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sábado, 2 de mayo de 2026

PODER Y ABSOLUTISMO EN TIEMPOS ACTUALES

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SOCIEDAD DE CONTROL - PIEDRA, PAPEL Y ALGORITMO - PODER - Por: Ramiro Carlos. H. Caggiano Blanco

 



 

SOCIEDAD DE CONTROL - PIEDRA, PAPEL Y ALGORITMO

 

Del Código de Hammurabi a Palantir: cómo llevamos siglos fabricando máquinas para moldear conciencias

 

Por: Ramiro Carlos. H. Caggiano Blanco

 

Piedra: el Código de Hammurabi y el teatro griego

 

El Museo Británico guarda un objeto extraordinario: una estela de diorita negra de 2,25 metros de altura, tallada hacia 1750 a.C. Es el Código de Hammurabi. 282 leyes escritas en escritura cuneiforme.


 

La elección de la piedra era todo un mensaje,

la garantía de la inmutabilidad: lo que está escrito en piedra no se discute. O se discute muy lentamente.

 

Pero la piedra no es solo escritura. Siglos después, en Atenas, los griegos inventaron otro dispositivo: el teatro. 

Las grandes tragedias y comedias no eran entretenimiento de fin de semana. 

Eran una liturgia cívica, financiada con impuestos a los ricos, de asistencia casi obligatoria.

 

¿Su función? Según Aristóteles, 

la catarsis: purgar el miedo y la compasión. Pero esa purga no era neutral.

 

Al final de la función, el espectador volvía a casa reintegrado al orden. 

Había visto a Edipo castigado por su hybris. 

Había visto a Medea cometer el horror.

Había reído de los políticos corruptos, pero sin cuestionar el marco de la democracia ateniense.

 

El teatro griego era, en los hechos, una industria cultural preindustrial:

producía ciudadanos dóciles pero críticos dentro de ciertos límites.

 

 

No hacía falta un decálogo escrito. 

Bastaba con ver a Edipo arrancarse los ojos para entender que el destino no se burla.

 

Papel: la imprenta y el nacimiento de la opinión pública

 

Avancemos dos milenios. 1450. Gutenberg no sabía que estaba pariendo una revolución. Los chinos ya habían inventado la imprenta siglos antes, pero en Europa el contexto era otro:

una Iglesia que tenía el monopolio de la interpretación.

 

De pronto, cualquier ciudadano con dinero podía imprimir un panfleto, traducir la Biblia o contradecir al Papa.

 

Setenta años después, Lutero clava sus 95 tesis en una puerta de Wittenberg. La imprenta no causó la Reforma protestante, pero la hizo imparable.

 

La libre interpretación de la Biblia 

debilitó el monopolio de la verdad religiosa. 

Y ese hábito de discutir lo sagrado se trasladó a la economía, a la política, a la filosofía, a la ética y a la ciencia.

 

Nació el Iluminismo. Dos siglos y medio después, estalló la Revolución Francesa. Una máquina de papel puede derribar tronos. Y nadie lo vio venir.

 

Pero el papel también tuvo sus gárgolas. En la Edad Media, mientras la piedra de las catedrales enseñaba a los analfabetos,

 

las gárgolas eran terror teológico materializado.

Representaban al pecado, al demonio, al castigo. 

Estaban ahí para que el campesino levantara la mirada y viera lo que le esperaba si desobedecía.

No hacían falta sermones. Una mirada hacia arriba bastaba.


 

Y luego estaban los santos: los primeros influencers de la historia. Cada uno con su especialidad: San Antonio para objetos perdidos, Santa Rita para lo imposible, San Jorge para la guerra. Las peregrinaciones eran el tráfico de esa economía simbólica. Las indulgencias, el primer micropago por salvación.

 

La aceleración: radio, televisión, redes

 

Cuando la radio permite a Hitler hablar a 50 millones de alemanes en los años treinta, no inventa al líder carismático: 

lo amplifica hasta volverlo íntimo, susurrándole al oído a cada oyente en su cocina. 

Mussolini entendió esto antes que nadie: la radio era el quirófano acústico donde se operaban las almas.

 

Después vino la televisión. Umberto Eco distinguió dos etapas. 

La paleotelevisión era pedagógica, señalaba: "esto es la realidad".

La neotelevisión, que explota en los años 80, solo habla de sí misma. Mezcla noticias con entretenimiento, verdad con espectáculo.

De repente, ya no sabemos bien dónde termina el periodismo y empieza el show.

 

Llegaron las redes sociales. Y con ellas, un cambio de paradigma total: 

cualquiera emite, cualquiera viraliza, sin filtro, sin fact-checking. 

Cambridge Analytica nos mostró que con tus datos y tus emociones se puede diseñar una mentira a tu medida.

 

En 2016, el diccionario Oxford eligió "posverdad" como palabra del año.

No es que ya no existan hechos. Es que los hechos dejaron de importar más que las emociones. 

Y eso no es un accidente tecnológico: es un negocio.

 

Algoritmo: Palantir y la decisión sin duda

 

Y ahora estamos aquí, con la Inteligencia artificial. No me refiero a ChatGPT escribiendo poemas. Me refiero a 

Palantir cuyo dueño acaba de “poner” al vicepresidente de la nación más poderosa de la tierra y

de reunirse con Milei en la Casa Rosada, un presidente que no cree en la democracia.

 

Peter Thiel tampoco. Una empresa paraguas que trabaja con la CIA, el Pentágono y los cinco ojos del espionaje mundial. 

Palantir entrena algoritmos para recomendar objetivos militares.

En contextos como el de Irán, esa tecnología ya no es ciencia ficción: ayuda a decidir a quién bombardear.

 

Lo siniestro no es que la máquina sea cruel. Lo siniestro es que

los humanos delegamos en ella la decisión de matar sin juicio, sin piedad, sin historia. 

La guerra se vuelve un problema de optimización. 

Y la inteligencia artificial, por primera vez, empieza a reemplazar lo más humano de la guerra: la duda.

 

Las gárgolas no tomaban decisiones. Los santos no lanzaban misiles. El teatro griego no aprendía solo. La diferencia entre un vitral de Chartres y un algoritmo de Palantir es que

el vitral nos recordaba nuestro lugar en el cosmos. 

El algoritmo, en cambio, empieza a decidir quién tiene lugar en el mundo… ¡y cómo será ese mundo!

 

jueves, 30 de abril de 2026

SOCIEDAD DE CONTROL - ENTREGA DE LA SOBERANAI NACIONAL - EL DESEMBARCO TECNOLÓGICO: PALANTIR, THIEL Y LA ARGENTINA COMO LABORATORIO

 


El desembarco tecnológico: Palantir, Thiel y la Argentina como laboratorio

 

EL DESEMBARCO TECNOLÓGICO: PALANTIR, THIEL Y LA ARGENTINA COMO LABORATORIO

 

La tercera visita de Peter Thiel a la Casa Rosada reactiva el debate sobre un modelo de inversión que va más allá del litio y el gas: la infraestructura de datos mo nueva forma de dependencia geopolítica. 28/04/2026

 

Por: María Fernanda de la Quintana *

 

La semana pasada, Peter Thiel volvió a pisar la Casa Rosada. No era la primera vez ni la segunda: ya lo había hecho en mayo de 2024, y antes de eso se cruzó con Javier Milei en el Milken Institute de Los Ángeles,

donde el presidente ofreció públicamente desde el atril los recursos naturales argentinos —litio, plata, oro y cobre— a potenciales inversores.

 

Thiel, que lo escuchaba desde la tribuna, tenía motivos propios para prestar atención.

 

Lo que distingue a este inversor de la camada tradicional de Wall Street no es solo la escala de su patrimonio —superior a los 20.000 millones de dólares, con participaciones en SpaceX, Stripe y Airbnb— sino la naturaleza del interés que manifiesta en Argentina.

 

Thiel es cofundador de Palantir Technologies, la empresa de

análisis masivo de datos cuyos sistemas utiliza el Pentágono para operaciones militares: procesamiento de imágenes satelitales, drones, radares.

 

La pregunta que los especialistas en privacidad y derechos digitales se hacen con urgencia es:

¿por qué la Casa Rosada necesitaría ese tipo de servicios?

LA INFRAESTRUCTURA DE DATOS COMO RECURSO ESTRATÉGICO

 

El interés real no es solo el litio ni el gas, aunque ambos sean piezas del rompecabezas. Lo que está en juego es la infraestructura de datos: 

la implementación de sistemas de inteligencia aplicada en la gestión estatal —seguridad, inteligencia, control poblacional—

genera una forma de dependencia tecnológica a largo plazo que excede cualquier contrato puntual.

 

A esto se lo puede llamar “desembarco blando”: 

sin tropas, sin condiciones explícitas del FMI, pero con consecuencias estructurales igualmente profundas.

 

La reunión con Milei fue precedida, significativamente, por un encuentro de Thiel con Santiago Caputo, el asesor presidencial que coordina desde las sombras la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). No trascendió el contenido de ninguna de las dos conversaciones. El gobierno solo publicó una fotografía.

Y, en un hecho sin precedentes recientes, vedó el acceso de los periodistas a la Casa Rosada el día de la visita.

EL VENTURE CAPITAL COMO GEOPOLÍTICA

 

La lógica financiera detrás de estos movimientos no es la de los organismos internacionales ni la de la banca tradicional. Es la lógica del capital de riesgo:

apuestas de alto riesgo en busca de retornos extraordinarios.

Y cuando el país no tiene dólares, la garantía no es monetaria —es patrimonial. 

El RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) fue diseñado precisamente en esa dirección:

permite la disponibilidad de divisas y recursos naturales con mínima injerencia estatal. 

Es la arquitectura legal que convierte la urgencia fiscal en concesión estratégica.

 

Los recursos naturales y energéticos argentinos —litio, cobre, tierras raras— resultan además estratégicos para

las necesidades operativas de empresas como Palantir, que requieren enormes cantidades de energía para sostener sus centros de datos.

 

La Patagonia, donde Thiel evalúa la compra de campos, es infraestructura potencial.

LA CONEXIÓN LOCAL: EL CÍRCULO ROJO TECH

 

Thiel no llegó solo. Durante su estadía —que se extendería por varias semanas, e incluiría la compra de una mansión de 1.600 m² en Barrio Parque por alrededor de 12 millones de dólares— mantuvo reuniones con representantes del ecosistema empresarial argentino. Entre ellos, según trascendió, con Marcos Galperin, el hombre más rico del país y fundador de Mercado Libre, además de Eduardo Elsztain (IRSA) y Nicolás Szekasy (Kaszek).

 

La alineación no es solo de oportunidad: es ideológica.

La idea que une a estas figuras —tanto globales como locales— es que el Estado debe reducirse a su mínima expresión para que sean las plataformas tecnológicas las que gestionen la vida social y económica.

 

Galperin ha expresado en repetidas ocasiones su apoyo a la gestión de Milei. Alec Oxenford, quien acompañó a Thiel en su primera visita a la Casa Rosada, fue luego designado embajador argentino en Estados Unidos.

LA DOCTRINA DEL SHOCK TECNOLÓGICO

 

Argentina como “hoja en blanco” es una frase que circula sin pudor en estos círculos. La idea de fondo es que en los países desarrollados

estos modelos están prohibidos o regulados: no se puede contratar a Palantir para gestionar seguridad civil sin supervisión parlamentaria, sin leyes de datos personales robustas, sin controles independientes.

 

En Argentina, en cambio, el decreto 941/25 

deja una frontera difusa entre sistemas estatales y empresas privadas, en ausencia de una ley de datos personales actualizada.

 

Si el gobierno actual entrara en una crisis de gobernabilidad por el impacto social del ajuste, estos capitales buscarían una figura que blinde las concesiones mineras y energéticas, evitando que el país “vuelva atrás” ideológicamente.

La pregunta que le hizo Thiel a Milei en esa reunión reservada fue, según el propio presidente, precisamente esa: “¿Cómo se sostiene esto en el tiempo?”

 

La respuesta de Milei fue la “batalla cultural”. La de Thiel, probablemente, es más material: contratos, datos, territorio y tiempo.

* Periodista. Licenciada en Ciencias y Humanidades. Máster en Bioética. Especializada en “Bioética y Derechos Humanos en América Latina”, Universidad de Buenos Aires.