoro incalculable) o aprovecharse. 
El reto es que esa "nueva edad" sea considerada en un doble aspecto: el de protección de las capacidades a partir de desafíos cognitivos e intelectuales novedosos, y el de servicio a los demás a partir de la transmisión de saberes. 
Las escuelas intergeneracionales, en las que los adultos mayores brindan apoyo, contención y experiencia a los niños y jóvenes, son uno de entre muchos ejemplos posibles. Allí el conocimiento se construye socialmente y el aprendizaje se entiende como un proceso de desarrollo de toda la vida. 
En Diario de la guerra del cerdo, novela de Adolfo Bioy Casares, se cuenta el antagonismo manifiesto de los jóvenes hacia las personas mayores. Se narra una historia de inmoralidad, pero también de torpeza ("matar a un viejo equivale a suicidarse", escribe el autor).
Resulta indispensable cambiar la percepción social sobre los adultos mayores. Los Estados deben establecer una dinámica que permita brindar los mejores servicios a los jubilados (pagas suficientes y dignas, eficacia de los sistemas de salud, actividades sociales, etc.) y los canales necesarios para que integren redes en donde interactúen no sólo con sus pares generacionales, sino también con niños, adolescentes y jóvenes. 
Esto se transforma en un círculo virtuoso, ya que esa exigencia genera en los mayores nuevas conexiones neurales; y, en el mismo movimiento, esa sabiduría y esa experiencia enriquecen a las personas jóvenes.
Silvina Ocampo cuenta en "Los retratos apócrifos" que en la infancia le gustaban los viejos, porque cuando miraban "extraían de los más modestos objetos un secreto importante, que tal vez nos comunicaran un día, si los escuchábamos con atención". 
En comprender el valor de esos secretos quizás esté el principal desafío.
FACUNDO MANES. Neurólogo y neurocientífico, rector de la Universidad Favaloro y presidente de la Fundación Ineco para la investigación en neurociencias