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lunes, 6 de abril de 2026

ANALFABETISMO LIBERTARIO - por: JULIO SAGUIR

 

 


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ARISTÓTELES.

Para él, la justicia no es una igualdad aritmética. | cedoc

Por: Julio Saguir * - publicó “Diario Perfil” 04-04-2026

 

En el debate público actual, la ignorancia pretende presentar a

la justicia social como un cuerpo extraño al orden moral y político, desconociendo que en realidad es una piedra angular de la tradición occidental.

 

Desde la Grecia clásica hasta los Padres Fundadores de la modernidad liberal, la justicia

jamás fue entendida como la simple protección de lo acumulado, sino como el equilibrio necesario para que una comunidad no se autodestruya.

 

EL ORIGEN: LA JUSTICIA COMO PROPORCIÓN.

 

Aristóteles ya advertía en su Ética a Nicómaco que la justicia no es una igualdad aritmética ciega, sino una proporción.

 

Para el Estagirita, la justicia distributiva es el eje de la polis.

 

En sus palabras,

“lo justo es, pues, una proporción... lo injusto es lo que contraviene la proporción.

En lo injusto, lo uno es demasiado y lo otro demasiado poco.

Esto es lo que sucede en la realidad: el que comete la injusticia tiene demasiado del bien, y el que la padece, demasiado poco”.

Esto no les gusta a los autoritarios

 

El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.

Para Aristóteles, un sistema donde unos tienen “demasiado del bien” a costa de que otros tengan “demasiado poco” no es un mercado eficiente; es, sencillamente, una polis que ha perdido su carácter definitorio: el bien del todo –y de todos.

 

LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD.

 

La tradición escolástica es demoledora respecto al carácter absoluto de la propiedad privada.

 

Santo Tomás de Aquino, en su Suma Teológica, establece como principio que

el derecho a la vida y a la subsistencia precede al derecho a la propiedad.

 

Para el Aquinate,

las cosas que son de derecho humano no pueden derogar el derecho natural o el derecho divino...

 

Por consiguiente, las cosas que

algunos tienen en sobreabundancia se deben, por derecho natural, al sustento de los pobres.

 

Por eso dice San Ambrosio:

Es pan de los hambrientos el que tú retienes; es ropa de los desnudos la que tú guardas en tu armario’”.

 

Aquino no lo define como caridad o benevolencia; lo llama derecho natural. Bajo esta óptica, el verdadero “robo”

no es la intervención del Estado para paliar el hambre, sino la retención de lo superfluo mientras el prójimo carece de lo vital.

 

LA DESIGUALDAD COMO AMENAZA.

 

El “Padre Fundador” por excelencia de los Estados Unidos no defendía un Estado ausente, sino un Estado regulador que evitara la fractura social causada por la disparidad económica extrema.

En el Federalista n.º 10, Madison identifica la raíz de todos los males republicanos en la propiedad mal gestionada:

“Pero la fuente más común y duradera de las facciones ha sido la variada y desigual distribución de la propiedad.”

 

Y las facciones, para él, son el origen de

“las enfermedades mortales que han hecho perecer a todo gobierno popular”.

 

En su correspondencia privada, Madison es explícito sobre el deber del legislador de intervenir cuando la acumulación asfixia al resto:

“Siempre que en un país hay tierras baldías y pobres desempleados, es evidente que las leyes de propiedad se han extendido hasta el punto de violar el derecho natural... es objeto de una política constitucional y sabia favorecer la subdivisión de la propiedad”.

 

Para el arquitecto de la democracia liberal, cuando las leyes de propiedad

protegen la acumulación desmedida mientras existe miseria, la ley misma ha violado el derecho natural.

 

CONCLUSIÓN: LA CEGUERA DEL PRESENTE.

Reducir la justicia social a una “aberración” es amnesia selectiva: ignorar a Aristóteles, contradecir a Aquino y desmentir al propio Madison.

 

La historia del pensamiento occidental no es la historia del individuo aislado en una burbuja de propiedad absoluta, sino

la búsqueda de un orden donde la libertad de uno no sea la sentencia del otro.

 

Quien hoy llama “robo” a la búsqueda del equilibrio

no está defendiendo la libertad; está traicionando la sabiduría occidental de siglos que hicieron posible la República.

 

La verdadera estafa no es la justicia social, sino

el intento de convencernos de que podemos ser libres en una sociedad de náufragos.

 

*Dr. en Ciencia Política (Universidad de Chicago).

 

domingo, 5 de abril de 2026

EL PENSAMIENTO DÉBIL - GIANNI VATIMO

 

 

GIANNI VATTIMO Y EL PENSAMIENTO DÉBIL

 16 Agosto 2022

Por Eduardo Luis Aguirre

 

 

Gianni Vattimo, creador del concepto filosófico de ‘pensamiento débil’ y referente intelectual indiscutido de la denominada “posmodernidad”, nació en Turín en 1936 y su infancia transcurrió en un contexto epocal atravesado por la guerra, los campos de concentración, las bombas atómicas, el comunismo y los nacionalismos.

 

Estudió filosofía en la universidad turinesa y desde sus primeros años de formación académica entendió que había una imbricación inseparable entre la religión y la política.

 

Ese fue su eje conceptual de investigación, del que no se apartó nunca. Conocedor de la extrañeza que en ese tiempo causaba a muchos colegas su singular perspectiva epistémica, se asumió irónicamente como un “catocomunista” (por su reconocida filiación católica temprana y sus actuales ideas de izquierda) y advertía que la única motivación racional que explicaba su adscripción al comunismo eran los valores cristianos de alteridad y amor al prójimo.

 

Siempre cuestionó los dogmas y la metafísica. Quizás por eso es que se define como un católico anárquico y un comunista anárquico.  

 

Fue eurodiputado por el partido comunista. Desde su postura no complaciente con ningún orden cuestiona tanto

la existencia de lo que a priori se considera "natural", porque cree que

detrás de esas certezas ideológicas siempre hay un intento de reasegurar un estado de cosas,

como el capitalismo, sin ir más lejos, como la del comunismo.

 

Se reivindica como un traductor,

un intérprete capaz de poner en tela de juicio lo que se pretende indiscutible.

 

Su propia concepción del comunismo es una suerte de oxímoron de “creatividad clásica”.

“Quienes se preocupan por la verdad objetiva son, a menudo, los que quieren que se imponga un dogma a todos. 

La objetividad absoluta, los datos fácticos comprobados por la ciencia, suelen estar vinculados al poder dominante”.

 

Señala que

"la verdad se construye en el diálogo social y en la comprensión mutua de las personas y no en los dogmas, sean del tipo que sean"


En la búsqueda temprana de una crítica de la modernidad ilustrada se produjo su encuentro con el pensamiento de Nietzsche y Heidegger.


“Necesitaba una filosofía que no fuera tomista, metafísica, una salida al racionalismo moderno. De ahí nació mi interés por Nietzsche, y después vino todo lo demás.


Nietzsche fue mi camino para liberarme del historicismo de estilo hegeliano que

negaba la libertad individual,

convencido de que había una ley de la historia ante la que no era posible rebelarse”.

 

Advierte que en occidente estamos asistiendo a un refortalecimiento

del pensamiento fuerte, fundamentalista, radical y ortodoxo, que no admite el diálogo.

 

"Aquellos que temen al pensamiento débil son

las clases dominantes porque para ellos la historia es buena tal cual es porque tienen el poder". 

 

“Y es algo con lo que hay que tener mucho cuidado. Entre otras cosas, el pensamiento débil me ha aparecido siempre, y cada vez más, el pensamiento de los débiles. Por contra, aquellos que están escandalizados y temen al pensamiento débil

que son las clases dominantes, aquellos para los cuales (y aquí estoy pensando en Walter Benjamin) la historia es buena como es, lo que ocurre precisamente porque tienen el poder y siempre pueden legitimarse mostrando "las cosas como son".

 

Los excluidos del poder

no tienen el fetiche de los "hechos puros", ni siquiera cuando apelan a los derechos naturales para rebelarse”.

 

Vattimo, el creador del concepto del pensamiento débil, planteaba hasta hace algunos años que la renovación del mundo sólo podía provenir de Latinoamérica. No sabemos si esa premonición sigue vigente. Sabemos que hay pensadores europeos que han manifestado su optimismo respecto del nuevo mapa político de Nuestra América, en coincidencia con el pensador italiano.

 

Sin embargo, las elecciones que han consagrado gobiernos alternativos a sus precedentes neoliberales no solamente atraviesan crisis y estrecheces de distintas características, sino que la dinámica política actual acelera como nunca antes el esmerilamiento de los débiles consensos de sus representantes.

 

Los ejemplos de Chile, Argentina, Perú y Colombia parecen graficar muy claramente estos procesos. Una corroboración con epicentro en nuestro margen, paradójicamente, de que efectivamente la experiencia de la realidad es una experiencia de interpretación, como especula Vattimo, y por ende renuente a las certezas de la modernidad. Una revalorización de la hermenéutica como una manera de aferrarse a una historia de reducción de los absolutos.

 

Fuentes: https://www.elespanol.com/el-cultural/20191125/gianni-vattimo-renovacion-mundo-puede-venir-latinoamerica/447206867_0.htm

https://elpais.com/diario/1989/06/14/cultura/613778404_850215.html

 

martes, 31 de marzo de 2026

CAPITALISMO - LIBERTAD - CAMINO A LA LIBERTAD por JOSEPH STIGLYTZ [ comentario a libro]

 

 

 

 

    •  
    • El economista discute con la visión conservadora y plantea un modelo basado en la justicia y empatía.
    • En su libro Camino de libertad, el Nobel desafía las premisas del neoliberalismo.

Joseph Stiglitz. Archivo Clarín.

Por: Luis Fernánderz díaz - 14/04/2025

 

En Camino de libertad (Taurus) el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz afirma en la primera línea del prefacio:

“La libertad es un valor humano fundamental”.

 

Sin embargo, a continuación, se interroga sobre el significado de este concepto:

“¿Libertad para quién?

¿Qué ocurre cuando la libertad de una persona se consigue a costa de la de otra?”.

 

De esta manera Stiglitz direcciona la intención de su libro en términos de una disputa de la noción de libertad apropiada y hegemonizada durante décadas por parte de la derecha.

 

 Según el autor, la retórica de la libertad individual que emplean los intelectuales conservadores y libertarios (F.A. Hayek, Milton Friedman o Ayn Rand)

es superficial y errónea; por el contrario, quienes defienden una libertad profunda son aquellos que están alineados con posiciones progresistas tanto en Estado Unidos como en los demás países del mundo.

 

Partiendo de estos presupuestos es que el economista estadounidense organiza su planteamiento en tres partes:

 

--- en primer lugar, analiza la libertad y la coerción desde la perspectiva de un economista tradicional;

 

--- en segundo lugar, Stiglitz incorpora la economía conductual moderna, reconociendo que los comportamientos y las creencias no suelen basarse en hechos ni razonamientos;

 

--- por último, expone sus ideas fundamentales para construir una buena sociedad, es decir, aquella donde la libertad sea un valor pleno para todos los ciudadanos.

 

CONSECUENCIAS

 

Stiglitz sostiene que no es posible pensar la libertad de un modo independiente, es decir, en un marco de una sociedad integrada

la libertad de un individuo siempre tiene consecuencias sobre la libertad de los demás, por tanto, se torna indispensable dar cuenta de las “externalidades” (negativas o positivas) de toda acción no como la excepción sino como la norma desde la cual debemos comprender la dinámica social.

 

En este sentido es que la crítica por parte de la derecha conservadora a toda regulación y coerción

no comprende cabalmente el impacto de cada decisión individual en los demás.

 

Un ejemplo simple que nos ofrece Stiglitz ilustra esta situación: “Los semáforos son una regulación sencilla, fácil de imponer, que permite a los conductores turnarse para pasar un cruce. Si no existieran, se producirían atascos y accidentes (…) La pequeña coerción que supone el semáforo puede aumentar el bienestar y, en cierto sentido, la libertad de acción de todos”.

 

De manera que la crítica a todo impedimento en forma de regla no visualiza que 

ciertas coerciones, lejos de suprimir libertades, pueden ampliarlas, así como evitar externalidades negativas concretas.

 

Un postulado crucial de Camino de libertad será que no se puede tomar de manera aislada la libertad de una persona, sino que

permanentemente resulta necesario sopesar los choques entre diferentes libertades y tomar una decisión en consecuencia.

 

Para Stiglitz la concepción estrictamente negativa de libertad que privilegian los conservadores y libertarios precisamente no toma en consideración

las desigualdades en el punto de partida y el desarrollo del propio potencial, vale decir,

la libertad concreta, positiva, requiere de regulaciones para garantizar su ejercicio.

 

Sin embargo, Stiglitz observa que durante doscientos años la economía dominante actuó como si los individuos fueran homo oeconomicus perfectamente racionales e informados cuando se ha probado que esto no es así.

 

Recurriendo al psicólogo y economista conductista Daniel Kahneman, el autor da cuenta del peso de los sesgos de las creencias arraigadas en las decisiones económicas.

 

UN SISTEMA ECONÓMICO MEJOR

 

La ideología neoliberal, sea en su variante conservadora (Reagan-Thatcher) como progresista (Clinton-Blair), aún sigue teniendo muchos adeptos a pesar de sus fallas y crisis al punto de sostenerse una y otra vez que no hay alternativa posible. Contrariamente, Stiglitz considera que

sí podemos pensar en un sistema económico mejor en términos de libertad e igualdad que denomina “capitalismo progresista”.

 

El esquema socio-económico que el Premio Nobel desarrolla, apelando a ciertas ideas de Stuart Mill, Keynes, Rawls y Amartya Sen, parte de tres premisas:

 

--- en primer lugar, los países deben actuar como quieran siempre que no perjudiquen a otros, es decir, en tanto y en cuanto no impongan externalidades negativas a las demás naciones.

 

--- En segundo lugar, se deberá fijar un principio de equidad o justicia al estilo del “velo de ignorancia” rawlsiano a partir del cual los países menos aventajados puedan también tener acceso al conocimiento científico determinante en materia de salud o educación de sus ciudadanos.

 

--- Por último, los acuerdos económicos tienen costes para la sociedad que deben ser tenidos en cuenta, vale decir, la economía no es ajena a la sociedad, por tanto, las políticas económicas no deberían tener un impacto negativo que restrinja la libertad para desarrollar el potencial de la mayoría de la sociedad, por ejemplo, el acceso a la escuela.

 

Dice Stiglitz:

“La aspiración más profunda del capitalismo progresista es construir una sociedad

en la que haya más empatía, más cuidados, más creatividad y un esfuerzo sano,

que esté compuesta por individuos menos egoístas

y más honestos”. [El premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz, en una entrevista a Efe. EFE/Gustavo Cuevas]

 

Para hacer que esta aspiración devenga en un programa específico se vuelve imperativo, según nuestro autor, 

recuperar la noción de libertad monopolizada por la derecha, desmontar su propaganda y

hacer visible la posibilidad de una autonomía real desde un marco normativo

que garantice la potencia de todos los individuos, en especial de aquellos socialmente desaventajados