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sábado, 25 de julio de 2026

UNA ECONOMÍA QUE VALORE LA DIGNIDAD - DIGNIDAD HUMANA Y TECNOLOGÍA - IA - ENCICLICA "MAGNIFICA HUMANIDAD

 




UNA ECONOMÍA QUE VALORE LA DIGNIDAD

 

157. El mercado laboral es uno de los ámbitos en los que los riesgos de las nuevas tecnologías se manifiestan con mayor claridad.

 

Por eso es necesario recordar que la libertad económica no es absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona.

 

La iniciativa empresarial puede ser una verdadera vocación, capaz de generar riqueza y mejorar la vida de todos, siempre que reconozca la creación de empleo digno y de valor como parte esencial de su servicio a la sociedad, y no como una variable dependiente únicamente del beneficio. [158]

 

158. Con espíritu profético, el Papa Francisco advirtió acerca de una libertad económica proclamada sólo de palabra, mientras que las condiciones reales impiden que muchos se beneficien realmente de ella. [159]

 

Los modelos económicos que resaltan la eficiencia y el éxito individual tienden a considerar inútil o poco rentable invertir en las personas que parten de situaciones de desventaja o que siguen trayectorias de crecimiento más lentas, como si su destino dependiera exclusivamente de su capacidad para seguir el ritmo de los ganadores.

 

En realidad, una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera lógica de la eficiencia, orientando explícitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los más vulnerables. [160]

 

En lugar de esperar los beneficios de un crecimiento que “al final” llegará también a los pobres, se necesitan decisiones que hagan que el crecimiento sea inclusivo desde el principio.

 

Las experiencias de las últimas décadas demuestran que, en las crisis económicas y financieras, son siempre los pobres quienes pagan el precio más alto, mientras que las teorías que prometen un bienestar general automático suelen resultar ilusorias.

 

159. Se observa la necesidad de superar los actuales parámetros de medición del grado de desarrollo —anclados desde hace más de ochenta años en el concepto de Producto Interno Bruto— que hacen que se pasen por alto, de forma casi sistemática, aspectos esenciales para el bienestar general de las personas y del medioambiente.

 

Al mismo tiempo, dichos parámetros valoran actividades que tienen un impacto, a corto o largo plazo, en la vida de nuestro planeta.

 

El desarrollo de parámetros y métricas complementarios al PIB es decisivo para mejorar los datos de base utilizados para realizar análisis, tomar decisiones políticas y de política económica, así como para seleccionar las prioridades regionales, nacionales e internacionales.

 

La introducción de nuevos parámetros permitirá evaluar, con una visión amplia y adecuada a los tiempos, los efectos de las deliberaciones legislativas y normativas sobre la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medioambiente.

 

Repercutirá en el propio concepto de desarrollo, en los procesos formativos, en la mentalidad y en la opinión pública, y también en la paz, que sólo es verdadera si se basa en la justicia.

 

160. Las finanzas han adquirido una importancia creciente en los últimos años y han experimentado una innovación significativa, incluso después de la introducción de las criptomonedas.

 

Las reflexiones y directrices contenidas en el Magisterio de mis Predecesores, particularmente en sus Encíclicas, han puesto de relieve el funcionamiento de la intermediación financiera «cuyo funcionamiento, habiéndose desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos e injusticias evidentes, sino que se ha demostrado también capaz de crear crisis sistémicas en todo el mundo». [161] 

 

Y es igualmente cierto que la renta del capital corre el riesgo de sustituir a los ingresos del trabajo, que a menudo quedan relegados a un segundo plano respecto a los principales intereses del sistema económico.

 

Sin embargo, el ahorro que se transforma en crédito para la economía real, y por ende para crear empleo tanto por cuenta ajena como por cuenta propia, sigue siendo fundamental para el desarrollo y para las inversiones que deben acompañar a las transiciones en curso.

 

La función social del crédito sigue siendo insustituible. La financiación por la financiación misma es algo muy distinto de la financiación para el desarrollo y para la creación y evolución del trabajo.

 

161. Esta perspectiva debe considerarse dentro de una visión más amplia de las dinámicas globales.

 

La riqueza mundial ha crecido en términos absolutos, pero su concentración en pocas manos ha aumentado y los desequilibrios se han acentuado, tanto entre países como dentro de un mismo país: «pocos tienen demasiado y demasiados tienen poco, esta es la lógica de hoy». [162] 

 

Los avances científicos y tecnológicos, incluso en el ámbito médico, no son fácilmente accesibles para la gran mayoría de la población, como se vio de forma dramática durante la reciente pandemia.

 

Mientras que en algunas regiones se invierte en intervenciones superfluas o en sueños de superación personal que pocas personas pueden permitirse, en otras partes del mundo aún faltan equipos esenciales para salvar millones de vidas humanas.

 

Pensar que las nuevas tecnologías beneficiarán automáticamente a todos significa ignorar una evidencia: si no se gestionan las transformaciones fijando como objetivo prioritario, desde la fase de planificación, la prevención de nuevas y mayores desigualdades, el progreso tecnológico genera automáticamente desigualdades estructurales.

 

Hoy la justicia pasa también por el acceso a los beneficios de la innovación: cuidados, conocimiento, herramientas y oportunidades.

 

162. No cabe duda de que se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribución que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los más débiles y exijan más a quienes disponen de mayores recursos.

 

Pero no hay que considerar la búsqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producción de riqueza, como si la economía debiera limitarse a crear valor y la política interviniera sólo después para distribuirlo.

 

Por el contrario, la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, desde la obtención de recursos hasta la financiación, desde la producción hasta el consumo, y cada elección tiene consecuencias morales. [163]

 

163. Más aún, en la era de la IA y de la robótica, ya no es posible confiar únicamente en la “mano invisible” del mercado: [164] la política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación.

 

Dado que muchas decisiones económicas traspasan las fronteras de los estados, también es necesaria una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes, sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables, para promover el desarrollo y superar el asistencialismo.

 

La lógica que inspira estas decisiones es la de la inmensa dignidad de cada persona, del bien común y de un mundo verdaderamente pensado para todos.

 

La interdependencia entre paz y desarrollo, como escribió proféticamente san Pablo VI en 1967, [165] podría actualizarse hoy así: la prosperidad puede contribuir a construir y fortalecer la paz sólo si es generalizada, inclusiva y sostenible.

 

164. En términos concretos, orientar la economía hacia la dignidad significa adoptar algunos criterios de actuación estables incluso en la era de la IA.

 

En primer lugar, transparencia y responsabilidad: cuando los datos y los algoritmos influyen en la concesión de créditos, la selección de personal o el acceso a servicios u oportunidades, es necesario que las decisiones sean comprensibles, cuestionables y sometidas a control, para que la persona no quede reducida a un perfil.

 

En segundo lugar, inclusión y acceso: los beneficios de la innovación deben ir acompañados de inversiones en competencias, infraestructuras y servicios esenciales, para que la tecnología no amplíe la brecha entre quienes tienen y quienes no tienen.

 

Por último, medidas de equidad: la fiscalidad, las protecciones sociales y las políticas industriales deben corregir los desequilibrios creados por la concentración de riqueza y poder.

 

Estos criterios no son un freno a la innovación; en realidad, la hacen viable y humana.

viernes, 24 de julio de 2026

COLONIZACIÓN TECNOLÓGICA - EL PROBLEMA DEL DESEMPLEO - CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL – INTELIGENCIA ARTIFICIAL – PERSONA HUMANA – LUCRO – MAGNIFICA HUMANITAS - Cap. IV -

 


EL PROBLEMA DEL DESEMPLEO - CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL – INTELIGENCIA ARTIFICIAL – PERSONA HUMANA – LUCRO – MAGNIFICA HUMANITAS - IV -  

 

 

151. San Juan Pablo II recordó que

el desempleo es un mal grave y que, sobre todo cuando adquiere proporciones masivas, puede convertirse en una verdadera calamidad social, lo que pone especialmente de relieve la responsabilidad del Estado. [153] 

 

Hoy en día, en la “cuarta revolución industrial”, esta preocupación se agudiza, ya que la innovación suele acogerse únicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios. [154]

 

En algunos contextos, es realista temer una reducción significativa y rápida de los puestos de trabajo disponibles, con un efecto en cadena que afecta profundamente a las familias, a los jóvenes y a las economías locales.

 

En muchos sectores, esto ya se traduce en nuevas formas de precariedad y desigualdad, con remuneraciones muy elevadas para una minoría altamente especializada y salarios cada vez más bajos para una gran parte de la población activa.

 

152. Sin duda, es deseable que la tecnología libere al hombre de trabajos especialmente pesados, repetitivos o peligrosos y que ofrezca un apoyo inteligente a la actividad humana, pero la norma general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona.

 

El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común.

 

153. Simultáneamente, debemos reconocer que toda transición real se produce a través de una discontinuidad: es desigual, fragmentaria y, a veces, conflictiva.

 

Por lo tanto, no existe un modelo de cambio único, ni una solución global; hay territorios e historias que exigen respuestas diferentes. Dada la desigualdad que caracteriza a nuestro mundo, la difusión de la IA y de los sistemas computacionales produce efectos distintos en cada lugar.

 

Las sociedades ricas se automatizan rápidamente y de forma caótica, reduciendo la necesidad de mano de obra y generando zonas de desempleo y fricciones institucionales.

 

En cambio, vastas regiones del mundo permanecen atrapadas en economías híbridas, donde el trabajo humano mal remunerado y las tecnologías parciales conviven sin llegar a transformarse realmente.

 

Estos territorios se convierten en reservas de mano de obra precaria y focos de inestabilidad y migraciones forzadas.

 

Las soluciones, por tanto, deben encontrarse a nivel nacional y local, involucrando a las comunidades intermedias.

 

Se necesitan herramientas capaces de adaptarse: modelos articulados, experimentos locales, redistribuciones progresivas, nuevos derechos de acceso a los bienes esenciales.

 

Sin perseguir una armonía abstracta, se trata de construir formas concretas de convivencia humana en la transformación.

 

154. El trabajo sigue siendo una dimensión fundamental de la experiencia humana; no es sólo un medio de subsistencia, sino también un espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad. Por eso, los problemas vinculados con el trabajo no se limitan únicamente a los ingresos necesarios para la supervivencia de las familias.

 

Una sociedad que garantizara trabajo sólo a una pequeña parte de la población expondría a muchos a una situación de inactividad forzada, de ausencia de responsabilidades, de falta de compromiso y de estímulos cotidianos, con consecuencias de empobrecimiento humano y cultural en contraste con el elevado nivel de desarrollo técnico.

 

Nos encontraríamos ante una paradoja de progreso material y regresión antropológica, en la que desaparecerían las condiciones para una paz social justa y estable.

 

Por eso, la Doctrina social de la Iglesia insiste en que el acceso al trabajo para todos debe seguir siendo un objetivo prioritario de las políticas públicas y de los procesos económicos, criterio de juicio para evaluar la calidad humana de un modelo de desarrollo. [155]

 

Por otra parte, en aquellas partes del mundo en las que el empleo tiende a reducirse o a transformarse radicalmente, como consecuencia de procesos tecnológicos y organizativos que escapan al control democrático, es necesario replantearse el propio concepto de trabajo y su relación con la ciudadanía, para que la falta de empleo no menoscabe la participación social.

155. A la luz de esta convicción, podemos también reinterpretar la historia de la Doctrina social de la Iglesia tras la Rerum novarum.

 

Las iniciativas surgidas en ese contexto —asociaciones, sindicatos, cooperativas, obras de asistencia social— han contribuido de manera decisiva a mejorar la legislación laboral, a proteger a los más vulnerables y a promover condiciones más humanas. [156]

 

Hoy en día, sin embargo, tales instrumentos ya no bastan por sí solos ante las transformaciones provocadas por la IA, la nueva organización de los mercados y la competitividad que rara vez se preocupa por la sostenibilidad social.

 

Es necesario un nuevo esfuerzo conjunto por parte de los responsables políticos, las organizaciones de trabajadores, el mundo empresarial y la comunidad científica para elaborar con celeridad normas y medidas de protección adecuadas y consensuadas, también a nivel internacional. [157]

 

Las organizaciones sindicales, a las que la Iglesia siempre ha apoyado, están llamadas a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores, para representarlos y defenderlos en un contexto en el que, sin decisiones valientes, surgen más pobreza y más desigualdades, con una multitud de excluidos rodeados de máquinas y sistemas automatizados que han ocupado su lugar.

 

156. En esta transición, no basta con reaccionar cuando desaparecen los puestos de trabajo, sino que es necesario gestionar la transformación de forma proactiva.

 

Una forma viable consiste, en primer lugar, en establecer criterios sociales para la innovación: toda introducción de automatización y de IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores, para que la tecnología se oriente a liberar tiempo y capacidades humanas, no a generar exclusión.

 

En segundo lugar, es necesario que políticas activas hagan accesibles a todos la formación continua y las transiciones profesionales, sin descargar sobre los individuos todo el coste de la adaptación a las transformaciones.

 

Por último, se necesita una responsabilidad empresarial que incluya la calidad y la dignidad del trabajo entre los indicadores de éxito.

 

Cuando se dan estas condiciones, la innovación puede convertirse en aliada de un trabajo más seguro, más creativo y digno; cuando faltan, tiende a transformarse en una aceleración de la injusticia.

 

miércoles, 22 de julio de 2026

MENORES EN REDES SOCIALES - PELIGRO - PENSAMIENTO DE LA ENCICLICA "MAGNIFICA HUMANIDAD

 


141. En los últimos años, la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas.

 

A esto se suma la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornográficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo.

 

En la red no son raros los fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y vídeos.

 

Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles.

 

142. A los padres de familia les resulta difícil resistir por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo.

 

Por eso es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea.

 

Es necesario oponerse, con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores.

 

En esta perspectiva, son oportunas intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios ―sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación― y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado. [148] 

 

Al mismo tiempo, es necesario educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales. [149]

martes, 21 de julio de 2026

COLONIZACIÓN TECNOLÓGICA - PALANTIR EN ARGENTINA - PARANOIA, TECNOVIGILANCIA Y CONTROL SOCIAL


 


PARANOIA, TECNOVIGILANCIA Y CONTROL SOCIAL

08-05-2026- Jorge Simonetti


“La visibilidad es una trampa.

El poder disciplinario se ejerce haciéndose invisible, mientras somete a quienes vigila a una visibilidad forzada”

-Michael Foucault, “Vigilar y Castigar”

 

Palantir es una empresa tecnológica estadounidense fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp y otros,

con financiamiento inicial de la CIA,

que se especializa en la recolección, cruce y análisis masivo de datos mediante inteligencia artificial.



Trabaja principalmente con gobiernos, agencias de inteligencia y fuerzas militares -entre ellos

Ejército de Estados Unidos, el ICE y los servicios de seguridad de Israel y Reino Unido-

y su modelo de negocios consiste,

en esencia, en venderle al Estado la capacidad de saberlo todo sobre sus ciudadanos.

 

Peter Thiel llegó a Buenos Aires con familia, valijas y algo más: el peso específico de quien no viene de turismo.



El dueño de PayPal y cofundador de Palantir se instaló en Barrio Parque, compró una mansión valuada en doce millones de dólares, almorzó con Santiago Caputo, y luego fue recibido en la Casa Rosada por el presidente Milei junto al canciller Quirno.


La reunión fue declarada confidencial. Los periodistas acreditados, ese día,

no pudieron entrar a Balcarce 50. Pocas veces la metáfora fue tan literal:

donde llega Palantir, la transparencia se va.

“Palantir es seguridad interior, control social, objetivos militares.

La gigantesca empresa trabaja con los gobiernos de EEUU, Israel y Gran Bretaña, entre otros.

¿Para qué vendrá a la Argentina?”

Conviene saber de qué se habla cuando se habla de Palantir.

Sus herramientas permiten cruzar datos de diversas fuentes -cámaras, redes sociales, registros financieros, GPS-

para perfilar individuos,

lo que despierta serias preocupaciones sobre la privacidad y un Estado vigilante.

No es ciencia ficción ni distopía literaria.

Es el presente de quienes ya firmaron contratos con esta empresa.

 

Estados Unidos utiliza el software de Palantir para cuestiones de seguridad interna y objetivos militares, por ejemplo,

le ha servido para realizar los operativos de identificación y “caza” de inmigrantes a través de la policía especializada ICE.

La pregunta que los argentinos deberíamos hacernos es

para qué la querría este gobierno a una empresa como Palantir. Y aquí la respuesta asusta, porque el terreno ya está preparado.

 

El DNU 941/2025, promulgado por Milei en enero de este año,

no es una reforma técnica de la normativa de inteligencia: es la arquitectura jurídica de un Estado que quiere verlo todo.

 

El decreto establece el secreto absoluto al clasificar todas las operaciones de inteligencia como "encubiertas".

 

Los agentes pueden detener personas sin orden judicial.

El llamado "señor Cinco" —el jefe de la agencia— tiene la facultad de convocar a las Fuerzas Armadas para tareas internas.

 

Y la definición de "inteligencia" es tan deliberadamente ambigua que habilita

la persecución de ciudadanos y periodistas por motivos políticos, o simplemente por divulgar información que el poder preferiría silenciar.

 

Casualmente, muchas de las cosas que ese decreto establece son

servicios que da Palantir.

La casualidad, en política, es un lujo que los ciudadanos no pueden permitirse.

 

“Si a la presencia de Palantir, le sumamos la paranoia del gobierno mileísta, tenemos un combo cuyo resultado no es difícil predecir”

 

El temperamento del presidente agrega una variable que no es menor. Milei ha demostrado una y otra vez que

concibe a sus críticos como enemigos, a la oposición como traición, y

al Estado como una herramienta de sus convicciones antes que como una institución al servicio de todos.

 

Es más, su paranoia ha ido en aumento. La descabellada medida de cerrar la sala de periodistas de la Casa Rosada por un programa de TN, es un claro ejemplo.


En ese contexto,

dotar al gobierno de una plataforma de vigilancia masiva,

con capacidad de cruzar datos biométricos, financieros y de redes sociales en tiempo real,

no es una mejora tecnológica: es la construcción de un panóptico.

 

Tampoco es un dato menor la ideología de Thiel y, especialmente de su socio en Palantir, Alex Carp, que abogan

por la aplicación del “hardpower” (poder duro) a la política, y descreen que la libertad económica sea compatible con la democracia.

 

El manifiesto de veintidós puntos publicado por Palantir en abril sostiene que

el poder duro de este siglo se basará en el software.

 

En prueba de sintonía ideológica fue reposteado entusiastamente por Santiago Caputo desde su cuenta personal.


“Coincidencias ideológicas entre Thiel y Milei no es un buen dato para entrever las razones de la presencia de Palantir en la Argentina”


Versiones periodísticas sostienen que Thiel ya se reunió con autoridades de la SIDE durante su visita a Buenos Aires. Si eso es cierto,

el cuadro se completa con una coherencia que alarma:

--- modificación por decreto de la ley de inteligencia,

--- reunión secreta en Casa Rosada,

--- contacto con el servicio de espionaje, y

--- un empresario que compra casa en el país como quien se instala para quedarse.

 

No hay que ser conspiracionista para ver el patrón. Hay que ser, apenas, ciudadano atento.




La libertad que Milei pregona en sus discursos y en sus libros de cabecera tiene un límite preciso:

--- el momento en que el Estado sabe todo de todos,

--- puede detener a cualquiera sin un juez que lo autorice, y

--- puede llamar al Ejército para vigilar las calles.

 

Ese es el límite en que la libertad deja de ser un principio y se convierte, en una palabra. Tocqueville lo advirtió hace casi dos siglos.

 

El DNU 941/2025 lo convirtió en decreto. Y Palantir está lista para convertirlo en software.