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jueves, 18 de junio de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL - LIMITACIONES DE LA EVIDENCIA EN MATERIA POLÍTICA - IMPACTO - RIESGO - OPORTUNIDAD

 


Guido Imbens, premio Nobel de Economía en 2021 por sus contribuciones metodológicas al análisis causal, es una de las figuras más influyentes de la economía empírica contemporánea.

Profesor en Stanford y referente en econometría aplicada, ha contribuido decisivamente a transformar la forma en que economistas y responsables públicos evalúan políticas públicas y extraen inferencias causales a partir de datos observacionales.

Aprovechando que pasa unos días en Valencia para ser jurado de los Premios Jaume I de economía, hablamos sobre el legado de la revolución empírica en economía, las limitaciones de la evidencia en política, el impacto de la inteligencia artificial en la investigación, la educación y el mercado laboral y sobre los riesgos y oportunidades que afrontan las universidades en Europa y Estados Unidos.



P.: En este hotel hay 25 premios Nobel, además de usted y ya es el segundo año que viene. Más allá de tener un coeficiente intelectual muy alto, ¿hay algún rasgo que tengan en común los ganadores del Nobel?

 

Creo que la mayoría son personas enormemente curiosas. Les interesa constantemente lo que ocurre en la ciencia y en el mundo, no solo en su campo específico. En general, son personas muy interesantes y divertidas con las que conversar.

 

P. - ¿Y cómo llegó usted a la economía?

 

--- Fue más accidental de lo que la gente imagina. En realidad, me interesaban mucho las matemáticas, pero mi hermano ya estaba estudiando matemáticas y yo quería hacer algo distinto. Mi profesor de Economía en el instituto me dio un libro de Jan Tinbergen y me dijo: «Deberías echarle un vistazo a la econometría. Tiene mucha matemática, pero también aplicaciones prácticas y relevancia social. Creo que te gustará».

Leí el libro. No entendí todo ni me impresionó especialmente. Pero en Holanda tienes que elegir tu carrera pronto, todavía en el instituto. Así que solicité plaza en Econometría, me admitieron y nunca volví a mirar atrás.

 

P.- Usted ha sido una de las personas más influentes en lo que se ha venido a llamar la revolución empírica en economía.

 

--- Cuando me metí en política, mi partido era un gran defensor de las políticas basadas en evidencias. Pero mi experiencia fue bastante distinta. En el Parlamento el peso de las evidencias palidecía frente los argumentos identitarios o partidistas. La evidencia se usaba como herramienta para justificar posiciones políticas decididas de antemano.

 

P.- ¿Cree que la agenda de la evidencia ha tenido éxito? ¿O quizá los economistas deberíamos haber dedicado más atención a la economía política y a factores conductuales que limitan la adopción de la evidencia?

 

--- Sin duda hay elementos de economía política muy importantes. Pero también creo que, gracias a todo el trabajo realizado en economía durante las últimas décadas, la evidencia empírica ha penetrado más en los debates de política pública.

Por supuesto, los políticos siempre seleccionan la evidencia que favorece sus posiciones y la enfatizan más de la cuenta. Eso seguirá ocurriendo. Ahora bien, algunos resultados sí han tenido impacto.

En economía del desarrollo, por ejemplo, la evidencia experimental ha influido claramente en las políticas. Tal vez el efecto no haya sido tan grande como muchos esperábamos, pero sí ha existido. No hemos transformado la política de la manera que algunos soñaban, pero creo que estamos mejor que si todo ese trabajo no se hubiera hecho.

 

«Hay muchas predicciones muy contundentes sobre el futuro de la IA, pero la realidad es que nadie lo sabe realmente»

 

P.- Pasemos al mundo de la inteligencia artificial. ¿Conoce el proyecto Automating Policy Evaluation del Social Catalyst Lab de Zúrich, dirigido por David Yanagizawa-Drott? 

Básicamente han hecho una plataforma con IA generativa que automatiza todo el proceso de producción de investigación científica en economía (incluyendo la exploración de experimentos naturales en bases de datos públicas). 

 

--- Lo conozco, pero no lo he estudiado en detalle. Lo que sí es evidente es que la IA va a cambiar muchas cosas. En Stanford, en pleno Silicon Valley, es el tema de conversación permanente.

Los estudiantes de doctorado no saben qué habilidades seguirán siendo valiosas dentro de unos años. Hay muchas predicciones muy contundentes sobre el futuro de la IA, pero la realidad es que nadie lo sabe realmente. Es probable que tenga efectos muy importantes sobre el mercado laboral y la economía; lo difícil es anticipar exactamente cuáles.

Lo que sí hemos visto recientemente es que la IA se ha vuelto extraordinariamente buena programando. Hace apenas un año parecía evidente que aprender a programar era una de las habilidades más valiosas que podía adquirir un estudiante. Mis propios hijos están en la universidad y durante mucho tiempo dimos por hecho que estudiar informática era una apuesta segura.

De repente, eso ha cambiado. Las habilidades básicas de programación han perdido parte de su valor porque cualquiera puede programar con ayuda de la IA.

Y, sin embargo, nadie hablaba de esto hace unos años. Geoffrey Hinton advertía hace años de que la IA sustituiría a los radiólogos. Ocho años después, los radiólogos están mejor pagados que nunca y hay más demanda de ellos que antes. Eso demuestra lo difícil resulta predecir el impacto de la IA, incluso en profesiones muy concretas.

 

P.- Una manera de ver esto es que estas herramientas permiten a cualquiera llegar al 90% del camino en muchas tareas, pero que el último 10% va a seguir dependiendo de tener juicio experto. Es un argumento parecido al que plantea David Autor. ¿Lo ve así?

 

--- En algunos ámbitos sí. La evidencia en centros de atención telefónica, consultoría y otros entornos empresariales muestra que la IA puede aumentar mucho la productividad, sobre todo entre quienes parten de niveles de experiencia más bajos.

Las personas que están empezando pueden volverse mucho más productivas. Al mismo tiempo, la IA parece especialmente útil en tareas relativamente estructuradas. Cuando las tareas son muy poco definidas, muy inusuales o se salen de lo habitual, su utilidad disminuye.

Hace unas semanas organizamos en Stanford una conferencia sobre matemáticas e inteligencia artificial.

Uno de los participantes fue Terence Tao, probablemente el matemático más destacado del mundo. Explicó cómo usa la IA en su investigación y cómo le resulta enormemente útil. No porque resuelva los problemas por él, sino porque conoce muchísimo más que cualquier ser humano. Le sugería teoremas y resultados que él no conocía, no porque fueran inaccesibles, sino porque nadie puede retener una cantidad así de conocimiento en la cabeza.

 

P.- La IA es extraordinaria identificando conexiones entre ideas. Lo interesante es que todavía no sabemos si esto elevará el nivel general de todos o si, por el contrario, aumentará la desigualdad al hacer mucho más productivas a personas como Tao. Aún no tenemos conclusiones generales.

 

En parte el efecto dependerá del grupo de tareas que formen cada empleo. Por ejemplo, un abogado automatiza buena parte de la búsqueda de información, resumen de jurisprudencia. Pero un buen abogado seguirá teniendo que convencer a un jurado, persuadir a un cliente o liderar un equipo. Esas son habilidades genuinamente humanas.

Es un excelente ejemplo. Pero muchos trabajos iniciales en los despachos –buscar jurisprudencia, revisar documentos, analizar precedentes– sí podrían desaparecer. Y eso plantea un problema importante. Si desaparecen esos trabajos de entrada, ¿cómo formaremos a los futuros abogados?

Veo preocupaciones similares en la universidad. Algunos colegas dicen que ya no necesitan asistentes de investigación o estudiantes predoctorales porque la IA hace gran parte del trabajo. Pero si dejamos de contratar y formar a esas personas, ¿de dónde saldrán los futuros profesores? Es una preocupación muy seria.

 

«Me cuesta imaginar avances revolucionarios en ciencias sociales [por la IA] comparables a los que veremos en biomedicina»

 

P.- ¿Cree que gracias a la IA veremos una aceleración masiva del descubrimiento científico?

 

Creo que sí, al menos en determinadas áreas. Ya lo hemos visto con AlphaFold y el plegamiento de proteínas.

Muchos procesos de descubrimiento científico consisten en explorar espacios enormes de posibilidades de forma estructurada, y ahí la IA puede ser extraordinariamente poderosa.

Algo parecido ocurrió en el ajedrez: no se trata solo de fuerza bruta, sino de recorrer de manera inteligente un número inmenso de opciones.

 

En las ciencias sociales es distinto. Aquí formular la pregunta correcta suele ser más importante que responder una pregunta ya establecida. No veo tan claramente cómo la IA va a resolver problemas como la inflación. Puede ayudarnos a procesar grandes cantidades de datos y detectar tendencias con más rapidez, pero a menudo el verdadero cuello de botella es otro.

Disponemos de enormes cantidades de datos privados que no pueden utilizarse por restricciones legales e institucionales. Si pudiéramos acceder a ellos, comprenderíamos mucho mejor la economía.

Por eso me cuesta imaginar avances revolucionarios en ciencias sociales comparables a los que veremos en biomedicina.

En medicina sí espero grandes progresos: tendremos enormes conjuntos de compuestos químicos y enfermedades, y una capacidad creciente para identificar combinaciones eficaces entre ambos. Ahí veremos avances muy importantes.

Hace poco envié un artículo académico a revisión y antes de enviarlo le pedí una revisión a una herramienta de IA. Me contestaron con exactamente los mismos puntos que la IA me había sugerido.

 

P.- ¿Cómo cree que la IA afectará al proceso de revisión científica? Empieza a parecer un circuito algo extraño.

 

Es una cuestión fascinante. Por un lado, estas herramientas mejoran mucho los artículos. Fui editor durante seis años de una de las principales revistas académicas, Econometrica, y veía constantemente manuscritos mal escritos, con notaciones inconsistentes, errores tipográficos o símbolos utilizados de forma confusa.

Herramientas como Refine ayudan muchísimo a corregir esos problemas antes de la publicación. Pero existe un riesgo. Si la IA hace a los investigadores mucho más productivos y pasamos de escribir dos artículos al año a escribir diez, el sistema académico no tiene capacidad para absorber semejante volumen.

La revisión por pares es, en gran medida, un proceso voluntario. No disponemos de recursos para evaluar una explosión masiva del número de artículos.

Tendremos que repensar el sistema. Probablemente los revisores científicos dedicarán menos tiempo a comprobar detalles técnicos y más tiempo a ejercer juicio científico: determinar si una idea es importante, interesante o relevante. Las tareas mecánicas podrán delegarse en la IA.

 

«[En el ámbito científico], las tareas mecánicas podrán delegarse en la IA»

 

P.- Yo trabajo haciendo experimentos aleatorizados (RCTs). Dígame que eso estará más protegido frente a la automatización.

 

--- Estoy de acuerdo. La idea de los «cuellos de botella» es muy importante.

La IA hará muchísimo más fáciles algunas tareas: programar, analizar información o redactar. Pero no hará necesariamente más fácil recopilar nuevos datos. Y aquello que siga siendo escaso será precisamente lo que adquiera más valor.

Por eso, quienes trabajan produciendo datos originales o generando nueva evidencia empírica probablemente conservarán una ventaja importante.

 

P.- ¿Ha cambiado radicalmente su forma de enseñar? ¿Cómo está reaccionando Stanford?

 

Todavía estamos intentando entender qué hacer. El gran desafío es que aprender requiere esfuerzo cognitivo intenso.

Antes era relativamente sencillo obligar a los estudiantes a pensar. Les dabas un problema difícil y tenían que resolverlo por sí mismos. Recuerdo un estudiante que me escribió un correo a las tres de la mañana diciendo que uno de mis ejercicios no tenía solución. Tres horas después me envió otro mensaje: «Ignore el correo anterior. Ya encontré la solución».

Ese estudiante pasó horas golpeándose contra el problema hasta resolverlo. Estoy seguro de que nunca olvidó aquella experiencia.

Ahora es diferente. Les das un problema y tienen al lado una máquina que les susurra constantemente: «Yo sé la respuesta. Te la puedo dar ahora mismo».

El reto consiste en encontrar mecanismos que sigan incentivando el esfuerzo intelectual.

Creo que tendremos que movernos hacia formas de enseñanza mucho más basadas en la discusión, donde los estudiantes tengan que explicar y defender lo que han aprendido.

Si tienen que discutirlo públicamente en clase, resulta más difícil fingir que han hecho el trabajo. Las pequeñas clases tipo liberal arts podrían adaptarse mejor a este nuevo entorno que las clases masivas que tenemos ahora.

Confiar en códigos de honor ya no funciona. Hay un uso generalizado de estas herramientas y no parece razonable pedir a los estudiantes que resistan una tentación que está literalmente sentada a su lado ofreciéndoles la respuesta.

 

«Tendremos que movernos hacia formas de enseñanza basadas en la discusión»

 

P.- Con todas las tensiones actuales entre el Gobierno estadounidense y las universidades de élite, ¿cree que Europa tiene una oportunidad para atraer talento?

 

Creo que el equilibrio está empezando a cambiar. Cada vez más personas consideran seriamente la posibilidad de desarrollar su carrera en Europa. Los estudiantes de doctorado ya no están tan convencidos de que Estados Unidos sea automáticamente la mejor opción. Muchos jóvenes investigadores están examinando oportunidades europeas con mucha más atención. Y creo que esta tendencia continuará mientras se mantengan las políticas actuales.

Pero incluso más allá de eso, pienso que Estados Unidos se ha causado un daño considerable a sí mismo. La historia demuestra que las políticas públicas pueden afectar profundamente a los sistemas universitarios. Basta mirar Alemania en los años treinta. Las universidades alemanas eran extraordinarias en los años veinte. Las decisiones políticas posteriores alteraron ese ecosistema de forma permanente. Eso debería servirnos de advertencia.


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Entrevista publicada por "ethic" junio 2026 
Articulista "TONI ROLDAN"


 

miércoles, 17 de junio de 2026

COLONIALISMO DIGITAL: EL NUEVO IMPERIO DE LOS DATOS Y LA PRIVACIDAD - CRISTIAN LABARCA [11-02-2025]

 




COLONIALISMO DIGITAL: EL NUEVO IMPERIO DE LOS DATOS Y LA PRIVACIDAD

CRISTIAN LABARCA [11-02-2025]

 

Vivimos en una era donde el poder

ya no se mide solo en territorios o recursos naturales, sino en datos y tecnología.

 

El colonialismo digital es el nuevo rostro de esta dominación:

grandes corporaciones tecnológicas

imponen sus reglas,

recopilan información personal a gran escala y

crean dependencias tecnológicas en países con menos infraestructura digital.

 

Este fenómeno no solo perpetúa desigualdades, sino que

también pone en riesgo la soberanía tecnológica y

la privacidad de millones de personas en el mundo.

 

EL CASO WORLDCOIN: CUANDO EL IRIS SE CONVIRTIÓ EN MONEDA DE CAMBIO

 

Uno de los casos más recientes y controvertidos de colonialismo digital es Worldcoin, una iniciativa fundada por Sam Altman (CEO de OpenAI).

 

La premisa es simple, pero alarmante: 

escanear el iris de las personas a cambio de criptomonedas,

con la promesa de crear una identidad digital única y universal.

 

En teoría, la idea suena innovadora, pero en la práctica ha despertado preocupaciones en múltiples frentes.

En Chile, por ejemplo, Worldcoin desplegó una campaña agresiva en 2021,

ofreciendo dinero a cambio de datos biométricos.

Se estima que más de 200,000 personas, muchas en situaciones económicas precarias,

entregaron su información sin comprender completamente los términos y riesgos.

 

Un informe de la ONG Amaranta reveló que hubo casos de menores de edad que participaron, y que muchas mujeres en vulnerabilidad accedieron al escaneo sin tener claro el uso que se daría a sus datos.

 

En España, la Agencia de Protección de Datos ordenó detener inmediatamente el escaneo de iris, argumentando

que la práctica viola la legislación de privacidad y consentimiento informado.

 

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EL COLONIALISMO DIGITAL

 

Si Worldcoin representa el colonialismo digital a través de la extracción de datos biométricos, la inteligencia artificial (IA) es la herramienta que expande este fenómeno de forma más sutil pero igualmente preocupante.

 

1. LOS DATOS Y EL SESGO ALGORÍTMICO: ¿QUIÉN CONTROLA LA IA?

 

La IA aprende de los datos con los que es entrenada,

y estos datos provienen en su mayoría de países desarrollados,

lo que introduce un sesgo cultural, social y económico en sus respuestas y decisiones.

 

Por ejemplo, modelos de IA como GPT-4 o Gemini han sido entrenados principalmente con contenido en inglés y con datos provenientes de Occidente, lo que significa que:

    • Las respuestas tienden a reflejar una visión anglosajona del mundo.
    • Se minimizan o malinterpretan fenómenos culturales de regiones menos representadas en los datos de entrenamiento.
    • Los modelos pueden reforzar estereotipos sobre ciertas etnias, géneros y regiones.

 

2. DEPENDENCIA TECNOLÓGICA: IA COMO MONOPOLIO DE LAS GRANDES CORPORACIONES

 

El desarrollo de IA está en manos de unas pocas empresas (OpenAI, Google DeepMind, Microsoft, Meta), que tienen la infraestructura, los datos y la capacidad computacional para entrenar modelos avanzados.

 

Esto genera una dependencia global hacia estas compañías, ya que:

    • Países sin capacidad para desarrollar IA propia deben pagar por su uso, lo que consolida la dominación económica de estas empresas.
    •  
    • La mayoría de los modelos avanzados no son de código abierto, lo que significa que los países sin acceso a estos sistemas no pueden modificarlos ni adaptarlos a sus necesidades.
    •  
    • Se impone un modelo cultural y lingüístico sesgado, dejando de lado lenguas y dialectos con menos presencia en la red.

 

Un caso concreto es el acceso limitado de países en desarrollo a modelos avanzados de IA como GPT-4 Turbo o Gemini Ultra, que requieren suscripciones pagadas y pueden no estar optimizados para entender los contextos específicos de estos países.

 

3. EXPLOTACIÓN DE MANO DE OBRA PARA LA IA

 

El desarrollo de inteligencia artificial no ocurre en el vacío. Para entrenar modelos, se necesita una gran cantidad de datos etiquetados y moderados manualmente, lo que ha llevado a la explotación de trabajadores en países del Sur Global.

 

Un ejemplo es el caso de Kenya, donde empresas subcontratadas por OpenAI pagaban a trabajadores menos de $2 por hora para moderar contenido tóxico y entrenar modelos de IA.

Estos empleados debían revisar miles de textos violentos o de explotación infantil para ayudar a "limpiar" los datos con los que se entrenaba ChatGPT, lo que afectó su salud mental.

 

La paradoja aquí es que la IA,

una tecnología vista como sinónimo de "automatización", en realidad

depende de miles de trabajadores mal pagados en condiciones precarias.

 

¿POR QUÉ ES ESTO COLONIALISMO DIGITAL?

 

El colonialismo digital no se trata solo

de acceso desigual a la tecnología, sino

de la explotación de comunidades vulnerables

bajo la promesa de innovación y progreso.

 

Tanto Worldcoin como la inteligencia artificial reflejan cómo

las grandes corporaciones extraen datos, consolidan su control y

generan dependencia tecnológica,

replicando las dinámicas del colonialismo tradicional.

 

Los paralelismos con el colonialismo histórico son evidentes:

 

    • Extracción de recursos:

En lugar de materias primas, ahora el recurso más valioso es la información personal y biométrica.

 

    • Dependencia tecnológica:

Países en desarrollo dependen cada vez más de plataformas controladas por empresas extranjeras.

 

    • Desigualdad de beneficios:

Las grandes empresas cosechan los beneficios económicos y de innovación, mientras que los ciudadanos entregan su privacidad a cambio de incentivos mínimos.

 

¿CÓMO COMBATIR EL COLONIALISMO DIGITAL?

 

Para evitar caer en estas nuevas formas de explotación, es clave:

 

1.  Regular el uso de datos biométricos y exigir transparencia en la recopilación de información personal.

 

2.  Fomentar la educación digital, para que las personas comprendan mejor los riesgos y beneficios del intercambio de datos.

 

3.  Promover el desarrollo de tecnologías locales y soberanas, reduciendo la dependencia de grandes plataformas extranjeras.

 

4.  Reforzar la legislación sobre privacidad y protección de datos, asegurando que las prácticas de empresas como Worldcoin o OpenAI no pasen desapercibidas.

 

5.  Fomentar el desarrollo de modelos de IA inclusivos, con datos que representen mejor la diversidad cultural y lingüística global.

 

6.  Apoyar iniciativas de IA de código abierto, como Mistral AI o BLOOM, que permiten mayor transparencia y control sobre la tecnología.

 

El colonialismo digital es real y ya está sucediendo. La pregunta es: ¿permitiremos que se expanda sin límites, o tomaremos medidas para proteger nuestra privacidad y autonomía digital?

 

 

COLONIALISMO DIGITAL - ES MOMENTO DE SUBORDINAR LA TECNOLOGÍA A LA DIGNIDAD HUMANA - HUMANITAS MAGNIFICA

 




El Vaticano encendió el debate sobre inteligencia artificial con la encíclica “Humanitas Magnífica”, publicada el 25 de mayo de 2026 por el Papa León XIV, que advierte sobre un “nuevo colonialismo digital”.

 

El tema fue analizado en Prospectiva 94.5 de Radio UAA con los catedráticos Bernardo Quintanar Guerrero (Hoy Filosofía) y la Dra. Claudia Nayeli Sánchez Gómez (ciencias de datos).

 

El documento señala que

un puñado de corporaciones transnacionales concentra hoy más poder e información que muchos Estados, extrayendo datos de millones de usuarios sin transparencia ni retribución social.

 

LA ENCÍCLICA PLANTEA TRES ADVERTENCIAS:

 

1.  La concentración del poder en plataformas privadas que definen visibilidad y oportunidades económicas.

2.  La defensa del trabajo:

“la búsqueda de mayores ganancias no justifica el desempleo masivo”,

que llevaría a una “regresión antropológica”.

3.  El riesgo geopolítico: pide reformas a la ONU y afirma que

“ningún algoritmo hace aceptable la guerra”, llamando a frenar la carrera armamentista biológica y tecnológica.

 

El Vaticano propone

--- subordinar el desarrollo tecnológico a la dignidad humana, 

--- prohibir que sistemas automatizados decidan sobre vida o muerte, y

--- crear marcos regulatorios globales para proteger derechos laborales, privacidad y libre albedrío.

 

En cabina, Nayeli Sánchez recordó que la IA ya nos rodea —de Netflix a Google Maps— y planteó

“no solo preocuparnos, sino ocuparnos”: desarrollar a la par habilidades cognitivas, ética y relaciones humanas.

 

“La tecnología nos ha dado tiempo —antes cazábamos diario, hoy el refrigerador nos libera horas—;

la IA puede ayudarnos a trabajar 5 horas en vez de 10 si la usamos para repartir el trabajo,

no para esclavizarnos a la pantalla”.

 

Quintanar subrayó que

la tecnología no es neutral: importa quién la controla y con qué valores.

 

Ambos citaron la encíclica:

“la calidad de una civilización se mide no por el poder de sus miedos, sino

por el cuidado que sabe ofrecer,

por reconocer un rostro en el otro y no una función”.

 

martes, 16 de junio de 2026

COLONIALISMO DIGITAL - CÓMO EL COLONIALISMO DIGITAL SE CONVIERTE EN UNA AMENAZA PARA LA DEMOCRACIA

 

 

 

 

CÓMO EL COLONIALISMO DIGITAL SE CONVIERTE EN UNA AMENAZA PARA LA DEMOCRACIA

Por: Carlos Bonadona Vargas - junio 8, 2026

Hay decisiones políticas estructurales que no se publican en los titulares de los diarios, sino que se encubren en notas al pie de contratos que ningún parlamentario vota y ningún ciudadano conoce.

 

En esos convenios se está redactando una nueva geografía que favorece a los círculos más altos del poder global.

 

NO ES METÁFORA: ES LO QUE OCURRE CUANDO PALANTIR TECHNOLOGIES

gestiona el programa de misiles nucleares del Reino Unido,

procesa los datos clínicos de cuarenta millones de pacientes del NHS (National Health Service) de ese país, y

abre sus primeras oficinas latinoamericanas en Quito con contratos que el público ecuatoriano jamás podrá auditar.

 

Para entender qué significa esto —y por qué Bolivia debería mirarlo con atención— hay que empezar no por los negocios, sino por las ideas.

 

LA FILOSOFÍA DE LOS NUEVOS AMOS

 

Detrás de las hojas de cálculo de Silicon Valley existe una cosmología. Se la conoce como la Ilustración Oscura (Dark Enlightenment), término acuñado por el filósofo Nick Land que articula el pensamiento de Curtis Yarvin, Steve Bannon y, gravitatoriamente Peter Thiel, cofundador de PayPal y arquitecto intelectual de Palantir.

 

Para estas personas la democracia representativa es un fracaso estructural irreversible.

La solución no es mejorar las instituciones, sino sustituirlas.

El Estado-nación debería funcionar como una corporación privada, con un CEO en lugar de un presidente y accionistas en lugar de ciudadanos.

 

THIEL LO ESCRIBIÓ SIN EUFEMISMOS:

ya no cree que la libertad y la democracia sean compatibles.

 

En abril de 2026, Palantir publicó un manifiesto de 22 puntos derivado del libro de su CEO Alex Karp, La república tecnológica, que hizo explícitas las consecuencias prácticas:

--- el software como herramienta de guerra,

--- la IA al servicio de la supremacía occidental,

--- la soberanía de los Estados periféricos como obstáculo a remover.

 

Karp lo resumió sin rodeos:

«Nuestra tecnología está aquí para asustar a nuestros enemigos y, en ocasiones, matarlos.»

 

ESTA NO ES UNA RETÓRICA DE CAMPAÑA.

 

Es la base ideológica sobre la que

se construyen contratos con gobiernos y

se diseñan sistemas de vigilancia que ninguna ley local puede auditar con eficacia.

 

LO QUE OCURRIÓ EN EL REINO UNIDO: EL AVISO QUE NADIE QUISO ESCUCHAR

 

La periodista de investigación Carole Cadwalladr —quien reveló el escándalo Cambridge Analytica y sus vínculos con el Brexit— documentó cómo Palantir penetró las instituciones del Estado británico.

Su análisis es un manual de lo que puede ocurrir en cualquier democracia sin anticuerpos institucionales.

 

Durante la pandemia de 2020, Palantir ofreció sus servicios al NHS por una libra esterlina. El asesor Dominic Cummings facilitó la entrada ignorando los procesos normales de licitación.

Una vez que la infraestructura pública se adaptó a la arquitectura de Palantir,

el costo de salida se volvió prohibitivo.

 

La base de datos del NHS —un registro ininterrumpido de la salud de toda una población— pasó a ser procesada por una empresa con vínculos con la CIA, el GCHQ (Government Communications Headquarters) —Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno, es el servicio de inteligencia de señales y ciberseguridad del Reino Unido—  y el ejército israelí, cuyos contratos son secretos y cuyos algoritmos son cajas negras.

 

LA CAPTURA FUE TAMBIÉN HUMANA:

 

Palantir reclutó a los jefes de IA del Ministerio de Defensa y del NHS, y contrató al ex jefe de comunicaciones del primer ministro Sunak para dirigir su narrativa pública.

 

El Ejército Suizo, tras un análisis exhaustivo,

calificó el software como «sobrevalorado y que ni siquiera es tan bueno».

El éxito de Palantir no descansa en su excelencia técnica sino en su maquinaria de influencia política.

La analogía de Cadwalladr es precisa: el primer “jale” siempre es gratis.

 

HONDURAS: EL LABORATORIO DEL NUEVO ORDEN CONTINENTAL

 

El Honduras-gate es la radiografía más nítida de cómo opera este sistema en América Latina. En abril de 2026, una filtración de 37 audios —captados en WhatsApp, Signal y Telegram, validados con sellos SHA-256 y publicados en honduras-gate.ch por Diario Red América Latina— reveló

una arquitectura de injerencia continental que analistas ya califican como la operación de desestabilización más ambiciosa desde el Plan Cóndor.

 

El operador central es Juan Orlando Hernández (JOH), ex presidente de Honduras condenado

a 45 años de prisión por narcotráfico.

Trump lo indultó en diciembre de 2025, semanas antes de las elecciones hondureñas que terminaron con la victoria del Partido Nacional.

 

Los audios revelan que ese indulto fue una transacción: JOH asume el rol de coordinador continental de la agenda MAGA, con la misión de «atacar y extirpar el cáncer de la izquierda» del continente. Menciona que Netanyahu tuvo «todo que ver» en su liberación y que Roger Stone fue el operador logístico.

 

En las grabaciones, JOH solicita 150 mil dólares para financiar una «unidad de periodismo digital» orientada a desestabilizar a Sheinbaum en México y Petro en Colombia.

El portal honduras-gate.ch registró 39 mil 618 intentos de intrusión cibernética en un solo día, geolocalizados principalmente en Estados Unidos e Israel.

 

David Adler, economista político y coordinador general de la Internacional Progresista —la red fundada con la participación de Bernie Sanders y Yanis Varoufakis para articular respuestas progresistas a escala global—, lo sintetiza:

estamos ante una red transnacional que combina capital de Silicon Valley, aparatos de inteligencia y operadores políticos de ultraderecha,

con una coordinación que supera la capacidad de respuesta de los ministerios de justicia locales.

No es el viejo imperialismo de las cañoneras. Es el colonialismo del algoritmo y el audio filtrado.

 

LA CONEXIÓN CON THIEL NO ES PERIFÉRICA.

 

En Honduras, Thiel impulsó las ZEDE —Zonas de Empleo y Desarrollo Económico—, enclaves gobernados por juntas privadas fuera del alcance estatal: la implementación territorial de la utopía neo-reaccionaria. Cuando Xiomara Castro las derogó en 2022, eso fue el detonante del plan de venganza que hoy se ejecuta a escala continental.

 

BOLIVIA: EL CINTURÓN QUE SE CIERRA

 

Bolivia tiene la tentación de verse como un observador lejano. No lo es. El analista Andrés Escobar lo documenta en El País Bolivia (3 de junio de 2026): entre abril y mayo de 2026,

Thiel recorrió seis países en cinco semanas,

reunió a los presidentes de Argentina, Chile y Paraguay, y

compró 22 millones de dólares en bienes raíces en Buenos Aires y Uruguay.

 

Bolivia no aparece en ese itinerario, pero lo que le interesa a Thiel ya está siendo negociado por otros. El 28 de abril, Caleb Orr —subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Energéticos y Empresariales (EEB) de Estados Unidos— y el ministro boliviano de Minería

firmaron en La Paz un memorando sobre minerales críticos, incluyendo el litio.

El Salar de Uyuni concentra las mayores reservas del planeta de ese mineral,

insumo indispensable para la IA industrial.

 

Los acuíferos del altiplano proveen el agua que los centros de datos consumen a razón de millones de litros diarios para enfriar servidores.

 

Lo que desde la colonia fue la plata de Potosí, y en el siglo XX el gas natural,

es en el XXI la suma de datos, litio, agua y energía.

La diferencia es que los datos no se agotan: se acumulan, se procesan, se venden.

Y la soberanía que se cede en cada decreto no se recupera con ninguna nacionalización.

 

La infraestructura que cualquier plataforma tipo Palantir necesitaría ya se está construyendo sin que la ciudadanía la perciba. Sin considerar que se trata de decisiones que

deben socializarse y consultarse,

puesto que sus consecuencias afectarán a toda la población, al ser

el Internet un servicio público y

los datos y privacidad de la ciudadanía un recurso que debe ser protegido.

 

La Ciudadanía Digital —proyectada a dos millones de usuarios para diciembre de 2026, presentada

como «Google, pero para el Estado»— centraliza la interacción ciudadana en una sola plataforma.

 

El Cengob  (Centro de Gobierno) es una nueva herramienta digital y de gestión que el gobierno de Bolivia lanzó en enero de 2026 (mediante DS 5500) para modernizar la administración pública.

 

Su objetivo principal es

eliminar la burocracia (definida por el presidente Rodrigo Paz como el «Estado tranca»).

 

Tiene la finalidad de permitir monitorear cada instancia gubernamental en tiempo real.

Starlink opera desde febrero en alianza con Entel. Argentina tardó dos años entre instalar ese andamiaje y lanzar su

«Gemelo Digital Social», un sistema de cruce masivo de datos

cuya empresa ejecutora el gobierno de Milei no reveló.

Bolivia está en ese plazo.

 

Mientras tanto, cuatro proyectos de ley de regulación de inteligencia artificial duermen archivados en la Asamblea (PL-288, PL-310, PL-558 y PL-CS-178), detallados con precisión por Andrés Escobar en su columna

«El manifiesto avanza: el continente

como laboratorio«.

Contienen la visión técnica más precisa que ningún país sudamericano haya producido sobre los riesgos de la vigilancia algorítmica.

Que duerman en comisión es una elección política que todavía puede revertirse.

 

LO QUE PUEDE LA CIUDADANÍA

 

Bolivia aún tiene lo que Argentina en 2024 o Ecuador en 2025 ya no tenían:

tiempo y legislación pendiente.

 

La ciudadanía puede exigir que la Asamblea debata los proyectos de IA con urgencia proporcional al proceso que pretende regular. Que los contratos con empresas tecnológicas transnacionales sean entendidos como de dominio público, al ser así, deben hacerse públicos y auditables antes de firmarse; que el memorando sobre litio con Washington pase por la Asamblea, como corresponde a cualquier acuerdo que comprometa recursos estratégicos del Estado.

 

Hay que recordar que fue la movilización social la que frenó el contrato de Paz Zamora con Lithco; fueron las guerras del agua y el gas las que reescribieron la política boliviana a principios del siglo XXI.

 

Ese conocimiento colectivo del territorio necesita complementarse hoy con el conocimiento de la capa invisible:

datos, contratos, servidores y algoritmos

que procesan la vida de los ciudadanos antes de que los ciudadanos los conozcan.

 

Thiel puede no venir a Bolivia. Pero

cuando llegue por el litio, el agua y la energía que le interesan,

será bueno recibirlo con un código aprobado que pueda oponerle condiciones soberanas.

 

El Honduras-gate no es un escándalo hondureño. Es la primera radiografía pública de un sistema que ya funciona a escala continental. Ignorarlo porque ocurre lejos es el lujo que Bolivia no puede permitirse.

Carlos Bonadona Vargas - Boliviano, Magister en Energías renovables y medio ambiente