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domingo, 26 de abril de 2026

SOCIEDADES DE CONTROL - TECNOFACISMO - SOBERANIA NACIONAL Y DEMOCRACIA EN PELIGRO Por: ERIC CALCAGNO

 



TECNOFASCISMO – DEMOCRACIA Y SOBERANIA NACIONAL EN PELIGRO

KARP, EL SECUAZ DE THIEL

 

La dupla Thiel/Karp se asemejan más al tándem Videla/Martínez de Hoz, que bien conocemos en la Argentina.

25/04/2026 – Publicó TIEMPO ARGENTINO

  

Karp, el secuaz de Thiel

Por: Eric Calcagno

 

“Es el relato de un supervillano”, afirmó la diputada inglesa Victoria Collins, del partido liberal demócrata.

 

Claro, se refería a ese punteo publicado en las redes sociales por Palentir, la empresa global de control y muerte creada por Peter Thiel. Pero todo supervillano que se precie debe tener un segundo como secuaz o fiel esbirro. El Joker de Batman tiene a Harley Quinn; Pierre Nodoyuna soporta a Patán; el Senador Palpatine hizo a Darth Vader. En Argentina, imposible no evocar a Pucho, el segundo del Profesor Nerus. En este caso, Peter Thiel lo tiene a Alex Karp.

 

Si bien en la juventud nada debería unir a Thiel el conservador con Karp el progresista, parece que ambos tienen una fascinación por la perfección de la técnica, la infinita acumulación de dinero y la verdad verdadera.

 

Esas cosas unen. Alex Karp es el director de Palantir Technologies. Sí, es esa empresa que fue creada en base a fondos de Estados Unidos a través de la CIA en 2004, lo que convierte a Palentir al menos en una empresa pública mixta.

Maravillas del capitalismo de libre mercado.

Tanto es así que la mitad de los ingresos de Palentir vienen del sector público.

 

Es que el manejo empresarial de Palentir comienza con un contrato, en general con una institución pública. Como mejorar los sistemas de salud en el Reino Unido durante la pandemia, por ejemplo.

Una vez dentro de la organización, reconfigura las necesidades del organismo en función de los productos que vende la empresa.

Igual, todos necesitan información. Así que por favor entreguen los datos, que una vez conquistados serán inaccesibles para todos, menos para la empresa.

De contratista a proveedor, de único proveedor a propietario real,

pues ya nada puede hacer el Estado si debe recurrir siempre a Palentir para esbozar alguna acción, por ejemplo, en salud pública.

 

Los palentirianos lo llaman land and expand.

Palantir quiere reemplazar las instituciones públicas. Las coloniza. Consigue contratos. Las convierte en lo que le sirve.

 

Para el periodista francés Olivir Tusquet “se despliega una estrategia que puede resumirse en una fórmula:

transformar el Estado en una filial de su propia infraestructura digital, vaciando así la soberanía de su dimensión democrática”.

 

Diríamos que la táctica de Palantir es

agarrar lo que sea y transformarlo en lo que vende, privatizar el Estado a través del algoritmo.

Es una manera de tomar el poder.

 

Es cierto que Karp ha despertado cierto interés debido a la publicación de un punteo que pone de manifiesto las intenciones de la corporación. Aunque ya mencionados en numerosos lugares, recordemos que esos conceptos emanan de “La República Tecnológica”.

 

Quizás por eso Oliver Tesquet lo califica como “una teoría del Estado”. Palantir no sólo vende datos, vende sentido.

--- Cayó la Unión Soviética y sobrevino el fin de la historia. Es el momento de la victoria del neoliberalismo. Duró lo que pudo.

--- Ahora Karp nos dice que ha llegado el final de la era atómica, y ahora es la era de la “República Tecnológica”.

--- Siempre tiene que caer algo para que empiece otra cosa. Como en toda religión, hay un pecado original y un deber trascendente que cumplir. En un caso el error fue la justicia social, que habría de ser desmantelada para que reine el mercado.

--- En el segundo caso la falla primigenia es que Silicon Valley ha olvidado los valores de occidente y ya es tiempo de recuperarlos y defenderlos. Para que reine la verdad algorítmica. ¿Contra quién? Bueno, contra todos los que se opongan. Y contra las culturas inferiores, al decir de Karp.

 

--- Racismo. Caído el “destino manifiesto” del siglo XIX, terminado “el fin de la historia”, Palantir ofrece un destino, una visión, una razón de ser. Milenarismo.

 

Tesquet dice “Palentir es una empresa “metapolitica”, no sólo equipa al Estado, sino que forma el imaginario.”

Delicias de la guerra cognitiva. La primacía del instrumento sobre el objetivo es la marca de la posmodernidad. Ahora es una determinada tecnología –y no la democracia- la que decide objetivos-ligados-a-algoritmos.

 

--- Racismo, milenarismo, verdad, en cualquier momento Karp reclama los Sudetes.

 

Al principio evocamos a los inevitables malvados de segunda línea que siguen al supervillano. Pero estos no son criminales de comic o de película pochoclera. Son reales. Los toman en serio. Les dan contratos públicos en nombre del “monopolio creativo”.

Siembran inseguridad para vender control;

apelan a amenazas existenciales para vender represión;

nos embarcan en una guerra de occidente que no es nuestra para cobrar muerte.

 

En ese sentido la dupla Thiel/Karp se asemejan más al tándem Videla/Martínez de Hoz, que bien conocemos en la Argentina, tanto por los objetivos que buscan, los métodos que emplean, como por los resultados que consiguen.

SOCIEDADES DE CONTROL - ENTREGA DE SOBERANÍA - DEMOCRACIA EN PELIGRO

 

ENTREGA DE SOBERANÍA

¿POR QUÉ LA VISITA DE PETER THIEL ES UNA PÉSIMA NOTICIA PARA LA DEMOCRACIA ARGENTINA?

 

En el contexto del gobierno de Javier Milei, la llegada del cofundador de PayPal y Palantir marca un hito preocupante en la configuración de la infraestructura digital pública del país.

25/04/2026 – publicó DIARIO TIEMPO ARGENTINO


¿Por qué la visita de Peter Thiel es una pésima noticia para la democracia argentina?

Por: J. Carlos Lara

Codirector ejecutivo de Derechos Digitales

 

El desembarco de Peter Thiel en Buenos Aires hace una semana, escoltado por el aura de misticismo tecnológico que rodea a Silicon Valley, no debe leerse como una simple visita de un inversor extranjero. 

 

En el contexto del gobierno de Javier Milei, la llegada del cofundador de PayPal y Palantir marca un hito preocupante en la configuración de la infraestructura digital pública de Argentina. 

 

No estamos ante un filántropo digital, sino ante

el principal arquitecto de un modelo de libertarianismo tecnocentrista que ve en las instituciones democráticas un estorbo para el despliegue del poder computacional y el control autoritario.

 

Desde Derechos Digitales, observamos con alarma cómo la narrativa de la “modernización”

intenta camuflar la entrega de soberanía digital a una de las empresas más opacas y peligrosas del sector de defensa e inteligencia global.

 

¿Por qué la visita de Peter Thiel es una pésima noticia para la democracia argentina?

 

EL IDEÓLOGO DETRÁS DE LA VIGILANCIA: LA DEMOCRACIA COMO OBSTÁCULO

 

Para entender el riesgo que representa Palantir, primero debemos entender a Peter Thiel. A diferencia de otros CEOs de Silicon Valley que mantienen una fachada de progresismo liberal, Thiel es explícito en sus convicciones. En su ensayo The Education of a Libertarian, afirmó sin ambigüedades:

“Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”.

 

Esta premisa no es una abstracción filosófica ni un posicionamiento político tan audaz como vacío,

sino la base operativa de sus negocios.

Para Thiel, la tecnología no debe servir a la política, sino superarla. Su visión propone

un mundo donde los Estados se gestionen como corporaciones y

donde los derechos ciudadanos sean reemplazados por una eficiencia algorítmica dictada por élites tecnológicas. 

 

Un Estado sin contrapesos democráticos es, además,

el cliente ideal para quien vende infraestructura de vigilancia.

 

Que un gobierno libertario reciba con alfombra roja a quien considera que

la democracia es un experimento fallido, es, al menos, algo que debería preocuparle a cualquier persona que defiende valores democráticos en Argentina, más allá de su orientación política.

 

La relevancia de Thiel no empieza ni termina en la industria tecnológica, sino que se extiende a la médula del poder político.

 

El actual vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, es una creación política del propio Thiel. Fue él quien lo mentoreó, quien financió su carrera en el sector del capital de riesgo, y quien inyectó los millones de dólares necesarios para su ascenso al Senado.

 

Esta es una demostración clara de que el proyecto de Thiel no es solo empresarial. Su visita a Buenos Aires responde

a esa misma lógica de construcción de poder. 

Al alinearse con el gobierno de Milei, Palantir busca un laboratorio regional donde aplicar sus lógicas de control social bajo el amparo de una afinidad ideológica que desprecia lo público. 

 

Las reuniones ya confirmadas[JCL1]  entre representantes de Palantir y funcionarios de inteligencia sugieren que

el desembarco no es para vender planillas de cálculo, sino para penetrar en el sistema de seguridad nacional.

 

Su empresa insignia, Palantir Technologies, toma su nombre de las piedras videntes de El Señor de los Anillos. Es una metáfora transparente:

su negocio es la visión totalizadora, a través del análisis masivo del Big Data. 

 

No se trata de una empresa de software convencional, sino que

de la principal proveedora de infraestructura de vigilancia e inteligencia para las fuerzas armadas y agencias de espionaje más poderosas del planeta. 

 

Sus contratos multimillonarios con el ejército estadounidense, la CIA, el FBI y el ICE (la agencia de inmigración responsable de deportaciones masivas), entre otras,

demuestran que su especialidad es la clasificación de personas.

 

Además, sus estrechos vínculos operativos con el ejército israelí subrayan que su tecnología está diseñada para escenarios

de conflicto y ocupación, donde la privacidad de la población ocupada no es una preocupación y donde la presunción de inocencia está descartada de plano.

 

Recientemente, la empresa publicó en redes sociales un manifiesto de 22 puntos que, en esencia, es una declaración de guerra fría digital, basada en el pensamiento de su actual CEO, Alex Karp.

 

Argumenta que las Big Tech tienen una “deuda moral” con los Estados Unidos y que es necesario un “hard power” (poder duro) impulsado por software para mantener la dominación global de Occidente.

 

Este posicionamiento dinamita cualquier pretensión de neutralidad tecnológica. Cuando una empresa declara que su herramienta es un arma para una superpotencia específica,

cualquier otro Estado que contrate sus servicios no está adquiriendo un software técnico ni objetivo, sino que está integrando un troyano ideológico en su infraestructura crítica.

 

¿Cómo puede Argentina garantizar su soberanía si sus decisiones de inteligencia o seguridad nacional dependen de un sistema diseñado para servir a los intereses geopolíticos de la administración Trump?

¿Por qué la visita de Peter Thiel es una pésima noticia para la democracia argentina?

 

LA SOBERANÍA DIGITAL DE ARGENTINA EN JUEGO

 

La pregunta que el gobierno de Milei debe responder de forma urgente es:

¿qué acceso a datos de la ciudadanía argentina y del Estado argentino están sobre la mesa?

 

Palantir se especializa en

conectar bases de datos que antes estaban aisladas (salud, antecedentes penales, registros migratorios, actividad financiera) para crear perfiles predictivos. 

 

En un país con una historia de persecución política y abusos de las fuerzas de seguridad, entregar estas capacidades a una empresa extranjera con estos antecedentes es una irresponsabilidad histórica.

 

Implementar tecnologías como las que vende Palantir en un contexto de concentración de poder y debilidad de los organismos de control

es el escenario soñado para cualquier autoritarismo.

 

No hay eficiencia administrativa que justifique la creación de una infraestructura de vigilancia total que, una vez instalada, es casi imposible de desmantelar.

 

Desde el activismo por los derechos humanos,

rechazamos la idea de que la tecnología es un campo neutral.

 

La visita de Peter Thiel y la posible firma de contratos entre Palantir y el Gobierno argentino representan una elección política clara:

la de un modelo de sociedad donde la privacidad es un lujo y la disidencia un patrón detectable por un algoritmo.

 

Una empresa que justifica públicamente

la militarización de la IA y la superioridad civilizatoria de un bloque sobre otro no tiene nada que ofrecer a una democracia que pretenda ser justa y soberana. 

 

Los derechos digitales son derechos humanos, y la infraestructura que sostiene nuestra vida pública no puede quedar en manos de quienes, explícitamente, declaran la guerra a los valores democráticos. 

 

La sociedad civil y el Congreso deben exigir transparencia inmediata sobre estos acuerdos.

 

El futuro de la libertad, la privacidad y la seguridad digital de las y los argentinos está en juego.

El autor es codirector ejecutivo de Derechos Digitales