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sábado, 6 de junio de 2015

CRISIS Y CAOS - SIEMPRE ES POSIBLE CORREGIRSE Y VOLVER A EMPEZAR: Por : LEONARDO BOFF - CAOS: DESTRUYE CIERTO ORDEN Y GENERA NUEVO ORDEN - CRISIS POLITICA Y CAOS SOCIAL - FREI BETTO: PROPUSO HAMBRE CERO - PRIORIZAR PRODUCCIÓN SOBRE ESPECULACIÓN - MERCADO - CORRUPCIÓN - SUMISIÓN AL CAPITALISMO NEOLIBERAL -

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Siempre es posible corregirse y volver a empezar - 2015-06-02


  No toda crisis, ni todo caos son necesariamente malos. 

La crisis acrisola, funciona como un crisol que purifica el oro de las gangas y lo libera para un nuevo uso. 

El caos no es solo caótico; también puede ser generativo. 

Es caótico porque destruye cierto orden que no atiende las demandas de un pueblo; es generativo porque a partir de un nuevo reajuste de los factores, inaugura un nuevo orden que hace mejor la vida del pueblo. 

Dicen algunos cosmólogos que la vida surgió del caos. Este organizó internamente los elementos de alta complejidad y de esta complejidad hizo surgir la vida en la Tierra y más tarde nuestra vida consciente (Prigogine, Swimme, Morin y otros).

La actual crisis política y el caos social obedecen a la lógica descrita arriba. 

Ofrecen una oportunidad de refundación del orden social a partir del caos social y de los elementos depurados de la crisis. 

Como en Brasil hacemos todo a medias y no concluimos casi ningún proyecto (independencia, abolición de la esclavitud, la república, la democracia representativa, la nueva democracia post dictadura militar, la amnistía) existe el riesgo de que perdamos nuevamente la oportunidad de hacer algo realmente profundo y cabal, o continuaremos con la ilusión acostumbrada de que poniendo esparadrapos curamos la herida que gangrena la vida social desde hace tanto tiempo.

Antes de cualquier iniciativa nueva, el PT, que hegemonizó el proceso nuevo en la política brasilera, debe hacer lo que hasta ahora no ha hecho: una autocrítica pública y humilde de los errores cometidos, de no haber sabido usar el poder realmente como instrumento de cambios y no de ventajas corporativas y de haber perdido la conexión orgánica con los movimientos sociales. 

Necesita hacer su mea-culpa porque algunos con poder traicionaron a millones de afiliados al haber manchado y rasgado su principal bandera: la moralidad pública y la transparencia en todo lo que hicieran. 

Aquel pequeño puñado de corruptos y de ladrones del dinero público dentro de Petrobras que traicionaron a más de un millón de afiliados al PT y avergonzaron a la nación, deberán ser borrados de la memoria.

Cito a frei Betto que estuvo dentro del poder central y que ideó Hambre Cero. Al darse cuenta de los desvíos, dejó el gobierno comentando: «El PT en 12 años no promovió ninguna reforma de la estructura, ni agraria, ni tributaria, ni política. 

¿Había alternativa para el PT? Sí, si no hubiese arrojado su garantía de gobernabilidad en los brazos del mercado y del Congreso; si hubiese promovido la reforma agraria, para hacer a Brasil menos dependiente de la exportación de materias primas, y favorecido más el mercado interno; si osase hacer la reforma tributaria recomendada por Piketty, priorizando la producción y no la especulación; si hubiese, en fin, asegurado la gobernabilidad prioritariamente mediante el apoyo de los movimientos sociales, como hizo Evo Morales en Bolivia… 

Si el gobierno no vuelve a beber en su fuente de origen –los movimientos sociales y las propuestas originales del PT– las fuerzas conservadoras volverán a ocupar Planalto».

Y ahora concluyo yo: hemos echado a perder la revolución pacífica y popular hecha a partir de 2003 cuando ocurrió no un cambio de poder sino el cambio de la base social que sustenta el Estado: el pueblo organizado, antes al margen y ahora puesto en el centro. 

El PT puede soportar el rechazo de los poderosos. Lo que no puede es defraudar al pueblo y a los humildes que tanta confianza y esperanza pusieron en él. Y muchos, como frei Betto y yo, que nunca nos inscribimos en el PT (preferimos el todo y no la parte que es el partido), pero siempre apoyamos su causa, por verla justa y afín a las propuestas sociales de la Iglesia de la Liberación, sentimos abatimiento y decepción. No tenía por qué ser así. Y lo fue por inmoralidad, por falta de amor al pueblo y por la ausencia de conexión orgánica con los movimientos sociales.

No por eso desistiremos. En el espectro político actual no vislumbramos ningún proyecto que huya de la sumisión al capitalismo neoliberal, que haga a la sociedad menos malvada y que presente líderes confiables que mejoren la vida del pueblo. 

La vida nos enseña y las Escrituras cristianas no se cansan de repetir: quien cayó siempre puede levantarse; quien pecó siempre puede redimirse después de una clara conversión al primer amor. Hasta se dice que quien estaba muerto puede ser resucitado, como Lázaro y el joven de Naín.

El PT tiene que volver a comenzar desde allá abajo, humilde y abierto a aprender de los errores y de la sabiduría del pueblo trabajador. 

Son válidos todavía los ideales primeros: inclusión social de millones de marginados, desarrollo social con distribución de la renta y redistribución de la riqueza nacional, cuidado de la naturaleza con sus bienes y servicios amenazados y la siempre ansiada justicia social. 

Pero todo esto no podrá sostenerse si no viene acompañado de una reforma política, tributaria y fuerte inversión en la agroecología, dada la imposibilidad actual de hacer la reforma agraria.

Para que eso ocurra, necesitamos creer en lo justo de esta causa; fortalecerse frente a la batalla que será entablada contra el PT por aquellos que viven batiendo ollas llenas, que nunca quieren cambios por miedo a perder beneficios; pero sin usar jamás las armas que ellos usan –mentiras y distorsiones– sino las que ellos no pueden usar: la verdad, la transparencia, la humildad de reconocer los errores y la voluntad de mejorar día a día, de querer un Brasil soberano y un pueblo feliz porque es lo justo, no más destinado a penar en las periferias existenciales sino a brillar. Sigue siendo válido lo que Don Quijote sentenciaba: «no hay que aceptar las derrotas sin dar antes todas las batallas».



LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO: VIVIR ES LA MEJOR OPCIÓN - Por: LEONARDO BOFF - AMOR A LA VIDA - AMOR A LA NATURALEZA - PREVENCIÓN DEL SUICIDIO - EVITAR EL TABÚ DE NO HABLAR EL SUICIDIO - COMPRENSIÓN REALISTA DE LA NATURALEZA HUMANA - PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA NO ASUMIDO - PÉRDIDA DEL SENTIDO DE LA VIDA - EL SUICIDIO ES PREVENIBLE -

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La prevención del suicidio: vivir es la mejor opción

2015-06-05


  El periodista André Trigueiro tiene dos pasiones: la causa ambiental y la prevención del suicidio. 

En el fondo se mueve por un único gran amor: el amor apasionado por la vida, bien sea la de la naturaleza o la del ser humano en riesgo.

El amor a la naturaleza se materializa través de su programa, tal vez el mejor del género en la televisión nacional sobre el ambiente, transmitido por Globonews con el título Ciudades y Soluciones.

El amor por el ser humano en riesgo de suicidio se muestra a través de su actuación en el Centro de Valoración de la Vida (CVV) de Río de Janeiro y por este espléndido libro cuyo título lo dice todo: Vivir es la mejor Opción: la prevención del suicidio en Brasil y en el mundo (Editorial Espírita, São Bernardo do Campo 2015).

No conozco en la literatura accesible un texto más minucioso, analítico, inspirador y sustentador del amor y de la esperanza por la vida que este de André Trigueiro.

Para empezar, se comporta como un periodista concienzudo: recoge, en las fuentes más seguras, los principales datos referentes al suicidio en Brasil y en el mundo. Seguidamente analiza los factores y las causas que llevan a las personas a buscar su propia muerte. Y finalmente, sugiere y propone caminos de acompañamiento y de superación. Como una especie de apéndice, pero sin ningún propósito proselitista, expone didácticamente la visión espírita del suicidio, cómo ella le ayudó personalmente a ser más humano y espiritual, y cómo el suicida es tratado por la doctrina.

Primeramente rompe el tabú y el silencio que rodean el fenómeno mundial del suicidio. La prevención se hace con información. Hablar del suicidio como hablamos del sida ayuda a eventuales suicidas a evitar este camino. Pero no basta hablar. Se trata de hablar, como lo demuestra en su texto, con sumo respeto, lleno de comprensión y de compasión, evitando cualquier dramatización y espectacularización excesivas.

Los datos nos obligan a hablar del suicidio pues por su gran frecuencia se ha convertido en un problema de salud pública, raramente incluido en los planes sanitarios de los gobiernos. Los últimos datos accesibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son de 2012. Ahí se dice que hay cerca de 804 mil casos por año, lo que viene a dar un suicidio cada 40 segundos, y además un intento de suicidio cada dos segundos.

En Brasil son 11.821 casos al año, lo que equivale a 32 por día especialmente en la Amazonia, en Paraíba, en Bahía y en Rio Grande del Sur.

En una perspectiva global, después de los accidentes de tráfico, el suicidio es la causa principal de mortalidad, abarcando todas las edades, pero afectando principalmente a los jóvenes entre 15-29 años, que representan el 8,5% de las muertes en el mundo.

Este hecho desafía a la inteligencia humana: ¿cómo es posible que un ser llamado a la vida, el don más precioso que existe en el universo, pueda buscar la eliminación de su propia vida? Aquí se hace necesaria una comprensión realista de la condición humana, hecha de luz y de sombras, de éxitos y de fracasos, de esperanza y de desesperación. 

Este dato no es un defecto de nuestra naturaleza, sino la forma como está constituido nuestro mismo ser, mortal, finito, imperfecto y siempre en camino de perfección. 

Son innumerables las causas que llevan a las personas a buscar el suicidio: la inundación de la dimensión de sombra, trastornos psicológicos, enfermedades incapacitantes, profundas decepciones y prolongadas depresiones. 

Pero más que todo, la pérdida del sentido de la vida que suscita en las personas vulnerables el impulso de desaparecer. A veces quitarse la vida es una forma de buscar un sentido que les ha sido negado en esta vida. De ahí, nuestro respeto ante quien toma tal decisión, no por cobardía, sino por amor a una vida supuestamente mejor que esta.

Pero André Trigueiro sustenta con determinación y profunda esperanza esta tesis: en la mayoría absoluta de los casos, los suicidios son prevenibles.

En este contexto detalla varios caminos desarrollados especialmente por los Samaritanos de Londres y por el Centro de Valoración de la Vida (CVV), ambos de origen espírita, pero sin intención de conquistar para ese camino espiritual. 

Estas dos instituciones principales, compuestas por voluntarios (solo los 70 puestos en Brasil atienden de media unas 800 mil llamadas de teléfono o por internet al año), son las que se dedican directamente a la prevención del suicidio. 

Los valores que las inspiran son profundamente humanísticos y ético-espirituales: la comprensión, la acogida, la escucha, la fraternidad, la cooperación, el crecimiento interior y el ejercicio de la vida plena.

Sólo lo que refuerza la vida puede salvar la vida en peligro. Es válida la tesis de Triguero: «vivir es la mejor opción».

Es mérito de André Trigueiro no solo transmitirnos ese mensaje de esperanza y de escucha sino también vivirlo concretamente en su propia vida.



sábado, 30 de mayo de 2015

EL DERECHO CONTRA LA DERECHA - Por: LEONARDO BOFF - COLAPSO DEL ORDEN CAPITALISTA - LÍMITES DE LA TIERRA QUE NO SE PUEDEN TRASPASAR - ACUMULACIÓN PRIVADA - AGOTAMIENTO DE LOS BIENES NATURALES - ESPECULACIÓN FINANCIERA - DESTRUCCIÓN BASES FÍSICO QUÍMICAS SUSTENTAN LA VIDA - EROSIÓN BIODIVERSIDAD - CALENTAMIENTO GLOBAL - CALENTAMIENTO ABRUPTO -




El derecho contra la derecha - 2015-05-2


  
Prolongando reflexiones anteriores, veo que para intentar salir de la crisis actual (si es que es posible) hay dos presupuestos que deben ser considerados seriamente. De lo contrario corremos el riesgo de perder todo lo que hayamos proyectado: el colapso del orden capitalista y los límites de la Tierra que no se pueden traspasar

Naturalmente se trata de hipótesis, pero creo que fundadas.

Primer presupuesto: el sistema del capital ha entrado en colapso, lo que significa su fin en un doble sentido: fin en el sentido de que ha alcanzado su propósito fundamental: aumentar la acumulación privada hasta su límite extremo. 

Como constató Thomas Piketty en El capital en el siglo XXI: «los pocos que están arriba tienden a apropiarse de una gran parcela de la riqueza nacional». Hoy esa tendencia es no sólo nacional sino global.

Los datos varían de año en año, pero en el fondo se resumen en esto: un grupo cada vez menor detenta y controla gran parte de la riqueza mundial. Hoy son, según datos de la respetada Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH), 737 actores que controlan cerca del 80% de los flujos financieros mundiales. Dentro de poco serán muchos menos.

Pero ese fin significa también fin como colapso y desenlace final. La agonía puede prolongarse, pues usa mil estratagemas para perpetuarse, pero la crisis es inevitablemente terminal. El capitalismo ha tocado techo y no consigue ir más allá; peor aún, no tiene nada más que ofrecer, a no ser más de lo mismo, que es aquello que produce la crisis: su ilimitada voracidad.

Ocurre que sobrepasó los límites físicos de la Tierra; el agotamiento de los bienes naturales es de tal orden que ya no tiene condiciones para autorreproducirse, pues los necesita. 

Al forzar su lógica interna, puede volverse biocida, ecocida y, en el límite, geocida. 

Como no puede autorreproducirse más, se vuelve sobre sí mismo, acumulando con más y más furia, vía especulación financiera: dinero haciendo dinero. El lema sigue siendo el mismo, el perverso “greed is good” (la codicia es buena). 

Que se dañe la humanidad, la naturaleza y el futuro de las próximas generaciones.

Si en Brasil queremos salir de la crisis a base de esta lógica, estamos escogiendo el camino del abismo. 

Dentro de poco, todos experimentaremos en carne propia el sentido de la metáfora de Sören Kirkegaard: el payaso pidió a los espectadores que ayudasen a apagar el fuego de las cortinas de atrás del teatro. Todos reían y aplaudían pues pensaban que era parte del espectáculo. Nadie hizo caso al payaso hasta que el fuego quemó el teatro entero y a todos los que estaban dentro y aún en los alrededores.

El segundo presupuesto, ausente casi siempre en los analistas económicos convencionales, es el estado gravemente enfermo del planeta Tierra. 

La aceleración productivista está destruyendo rápidamente las bases físico-químicas que sustentan la vida, además de producir una espantosa erosión de la biodiversidad (cerca de cien mil especies, según E. Wilson, desparecen cada año) y el imparable calentamiento global, cuyos gases de efecto invernadero han alcanzado en la actualidad los niveles más elevados desde hace 800 mil años. 

Con la subida de la temperatura 2 grados centígrados podremos todavía gestionar la biosfera. Sin embargo, si no hacemos nada a partir de ahora, como afirmó ya en 2002 la sociedad científica norteamericana, aun en este siglo podríamos conocer el “calentamiento abrupto”. Este podría llegar a 4-6 grados centígrados más. 

Bajo esa temperatura, advierte la comunidad científica, las formas de vida conocidas no podrían subsistir y gran parte de la humanidad se vería afectada gravemente con millones de víctimas.

¿Cómo salir de ese impasse? Tal vez nadie tenga condiciones para ofrecer una alternativa realmente viable, porque tiene una dimensión que va más allá de Brasil, pues es global. 

A nosotros, los intelectuales, nos toca reflexionar, alertar y urgir medidas concretas. Es nuestro imperativo ético.

Mi bola de cristal me sugiere tres caminos:

El primero, ante la gravedad de la crisis, consiste en crear un consenso mínimo, suprapartidario, que incluya a parlamentarios progresistas, sindicatos, empresas, intelectuales, ONGs, iglesias y pueblo de la calle en torno a un proyecto mínimo de Brasil fundado en algunos principios y valores asumidos por todos (seguramente se exigirá una reforma política, tributaria y fuerte inversión en la agroecología). Estimo que el liderazgo de Lula sería suficientemente fuerte todavía para encabezar esta propuesta. 

El Gobierno de Itamar Franco, pos-crisis Collor, podría servir de referencia inspiradora.

El segundo sería constituir un frente amplio y vigoroso de partidos progresistas, sindicatos y otros grupos e intelectuales progresistas para hacer frente al fuerte avance de la derecha con sus políticas neoliberales, asociadas al proyecto-mundo liderado por los países centrales. 

La derecha no tiene una preocupación social consistente, pues ella está interesada en el crecimiento vía PIB que favorece a las clases propietarias y a los bancos, dejando a los pobres allí donde siempre han estado, en la periferia.

Nuevamente estimo que la figura más adecuada para tejer este frente progresista sería Lula. Pero su dirección debería ser pluralista y no personalista. 

La convergencia en la diversidad no anularía las singularidades de los partidos y de los grupos que tienen su identidad y su historia. Pero ante un peligro general, deben relativizar lo particular en función de lo universal.

El tercer camino sería que el PT haga una rigurosa auto-crítica (hasta hoy no la ha hecho), se recomponga internamente, refuerce el nexo del poder con los movimientos sociales, politice lo más rápidamente posible las bases y se presente con una agenda nueva que completaría la primera, cuyos temas básicos serían la infraestructura de salud, educación, transporte, la urbanización de las favelas, la reforma política, la tributaria y la agraria, entre otros puntos.

Pero veo que el desgaste del PT, a partir de un puñado de traidores y ladrones que llenaron de vergüenza a más de un millón de afiliados y desmoralizaron al país ante sí mismo y ante el mundo, vuelve frágil, tal vez hasta ineficaz este camino.

Por algunas de estas salidas se podrá superar la perplejidad, el sentimiento de impotencia y construir alguna esperanza de que todavía tenemos solución. En cualquier caso, lo que de verdad cuenta en la superación de cualquier crisis es esta tripleta, verdadera Trinidad de la economía sana que va más allá del PIB pequeño o grande: el empleo, el salario y la promoción social de las bases. Eso garantizará la supervivencia de la mayoría y creará un orden soportable.

En todo caso, a la derecha política que elucubra salidas fuera de la democracia, debemos oponer el derecho. No podemos aceptar que se rompa el rito democrático pues la historia ha mostrado que aquella no tiene un compromiso serio con la democracia; para salvar sus intereses no teme romper las reglas.

En cuanto a nosotros, no nos es permitido desistir de buscar lo mejor para nuestro país, más allá de las diferencias y desavenencias que puedan existir. El bien común debe prevalecer sobre cualquier otro bien particular.





domingo, 3 de mayo de 2015

LA CULTURA CAPITALISTA ES ANTI-VIDA Y ANTI-FELICIDAD - Por: LEONARDO BOFF [19-04-2015] - CAPITALISMO Y DESIGUALDAD SOCIAL - INJUSTICIA SOCIAL - INJUSTICIA ECOLÓGICA - CRISIS GENERAL DEL SISTEMA VIDA Y SISTEMA TIERRA - DIOS DINERO COMO PARADIGMA - CARTA DE LA TIERRA - MACRO-ECONOMIA NEO-LIBERAL DE MARCADO - CULTURA DEL CAPITAL - LOS HAMBRES DEL SER HUMANO - NECESIDAD DE AUTOAFIRMACIÓN -

La cultura capitalista es anti-vida y anti-felicidad

2015-04-19


  La demolición teórica del capitalismo como modo de producción comenzó con Karl Marx y fue creciendo a lo largo de todo el siglo XX con el surgimiento del socialismo. 

Para realizar su propósito principal de acumular riqueza de forma ilimitada, el capitalismo agilizó todas las fuerzas productivas disponibles. Pero, desde el principio, tuvo como consecuencia un alto costo: una perversa desigualdad social. 

En términos ético-políticos, significa injusticia social y producción sistemática de pobreza.

En los últimos decenios, la sociedad se ha ido dando cuenta también de que no solamente existe una injusticia social, sino también una injusticia ecológica: devastación de ecosistemas enteros, agotamiento de los bienes naturales, y, en último término, una crisis general del sistema-vida y del sistema-Tierra. 

Las fuerzas productivas se han transformado en fuerzas destructivas. Lo que se busca directamente es dinero. 

Como advirtió el Papa Francisco en pasajes ya conocidos de la Exhortación Apostólica sobre la Ecología: «en el capitalismo quien manda ya no es el hombre, sino el dinero y el dinero vivo. La motivación es la ganancia… ganancia… Un sistema económico centrado en el dios-dinero necesita saquear la naturaleza para mantener el ritmo frenético de consumo que le es inherente».

Ahora el capitalismo ha mostrado su verdadera cara: estamos tratando con un sistema anti-vida humana y anti-vida natural. 

Y se nos plantea este dilema: o cambiamos o corremos el peligro de nuestra propia destrucción, como alerta la Carta de la Tierra.

Sin embargo, el capitalismo persiste como el sistema dominante en todo el globo bajo el nombre de macroeconomía neoliberal de mercado. 

¿En qué reside su permanencia y persistencia? 

A mi modo de ver, reside en la cultura del capital. Eso es más que un modo de producción. 

Como cultura encarna un modo de vivir, de producir, de consumir, de relacionarse con la naturaleza y con los seres humanos, constituyendo un sistema que consigue reproducirse continuamente, poco importa en qué cultura venga a instalarse. 

Ha creado una mentalidad, una forma de ejercer el poder y un código ético. 

Como enfatizó Fábio Konder Comparato en un libro que merece ser estudiado A civilização capitalista (Saraiva, 2014): «el capitalismo es la primera civilización mundial de la historia» (p. 19). 

El capitalismo orgullosamente afirma: «no hay otra alternativa».

Veamos rápidamente algunas de sus características: 

--- la finalidad de la vida es acumular bienes materiales mediante un crecimiento ilimitado producido por la explotación sin límites de todos los bienes naturales, 

--- por la mercantilización de todas las cosas y por la especulación financiera, 

--- realizado todo con la menor inversión posible, buscando obtener mediante la eficacia el mayor lucro posible dentro del más corto tiempo posible; 

--- el motor es la competencia impulsada por la propaganda comercial; 

--- el beneficiario final es el individuo; 

--- la promesa es la felicidad en un contexto de materialismo raso.

Para este propósito se apropia de todo el tiempo de vida del ser humano, no dejando espacio a la gratuidad, a la convivencia fraternal entre las personas y con la naturaleza, al amor, a la solidaridad y al simple vivir como alegría de vivir. 

Como tales realidades no importan en la cultura del capital, pero son ellas las que producen la felicidad posible, el capitalismo destruye las condiciones de aquello que se proponía: la felicidad. 

Y así no es sólo anti-vida sino también anti-felicidad.

Como se deduce, estos ideales no son propiamente los más dignos para el efímero y único paso de nuestra vida por este pequeño planeta. 

El ser humano no posee solamente hambre de pan y afán de riqueza; es portador de otras hambres como hambre de comunicación, de encantamiento, de pasión amorosa, de belleza y arte, y de trascendencia, entre muchas otras.

¿Pero por qué la cultura del capital se muestra así tan persistente? Sin mayores mediaciones diría: porque ella realiza una de las dimensiones esenciales de la existencia humana, aunque la elabora de forma distorsionada: la necesidad de autoafirmarse, de reforzar su yo, de lo contrario no subsiste y es absorbido por los otros o desaparece.

Biólogos e incluso cosmólogos (citemos apenas a uno de los mayores: Brian Swimme) nos enseñan que en todos los seres del universo, especialmente en el ser humano, prevalecen dos fuerzas que coexisten y se tensionan: la voluntad del individuo de ser, de persistir y de continuar dentro del proceso de la vida; para eso tiene que autoafirmarse y fortalecer su identidad, su “yo”. La otra fuerza es la de integración en un todo mayor, en la especie, de la cual el individuo es un representante, constituyendo redes y sistemas de relaciones fuera de las cuales nadie subsiste.

La primera fuerza gira alrededor del yo y del individuo y origina el individualismo. 

La segunda se articula alrededor de la especie, del nosotros y da origen a lo comunitario y a lo societario. 

Lo primero está en la base del capitalismo, lo segundo, en la del socialismo.

¿Dónde reside el genio del capitalismo? En la exacerbación del yo hasta el máximo posible, del individuo y de la autoafirmación, desdeñando el todo mayor, la integración y el nosotros. 

De esta forma ha desequilibrado toda la existencia humana, por el exceso de una de las fuerzas, ignorando la otra.

En este dato natural reside la fuerza de perpetuación de la cultura del capital, pues se funda en algo verdadero pero concretizado de forma desmesuradamente unilateral y patológica.

¿Cómo superar esta situación que viene desde hace siglos? Fundamentalmente recuperando el equilibrio de estas dos fuerzas naturales que componen nuestra realidad. 

Tal vez la democracia sin fin sea la institución que hace justicia simultáneamente al individuo (al yo) pero insertado dentro de un todo mayor (nosotros, la sociedad) del cual es parte. Volveremos sobre el tema.

domingo, 15 de marzo de 2015

LÍMITES A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN - Por: LEONARDO BOFF - TOLERANCIA ILIMITADA? - VALE TODO - LÍMITE ÉTICO - RESPETO A LOS OTROS - LIBERTAD ILIMITADA - EL DAÑO - DERRUMBE DEL SOCIALISMO - CULTURA CAPITALISTA - EJERCER LA LIBERTAD SIN EL OTRO - EJERCER LA LIBERTAD CON EL OTRO - SOBERANIA TERRITORIAL DE LOS ESTADOS NACIONALES - SOLIDARIDAD - CALENTAMIENTO GLOBAL .-


Límites de la libertad de expresión

2015-03-06


  

Los atentados terroristas al principio de este año en París y en Copenhague a propósito de caricaturas consideradas como insultantes a Mahoma, atentados perpetrados por extremistas islámicos, han puesto sobre la mesa la libertad de expresión. 

En Francia hay una verdadera obsesión, casi histeria, con la afirmación ilimitada de la libertad de expresión, legado sagrado, como dicen, del iluminismo y de la naturaleza laica del Estado. Es algo absoluto.

Contrariamente y con razón afirmó el obispo profético Don Pedro Casaldáliga: 
«nada hay absoluto en el mundo a no ser Dios y el hambre; todo lo demás es relativo y limitado». 

Extendiendo el teorema de Gödel más allá de la matemática, se puede afirmar la insuperable incomplección y limitación de todo lo que existe. 

¿Por que debería ser diferente con la libertad de expresión? Esta no escapa a los límites que deben ser reconocidos, de lo contrario daríamos libre curso al vale todo y a las vendettas. 

La idea francesa de la libertad de expresión supone una tolerancia ilimitada: hay que tolerar todo. 

Afirmamos por el contrario: toda tolerancia tiene siempre un límite ético que impide el «vale todo» y la falta de respeto a los otros que corroe las relaciones personales y sociales.

Todo ejercicio de la libertad que implique ofender al otro, amenazar la vida de las personas y hasta de todo un ecosistema (deforestación indiscriminada) y violar lo que es considerado como sagrado, no debe tener lugar en una sociedad que se quiere mínimamente humana. 

Ahora bien, hay franceses (no todos) que quieren la libertad de expresión inmune a cualquier restricción. 

El resultado de esa pretensión ha sido tristemente constatado: si la libertad es total entonces debe valer para todos y en todas las circunstancias. 

Es lo que pensaron, ciertamente, (no yo) los terroristas que asesinaron a los caricaturistas de Charlie Hebdo y a otras personas en Copenhague. 

En nombre de esta misma libertad ilimitada. De poco vale alegar que existe el recurso a la ley. Pero el mal una vez hecho no siempre es reparable y deja marcas indelebles.

La libertad sin límite es absurda y no hay como defenderla filosóficamente. 

Para contrapesar las exageraciones de la libertad solemos oír la frase, tenida casi como un principio: «mi libertad termina donde empieza la tuya».

Nunca vi a nadie cuestionar esta afirmación, pero tenemos que hacerlo. Pensando en los presupuestos subyacentes debemos someterla a una crítica más atenta. Se trata de la típica libertad del liberalismo como filosofía política.

Expliquémoslo mejor: con el derrumbe del socialismo realmente existente, como lo reconoció en cierta ocasión el papa Juan Pablo II, se perdieron algunas virtudes que aquel, bien o mal, había suscitado: el sentido del internacionalismo, la importancia de la solidaridad y la prevalencia de lo social sobre lo individual.

Con la llegada al poder de Thatcher y Reagan volvieron con toda la fuerza los ideales liberales y la cultura capitalista sin el contrapunto socialista: la exaltación del individuo, la supremacía de la propiedad privada, la democracia solo delegataria, y por eso reducida, y la libertad de los mercados. 

Las consecuencias son visibles: actualmente hay mucha menos solidaridad internacional y preocupación por los cambios en pro de los pobres del mundo. Predomina la competición perversa y la falta de solidaridad que elimina a los débiles.

Con este telón de fondo debe ser entendida la frase «mi libertad termina donde empieza la tuya». Se trata de una comprensión individualista, del yo solo, separado de la sociedad. Es el deseo de verse libre del otro y no de ejercer la libertad con el otro.

Se piensa: para que tu libertad empiece, la mía tiene que acabar. O para que tú comiences a ser libre, yo debo dejar de serlo. Consecuentemente, si la libertad del otro no comienza por cualquier razón, entonces eso significa que la libertad no conoce límites, se expande como quiere porque no encuentra límites en la libertad del otro. Ocupa todos los espacios e inaugura el imperio del egoísmo. La libertad del otro se transforma en libertad contra el otro.

Esa comprensión subyace al concepto vigente de soberanía territorial de los estados nacionales. Hasta los límites de otro estado, es absoluta. Más allá de esos límites, desaparece. 

La consecuencia es que la solidaridad ya no tiene lugar. No se promueve el diálogo, la negociación, buscando convergencias y el bien común supranacional, como se ha podido comprobar claramente en los distintos Encuentros de la ONU sobre el calentamiento global. Nadie quiere renunciar a nada. Por eso no se llega a ningún consenso, mientras el calentamiento global sube día a día.

Cuando hay un conflicto entre dos países normalmente se usa el camino diplomático del diálogo. Frustrado este, se piensa en la utilización de la fuerza como medio para resolver el conflicto. La soberanía de uno aplasta la soberanía del otro.

Últimamente, dada la destructividad de la guerra, ha surgido la teoría del gana-gana para superar el gana-pierde. Se establece el diálogo. Todos se muestran flexibles y dispuestos a concesiones y ajustes. Todos salen ganando, manteniendo la libertad y la soberanía de cada país.

Por eso, la frase correcta es esta: mi libertad solamente comienza cuando comienza también la tuya. Es el legado perenne dejado por Paulo Freire: jamás seremos libres solos; sólo seremos libres juntos. Mi libertad crece en la medida en que crece también la tuya y conjuntamente gestamos una sociedad de ciudadanos libres y libertos.

Detrás de esta comprensión está la idea de que nadie es una isla. Somos seres de convivencia. Todos somos puentes que nos ligan unos a otros. Por eso nadie es sin los otros y libre de los otros. Todos estamos llamados a ser libres con los otros y para los otros. Como bien dejó escrito Che Guevara en su Diario: «solamente seré verdaderamente libre cuando el último hombre haya conquistado también su libertad».



FIN DE UNA ERA, UNA NUEVA CIVILIZACIÓN O FIN DEL MUNDO? - por: LEONARDO BOFF - EL SUPER-IMPERO: DOMINACIÓN DE ESPECTRO COMPLETO - EL SUPER-CONFLICTO: BALCANIZACIÓN DEL MUNDO .- SUPER-DEMOCRACIA - PARADIGMA CIVILIZATORIO RACIONALISTA - LA RAZÓBN OCCIDENTAL - LA RAZÓN SENSIBLE - LA RAZÓN INSTRUMENTAL-ANALITICA -

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¿Fin de una era, una nueva civilización o fin del mundo?

2015-01-01



  Hay voces de personalidades muy respetadas que advierten que estamos ya dentro de una Tercera Guerra Mundial. La más autorizada es la del Papa Francisco. El 13 de septiembre de este año, al visitar un cementerio de soldados italianos muertos en Radipuglia cerca de Eslovenia, dijo: 
“La Tercera Guerra Mundial puede haber comenzado, combatida por partes, con crímenes, masacres y destrucciones”. 

El ex-canciller alemán Helmut Schmidt, de 93 años, advertía el 12 de diciembre de este año sobre una posible Tercera Guerra Mundial (Boletim Carta Maior del 22/12/2014). Y otras voces autorizadas se hacen oír aquí y allí.

A mí me convence más el análisis, diría profético pues se está realizando como lo previó, de Jacques Attali en su conocido libro Breve historia del futuro (Paidós 1999). Fue asesor de François Mitterand y actualmente preside la Comisión de los «frenos al crecimiento». Trabaja con un equipo multidisciplinar altamente cualificado. 

Él prevé tres escenarios: 

(1) el superimperio compuesto por Estados Unidos y sus aliados. Su fuerza reside en poder destruir toda la humanidad. Pero está en decadencia debido a la crisis sistémica del orden capitalista. Se rige por la ideología del Pentágono del «full spectrum dominance» (dominación de espectro completo) en todos los campos, militar, ideológico, político, económico y cultural. Pero ha sido superado económicamente por China y tiene dificultades para someter a todos a la lógica imperial. 

(2) Elsuperconflicto: con la decadencia lenta del imperio se da una balcanización del mundo, como constatan actualmente los conflictos regionales en el norte de África, en Oriente Medio, en África y en Ucrania. Esos conflictos pueden conocer un crescendo con la utilización de armas de destrucción masiva (veáse Síria, Iraq), después de pequeñas armas nucleares (existen hoy miles con el formato de un maletín de ejecutivo) que destruyen poco pero dejan regiones enteras inhabitables durante muchos años debido a la alta radioactividad. Con el uso generalizado de armas nucleares, químicas y biológicas se puede llegar a un punto en el que la humanidad se da cuenta de que puede autodestruirse. Y entonces surge 

(3) el escenario final: la superdemocracia. Para no destruirse a sí misma y a gran parte de la biosfera, la humanidad elabora un contrato social mundial, con instancias plurales de gobernabilidad planetaria. Con los bienes y servicios naturales escasos debemos garantizar la supervivencia de la especie humana y de toda la comunidad de vida que también está creada y mantenida por la Tierra-Gaia.

Si esa fase no llegara a surgir, podría ocurrir el fin de la especie humana y de gran parte de la biosfera [ Conjunto de los medios donde se desarrollan los seres vivos.]. Por culpa de nuestro paradigma civilizatorio racionalista. 

Lo expresó bien el economista y humanista Luiz Gonzaga Belluzzo, recientemente: 

«El sueño occidental de construir el hábitat humano solamente a base de la razón, repudiando la tradición y rechazando toda trascendencia, ha llegado a un callejón sin salida. La razón occidental no consigue realizar concomitantemente los valores de los derechos humanos universales, las ambiciones del progreso de la técnica y las promesas de bienestar para todos y para cada uno» (Carta Capital 21/12/2014). 

En su irracionalidad, este tipo de razón, construye los medios de darse fin a sí misma.

El proceso de evolución deberá posiblemente esperar algunos miles o millones de años hasta que surja un ser suficientemente complejo, capaz de soportar el espíritu que, primero, está en el universo y solamente después en nosotros.

Pero puede también irrumpir una nueva era que conjugue la razón sensible (del amor y del cuidado) con la razón instrumental-analítica (la tecnociencia). 

Emergerá, finalmente, lo que Teilhard de Chardin llamaba ya en 1933 en China la noosfera: las mentes y los corazones unidos en la solidaridad, en el amor y en el cuidado con la Casa Común, la Tierra. 

Attali escribió: «quiero creer, en fin, que el horror del futuro predicho arriba contribuirá a hacerlo imposible. Entonces se diseñará la promesa de una Tierra hospitalaria para todos los viajantes de la vida (op. cit. p. 219).

Y al final nos deja a nosotros los brasileros este desafío: «Si hay un país que se parece a lo que podría convertirse el mundo, en lo bueno y en lo malo, ese país es Brasil» (p. 231).