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martes, 8 de julio de 2014

MICHEL FOUCAULT: SIETE CONCEPTOS PARA COMPRENDER LA VIGENCIA DE SU LEGADO - Por DIANA FERNÁNDEZ IRUSTA - LA MODERNIDAD - PROBLEMATIZACIÓN DE LA HISTORIA - PERIFERIA DE LA MODERNIDAD - ARQUEOLOGÍA DEL SABER - MICROFÍSICA DEL PODER - INSTITUCIONES DE ENCIERRO - PANOPTICO - SOCIEDAD DISCIPLINARIA - PODER-SABER - BIO-POLÍTICA -


Michel Foucault: siete conceptos para comprender la vigencia de su legado


Se cumplieron 30 años de la muerte del pensador francés cuya obra cambió la forma de ver el mundo; su llama intelectual deslumbró entre mediados de los 60 y de los 80; la Modernidad, el gran tema

Por   | LA NACION

Prefería que no lo llamaran filósofo
"Lo que hago es la historia de la manera en que las cosas se problematizan; es decir, la manera en que las cosas se vuelven problemas", sostenía Michel Foucault, profesor en universidades norteamericanas y francesas, catedrático del Collège de France y, por sobre todo, autor de textos cuya lectura obra un milagro escaso en estos tiempos: la percepción de que, tras haberlos atravesado, será imposible mirar el mundo del mismo modo en que se lo miraba antes.
Como el singular espejo que Velázquez pintó en Las meninas -obra queFoucault analiza en Las palabras y las cosas-, el pensador francés "no dice nada de lo que ya se ha dicho"; más bien, indaga en lo que siempre estuvo pero nadie vio. 
Sus grandes objetos fueron la Modernidad y los sistemas de pensamiento que la hicieron posible. 
Sin embargo, en lugar de avanzar hacia el corazón de lo moderno, optó por la periferia. 
No se concentró en las grandes Luces o la Enciclopedia, sino en el oscuro y silenciado universo que por siglos se agitó en asilos, cárceles e internados de enfermos mentales. 
Para entender los modos del razonamiento occidental, buceó en los abismos de la sinrazón; para desmenuzar el sentido del sistema legal moderno, puso el foco en la cárcel. 
Y en las abigarradas superficies que trazaban registros, documentos y planillas burocráticas de los siglos XVII y XVIII, fue encontrando los otros hilos -los olvidados, denostados, apartados o ignorados- sobre los que ha venido descansando la trama de nuestras sociedades.
La llama intelectual de Foucault deslumbró, apasionó y dio batalla entre mediados de los sesenta y mediados de los ochenta. 
Precisamente, los años donde el proyecto moderno comenzaba a ser impugnado, mostraba algunas grietas y, aún sin desmoronarse, perdía algo de su desafiante vitalidad. 
A 30 años de la muerte de este pensador, cuando todo indica que estamos entrando en una nueva era -a la que aún nadie sabe muy bien qué nombre dar-, se extraña la desbordante ambición de quien arriesgó ideas inesperadas, incómodas por derecha y por izquierda, con las que se puede diferir, pero difícilmente permanecer indiferente. 
Moderno al fin, Michel Foucault se empeñó tanto en iluminar las zonas de sombra de lo social como en celebrar la desatada alegría del pensamiento.


EL UNIVERSO FOUCAULTIANO

Arqueología del saber. 
Además de ser el título del libro publicado por Foucault en 1969, el término alude a la esencia de su metodología de trabajo: la idea de que, aunque muchos nos parezcan naturales o evidentes, no existen saberes o discursos que no sean fruto de determinadas condiciones de posibilidad (en otros términos, de determinadas prácticas sociales). 
Así como cada época "produce" lo que se puede decir o no, también podría decirse que cada época dispone dónde concentrar los esfuerzos de la investigación científica, de qué modo elaborar los sistemas de ideas, cómo establecer lo que merece ser conocido o, incluso, qué puede ser pensado y qué no. 
La "arqueología del saber" apunta a estas cuestiones: no aspira al gran relato histórico, sino que se concentra en determinados acontecimientos (la "invención" de la cárcel, por ejemplo), indaga en los documentos históricos, los organiza, vincula entre sí y observa cómo se fueron generando rupturas o cambios en los modos de pensar.
Microfísica del poder. 
A contramano de los discursos que imperaban en su tiempo (fundamentalmente en los aguerridos años 60 y 70), Foucault desterró la concepción del poder como algo único, superestructural, ubicado en la cima de la pirámide social, desde donde se ejercería presión hacia abajo. 
Para el francés, la cuestión no pasaba por el enfrentamiento entre dominantes y dominados, sino por las relaciones de fuerza múltiples. 
En su concepción, el poder es ubicuo, lábil y está presente en cada intersticio del entramado social. 
El Estado y los grupos más poderosos lo detentan, evidentemente, pero también se ejerce, de manera capilar, en instituciones, espacios productivos, organizaciones políticas, vínculos familiares, lazos íntimos. 
Asimismo, en La voluntad de saber, Foucault escribe: "Donde hay poder hay resistencia". 
Es decir, las relaciones de poder se entraman con resistencias también capilares, en una dinámica difícil de sistematizar.
Instituciones de encierro. 
En Vigilar y castigar, Foucault describe los pormenores del suplicio y descuartizamiento de un condenado en la París de 1757. 
Si los horrendos espectáculos que brindaban estos ajusticiamientos existían en función de un ejercicio, toma de posición y exhibición del poder monárquico, las cárceles, "invento" moderno que los terminará reemplazando, traen consigo una modalidad de castigo menos cruenta, pero más efectiva. 
Para la visión de Foucault, el dispositivo que subyace a la prisión no busca mostrar con gran despliegue aquello que le ocurrirá a quien se desvíe de la norma, sino que pretende inscribir (como la temible máquina de La colonia penitenciaria, de Kafka) la ley en el cuerpo -incluso en las almas-. 
"La prisión fue un invento que se expandió rápidamente a todos los ámbitos", asegura en una entrevista de los años 80. 
Esto quiere decir que el "formato" presupuesto por las cárceles, que incluía encierro, regulación de los horarios, rigor, disciplina, sistemas jerárquicos y normativas a la vestimenta, los modos de hablar, sentarse, caminar o dirigirse a los superiores, es el mismo que se encarnó en la institución escolar, asilos, hospitales e internados modernos.
Panóptico. 
A fines del siglo XVIII, el filósofo Jeremy Bentham ideó un tipo de arquitectura carcelaria al que llamó "panóptico". 
Se basaba en una torre central, donde residían los guardias, rodeada de celdas individuales, cuyo interior era visible desde la torre. 
Los guardias tenían total acceso visual a las celdas, pero los prisioneros no podían ver el interior de la torre. 
Bentham consideraba que la posibilidad de ser permanentemente vigilados desarrollaría autocontrol y disciplina en los presidiarios. 
Aunque nunca se construyó un panóptico en sentido estricto, Foucault encontró los vestigios de esta concepción en documentos del siglo XVIII. 
El concepto le serviría para pensar los dispositivos de vigilancia presentes en todo tipo de instituciones, de la escuela a la fábrica.
Sociedad disciplinaria. 
Los hallazgos de Foucault implican una noticia incómoda: los dispositivos instaurados por las "instituciones de encierro punitivo" serían la matriz de las mayores conquistas del proyecto moderno. 
Sólo cuerpos y mentes (en todo caso, subjetividades) altamente disciplinados podrían generar los elevados niveles de productividad, concentración, aceptación de las normativas y pensamiento metódico requeridos por las sociedades occidentales, tanto en sus versiones capitalistas como socialistas.
Poder-saber. 
Foucault postula que la dinámica del poder en la modernidad también se articula con un saber muy específico: el que se obtiene a partir de la observación puntillosa, el seguimiento pormenorizado, los mecanismos utilizados para calificar, medir, clasificar y jerarquizar. 
En última instancia, la necesidad de "normalizar" a los integrantes del cuerpo social.
Biopolítica. 
Cuando ese poder-saber comienza a organizarse en función de la "administración de la vida", se ingresa en el ámbito de lo que el autor denomina la biopolítica. 
Probablemente, éste sea el concepto que menos llegó a desarrollar (fue recuperado por pensadores contemporáneos, como Giorgio Agamben), y está ligado al momento en que la sociedad occidental descubre que también le es posible medir, administrar, controlar e incidir en los procesos vitales. 
Si inicialmente los cuerpos fueron entendidos como máquinas (a las que había que educar, disciplinar y corregir), luego pasaron a ser considerados "cuerpos-especie" que serían regulados en términos biológicos (natalidad, longevidad, salud, asunción de la sexualidad). 
Muchos pensadores señalan que, si bien ya no vivimos en el marco de la sociedad disciplinaria, algunos de sus dispositivos se han actualizado, como los sistemas de vigilancia que hoy atraviesan lo digital y el imperio de la imagen. 
Desde esta perspectiva -deudora del pensamiento de Foucault-, estaríamos entrando en el modelo de las "sociedades de control", donde la capilaridad del poder ya no estaría regida por lo disciplinario, sino por instancias más sutiles, como la seducción, el hedonismo, el consumo o, incluso, las biotecnologías.


sábado, 12 de abril de 2014

EL PODER - MICHEL FOUCAULT DE CARNE Y HUESOS - ¿quién y cómo se decide que pensemos de la forma en que pensamos para que actuemos como actuamos? - el saber es indisociable del Poder -


MICHEL FOUCAULT DE CARNE Y HUESOS 
Michel Foucault fue uno de los pensadores más importantes del siglo XX, alguien a quien podría caracterizarse como teórico del poder, un iconoclasta que supo señalar los mecanismos sutiles por los cuales la dominación, la sujeción, la corrección, la disciplina, la vigilancia y otras manifestaciones del control funcionan en nuestra vida, individual y socialmente, incluso o sobre todo ahí donde menos presentes los creemos.
Las ideas de Foucault han tenido eco especialmente en disciplinas como la sociología y la historia y, en menor medida, en la ciencia política y la teoría literaria, un abanico un tanto amplio que da cuenta, por un lado, de la curiosidad intelectual del francés pero sobre todo de su fidelidad a un puñado de aspectos o fenómenos de la vida social.
Aunque en su bibliografía cuenta con ensayos dedicados, por ejemplo, al enigmático Raymond Roussel o a las inquietantes pinturas de Magritte, cuando se compara estas que podrían parecer “excentricidades” con otros de sus títulos más emblemáticos (Vigilar y castigar o su Historia de la sexualidad) se descubre el hilo conductor de una pregunta constante sobre los caminos que sigue la configuración de una manera específica de pensar, una episteme, pero no en sentido filosófico, sino social: ¿quién y cómo se decide que pensemos de la forma en que pensamos para que actuemos como actuamos?
Esa fue sin duda una de las grandes provocaciones de Foucault: evidenciar que el saber es indisociable del Poder, que este determina (tanto como puede) los saberes que se privilegian y los que se excluyen, que incluso en esos campos que se tienen como las más asépticas, las más positivas, las más ajenas a los mecanismos del poder, ahí también extiende su dominio, condicionando simultáneamente la formación de los individuos.
Antes de morir, Michel Foucault (1926-1985) fue contundente al respecto: nada que no fueran los libros que él mismo había dado a la imprenta debía publicarse. 
Él, un autor tan preocupado por la disolución del sujeto, alguien que con tanto cuidado construyo, en sus palabras, “una caja de herramientas” para ayudar a pensar, temía con razón las implicaciones parciales que pudieran extraerse de los fragmentos de su obra. 
Y es que, como en pocos autores, sus libros se encuentran interconectados como un andamiaje instrumental, ya sea para funcionar como libros de exploración (Historia de la locura) o libros de método (La arqueología del saber). 
Todo en Foucault es una autobiografía, velada o simbólica. De ahí que a él le interesara tan poco desentrañar al personaje. 
“Me interesan los hombres de carne y hueso y me interesan los personajes. Aborrezco los híbridos de ambos”, Elías Canetti.
En 1994, sin embargo, aparecieron en Francia los cuatro tomos de Dits et écrits, que compilaban artículos, entrevistas, conferencias y otros textos dispersos aglutinando la parte más visible del autor a través de un compendio fascinante entre lo periodístico y literario, que en español sólo había sido publicado parcialmente con el título Obras esenciales bajo el cuidado de Miguel Morey; apenas una tercera parte de lo publicado en francés.
La ventaja del material que está publicando siglo XXI Argentina, quien ha publicado hasta hoy tres tomos bajo los rótulos El poder, una bestia magníficaLa inquietud por la verdad y ¿Qué es usted, profesor Foucault?,  es que nos permite acercanos a una de las inteligencias más seductoras y potentes del siglo XX, pero no desde la hagiografía ni el estudio especializado, sino desde la posibilidad transversal que ocasiona la charla. 
Leyendo La inquietud por la verdad queda claro que Foucault debió ser un gran conversador. En la entrevista de Rux Martin, “Verdad, poder y sí mismo” por ejemplo, atisbamos una figura palpable, en una dimensión lúcida pero también coloquial. Vemos a un hombre que titubea y experimenta y que se asume primero como docente antes que filósofo o intelectual. Alguien que se declara lector de Blanchot, Klossowski y de Nietzsche pero también de William Faulkner, Malcolm Lowry y Thomas Mann. 
En libros como éste conocemos la cocina de su escritura pero también los libros que pueblan su mesa de luz, elementos paralelos de su desarrollo intelectual.
En algún momento, el francés declara que “cada libro transforma lo que pensaba al terminar el libro precedente. 
Soy un experimentador y no un téorico” y escuchándolo fuera de los márgenes de su obra oficial no podemos sino comprobarlo, porque si algo abonan estas páginas indómitas es otro aspecto de su personalidad: Foucault fue, como si no fueran ya demasiadas sus aristas, un ensayista vital.
 Tomado de: Libros de Michel Foucault digitalizados y listos para descargar (Biblioteca Pijama Surf)

lunes, 17 de febrero de 2014

Salud mental en tiempos difíciles - Por Joseba Achotegui - La biopolítica, 30 años después. Vigencia de Michel Foucault - no es lo mismo ser diferente, que estar enfermo -por qué la sociedad delega un poder tan grande en los profesionales de la salud mental - la biopolítica” - “episteme” -

LA obra de Michel Foucault (1926 -1984 ) continúa siendo uno de los referentes intelectuales más importantes para la comprensión de las relaciones entre la sociedad y el trastorno mental. 

Para Foucault, las categorías de locura, delincuencia o desviación sexual son construidas en función de discursos políticos para normalizar. 

Desde esta perspectiva, es necesario tener en cuenta que no es lo mismo ser diferente, que estar enfermo.

La pregunta fundamental que se formula Foucault, y hay que resaltar que la hace cuando aún es un joven estudiante que está finalizando su formación en el Hospital de Sainte Anne de París, difícilmente puede ser más clara e ir más dirigida a la raíz del tema que nos ocupa: “había seguido también estudios de psicopatología, una pretendida disciplina, que no enseñaba gran cosa. 

Entonces se me planteó la pregunta: cómo un saber tan escaso puede arrastrar tanto poder?”. (1975).


Foucault se plantea por qué la sociedad delega un poder tan grande en los profesionales de la salud mental, y se pregunta si no será porque cumplen una determinada función de control social al servicio de los intereses del sistema, no tanto por la valía de sus conocimientos científicos, que como señalará en sus trabajos han sido muy escasos en algunas etapas históricas, sin que ello haya menguado lo más mínimo su poder.


Para Foucault (1973, 2003) el diagnóstico psiquiátrico no es algo objetivo, neutro, sino que se halla vinculado a lo que denominó “la biopolítica” (1979) que sería el intento por parte del poder de controlar la salud, la higiene, la alimentación, la sexualidad, la natalidad dado que constituyen temas políticos, fundamentalmente desde el siglo XVIII. 

Foucault introduce también (1966) el concepto de “episteme” que sería la estructura de pensamiento propia de cada época histórica. 

Así pues, la psiquiatría no es una ciencia exacta, sino que se halla condicionada por el episteme del momento histórico. 

De suyo, tal como demuestra la psiquiatría transcultural, (y ya planteó con gran agudeza en los 50 Karen Horney), ni siquiera tenemos aún una definición de lo que es salud mental ó trastorno mental, porque depende del contexto social y cultural, obviamente ligados a las relaciones de poder.


En uno de sus primeros libros “Historia de la locura en la época clásica” (1964 ) Foucault señala que en la Edad Media la locura fue considerada un misterio sagrado que formaba parte del vasto campo de la experiencia humana. 

Asimismo, en el Renacimiento fue vista como una forma especial de razón de tipo irónico que mostraba el absurdo del mundo. 

La locura era a la vez trágica y cómica. 

Esta imagen cristaliza en la nave de los locos, un grupo de personas que se hallaba fuera de la sociedad, pero que también eran considerados peregrinos en busca de la razón y por extensión de la razón del mundo, representando la conexión entre orden y caos. 

Como señala Downing (2008), Foucault sostiene que en la Edad media y el Renacimiento, la locura era vista como un fenómeno humano integral. 

La locura se oponía a la razón, pero como un modo humano alternativo de existencia, no como su simple rechazo. 

En esta línea ve “El elogio de la locura” de Erasmus o las tragedias de Shakespeare. 

Hasta la Ilustración la locura era vista como un lugar imaginario, un lugar de paso entre el mundo y lo que hay detrás, entre la vida y la muerte, entre lo tangible y lo sagrado

Al llegar la Edad clásica (siglos XVII y XVIII) tiene lugar el gran cambio, ya que la locura se convierte en la sin-razón, en algo ligado a lo inhumano, en lo opuesto a lo racional en el planteamiento cartesiano.  

Con la llegada de la terapéutica moderna el loco vuelve a la sociedad pero se le somete a una terapia moral. 

Así Foucault critica la figura de Pinel, objeto de gran admiración en la historia de la psiquiatría, ya que liberó de sus cadenas a los alienados de Bicêtre en 1793 o la figura de Samuel Tuke en Inglaterra que fundó un asilo cuáquero para alienados. 

Como señala Downing ( 2008) para Foucault ni el uno ni el otro eran propiamente filántropos, ni introdujeron un giro humanitario al tratamiento de la locura, tal como nos los ha mostrado la historia de la psiquiatría. 

Así, considera que el tratamiento de Tuke tenía en realidad un fuerte componente de moral burguesa ya que lo que buscaba era que la conducta del alienado no disturbara la moral de la sociedad. 

Para Foucault, Tuke sustituye el terror de la locura por la angustia de la la moral burguesa. 
Como es sabido, Tuke organizaba “tea parties” donde enseñaba a los locos a mostrarse de modo educado y de acuerdo a las normas sociales establecidas. 

Para Foucault en realidad Tuke no les deja expresarse. 

Por su parte, en relación a Pinel, Foucault considera que el asilo en el que se sigue manteniendo a los locos es también un régimen de autoridad. 

El loco está libre ahora de sus cadenas, pero está preso de la moral burguesa

Tras todos estos cambios acontece otro de gran relevancia: al final de la Ilustración, el loco se convierte en “enfermo mental”. 

Pero la autoridad del médico no es científica, es la autoridad que le confiere la sociedad. 

De este modo, la utilización del término enfermedad legitima el trabajo del médico. 

Como señala Dawning (2008) para Foucault, ya desde la Ilustración, el nuevo espacio social de la locura se ha convertido en objeto de saber. 

El personaje del médico, el psiquiatra, el psicólogo, se constituye en el sujeto de ese saber.


¿Pero, qué vigencia tiene la obra de Michel Foucault en el mundo profundamente globalizado de hoy, en la sociedad de la información, en una sociedad sometida a la psiquiatrización del DSM? 

Nuevos autores, como el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Ham, plantean que estamos pasando de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento (el paradigma del emprendedor, “yes, we can” ) y la sociedad de la autoexplotación, una sociedad en la que están surgiendo nuevas formas de biopolítica. 

Estamos transitando de la sociedad de los muros de los psiquiátricos y de las prisiones, a la sociedad de los gimnasios y los centros comerciales, en la que la depresión ocupa un espacio cada vez más relevante


Es para debatir en profundidad y en un espacio de libertad todas estas ideas,  para lo que hemos organizado una Jornada titulada ”La biopolítica, 30 años después”, el viernes 7 de marzo en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona, con la colaboración del DIARIO PÚBLICO. Intervienen Tomás Ibáñez, Federico Javaloy, Miguel Morey, Jorge de los Santos, Joseba Achotegui, Toni Talarn, María Palacín y Josep Baptista Trobalón


No es necesario realizar inscripción y la entrada es gratuita. Os esperamos!!!!
PROGRAMA
http://www.ub.edu/psicologia/images/A__Foucault_2014__Programa_30_años.pdf
jachoteguil@gmail.com