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sábado, 12 de septiembre de 2026

PODEMOS EDUCAR PARA QUE NUESTROS HIJOS SEPAN VIVIR CON Y SIN TECNOLOGÍA Por: Patricia Ávila

 


PODEMOS EDUCAR PARA QUE NUESTROS HIJOS SEPAN VIVIR CON Y SIN TECNOLOGÍA

Por: Patricia Ávila{publicó “ethic” 10/9/2026}

    

Videojuegos, móviles, redes sociales y, ahora, inteligencia artificial se han incorporado a la vida cotidiana mientras padres, educadores e instituciones averiguan cómo acompañar a las nuevas generaciones.

En medio de un debate dominado por las posiciones enfrentadas, María Zabala (Madrid, 1975) propone recuperar los matices.

Periodista especializada en ciudadanía digital, responsable de la plataforma iWomanish y autora de ‘Ser padres en la era digital’ (Plataforma Editorial), colabora con familias e instituciones en iniciativas de cultura digital y defiende una educación basada en el acceso gradual, la autonomía progresiva y, sobre todo, la implicación de los adultos.

Porque educar en el mundo digital, sostiene, consiste en preparar a niños y adolescentes para desenvolverse en la realidad que les ha tocado vivir.


Su libro parte de una idea que parece sencilla, pero que cambia la perspectiva:

no se trata de educar contra la tecnología, sino de educar para vivir con ella.

 

¿Qué hemos entendido mal durante estos años de debate sobre las pantallas?

 

Más que entenderlo mal, creo que nos movemos como un péndulo. Durante muchos años hemos adoptado la revolución digital de una manera poco reflexiva, como usuarios pasivos:

surge algo, lo utilizamos y no necesariamente entendemos su impacto, cómo funciona, cómo nos afecta o qué consecuencias puede tener.

 

En el caso de los menores, además, hemos permitido que los dispositivos y los entornos digitales sustituyeran buena parte de su ocio analógico.

 

Ahora hemos pasado de esa enorme inercia a una desconfianza total y queremos prohibir o erradicar las «pantallas».

 

Yo intento plantear que podemos educar para que nuestros hijos sepan vivir con y sin tecnología.

 

Hay cosas que necesariamente tienen que seguir siendo desconectadas y otras en las que podemos aprovechar los beneficios del mundo conectado.

 

Pero para eso primero los adultos tenemos que entender cómo funciona la tecnología que nosotros mismos utilizamos. Por eso el libro no se llama Cómo educar en la era digital, sino Ser padres en la era digital.

 

La pregunta es qué significa ser padres hoy y qué cosas necesitamos saber para ejercer esa responsabilidad.

 

«Hemos adoptado la revolución digital de una manera poco reflexiva, como usuarios pasivos»

 

Insiste en que la educación digital empieza por los adultos. ¿Estamos exigiendo a los menores un uso responsable de la tecnología que nosotros mismos todavía no hemos aprendido?

 

En parte, sí. Conforme crecen, pedimos a niños y adolescentes que sean responsables, que piensen antes de publicar o compartir y que entiendan el alcance de lo que hacen en internet, cuando nosotros no necesariamente hemos realizado ese mismo viaje.

 

Se habla mucho de alfabetización digital y mediática de las nuevas generaciones y de las competencias digitales de docentes y estudiantes, pero queda mucho trabajo por hacer con la ciudadanía adulta.

 

Y eso es fundamental para evitar pasar de la inercia, usar y permitir usar sin pensar demasiado a la desconfianza absoluta y la prohibición.

 

El mejor ejemplo digital que podemos dar a nuestros hijos no consiste solamente en que no nos vean utilizar el móvil. También tienen que vernos utilizar la tecnología con propósito, intención y capacidad de aprendizaje: para usos positivos, solidarios, creativos o de formación. El ejemplo también consiste en que nos vean utilizar pantallas.

 

Muchas familias sienten que llegan tarde a todo: nuevas redes sociales, videojuegos, móviles…

 

¿Qué riesgos tiene educar desde el miedo o desde la sensación de ir siempre un paso por detrás?

 

Proteger a nuestros hijos de los riesgos asociados a productos y servicios digitales no implica solamente conseguir que no corran esos riesgos. También significa

que aprendan a detectarlos, a identificar cuándo pueden convertirse en un daño, a pedir ayuda y a saber a quién acudir.

 

No queremos que sean víctimas de ciberacoso, por ejemplo, pero también queremos que sepan reconocer una situación de acoso, denunciarla y pedir ayuda si la están sufriendo.

 

Por eso no podemos hacer llegar a las familias únicamente el mensaje del miedo.

La advertencia sobre los riesgos es necesaria, pero tiene que ir acompañada de herramientas.

 

También debemos aprender a diferenciar.

Querer retrasar el acceso a un smartphone o a las redes sociales no significa prohibir que un menor escuche música en una plataforma, oiga un podcast o utilice una aplicación para afinar una guitarra.

 

Hablamos de prohibir el móvil, las redes o la tecnología en las aulas como si todo fuera lo mismo. Tenemos que definir exactamente de qué estamos hablando, porque, si no, corremos el riesgo de pasarnos de frenada.

 

«El mejor ejemplo digital que podemos dar a nuestros hijos no consiste solamente en que no nos vean utilizar el móvil»

 

La tecnología suele abordarse desde la lógica del control: limitar, vigilar, prohibir.

¿Qué cambia cuando el punto de partida pasa a ser la confianza?

 

La desconfianza hacia las plataformas y las empresas que desarrollan productos y servicios digitales es legítima.

 

Tenemos que seguir reclamando que diseñen esos productos de manera ética, con seguridad desde el diseño y con mecanismos que protejan a los menores.

Pero, en el ámbito de la familia,

hay que trabajar más que nunca la confianza interpersonal, el vínculo y la comunicación con nuestros hijos.

 

Y eso no es fácil. Sin embargo, en el discurso público muchas veces nos centramos en prohibir las pantallas como si eso fuera a conseguir que nuestros hijos dejaran de tener problemas o malestar.

 

Yo hablo de acceso gradual y autonomía progresiva. Los adultos debemos decidir qué puertas digitales abrimos, en qué momentos y para qué actividades.

 

Un niño de 3 años no necesita una pantalla para ser más listo. Y tampoco tiene sentido que niños de 9, 10 o 12 años hagan más cosas solos en internet que las que les permitiríamos hacer solos en la calle.

 

Hoy buena parte de la socialización, el aprendizaje y el ocio transcurren en entornos digitales. ¿Qué significa educar para ejercer una ciudadanía responsable en esos espacios?

 

Lo primero es entender que no hay un mundo digital y otro real en términos de conducta, respeto, empatía, tolerancia o consecuencias de nuestros actos.

 

Hay que intentar ser buena gente y educar a nuestros hijos para que sean buena gente tanto en la calle como en una red social.

 

Eso significa

poner límites y hablar en familia sobre qué está bien y qué está mal. También implica buscar un equilibrio.

 

Podemos explicarles que es maravilloso tener acceso al mundo digital, pero que estar permanentemente conectados puede convertirse en una esclavitud y que hay que saber parar.

 

Uno puede escuchar música en un vinilo y también en Spotify; hablar con sus amigos por WhatsApp y también quedar con ellos en una terraza.

 

No necesitamos educar para que nuestros hijos vivan sin pantallas ni para que vivan permanentemente con ellas porque eso supuestamente vaya a facilitarles el futuro. Necesitamos que sepan vivir con y sin ellas.

 

«Concienciar a las familias sobre los riesgos de internet es necesario, pero eso no es alfabetización»

 

¿Existe el riesgo de que estemos poniendo demasiado el foco en enseñar a utilizar herramientas digitales y muy poco en

desarrollar criterio para comprender cómo funcionan y qué intereses hay detrás de ellas?

 

Es muy fácil culpar al algoritmo de que ya no sabemos pensar, pero tenemos que recuperar nuestra asertividad y nuestra autoconfianza para entender que todavía hay decisiones que dependen de nosotros.

 

Como adultos tenemos la obligación de hablar con nuestros hijos de las dificultades y también de las maravillas del mundo actual.

 

Tenemos que enseñarles que hay momentos en los que la tecnología permite hacer cosas extraordinarias y otros en los que necesitamos parar. Y ahí la implicación de los adultos es fundamental.

 

No puede limitarse a entregar un dispositivo. Tenemos que saber qué tecnología ponemos en sus manos, atrevernos a configurarla y también interesarnos por lo que hacen con ella.

 

Igual que un padre puede aprenderse las posiciones de baloncesto porque su hijo juega cada sábado, podemos interesarnos por los videojuegos a los que juega, las redes que utiliza o las personas a las que sigue.

Pero hay que hacerlo desde un interés genuino, no desde el juicio.

 

A menudo se presenta la infancia digital desde la nostalgia de un pasado analógico. ¿Idealizamos esa infancia o realmente hemos perdido algo esencial?

 

Todos tendemos a recordar lo mejor de nuestra infancia. Hay cosas de la mía que me encantaron y otras que veo ahora y que me habría gustado poder disfrutar, como el acceso a determinados contenidos e información.

 

Lo que no sirve de nada es

decirles a nuestros hijos qué mala suerte han tenido porque les haya tocado vivir ahora o que queremos que tengan nuestra infancia.

 

No podemos volver al pasado, incluso aunque prohibamos las pantallas, porque el mundo ya no es el mismo.

 

Creo que hay mucha nostalgia y que esa nostalgia muchas veces nos impide conectar, porque enseguida se convierte en prejuicio. Cuando decimos que «la juventud está peor que nunca» deberíamos preguntarnos quién educa a esa juventud. Los niños y adolescentes crecen en la sociedad que los adultos construimos para ellos.

 

«Especialmente en el caso de los menores,

los algoritmos no deberían utilizar su actividad para perfilarlos con fines comerciales»

 

Más allá de las decisiones individuales de cada familia, ¿qué responsabilidad tienen las plataformas tecnológicas y las instituciones públicas en la protección y educación digital de los menores?

 

Las plataformas tienen que trabajar más y mejor en la seguridad desde el diseño y añadir una protección específica para los menores.

 

También necesitan informar mejor a los usuarios sobre cómo configurar sus perfiles y ser transparentes sobre cómo utilizan nuestros datos.

 

Especialmente en el caso de los menores, los algoritmos no deberían utilizar su actividad para perfilarlos con fines comerciales.

 

Las administraciones tienen que regular determinados aspectos y hacer cumplir las leyes que ya existen, pero también tienen una responsabilidad que todavía no está suficientemente cubierta: la alfabetización digital de los adultos.

 

Concienciar a las familias sobre los riesgos de internet es necesario, pero eso no es alfabetización.

 

Necesitamos adultos que sepan crear buenas contraseñas y puedan enseñarlo, padres y madres que sepan configurar dispositivos o que entiendan que el tiempo de pantalla no es solamente una cuestión de minutos, sino de qué actividad está realizando su hijo durante ese tiempo.

 

Necesitamos ir un paso más allá de la advertencia sobre los riesgos.

 

En muy poco tiempo hemos pasado de preocuparnos por el móvil a hacerlo por la inteligencia artificial. ¿Qué revela esta sucesión de alarmas sobre nuestra relación con la tecnología?

 

Revela que vivimos tiempos de enorme incertidumbre.

Todo cambia muy deprisa y no siempre tenemos la información o el tiempo necesarios para comprender los cambios que se están produciendo. Y eso genera mucho vértigo.

 

También vivimos una época en la que

existe un temor enorme a que les pase algo a nuestros hijos sin que nos demos cuenta, mientras, al mismo tiempo, queremos saberlo todo sobre ellos.

 

Creo que necesitamos una cierta serenidad.

--- Lo primero es trabajar el vínculo y la cercanía con nuestros hijos para que, cuando haya un problema, nos lo cuenten.

--- Después podremos pedir ayuda a quien haga falta. Como padres no tenemos que saber de todo; tenemos que ser capaces de detectar que algo no va bien.

 

Con la tecnología ocurre lo mismo: necesitamos mantener abierto ese puente para que, cuando vean algo extraño en internet o tengan un problema, puedan contárnoslo.

 

 

viernes, 11 de septiembre de 2026

IA - DENUNCIA Y DOCUMENTO DE AMNISTIA INTERNACIONAL SOBRE EL CASO PARLANTIR EN ARGENTINA

 


 

DENUNCIA Y DOCUMENTO DE AMNISTIA INTERNACIONAL SOBRE EL CASO PARLANTIR EN ARGENTINA - Mayo 14, 2026

 

Amnistía Internacional elaboró un documento urgente sobre el caso Palantir en Argentina, ante la falta de información pública suficiente sobre el eventual vínculo entre el Estado argentino y la empresa estadounidense especializada en análisis masivo de datos, inteligencia artificial y tecnologías utilizadas en áreas sensibles como seguridad, inteligencia, migración y defensa.

 

La organización alertó que cualquier acercamiento con empresas proveedoras de tecnologías de vigilancia debe realizarse con absoluta transparencia, debate público informado y estrictas garantías de derechos humanos.

 

“Las tecnologías de vigilancia no son neutrales.

Cuando se implementan sin controles adecuados, sin transparencia y sin evaluaciones de impacto en derechos humanos, pueden convertirse en herramientas de vigilancia masiva, discriminación y persecución de voces críticas.

El debate sobre Palantir no es únicamente técnico o comercial: es una discusión sobre los límites al uso de la tecnología, la protección de los datos personales y las garantías necesarias para evitar abusos”, señaló Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.

 

La organización publicó un documento con preguntas y respuestas sobre el caso Palantir en Argentina.

Allí advierte que la empresa desarrolla sistemas

capaces de integrar y cruzar información proveniente de múltiples bases de datos —policiales, biométricas, migratorias, financieras y de redes sociales— para generar perfiles y apoyar procesos de toma de decisiones estatales.

 

Amnistía Internacional recordó que existen antecedentes internacionales que generan preocupación sobre el uso de estas tecnologías.

 

Entre ellos, mencionó el monitoreo de personas migrantes y activistas en Estados Unidos, cuestionamientos al uso de datos sensibles de salud en Reino Unido y fallos judiciales en Alemania que declararon inconstitucionales determinadas herramientas de análisis automatizado utilizadas por fuerzas policiales.

La organización también destacó que la preocupación se profundiza en el contexto argentino actual, marcado

por la expansión de capacidades estatales de vigilancia, incluyendo sistemas de reconocimiento facial, monitoreo de redes sociales, drones y herramientas de análisis predictivo.

 

Amnistía Internacional viene investigando este proceso y próximamente publicará un informe sobre el avance de estas tecnologías y sus impactos en derechos humanos.

 

En este marco, Amnistía Internacional presentó pedidos de acceso a la información pública para conocer si existieron reuniones, acuerdos, pruebas piloto, provisión de servicios o transferencias de datos entre el Gobierno argentino y Palantir Technologies. Las respuestas oficiales recibidas fueron insuficientes.

 

Finalmente, entre sus principales recomendaciones, Amnistía Internacional pidió:

    •  
    • Hacer pública toda información vinculada a reuniones, acuerdos o contrataciones con Palantir y otros proveedores de tecnologías de vigilancia.
    •  
    • No avanzar en acuerdos ni pruebas piloto sin transparencia plena, evaluación de impacto en derechos humanos y mecanismos de supervisión independientes.
    •  
    • Garantizar auditorías externas y mecanismos efectivos de habeas data.
    •  
    • Actualizar la legislación sobre protección de datos personales y regular específicamente el uso estatal de tecnologías de vigilancia.

 

EL CAPITALISMO COMO RELIGIÓN* WALTER BENJAMIN

 


EL CAPITALISMO COMO RELIGIÓN*

WALTER BENJAMIN

 

El capitalismo es una religión puramente cultual, sin dogma.

 

El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo –como debe mostrarse no sólo respecto del calvinismo sino también de otras corrientes ortodoxas del cristianismo– de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo.

 

Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones.

 

Probar esta estructura religiosa del capitalismo, es decir, probar que no es sólo una formación condicionada por la religión como lo piensa Weber, sino un fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy al extravío de una polémica universal exagerada.

 

No podemos estrechar la red en la cual nos sostenemos; sin embargo, este punto será apreciado posteriormente.

 

No obstante, podemos desde ahora reconocer en el tiempo presente tres rasgos de esta estructura religiosa del capitalismo. 

 

En primer lugar, el capitalismo es una religión puramente cultual, quizás la más extrema que jamás haya existido.

 

En él, todo tiene significación inmediata respecto del culto, no conoce ninguna dogmática específica, ninguna teología.

El utilitarismo gana desde este punto de vista toda su coloración religiosa. 

 

El segundo rasgo del capitalismo está estrechamente ligado a esta concreción del culto: la duración permanente del culto.

 

El capitalismo es la celebración de un culto sans rêve et sans merci.1  No existe en él ningún “día ordinario”, ningún día que no sea día de fiesta en el terrible sentido del despliegue de la pompa sacra, de la tensión extrema del adorador. 

 

En tercer lugar, este culto es culpabilizante. El capitalismo es probablemente el primer caso de un culto que no es expiatorio sino culpabilizante.

 

En esto, este sistema religioso se precipita en un movimiento colosal. Una conciencia monstruosamente culpable que no sabe expiarse se apodera del culto no para expiar en él esta culpa sino para hacerla universal, para hacerla entrar por la fuerza en la conciencia y, finalmente y sobre todo, para implicar a Dios en esta culpabilidad a fin de que él mismo tenga, finalmente, interés en la expiación.

 

Esta última no hay que esperarla en el culto mismo, ni en la reforma de esta religión -ya que sería preciso que esta reforma pueda apoyarse sobre un elemento certero de esta religión-, ni en su rechazo. 

 

En la esencia misma de este movimiento religioso que es el capitalismo yace la perseverancia  hasta el final, hasta la completa culpabilización final de Dios, hasta un estado del mundo afectado por una desesperanza que todavía se espera

 

Lo que el capitalismo tiene de históricamente inaudito es que la religión no es ya la reforma del ser sino su destrucción. Habría que esperar la salvación de la desesperanza que se extiende al estado religioso del mundo. La trascendencia divina se ha derrumbado. 

 

Pero Dios no ha muerto; está incorporado en el destino del hombre. La transición del planeta hombre, siguiendo su órbita absolutamente solitaria en la casa de la desesperación, es el ethos que determina Nietzsche. Este hombre es el superhombre, el primero que comienza a cumplir, reconociéndola, la religión capitalista. 

 

Su cuarto rasgo es que su Dios debe permanecer oculto;  sólo en el cenit de su culpabilización puede ser apelado. El culto se celebra ante una divinidad inmadura; toda representación, todo pensamiento consagrado a ella lesiona el secreto de su madurez.

 

La teoría freudiana pertenece también a la dominación sacerdotal de este culto; está pensada de forma completamente capitalista. 

 

Según una analogía muy profunda que está aún por aclarar, lo reprimido, la representación culpable, es el capital que produce los intereses del infierno del inconsciente.

 

El tipo del pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche. 

 

La idea del superhombre desplaza el “salto” apocalíptico, no sobre la conversión, la expiación, la purificación y la contrición, sino sobre una intensificación [Steigerung] aparentemente continua, pero en el último momento, a saltos, intermitente, discontinua. 

 

Por esto, la intensificación y el desarrollo, en el sentido de non facit saltum,2 son inconciliables. 

 

El superhombre es el hombre histórico que ha llegado sin conversión, que ha crecido atravesando el cielo. Nietzsche prejuzgó esta explosión del cielo provocada por el acrecentamiento de lo humano que es y permanece (incluso para Nietzsche) culpabilidad. 

 

Y de forma semejante en Marx, el capitalismo inconverso devendrá socialismo por el interés simple y el interés compuesto que son función de la culpa/deuda [Schuld] (ver la ambigüedad demoníaca de este concepto).

 

El capitalismo es una religión puramente cultual, sin dogma. El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo –como debe mostrarse no sólo respecto del calvinismo sino también de otras corrientes ortodoxas del cristianismo– de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo.

 

Comparación entre las imágenes de los santos de diferentes religiones y los billetes de banco de diferentes Estados. El espíritu que habla en la ornamentación de los billetes.

 

--- Capitalismo y derecho. Carácter pagano del derecho  Sorel Refléxions sur la violence, p. 262.3

Vencer el capitalismo a través del mercado móvil  Unger Politik und Metaphysik, p. 44.4

Fuchs, Struktur der kapitalistischen Gesellschaft o título vecino.5

--- Max Weber, Ges. Aufsätze zur Religionssoziologie,

2 Bd. 1919/20.6

--- Ernst Troeltsch, Die Soziallehren der chr. Kirchen und Gruppen (Ges. W. I 1912).7

--- Ver sobre todo la bibliografía de Schönberg, II.

Landauer, Aufruf  zum Sozialismus, p. 144. 


Las preocupaciones: una enfermedad del espíritu propia de la época capitalista. Sin salida espiritual (no material) en la pobreza, monacato de la vagancia y la mendicidad.  Un estado de sin salida semejante es culpabilizante.

 

Las “preocupaciones” son el índice de esta conciencia culpable de la sin salida. Las “preocupaciones” nacen por el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino comunitaria. 



El cristianismo en la época de la reforma no favoreció la llegada del capitalismo: se transformó en capitalismo.

Habría que investigar metódicamente los lazos que desde siempre el dinero ha establecido con el mito a lo largo de la historia hasta que haya extraído para sí del cristianismo suficientes elementos míticos para establecer su propio mito.

 

El precio de la sangre /Thesaurus de las buenas obras / El salario que se le debe al sacerdote / Pluto como dios de la riqueza. Adam Müller, Reden über die Beredsamkeit 1816 p. 56 ss.8



Relación entre el dogma de la naturaleza resolutoria del saber, propiedad para nosotros que lo hace a la vez redentor y verdugo, y el capitalismo: el balance como saber redentor y liquidador. 



Se reconoce fácilmente una religión en el capitalismo si se recuerda que el paganismo originario concebía, en principio, la religión no como un interés “superior”, “moral”, sino como el interés más inmediatamente práctico; en otras palabras, el paganismo no tenía más conciencia que el capitalismo de su naturaleza “ideal”, “trascendente”, y la comunidad pagana consideraba a los miembros irreligiosos o heterodoxos como incapaces9, exactamente como la burguesía de hoy considera a sus miembros improductivos.
 

 

 

Notas:

1  N. del T. En francés en el texto original.

2 Cf. Leibniz, Nouveaux Essais sur l’entendement humain, Die philosophischen Schriften von G. W. Leibniz, Georg Olms Verlag, 1978, Bd. V, S. 49.

3 Cf. Georges Sorel, Réflexions sur la violence, éd. Michel Prat, Paris, Le Seuil, 1990, p. 262.

4 Cf. Erich Unger, Politik und Metaphysik (Die Theorie. Versuche zur philosophischer Politik), Berlin, 1921.

5 Cf. Bruno Archibald Fuchs, Der Geist der bürgerlich-kapitalistische Gesellschaft.  Eine Untersuchung über seine Grundlage und Voraussetzungen, Berlin/München, 1914.

6  Cf. Max Weber, Gesammelte Aufsätze zur Religionssoziologie, 2 Bde., Tübingen, 1920.

7 Cf. Ernst Troeltsch, Die Soziallehren der christlichen Kirchen und Gruppen, Gesammelte Schriften, Bd. I, Tübingen, 1911.

8 Cf. Adam Müller, Zwölf Reden über die Beredsamkeit und deren Verfall in Deutschland, gehalten zu Wien im Frühlinge 1812, Leipzig, 1816.

9 N. del T. Quizás sea preciso leer en el texto original alemán untüchtig (incapaz) en lugar de untrüglich (infalible) tal como lo han realizado los editores Tiedemann y Schweppenhäuser.  En ninguna de las notas referidas a las paginas 100-103 (Anmerkungen zu Seite 100-103) del volumen 6 de los Gesammelte Schriften de Benjamin se encuentran alusiones a esta dificultad de lectura.  Sin embargo, resulta más apropiado, de acuerdo con el contexto, considerar la lectura de untüchtig como la más pertinente en este caso.
 

 

* Publicado en <http://biopoliticayestadosdeexcepcion.blogspot.com.es/2010/12/el-capitalismo-como-religion-walter_08.html>

miércoles, 9 de septiembre de 2026

IA - QUE SIGNIFICA SER HUMANO - MAGNIFICA HUMANITAS DEBEMOS FORTALECER ESPACIOS PROFUNDAMENTE HUMANOS

 


MAGNIFICA HUMANITAS. BERSANO: DEBEMOS FORTALECER ESPACIOS PROFUNDAMENTE HUMANOS

 

Lara Bersano Calot, directora ejecutiva de la Academia Internacional de Lideres católicos, comenta los aportes que ofrece carta encíclica Magnifica humanitas, en la que

“León XIV vuelve a colocar al ser humano en el centro de toda decisión, de toda estructura y de toda capacidad tecnológica”.

Johan Pacheco 

 

“El Papa nos invita a volver a pensar qué significa ser humano en este tiempo histórico y cómo la Doctrina Social de la Iglesia sigue siendo una herramienta viva para discernir los grandes conflictos de nuestra época”,

expresa Lara Bersano Calot, directora ejecutiva de la Academia Internacional de Lideres católicos en entrevista con Vatican News, comentando una primera lectura de la carta encíclica de León XIV, Magnifica humanitas sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

 

--- ¿Cuáles son sus impresiones sobre la Carta Encíclica Magnifica humanitas para la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial?

 

Mis primeras impresiones sobre Magnifica humanitas son profundamente esperanzadoras porque creo que el Papa León XIV logra recuperar de manera extraordinaria el espíritu de Rerum novarum de León XIII y traerlo plenamente al contexto contemporáneo.

 

León XIII, frente al impacto de la revolución industrial, ya advertía

cómo el hombre podía ser explotado, reducido a una pieza del sistema productivo o esclavizado en sus derechos fundamentales.

 

Por eso defendió

la dignidad del trabajo, la centralidad de la persona y la necesidad de proteger al ser humano frente a transformaciones económicas y tecnológicas que podían deshumanizarlo.

 

Lo que hace León XIV de manera magnífica es retomar esos mismos principios y preguntarse

qué sucede hoy, en medio de la revolución digital y de la inteligencia artificial.

 

León XIV vuelve a colocar al ser humano en el centro de toda decisión, de toda estructura y de toda capacidad tecnológica.

 

Antes incluso de hablar de inteligencia artificial, León XIV habla de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos, de sus potencialidades y de su condición de ser creado a imagen y semejanza de Dios.

 

Y eso no es menor, porque las referencias específicas a la inteligencia artificial aparecen recién en el último tercio de la encíclica.

 

Primero el Papa nos invita a volver a pensar

qué significa ser humano en este tiempo histórico

y cómo la Doctrina Social de la Iglesia sigue siendo una herramienta viva para discernir los grandes conflictos de nuestra época.

 

Creo que esa es mi primera gran impresión: la manera profundamente humana, pastoral y actual con la que León XIV

vuelve a poner sobre la mesa la centralidad del hombre en un momento de enormes tensiones globales.

 

El Papa León XIV nos señala que la Doctrina Social de la Iglesia “es un camino de discernimiento comunitario”. ¿Cómo podemos leer esta reafirmación ante las necesidades del mundo actual?

 

Creo que esta reafirmación que hace el Papa León XIV sobre la Doctrina Social de la Iglesia como camino de discernimiento comunitario está íntimamente ligada a toda la estructura de Magnifica humanitas.

 

Cuando León XIV habla del bien común, nos está diciendo que

el desarrollo de la inteligencia artificial no puede estar orientado solamente al mercado, al poder o a la eficiencia, sino que

debe tener como eje la dignidad humana y el bienestar colectivo.

 

Y para alcanzar ese bien común, la encíclica propone varios caminos concretos:

la subsidiariedad, la solidaridad, la justicia social, la participación y la formación.

 

La subsidiariedad, adquiere una enorme actualidad porque implica acercar las decisiones a las personas, fortalecer las instituciones, las comunidades, las familias, las escuelas y generar diálogo real entre todos los actores sociales.

 

El Papa insiste además en algo fundamental: las tecnologías no son moralmente neutras.

Son creadas, diseñadas y utilizadas por seres humanos, y por lo tanto

requieren discernimiento ético permanente, regulación, monitoreo y responsabilidad social.

 

Y creo que allí aparece uno de los puntos más profundos de toda la encíclica: la necesidad de una verdadera revolución educativa.

 

León XIV entiende que ya no alcanzan las viejas dinámicas de formación para esta nueva humanidad atravesada por pantallas, hiperconectividad, redes sociales y estímulos permanentes.

 

La compulsividad digital, la saturación informativa y el aislamiento progresivo requieren nuevas formas de educar, formar y acompañar.

 

Por eso dedica varios párrafos a desarrollar el rol de la escuela, de la familia y de las instituciones educativas, porque entiende que el gran desafío no es solamente tecnológico, sino profundamente humano.

 

Desde mis investigaciones sobre inteligencia artificial, comunicación y habilidades humanas, veo justamente que

las capacidades más importantes para el futuro serán aquellas que fortalezcan el discernimiento, la creatividad, el pensamiento crítico, la empatía y la construcción comunitaria.

 

La dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, es uno de esos principios que resalta el Papa en la encíclica. ¿Qué debemos hacer como cristianos para fortalecer ese valor de la dignidad de la persona?

 

Vivimos en una época donde muchas veces las personas son reducidas a

datos, métricas, productividad, perfiles digitales o capacidad de consumo.

 

Y el Papa León XIV nos recuerda algo esencial:

la dignidad humana no depende de la eficiencia, de la utilidad ni del rendimiento.

La persona vale por sí misma porque ha sido creada a imagen y semejanza de Dios.

 

Como cristianos, creo que debemos fortalecer espacios profundamente humanos:

la familia, la escuela, las comunidades, las parroquias, el encuentro interpersonal, la escucha y el acompañamiento.

 

Francisco hablaba de “tocar la carne del que sufre”. León XIV retoma esa idea de manera muy fuerte.

La tecnología jamás puede reemplazar completamente la mirada, el abrazo, la escucha y la presencia.

 

Y aquí también aparece un enorme desafío educativo. Tenemos que enseñar a las nuevas generaciones no solamente a usar inteligencia artificial, sino también a desarrollar aquello que ninguna máquina puede reemplazar plenamente:

la conciencia moral, la sensibilidad espiritual, la capacidad de amar, de sufrir con el otro y de construir comunidad.

 

Desde la Doctrina Social el Papa promueve la custodia del hombre y la mujer en la era de la Inteligencia Artificial.

 

--- ¿Cuál es el compromiso de la Iglesia luego de las diversas indicaciones que ofrece la encíclica, como la formación, la regulación legal, la postura ética y la opción por la paz?

 

Creo que la encíclica plantea un compromiso enorme para toda la Iglesia. Y ese compromiso tiene varias dimensiones.

 

Primero, la formación. El Papa dedica varias secciones de la encíclica a destacar el rol de la escuela, la familia y las instituciones educativas.

Necesitamos formar personas capaces de comprender críticamente las tecnologías que utilizan.

 

Segundo, la ética. León XIV insiste en que la inteligencia artificial no es moralmente neutra.

Detrás de cada algoritmo existe una idea de persona, de sociedad y de poder.

Por eso la Iglesia debe seguir promoviendo espacios de diálogo ético interdisciplinario.

Tercero, la regulación. El Papa es muy claro respecto a

los peligros de la concentración tecnológica, los monopolios digitales, la vigilancia invasiva y los algoritmos opacos.

 

Creo que aquí la Iglesia tiene una enorme capacidad de promover reflexión global sobre regulación humanista de la tecnología.

 

Y finalmente, la paz. Me impactó cómo León XIV retoma la crítica a la guerra en la era algorítmica.

El Papa dice claramente que

ningún algoritmo puede volver moralmente aceptable una guerra.

 

Uno de los aspectos más profundos y novedosos de Magnifica humanitas aparece en los parágrafos 110 al 113, donde el Papa León XIV desarrolla el concepto de “desarmar” en la era tecnológica.

 

Y no se refiere solamente al desarme militar tradicional, sino a algo mucho más amplio y contemporáneo:

desarmar la lógica de poder que convierte a la tecnología

en instrumento de control, dominación y competencia global.

 

León XIV llama a desarmar

la complacencia armamentística y la idea de que quien posee mayor capacidad tecnológica posee automáticamente derecho a gobernar o decidir sobre los demás.

 

El Papa advierte especialmente sobre

la concentración de datos, algoritmos y capacidades tecnológicas en pocas manos, muchas veces opacas y difíciles de controlar democráticamente.

 

Por eso insiste en que las tecnologías deben ser transparentes, debatibles, regulables y sometidas al discernimiento ético comunitario.

 

Este concepto de desarme también implica romper la asociación entre

poder tecnológico y superioridad humana,

porque la encíclica recuerda permanentemente que ninguna

innovación puede estar por encima de la dignidad de la persona.

 

En un contexto mundial atravesado por guerras, tensiones geopolíticas y desarrollo acelerado de inteligencia artificial aplicada a defensa, vigilancia y manipulación, León XIV realiza un llamado profundamente actual:

desarmar no solamente las armas,

sino también las estructuras culturales, económicas y tecnológicas

que convierten al ser humano en objeto de poder y no en sujeto de dignidad.

 

En el custodiar lo humano en la transformación digital, ¿cuál es el papel de la formación de los pastores, laicos y líderes católicos para promover la verdad, el trabajo y la libertad?

 

No alcanza solamente con conocer tecnología. Necesitamos personas capaces de comprender el impacto cultural, social, político y espiritual de estas transformaciones.

 

El Papa insiste en el lenguaje, la comunicación y la verdad. Y esto es clave porque

hoy gran parte de la construcción de realidad pasa por sistemas digitales, redes sociales y algoritmos que moldean imaginarios colectivos.

 

Por eso la formación de pastores, laicos y líderes católicos debe incluir pensamiento crítico, ética digital, discernimiento comunicacional y comprensión de inteligencia artificial.

 

En mis investigaciones sobre inteligencia artificial y comunicación siempre aparece la misma conclusión:

cuanto más tecnológica se vuelve una sociedad, más importantes se vuelven las habilidades humanas:

la escucha, la empatía, la creatividad, la reflexión, la contemplación, la capacidad de diálogo, la construcción de comunidad.

 

Creo que el gran desafío de la Iglesia será justamente formar líderes capaces de custodiar la humanidad en medio de la transformación digital.

 

Y finalmente, ante la cultura del poder que impera en el mundo, el Papa plantea la civilización del amor. ¿Cómo forjar en la vida cristiana ese gesto humano que supera la IA desde la proximidad y el encuentro con el otro para el bien común?

 

La civilización del amor de la que hablaban San Pablo VI, San Juan Pablo II y ahora León XIV implica

volver a construir una cultura del encuentro

en medio de una civilización extremadamente individualista y muchas veces dominada por la lógica del poder.

 

La inteligencia artificial puede ayudarnos muchísimo: Puede acelerar procesos. Puede ampliar acceso al conocimiento. Puede mejorar áreas enormes de la vida humana. Pero jamás podrá reemplazar completamente

la experiencia del encuentro humano auténtico. Nunca podrá reemplazar plenamente la compasión, la misericordia, el perdón, el abrazo, la escucha profunda o la entrega amorosa al otro.

 

Y creo que allí está el gran desafío cristiano de este tiempo:

no permitir que la hiperconectividad nos vuelva interiormente desconectados.

 

El Papa León XIV habla del lenguaje, de la comunicación y de la necesidad de una ecología comunicacional.

Porque la palabra construye cultura y también construye humanidad.

 

Por eso creo que hoy evangelizar también significa acompañar humanamente. Crear comunidad. Generar espacios de escucha. Recuperar el silencio. Defender la dignidad humana. Y enseñar a las nuevas generaciones que el valor más grande jamás podrá ser automatizado: el amor. Y quizás justamente allí esté la misión más importante de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial.