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sábado, 18 de julio de 2026

LA IA Y EL LLAMADO “SER HUMANO” - JORGE ALEMÁN

 

LA IA Y EL LLAMADO “SER HUMANO”


Por Jorge Alemán

18 de julio de 2026 - Publicó "PAGINA 12"

 

La denominación “ser humano” no define en qué consiste lo humano. Es un presupuesto compartido y, descriptivamente, legítimo. Pero no existe ninguna esencia ni sustancia de lo humano que lo defina de un modo trascendental.

 

Lo que hay es un ser hablante, sexuado y mortal que asume distintas formas según las épocas y las construcciones sociopolíticas.

 

Más que un “ser humano” cuya humanidad pueda establecerse de una vez para siempre, se trata de un bicho extraño que no puede apropiarse jamás de su condición hablante, sexuada y mortal, sino de un modo sintomático.

 

Estas tres dimensiones nunca suman configurando una unidad, siempre se ven superadas por sí mismas.

 

Dicho de otro modo, estas tres condiciones no se suman, paradójicamente descompletan al “bicho que habla”.

 

En razón de todo lo anterior, no se puede pensar el despliegue de la inteligencia artificial (IA) como si estuviera frente a un “ser humano” que conoce sus límites y debe protegerlos.

 

Siempre los desconoció y necesitó de grandes marcos simbólicos y civilizatorios que lograran refrenar el efecto más logrado de su condición: la pulsión de muerte.

 

El efecto mortífero presente en el corazón de la civilización, y que siempre está a punto de eclosionar.

 

En esta perspectiva, la Técnica bien puede ser la realización histórica del saber devenido pulsión de muerte.

 

Es absurdo oponer a la Técnica un “ser humano” pleno y capaz de una vinculación armónica con los otros.

 

La IA es el resultado de una aspiración del bicho que habla.

 

Haber conseguido una máquina que informa en lugar de pensar, que terminará pensando, resolviendo grandes problemas y emitiendo juicios morales, es una aspiración típica de un ser que nunca sabe cuál es su auténtica brújula.

 

Puede que el mortal, sexuado y hablante no encuentre nada que lo diferencie y se dedique con más brío a la política de la dominación y del exterminio usando, está vez, la IA.

 

O que, como siempre, los grandes poderes de los ricos perfeccionen su dominación. O que cada uno de los mortales encuentre su propio manual de autoayuda. Es probable que todo esto ocurra a la vez.

 

Lo cierto es que la IA no podrá nunca resolver cómo colmar el vacío que siempre se da en el nudo entre sexo, muerte y palabra, ni averiguará qué es lo que se desea de verdad entre tanto barullo.

 

“Pero donde hay peligro crece también lo que salva” (F. Hölderlin).

 

En el peligro de la IA sabremos definitivamente si es cierto o no que el destino del ser humano se juega siempre en el terreno de los fallos estructurales del bicho sexuado, hablante y mortal, y no en las armas poderosas que le permiten pasear en un paisaje devastado.

 

*Autor de Neoemperadores (NED Ediciones).

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