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viernes, 29 de diciembre de 2017

PIERRE BOURDIEU - SOBRE LA TELEVISIÓN - LIBRO - COMENTARIOS --- MASIFICACIÓN --- HOMOGENIZAR TELESPECTADORES --- TRANSFORMA LOS QUE PRODUCEN LA TELEVISIÓN --- EXTENSIÓN SOBRE PRODUCTOS CULTURALES --- CONTRADICCIÓN CON UNIVERSO DE PRODUCTOS CULTURALES --- PRESIÓN COMERCIAL --- TRIVIALIDAD Y ENTRETENIMIENTO --- BANALISACIÓN --- FILTRO DEFORMADOR DE LA REALIDAD --- JUEGO POLÍTICO --- SOCIEDAD DE OPINIÓN PÚBLICA --- MEDIOS CONSTRUYEN NUESTRA REALIDAD --- PODER DE CONTAR --- EL QUE HACE Y EL QUE DEFIENDE --- POLITICA DE SIMPLIFICACIÓN DEMAGÓGICA --- CONTRARIO A PROPÓSITO DEMOCRÁTICA DE INFORMAR --- OBJETIVIDAD DE LA INFORMACIÓN --- SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN O DEL ESPECTÁCULO --- QUIÉN MUEVE REALMENTE LOS HILOS ? --- NUEVA VULGATA PLANETARIA --- IMPERIALISMO SIMBÓLICO

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PIERRE BOURDIEU - SOBRE LA TELEVISIÓN


CONTENIDO:
PREFACIO
- EL PLATÓ Y SUS BASTIDORES
Una censura invisible
Ocultar mostrando
La circulación circular de la información
La urgencia y el «fast thinking»
Unos debates verdaderamente falsos o falsamente verdaderos
Contradicciones y tensiones
- LA ESTRUCTURA INVISIBLE Y SUS EFECTOS
Cuotas de mercado y competencia
Una fuerza de banalización
Unas luchas arbitradas por el índice de audiencia
La influencia de la televisión
La colaboración
Derecho de entrada y deber de salida

Anexos 
LA INFLUENCIA DEL PERIODISMO
Algunas propiedades del campo periodístico 
Los efectos de la intrusión
Breve postdata normativa
LOS JUEGOS OLIMPICOS. PROGRAMA PARA UN ANÁLISIS
Posfacio. El periodismo y la política
Referencias


Cuando, durante los años sesenta, surgió el fenómeno de la televisión, muchos «sociólogos» (entre comillas) se apresuraron a decir que, en tanto que «medio de comunicación de masas», iba a «masificar». 

La televisión, supuestamente, iba a nivelar, a homogeneizar más o menos a todos los telespectadores. De hecho, eso significaba subestimar su capacidad de resistencia. 

Pero, sobre todo, significaba subestimar la capacidad de la propia televisión para transformar a quienes la producen y, en líneas más generales, a los demás periodistas y al conjunto de los productores culturales (a través de la fascinación irresistible que ha ejercido sobre algunos de ellos). 

El fenómeno más importante, y que era bastante dificil de prever, es la extensión extraordinaria de la influencia de la televisión sobre el conjunto de las actividades de producción cultural, incluidas las científicas o artísticas. 

En la actualidad, la televisión ha llevado a su extremo, a su límite, una contradicción que atormenta a todos los universos de producción cultural. Me refiero a la contradicción entre las condiciones económicas y sociales en las que hay que estar situado para poder producir un determinado tipo de obras (he puesto el ejemplo de las matemáticas porque es el más evidente, pero es igual de cierto en el ámbito de la poesía de vanguardia, de la filosofía, de la sociología, etcétera), esas obras llamadas «puras» (es un término ridículo), es decir, autónomas en relación con las imposiciones comerciales, etcétera, y, por otra parte, las condiciones sociales de transmisión de los productos obtenidos en tales condiciones; es la contradicción entre las condiciones en las que hay que estar para poder hacer matemáticas de vanguardia, poesía de vanguardia, etcétera, y las condiciones en las que hay que estar para poder transmitir esas producciones a todo el mundo. 

La televisión lleva a su extremo esta contradicción en la medida en que está más sometida que cualquier otro universo de producción cultural a la presión comercial, a través de los índices de audiencia. (pp. 50-51)

En el siglo pasado, el novelista Stendhal lanzó su artillería crítica contra el teatro. Su argumento fue que era el medio más falso al depender en demasía del público. Stendhal estableció, así, una correlación entre falsedad y público, de tal manera que un medio que dependiera excesivamente —como sucede con el teatro— del favor del público estaba condenado a convertirse en un medio prostituido.

Más de cien años después, con una argumentación básicamente similar, Marshall McLuhan señaló que los medios de comunicación —la televisión, especialmente— buscarían la trivialidad y el entretenimiento como forma "neutral" para poder extender sus audiencias. Es decir, la televisión se convertiría en una poderosa maquinaria de banalizar la realidad para poder ponerla al alcance de todos.

Sobre la televisión, de Pierre Bourdieu, viene precedido de una gran polémica en Francia, reforzada por el puesto alcanzado por la obra en las listas de ventas, el primero. 

Bourdieu ha aplicado sus ya tradicionales conceptos de "campo", "", etc., al mundo del periodismo, de la televisión —de la información, en suma— y concluye que el mundo de la información, con sus intereses, constituye un filtro deformador de la realidad, a la que reduce a los esquemas que le son convenientes para satisfacer sus necesidades de audiencias masivas.

Que los medios de comunicación juegan un papel cada vez mayor en el juego político, en el que no participan como simples observadores, sino como jugadores en toda regla, es indudable. 

En una sociedad de "opinión pública" era lógico que así sucediera. Son los medios los que construyen nuestra realidad representándola; lo que queda al margen de ellos, apenas tiene consistencia y, desde luego, trascendencia. 

Nuestro mundo es un mundo mediático. El poder no es sólo el poder de hacer, sino el poder de contar, de transmitir, de transformar la realidad en discurso. Esto no es nuevo. Con este mismo fin mantenían los reyes a los poetas a su lado, para que sus acciones llegaran más lejos convertidas en baladas y poemas. Ganar una batalla era importante, pero también lo era que el relato llegara lejos en el espacio y en el tiempo. No sólo aseguraba el recuerdo de la gesta, sino que obligaba a los enemigos a reflexionar antes de emprender acciones.

Hoy, este equipo tradicional, conformado por "el que lo hace" y "el que lo difunde", ha entrado en abierta rivalidad. Sus intereses divergen. Antes era el rey el que recompensaba al cantor; ahora el cantor es pagado según las audiencias que consigue.

Los periodistas que invocan las expectativas del público para justificar esta política de simplificación demagógica (en todo punto contraria al propósito democrático de informar, o de educar divirtiendo) no hacen más que proyectar sobre él sus propias inclinaciones, su propia visión; particularmente cuando el temor de aburrir les induce a otorgar prioridad al combate sobre el debate, a la polémica sobre la dialéctica, y a recurrir a cualquier medio para privilegiar el enfrentamiento entre las personas (los políticos, en particular) en detrimento de la confrontación entre sus argumentos, es decir, lo que constituye el núcleo fundamental del debate: déficit presupuestario, reducción de los impuestos o deuda externa. 

Dado que lo esencial de su competencia consiste en un conocimiento del mundo político basado más en la intimidad de los contactos y las confidencias (e incluso de los rumores y los cotilleos) que en la objetividad de la observación o la investigación, son propensos, en efecto, a circunscribirlo todo a un terreno en el que son expertos, y están más interesados por el juego y los jugadores que por lo que está en juego, más por las cuestiones de mera táctica política que por la sustancia de los debates, más por el efecto político de los discursos en la lógica del campo político (la de las coaliciones, las alianzas o los conflictos entre personas) que por su contenido (a veces incluso llegan a inventarse y a imponer a la discusión meras cortinas de humo..) (pp. 18-129)

Deberíamos reflexionar sobre el triste destino de una sociedad que gusta de llamerse a sí misma como "sociedad de la información", cuando, en realidad, nos encontramos ante una "sociedad del espectáculo". El papel que los medios y los profesionales tendrían que jugar debería estar más acorde con una sociedad adulta, crítica y responsable, en la que la información es el elemento que permite tomar las decisiones y formar la opinión. 

Muchas veces, incapaces de resistir la atracción de los cantos de sirenas de los intereses partidistas —del poder, en cualquiera de sus formas, o del capital, en cualquiera de sus monedas— son, en realidad, títeres orgullosos e incapaces de reconocer quién mueve realmente sus hilos.

Es lógico que esta obra de Bourdieu abriera un debate en Francia. Igual sucedió con sus obras anteriores en las que dejaba al descubierto los "campos" de la administración, del arte, del deporte o de la vida académica, entre otros. 

El que en este caso la revuelta haya sido mayor, sólo significa que se ha enfrentado a un molino que posee una gran capacidad de respuesta: los medios mismos.

Si Bourdieu hubiera analizado el español, le habría salido un libro, no de ciento cuarenta páginas, sino una obra en varios tomos bastantes extensos.
El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero7/bourdieu.htm

SOBRE LA TELEVISIÓN
1. SOBRE LA TELEVISIÓN Bourdieu, Pierre Anagrama, Barcelona 2007/97

2. LA TELEVISIÓN pone en muy serio peligro a las esferas de la producción cultural arte literatura ciencia a la vida política y la democracia filosofía

3. CENSURA INVISIBLE son impuestos el tema las condiciones de la comunicación los límites al uso del tiempo restringen el discurso

4. CRÓNICA DE SUCESOS  Se centra en prensa sensacionalista sangre y sexo drama y crimen Buscan aumentar índices de audiencia Aparecen en portadas de los telediarios Estrategia banalización

5. ESTRATEGIA DE BANALIZACIÓN 
•no ventilar nada 
•no dividir 
•crear consenso 
•interesar a todo el mundo 
•no plantear problemas, o solo plantear problemas intrascendentes. 
•confirmar cosas ya sabidas 
•dejar intactas las estructuras mentales 
•Preciar y restringir el tiempo 
•Espectacularizar lo banal

6. UNA FUERZA DE BANALIZACIÓN • 
“Hay revoluciones que trastornan las bases materiales de una sociedad las más evidentes –como la desamortización de los bienes eclesiásticos-, y revoluciones simbólicas, que son las que llevan a cabo los artistas, los científicos, los grandes profetas religiosos o a veces, en contadas ocasiones, los grandes profetas políticos, que trastornan las estructuras mentales, es decir que cambian nuestra manera de ver y de pensar. Es el caso, en el ámbito de la pintura, de Manet, que echó por tierra una oposición fundamental, una estructura sobre la que se asentaba toda la enseñanza académica, la oposición ente lo contemporáneo y lo antiguo.” (p. 66)

7. ESTRATEGIA EL TIEMPO ES VALIOSO 
Sin embargo se usa el tiempo para cosas fútiles por tanto para lo fútil es muy importante ocultar eventos e ideas valiosas

8. ESTRATEGIA lo espectacular –dramatización– en un doble sentido escenifica exagera -construye efecto de realidad -construye efecto de realidad -legitima -legitima

9. “NADA HAY MÁS ARDUO QUE REFLEJAR LA BANALIDAD DE LA REALIDAD. 
Flaubert solía decir: “Hay que describir bien lo mediocre”. Ése es el problema con el que topan los sociólogos: hacer extraordinario lo cotidiano, evocarlo de forma que la gente vea hasta qué punto se sale de lo corriente.” (p. 27)

10. PRODUCCIONES CULTURALES realizadas a contracorriente de los índices de audiencia, a contracorriente de la lógica del comercio • matemáticas • poesía • literatura • filosofía

11. DEBATES VERDADERAMENTE FALSOS O FALSAMENTE VERDADEROS presentador hace intervenciones que coaccionan impone el tema impone la problemática (absurda) 
Depende de “ideas preconcebidas” “tópicos” audiencia “imbécil” incapaz de entender sin trans-codificación (según la trata el presentador) invitados profesionales del plató enfrentados a inexpertos Ensayos de la puesta en escena vs espontaneidad

12. PRESENTADORES MANIPULADORES MANIPULADOS
RESUMEN
Los militantes que se consideran progresistas ratifican a su manera la nueva lengua americana al fundar sus análisis en términos como “exclusión”, “minorías”, “identidad”, “multiculturalismo”. Y por supuesto, la “mundialización”. 

En los países desarrollados, patronos y altos funcionarios internacionales, intelectuales de los medios y periodistas de alto vuelo, se han puesto de acuerdo para hablar con una lengua extraña cuyo vocabulario, aparentemente sin origen, está en boca de todos: “mundialización” y “flexibilidad”; ”gobernabilidad” y “empleabilidad”; “underclass” y “exclusión” ; “nueva economía” y “cero tolerancia”; “comunitarismo” y “multiculturalismo”, y sus primos “posmodernos”, “etnicidad”, “identidad”, “fragmentación”, etc. 

La difusión de esta nueva Vulgata planetaria —es notable la ausencia de capitalismo, clase, explotación, dominación, desigualdad, y tantos otros vocablos revocados perentoriamente, so pretexto de obsolescencia o de una presunta impertinencia— es producto de un imperialismo estrictamente simbólico. 

Los efectos son más poderosos y dañinos debido a que se trata de un imperialismo guiado, de un lado, por los partidarios de la revolución neoliberal, para quienes la imagen de la modernización permite rehacer el mundo, y dejar a un lado las conquistas sociales y económicas que nos costaron cerca de cien años de luchas sociales, y sin embargo, innecesarias como tantos arcaísmos y obstáculos ante el nuevo orden naciente; y de otro lado, por los productores culturales (investigadores, escritores, artistas) y militantes de izquierda que, casi siempre, se consideran progresistas.




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