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domingo, 13 de septiembre de 2026

BYUN CHUL HAN - UNA LIBERTAD QUE ESCLAVIZA. EL SUJETO DE RENDIMIENTO Y EL PASO DEL «DEBER» AL «PODER».

 


UNA LIBERTAD QUE ESCLAVIZA.

EL SUJETO DE RENDIMIENTO Y EL PASO DEL «DEBER» AL «PODER».

 

Para Byung Chul Han, la sociedad actual ya no puede comprenderse a partir del modelo de la «sociedad disciplinaria» analizado por Michel Foucault.

 

En el régimen disciplinario de Michel Foucault los recintos como las cárceles, hospitales, fábricas, cuarteles y psiquiátricos representaban espacios característicos de una sociedad fundada en la vigilancia, la prohibición y el mandato.

 

El individuo disciplinario se convertía en un «sujeto de obediencia», es decir, alguien que se encontraba sometido a una autoridad que le decía lo que debía y que no debía hacer.

 

La sociedad disciplinaria era, en este sentido, una sociedad regida por la negatividad del «no». El poder disciplinario imponía límites y prohibiciones, pero en el existía una diferencia entre aquel que mandaba y aquel que obedecía.

 

La sociedad del siglo XXI, por el contrario, se desprende de aquella negatividad disciplinaria. Ya no está constituida por cárceles y fábricas, sino por gimnasios, estéticas, y enormes centros comerciales.

Tampoco está habitada fundamentalmente por «sujetos de obediencia», sino por «sujetos de rendimiento» que

se conciben a sí mismos como sus propios proyectos, alejados de cualquier imposición externa.

Los individuos del régimen del rendimiento se convierten en «emprendedores de sí mismos».

 

Bajo esta lógica,

el «deber» disciplinario es sustituido por el «poder» neoliberal.

Al «tú debes» le sucede el seductor «tú puedes».

 

El famoso «Yes, we can» es , según Han (2012) la máxima que corresponde con esta nueva sociedad.

 

Las palabras

prohibición, obligación y obediencia

son desplazadas por palabras más amables como motivación, iniciativa y superación.

 

Sin embargo, esta transición del «deber» hacia el «poder» no debe interpretarse como el paso de la opresión a la libertad. .

 

La sociedad de rendimiento no elimina la explotación únicamente la vuelve menos visible. El antiguo amo no desaparece por completo, sino que se encarna dentro del propio sujeto. Así entonces, el trabajador ya no necesita obedecer la voz de otro que le mande «debes trabajar más».

 

El sujeto del rendimiento interioriza el imperativo de producir cada vez más.

 

De este modo, el «poder-hacer» resulta más eficiente que el «deber» pues,

mientras la prohibición del «deber» establece un límite, el «poder hacer» no topa con ninguna restricción.

 

Esta ausencia de límites incrementa enorme te el nivel de productividad personal.

 

Desde esta perspectiva,

cuanto más libre se sabe el hombre contemporáneo, más dispuesto se encuentra a explotarse a sí mismo.

 

La explotación tradicional presupone dos figuras distintas:

el explotador y el explotado. Uno manda y el otro obedece.

 

En la «auto-explotación», en cambio,

ambas figuras coexisten dentro de una misma persona.

El sujeto se exige y se obliga a continuar. Es amo y esclavo de sí mismo.

 

En palabras de Han:

“El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse.” (Han, 2017 p. 18)

 

En este sentido, la eficacia de la sociedad de rendimiento se sostiene en que el sujeto no interpreta aquello que hace como una imposición externa, sino como una realización de su propia voluntad.

 

Trabaja hasta el agotamiento convencido de que se está «realizando».

La explotación se disfraza de libertad y se vuelve mucho más difícil de reconocer.

 

La actual cultura de la «superación personal» puede leerse perfectamente desde la lógica del rendimiento neoliberal.

 

El individuo tiene que perfeccionar su cuerpo, su apariencia, sus conocimientos, sus ingresos, su productividad e incluso su personalidad.

Tiene que aprender otro idioma, hacer ejercicio, emprender, viajar, ahorrar.

 

Bajo esta lógica, el hombre actual tiene

que demostrar continuamente que puede llegar a «ser más» , y de que siempre es posible incrementar el nivel de rendimiento personal.

 

En este sentido, las redes sociales pueden funcionar como un escaparate privilegiado del «sujeto de rendimiento».

Ahí, la vida adquiere

la forma de un proyecto que debe ser expuesto y continuamente mejorado, uno ya no compite solamente con el compañero de trabajo o con el vecino, sino potencialmente con todos.

 

De esta manera, el régimen del rendimiento neoliberal crea una violencia silenciosa pues,

si el sujeto cree que todo depende de sí mismo, interpreta el fracaso como una culpa meramente personal.

 

Pues en el régimen del «todo es posible», aquel que no consigue aquello que desea, no encuentra ninguna instancia exterior a la cual responsabilizar, la violencia es culparse a sí mismo por un bajo déficit de rendimiento persona.

 

El «no puedo» es una expresión de negatividad que debe eliminarse a favor de la positividad del «todo es posible»

 

Según Byung Chul Han, el régimen de rendimiento está definido por el surgimiento de enfermedades de orden neuronal, así es como aparece la depresión como una de las patologías características de la sociedad de rendimiento.

 

Estas enfermedades neuronales son un signo visible producido por el agotamiento de tener que poder-rendir permanentemente

 

El sujeto de rendimiento soporta durante un tiempo el imperativo del *puedo* “Sin embargo, inevitablemente llega un momento en el que el «puedo» encuentra un límite neuronal. La mente se agota de la compulsión por rendir.

Así es como aparece el terrible «no puedo más» como una negatividad humana a la positividad neoliberal.

 

Empero, los sujetos del rendimiento neoliberal huyen constantemente a esta expresión, pues viven obcecados en la positividad del todo es posible.

 

En la pluma de Han:

“El lamento del individuo depresivo, «Nada es posible»,

solamente puede manifestarse dentro de una

sociedad que cree que «Nada es imposible».” (Han, 2017 p. 17)

 

Esta oración expresa la contradicción fundamental de la sociedad de rendimiento.

El «Nada es imposible», aparentemente optimista, contiene escondida una enorme violencia.

Si nada es imposible, cualquier imposibilidad termina convirtiéndose en una responsabilidad personal puesto que, si puedes lograrlo y no lo logras, aparentemente el culpable eres tú.

 

De este modo, la positividad del «puedes hacerlo» se transforma en un mandato mucho más severo y eficiente que el otrora «debes hacerlo».

 

El sujeto del rendimiento se recrimina continuamente por aquello que todavía no ha conseguido.

La comparación permanente entre aquello que «es» y aquello que «podría ser» es una laceración personal inhumana , en ella , el hombre se hace enemigo de sí mismo.

 

En este sentido, la expresión «no poder más» resulta particularmente significativa. No significa solamente estar cansado, sino fracasar ante la obligación de poder.

 

En la sociedad disciplinaria, el límite procedía de afuera. En la sociedad de rendimiento, el sujeto tiene que imponerse sus propios límites, pero justamente ha sido educado para eliminarlos.

«Supera tus límites»,

«sal de tu zona de confort»,

«nunca te rindas»,

«sé tu mejor versión»

son expresiones que confirman el dominio de la positividad neoliberal en los modos de vida.

 

Desde esta perspectiva, detrás de ellas aparece una sospecha:

nunca eres suficientemente bueno porque siempre puedes ser mejor.

La sociedad de rendimiento se alimenta justamente de esta insatisfacción.

 

Un sujeto completamente satisfecho consigo mismo tendría pocas razones para someterse a un proceso infinito de optimización. Por el contrario, el sujeto que considera que siempre le falta algo puede continuar trabajando indefinidamente sobre sí mismo.

El régimen del rendimiento se basa en una permanente insatisfacción personal

 

Bajo esta lógica, uno hace voluntariamente aquello que lo destruye. Precisamente por eso la auto-explotación resulta más eficiente que la explotación ejercida por otro.

 

Cuando existe un amo, todavía es posible identificar al responsable del sometimiento. Cuando uno mismo ocupa el lugar del amo, cualquier rebelión tendría que dirigirse contra uno mismo.

 

Así entonces, la libertad se vuelve paradójica.

La libertad neoliberal no desata las cadenas, hace que el sujeto las sostenga sin estar esposado.

La violencia deja de presentarse bajo la forma visible de la prohibición y adopta el rostro amable de la posibilidad.

 

El resultado final no es necesariamente una sociedad de hombres libres, sino una sociedad de sujetos cansados que, mientras se agotan y violentan a sí mismos, continúan creyendo que realizan libremente aquello que desean

 

¿Somos realmente más libres cuando nadie nos obliga exteriormente a producir?

¿En qué momento el deseo de «superarse» deja de ser una decisión personal y se transforma en una obligación?

¿Puede uno descansar sin sentir que está perdiendo el tiempo?

 

Bibliografía.

Han, Byung Chul (2017). La sociedad del cansancio (2.ª ed. Ampliada; A. Saratxaga Arregi & A. Ciria, Trads.). Herder Editorial.

 

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