Buscar este blog

jueves, 17 de septiembre de 2026

IA - 'NEXUS' DE YUVAL NOAH HARARI (RESEÑA DEL LIBRO )

 


'NEXUS' DE YUVAL NOAH HARARI (RESEÑA)

domingo, 6 de octubre de 2024 – Publicó Rareza Literaria

 

Acabo de leer el libro Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA.

 

Escrito por el historiador y magnífico escritor israelí Yuval Noah Harari, nacido el 24 de febrero de 1976 en Kiryat Atta, Distrito de Haifa, Israel. Eminente catedrático en el departamento de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén e investigador muy reconocido de la prestigiosa Universidad de Cambridge, en Inglaterra, Reino Unido, Harari saltó a la fama en 2014 tras la publicación de su libro Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. Publicado por el sello editorial del Grupo Penguin Random House, DEBATE, el 4 de septiembre de 2014, se convirtió rápidamente en un superventas instantáneo.

 

"El argumento principal de este libro es que la humanidad consigue un poder enorme mediante la construcción de grandes redes de cooperación, pero la forma en que se construyen estas redes las predispone a hacer un uso imprudente del poder" (página 14).

 

En el primer capítulo (páginas 37 a 52) ¿Qué es la información? 

 

Harari aborda la cuestión de la información de una manera que me parece esclarecedora y genial, empezando por las dificultades que implica su definición. Aprecio mucho su actitud "socrática" de seguir planteando ideas que cierra con preguntas para que el lector reflexione (aunque la intención sea dirigir la cuestión hacia su perspectiva).

"Cada vez hay más filósofos y biólogos, y también algunos físicos, que consideran que la información es la pieza más básica de la realidad, más elemental que la materia y la energía" (página 37).

 

Pero lo más interesante viene después, en el apartado

 

¿QUÉ ES LA VERDAD? (páginas 41 a 44). Te va a sorprender la peculiar y polémica perspectiva harariana (estés o no de acuerdo con ella).

 

A partir de aquí toda la primera parte (5 capítulos en total) pivota alrededor de una de las más brillantes ideas de Harari a mi parecer:

las realidades objetivas (lo material y cuantificable), las realidades subjetivas (lo mental e incuantificable)

y lo más interesante, explicado a fondo en el segundo capítulo:

las realidades intersubjetivas (las ficciones que inventamos para cohesionar la sociedad y cooperar, aunque técnicamente hablando sean mentira, descritas por Harari como "relatos").

 

Mención especial merece la explicación que nos ofrece de las denostadas burocracias que despiertan todos nuestros recelos (a mí el primero) y de su importancia para gestionar grandes redes de información, con ejemplos gráficos evidentes (destacando el sistema de alcantarillado, bajo la broma conspiranoide del "Estado profundo"), en el tercer capítulo.

 

"¿Debemos amar u odiar la red de información burocrática?

Relatos como el de mi abuelo ponen de manifiesto los peligros que esconde el poder burocrático. Relatos como el de la epidemia de cólera de Londres dan muestra de sus posibles beneficios.

 

En función de cómo se diseñe y se emplee, toda red de información poderosa puede tener efectos positivos o negativos.

 

No basta con aumentar la cantidad de información de una red para garantizar su carácter benigno ni hacer que sea más fácil encontrar el equilibrio adecuado entre verdad y orden. Esta es una lección histórica clave para los diseñadores y usuarios de las nuevas redes de información del siglo XXI" (página 106).

 

  Tras un inspirador y lúcido análisis en el cuarto capítulo de la Biblia (tanto judía como cristiana) como presunta "fuente infalible de conocimiento" y las realidades intersubjetivas que creó, llegamos a uno de los puntos argumentales más interesantes de Harari: lo que llama "mecanismos de autocorrección".

 

Idea angular del pensamiento harariano que aparece en la página 143 por primera vez, asociada a su estudio exhaustivo de las redes de información y las burocracias como generadoras de orden, haciendo un recorrido histórico por la "conspiración satánica global" inventada por la Iglesia católica (y heredada hasta extremos estremecedores por el protestantismo) en el siglo XV (el Renacimiento y no la Edad Media, como mucha gente cree erróneamente) y cuya consecuencia principal fue la misógina "caza de brujas", hasta la revolución científica del siglo XVII que dotó de "fuertes mecanismos de autocorrección" (siempre desde el trasfondo argumental de una dura e intensa crítica a la "idea ingenua de la información").

 

"Dado que hasta los genios son víctimas del sesgo de confirmación, no se puede confiar en que corrijan sus propios errores. La ciencia es una empresa colectiva que se basa en la colaboración institucional, y no en científicos independientes o, pongamos por caso, en un único libro infalible.

 

Desde luego, las instituciones también son proclives al error. No obstante, las instituciones científicas son diferentes de las religiosas, puesto que premian el escepticismo y la innovación en lugar de la conformidad.

 

Las instituciones científicas también son diferentes de las teorías de la conspiración, en la medida en que premian el auto-escepticismo. Las teorías de la conspiración suelen ser muy escépticas en relación con el consenso existente, pero, cuando se trata de sus propias creencias, pierden todo su escepticismo y sucumben al sesgo de confirmación.

 

El distintivo de la ciencia no es solo el escepticismo, sino el auto-escepticismo, y en el centro de toda institución científica encontramos un sólido mecanismo de autocorrección" (página 144).

 

A partir de esta misma página 144 de la cita se desarrolla la fundamental idea en el apartado MECANISMOS DE AUTOCORRECCIÓN. Pero como no podía ser de otra manera (y esto es uno de los aspectos por los que me fascina Harari) 12 páginas después habla, en el último apartado del cuarto capítulo, de LOS LÍMITES DE LA AUTOCORRECCIÓN.

 

El siguiente capítulo explorará esos límites comparando la democracia y el totalitarismo desde la antigua Atenas griega y el Imperio romano, hasta los modernos Estados Unidos y la extinta Unión Soviética, con las brillantes peculiaridades interpretativas de Harari, tratando cada régimen político como red de información, en un original y creativo enfoque, para poner punto y final a la primera parte del libro.

 

   En la página 237, es decir, a mitad del magnífico libro, nos sumergimos en lo más significativo del asunto, que caracteriza al autor y define este último impulso literario impecable para pasar de lo humano ("redes humanas") a lo pos-humano ("la red inorgánica").

 

El sexto capítulo empieza con una apuesta fuerte: "No es ningún secreto que estamos viviendo una revolución de la información sin precedentes. Pero ¿qué tipo de revolución es exactamente? [...] De manera que, antes de explorar las implicaciones a largo plazo de la presente revolución de la información, recordemos sus fundamentos.

 

El germen de la revolución actual se encuentra en el ordenador. Todo lo demás, desde internet hasta la IA, es un subproducto de este" (página 239). Lo que más me ha gustado y destaco es la definición que Harari ofrece de la evolución de la IA: "La IA no está progresando hacia una inteligencia de nivel humano. Evoluciona hacia un tipo de inteligencia muy diferente" (página 266).

 

Los siguientes capítulos se centran en una explicación sobre el funcionamiento de los algoritmos como inicio rudimentario de la IA y tanto el potencial positivo como los peligros negativos que implica el uso de una tecnología tan avanzada, poniéndonos el autor ejemplos de ambos aspectos en la realidad cotidiana actual.

 

Me ha parecido sumamente interesante el apartado EL SISTEMA DE PUNTUACIÓN SOCIAL en el séptimo capítulo (páginas 300 a 305) que le da la apariencia al libro de una sofisticada e ingeniosa novela distópica de ciencia ficción, pero no lo es, pues ya está en funcionamiento ese sistema, aunque aún no implantado del todo.

 

"Cualquier cosa que hagamos, en cualquier momento, en cualquier lugar, podría afectar a nuestras posibilidades de obtener un empleo, un crédito bancario, un marido o una sentencia de prisión.

¿Te emborrachaste en una fiesta del instituto o hiciste algo legal pero vergonzoso? ¿Participaste en una manifestación política? ¿Eres amigo de alguien que tiene una reputación baja?

Esto formará parte de tu entrevista de trabajo o de tu sentencia criminal, tanto a corto plazo como décadas después.

De este modo, el sistema de puntuación social podría convertirse en un sistema de control totalitario" (página 303).

 

   En el siguiente capítulo titulado Falible: la red suele equivocarse (páginas 307 a 355) y con el cual concluye la segunda parte del libro, para adentrarnos ya en la recta final, Harari propone una serie de reflexiones sobre la IA más que interesantes y que me parecen muy apropiadas, caminando por el "filo de la navaja" sin "cortarse", pues indaga en los perjuicios y las problemáticas reales que nos pueden traer los avances tecnológicos más disruptivos e innovadores, pero también sabiendo apreciar el valor que potencialmente tienen, con ejemplos gráficos muy claros y evidentes en un sentido y en el otro, para que podamos entender sus esclarecedores puntos de vista.

 

He aquí uno de los principales motivos a mi juicio por el cual los libros que escribe este eminente historiador, junto con las opiniones que emite, tienen una valoración tan alta a nivel social (aunque nunca debemos dejar de tener en cuenta a sus críticos).

 

A su parecer la respuesta que ofrece ante las probables problemáticas concluye esto:

"La primera lección que todo algoritmo debe aprender es que puede equivocarse.

Los algoritmos bebé deben aprender a dudar de sí mismos, a señalar lo que les genera incertidumbre y a obedecer el principio de precaución. Esto no es imposible. [...]

Pero, con independencia de lo conscientes que lleguen a ser los algoritmos de su falibilidad, los humanos debemos mantenernos al tanto de lo que ocurre" (página 354).

 

   Al reflexionar en el penúltimo capítulo el autor sobre los dos modelos políticos más implantados desde el siglo XX, es decir, democracia y autocracia (dictadura), incluyendo los experimentos totalitarios (fascismo italiano, nazismo alemán y comunismo soviético), para ver cómo mutarán estos regímenes políticos en la era de los algoritmos y la IA, augura algo interesante, refiriéndose en principio a un experimento mental con la fabricación de clips dirigido por algoritmos, propuesto por el filósofo sueco Nick Bostrom:

"Si los algoritmos llegaran a desarrollar capacidades como las del experimento mental,

las dictaduras serían mucho más vulnerables a la toma del poder por parte de los algoritmos que las democracias.

Incluso a una IA super-maquiavélica le resultaría difícil adueñarse de un sistema democrático cuyo poder estuviera repartido como en Estados Unidos. [...] Adueñarse del poder en un sistema mucho más centralizado resulta más sencillo" (página 413).

 

   Y tras un intenso undécimo y último capítulo donde Harari especula con un eufemismo "colonialista de datos" que podría conducir a la creación de un metafórico "telón de silicio" (haciendo una comparativa con la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que estableció la metáfora del "telón de acero", donde se dividía los territorios gobernados o influenciados por ambas superpotencias mundiales), llega la destacable conclusión del epílogo:

 

"Mi objetivo con este libro es proporcionar una perspectiva histórica más precisa sobre la revolución de la IA.

Dicha revolución todavía está dando sus primeros pasos y es bien sabido lo difícil que resulta entender la trascendencia de determinados acontecimientos en tiempo real. [...]

Pero, si ampliamos nuestros horizontes para observar cómo se han desarrollado las redes de información a lo largo de miles de años, creo que es posible que nos hagamos una idea de lo que estamos viviendo en la actualidad" (página 460).

 

 

martes, 15 de septiembre de 2026

IA - LOS PELIGROS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 


POR QUÉ EL DIRECTOR DE ANTHROPIC, UNA DE LAS GRANDES FIRMAS TECNOLÓGICAS, PIDE RALENTIZAR EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Autor: Paulin Kola Lily Jamali - Corresponsal de tecnología en Norteamérica -12 septiembre 2026

 

El director de la empresa de inteligencia artificial Anthropic, Dario Amodei, ha pedido que se ralentice el ritmo de desarrollo de los modelos de inteligencia artificial y que se realice un seguimiento exhaustivo.

 

En un ensayo recientemente publicado, Amodei afirmó que

el desarrollo de la IA no estaba en duda, pero que los riesgos asociados a ella son "graves" y

es necesario dar tiempo a las empresas y a los gobiernos para abordarlos.

 

Los directivos de dos empresas rivales de inteligencia artificial, Sam Altman de OpenAI y Elon Musk, se han declarado de acuerdo con Amodei.

 

Últimamente ha habido creciente preocupación por los riesgos potenciales de esta tecnología.

 

Un investigador de IA que dejó Anthropic esta semana declaró a la BBC:

"si no reducimos el ritmo actual de progreso, existe una alta probabilidad de que todos muramos en un futuro inmediato".

 

Jacob Coxon le dijo a Laura Kuenssberg que

las personas que trabajan en empresas de IA estaban "genuinamente asustadas... genuinamente preocupadas por el destino de la humanidad en los próximos dos años".

 

"No es ninguna exageración decir que las personas involucradas tanto en la fundación de estas empresas como en el desarrollo de la tecnología creen que existe la posibilidad de la extinción humana", dijo Coxon.

 

"Muchos de los que están inmersos en el desarrollo de la programación creen que hay una probabilidad superior al diez por ciento, o incluso mayor.

Algunos dan cifras menores, pero todos manejan diferentes porcentajes de probabilidad de que los humanos puedan morir.

Y todos tienen esto presente a diario mientras trabajan en la tecnología."

 

En su ensayo, titulado "Debemos marcar el ritmo de la frontera" y publicado el sábado, Amodei propuso un plan de tres puntos que incluye la supervisión independiente de los modelos de IA a medida que se desarrollan, una regulación a nivel sectorial y una regulación a escala mundial de la industria.

 

A medida que su propuesta se iba difundiendo, incluso sus competidores manifestaron su apoyo a la idea de contar con supervisores externos que pudieran evaluar la seguridad de los modelos durante su desarrollo.

 

"Estoy de acuerdo con Dario en que debemos marcar el ritmo de la frontera", escribió Sam Altman, CEO de OpenAI, en X.

El directivo tecnológico calificó a los evaluadores independientes como "una gran idea".

 

En una nueva entrevista con la revista Fortune, Altman expresó preocupaciones similares en materia de seguridad y afirmó que no hay estándares aún para impulsar mucho más las capacidades de la IA.

 

Añadió que

creía que una IA más allá del control humano es "absolutamente" posible.

 

Elon Musk afirmó que el jefe de Anthropic tenía "razón".

 

Estas advertencias han provocado llamamientos a la acción, pero el presidente estadounidense Donald Trump ha rechazado hasta ahora esos temores, afirmando el jueves que le preocupaba que "si no ganamos en el campo de la IA, nos encontraremos en una situación muy difícil".

 

Algunos observadores también han sugerido que la publicación de Amodei puede tener menos que ver con la seguridad que con consolidar el control sobre la tecnología de IA.

 

La preocupación por la ciberseguridad ha aumentado a medida que los nuevos modelos han demostrado capacidades de pirateo cada vez más potentes.

 

Anthropic frenó la difusión para uso público de su modelo Mythos cuando se anunció en abril que podía salir de forma independiente del entorno de pruebas, conocido como la caja de arena.

 

En el período previo al lanzamiento de su modelo más reciente, OpenAI citó preocupaciones de ciberseguridad al explicar que había suspendido ciertos aspectos del desarrollo del modelo, llamado Astra.

 

La seguridad también ha cobrado gran protagonismo en la rivalidad entre Anthropic y OpenAI.

 

Amodei, ha declarado que cofundó Anthropic en 2021 tras dejar su cargo de vicepresidente en OpenAI para poder crear modelos de IA más seguros y fiables.

 

Los máximos directivos de las compañías estadounidenses líderes en IA han pedido que se frene su desarrollo hasta que se establezcan controles.

 

En su ensayo, Amodei señaló que la IA ha avanzado "mucho más rápido", lo que ha incluido su "capacidad para construir la próxima generación de IA", y mencionó un incidente que involucró a su rival OpenAI, que reveló que agentes llevaron a cabo en julio ciberataques contra objetivos que no se les había pedido atacar.

 

Según Amodei, los agentes de OpenAI "actuaron esencialmente como un colectivo fanáticamente entregado".

 

OpenAI ha declarado que, como consecuencia, está desacelerando el entrenamiento de ciertos modelos y herramientas de IA avanzadas.

 

Amodei abogó por

"desarrollar la IA a un ritmo equilibrado que garantice su seguridad sin dejar de obtener sus beneficios".

 

Esto no significaría "detener la capacitación en modelos o el progreso técnico, sino garantizar que las empresas se tomen el tiempo suficiente para alinear y salvaguardar sus modelos, y que evaluadores externos lo confirmen".

 

Amodei dijo que Anthropic se compromete a esto "unilateralmente", y pidió a los gobiernos "que exijan a otras empresas emergentes que hagan lo mismo".

 

Amodei afirmó reconocer que la regulación podría no ser capaz de seguir el ritmo de la IA y, por lo tanto, hizo un llamamiento a las empresas de IA para que "colaboren voluntariamente para establecer estándares" en paralelo con la regulación.

 

El director ejecutivo de Anthropic procedió a abordar el impacto que una desaceleración tendría en la industria y la competencia con los principales desarrolladores a nivel mundial, en particular China.

 

"Creo que si ralentizar el proceso nos diera incluso uno o dos años adicionales antes de que los modelos alcancen niveles críticos de capacidad, y usáramos ese tiempo para avanzar en la alineación, podríamos reducir enormemente el riesgo de que algo salga muy mal", dijo Amodei.

 

Esto tendría que hacerse de forma coordinada, "sin sacrificar la ventaja comercial ni el liderazgo de Estados Unidos en inteligencia artificial".

 

Cualquier desaceleración tendría que ser limitada, afirmó, para evitar que China tomara la delantera.

 

Instó al gobierno estadounidense a que tomara medidas para que los chips de IA de las empresas estadounidenses no pudieran venderse a China, ni que la tecnología se compartiera con países autoritarios.

 

Sin embargo, su antiguo empleado, Jacob Coxon, declaró a la BBC que la iniciativa para frenar el ritmo debe ir más allá de EE.UU.

"Será necesario algún tipo de desaceleración coordinada con China si queremos evitar una carrera a escala internacional", expuso.

 

Algunos expertos han cuestionado las intenciones de Amodei y creen que sus declaraciones responden más a los intereses de su compañía que a una auténtica preocupación por el futuro de la humanidad.

 

UNA IA "MÁS TRANSPARENTE"

 

La publicación de Amodei ha generado una amplia gama de reacciones.

 

Clement Delangue, director ejecutivo de la plataforma de IA Hugging Face, anunció el lanzamiento de un nuevo proyecto llamado Open Alignment Initiative, (Iniciativa para una Alineación Abierta), dedicada a asegurar que el desarrollo de la IA se ajusta a los valores y objetivos de la humanidad, y añadió que quería formar parte de los "evaluadores integrados" que Amodei propuso como posibles soluciones.

 

El juego Hugging Face fue hackeado por agentes de OpenAI a principios de este año, lo que provocó una gran controversia sobre la seguridad de la IA.

 

Cuando pocas semanas después, Anthropic anunció que había frenado el intento de desarrollar armas biológicas con uno de sus modelos, la polémica solo se agravó.

 

"Hagamos que la IA sea más segura haciéndola más transparente", escribió Delangue en X.

 

Elon Musk también expresó su apoyo: "Dario tiene razón".

 

Musk, cuya empresa SpaceXAI creó el controvertido chatbot Grok, llegó a calificar a Anthropic de "malvada", pero parece haber cambiado de opinión desde que firmó un acuerdo de US$15.000 millones para vender capacidad informática a Anthropic en mayo.

 

Sin embargo, algunos observadores sugirieron que la publicación de Amodei tenía menos que ver con la seguridad que con consolidar el control sobre la tecnología de IA.

 

"Dario argumenta a favor de detener el código abierto y concentrar un enorme poder tecnológico y económico en Anthropic", escribió Chamath Palihapitiya, inversor y copresentador del podcast tecnológico "All-In".

 

La idea de ralentizar o incluso paralizar el desarrollo de la IA ha sido recibida con cinismo durante mucho tiempo en ciertos sectores de Silicon Valley, y los críticos acusan a los principales desarrolladores de IA de exagerar su tecnología como estrategia de marketing.

 

Según se informa, tanto Anthropic como OpenAI se están preparando para ofertas públicas iniciales para salidas a bolsa que podrían batir récords.

 

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. 

domingo, 13 de septiembre de 2026

BYUN CHUL HAN - UNA LIBERTAD QUE ESCLAVIZA. EL SUJETO DE RENDIMIENTO Y EL PASO DEL «DEBER» AL «PODER».

 


UNA LIBERTAD QUE ESCLAVIZA.

EL SUJETO DE RENDIMIENTO Y EL PASO DEL «DEBER» AL «PODER».

 

Para Byung Chul Han, la sociedad actual ya no puede comprenderse a partir del modelo de la «sociedad disciplinaria» analizado por Michel Foucault.

 

En el régimen disciplinario de Michel Foucault los recintos como las cárceles, hospitales, fábricas, cuarteles y psiquiátricos representaban espacios característicos de una sociedad fundada en la vigilancia, la prohibición y el mandato.

 

El individuo disciplinario se convertía en un «sujeto de obediencia», es decir, alguien que se encontraba sometido a una autoridad que le decía lo que debía y que no debía hacer.

 

La sociedad disciplinaria era, en este sentido, una sociedad regida por la negatividad del «no». El poder disciplinario imponía límites y prohibiciones, pero en el existía una diferencia entre aquel que mandaba y aquel que obedecía.

 

La sociedad del siglo XXI, por el contrario, se desprende de aquella negatividad disciplinaria. Ya no está constituida por cárceles y fábricas, sino por gimnasios, estéticas, y enormes centros comerciales.

Tampoco está habitada fundamentalmente por «sujetos de obediencia», sino por «sujetos de rendimiento» que

se conciben a sí mismos como sus propios proyectos, alejados de cualquier imposición externa.

Los individuos del régimen del rendimiento se convierten en «emprendedores de sí mismos».

 

Bajo esta lógica,

el «deber» disciplinario es sustituido por el «poder» neoliberal.

Al «tú debes» le sucede el seductor «tú puedes».

 

El famoso «Yes, we can» es , según Han (2012) la máxima que corresponde con esta nueva sociedad.

 

Las palabras

prohibición, obligación y obediencia

son desplazadas por palabras más amables como motivación, iniciativa y superación.

 

Sin embargo, esta transición del «deber» hacia el «poder» no debe interpretarse como el paso de la opresión a la libertad. .

 

La sociedad de rendimiento no elimina la explotación únicamente la vuelve menos visible. El antiguo amo no desaparece por completo, sino que se encarna dentro del propio sujeto. Así entonces, el trabajador ya no necesita obedecer la voz de otro que le mande «debes trabajar más».

 

El sujeto del rendimiento interioriza el imperativo de producir cada vez más.

 

De este modo, el «poder-hacer» resulta más eficiente que el «deber» pues,

mientras la prohibición del «deber» establece un límite, el «poder hacer» no topa con ninguna restricción.

 

Esta ausencia de límites incrementa enorme te el nivel de productividad personal.

 

Desde esta perspectiva,

cuanto más libre se sabe el hombre contemporáneo, más dispuesto se encuentra a explotarse a sí mismo.

 

La explotación tradicional presupone dos figuras distintas:

el explotador y el explotado. Uno manda y el otro obedece.

 

En la «auto-explotación», en cambio,

ambas figuras coexisten dentro de una misma persona.

El sujeto se exige y se obliga a continuar. Es amo y esclavo de sí mismo.

 

En palabras de Han:

“El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse.” (Han, 2017 p. 18)

 

En este sentido, la eficacia de la sociedad de rendimiento se sostiene en que el sujeto no interpreta aquello que hace como una imposición externa, sino como una realización de su propia voluntad.

 

Trabaja hasta el agotamiento convencido de que se está «realizando».

La explotación se disfraza de libertad y se vuelve mucho más difícil de reconocer.

 

La actual cultura de la «superación personal» puede leerse perfectamente desde la lógica del rendimiento neoliberal.

 

El individuo tiene que perfeccionar su cuerpo, su apariencia, sus conocimientos, sus ingresos, su productividad e incluso su personalidad.

Tiene que aprender otro idioma, hacer ejercicio, emprender, viajar, ahorrar.

 

Bajo esta lógica, el hombre actual tiene

que demostrar continuamente que puede llegar a «ser más» , y de que siempre es posible incrementar el nivel de rendimiento personal.

 

En este sentido, las redes sociales pueden funcionar como un escaparate privilegiado del «sujeto de rendimiento».

Ahí, la vida adquiere

la forma de un proyecto que debe ser expuesto y continuamente mejorado, uno ya no compite solamente con el compañero de trabajo o con el vecino, sino potencialmente con todos.

 

De esta manera, el régimen del rendimiento neoliberal crea una violencia silenciosa pues,

si el sujeto cree que todo depende de sí mismo, interpreta el fracaso como una culpa meramente personal.

 

Pues en el régimen del «todo es posible», aquel que no consigue aquello que desea, no encuentra ninguna instancia exterior a la cual responsabilizar, la violencia es culparse a sí mismo por un bajo déficit de rendimiento persona.

 

El «no puedo» es una expresión de negatividad que debe eliminarse a favor de la positividad del «todo es posible»

 

Según Byung Chul Han, el régimen de rendimiento está definido por el surgimiento de enfermedades de orden neuronal, así es como aparece la depresión como una de las patologías características de la sociedad de rendimiento.

 

Estas enfermedades neuronales son un signo visible producido por el agotamiento de tener que poder-rendir permanentemente

 

El sujeto de rendimiento soporta durante un tiempo el imperativo del *puedo* “Sin embargo, inevitablemente llega un momento en el que el «puedo» encuentra un límite neuronal. La mente se agota de la compulsión por rendir.

Así es como aparece el terrible «no puedo más» como una negatividad humana a la positividad neoliberal.

 

Empero, los sujetos del rendimiento neoliberal huyen constantemente a esta expresión, pues viven obcecados en la positividad del todo es posible.

 

En la pluma de Han:

“El lamento del individuo depresivo, «Nada es posible»,

solamente puede manifestarse dentro de una

sociedad que cree que «Nada es imposible».” (Han, 2017 p. 17)

 

Esta oración expresa la contradicción fundamental de la sociedad de rendimiento.

El «Nada es imposible», aparentemente optimista, contiene escondida una enorme violencia.

Si nada es imposible, cualquier imposibilidad termina convirtiéndose en una responsabilidad personal puesto que, si puedes lograrlo y no lo logras, aparentemente el culpable eres tú.

 

De este modo, la positividad del «puedes hacerlo» se transforma en un mandato mucho más severo y eficiente que el otrora «debes hacerlo».

 

El sujeto del rendimiento se recrimina continuamente por aquello que todavía no ha conseguido.

La comparación permanente entre aquello que «es» y aquello que «podría ser» es una laceración personal inhumana , en ella , el hombre se hace enemigo de sí mismo.

 

En este sentido, la expresión «no poder más» resulta particularmente significativa. No significa solamente estar cansado, sino fracasar ante la obligación de poder.

 

En la sociedad disciplinaria, el límite procedía de afuera. En la sociedad de rendimiento, el sujeto tiene que imponerse sus propios límites, pero justamente ha sido educado para eliminarlos.

«Supera tus límites»,

«sal de tu zona de confort»,

«nunca te rindas»,

«sé tu mejor versión»

son expresiones que confirman el dominio de la positividad neoliberal en los modos de vida.

 

Desde esta perspectiva, detrás de ellas aparece una sospecha:

nunca eres suficientemente bueno porque siempre puedes ser mejor.

La sociedad de rendimiento se alimenta justamente de esta insatisfacción.

 

Un sujeto completamente satisfecho consigo mismo tendría pocas razones para someterse a un proceso infinito de optimización. Por el contrario, el sujeto que considera que siempre le falta algo puede continuar trabajando indefinidamente sobre sí mismo.

El régimen del rendimiento se basa en una permanente insatisfacción personal

 

Bajo esta lógica, uno hace voluntariamente aquello que lo destruye. Precisamente por eso la auto-explotación resulta más eficiente que la explotación ejercida por otro.

 

Cuando existe un amo, todavía es posible identificar al responsable del sometimiento. Cuando uno mismo ocupa el lugar del amo, cualquier rebelión tendría que dirigirse contra uno mismo.

 

Así entonces, la libertad se vuelve paradójica.

La libertad neoliberal no desata las cadenas, hace que el sujeto las sostenga sin estar esposado.

La violencia deja de presentarse bajo la forma visible de la prohibición y adopta el rostro amable de la posibilidad.

 

El resultado final no es necesariamente una sociedad de hombres libres, sino una sociedad de sujetos cansados que, mientras se agotan y violentan a sí mismos, continúan creyendo que realizan libremente aquello que desean

 

¿Somos realmente más libres cuando nadie nos obliga exteriormente a producir?

¿En qué momento el deseo de «superarse» deja de ser una decisión personal y se transforma en una obligación?

¿Puede uno descansar sin sentir que está perdiendo el tiempo?

 

Bibliografía.

Han, Byung Chul (2017). La sociedad del cansancio (2.ª ed. Ampliada; A. Saratxaga Arregi & A. Ciria, Trads.). Herder Editorial.