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viernes, 19 de junio de 2026

COLONIALISMO DIGITAL: EL LADO OSCURO DE LA GLOBALIZACIÓN TECNOLÓGICA - Por. JORGE BRAVO

 


COLONIALISMO DIGITAL: EL LADO OSCURO DE LA GLOBALIZACIÓN TECNOLÓGICA

 

Bajo la superficie atractiva de esta revolución tecnológica se oculta un lado oscuro que a menudo pasa desapercibido: la colonización digital, una consecuencia de la globalización tecnológica.

Por: JORGE BRAVO - Nov 20, 2023

 

En la era de la información y la tecnología, vivimos en un mundo cada vez más conectado, donde la digitalización ha transformado –como se repite a menudo– la forma como vivimos, trabajamos y nos relacionamos con el mundo.

 

Es indudable que la tecnología tiene beneficios y es una herramienta poderosa que puede mejorar la vida de las personas.

La globalización de las comunicaciones y de la información ha hecho posible que personas de todo el orbe se conecten y compartan ideas, conocimientos y experiencias.

 

Sin embargo, bajo la superficie atractiva de esta revolución tecnológica se oculta un lado oscuro que a menudo pasa desapercibido: la colonización digital, una consecuencia de la globalización tecnológica.

 

¿QUÉ ES EL COLONIALISMO DIGITAL?

 

Este fenómeno se refiere al poder y la influencia desproporcionada de las grandes empresas tecnológicas, de Internet y digitales en la cultura, la economía y la política de los países, generando dependencia y desequilibrios.

 

El término “colonialismo digital” describe cómo las grandes compañías y plataformas tecnológicas de países desarrollados como Estados Unidos y China, pero no exclusivamente, ejercen un control sobre la infraestructura, la economía y la cultura digital de países menos desarrollados, de manera análoga a cómo las potencias coloniales históricas controlaron territorios y recursos en el pasado.

 

Desde luego, el colonialismo digital es un concepto controvertido porque apela a un antecedente histórico de dominación de un país imperial sobre otro colonizado.

 

En la era digital se traduce a las preocupaciones sobre el poder y la influencia de las grandes empresas tecnológicas y digitales globales y sus implicaciones en el resto de los países del mundo.

 

Quizá la diferencia más palpable con el colonialismo de los siglos precedentes es que el colonialismo digital no sólo crea desequilibrios en las naciones menos desarrolladas, sino que también ejerce su influencia sobre países avanzados y con un desarrollo tecnológico considerable, pero que no tienen dentro de su economía y modo de desarrollo grandes corporaciones digitales que sean un contrapeso a las de Estados Unidos o China.

 

El colonialismo digital implica una dependencia significativa de las tecnologías, plataformas y servicios ofrecidos por estas corporaciones tecnológicas extranjeras y sus respectivos países, lo cual lleva a múltiples desequilibrios y desafíos en diversas áreas.

 

Las grandes plataformas tecnológicas como Google, Amazon, Facebook (Meta) y Apple (las llamadas GAFA), pero no exclusivamente, han acumulado un inmenso poder económico y político en los últimos años, y son ampliamente aceptadas por la sociedad y los usuarios, lo cual no ocurría tan de buena gana con el colonialismo tradicional.

 

Su capacidad para desarrollar tecnología, fabricar equipos, recopilar datos, crear algoritmos sofisticados y ofrecer servicios digitales a gran escala les ha permitido influir en la vida cotidiana de miles de millones de personas en todo el mundo que utilizan sus productos, gadgets, redes sociales y servicios.

 

La colonización digital se manifiesta de varias formas, como

--- la imposición de estándares, normas y valores culturales ajenos a las comunidades locales;

--- la extracción y el uso de datos personales y colectivos sin el consentimiento o el beneficio para los usuarios;

--- la creación de dependencia tecnológica y económica de los países periféricos hacia los países centrales;

--- y la interferencia en los procesos democráticos y las decisiones políticas.

 

Es evidente que este poder tecnológico no está distribuido de manera equitativa y suele concentrarse en manos de unas pocas corporaciones con sede en unos pocos países desarrollados.

 

CARACTERÍSTICAS DEL COLONIALISMO DIGITAL

 

Pero ¿cuáles serían algunos rasgos distintivos del colonialismo digital?

 

La primera característica es que las grandes plataformas tecnológicas de países desarrollados dominan los servicios en línea, las redes sociales, el almacenamiento de datos y otros aspectos esenciales de la vida digital de las personas en los países en desarrollo.

 

Segundo, dichas naciones poco desarrolladas y sus ciudadanos pueden volverse dependientes de estas empresas para acceder a tecnologías y servicios esenciales, desde sistemas operativos y software hasta redes sociales y almacenamiento en la Nube.

 

Esto puede limitar su capacidad para desarrollar y controlar su propia infraestructura tecnológica, en algo

que se ha denominado “soberanía digital”.

 

El tercer aspecto a considerar es que las grandes empresas tecnológicas tienden a acumular enormes cantidades de datos de usuarios de todo el mundo.

Este control de datos y metadatos puede tener implicaciones significativas en la privacidad y la seguridad de la información personal.

 

Además de que les permite a las plataformas no sólo mejorar la calidad de sus servicios, también pueden diseñar nuevos modelos de negocio a partir de los datos conductuales de los usuarios, a veces sin su consentimiento.

 

Un cuarto elemento es que la colonización digital puede afectar la cultura local y promover la homogeneización, ya que las plataformas globales a menudo promueven contenidos y valores occidentales –o incluso asiáticos– en detrimento de las culturas nacionales.

 

Amén de ello, las empresas tecnológicas extranjeras a menudo pueden eludir regulaciones locales y pagar impuestos mínimos, lo cual afecta negativamente la economía local y debilita la competencia con las empresas del territorio nacional.

 

Finalmente, el poder económico y la influencia política de las grandes empresas tecnológicas de Internet pueden ejercer una presión significativa sobre los gobiernos de los países, lo cual puede llevar a concesiones, políticas públicas y regulaciones que benefician a estas empresas en lugar de proteger el interés público.

 

CASOS DE COLONIALISMO DIGITAL

 

Algunos ejemplos de colonialismo digital son la difusión de plataformas digitales como Meta, Google, Amazon o Netflix, que dominan el mercado global y ofrecen servicios y contenidos adaptados a sus intereses comerciales y culturales.

 

También la recolección masiva de datos por parte de estas empresas de Internet, que los utilizan para generar perfiles de los usuarios, personalizar la publicidad, influir en el comportamiento, ofrecerlos a terceros o cooperar con gobiernos autoritarios.

 

Uno de los aspectos más evidentes del colonialismo digital es la dependencia de los países en desarrollo de las infraestructuras, los dispositivos, los programas cibernéticos, las soluciones y los servicios tecnológicos provistos por las empresas tecnológicas, que por falta de condiciones estructurales carecen de un desarrollo óptimo de la ciencia y la tecnología, y ven limitada su capacidad de innovación.

 

INFLUENCIA CULTURAL

 

Por lo tanto, la colonización digital tiene un impacto evidente en la cultura de las regiones menos desarrolladas del mundo.

 

Es indudable que las plataformas y los servicios de las grandes empresas de Internet están moldeando las formas de comunicación, entretenimiento y consumo de información de las sociedades.

 

Un ejemplo incontrovertible es la influencia de las redes sociales en la cultura de los jóvenes de América Latina y el resto del mundo.

 

Estas plataformas están impulsando la difusión de tendencias y valores culturales occidentales o asiáticos, lo cual desplaza las culturas locales.

 

Tampoco debemos radicalizar este punto: las propias plataformas de redes sociales como YouTube, Netflix, Spotify o TikTok han permitido la difusión de contenidos, valores y expresiones culturales que de otra manera no hubiera sucedido, gracias a la difusión que permiten tecnologías como los smartphones.

 

No obstante, las plataformas y servicios ofrecidos por las grandes empresas tecnológicas a menudo promueven una cultura global homogénea en detrimento de las expresiones locales, como es el caso de series y películas originales de Netflix, las cuales se producen bajo una lógica de consumo audiovisual global.

 

La predominancia de las redes sociales y el contenido generado por usuarios influencers, por mencionar otro caso, puede llevar a la pérdida de identidad cultural, la imitación y la promoción de valores en todo el mundo.

 

Además, estas plataformas tienen el poder de censurar, moderar o limitar la visibilidad de contenidos que no se ajusten a sus estándares, políticas de moderación o de la comunidad, lo cual afecta la libertad de expresión y la diversidad cultural.

 

IMPACTO ECONÓMICO

 

En el ámbito económico, el colonialismo digital puede tener efectos adversos en las economías locales.

 

Las grandes empresas tecnológicas suelen eludir impuestos y regulaciones locales, lo que socava la capacidad de los gobiernos para recaudar ingresos y regular sus propios mercados.

 

Además, al controlar las plataformas y los servicios digitales que utilizan millones de personas, estas empresas pueden dictar las reglas del juego económico y favorecer a las empresas globales en detrimento de las pymes o startups locales.

 

Esto puede llevar a la concentración del poder económico digital en manos de unas pocas corporaciones extranjeras y debilitar la capacidad de las compañías locales para competir.

 

EFECTOS POLÍTICOS

 

La colonización digital también tiene un impacto en la política de los países.

 

Las herramientas digitales se expandieron por todos los aspectos existenciales y crearon una cotidianeidad reticular a través de la cual la comunicación fluye de forma instantánea e ininterrumpida.

 

Los líderes políticos y sus actos de comunicación hacia los gobernados también se ven presionados por la inmediatez de las redes sociales, a veces abrumados por una sobreinformación saturada de reacciones y toxicidad, a la cual los dirigentes políticos también contribuyen.

 

Las grandes empresas tecnológicas pueden influir en la opinión pública y la toma de decisiones políticas a través de la configuración de algoritmos y la difusión de desinformación, como ocurrió con la influencia de las redes sociales en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 y el triunfo del ahora expresidente Donald Trump. Facebook, Twitter y YouTube fueron utilizadas para difundir noticias falsas y propaganda, lo cual tuvo un impacto significativo en el resultado de las elecciones.

 

Además, su poder económico les permite ejercer presión política sobre los gobiernos, las instituciones y los reguladores para obtener concesiones y ventajas regulatorias o legislativas.

 

Esto puede llevar a un desequilibrio en el sistema político y socavar la democracia al permitir que el poder corporativo digital gobierne sobre el interés público.

 

¿CÓMO ENFRENTAR EL COLONIALISMO DIGITAL?

 

El colonialismo digital genera dependencia de las grandes empresas digitales que controlan aspectos clave de la vida moderna conectada, desde la comunicación hasta el acceso a la información y los servicios digitales esenciales.

 

Esta dependencia puede ser peligrosa, ya que estas plataformas tienen la capacidad de tomar decisiones unilaterales que afectan a millones de personas sin rendir cuentas a la sociedad en general.

 

Además, la concentración de riqueza, de poder y de influencia en manos de unas pocas corporaciones globales contribuye a la desigualdad económica y social en el mundo.

 

El colonialismo digital es un aspecto complejo que plantea serios desafíos porque la globalización es un fenómeno irreversible.

 

Si bien la tecnología es una fuerza poderosa para el progreso y la innovación, es esencial reconocer y abordar el lado oscuro de la digitalización.

 

Lo anterior implica la necesidad de comprender cómo funciona la tecnología y usarla para promover la diversidad cultural, el derecho a la información, la libertad de expresión y la defensa de la innovación y el emprendedurismo locales.

 

Sólo a través de un enfoque equitativo y colaborativo podemos mitigar los efectos neocoloniales de la globalización tecnológica y digital y asegurar que la tecnología beneficie a todos, en lugar de concentrar el poder en manos de unos pocos.

 

LA TECNOLOGÍA DEBE SERVIR PARA ENTENDERNOS DESDE NUESTRA DIVERSIDAD Y NO PARA HOMOGENEIZAR

 

Para abordar estos desafíos, es importante que los gobiernos, las organizaciones internacionales y la sociedad civil trabajen en la promoción de regulaciones con conocimiento de causa de la naturaleza de la tecnología y con un enfoque de derechos humanos, con el objetivo de garantizar un acceso equitativo y una distribución justa de los beneficios de la era digital.

 

La colonización digital es un problema que pone en riesgo la diversidad cultural, la privacidad, la democracia y el desarrollo sostenible.

 

¿ES POSIBLE CONTRARRESTAR EL COLONIALISMO DIGITAL?

 

Es complejo porque vivimos en un mundo global e hiperconectado. Los países en desarrollo deben invertir en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la educación, para reducir su dependencia de las tecnologías extranjeras.

 

También se puede fomentar el desarrollo y el uso de tecnologías libres, abiertas y descentralizadas, que respeten los derechos humanos.

 

Es posible regular con conocimiento el poder de las grandes empresas tecnológicas, para evitar que abusen de su posición dominante.

 

Asimismo, se debe alfabetizar a la población sobre los riesgos del colonialismo digital y las oportunidades de la tecnología, así como sobre sus derechos y responsabilidades como ciudadanos digitales, para que las personas puedan tomar decisiones informadas sobre el uso de las tecnologías digitales.

 

Finalmente, es urgente apoyar la creación y la difusión de contenidos digitales en los idiomas locales, que reflejen la diversidad cultural y lingüística del mundo.

 

jueves, 18 de junio de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL - LIMITACIONES DE LA EVIDENCIA EN MATERIA POLÍTICA - IMPACTO - RIESGO - OPORTUNIDAD

 


Guido Imbens, premio Nobel de Economía en 2021 por sus contribuciones metodológicas al análisis causal, es una de las figuras más influyentes de la economía empírica contemporánea.

Profesor en Stanford y referente en econometría aplicada, ha contribuido decisivamente a transformar la forma en que economistas y responsables públicos evalúan políticas públicas y extraen inferencias causales a partir de datos observacionales.

Aprovechando que pasa unos días en Valencia para ser jurado de los Premios Jaume I de economía, hablamos sobre el legado de la revolución empírica en economía, las limitaciones de la evidencia en política, el impacto de la inteligencia artificial en la investigación, la educación y el mercado laboral y sobre los riesgos y oportunidades que afrontan las universidades en Europa y Estados Unidos.



P.: En este hotel hay 25 premios Nobel, además de usted y ya es el segundo año que viene. Más allá de tener un coeficiente intelectual muy alto, ¿hay algún rasgo que tengan en común los ganadores del Nobel?

 

Creo que la mayoría son personas enormemente curiosas. Les interesa constantemente lo que ocurre en la ciencia y en el mundo, no solo en su campo específico. En general, son personas muy interesantes y divertidas con las que conversar.

 

P. - ¿Y cómo llegó usted a la economía?

 

--- Fue más accidental de lo que la gente imagina. En realidad, me interesaban mucho las matemáticas, pero mi hermano ya estaba estudiando matemáticas y yo quería hacer algo distinto. Mi profesor de Economía en el instituto me dio un libro de Jan Tinbergen y me dijo: «Deberías echarle un vistazo a la econometría. Tiene mucha matemática, pero también aplicaciones prácticas y relevancia social. Creo que te gustará».

Leí el libro. No entendí todo ni me impresionó especialmente. Pero en Holanda tienes que elegir tu carrera pronto, todavía en el instituto. Así que solicité plaza en Econometría, me admitieron y nunca volví a mirar atrás.

 

P.- Usted ha sido una de las personas más influentes en lo que se ha venido a llamar la revolución empírica en economía.

 

--- Cuando me metí en política, mi partido era un gran defensor de las políticas basadas en evidencias. Pero mi experiencia fue bastante distinta. En el Parlamento el peso de las evidencias palidecía frente los argumentos identitarios o partidistas. La evidencia se usaba como herramienta para justificar posiciones políticas decididas de antemano.

 

P.- ¿Cree que la agenda de la evidencia ha tenido éxito? ¿O quizá los economistas deberíamos haber dedicado más atención a la economía política y a factores conductuales que limitan la adopción de la evidencia?

 

--- Sin duda hay elementos de economía política muy importantes. Pero también creo que, gracias a todo el trabajo realizado en economía durante las últimas décadas, la evidencia empírica ha penetrado más en los debates de política pública.

Por supuesto, los políticos siempre seleccionan la evidencia que favorece sus posiciones y la enfatizan más de la cuenta. Eso seguirá ocurriendo. Ahora bien, algunos resultados sí han tenido impacto.

En economía del desarrollo, por ejemplo, la evidencia experimental ha influido claramente en las políticas. Tal vez el efecto no haya sido tan grande como muchos esperábamos, pero sí ha existido. No hemos transformado la política de la manera que algunos soñaban, pero creo que estamos mejor que si todo ese trabajo no se hubiera hecho.

 

«Hay muchas predicciones muy contundentes sobre el futuro de la IA, pero la realidad es que nadie lo sabe realmente»

 

P.- Pasemos al mundo de la inteligencia artificial. ¿Conoce el proyecto Automating Policy Evaluation del Social Catalyst Lab de Zúrich, dirigido por David Yanagizawa-Drott? 

Básicamente han hecho una plataforma con IA generativa que automatiza todo el proceso de producción de investigación científica en economía (incluyendo la exploración de experimentos naturales en bases de datos públicas). 

 

--- Lo conozco, pero no lo he estudiado en detalle. Lo que sí es evidente es que la IA va a cambiar muchas cosas. En Stanford, en pleno Silicon Valley, es el tema de conversación permanente.

Los estudiantes de doctorado no saben qué habilidades seguirán siendo valiosas dentro de unos años. Hay muchas predicciones muy contundentes sobre el futuro de la IA, pero la realidad es que nadie lo sabe realmente. Es probable que tenga efectos muy importantes sobre el mercado laboral y la economía; lo difícil es anticipar exactamente cuáles.

Lo que sí hemos visto recientemente es que la IA se ha vuelto extraordinariamente buena programando. Hace apenas un año parecía evidente que aprender a programar era una de las habilidades más valiosas que podía adquirir un estudiante. Mis propios hijos están en la universidad y durante mucho tiempo dimos por hecho que estudiar informática era una apuesta segura.

De repente, eso ha cambiado. Las habilidades básicas de programación han perdido parte de su valor porque cualquiera puede programar con ayuda de la IA.

Y, sin embargo, nadie hablaba de esto hace unos años. Geoffrey Hinton advertía hace años de que la IA sustituiría a los radiólogos. Ocho años después, los radiólogos están mejor pagados que nunca y hay más demanda de ellos que antes. Eso demuestra lo difícil resulta predecir el impacto de la IA, incluso en profesiones muy concretas.

 

P.- Una manera de ver esto es que estas herramientas permiten a cualquiera llegar al 90% del camino en muchas tareas, pero que el último 10% va a seguir dependiendo de tener juicio experto. Es un argumento parecido al que plantea David Autor. ¿Lo ve así?

 

--- En algunos ámbitos sí. La evidencia en centros de atención telefónica, consultoría y otros entornos empresariales muestra que la IA puede aumentar mucho la productividad, sobre todo entre quienes parten de niveles de experiencia más bajos.

Las personas que están empezando pueden volverse mucho más productivas. Al mismo tiempo, la IA parece especialmente útil en tareas relativamente estructuradas. Cuando las tareas son muy poco definidas, muy inusuales o se salen de lo habitual, su utilidad disminuye.

Hace unas semanas organizamos en Stanford una conferencia sobre matemáticas e inteligencia artificial.

Uno de los participantes fue Terence Tao, probablemente el matemático más destacado del mundo. Explicó cómo usa la IA en su investigación y cómo le resulta enormemente útil. No porque resuelva los problemas por él, sino porque conoce muchísimo más que cualquier ser humano. Le sugería teoremas y resultados que él no conocía, no porque fueran inaccesibles, sino porque nadie puede retener una cantidad así de conocimiento en la cabeza.

 

P.- La IA es extraordinaria identificando conexiones entre ideas. Lo interesante es que todavía no sabemos si esto elevará el nivel general de todos o si, por el contrario, aumentará la desigualdad al hacer mucho más productivas a personas como Tao. Aún no tenemos conclusiones generales.

 

En parte el efecto dependerá del grupo de tareas que formen cada empleo. Por ejemplo, un abogado automatiza buena parte de la búsqueda de información, resumen de jurisprudencia. Pero un buen abogado seguirá teniendo que convencer a un jurado, persuadir a un cliente o liderar un equipo. Esas son habilidades genuinamente humanas.

Es un excelente ejemplo. Pero muchos trabajos iniciales en los despachos –buscar jurisprudencia, revisar documentos, analizar precedentes– sí podrían desaparecer. Y eso plantea un problema importante. Si desaparecen esos trabajos de entrada, ¿cómo formaremos a los futuros abogados?

Veo preocupaciones similares en la universidad. Algunos colegas dicen que ya no necesitan asistentes de investigación o estudiantes predoctorales porque la IA hace gran parte del trabajo. Pero si dejamos de contratar y formar a esas personas, ¿de dónde saldrán los futuros profesores? Es una preocupación muy seria.

 

«Me cuesta imaginar avances revolucionarios en ciencias sociales [por la IA] comparables a los que veremos en biomedicina»

 

P.- ¿Cree que gracias a la IA veremos una aceleración masiva del descubrimiento científico?

 

Creo que sí, al menos en determinadas áreas. Ya lo hemos visto con AlphaFold y el plegamiento de proteínas.

Muchos procesos de descubrimiento científico consisten en explorar espacios enormes de posibilidades de forma estructurada, y ahí la IA puede ser extraordinariamente poderosa.

Algo parecido ocurrió en el ajedrez: no se trata solo de fuerza bruta, sino de recorrer de manera inteligente un número inmenso de opciones.

 

En las ciencias sociales es distinto. Aquí formular la pregunta correcta suele ser más importante que responder una pregunta ya establecida. No veo tan claramente cómo la IA va a resolver problemas como la inflación. Puede ayudarnos a procesar grandes cantidades de datos y detectar tendencias con más rapidez, pero a menudo el verdadero cuello de botella es otro.

Disponemos de enormes cantidades de datos privados que no pueden utilizarse por restricciones legales e institucionales. Si pudiéramos acceder a ellos, comprenderíamos mucho mejor la economía.

Por eso me cuesta imaginar avances revolucionarios en ciencias sociales comparables a los que veremos en biomedicina.

En medicina sí espero grandes progresos: tendremos enormes conjuntos de compuestos químicos y enfermedades, y una capacidad creciente para identificar combinaciones eficaces entre ambos. Ahí veremos avances muy importantes.

Hace poco envié un artículo académico a revisión y antes de enviarlo le pedí una revisión a una herramienta de IA. Me contestaron con exactamente los mismos puntos que la IA me había sugerido.

 

P.- ¿Cómo cree que la IA afectará al proceso de revisión científica? Empieza a parecer un circuito algo extraño.

 

Es una cuestión fascinante. Por un lado, estas herramientas mejoran mucho los artículos. Fui editor durante seis años de una de las principales revistas académicas, Econometrica, y veía constantemente manuscritos mal escritos, con notaciones inconsistentes, errores tipográficos o símbolos utilizados de forma confusa.

Herramientas como Refine ayudan muchísimo a corregir esos problemas antes de la publicación. Pero existe un riesgo. Si la IA hace a los investigadores mucho más productivos y pasamos de escribir dos artículos al año a escribir diez, el sistema académico no tiene capacidad para absorber semejante volumen.

La revisión por pares es, en gran medida, un proceso voluntario. No disponemos de recursos para evaluar una explosión masiva del número de artículos.

Tendremos que repensar el sistema. Probablemente los revisores científicos dedicarán menos tiempo a comprobar detalles técnicos y más tiempo a ejercer juicio científico: determinar si una idea es importante, interesante o relevante. Las tareas mecánicas podrán delegarse en la IA.

 

«[En el ámbito científico], las tareas mecánicas podrán delegarse en la IA»

 

P.- Yo trabajo haciendo experimentos aleatorizados (RCTs). Dígame que eso estará más protegido frente a la automatización.

 

--- Estoy de acuerdo. La idea de los «cuellos de botella» es muy importante.

La IA hará muchísimo más fáciles algunas tareas: programar, analizar información o redactar. Pero no hará necesariamente más fácil recopilar nuevos datos. Y aquello que siga siendo escaso será precisamente lo que adquiera más valor.

Por eso, quienes trabajan produciendo datos originales o generando nueva evidencia empírica probablemente conservarán una ventaja importante.

 

P.- ¿Ha cambiado radicalmente su forma de enseñar? ¿Cómo está reaccionando Stanford?

 

Todavía estamos intentando entender qué hacer. El gran desafío es que aprender requiere esfuerzo cognitivo intenso.

Antes era relativamente sencillo obligar a los estudiantes a pensar. Les dabas un problema difícil y tenían que resolverlo por sí mismos. Recuerdo un estudiante que me escribió un correo a las tres de la mañana diciendo que uno de mis ejercicios no tenía solución. Tres horas después me envió otro mensaje: «Ignore el correo anterior. Ya encontré la solución».

Ese estudiante pasó horas golpeándose contra el problema hasta resolverlo. Estoy seguro de que nunca olvidó aquella experiencia.

Ahora es diferente. Les das un problema y tienen al lado una máquina que les susurra constantemente: «Yo sé la respuesta. Te la puedo dar ahora mismo».

El reto consiste en encontrar mecanismos que sigan incentivando el esfuerzo intelectual.

Creo que tendremos que movernos hacia formas de enseñanza mucho más basadas en la discusión, donde los estudiantes tengan que explicar y defender lo que han aprendido.

Si tienen que discutirlo públicamente en clase, resulta más difícil fingir que han hecho el trabajo. Las pequeñas clases tipo liberal arts podrían adaptarse mejor a este nuevo entorno que las clases masivas que tenemos ahora.

Confiar en códigos de honor ya no funciona. Hay un uso generalizado de estas herramientas y no parece razonable pedir a los estudiantes que resistan una tentación que está literalmente sentada a su lado ofreciéndoles la respuesta.

 

«Tendremos que movernos hacia formas de enseñanza basadas en la discusión»

 

P.- Con todas las tensiones actuales entre el Gobierno estadounidense y las universidades de élite, ¿cree que Europa tiene una oportunidad para atraer talento?

 

Creo que el equilibrio está empezando a cambiar. Cada vez más personas consideran seriamente la posibilidad de desarrollar su carrera en Europa. Los estudiantes de doctorado ya no están tan convencidos de que Estados Unidos sea automáticamente la mejor opción. Muchos jóvenes investigadores están examinando oportunidades europeas con mucha más atención. Y creo que esta tendencia continuará mientras se mantengan las políticas actuales.

Pero incluso más allá de eso, pienso que Estados Unidos se ha causado un daño considerable a sí mismo. La historia demuestra que las políticas públicas pueden afectar profundamente a los sistemas universitarios. Basta mirar Alemania en los años treinta. Las universidades alemanas eran extraordinarias en los años veinte. Las decisiones políticas posteriores alteraron ese ecosistema de forma permanente. Eso debería servirnos de advertencia.


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Entrevista publicada por "ethic" junio 2026 
Articulista "TONI ROLDAN"


 

miércoles, 17 de junio de 2026

COLONIALISMO DIGITAL: EL NUEVO IMPERIO DE LOS DATOS Y LA PRIVACIDAD - CRISTIAN LABARCA [11-02-2025]

 




COLONIALISMO DIGITAL: EL NUEVO IMPERIO DE LOS DATOS Y LA PRIVACIDAD

CRISTIAN LABARCA [11-02-2025]

 

Vivimos en una era donde el poder

ya no se mide solo en territorios o recursos naturales, sino en datos y tecnología.

 

El colonialismo digital es el nuevo rostro de esta dominación:

grandes corporaciones tecnológicas

imponen sus reglas,

recopilan información personal a gran escala y

crean dependencias tecnológicas en países con menos infraestructura digital.

 

Este fenómeno no solo perpetúa desigualdades, sino que

también pone en riesgo la soberanía tecnológica y

la privacidad de millones de personas en el mundo.

 

EL CASO WORLDCOIN: CUANDO EL IRIS SE CONVIRTIÓ EN MONEDA DE CAMBIO

 

Uno de los casos más recientes y controvertidos de colonialismo digital es Worldcoin, una iniciativa fundada por Sam Altman (CEO de OpenAI).

 

La premisa es simple, pero alarmante: 

escanear el iris de las personas a cambio de criptomonedas,

con la promesa de crear una identidad digital única y universal.

 

En teoría, la idea suena innovadora, pero en la práctica ha despertado preocupaciones en múltiples frentes.

En Chile, por ejemplo, Worldcoin desplegó una campaña agresiva en 2021,

ofreciendo dinero a cambio de datos biométricos.

Se estima que más de 200,000 personas, muchas en situaciones económicas precarias,

entregaron su información sin comprender completamente los términos y riesgos.

 

Un informe de la ONG Amaranta reveló que hubo casos de menores de edad que participaron, y que muchas mujeres en vulnerabilidad accedieron al escaneo sin tener claro el uso que se daría a sus datos.

 

En España, la Agencia de Protección de Datos ordenó detener inmediatamente el escaneo de iris, argumentando

que la práctica viola la legislación de privacidad y consentimiento informado.

 

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y EL COLONIALISMO DIGITAL

 

Si Worldcoin representa el colonialismo digital a través de la extracción de datos biométricos, la inteligencia artificial (IA) es la herramienta que expande este fenómeno de forma más sutil pero igualmente preocupante.

 

1. LOS DATOS Y EL SESGO ALGORÍTMICO: ¿QUIÉN CONTROLA LA IA?

 

La IA aprende de los datos con los que es entrenada,

y estos datos provienen en su mayoría de países desarrollados,

lo que introduce un sesgo cultural, social y económico en sus respuestas y decisiones.

 

Por ejemplo, modelos de IA como GPT-4 o Gemini han sido entrenados principalmente con contenido en inglés y con datos provenientes de Occidente, lo que significa que:

    • Las respuestas tienden a reflejar una visión anglosajona del mundo.
    • Se minimizan o malinterpretan fenómenos culturales de regiones menos representadas en los datos de entrenamiento.
    • Los modelos pueden reforzar estereotipos sobre ciertas etnias, géneros y regiones.

 

2. DEPENDENCIA TECNOLÓGICA: IA COMO MONOPOLIO DE LAS GRANDES CORPORACIONES

 

El desarrollo de IA está en manos de unas pocas empresas (OpenAI, Google DeepMind, Microsoft, Meta), que tienen la infraestructura, los datos y la capacidad computacional para entrenar modelos avanzados.

 

Esto genera una dependencia global hacia estas compañías, ya que:

    • Países sin capacidad para desarrollar IA propia deben pagar por su uso, lo que consolida la dominación económica de estas empresas.
    •  
    • La mayoría de los modelos avanzados no son de código abierto, lo que significa que los países sin acceso a estos sistemas no pueden modificarlos ni adaptarlos a sus necesidades.
    •  
    • Se impone un modelo cultural y lingüístico sesgado, dejando de lado lenguas y dialectos con menos presencia en la red.

 

Un caso concreto es el acceso limitado de países en desarrollo a modelos avanzados de IA como GPT-4 Turbo o Gemini Ultra, que requieren suscripciones pagadas y pueden no estar optimizados para entender los contextos específicos de estos países.

 

3. EXPLOTACIÓN DE MANO DE OBRA PARA LA IA

 

El desarrollo de inteligencia artificial no ocurre en el vacío. Para entrenar modelos, se necesita una gran cantidad de datos etiquetados y moderados manualmente, lo que ha llevado a la explotación de trabajadores en países del Sur Global.

 

Un ejemplo es el caso de Kenya, donde empresas subcontratadas por OpenAI pagaban a trabajadores menos de $2 por hora para moderar contenido tóxico y entrenar modelos de IA.

Estos empleados debían revisar miles de textos violentos o de explotación infantil para ayudar a "limpiar" los datos con los que se entrenaba ChatGPT, lo que afectó su salud mental.

 

La paradoja aquí es que la IA,

una tecnología vista como sinónimo de "automatización", en realidad

depende de miles de trabajadores mal pagados en condiciones precarias.

 

¿POR QUÉ ES ESTO COLONIALISMO DIGITAL?

 

El colonialismo digital no se trata solo

de acceso desigual a la tecnología, sino

de la explotación de comunidades vulnerables

bajo la promesa de innovación y progreso.

 

Tanto Worldcoin como la inteligencia artificial reflejan cómo

las grandes corporaciones extraen datos, consolidan su control y

generan dependencia tecnológica,

replicando las dinámicas del colonialismo tradicional.

 

Los paralelismos con el colonialismo histórico son evidentes:

 

    • Extracción de recursos:

En lugar de materias primas, ahora el recurso más valioso es la información personal y biométrica.

 

    • Dependencia tecnológica:

Países en desarrollo dependen cada vez más de plataformas controladas por empresas extranjeras.

 

    • Desigualdad de beneficios:

Las grandes empresas cosechan los beneficios económicos y de innovación, mientras que los ciudadanos entregan su privacidad a cambio de incentivos mínimos.

 

¿CÓMO COMBATIR EL COLONIALISMO DIGITAL?

 

Para evitar caer en estas nuevas formas de explotación, es clave:

 

1.  Regular el uso de datos biométricos y exigir transparencia en la recopilación de información personal.

 

2.  Fomentar la educación digital, para que las personas comprendan mejor los riesgos y beneficios del intercambio de datos.

 

3.  Promover el desarrollo de tecnologías locales y soberanas, reduciendo la dependencia de grandes plataformas extranjeras.

 

4.  Reforzar la legislación sobre privacidad y protección de datos, asegurando que las prácticas de empresas como Worldcoin o OpenAI no pasen desapercibidas.

 

5.  Fomentar el desarrollo de modelos de IA inclusivos, con datos que representen mejor la diversidad cultural y lingüística global.

 

6.  Apoyar iniciativas de IA de código abierto, como Mistral AI o BLOOM, que permiten mayor transparencia y control sobre la tecnología.

 

El colonialismo digital es real y ya está sucediendo. La pregunta es: ¿permitiremos que se expanda sin límites, o tomaremos medidas para proteger nuestra privacidad y autonomía digital?