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jueves, 5 de noviembre de 2026

EL FIN DE LA ERA DEL TRABAJO HUMANO - por: Alejandro Zenker Hackett

 

EL FIN DE LA ERA DEL TRABAJO HUMANO

 

¿EL FIN DE LA ERA DEL TRABAJO HUMANO? APUNTES SOBRE UN FUTURO PRÓXIMO PROBABLE



Alejandro Zenker Hackett  - Director general de Ediciones del Ermitaño - 15 de enero de 2026

 

Me imagino que esto no está en tu radar inmediato, pero lo que se está discutiendo con cada vez más urgencia en círculos especializados es un futuro inminente que, en realidad, ya comenzó y que se acelerará a lo largo de este 2026.

 

Se trata del desplazamiento masivo de los humanos como fuerza laboral y su sustitución progresiva —y en muchos casos definitiva— por sistemas de inteligencia artificial y robots.

 

Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Sin embargo, muchos en mi círculo profesional ya lo están resintiendo de manera directa: traductores, diseñadores, editores, ilustradores, fotógrafos.

Decenas de miles de personas ya están perdiendo el empleo debido a la IA, y esto no es una hipótesis: es un fenómeno observable.

 

 

Bajo esta óptica, discutir si el humano “sigue traduciendo mejor” resulta casi irrelevante. La IA traduce cada vez mejor, mucho más rápido y a un costo infinitamente menor.

 

El capital no busca la perfección romántica ni la excelencia artesanal: busca eficiencia implacable.

 

Hoy estamos inundados de contenidos sintéticos: música, artículos, libros, imágenes y videos.

 

Pero el 2026 promete ser para la robótica lo que el 2023 fue para la IA generativa: el año del despegue exponencial.

 

Las proyecciones más agresivas que circulan entre analistas, fondos de inversión y centros de investigación hablan de cifras inquietantes: en ciertos sectores,

entre el 60 y el 85% del trabajo humano podría ser desplazado en los próximos años.

 

En un horizonte de una o dos décadas, algunos escenarios extremos

incluso rozan el reemplazo casi total de la fuerza laboral tradicional.

 

LA MUERTE DE LA “MAQUILA” Y EL FIN DEL VOLANTE

 

La futurología suele fallar, es cierto. Pero cuando quienes hacen las predicciones

son las mismas corporaciones que están desarrollando y financiando la tecnología que provocará el cambio, la cosa se pone seria.

 

Así como hoy caen los traductores, pronto los robots se harán cargo del campo, la construcción, la logística y la manufactura pesada.

 

Los automóviles, por ejemplo, ya están dejando de ser simples máquinas para convertirse en robots autónomos sobre ruedas. No sería descabellado imaginar que, en un futuro no tan lejano, manejar manualmente sea visto como hoy vemos fumar dentro de un avión: una práctica peligrosa, socialmente inaceptable y eventualmente prohibida.

 

¿Qué significa todo esto para nosotros? Algo que casi no se está discutiendo con suficiente crudeza:

los países “maquiladores” dejan de ser necesarios.

 

Si la robótica elimina la ventaja comparativa del bajo costo laboral, Estados Unidos

ya no tendrá incentivos reales para producir en China, México o Vietnam.

 

El impacto para economías como la nuestra sería sísmico, no gradual.

 

¿HUMANOS PARÁSITOS O CIUDADANOS DEL OCIO?

 

La pregunta incómoda es inevitable:

¿de qué vivirá ese enorme porcentaje de población desplazada?

 

Se habla del Ingreso Básico Universal como si fuera una solución técnica neutra, pero pocas veces se formula la pregunta clave:

¿de dónde saldrá ese dinero en un mundo donde el trabajo asalariado —y por lo tanto la recaudación fiscal tradicional— se ha evaporado?

 

Resulta ingenuo pensar que Musk, Huang, Zuckerberg o Altman —los nuevos dueños de los medios de producción— se dedicarán voluntariamente a sostener a una población global de ocho mil millones de personas improductivas.

 

De hecho, el propio discurso tecnocrático ya empieza a deslizar una idea peligrosa:

la del humano como costo, como lastre, como variable prescindible.

El fantasma del “humano parásito” no es una postura ética, sino un riesgo sistémico.

 

Lo que visualizo no es

un idílico “reino del ocio creativo”, sino

un panorama de desorden, desigualdad extrema y pauperización.

 

Los gobiernos, privados de ingresos fiscales provenientes del trabajo, verán mermada su capacidad operativa. Y el hambre, como sabemos,

no es filosófica ni paciente:

suele venir acompañada de estallidos violentos.

 

El “comunismo técnico” que se perfila —una situación en la que la producción es casi gratuita y el dinero pierde buena parte de su sentido— encierra una trampa fundamental:

el control de la infraestructura productiva no se distribuye, se concentra.

 

El poder seguirá en manos de los mismos capitalistas de siempre, ahora

reconvertidos en una suerte de señores feudales de la tecnología, dueños de los sistemas, los datos y los algoritmos.

 

EL LIBRO Y LA CRISIS DE LA LECTURA LINEAL

 

Como editor, mi visión no es optimista. Se avecina una crisis profunda, probablemente terminal, de la industria editorial tal como la conocemos.

 

En un contexto de empobrecimiento generalizado y con generaciones jóvenes volcadas casi por completo a las pantallas y a la gratificación instantánea, la lectura lineal de largo aliento —el libro— enfrentará su mayor desafío histórico.

 

A esto se suma otro factor que suele mencionarse en voz baja:

los implantes cerebrales.

Hoy todavía parecen experimentos marginales, pero ya existen pruebas funcionales exitosas.

 

La posibilidad de asimilar información sin pasar por la lectura tradicional dejará de ser una fantasía.

Cuando el conocimiento pueda “descargarse” directamente al cerebro, la pregunta será brutal: ¿para qué leer un texto lineal durante horas o días?

 

SURVIVAL DE LO EVENTUAL

 

A muchos todo esto les parecerá una jalada, una exageración o un ejercicio de paranoia tecnófoba.

 

Quienes visualizamos estos escenarios corremos el riesgo de quedar en ridículo o de ser etiquetados como visionarios incómodos. Lo bueno —o lo malo— es que no se trata de predicciones a cincuenta años: en muy poco tiempo sabremos hacia dónde se inclina la balanza.

 

Mientras tanto, lo más sensato no es esperar soluciones mágicas del Estado ni refugiarse en nostalgias improductivas, sino imaginar y diseñar escenarios personales de supervivencia ante un entorno radicalmente inestable.

 

La balsa no se construye cuando el agua ya te llega al cuello, sino cuando todavía parece exagerado hacerlo. La marea ya empezó a subir.

 

martes, 3 de noviembre de 2026

IA - DESTRUCCIÓN DEL TRABAJO HUMANO - LIBRO - ÉRIC SADIN - " EL DESIERTO DE NOSOSTROS MISMOS " GIRO INTELECTUAL Y CREATIVO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICAL

 


 

INDICE.

 

---INTRODUCCIÓN:

   El proceso de desnaturalización

 

---PARTE 01 – EL TANATOLOGOS

   1.- Un anti lenguaje

   2.- El capitalismo lingüístico

   3.- El olvido -criminal- de los tres pilares de la      educación

 

--- PARTE 02 – UN MUNDO DE QUIMERAS

   1.- La imagen sin contacto

   2.- La era de la indistinción generalizada

   3.-La (nueva crisis) de la cultura

 

--- PARTE 03 – HACIA LA AUTOMATIZACIÓN INTEGRAL DEL TRABAJO: UN CRIMEN CONTRA EL HOMO FABER

   1.- Neolengua empresarial y advenimiento de un capitalismo a-somático

   2.- “El Hombre se borraría, como en los límites del mar un rostro en la arena”

   3.- El “yo y tu”, o la sociedad como enlace de interdependencia

 

PARTE 04 – LA ANHUMANIDAD

   1.- Tec-anhumana y condición antropológica

   2.- EL PODER TOTAL

   3.- El tiempo de la estupidez general

 

PARTE 05 – DENUNCIAR LA FÁBRICA DE REPRESENTACIONES

   1.- El fundamentalismo de la IA y sus cinco pilares

   2.- La gran ilusión de la regulación

   3.- Contracumbre en París

 

CONCLUSIÓN:

   Nuestra conciencia en acciones


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CONTRATAPA:

 

Con el lanzamiento de ChatGPT a fines de 2022 se franqueó un umbral inédito en la historia de la humanidad: el giro intelectual y creativo de la tecnología.

Desde entonces se produjo un movimiento de externalización de nuestras facultades más determinantes: producir lenguaje, imágenes, símbolos; interpretar el mundo y devolverlo en forma de enunciados verosímiles.

 

En “EL DESIERTO DE NOSOTROS MISMOS”, Éric Sadin Examina con rigor esta delegación creciente de capacidades y advierte que no se trata de una simple innovación técnica, sino de la negación radical de nuestra condición antropológica.

 

La generalización de un pseudolenguaje matematizado y estandarizado, accesible a todos y destinado a volverse hegemónico inaugura un área de indistinción en la que ya no sabemos con certeza que ha sido producido por una experiencia humana y que por una inferencia algorítmica.

 

Las consecuencia son profundas y múltiples. La proliferación de imágenes y textos sin origen identificable erosiona la confianza pública y alimenta el resentimiento; la gestión automática de tareas cognitivamente complejas amenaza con reconsiderar de raíz los sectores culturales y de servicios.

 

No estamos ante una nueva disciplina artística comparable con la fotografía, el cine, sino ante la ejecución automatizada de operaciones que durante siglos requirieron aprendizaje, sensibilidad.

 

La expansión de la IA generativa no responde a un proyecto deliberado democráticamente, sino a la visión de ingenieros y a la ambición expansiva del imperio tecnológico.

 

Con la lucidez crítica que caracteriza su obra, Sadín ofrece aquí un análisis minucioso de las lógicas técnicas y económicas que impulsa esta transformación, pero también hace un llamado urgente.

 

“Si continuamos cediendo a las máquinas el ejercicio de muestras facultades, corremos el riesgo de convertirnos en espectadores pasivos de un mundo gestionado algorítmicamente.

 

Este libro es, al mismo tiempo, diagnóstico y plan de acción: una defensa intransigente de aquello que nos constituye como sujetos – la palabra, el juicio, la imaginación – frente a la tentación de delegarlo todo. De hacerlo, advierte, habitaremos un porvenir en el que la humanidad, despojada de sí, avance por el desierto de su propia ausencia.

jueves, 22 de octubre de 2026

LA LIBERTAD ESPANTA – ALEJANDRO KAUFMAN

 


LA LIBERTAD ESPANTA – ALEJANDRO KAUFMAN

 

El designio de Milei también es meramente destructivo. Su entorno es una cohorte de espectros extravagantes e impredecibles como él, todo ello respecto de lo cual nadie es responsable. Massa encarna la prosopopeya óptima para ofrecer una opción ganadora: masculinidad templada, imperturbable y heroica pero que puede llorar y mostrar ternura.

 

La libertad espanta es síntoma y también causa del estado de disonancia cognitiva y dislocación de la lengua en que hemos naufragado quién sabe hace cuánto.

 

La genealogía del desastre se puede remontar al menos hasta la dictadura, cuando se fundaron los modos actuales de la farandulización de la esfera pública y de la política sobre la base de monopolios mediáticos asociados, identificados y apropiados por poderes fácticos.

 

Ya entonces acuñaron tramas comunicacionales que no han hecho más que permanecer y crecer de modo continuo.

 

Serios intentos de ponerles los límites que una institucionalidad democrática requiere fueron derrotados desde su propia emergencia a partir del año 2008 hasta la sentencia de la Corte, favorable al puro y desnudo derecho irrestricto a la propiedad:

“tendimos un gigantesco caño de fibra óptica a lo largo de todo el país, que ‘es mío’

y eso nos da derecho ilimitado sobre cómo usarlo”.

 

Después Macri fulminó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sancionada por el gobierno de CFK y terminó de instalar una mediaticidad totalitaria bajo cuya sombra nos encontramos en la actualidad.

 

Uno de los errores habituales al respecto es poner en cuestión el par mentira/verdad sobre los contenidos mediáticos, asunto que no carece de pertinencia bajo el rótulo de fake news, pero que de ninguna manera da cuenta de la dimensión y calidad de lo que sucede.

 

Una de las consecuencias de este estado de cosas es el advenimiento de agencias que nos dicen si algo es o no verdad, de modo que

sancionan de hecho la impotencia del público para informarse.

 

No se advierte que si se nos tiene que informar sobre la información se abre una espiral potencialmente ilimitada de constataciones sobre constataciones en cuyo transcurso se pierde toda dimensión reflexiva o estimación que permita evaluar la escena vivida.

 

Sea esto dicho sin detrimento para tales actividades que pueden ser útiles como lo sería medir cualquier efecto tóxico calamitoso cuando la causa es irremediable.

La Libertad Avanza recibió a Bullrich con los brazos abiertos: "Gracias Patricia"

El circuito de retroalimentación en loop entre emisión mediática y respuesta de las audiencias, sustentado por la medición cuantitativa en bruto de las repercusiones traducidas por números carecientes de todo sentido articula un mecanismo ciego de adhesión o rechazo, continuidad o sustitución de contenidos.

 

La retroalimentación positiva continua, en la que se naturalizan violencias aberrantes y disparatadas, se nutre a sí misma, crece y se agrava sin fin si no se la antagoniza.

 

El paradigma precede a las redes sociales y las ha también instruido sobre cómo funcionar.

Las redes sociales amplifican y modulan el modelo mediático tradicional.

 

No instalan nuevas significaciones que determinen la agenda mediática porque no tienen ningún propósito ni posibilidades técnicas para tal fin.

 

La agenda mediática

sigue siendo establecida por usinas del poder que se plasman en los medios tradicionales, entramados ahora con las redes sociales y las plataformas digitales.

 

No es relevante si a un contenido televisivo se accede por YouTube, por TikTok o por las pantallas convencionales, porque ya desde hace mucho las pantallas convencionales se ofrecían a una recepción fragmentada y distraída.

 

Hasta es más probable que en los fragmentos que circulan por las redes, la atención, aun en breves segmentos, se concentre mucho más sobre cada uno de ellos.

 

Es conjeturable que la distracción fuera en algunos aspectos mayor y más dispersa en la TV precedente que en los fragmentos actualmente circulantes.

 

Otro aspecto que no se suele considerar es que, no obstante, los algoritmos y todo lo que implican, que no terminamos tampoco de comprender de todos modos, la recepción ha sido dotada de una capacidad de determinación sobre los contenidos exponencialmente mayor que la mera medición de audiencias precedente.

 

Al circular una magnitud exponencial de contenidos moleculares, la economía de la atención tiene ahora una mayor intervención de las audiencias usuarias. Sin embargo, no es cierto, no obstante, que se haya democratizado o exista una mayor participación ciudadana.

 

Lo que sí sucede es que hay una determinación sobre los contenidos, que se pueden bloquear, marcar como carecientes de interés o concurrir con asiduidad a los preferidos, con lo cual quien usa las redes, sobre todo las menos invasoras sobre el público usuario, mantiene un grado de intervención inédito.

 

Hay mucho que se dice al respecto por parte de voces que parecen traslucir que no son usuarias asiduas, de modo que hablan como mentes ingenieriles y no arquitectónicas. Es decir, razonan sobre lógicas de cálculo y no sobre la experiencia del habitar urbano que supone el uso de las nuevas tecnologías.

 

Aparte, hay que distinguir entre Facebook, que respeta muy poco al público usuario y le impone continuamente contenidos no solicitados ni preferidos, y redes como X/Twitter o TikTok donde en el uso es posible evitar contenidos no deseados.

 

Lo que esto quiere decir es que personas más jóvenes e inexpertas tendrán menos destreza para determinar contenidos y tal vez en esos casos sea más probable que las lógicas de inmersión las expongan a contenidos hegemónicos.

 

Habría que estudiar cómo el público usuario interactúa subjetivamente con los algoritmos en lugar de partir de premisas verticales y unívocas sobre cómo se producen esas relaciones.

 

La consecuencia de esta observación es que

lo que suceda con la politicidad en las redes no depende exclusivamente del íntimo vínculo entre recepción individual y pantallas sino de interacciones sociales y comunicacionales densas y más amplias.

 

Esto importa para superar visiones ingenuas y tecnocráticas que denuestan lo “viejo” a favor de lo “nuevo” sin una intelección densa sobre lo que acontece.

 

Hay demasiados abordajes de las redes basados en métodos devenidos de las ciencias estadísticas sin sensibilidad para entender fenómenos subjetivos y de significaciones.

 

De un modo no tan diferente al que tuvo lugar hace cien años, cuando el advenimiento de nuevas tecnologías comunicacionales encontró a un público incauto, entre quienes creyeron en una invasión de marcianos que produjo estados de pánico y las multitudes que sucumbieron al fascismo, vemos de nuevo fenómenos homologables ante nuevas transformaciones técnicas y culturales de gran alcance.

 

En cada una de estas épocas que recordamos se produjeron brechas generacionales sucedidas por lapsos de relativa estabilidad.

A principios del siglo XX hubo una, relativamente lenta en comparación con la aceleración actual, vinculada con la expansión de la electricidad, el transporte automotor y el cine.

 

En la segunda mitad del siglo XX, la brecha fue protagonizada por los llamados boomers, y en los años iniciales del siglo XXI la brecha es sostenida por las nuevas tecnologías, desde internet hasta la inteligencia artificial, por ser breves.

 

En cada ocasión se instaló un fetichismo mistificado de la “juventud” y un menoscabo hacia las generaciones anteriores.

 

Hoy es por derecha porque todavía digerimos la victoria del capitalismo sobre el socialismo, y la derecha es la forma naturalizada de la vida corriente, consumista, tecnocrática y concernida por nuevas experiencias de frivolidad inmaterializada.

 

Emergen nuevas formas de violencia social y estupidización masiva, zombi.

 

Digamos en lo que queda de estas breves líneas lo relativo al presente: se enfrentan prosopopeyas, temperamentos.

Milei viene a romperlo todo porque hay un estado de incertidumbre ocasionado por grandes trasformaciones que nos “mueven el piso”, de manera inquietante y pánica.

 

Como sucedió con el fascismo hace cien años,

estas nuevas ultraderechas -neofascistas- subliman la incertidumbre en linchamiento de chivos expiatorios.

 

Quien consigue determinar un discurso culpógeno eficaz obtendrá adhesiones multitudinarias.

 

Es relevante el modo afectivo de amenaza violenta y ruptura, más la confirmación exacerbada de lo que se intuye a partir del sentido común:

“alguien paga porque no hay nada gratis”.

 

Así vivimos, de modo que

es fácil que cualquier proceder que requiera mayores abstracciones o mediaciones se pueda inculpar de modo criminalizador.

 

La prosopopeya depredadora, misógina y genocida (porque es genocida por sus premisas y entrelíneas cada vez más explícitas), viene a liquidar, a exterminar una época, a ratificar los aspectos más fracasados y tristes de la vida del presente, y entonces aparece como una opción plausible.

 

Por otra parte, es multitudinaria también la circulación de narrativas ficcionales basadas en esas premisas: la lista es interminable.

 

Nos entretenemos masivamente con el programa ficcional afín al designio demencial distópico de Milei:

eugenésico, cibernético, vengador, misógino, intemperante,

puntuado por estallidos coléricos que

en sí mismos nutren el loop cibernético de la espiral de violencia.

 

El mismo punitivismo linchador que imitó Bullrich y le valió su victoria en la interna, dejando todo destruido a su paso.

 

El designio de Milei también es meramente destructivo.

Su entorno es una cohorte de espectros extravagantes e impredecibles como él, todo ello respecto de lo cual nadie es responsable.

 

No tiene que ver con gobernar nada, ni con organizar un cumpleaños. Es lo que lo hace narrativamente tan atractivo al público más estragado por el entretenimiento, el que más lo confunde con la “realidad” (por algo repiten tanto esa palabra para justificar cualquier cosa: “la realidad es que X”).

 

LA IDEA DE MILEI ES PERDER LA SOBERANÍA DE TODO EL PAÍS - ALEJANDRO KAUFMAN:

 


ALEJANDRO KAUFMAN: “LA IDEA DE MILEI ES PERDER

LA SOBERANÍA DE TODO EL PAÍS”

Por Joaquín Pereyra / 28 de June, 2025

 

El crítico cultural y profesor universitario aseguró que

“para el Presidente el mejor gobierno posible es el de un monopolio privado”.

 

En diálogo con el programa Hay Un Lugar por Radio Provincia AM1270, Alejandro Kaufman expresó:

“La apuesta de Milei, lo que él quiere hacer y para eso dicen que lo votaron, es que se tienen que bajar todos del barco y arreglárselas.

Está hundiendo todo el barco, probablemente él se salve en un bote salvavidas, pero no está gobernando.

¿Gobernar que quiere decir? Ocuparse de los asuntos. Si usamos la metáfora del barco, es mantenerlo a flote, que tenga un rumbo, que tenga un destino, pero él lo que quiere es hundirlo y es el único en el mundo que está haciéndolo”.

 

Además, el crítico cultural y ensayista manifestó:

“Estamos viviendo un experimento único, muy raro, que genera dos situaciones:

--- hay una cantidad de actores sociales, políticos, académicos, periodísticos y legislativos que tratan de adaptarse, justificarlo, ignorarlo;

--- y otros bueno, se hace lo que se puede.

Hay una especie de colaboracionismo de distintos sectores que eso le da aire, y a la otra parte de la población que no estamos de acuerdo con eso nos produce un sentimiento de mucha extrañeza”.

 

En otro orden de temas, declaró:

“No tenemos pocas experiencias de debilitar lo conseguido por movimientos populares, democráticos, de justicia social. Eso desde 1955 empezó a ser demolido y a haber luchas sociales de restauración o de defensa de derechos, pero este quizás sea uno de los peores capítulos de todos porque hay consentimiento y apoyo.

Eso está porque se convenció a una parte de la población que hay un enemigo, y cuando hay un enemigo hay disponibilidad para sufrir".

 

“Esta es la construcción de un enemigo más exitosa que ha habido en la historia argentina probablemente.

La dictadura logró indiferencia, un consentimiento silencioso, también respecto de un enemigo que desaparecía; en este caso el enemigo es la estatalidad y toda la parte de la sociedad que forma parte de esa enemistad, entonces hay que destruirla.

Eso es una gravedad por todas las razones que no hace falta repetir.

Lo que veo no es una ciudadanía con una voluntad consciente de apoyar un proyecto político, sino dispuesta a sufrir porque quiere derrotar a un enemigo que se ha logrado caracterizar como peligroso, negativo, empobrecedor”, continuó el también profesor universitario.

 

Asimismo, señaló:

“Milei tiene una idea, que está en la biografía que el cita, que es que el mejor gobierno posible es el de un monopolio privado.

 

Es una idea totalitaria que tiene un punto, es decir si somos

todos esclavos y tenemos un dueño que nos conduzca. Si todos nos convertimos en hormigas, el hormiguero va a estar ordenado y ese es el proyecto”.

 

Mientras que concluyó:

“Su idea es perder la soberanía de todo el país. Según él, lo que importa es subastar los recursos del país”.

ENTREVISTA COMPLETA - AUDIO   

https://provinciaradio.com.ar/audio/AUD-6033a378-29a5-417d-b646-1b4bf8139c55.mp3