Buscar este blog

lunes, 7 de septiembre de 2026

LA TRAGEDIA DE LA DESHUMANIZACIÓN – Por: JORGE RACHID - HUMAMISMO VERSUS COLONIALISMO - MALVINAS ESTÁ EN ESA HISTORIA - SOBERANIA NACIONAL

 


LA TRAGEDIA DE LA DESHUMANIZACIÓN –

Por: JORGE RACHID

 

Desde la Ley del Talión hasta los genocidios actuales, Jorge Rachid traza un crudo panorama de la deshumanización global liderada por EE.UU. e Israel.

En su análisis, alerta que la sumisión del presidente Javier Milei a ese eje colonial —con el riesgo de bases militares extranjeras en el Sur argentino— compromete la soberanía nacional y alinea al país en una posible guerra termonuclear.

Frente a esta «tragedia», el autor exige el juicio político urgente al mandatario y convoca a la movilización popular como único camino para recuperar la Patria.

Por Jorge Rachid

 

El Código de Hammurabi es un compendio de leyes escritas de la historia en alrededor del 1750 a. C. por el rey de Babilonia, que establecía entonces entre otras, la Ley del Talión: “ojo por ojo”, que era uno de los aspectos que establecía castigos simétricos al daño ocasionado.

 

Desde esos tiempos lejanos se intentan mecanismos de compromisos y ordenamientos sociales que faciliten el funcionamiento de las Comunidades, bajo premisas al estilo de los Códigos como el de Or, más antiguo aún, y también a través de las religiones monoteístas o panteístas, que fijaron desde medidas de castigo tipo penal o social, hasta mecanismos de cuidados de los pueblos, como evitar determinados alimentos que sabían, provocaban enfermedades.

 

HUMAMISMO VERSUS COLONIALISMO


Todos los intentos por Humanizar las sociedades, establecer mecanismos de comercio y respeto entre culturas diferentes, fueron tropezando en diferentes etapas, por maquinarias de guerra, genocidios, esclavitud, colonización, sometimientos o eliminación de pueblos enteros, por imperios que ejercieron el poder a sangre y fuego.

 

Esos episodios siempre fueron transitorios en la historia, todos los imperios terminaron, nuevos actores asomaron al escenario, pero fue recién de la 1° y 2° guerra mundial cuando el mundo apostó en conjunto por la paz, después de 60 millones de muertos y destrucción masiva, bomba nuclear sobre Japón de EEUU incluida y el temor que eso generó, creando instituciones como la ONU en 1945 y otros instrumentos destinados a preservar la paz, aunque esas intenciones fueron fracasando a lo largo del tiempo.

 

NO SE APRENDIÓ LA LECCIÓN


Guerras como la de Corea y Vietnam, por mencionar sólo dos que involucraron las fuerzas enfrentadas entonces en la guerra fría, Rusia y EEUU aunque se desarrollaron conflictos localizados que expresaban intereses estratégicos de las potencias, que reservaban su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, preservando sus intereses, lo cual fue demoliendo los aspectos centrales de los objetivos de paz, del pleno, que siempre vota por resoluciones por temas puntuales, como la soberanía en Malvinas, que repiten año a año y que en más de 60 años nunca consolidaron una acción concreta.

 

MALVINAS ESTÁ EN ESA HISTORIA


Los países que siempre votaron contra Argentina en el pleno de la ONU, fueron

EEUU e Israel, acompañados por pocos países más, a lo largo de la historia

donde se reafirmaba cada año, esa necesidad de negociación entre Inglaterra y nuestro país, por el voto de más de 170 países.

Nunca instrumentado, muchos menos acompañado por acciones concretas de aislamiento al colonizador, por parte de terceros países que siguieron negociando con Inglaterra.

 

La guerra de 1982, en donde nuestros jóvenes ofrendaron su vida heroicamente, mientras el poder de la dictadura, que había iniciado una acción que nunca quiso luchar, retrocedió nuestras posiciones en cuanto a la consolidación del reclamo descolonizador.

 

LA PÉRDIDA DEL HEGEMÓN OCCIDENTAL


Esos países que hasta hace poco eran hegemónicos a nivel global, el llamado Occidente Cristiano, ha roto todos los mecanismos de compromisos, acuerdos, conductas en las relaciones internacionales, usando el asesinato selectivo o masivo y genocidas, como forma de resolución de conflictos, generando en el caso de Israel en su afán expansivo al Gran Israel, una de las tragedias más importante del siglo XXl, que será juzgada por la historia, al ejercer una limpieza étnica sobre el Pueblo Palestino que ha sido arrasado y destruido, aunque no vencido.

 

Lo mismo sucede con los bombardeos de EEUU, que en su despliegue en el mundo, con 800 bases militares, en su intento de controlar países y recursos, en función de sus intereses estratégicos, acciones por la cuales no sólo fue condenado globalmente, sino que disparó una fragmentación en la Unión Europea, generando su aislamiento internacional además de una derrota militar en Medio Oriente, creando una situación global de deterioro económico, ante el cierre del estrecho de Ormuz, que disparó los precios internacionales del petróleo.

 

AMÉRICA LATINA AMENAZADA


Eso llevó a EEUU a operar fuertemente, sobre América Latina intentando alambrarla a su objetivos a largo plazo, condicionando países, secuestrando presidentes, asfixiando pueblos bloqueando económica, comercial y militarmente, además manipulando redes como en Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y el intento frustrado de hacerlo en Brasil, realizando operaciones especiales con la CIA y la MOSSAD, en colaboración con élites locales oligárquicas que siempre están dispuestas a colaborar en los procesos de dominación, dependencia y colonización.

 

Bloqueos, asesinatos en el Caribe o selectivos como en México, Colombia, Ecuador, narco financiamiento de partidos antipopulares, creando nuevas instituciones de combate al populismo, terrorismo, con la excusa del narco, manejado por la DEA, en su tráfico continental.

 

UNA GUERRA EN DESARROLLO


Esta deshumanización de la Humanidad está llevando al mundo a la posibilidad de una guerra extendida, ya en desarrollo, que puede transformarse en termo nuclear, ya que los intereses en juego poseen esa tecnología, lo cual llevaría a una tragedia de proporciones, con compromiso de la vida humana misma.

 

Esta irresponsabilidad asesina en curso, mientras los muertos se cuentan en millares, los desplazados por guerras por millones, mientras el calentamiento global provoca cataclismos de todo tipo, en nuestro país, un presidente delirante, Milei, no sólo somete al pueblo argentino y entrega la soberanía de la Patria, sino que se compromete con los asesinos globales, Trump y Netanyahu 

llevando a la Argentina al peor lugar en su historia, tanto a nivel nacional como internacional,

ubicando en caso de guerra mundial a nuestro país y a nuestros jóvenes en posibilidad de dar la vida por guerras ajenas.

 

UN CAMINO PATRIÓTICO


Eso lleva a reflexionar sobre la necesidad de someter a juicio político urgente a Milei, no sólo por su estado mental, sino por su compromiso con un sistema de degradación que lleva a la Argentina a una colonización plena, económica, política y geopolítica, de niveles difíciles de revertir, si EEUU despliega Bases Militares del Comando Sur en nuestro país, en especial en el Sur para controlar Mar Austral, Antártida y Pasos Bioceánicos, nuestro Estrecho de Ormuz estratégico.

 

Sólo con movilización, calle y lucha se logrará construir Patria y recuperar

la plena Soberanía perdida en dos años de claudicación nacional, 

de destrucción de la industria, el empleo, la ciencia y la tecnología,

entregando las empresas que construyen conocimiento y llevan a la Argentina al mundo su formación en Universidades y educación pública,

que este Gobierno ha deteriorado, por indicación del enemigo, que diseña sus propios planes sobre nuestro país.

 

Jorge Rachid, Buenos Aires, 4 de septiembre de 2026

 

BIBLIOTECA

Noam Chomsky, Quien domina el Mundo, Ed. Planeta

Enrique Dussel, Filosofía de la Liberación, Ed. Brevario

Walter Formento, Geopolítica de la Crisis Económica Mundial, Ed. FABRO

Juan Domingo Perón, Modelo argentino para un proyecto nacional, Ed. Instituto Perón


 

domingo, 30 de agosto de 2026

BETRAND RUSEL - SOBRE EL TRABAJO - TRABAJO ESCLAVO - NO MÁS DE 4 HS DIARIAS DE TRABAJO

 


BERTRAND RUSSELL, SOBRE EL TRABAJO:

 

“Cuando propongo que la jornada laboral se reduzca a cuatro horas, no quiero decir que todo el tiempo restante deba dedicarse necesariamente a la frivolidad”

El filósofo británico cuestionó uno de los grandes dogmas de la sociedad industrial: que trabajar más equivale a vivir mejor

Lucía Fernández Moreno - Redactora de National Geographic

Actualizado a  30 de agosto de 2026, 16:00 · Lectura: 5 min

 

"Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán: la ociosidad es madre de todos los vicios.

Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual...

Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y

que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado..."

 

A comienzos del siglo XX, cuando la fábrica, el reloj y la disciplina industrial habían convertido el trabajo en una medida casi universal del valor de una persona, Bertrand Russell decidió poner el dogma patas arriba.

 

Frente a la idea de que el tiempo libre era sospechoso y que la productividad debía ocupar cada hora disponible, el filósofo imaginó otra posibilidad: una sociedad en la que trabajar menos no significara vivir peor, sino tener tiempo para vivir.

 

En 1932 plasmó aquella revolución de ideas en Elogio de la ociosidad, un ensayo que todavía hoy obliga a mirar de otra manera una pregunta aparentemente sencilla: 

¿cuánta vida estamos dispuestos a entregar por trabajo?

 

Un filósofo que quiso poner orden en el pensamiento

Bertrand Arthur William Russell nació en 1872 en el seno de una de las familias aristocráticas más destacadas del Reino Unido. Filósofo, matemático, lógico y escritor, acabaría convirtiéndose en una de las figuras intelectuales más influyentes del siglo XX. En 1950 recibió el Premio Nobel de Literatura, entre otras razones por sus escritos en defensa de los ideales humanitarios y de la libertad de pensamiento.

Su trayectoria intelectual estuvo marcada por una obsesión: alcanzar claridad allí donde el pensamiento se había vuelto confuso. Russell fue, junto al filósofo y lógico alemán Gottlob Frege, uno de los fundadores de la filosofía analítica, una corriente que concedió una importancia central a la lógica y al análisis del lenguaje para abordar los problemas filosóficos.

La filosofía de Russell nació también de una ruptura. A comienzos del siglo XX participó en la llamada “revuelta contra el idealismo británico”, rechazando la idea de que la realidad debía entenderse como un todo único e indivisible. Frente a ello, defendió que lo complejo podía analizarse a partir de elementos más simples y que el conocimiento debía apoyarse en aquello que pudiera ser examinado con precisión.

Esa confianza en la lógica y en la razón atravesó buena parte de su obra. Russell creía que muchos problemas filosóficos nacían de confusiones producidas por el lenguaje y que aclarar exactamente qué significan nuestras palabras podía ayudarnos a desmontar aparentes contradicciones. La filosofía debía, en su opinión, alejarse de la superstición y de las afirmaciones sin fundamento y acercarse a la precisión de la ciencia.

La revolución de Russell contra el culto al trabajo

 

Es precisamente esa mirada crítica la que aparece en Elogio de la ociosidad, ensayo publicado originalmente en 1932. Russell parte de una idea aparentemente sencilla, pero extraordinariamente provocadora para su época

la sociedad ha concedido al trabajo un valor moral que no merece.

“Quiero decir, con toda seriedad, que la fe en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño en el mundo moderno”, escribe.

 

Para Russell, el problema no era únicamente trabajar muchas horas, sino haber convertido el trabajo en una especie de virtud en sí misma.

 

La cuestión era sencilla:

si la tecnología permitía producir más con menos esfuerzo, 

¿por qué seguir obligando a las personas a dedicar prácticamente toda su vida a trabajar?

 

El filósofo distinguía además entre dos tipos de trabajo. Por un lado, estaba el que consistía en transformar físicamente la materia, generalmente desagradable y mal pagado; por otro, el de quienes daban órdenes sobre el trabajo de los demás, normalmente mejor remunerado.

 

Con esta distinción señalaba una paradoja de la sociedad industrial: 

no necesariamente trabaja más quien recibe más dinero, ni es más útil quien ocupa una posición más alta.

 

Russell iba todavía más lejos al cuestionar la llamada “moral del trabajo”. 

“La moral del trabajo es la moral de los “esclavos”, y el mundo moderno no tiene necesidad de esclavitud”, afirma.

 

En su visión, el desarrollo tecnológico había abierto una posibilidad histórica inédita:

reducir el esfuerzo necesario para producir los bienes que necesita una sociedad y repartir entre más personas el tiempo que antes estaba reservado a unos pocos privilegiados.

 

Cuatro horas para trabajar y el resto para vivir

 

Ahí aparece una de las ideas que han convertido Elogio de la ociosidad en una obra especialmente llamativa incluso décadas después de su publicación.

 

Russell sostenía que, con una organización razonable, cuatro horas de trabajo al día podrían ser suficientes para cubrir las necesidades de la sociedad.

 

“Cuando propongo que la jornada laboral se reduzca a cuatro horas, no quiero decir que todo el tiempo restante deba dedicarse necesariamente a la frivolidad”, aclara.

 

El ocio que Russell defendía no consistía en pasar las horas sin hacer nada, sino en recuperar aquellas actividades que no tienen que justificarse por su utilidad económica: aprender, conversar, leer, crear, jugar, contemplar o simplemente disfrutar del tiempo.

 

Para él, el problema era que la sociedad moderna había empezado a considerar que todo debía hacerse por una razón determinadaIncluso el tiempo libre parecía necesitar una justificación. Y esa obsesión por la eficiencia podía acabar empobreciendo precisamente aquello que hace que una vida merezca la pena.

 

Russell advertía, además, de una paradoja. Si alguien había trabajado durante toda su vida jornadas interminables, podía no saber qué hacer cuando de repente disponía de tiempo libre. Pero eso no demostraba que el ocio fuera inútil; demostraba, según él, que habíamos perdido la capacidad de disfrutarlo.

 

“El sabio empleo del tiempo libre es un producto de la civilización y de la educación”, escribió.

 

Casi un siglo después de que Russell escribiera estas palabras, su pregunta continúa abierta: si el progreso tecnológico permite producir cada vez más con menos trabajo humano, }

¿por qué seguimos midiendo el éxito de una vida por la cantidad de tiempo que somos capaces de vender a cambio de un salario?