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jueves, 19 de febrero de 2026

LA MENTIRA CÍNICA COMO POLÍTICA DE ESTADO

 La mentira cínica como política de Estado

Por César Verduga Vélez

Por: César Verduga Vélez

Ex ministro de Gobierno de Ecuador y consultor. Dede México


 

La mentira cínica como política de Estado

Seguramente habrá historiadores que calificarán al siglo XX como el siglo de la manipulación informativa y al XXI como el de la mentira cínica.

 

En la segunda mitad del siglo XXI, cuando las redes sociales y los medios de comunicación —con ayuda de la inteligencia artificial— hayan convertido al mundo en un aquelarre de falsedades que terminen de destruir la verdad de lo que acontece en el planeta, seguramente habrá historiadores que calificarán al siglo XX como el siglo de la manipulación informativa y al XXI como el de la mentira cínica.

 

La principal diferencia entre la manipulación informativa y la mentira descarada radica en la forma y la sutileza con la que se altera la verdad.

 

La primera distorsiona el contexto o sesga datos reales para influir sutilmente en la opinión, mientras que la mentira cínica es la negación directa y evidente de hechos verificables.

 

Históricamente, la mentira ha funcionado como un arma política estratégica para obtener poder, manipular la opinión pública y legitimar regímenes, evolucionando desde artimañas individuales hasta la propaganda sistemática.

 

A diferencia del error, la mentira política es intencional; está diseñada para generar réditos y, a menudo, es aceptada por la ciudadanía cuando halaga sus intereses o percepciones psicológicas.

 

Desde la antigüedad, figuras como Ulises han encarnado la astucia y el engaño como herramientas legítimas en la lucha por el poder.

 

Sin embargo, la mentira política moderna, a menudo llamada posverdad, implica el autoengaño: el mentiroso queda inmerso en su propia falsedad, una característica destacada en el análisis de Hannah Arendt sobre el nazismo y el fascismo.

 

La indiferencia ante la mentira institucionalizada genera un deterioro moral y social, convirtiendo el engaño en parte del «juego político».

 

En resumen, la mentira en política trasciende el mero acto de ocultar la verdad; es una herramienta sofisticada para construir realidades alternativas que facilitan el control social.

 

En 2026, puede ser tarea colegial para un adolescente inteligente encontrar las mentiras cínicas, a menudo mezcladas con manipulación informativa, en la política internacional.

 

Elijamos, casi al desgaire, en la montaña de informaciones que aparecen diariamente en los medios:

 

Durante la 62.ª Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM)Volodímir Zelensky, líder del régimen de Kiev, fue interrogado sobre los reportes del Financial Times que indicaban que podría anunciar la convocatoria de elecciones el próximo 24 de febrero.

 

«Es algo nuevo para mí», respondió Zelensky. «Denos, hablo con toda sinceridad, dos meses de alto el fuego y celebraremos elecciones», añadió.

 

Eso declara este sujeto, autoprorrogado presidente de Ucrania desde mayo de 2024. Él sabe que no habrá ningún alto el fuego en la guerra con Rusia hasta que Moscú obtenga el legítimo reconocimiento de todos los territorios militarmente ocupados, cuyos ciudadanos rusoparlantes han votado ampliamente por su incorporación a la Federación Rusa.

 

La mentira cínica como política de Estado

 

Siguiendo un caso típico de manipulación informativa y sobreestimación —posiblemente indispensable por las amenazas de su destitución parlamentaria—, el primer ministro de Gran Bretaña, Keir Starmer, declaró en la misma conferencia que Europa es un “gigante dormido”, aludiendo a su poderío económico y militar.

 

Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional proyecta para 2026 un crecimiento de apenas el 1,3 % en la eurozona. Según el informe sobre perspectivas de la economía mundial, se espera para este año un crecimiento del 1,1 % para Alemania, 1 % para Francia y 1,3 % para el Reino Unido.

 

Es ampliamente conocido que la mayor potencia nuclear de Europa es Francia, la cual está muy lejos de la capacidad de China y sideralmente distante de las de Estados Unidos y Rusia; países que, por cierto, analizan las condiciones para un START III que sustituya al START II, firmado hace décadas para evitar la proliferación de armas nucleares.

 

Respecto a las mentiras cínicas en nuestro continente, vemos declaraciones del inquilino de la Casa Blanca, Donald TrumpHace pocos días se firmó un acuerdo comercial entre Estados Unidos y la India.

 

A propósito de ese acontecimiento, el presidente estadounidense declaró que la India no compraría más petróleo ruso.

 

Días después, el ministro de Relaciones Exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, afirmó en Múnich que la India mantiene su «autonomía estratégica» pese a la presión ejercida por Washington.

 

En días recientes, los presidentes de EE. UU. y México tuvieron una conferencia telefónica calificada por ambos como «excelente».

 

Trump dijo que habían tratado el tema de Cuba, pero 24 horas después la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, lo desmintió declarando: “De Cuba no hablamos”.

 

La mentira cínica como política de Estado

 

En enero de este año, Trump firmó una orden ejecutiva declarando que Cuba era una “amenaza extraordinaria” para la seguridad de EE. UU. y endureció el bloqueo que impone hace 66 años.

 

Simultáneamente, él y sus voceros declararon que la isla era un país en decadencia y al borde del colapso.

 

Surge una pregunta de lógica elemental:

 

¿cómo puede ser una «amenaza extraordinaria» para la mayor potencia de Occidente un país supuestamente al borde del colapso? Es un ejemplo clásico de mentira cínica.

 

El interrogante que emerge es:

 

¿qué obtienen líderes inteligentes de la manipulación o de las mentiras cínicas, que suelen caerse con mayor frecuencia que una persona con cojera aguda?

 

En un mundo acelerado, suele ocurrir lo que el nazi Joseph Goebbels decía: “La mentira repetida cien veces se convierte en verdad”.

 

Si fuesen no solo astutos, sino ilustrados, los líderes mencionados deberían considerar que están construyendo lo que León Tolstói llamaba

 

“el Estado como mentira organizada” y que la historia, eventualmente, les pedirá rendir cuentas.

domingo, 15 de febrero de 2026

EL VALOR DE LAS PALABRAS - CONTROL EMOCIONAL - PALABRAS QUE FUNCIONAN - por: MARIO KOGAN [22-junio 2025]

 

"PALABRAS QUE FUNCIONAN"

 





Mario Kogan - 22 de junio de 2025

 

PRACTICAR UNA COMUNICACIÓN EXITOSA ES UN GRAN RETO.

 

Buscar las palabras adecuadas, formuladas con honestidad, respetando los tiempos, buscando el momento adecuado, entendiendo las emociones, prestando atención a las particularidades de la atención puede ayudarnos a conectar con los demás cambiando percepciones, decisiones, hábitos y culturas.

 

En una época plagada de desinformación, mensajes virales vacíos, gritos, odio, manipulación y noticias falsas, recuperar la palabra como vehículo de verdad, respeto y transformación puede ser uno de los mayores actos de liderazgo personal y colectivo.

 

A continuación, las veinte enseñanzas clave del libro “Words That Work/Palabras que funcionan” de Frank Luntz (26/52 2025) que se enfoca en analizar al lenguaje no como una herramienta técnica, sino como una forma poderosa de conexión.

 

 1. LAS PALABRAS NO SON NEUTRALES. CREAN REALIDADES

 

El lenguaje no es simplemente una herramienta de descripción. Es una fuerza creadora.

Las palabras que usamos no solo reflejan lo que pensamos, sino que moldean lo que los demás creen, sienten y hacen.

 

Cuando un político habla de “libertad” o una empresa de “innovación”, está activando significados sociales y emocionales que tienen consecuencias concretas.

 

George Lakoff en su libro “Don’t Think of an Elephant” expone cómo

los marcos lingüísticos (frames) condicionan nuestra comprensión del mundo.

 

Por ejemplo, en EE. UU.,

el marco de “protección” es usado por quienes se oponen al aborto, mientras que el de “derechos” por quienes lo defienden.

Ambos enmarcan el mismo hecho desde ópticas diversas.

 

Este principio se aplica a marcas, discursos corporativos, educación o activismo social. Las palabras son actos de construcción.

 

2. LO QUE IMPORTA NO ES LO QUE DICES, SINO LO QUE EL OTRO ESCUCHA

 

Puedes haber elegido las palabras correctas, pero si no resuenan en el mundo interno del otro, no han servido.

Las palabras son recibidas con emociones, e interpretaciones dentro de un contexto personal.

Así, la comunicación efectiva no se basa en la claridad objetiva, sino en la sensibilidad interpersonal.

 

Marshall Rosenberg en su libro “Comunicación no violenta” plantea que,

para lograr un entendimiento real, debemos hablar desde la empatía y escuchar desde la compasión. Esto se conecta con la psicología cognitiva.

 

Según describe Daniel Kahneman en su libro “Thinking Fast and Slow” (19/52 2025),

el sistema emocional del oyente procesa e invalida el mensaje racional si se siente amenazado o bien no se ajusta al esquema personal de creencias y valores.

 

Por eso, la forma de decir es tan importante como el contenido.

 

 3. LA SIMPLICIDAD ES PODER

 

Un mensaje es tan poderoso como su capacidad para ser recordado.

Los mensajes complejos suelen ser ignorados sin embargo los simples se quedan.

Esto no significa simplificar el pensamiento, sino depurarlo.

La simplicidad es el resultado de la sabiduría, no de la pereza.

Cabe mencionar que lograr la excelencia en un mensaje poderoso exige dedicación, claridad y concisión.

 

Los hermanos Heath en el libro “Made to Stick” afirman que las ideas inolvidables comparten seis principios básicos entre los cuáles

el primero de esos principios, la simplicidad,

que se refiere a tener claro el “núcleo” del mensaje y expresarlo sin rodeos.

 

Esto aplica tanto a la comunicación pública como a la comunicación empresarial.

 

 4. LA EMPATÍA LINGÜÍSTICA ES UNA FORMA DE LIDERAZGO

 

Hablar el lenguaje del otro no es una estrategia manipuladora, sino una muestra de respeto.

Los líderes que conectan con su gente lo hacen porque conocen su forma de hablar, de sentir y de pensar.

 

La empatía no se limita a escuchar:

también se expresa eligiendo las palabras que el otro necesita.

 

Daniel Goleman en su libro “Inteligencia emocional” describe cómo la empatía es uno de los pilares de un liderazgo efectivo.

 

En comunicación política, Barack Obama fue un ejemplo claro de esto:

usó un lenguaje sencillo, cálido y cercano, con referencias culturales que resonaban en múltiples públicos.

 

La empatía en el lenguaje también previene errores costosos en las organizaciones, como mensajes internos que desconectan o frustran a los equipos.

 

 5. LAS PALABRAS ADECUADAMENTE ELEGIDAS ACTIVAN EMOCIONES ANTES QUE IDEAS

 

Decir “protección” en lugar de “seguridad” genera una respuesta emocional diferente.

Las palabras están cargadas de asociaciones afectivas que se activan antes de que el pensamiento racional pueda intervenir.

 

Un mensaje que no emociona no convence. Antonio Damasio en su libro “El error de Descartes”, demuestra que

las decisiones humanas están profundamente arraigadas en procesos emocionales.

Esto explica por qué los discursos más eficaces apelan a sentimientos como miedo, esperanza, orgullo o ternura.

El lenguaje emocional es especialmente potente en contextos de cambio, crisis o inspiración.

Un ejemplo empresarial es el eslogan de Apple: “Think Different”. No habla de productos, sino de identidad y emoción.

 

 6. LA REPETICIÓN NO ES REDUNDANCIA SINO ESTRATEGIA

 

La repetición adecuada no aburre, sino que fortalece.

En un mundo saturado de estímulos, solo lo que se repite con ritmo y sentido se convierte en recuerdo, convicción o acción.

 

Las grandes campañas, los slogans inolvidables y los mensajes institucionales más potentes han sabido repetir sin ser repetitivos.

 

Robert Cialdini, en su libro “Pre-Suasion”, explica que

cuanto más familiar resulta un mensaje, más veraz se percibe.

 

Este “efecto de mera exposición” ha sido confirmado por la psicología cognitiva:

el cerebro tiende a confundir familiaridad con veracidad.

 

En publicidad, esto es la base de la persuasión. Martin Luther King repitió “I have a dream” como un martillo emocional, no por falta de creatividad, sino por sabiduría retórica.

 

7. LAS HISTORIAS VENCEN A LOS DATOS

 

Los números informan, pero las historias transforman.

Una historia bien contada puede hacer que el dato cobre vida, se vuelva humano, tangible, emocional.

En el mundo de la comunicación eficaz, contar historias no es opcional: es esencial.

 

El libro “La mente de los justos” de Jonathan Haidt sostiene que nuestras intuiciones morales se activan primero, y luego buscamos racionalizarlas. Por eso, una historia impactante, como la de una madre inmigrante o un emprendedor fracasado que se reinventa, mueve más que cien gráficos.

 

Nancy Duarte, en “DataStory”, enseña cómo convertir cifras en narrativas convincentes.

 

 8. LOS MARCOS MENTALES DEFINEN EL DEBATE

 

No hay discusión neutra.

Quien establece el lenguaje, establece los límites del pensamiento.

 

--- Llamar “asalto fiscal” a un aumento de impuestos ya establece una visión ideológica.

--- Llamar “interrupción voluntaria del embarazo” o “asesinato de inocentes” no es lo mismo.

--- Cada marco lingüístico es una batalla ganada o perdida en la mente del otro.

 

Pierre Bourdieu en su libro “El sentido práctico” advierte que

el poder simbólico del lenguaje reside en su capacidad de nombrar y definir.

 

George Lakoff propone que el marco es más poderoso que el hecho:

“Si aceptas el lenguaje del oponente, ya perdiste”.

 

En medios, política y marketing,

el primero que define el marco gana la partida del significado.

 

 9. LA CREDIBILIDAD ES MÁS IMPORTANTE QUE LA ELOCUENCIA

 

No se trata solo de hablar bien, sino de ser creíble. Elocuencia sin autenticidad es decoración.

 

Un mensaje con errores puede funcionar si quien lo dice transmite confianza.

La confianza es el pegamento invisible de la comunicación.

 

Stephen Covey en su libro “The Speed of Trust”, demuestra que la credibilidad reduce el “costo de transacción” en todas las relaciones.

 

La confianza se construye con coherencia, humildad y claridad.

 

Brené Brown en su libro “Dare to Lead”, afirma que la vulnerabilidad sincera genera más conexión que la perfección técnica.

En resumen: mejor una verdad imperfecta que una elocuencia sin alma.

 

 10. CADA PÚBLICO NECESITA UN LENGUAJE DISTINTO

 

No hay comunicación eficaz sin adaptación.

Hablar igual a un adolescente que a un científico, a una madre soltera o a un directivo, es un error.

La sensibilidad cultural, generacional y emocional es parte del arte de comunicarse.

 

Nancy Duarte en su libro “Resonate”, argumenta que un

gran comunicador diseña sus mensajes como un arquitecto en base a las necesidades, valores y expectativas del público.

 

Howard Gardner en su libro “Inteligencias múltiples” (08/52 2025) sostiene que

hay muchas maneras de procesar el lenguaje: auditiva, visual, emocional, simbólica.

Comunicar bien es saber quién es tu público.

 

11. LOS VERBOS SUPERAN A LOS SUSTANTIVOS

 

El lenguaje que impulsa al movimiento tiene más fuerza. Las personas responden más a lo que pueden hacer que a lo que pueden saber.

“Actúa”, “cambia”, “elige”, “cuida”, “resiste”

Son verbos que impulsan a la acción, mientras que los sustantivos son excelentes en la descripción.

 

Daniel Pink en su libro “Drive” muestra cómo

las personas se sienten más motivadas cuando tienen un sentido de autonomía y propósito.

El lenguaje verbal y activo apela a esa necesidad de acción.

 

Martin Luther King no dijo

“tengo una propuesta de reforma”, dijo

“tengo un sueño”, y lo acompañó de verbos: marchar, luchar, esperar, soñar.

 

12. EL LENGUAJE VISUAL ES INOLVIDABLE

 

Una imagen verbal bien construida puede perdurar más que cualquier frase técnica.

Metáforas, analogías, comparaciones y narrativas sensoriales le dan textura al mensaje y lo vuelven memorable.

 

En el libro “Metaphors We Live By” Lakoff y Johnson demuestran que

nuestro pensamiento está estructurado por metáforas.

Decimos “defendí mi punto”, “luché contra la tristeza”, “avanzamos en el proyecto”.

 

El lenguaje visual (da forma a la experiencia y facilita la comprensión.

 

Steve Jobs no decía

“desarrollamos un reproductor de música”, decía: “mil canciones en tu bolsillo”.

 

13. EL LENGUAJE DEBE EVOLUCIONAR CON LA CULTURA

 

Las palabras que ayer fueron útiles hoy pueden ser insensibles o ineficaces.

Los contextos cambian, las sensibilidades también. Comunicar bien implica revisar el lenguaje para no quedar atrapado en paradigmas caducos.

 

Judith Butler, en su libro “Excitable Speech: A Politics of the Performative (1997)”, muestra cómo el lenguaje

no solo describe la realidad, sino que la construye, reproduce estructuras de poder o puede también transformarlas.

 

La evolución del lenguaje es relevante en el lenguaje empresarial, donde términos

como “diversidad” o “inclusión” no deben quedarse en lo decorativo, sino impulsar una transformación real del modo de comunicar y de actuar.

 

14. LA AUTENTICIDAD ES EL NUEVO CARISMA

 

En la era de la hipercomunicación y la desconfianza institucional,

lo auténtico resuena más que lo brillante.

Las personas conectan con lo humano, lo imperfecto, lo real.

La autenticidad tiene más poder que la retórica.

 

Brené Brown, en su libro “El poder de ser vulnerable” señala que

las personas se sienten más cerca de quienes muestran su humanidad.

 

En comunicación de marca, Simon Sinek en el libro “Empieza con el porqué”

sostiene que las personas no compran lo que haces, compran por qué lo haces.

El lenguaje auténtico transmite sentido, no solo información.

 

 15. EL SILENCIO TAMBIÉN COMUNICA

 

En una época donde todo se dice, el que sabe callar a tiempo brilla.

Las pausas bien usadas generan tensión, expectativa, solemnidad o alivio.

El silencio no es vacío sino es mensaje.

 

Susan Cain en su libro “El poder de los introvertidos”, revaloriza el silencio como una forma poderosa de presencia.

 

En oratoria, Barack Obama usaba

pausas largas para dar peso a sus ideas.

 

En terapia, Carl Rogers enseñaba

a escuchar sin interrumpir, dejando espacio al otro. El silencio bien manejado convierte una frase en una experiencia.

 

16. LO QUE SE DICE PRIMERO SE GRABA MÁS FUERTE

 

El primer impacto verbal deja una huella emocional y cognitiva difícil de borrar.

Es lo que en psicología se conoce como efecto de primacía. Por eso,

comenzar un mensaje con una idea poderosa, clara y emocionalmente relevante marca la diferencia entre ser olvidado y ser recordado.

 

El psicólogo Solomon Asch demostró en sus experimentos sobre la formación de impresiones que

los primeros adjetivos que usamos para describir a alguien (p.ej. “honesto”) condicionan cómo se interpretan los siguientes.

 

En ventas, educación o política,

lo primero que se dice configura el “marco emocional” del resto del discurso.

 

Como enseña Chip Heath en el libro “The Power of Moments”,

los comienzos definen el tono, el interés y la memoria.

 

 17. LA CONSISTENCIA ENTRE LENGUAJE Y ACCIÓN ES LO QUE CONSTRUYE REPUTACIÓN

 

Un gran discurso puede impresionar, pero solo una coherencia sostenida

entre lo que se dice y lo que se hace genera respeto y credibilidad.

El lenguaje sin acción es promesa vacía;

la acción sin palabras claras es oportunidad perdida.

La verdadera comunicación es congruente.

 

Patrick Lencioni en su libro “La Ventaja: Por Qué Salud Organizacional Triunfa Sobre Todo” muestra cómo

la cultura organizacional saludable se basa en la alineación entre valores expresados y comportamientos reales.

 

En el plano personal, Viktor Frankl, en “El hombre en busca de sentido” (05/52 2025), deja claro que

el testimonio de vida pesa más que cualquier palabra:

“El ejemplo no es una manera de influir, es la única”.

Cuando el lenguaje y la vida coinciden, el mensaje tiene alma.

 

18. LAS PALABRAS SON PUENTES… O MUROS

 

Una sola palabra puede generar cercanía o herida.

Las palabras pueden humanizar o despersonalizar, abrir o excluir.

Por eso, una comunicación ética, consciente y cuidadosa no es debilidad: es inteligencia emocional en acción.

 

Noam Chomsky en su libro” El conocimiento del lenguaje”, subraya

cómo el lenguaje es un fenómeno moral, no solo gramatical.

Las palabras que usamos reflejan nuestra visión del mundo.

 

En el ámbito social, Amanda Gorman, en su poema “The Hill We Climb”, recitado en la toma de posesión de Joe Biden, destacaba la importancia de construir puentes y superar las adversidades para avanzar hacia un futuro mejor reconociendo las cicatrices y desafíos, pero también el potencial de reconciliación y crecimiento de los Estados Unidos de América.

 

19. EL LENGUAJE PUEDE AMPLIFICAR O SABOTEAR UNA IDEA BRILLANTE

 

No basta con tener un buen producto, una gran propuesta o una solución innovadora.

Lo que no se comunica de forma potente puede pasar desapercibido.

 

De igual forma,

una mala idea envuelta en palabras seductoras puede triunfar brevemente, aunque deje daños.

 

Seth Godin en su libro “All Marketers Are Liars”, explica cómo las historias bien contadas

incluso si son inexactas pueden desplazar ideas mejores si estas no se presentan con claridad, emoción y convicción.

 

Steve Jobs no inventó la computadora personal, pero su forma de comunicarla la volvió deseable. Por el contrario,

muchas investigaciones científicas quedan enterradas porque sus autores no saben “venderlas” verbalmente.

El lenguaje es el amplificador de la inteligencia.

 

 20. DETRÁS DE CADA PALABRA EFECTIVA HAY UNA PROFUNDA COMPRENSIÓN DEL SER HUMANO

 

Las palabras no son fórmulas mágicas, sino puertas que se abren solo si conocemos a quién está del otro lado.

 

Un lenguaje que transforma nace

del estudio de las emociones, los miedos, los deseos y las aspiraciones humanas.

Comunicar bien es, antes que nada, un acto de comprensión profunda.

 

Carl Jung hablaba del inconsciente colectivo como una reserva simbólica compartida. Los grandes comunicadores no manipulan: conectan con símbolos, arquetipos y emociones comunes.

 

Yuval Noah Harari en su libro “Sapiens” afirma que el lenguaje fue la herramienta más poderosa del ser humano para construir cooperación y sentido compartido.

 

Comunicar bien es una forma elevada de generosidad ya que exige salir de uno mismo para habitar el lenguaje del otro.

Exige humanidad, silencio interior antes de emitir palabras hacia afuera.

Uno puede preguntarse ¿para qué estoy diciendo esto?, ¿a quién sirve mi mensaje?, ¿es este el momento? Nada de esto es nuevo.

 

Aristóteles, hace más de dos mil años, había planteado con claridad que la comunicación ética no nace del impulso, sino de la virtud. En ”Ética a Nicómaco”, Aristóteles nos enseñó que la sabiduría práctica (phronēsis) implica actuar y hablar con discernimiento, oportunidad y propósito.

 

Las palabras son una poderosa herramienta de liderazgo, humanidad, salud, construcción de talento, transformación de organizaciones, cohesión social y bienestar.

 

En un tiempo donde la saturación informativa nos aturde,

quienes practican el hábito de una buena comunicación con valores claros, conciencia, empatía y precisión

pueden inspirar, construir lazos humanos más solidos y movilizar ideas para evolucionar

 

“Ser escuchado se parece tanto a ser amado, que para la mayoría de las personas es casi indistinguible”.

 

David Augsburger Caring Enough to Hear and Be Heard (1982)

Cada palabra en cada minuto cuenta. Suerte. Buen viaje

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