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lunes, 13 de julio de 2026

NEO-EMPERADORES - LIBRO - AUTOR: JORGE ALEMÁN

 



Para comprender la figura del Neoemperador, debemos prestar oídos a la carga libidinal que atraviesa la política actual.

 

En una sociedad sumida en el descontento y la frustración, el nuevo soberano es capaz de vehicular toda esa energía negativa y ofrecer una apariencia de solución: aquí estoy yo —nos dice— para arreglar las cosas.

 

Esta clase de líder autoritario hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere.

 

Su aparición brota del cansancio con los métodos de la democracia, percibida hoy como corrupta, excesivamente burocrática e ineficiente.

 

Ante ese malestar, el Neoemperador ofrece una ficción de grandeza, de unidad e identidad sin fisuras.

 

La falsa promesa, en suma, de que al fin ha llegado alguien capaz de coger al toro por los cuernos.

 

Con su habitual agudeza analítica, Jorge Alemán construye en Neoemperadores una cartografía psicológica de las ultraderechas —desde el andamiaje mental de sus líderes hasta las pasiones sociales que los alimentan— para encontrar una explicación humana y política del fenómeno.

COLONIZACIÓN TECNOLÓGICA - DESEMBARCO TECNOLÓGICO - LA ARGENTINA COMO LABORATORIO EXPERIMENTAL - PALANTIR, THIEL

 



El desembarco tecnológico: Palantir, Thiel y la Argentina como laboratorio


La tercera visita de Peter Thiel a la Casa Rosada reactiva el debate sobre un modelo de inversión que va más allá del litio y el gas: la infraestructura de datos como nueva forma de dependencia geopolítica.



La semana pasada, Peter Thiel volvió a pisar la Casa Rosada. No era la primera vez ni la segunda: ya lo había hecho en mayo de 2024, y antes de eso se cruzó con Javier Milei en el Milken Institute de Los Ángeles, donde el presidente ofreció públicamente desde el atril 

los recursos naturales argentinoslitio, plata, oro y cobre— a potenciales inversores. Thiel, que lo escuchaba desde la tribuna, tenía motivos propios para prestar atención.


Lo que distingue a este inversor de la camada tradicional de Wall Street no es solo la escala de su patrimonio —superior a los 20.000 millones de dólares, con participaciones en SpaceX, Stripe y Airbnb— sino la naturaleza del interés que manifiesta en Argentina. 


Thiel es cofundador de Palantir Technologies, la empresa de análisis masivo de datos cuyos sistemas utiliza el Pentágono para operaciones militares: procesamiento de imágenes satelitales, drones, radares. 


La pregunta que los especialistas en privacidad y derechos digitales se hacen con urgencia es: ¿por qué la Casa Rosada necesitaría ese tipo de servicios?

La infraestructura de datos como recurso estratégico


El interés real no es solo el litio ni el gas, aunque ambos sean piezas del rompecabezas. 

Lo que está en juego es la infraestructura de datos: 

la implementación de sistemas de inteligencia aplicada en la gestión estatal —seguridad, inteligencia, control poblacional— genera una forma de dependencia tecnológica a largo plazo que excede cualquier contrato puntual. 

A esto se lo puede llamar “desembarco blando”: 

sin tropas, sin condiciones explícitas del FMI, pero con consecuencias estructurales igualmente profundas.


La reunión con Milei fue precedida, significativamente, por un encuentro de Thiel con Santiago Caputo, el asesor presidencial que coordina desde las sombras la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). 

No trascendió el contenido de ninguna de las dos conversaciones. El gobierno solo publicó una fotografía. 

Y, en un hecho sin precedentes recientes, vedó el acceso de los periodistas a la Casa Rosada el día de la visita.


El venture capital como geopolítica


La lógica financiera detrás de estos movimientos no es la de los organismos internacionales ni la de la banca tradicional. 

Es la lógica del capital de riesgo

apuestas de alto riesgo en busca de retornos extraordinarios. Y cuando el país no tiene dólares, la garantía no es monetaria —es patrimonial. 


El RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) fue diseñado precisamente en esa dirección: 

permite la disponibilidad de divisas y recursos naturales con mínima injerencia estatal. 

Es la arquitectura legal que convierte la urgencia fiscal en concesión estratégica.


Los recursos naturales y energéticos argentinos —litio, cobre, tierras raras— resultan además estratégicos 

para las necesidades operativas de empresas como Palantir, que requieren enormes cantidades de energía para sostener sus centros de datos.

La Patagonia, donde Thiel evalúa la compra de campos, es infraestructura potencial.


La conexión local: el círculo rojo tech


Thiel no llegó solo. Durante su estadía —que se extendería por varias semanas, e incluiría la compra de una mansión de 1.600 m² en Barrio Parque por alrededor de 12 millones de dólares— mantuvo reuniones con representantes del ecosistema empresarial argentino. Entre ellos, según trascendió, con Marcos Galperin, el hombre más rico del país y fundador de Mercado Libre, además de Eduardo Elsztain (IRSA) y Nicolás Szekasy (Kaszek).


La alineación no es solo de oportunidad: es ideológica. La idea que une a estas figuras —tanto globales como locales— es que 

el Estado debe reducirse a su mínima expresión para que sean las plataformas tecnológicas las que gestionen la vida social y económica. 


Galperin ha expresado en repetidas ocasiones su apoyo a la gestión de Milei. 

Alec Oxenford, quien acompañó a Thiel en su primera visita a la Casa Rosada, fue luego designado embajador argentino en Estados Unidos.


La doctrina del shock tecnológico


Argentina como “hoja en blanco” es una frase que circula sin pudor en estos círculos. 


La idea de fondo es que 

en los países desarrollados estos modelos están prohibidos o regulados: no se puede contratar a Palantir para gestionar seguridad civil sin supervisión parlamentaria, sin leyes de datos personales robustas, sin controles independientes. 


En Argentina, en cambio, el decreto 941/25 deja una frontera difusa entre sistemas estatales y empresas privadas, en ausencia de una ley de datos personales actualizada.


Si el gobierno actual entrara en una crisis de gobernabilidad por el impacto social del ajuste, 

estos capitales buscarían una figura que blinde las concesiones mineras y energéticas, evitando que el país “vuelva atrás” ideológicamente. 


La pregunta que le hizo Thiel a Milei en esa reunión reservada fue, según el propio presidente, precisamente esa: “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?”

La respuesta de Milei fue la “batalla cultural”. La de Thiel, probablemente, es más material: contratos, datos, territorio y tiempo.

* Periodista. Licenciada en Ciencias y Humanidades. Máster en Bioética. Especializada en “Bioética y Derechos Humanos en América Latina”, Universidad de Buenos Aires

domingo, 12 de julio de 2026

COLONIZACIÓN DIGITAL - PRETENSIONES DE PARLANTIR SOBRE ARSAT Y SU SISTEMA DE COMUNICACIÓN

 Las pretensiones de Palantir sobre ARSAT y su sistema de comunicación

Las pretensiones de Palantir sobre ARSAT y su sistema de comunicación


Los vínculos entre Peter Thiel y el gobierno despiertan alertas sobre el manejo de datos estratégicos del Estado. Quieren usar la empresa argentina para alojar los servidores del multimillonario.



Desde la llegada de Peter Thiel a la Argentina a finales de abril, la agenda política pareciera haberse aggiornado rápidamente a los pedidos del tecnomagnate. 

No es casualidad, Thiel impulsa un modelo de poder basado en marcos legales favorables para grandes inversores con el objetivo de crear territorios de alta autonomía regulatoria. 

A partir del caso de Próspera en Honduras, una isla anarcolibertaria fuera de todo control estatal, las reformas promovidas en Argentina por el gobierno de Javier Milei podrían facilitar iniciativas similares.

Este paraíso para pocos es impulsado también por empresarios como Marcos Galperin (Mercado Libre), Wenceslao Casares (magnate de las billeteras virtuales y las criptomonedas) y Martín Varsavsky (patrón de las telecomunicaciones, energías renovables, biotecnología, medicina reproductiva, vehículos autónomos e inteligencia artificial), y una red global de influencia política y tecnológica. 

Estas conexiones son parte de una estrategia para transformar al país en un refugio e inversión para multimillonarios.

Las pretensiones de Palantir sobre ARSAT y su sistema de comunicación


Los intereses de Thiel son diversos. El de Palantir Technologies, su principal empresa, es uno bien concreto: información y redes de comunicación. 

Para un gigante del procesamiento de macrodatos y la inteligencia artificial ligada a esto, el control de centros de procesamiento es indispensable. 

ARSAT es una de las mayores empresas que brinda servicios de transmisión de datos, telefonía y televisión por medio de infraestructura terrestre, aérea y espacial. 

Si bien sus acciones pertenecen en su totalidad al Estado Argentino, ni bien asumió la gestión libertaria, dejó en claro que permitiría el ingreso de capitales privados. 

Su datacenter se ubica en Benavídez, provincia de Buenos Aires, y su Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO) atraviesa todas las regiones del país siendo una de las más importantes de la región.

ARSAT ofrece tesoros tanto en el cielo como en la tierra (o bajo ella). 

Es por eso que desde la llegada de Thiel al país, sus instalaciones han recibido la visita de funcionarios y empresarios norteamericanos. 

En uno de esos primeros paseos, Nicolás Zonta, delegado en ARSAT publicó en su cuenta de Facebook: “El jueves 23 de abril, los trabajadores de Arsat nos desayunamos con la visita inesperada de Thomas Dinanno (subsecretario de Estado para el control de armas y la seguridad internacional), custodiado por su seguridad personal, lo que generó la curiosidad de los/as compañeros/as de saber el motivo de su visita. 

Por lo que pudimos averiguar, van a utilizar nuestro datacenter  para alojar los servidores destinados a la operación de los sistemas de ciberespionaje que utilizan en el control de antiterrorismo, antinarcotráfico, control y espionaje de información, a través de la empresa Palantir, del multimillonario y excéntrico Peter Thiel”. 

Ezequiel McGover, responsable de Innovación IT en ARSAT, declaró en su momento a El Destape: 

“En los últimos tres meses, recibimos cinco visitas del Departamento de Estado”.

Recientemente, McGover sostuvo en una entrevista para el podcast Crisis en el aire que Palantir puede realizar el procesamiento de datos, el perfilado de personas y la creación de campañas en cualquier otro data center del mundo (como en Sao Paulo, Estados Unidos o China), ya que no necesita procesar la información localmente. 

Pero,  mediante un acuerdo con el Estado, Palantir sí podría colocar equipos en paralelo a la REFEFO —específicamente en cajas de interconexión—para analizar el tráfico de red y capturar los datos que pasan por allí. Pareciera ser que la inmensa red de fibra óptica importa más que el datacenter del conurbano profundo.


Las pretensiones de Palantir sobre ARSAT y su sistema de comunicación


¿Qué gana Palantir metiendo sus manos en ARSAT en común acuerdo con el Estado? 

Datos personales, una infraestructura bonificada, monopolio y la posibilidad de eludir la normativa argentina de Protección de Datos Personales (Ley 25.326). 


¿Cuáles serían los mayores riegos?: 

Un serio daño a la soberanía tecnológica, opacidad algorítmica, privatización de datos estadísticos y las puertas abiertas a la entrada de inteligencias extranjeras.


¿Por qué resulta técnicamente inviable salir de este empalme una vez aplicado? 

No es solo un contrato que puede cancelarse. 

El problema es que el Estado pasa a depender del sistema de Palantir para unir y analizar datos de organismos como ANSES, AFIP y Migraciones. 

Si deja de usarlo, conserva los datos, pero pierde la forma de relacionarlos y consultarlos. Además, con el tiempo, los equipos técnicos dejan de usar sus propias herramientas y pierden la capacidad de administrar esos sistemas sin la empresa. Game over. «

IA - SIMULAR CONVERSACIONES - MITOS LIMITES - EFECTOS IMPREVISTOS - DE HERRAMIENTA A AGENTE AUTÓNOMO - ESTRUCTURAS DE PODER - TOMA DE DECISIONES

 



Conversaciones no es suficiente: sobre mitos y los límites de la IA en la vida cotidiana

Toda tecnología trae consigo efectos imprevistos, pero no hay evidencia de que haya aprendido a mentir o que pueda tomar decisiones

Un hombre revisa un 'chatbot' de inteligencia artificial.
LAURENCE DUTTON (GETTY IMAGES)

El 20 de enero de este año, el historiador Yuval Noah Harari, autor del best-seller Sapiens, impartió una conferencia en el Foro Económico Mundial de Davos bajo el título “An Honest Conversation on AI and Humanity” (Una conversación honesta sobre la IA y la humanidad). 

Allí sostuvo que la inteligencia artificial (IA) está dejando de ser una herramienta para convertirse en un agente autónomo capaz de aprender, dominar y manipular el lenguaje, reorganizar las estructuras de poder por sí mismo y reemplazar a los humanos en todos aquellos ámbitos relacionados con las palabras. 

Muchas de sus afirmaciones resultan infalsables, ya que no hay manera de probarlas o refutarlas. Lejos de la honestidad, la charla promovió una visión alarmista y empíricamente infundada de la IA, sobrevalorando y distorsionando sus capacidades reales.

Harari presentó la autonomía, la “voluntad de sobrevivir” y la toma de decisiones en los sistemas de IA actuales como si fueran capacidades establecidas, pero según el estado real de la técnica, los modelos de IA de hoy procesan estadísticamente imágenes y textos creados y preparados por humanos, no tienen metas autónomas y obviamente tampoco deseos ni impulsos de supervivencia. 

La manipulación de símbolos del lenguaje natural, por ejemplo, no tiene nada que ver ni con la semántica de un texto determinado ni con las intenciones de los humanos que lo comunican. 

No existe, además, evidencia empírica ni consenso teórico de que esos modelos o programas que los usan “decidan”, “hayan aprendido a mentir” o “busquen sobrevivir” mediante la manipulación de la manera que Harari sugiere.

El problema de fondo no es que su discurso sea técnicamente descuidado y filosóficamente deficiente, sino que Harari expresa su visión en un foro del que toman nota muchos dirigentes políticos y empresariales, sus asesores, influencers y periodistas. 

De este modo, narrativas sin consenso contribuyen a legitimar la influencia de compañías tecnológicas sobre leyes, instituciones y la vida cotidiana, beneficiándolas en detrimento del interés general. 

El propio secretariado general de la Comisión Europea reconoció oficialmente el pasado octubre que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, se había basado en afirmaciones de los CEOs Dario Amodei, Jensen Huang y Sam Altman para afirmar que la IA iba a acercarse al razonamiento humano en este 2026.

Paralelamente, estas narrativas desvirtúan u ofuscan las verdaderas capacidades de los algoritmos o sistemas basados en IA, creando o exacerbando un mito alrededor de ellos que confunde a usuarios, tergiversa los propósitos para los que fueron creados y distrae la atención de problemas actuales y perentorios. 

Dentro de esta mitificación entra la promesa de alcanzar “lo mejor” a través de la IA, como si lo mejor fuera un universal absoluto y no hiciera falta preguntarse para qué o para quién es mejor. 

Por ejemplo, en nuestro ámbito de la educación superior, en lugar de dejarnos seducir por mitos y disparates, deberíamos intentar entender por qué hay estudiantes de filosofía que no quieren leer ni escribir, en informática no quieren programar y depurar código, o a una parte del profesorado le gustaría que “una IA” le planificara e impartiera las clases y pusiera notas.

Harari admite que la IA emerge del desarrollo e intervención humana, pero omite mencionar que 

las infraestructuras que sustentan estos sistemas no son producto de los deseos y acciones de toda la humanidad y un “nosotros” universal, sino el resultado de dinámicas sociales, políticas y económicas específicas en las que CEOs como Amodei y Altman determinan prioridades, recursos y caminos tecnológicos. 

La IA no puede “cambiar por sí misma” como sugiere Harari: 

cualquier sistema de software está determinado por su arquitectura, su código es explícitamente programado por humanos y sus datos recopilados, organizados y procesados para hacer lo que se quiere que haga. 

Sin duda, toda tecnología trae consigo efectos imprevistos, pero no hay evidencias de las supuestas “propiedades emergentes” a las que alude Harari. 

Además, caracterizar a “las IAs” como artefactos o entes tecnológicos únicos obvia una realidad: 

lo que se conoce como IA no es más que un conjunto de algoritmos y mecanismos computacionales muy diversos que se orquestan conjuntamente.

Una semana después de Davos, Moltbook, una especie de Reddit para “agentes de IA”, se volvió viral por sus publicaciones donde los chatbots “discutían”, supuestamente de manera autónoma, sobre temas como filosofía de la mente o religión. 

En un post en la red social X, Harari reiteró la esencia de su charla: 

“Moltbook trata sobre IAs que dominan el lenguaje. Los humanos conquistaron el mundo con el lenguaje, ahora la IA domina el lenguaje. Pronto, todo lo que esté hecho de palabras será dominado por la IA”. 

Sin embargo, las simulaciones de “sociedades” de programas ni son algo nuevo en IA ni reflejan capacidad alguna diferente a la de manipular secuencias de datos sin “entender” nada de lo que estos significan. 

Los llamados “(software) agentes” existen desde hace más de 40 años y los bots interactúan dinámicamente en redes sociales al menos desde hace 15 años. 

Por otro lado, parece ser que muchas de las publicaciones de Moltbook más virales fueron iniciadas y dirigidas por humanos.

No cuestionamos la importancia fundamental del lenguaje en nuestras vidas, pero nos cuesta aceptar que simular su dominio sea condición suficiente para este control mundial vaticinado. 

Insistimos, las posibilidades técnicas son claras y limitadas: 

a pesar de poder simular conversaciones coherentes, los sistemas de IA actuales no tienen metas, deseos, intenciones ni autonomía. 

Pero, por sobre todo, no tienen la capacidad logística ni social que hace posible sostener la vida cotidiana en común, que va mucho más allá de lo que las palabras por sí solas pueden lograr, ya que se requieren acciones reales en el mundo real: desde cambiar pañales a revisar y mantener rieles de tren. 

Ignorar esto es peligroso porque promueve visiones distorsionadas de la IA y sus posibilidades. El mundo real requiere más que de palabras para funcionar.

Como tantos personajes públicos fascinados por la tecnología, Harari parece estar guiado por una idea platónica de la automatización y no presta atención a que estas tareas indispensables para la vida y subsistencia humanas son extremadamente difíciles de automatizar. 

La escritora Courtney Milan habla del “hada de la logística” para referirse a quien se ocupa de realizar como por arte de magia todas esas tareas cotidianas invisibles que en realidad son el fruto de trabajos infravalorados. 

Por ejemplo, la docencia infantil, la enfermería, el comercio, la hotelería o la construcción, trabajos que en realidad son muy, muy difíciles de automatizar, así como los trabajos de cuidado (que además son realizados mayoritariamente por mujeres y con poca o ninguna remuneración).

Compartimos algunas de las advertencias, como los peligros de externalizar nuestro conocimiento y aprendizaje a la IA, pero estos no surgen de una nueva entidad superinteligente que ha aparecido de repente en nuestras vidas, sino de cómo se ha diseñado esta tecnología, de quién la despliega, en qué contextos y para qué fines.