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domingo, 16 de agosto de 2026

PENSAMIENTO CRÍTICO - DECÁLOGO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO - Texto: Oscar Brenifier y Viktoria Chernenko



 

DECÁLOGO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO -

 

Texto: Oscar Brenifier y Viktoria Chernenko

By Bloghemia - lunes, enero 06, 2020 - 


1.] SORPRÉNDETE DE TODO, TAMBIÉN DE LO QUE TE PARECE NORMAL.

 

Encuentra un nuevo sabor en las cosas conocidas, paladea aquello con lo que te encuentras en lugar de apartarlo. 

 

Sorpréndete con la elección de tus palabras, con el modo en que los otros actúan, con los argumentos que se dan. 

 

La normalidad es una manera de matar el pensamiento.

 

2.] NO PIENSES QUE TODO ES POSIBLE.

 

El “todo es posible” hace peligrar seriamente el pensamiento crítico llevándolo por el camino de la indeterminación. 

 

Separa el trigo de la paja usando el sentido común y el principio de realidad. Eso te ayudará a ver si algo es necesario, probable o posible.

 

3]. RECONOCE TUS PROPIOS LÍMITES.

 

Un ser humano no puede ser perfecto. La autoconciencia empieza por el reconocimiento de los propios límites, los de tu mente y los de tu cuerpo. 

 

La capacidad de examinar críticamente a los otros viene de la habilidad para examinarte críticamente a tí mismo. 

 

Aprende a identificar y a nombrar tus problemas y debilidades.

 

4.] NO TEMAS LA REACCIÓN DE LOS OTROS.

 

Si quieres examinar y criticar las palabras y los argumentos de los otros, debes estar preparado para encontrarte con su irritación y su resistencia. 

 

Al ser humano no le gusta enfrentarse a la realidad ni a la verdad sobre sí mismo. 

 

No prestes demasiada atención a sus miedos y no temas molestar a tu interlocutor. 

 

El arte de pensar y cuestionar significa preferir la verdad por encima de la seguridad, la compasión o la complacencia.

 

5.] SÉ PACIENTE Y APRENDE A ESCUCHAR.

 

Tener paciencia significa suspender los propios juicios y reacciones y concentrarte en lo que se da afuera. 

 

Aprende a ser un guerrero sabio: acomete un gesto sólo cuando sea necesario, solo cuando hayas observado el tiempo suficiente. 

 

Si te tomas el tiempo de escuchar y contemplar, muchos actos se harán innecesarios. 

 

La habilidad de responder de forma adecuada es tan importante como actuar de manera apropiada.

 

 

6.] NO PERMANEZCAS EN LA CONFUSIÓN.

 

Clarifica las palabras y los actos, los tuyos y los de tu interlocutor. 

 

Reduce al mínimo la cantidad de tus palabras y pide a los otros que también lo hagan. Esto permitirá distinguir entre lo esencial y lo accidental. 

 

Nombra las cosas en lugar de explicarlas, incluso cuando te mueva un deseo intenso de hablar. Usa la idea de Spinoza: la claridad es la verdad; la verdad es la claridad.


 

7.] EVITA LAS TRAMPAS DE LA PARANOIA Y DE LA INGENUIDAD.

 

Es importante sopesar las propias ideas y no caer en los extremos: ver problemas por todas partes nos lleva a sospechar de modo compulsivo, mientras que aceptarlo todo nos hace ser complacientes. 

 

Comprueba la pertinencia de tu juicio a través del descubrimiento y examen crítico de los supuestos y evidencias que le subyacen.

 

8.] DISTINGUE LO SUBJETIVO DE LO OBJETIVO.

 

Comprueba si tus ideas y acciones se apoyan en tus sentimientos y percepciones o si tienen algún fundamento objetivo. 

 

Para ello usa la razón y el sentido común y ten en cuenta el punto de vista de los otros. Esto te ayudará a distinguir si hay discrepancia entre tu opinión y lo que la realidad te dice.

 

9.] EXAMINA LO QUE SE DICE CON CRITERIOS LÓGICOS, DE PERTINENCIA Y DE COHERENCIA.

 

Distingue el “no lo entiendo” del “no estoy de acuerdo” o incluso del “no me gusta”. Aprende a crear distancia entre tú y lo que estás examinando.

 

 

10.] CUESTIÓNATE A TI MISMO Y A LOS OTROS.

 

Sustituye afirmaciones por preguntas para descubrir lo que las personas piensan. 

 

Cambia tu percepción de lo que significa preguntar: no es solo un medio de obtener información, es también una herramienta para hacer pensar.

 

*Texto de Oscar Brenifier y Viktoria Chernenko. 

PENSAMIENTO CRÍTICO

 



PENSAMIENTO CRÍTICO:

Te explicamos qué es el pensamiento crítico, cuáles son sus características y qué habilidades abarca. Además, por qué es importante y cómo se puede desarrollar.

El pensamiento crítico es un proceso cognitivo racional y reflexivo.

 

¿QUÉ ES EL PENSAMIENTO CRÍTICO?

 

El pensamiento crítico es

la capacidad de analizar de manera reflexiva información, hechos o ideas, con el fin de comprenderlos mejor y tomar decisiones fundamentadas.

 

Consiste en

no aceptar lo que se presenta de manera inmediata, sino evaluarlo, cuestionarlo con argumentos y construir un juicio propio.

 

Este tipo de pensamiento implica

poner en duda lo establecido, buscar razones y evidencias, y evitar que prejuiciosemociones o influencias externas determinen por completo la manera de ver la realidad.

 

Por ejemplo, el pensamiento crítico puede ejercerse al evaluar la información de una noticia antes de compartirla en redes sociales o al analizar distintas soluciones a un problema antes de decidir el siguiente paso.

 

La palabra “pensamiento” proviene del latín pensare (“pensar”), mientras que “crítico” proviene del griego krinein (“separar”, “juzgar”). En conjunto, hacen referencia a un proceso racional que distingue entre lo verdadero y lo falso, lo objetivo y lo subjetivo.

 

PUNTOS CLAVE

    •  
    • El pensamiento crítico es la capacidad de analizar y evaluar ideas, hechos o datos para formar un juicio propio.
    •  
    • Es fundamental para tomar decisiones acertadas, resolver problemas, trabajar en equipo y cuestionar la información que se recibe.
    •  
    • Para desarrollar el pensamiento crítico, es útil fomentar la curiosidad, consultar distintas fuentes, debatir y reflexionar sobre las experiencias.

 

CARACTERÍSTICAS DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

 

Las características fundamentales del pensamiento crítico son:

    •  
    • Es racional y reflexivo. Se apoya en la lógica y en el análisis cuidadoso antes de llegar a una conclusión.
    •  
    • Es objetivo. Busca evaluar la información sin dejarse llevar por prejuicios ni intereses personales.
    •  
    • Es sistemático. Utiliza métodos como la observación, la comparación, el razonamiento y, cuando es necesario, el método científico.
    •  
    • Es flexible. Admite distintos puntos de vista y se adapta a nuevas evidencias.
    •  
    • Es ético. Procura que los juicios y las decisiones estén guiados por valores como la equidad y la justicia.
    •  
    • Es creativo. Permite generar nuevas ideas o soluciones a partir del cuestionamiento de lo ya establecido.

Más en: Objetivo y subjetivo

 

HABILIDADES QUE IMPLICA EL PENSAMIENTO CRÍTICO

 

Entre las destrezas que conforman el pensamiento crítico, se encuentran:

    •  
    • Identificar y analizar argumentos para evaluar su validez.
    •  
    • Detectar prejuicios y falacias para distinguir entre afirmaciones fundamentadas y opiniones sin sustento.
    •  
    • Evaluar fuentes de información y determinar qué tan confiables, verificables y pertinentes son los datos recibidos.
    •  
    • Expresar las propias ideas con claridad y respeto, y escuchar con apertura las de los demás.
    •  
    • Resolver problemas mediante la comparación de alternativas y la elección de la opción más adecuada.
    •  
    • Regular emociones para mantener la calma, la empatía y un enfoque colaborativo, aún en situaciones de conflicto.

 

IMPORTANCIA DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

 

El pensamiento crítico cumple un papel esencial en la vida académica, social y profesional. En la educación, ayuda a que los estudiantes investiguen de manera independiente, participen activamente en debates y desarrollen la capacidad de trabajar en equipo.

 

En la sociedad, favorece la convivencia democrática y el respeto por los derechos humanos. Además, protege contra la manipulación de la información, especialmente en un entorno saturado de noticias falsas y mensajes engañosos.

 

En el ámbito personal, permite tomar decisiones más conscientesresolver conflictos con empatía y mantener una mentalidad abierta frente a los cambios.

 

Además, el pensamiento crítico se vincula con la innovación, la creatividad y el liderazgo, por lo que es una de las competencias más valoradas en entornos laborales.

 

MÁS EN: POSTURA CRÍTICA

¿CÓMO DESARROLLAR EL PENSAMIENTO CRÍTICO?

 

El pensamiento crítico no aparece de manera espontánea, sino que requiere de un proceso de formación y práctica constante.

 

Algunas estrategias útiles son para desarrollarlo son:

    •  
    • Fomentar la curiosidad.  Hacerse preguntas y no conformarse con respuestas simples o únicas.
    •  
    • Leer y contrastar información. Consultar diversas fuentes y puntos de vista antes de formar una opinión.
    •  
    • Ejercitar la argumentación. Escribir, dialogar o debatir sobre temas de interés y fundamentar las ideas con razones claras.
    •  
    • Practicar la escucha activa. Considerar de manera respetuosa y reflexiva las posturas de los demás.
    •  
    • Analizar experiencias. Reflexionar sobre las propias decisiones y aprender de los aciertos y los errores.
    •  
    • Exponerse a la diversidad cultural y de pensamiento. Ver películas, leer distintos géneros, participar en intercambios y conocer realidades diferentes.

 

 

VIVA LA LIBERTAD "CARAJO" - PIER PAOLO PASOLINI

 

 

 

VIVA LA LIBERTAD, POR PIER PAOLO PASOLINI

 

Si no se grita viva la libertad

Humildemente

No se grita viva la libertad.

 

Si no se grita viva la libertad

Riendo

No se grita viva la libertad.

 

Si no se grita viva la libertad

Con amor

No se grita viva la libertad.

 

Vosotros, hijos de los hijos

Gritáis con desprecio

Con rabia, con odio

Viva la libertad.

Por eso no gritáis

Viva la libertad

 

sábado, 15 de agosto de 2026

PIERRE BOURDIEU. «LA INTELIGENCIA, AL FONDO A LA IZQUIERDA

 

PIERRE BOURDIEU. «LA INTELIGENCIA, AL FONDO A LA IZQUIERDA» / JOSÉ LUÍS PARDO - Posted on 2011/07/06

 

 

JOSÉ LUIS PARDO. [El País, 09/02/2001]

Nadie como Bourdieu fue capaz de hacer eso que es tan molesto: enseñarnos cuál es el juego al que estamos jugando.

 

PIERRE BOURDIEU 1929-2001 SOCIÓLOGO FRANCÉS

 

El pasado 25 de enero fallecía Pierre Bourdieu. Procedente de la filosofía, formado como sociólogo en Argelia y comprometido con los movimientos contestatarios, el pensador francés centró su obra en el papel social y político de las producciones culturales: de las instituciones de enseñanza al arte pasando por la televisión o la literatura.

 

Los nativos estaban relativamente tranquilos. Les habían quitado muchas cosas, ciertamente. Los médicos habían descrito el funcionamiento de sus organismos como si no fueran suyos. Los economistas habían hecho lo mismo con sus intercambios mercantiles. Hasta los lingüistas formulaban teorías acerca de sus lenguas sin tener para nada en cuenta sus opiniones. Pero había una cosa que no podían quitarles, porque esa cosa era, en el fondo, ellos mismos. Se trataba de sus gustos.

 

Que a uno le guste o no un coche o una casa, que le repugnen las películas de Paul Newman, que encuentre ridícula tal forma de caminar o que prefiera la música de Chopin a la de Wagner, ¿quién puede a uno discutírselo?

En esas cosas manda sólo uno mismo (le podrán a uno afear sus gustos, pero no por ello impedirán que le gusten), son inevitables y absolutamente soberanas, dependen únicamente de nuestra inalienable personalidad.

 

De gustibus non est disputandum, y sobre gustos no hay nada escrito. O no lo había hasta que un sociólogo de humilde origen campesino publicó, en 1979, un libro titulado La distinción. Criterio y bases sociales del gusto (1979).

El texto se iniciaba con una demoledora encuesta sobre los gustos musicales a propósito de tres obras: el Clave bien temperado de Bach, el Danubio azul de Strauss y Rhapsody in Blue, de Gershwin.

A pesar de la indiscutibilidad, la intimidad y la irrenunciabilidad de los gustos, resulta que los profesores de Enseñanza Superior, intelectuales y artistas escogían masivamente a Bach, la clase media y los cuadros administrativos a Gershwin, y la clase obrera se inclinaba mayoritariamente por el Danubio azul.

 

Aquel día la inalienable personalidad de los nativos sufrió un importantísimo revés. Partiendo de esta desilusión inicial, Pierre Bourdieu mostraba cómo lo indiscutible -el sagrado terreno del gusto- era el campo de batalla de una disputa simbólica en la cual podía descubrirse toda la estructura social de la división de clases, con las estrategias colectivas que intentaban aprovecharla o combatirla, las desigualdades de capital cultural y las enormes dosis de sufrimiento personal engastado en las apuestas «estéticas» aparentemente triviales o superficiales.

 

Aquello que los nativos consideraban su propio ser, aquello que creían ser ellos mismos y llamaban su «naturaleza» era, sin embargo, su sociedad. Nada más y nada menos.

 

Mediante el concepto de habitus -las estructuras sociales imbricadas en las prácticas y confundidas hasta con las reacciones musculares aparentemente más automáticas de los agentes sociales-, Bourdieu no conseguía solamente otorgar objetividad a todo aquello que los individuos consideramos inalienablemente «subjetivo» y a lo cual los teóricos con inclinaciones metafísicas y poéticas quisieran llamar «el ser», sino que prevenía a la sociología contra su vicio más acusado -el de atenerse exclusivamente a esa objetividad tan difícilmente ganada- porque mostraba que esas «ilusiones» subjetivas que los agentes se hacen sobre sí mismos no son en absoluto una ‘cantidad despreciable’ que el sociólogo deba pasar por alto para ser más «científico», sino un elemento indispensable para la descripción de la sociedad.

 

De este modo, los hallazgos del teórico alcanzaban también un significado político: el conocimiento de las estructuras sociales de dominación simbólica -es decir, de esas «ilusiones» que se hacen los nativos, y que constituyen una herramienta necesaria para su propia dominación material- se convierte en un a priori para cualquier intento de reformarlas, combatirlas, denunciarlas o neutralizarlas.

 

Estas «razones prácticas» operan ya, aunque inconscientemente, en los movimientos sociales que se oponen a ellas, y deben contar conscientemente en los programas políticos que aspiren a una acción social eficaz.

 

Pierre Bourdieu no había llegado por casualidad a estas conclusiones. Procedente de la filosofía, que siempre fue uno de sus referentes polémicos -se recordará su importante ensayo sobre La ontología política de Martin Heidegger (1976)-, después de licenciarse con sendas tesis sobre las objeciones de Leibniz contra Descartes y las estructuras temporales de la afectividad, se formó como sociólogo en Argelia: una sociedad en la cual no es difícil (con un mínimo de sensibilidad) convertirse en un «intelectual de izquierda».

 

Desde el principio sus intereses, aunque aparentemente diversos, estuvieron fuertemente orientados.

 

Gran defensor de la «teoría» frente al sociologismo instrumental y estadístico, su obra siempre se centró en el papel social de las producciones «culturales» y de los bienes «simbólicos», desde las instituciones de enseñanza -soberbiamente analizadas en Homo academicus– hasta las bellas artes, pasando por una «sociología de la sociología» y una profunda investigación sobre las raíces y la significación de la figura del «intelectual».

 

En la que fue probablemente su última obra de gran ambición teórica, Las reglas del arte (1992),

Bourdieu expresó a la perfección otra de sus nociones-clave, la de campo social.

 

Tomando como eje La educación sentimental, de Flaubert, describió de forma insuperable la formación histórica del «campo literario» y la emergencia del personaje del escritor, sus obligaciones estéticas y sus responsabilidades públicas, sus máscaras y sus metamorfosis, sentando las bases para una «ciencia de las obras» que supere la estéril alternativa entre la crítica «interna» o textual y la crítica «externa» o sociológica.

 

Convertido ya en una de las grandes figuras de la sociología de la segunda mitad del siglo XX y en uno de los intelectuales de referencia en el debate internacional, creador de una escuela de sociólogos que lleva su impronta y animador infatigable de una de las principales revistas europeas de sociología, Bourdieu dedicó especialmente sus últimos años a lo que consideraba que era la antes aludida «responsabilidad pública» del intelectual: invertir su prestigio como científico y corredor de fondo a favor de la causa de la izquierda o, como él decía, de una izquierda de izquierdas, comprometida con los nuevos movimientos sociales europeos en lo práctico y, en lo teórico, con la utopía de una «Europa de los intelectuales» capaz de resistir a los efectos negativos de la globalización cultural.

 

Nadie como él fue capaz de hacer eso que es tan difícil, tan molesto y necesario: enseñarnos a los nativos cuál es el juego al que estamos jugando. Le echaremos de menos.