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viernes, 24 de noviembre de 2023

JURISTAS *** POR QUÉ LOS GRANDES JURISTAS ALEMANES DECIDIERON SERVIR AL NAZISMO?

 



POR QUÉ LOS GRANDES JURISTAS ALEMANES DECIDIERON SERVIR AL NAZISMO?

 

¿Qué pasó con los más grandes hombres de derecho que se entregaron sin más ni más al nazismo, ya para promoverlo ya para justificarlo? 

Esta pregunta es fundamental para los países latinoamericanos, tierra en la que han florecido las más diversas dictaduras. 


El profesor español Juan Antonio García Amado, ensaya algunas respuestas en Dura Lex que vale la pena discutir.

 

Me pregunto qué es lo que me atrae tanto de la historia de las doctrinas y los juristas alemanes del tiempo de Hitler, por qué vuelvo cada tanto a ese tema. 

Una razón está en cuán aleccionadoras son aquellas teorías para estos tiempos y para cualquier tiempo, con qué facilidad un lenguaje jurídico lleno de valores objetivísimos y de metafísicas relucientes sirve para poner lo jurídico a los pies de cualquier tirano y para convertir la ley, cualquier ley, en herramienta de una arbitrariedad llena de artificio retórico.

 

 

Pero hay algo que me fascina más y que me inquieta mucho.

Se me ponen los pelos de punta al encontrarme una y otra vez con esa larguísima lista de profesores alemanes de aquel tiempo, grandes cabezas de la ciencia jurídica del siglo XX que se entregaron de hoz y coz a la vesania y el más feroz autoritarismo, que pusieron su formación, su técnica y su erudición al servicio de un régimen tan absolutamente oprobioso.


Todo el mundo piensa en este punto en Carl Schmitt, aquel genio con alma de ratón, aquella gran cabeza de espíritu miserable que acabó primero cayendo en desgracia ante el propio régimen y que valió luego como cabeza de turco y pagó por tantos que en nada eran moralmente mejores ni tenían una trayectoria más presentable. 

Los nombres de aquellos profesores que, felices y ambiciosos, vendían su alma a Hitler y compañía, siguen impresionando: 

--- Larenz, por supuesto, pero también Siebert, Forsthoff, Scheuner, Henke, Dahm, Schaffstein, Schwinge, Höhn, Stoll, Lange, Küchenhoff, Huber, Eckhardt, Schönfeld, Maunz…, tantísimos.


Algunos ya dudaron antes de que el régimen se hundiera, como Emge o E. Wolf. Otros no se comprometieron en exceso,  pero sí escribieron algunos párrafos con loas al Führer o al espíritu jurídico del nazismo, como el mismísimo Engisch, como Welzel. 

Unos pocos callaron dignamente sobre los temas políticos, apartados incluso de sus cátedras, como Radbruch (aunque siguió escribiendo y publicando en Alemania). 

Los hubo que buscaron temas ajenos a lo político para poder escribir e investigar sin mancharse, como Klug. 

 

En conjunto, y dando a cada uno lo suyo, el panorama es desazonador. Por supuesto, los profesores judíos fueron expulsados o tuvieron que huir en medio de la constante denigración por sus colegas, como fue el caso de Kelsen.

 

También tomaron el camino del exilio los más comprometidos con la democracia o las ideas sociales. Pero en conjunto el panorama es desolador.


¿QUÉ PASÓ?


Y ahí viene la pregunta que no debemos soslayar: por qué, qué hizo que tantos se prostituyeran o cuánto había en cada uno de convicción y comunión real con aquellos aborrecibles ideales. 

 

Andar leyendo estas cosas me provoca un punto de paranoia, lo reconozco, pues me topo con tantos colegas de ahora y no puedo evitar preguntarme qué habrían hecho ellos o que harían hoy, si se diera un caso similar.  La respuesta más verosímil aterra.


Había ambición, mucha ambición. De repente, en 1933, empezaron a quedar vacantes cátedras, las de los profesores expulsados por ser judíos. 

 

Karl Larenz, por ejemplo, bien jovencito ocupó la de Gehart Husserl en Kiel. Y así, muchos. Ascenso rápido, nombramientos, cargos, encargos, promesas, influencia social, poder, supongo que dinero. Y el optimismo de pensar que apostaban a caballo ganador, que llegaba la nueva gran Alemania y que ellos estarían sentados a la diestra del padre, arrimaditos al Führer, poderosos y pletóricos.


¿CUÁNTO PUEDE UN PROFESOR UNIVERSITARIO ESTAR DISPUESTO A DECIR POR PURA AMBICIÓN PERSONAL?


La ambición explica, claro que sí, pero no sé si vale como explicación bastante.

 

¿Cuánto puede un profesor universitario estar dispuesto a decir por pura ambición personal y para mantenerse en el privilegio? 

Esas grandes figuras del pensamiento jurídico ponían negro sobre blanco, en artículos y libros, que el Führer era la suprema fuente del Derecho, que la esencia del Derecho alemán era racial, que los judíos eran bestias infrahumanas y no podían tener derechos civiles ni de ningún tipo, que la pauta para la aplicación del Derecho por los jueces tenían que ser la voluntad del Führer y el espíritu del nacionalsocialismo, que la ley que venía de los tiempos de Weimar no tenía más valor que el de un formalismo degenerado y caduco, que el pueblo alemán se constituía en comunidad político-jurídica a través de la conciencia sublime del Führer

 

Veían el abuso, el crimen, la arbitrariedad supina, y no se desmoralizaban, sino que se exaltaban y escribían con entusiasmo para apoyar cada nuevo paso de aquella locura sanguinaria y absurda. 

 

Y tal vez lo que más me choca: veían a Hitler, lo oían, lo conocían, y no por eso dejaban de aclamarlo y de proclamar a los cuatro vientos su entrega a él, su incondicional sumisión. 

 

¿No se daban cuenta, ni siquiera un poco de cuenta, de que era un idiota, un loco compulsivo, un demente absurdo, un zoquete sin remisión?


Por mucho que la juventud los cegara y los obnubilara el deseo de gloria, me cuesta creer que fuera auténtica su ingenuidad o genuina su fe, que no fuera interesada y vil tanta lealtad, que no vendieran su alma al diablo por un plato de lentejas, una cátedra y algo de relevancia social. 

 

Para ser mala gente no es imprescindible ser tonto, aunque a veces ayude. Echaron sus cuentas y pensaron que se subían al carro de la Historia. Su conciencia la entregaron porque era venal y miserable. Eran malas personas, eran mezquinos y canallas. También cobardes.


Todos fingieron que no sabían lo que hacían o acusaron a los ausentes


La prueba la dieron ellos mismos después de 1945. Ni uno asumió gallardamente culpas o errores, ninguno se disculpó, todos fingieron que no sabían lo que hacían o acusaron a los ausentes, empezando por el positivismo jurídico en general y por Kelsen en particular. 

Explicaron que habían acatado los mandatos paralegales de Hitler porque, por causa de Kelsen, ellos habían sido positivistas convencidos y que por eso no osaron desobedecer la ley inicua. 

 

Pero lo suyo no fue obedecer, lo suyo fue apoyar y fundamentar con entusiasmo y ganas.

 

Se decían positivistas,

--- ellos que en sus escritos degradaban y despreciaban con saña la ley democrática y el Estado de Derecho,

--- ellos que escribían aquello de que “Toda interpretación de la ley ha de ser una interpretación en sentido nacionalsocialista”,

--- ellos que explicaron mil veces que, dijera la ley lo que dijera, era inconcebible que los judíos pudieran ser titulares de derechos,

--- ellos que proclamaban que el constitucionalismo liberal-democrático era un invento judaico destinado a destruir al pueblo alemán,

--- ellos que cambiaron el viejo principio de nulla poena sine lege por el de nullum crimen sine poena y

--- que afirmaban que el crimen no necesitaba tipificación legal para merecer castigo del Estado, pues la esencia de lo criminal consistía en ser enemigo del Estado y en comportarse de modo contrario al interés de la comunidad racial alemana.


La prueba mejor de su villanía la aportaron cuando llegó la Ley Fundamental de Bonn y la alabaron con idéntico celo,

--- cuando expresaron su inquebrantable fe en los derechos humanos y la dignidad de todo ser humano,

--- cuando se convirtieron en los exégetas privilegiados de la nueva Constitución y cantaron loas a sus principios,

--- cuando se acogieron apresurados a la nueva Jurisprudencia de Valores y

--- se dijeron felices bajo los nuevos principios morales del Estado de Derecho. 

Mantuvieron o recuperaron sus cátedras los que eran profesores, retornaron a sus juzgados los jueces, volvieron a copar la Administración Pública los altos funcionarios y juraron que estaban donde siempre habían estado, en la defensa sin tacha de la libertad, la igualdad y los derechos iguales de los ciudadanos.


Hicieron discípulos, recibieron homenajes cuando se jubilaron, llegaron muchos a las más altas magistraturas del Estado, se parapetaron tras la complicidad gremial y bajo el manto de la lealtad de sus discípulos, impidieron que circularan sus obras anteriores a 1945, mandaron callar a los que sabían quiénes habían sido y qué habían hecho. 

Hasta fines de los años sesenta no se publicó apenas un solo artículo en el que se recordaran sus escritos de antaño.

 

Precisamente fue Bernd Rüthers el primero que sistemáticamente dio cuenta de cuál había sido la talla moral y académica de tantos profesores de Derecho.


ERAN MALOS Y SABÍAN QUE HACÍAN EL MAL


No eran inocentes ni ingenuos, no eran simplemente ambiciosos, no estaban deslumbrados por ningún poder carismático.

 

Eran malos y sabían que hacían el mal, eran inmorales y perversos. 

 

Escribieron, después del 45, algunas de las grandes obras del pensamiento jurídico del siglo XX, pero con su vida escribieron también uno de los capítulos más evidentes de la historia universal de la infamia.


Por eso, hasta sus libros de más calidad hay que leerlos con reservas, hay que leer su obra en su conjunto, no debemos olvidar que cualquiera de esos que por escrito se extasiaban luego ante el valor de la dignidad humana, ante el art. 1.1 de la Ley Fundamental de Bonn, ante el Estado de Derecho, ante los derechos fundamentales todos, antes habían dicho que nada de eso tenía valor y que no hay más Derecho verdadero que el que mana de la voluntad del Führer y del sano sentimiento racial del pueblo ario.


De algunos, hoy, estoy bastante seguro. Les doy los buenos días en el aparcamiento de alguna Facultad de Derecho y capto que están disponibles y a la espera, afilando los reglamentos y soñando sentencias. 

 

Por una cátedra, un sobresueldo o unos dictámenes mandarían hasta a su madre al campo de concentración y a los hornos. Están al quite, simplemente aguardan su ocasión. 


miércoles, 22 de noviembre de 2023

ECONOMÍA y HUMANISMO --- LUIGINO BRUNI --- ECONOMÍA Y HUMANISMO Y TODO LO DEMÁS --- VOLVER A EMPESAR EN LA VIDA --- LA ECONOMÍA POR SI SOLA NO ES SUFICIENTE --- LA FELICIDAD NOES SUFICIENTE --- DIGNIDAD, LIBERTAD, FIDELIDAD, VERDAD --- ANTROPOLOGÍA DEL CAPITALISMO --- DIMENSIÓN PROFÉTICA --- LOS POBRES --- LUCHA CONTRA LA IDOLATRÍA --- LA GANANCIA --- ÉTICA DEL DEBER SER MATA LA DEL PODER LLEGAR A SER --- CARISMA

 



 Entrevista a LUIGINO BRUNI por: ANTONELLA FERRUCLUIGINO BRUNI: Enseña economía política en la Universidad Lumsa de Roma, después de trece años en la Bicocca de Milán.

 

Cada semana comenta algún libro bíblico en el diario “Avvenire”. Personalidad poliédrica, es miembro del Movimiento de los Focolares desde joven, y coordina el proyecto por una Economía de Comunión.-
[por Giulio Meazzini - publicado en Città Nuova - nº 07/2017, julio 2017]

¿QUIÉN ES LUIGINO BRUNI? 

Soy esencialmente un economista con vocación humanista.

Desde siempre me he ocupado también de historia, ética y filosofía.

En economía me interesan sobre todo las ideas, pero éstas se presentan entrelazadas con todo lo demás, como en la vida.

Por eso, desde hace tiempo trabajo en temas como la felicidad, el don, los ideales, las pasiones, los carismas y las organizaciones con motivación ideal.

De vez en cuando tenemos que ser capaces de volver a empezar en la vida.

Acabo de publicar un pequeño libro en italiano titulado "La felicidad es demasiado poco" (Pacini Editore): esto también se puede aplicar a la economía.

No podemos pensar que la ciencia económica por sí sola sea suficiente para entender el mundo.

La vida es bella porque guarda sorpresas.

También en el trabajo. 
 
¿LA FELICIDAD NO ES SUFICIENTE? 

Viviendo entendemos que hay otras cosas al menos tan importantes como la felicidad: la dignidad, la verdad sobre uno mismo…

Hoy la felicidad, entendida como placer, se ha convertido en la prioridad y por consiguiente… somos infelices.

Los seres humanos queremos más: dignidad, libertad, fidelidad, verdad.
 
USTED AFIRMA QUE EN LA BASE DEL CAPITALISMO HAY UNA ANTROPOLOGÍA PESIMISTA. ¿QUÉ FUTURO LE ESPERA A LA ECONOMÍA? 

En el siglo XX teníamos dos modelos de economía.

Había un modelo anglosajón, basado en una antropología agustiniana, luterana y calvinista, que veía al ser humano esencialmente orientado hacia la búsqueda de su propio interés personal y en el que el bien común llegaba como efecto no intencionado (recordemos la “mano invisible”

de Smith).

Y había un segundo modelo, el capitalismo de Italia, Francia, España y Portugal, católico y más comunitario, que proponía una antropología más positiva, basada en las virtudes y en el hombre social.

Este modelo producía menos crecimiento pero más alegría de vivir, mientras en el Norte se acumulaba riqueza y se desarrollaba el capitalismo.

Ahora, con la globalización, se ha importado también al Sur de Europa este estilo de capitalismo más individualista y solitario, que está entristeciendo la manera de concebir el trabajo y la sociedad misma.

En el mundo ha vencido el capitalismo norteamericano y el Sur de Europa sufre las consecuencias.
 
¿ENTONCES? 

En primer lugar, debemos tomar conciencia, hablar de ello, porque cada país tiene una vocación propia a la economía, un genius loci.

Con nuestros escasos recursos, estamos tratando de desarrollar la Escuela de Economía Civil (SEC) y otros laboratorios culturales en todo el mundo, sobre todo con jóvenes, pero no debemos engañarnos pensando que el futuro será luminoso.
 
USTED HA SIDO UNO DE LOS FUNDADORES DE LA EDC. ¿ESTÁ SATISFECHO CON EL IMPACTO QUE HA TENIDO EN ESTOS 25 AÑOS? 

La EdC la fundó Chiara Lubich, yo tenía 25 años.

La idea que entonces tenía, de que en poco tiempo cambiaríamos la economía mundial (junto con otros) no se ha realizado. Pero era el trampolín necesario para iniciar un gran viaje.

Hoy el movimiento de la EdC camina junto al de la economía social y la economía civil, iniciativas menos vinculadas al Movimiento de los Focolares, pero con las que comparte muchas de sus ideas y categorías culturales.

Hace 25 años las propuestas de la EdC parecían raras o ingenuas.

Hoy son muchos los que hablan de ellas, no solo en la Iglesia católica.

Es un proceso que sigue adelante de forma encubierta. Ciertamente podríamos ser más incisivos en el mundo de la cultura, con más diálogo, más red, más alianzas.
 
¿Y EN EL FUTURO? 

En el mundo hay lugares, como Brasil, algunos países de África, Argentina, los Balcanes, Portugal o Filipinas, donde la EdC tiene una vida intensa y vigorosa, gracias a una nueva generación de jóvenes que han tomado en sus manos el movimiento.

En Italia, en cambio, aún no hemos conseguido realizar el necesario relevo generacional, aunque el nacimiento de AIPEC ha supuesto un fuerte impulso.

En julio se celebra también la primera “Constituyente EdC-jóvenes”, en Loppiano.
 
¿Y DESDE EL PUNTO DE VISTA CULTURAL? 

En estos años hemos hecho investigación, junto con Zamagni, Becchetti, Gui, Smerilli, Pelligra, Argiolas y muchos otros, en varios países del mundo.

No creo que en Italia exista otro grupo de economistas tan cohesionado y comprometido como este.

Hemos lanzado temas como la felicidad, la reciprocidad y los bienes relacionales.

En el futuro deberemos buscar una mayor mediación con los sindicatos y las asociaciones empresariales. Pero sobre todo debemos relanzar la dimensión profética.

La EdC no es solo economía civil; está fuertemente ligada a la experiencia espiritual de la fundación que le dio Chiara.

Esto implica no olvidar a los pobres, estar más en las periferias, en los lugares donde la vida y la economía renacen cada día.
 
¿USTED SE SIENTE PROFETA? 

Depende de lo que entendamos con esta palabra. Puesto que he encontrado un carisma y he recibido una vocación de joven, en cierto sentido comparto la misión profética, porque los carismas son la continuación de los profetas en el presente.

Para entender un carisma como el de Chiara Lubich o don Giussani, no hay que pensar tanto en los santos como en Isaías, Jeremías y Ezequiel.

La dimensión profética atraviesa la humanidad entera y es fundamentalmente laica.
 
¿QUÉ HACE UN PROFETA? 

Ve el mundo con una mirada distinta, está habitado por una luz que le permite ver cosas que otros no ven, siempre adoptando la perspectiva de los pobres y de los oprimidos.

Así pues, es crítico con los poderosos.

De hecho, si no es un falso profeta, siempre acaba mal: Isaías descuartizado, Juan Bautista decapitado.

Al crear dificultades a los poderosos, no es escuchado, es marginado.

Otra cosa típica de los profetas es la lucha contra la idolatría.

Los hombres son naturales portadores de ídolos.
El primer ídolo es el yo. El segundo es el dios hecho a imagen del hombre, lo contrario al Dios bíblico.

El profeta vacía el mundo de ídolos, lo libera de las ideologías, diciendo: esto no es Dios.

Después dice: a lo mejor, si quieres, puedes escuchar una voz que habla en el mundo.

Los profetas son muy valiosos, no solo los de la Biblia, sino también muchos contemporáneos nuestros.

El mundo está lleno de profecía y de profetas, pero no los reconocemos, nos parece gente estrambótica o maniática.
 
CITO ALGUNA FRASE DE SU LIBRO “ELOGIO DE LA AUTO-SUBVERSIÓN” (CITTÀ NUOVA): «LA MOTIVACIÓN MÁS GRANDE NO ES EL BENEFICIO SINO LA FRATERNIDAD».

Sí, la fraternidad y, en general, nuestras grandes pasiones.

Las personas no trabajan movidas solo por la ganancia, sino también para ser estimadas y reconocidas por los demás y por ellas mismas.

La idea de que al ser humano se le satisface simplemente prometiéndole algo, no funciona; estamos hechos para el infinito.

Hay estudios que demuestran que incluso aquellos que piensan en las ganancias interpretan el dinero como un indicador de estima y de éxito.

En el pasado a la gente se le estimaba con muchos lenguajes; hoy la única forma es dar dinero. Pero nosotros valemos más que el dinero.

También el empresario, cuando comienza, vive su trabajo con pasión: crear una empresa, obtener beneficios, hablar con la gente que trabaja con él.

La capacidad de los hombres para realizar acciones colectivas es impresionante.

El empresario nace así, pero después a veces se convierte en especulador, se entristece, se olvida de la pasión que le hizo nacer.

Debemos partir de una visión positiva del mundo y de la economía y a partir de ahí ver los límites y corregirlos.

 

«NUESTROS HIJOS SOLO PUEDEN SER MEJORES QUE NOSOTROS SI LES DAMOS LA LIBERTAD DE PODER SER PEORES QUE NOSOTROS Y TRAICIONAR NUESTROS SUEÑOS».

Cuando los padres, por preocupación, no ponen a los hijos en condiciones de poder “traicionarles”, les bloquean, no les dejan florecer, les hacen inseguros.

Lo mismo puede decirse de todas las relaciones humanas, también de la economía y los carismas.

En los movimientos hay siempre temor a que la gente pueda “traicionar” el ideal genuino, pero esto crea personas poco maduras, pequeñas, poco interesantes, porque no son libres de crecer de manera distinta a la debida y por tanto de contradecir las expectativas.

A veces tenemos una visión moralista de los carismas, que bloquea a las personas dentro de una ética del “deber ser” que mata el “poder llegar a ser” algo imprevisto y sorprendente.
 
¿LAS ASOCIACIONES (RELIGIOSAS Y DE OTRO TIPO) IMPIDEN LA MADURACIÓN DE LAS PERSONAS? 

No necesariamente. Pero no hay duda de que cuando un joven siente una vocación, está dispuesto a todo; por lo general no piensa en su futuro, en su trabajo, en su vida.

Son sus responsables quienes deben pensar en estas cosas: no deben permitirles llegar vacíos a los 50 años, después de haber consumido y agotado los recursos morales de su juventud.

No es fácil unir el desarrollo humano y profesional con la dimensión religiosa de una persona.

El peligro está en que los pertenecientes a movimientos carismáticos no superen nunca la adolescencia espiritual.

Debe haber un crecimiento humano junto al religioso.
 
«LA CRISIS DE LOS CARISMAS ES LA FALTA DE HISTORIAS CAPACES DE MOVERNOS POR DENTRO Y JUNTOS».

Las comunidades y los movimientos nacen a partir de historias que convierten a miles de personas.

Pero después, en un momento determinado, empiezan a vivir del pasado, se bloquean.

Por ejemplo, cuando muere el fundador y dejan de ser capaces de añadir nuevas historias a las viejas.

Siempre se cuentan las historias de los primeros tiempos y solo esas. Se vive de las rentas.

El error consiste en pensar que la única fuente de innovación está en el fundador.

Sin embargo, cada persona que llega una comunidad carismática recibe el mismo carisma del fundador, lo lleva dentro desde siempre. Por tanto, hay que animarla a una libertad creativa.

Un movimiento permanece vivo si las personas saben repetir los milagros de los primeros tiempos con nuevos hechos y nuevas palabras.

 

¿QUÉ LE DEPARARÁ EL FUTURO A LUIGINO BRUNI? 

Mi gran pasión de siempre es el carisma de la unidad.

Pero lo que he entendido, con la vida, es que ninguna persona puede ser contenida por una única realidad, porque hay una dimensión de infinito dentro de cada uno de nosotros.

Hoy me gustaría ser 100% focolarino, pero al mismo tiempo también 100% ciudadano, 100% apasionado por los carismas de otros, 100% economista, 100% pacifista, 100% profesor, 100% comprometido contra la pobreza y el juego de azar.

Un peligro de los grandes carismas es convertir a las personas en seres unidimensionales; así se apagan.

Por el contrario, deberíamos hacer que las personas crezcan en varias dimensiones, que florezcan verdaderamente.

 

 CI -  11 AGOSTO 2017

 


MILEI *** MILEI Y LA IRA QUE IMPULSA AL NACIONALPOPULISMO GLOBAL *** por: Andrea Rizzi* – El País

 






MILEI Y LA IRA QUE IMPULSA AL NACIONALPOPULISMO GLOBAL

Andrea Rizzi* – El País



Una inmensa frustración ciudadana dio alas al candidato argentino, igual que a Trump, Bolsonaro, Meloni o a los promotores del Brexit. 


Pero hay diferencias en las causas de esa ira y en los planteamientos de los líderes

Como un eco, el rugido de la ira que da alas a los abanderados de proyectos políticos nacional-populistas aparece, similar, en distintos rincones del planeta. 


Javier Milei es el enésimo caso de una amplia ola ―en la cual destacan los episodios del Brexit, Trump, Bolsonaro y Meloni― que es una enmienda total al sistema político como rechazo popular a todas las opciones tradicionales. 


El efecto eco radica en las muchas similitudes entre distintos elementos de la internacional reaccionaria. 


Pero ello no excluye que, a la vez, existan algunas diferencias significativas en las causas de su éxito y en las propuestas.

Por características personales y planteamientos políticos, Milei es una figura hiperbólica, incluso en el marco del radical mundo de la internacional reaccionaria, y su victoria causa un especial espanto e incredulidad en las filas de progresistas y liberales moderados. 


No es para menos. 

Sus propuestas son de un extremismo excepcional, meridianamente desprovistas de fundamentos intelectuales sólidos, amenazantemente retrógradas en su conservadurismo e impulsadas además por un líder cuyos modales no destilan el sosiego deseable en un mandatario.

No obstante, la hipérbole de la motosierra de Milei entronca con el espíritu de rechazo a lo establecido propio de la internacional nacional-populista. 


Con el Reino Unido que votó el Brexit en contra de la posición de los principales partidos, de la patronal, de los sindicatos y en el que dominaba el “que se jodan los expertos”; con los EE UU conquistados por Trump y su mantra de “drenar la ciénaga”; con la Italia gobernada hoy por el único partido del hemiciclo que no apoyó el Gobierno de unidad nacional durante la pandemia ―el ultraderechista Hermanos de Italia―, que en esa legislatura tenía solo el 4% de los votos, que aprovechó esa oposición solitaria para disparar contra todo y todos y después se convirtió en el primer partido del país; con el Brasil que aupó a Bolsonaro, que no era representante de ninguno de los principales partidos del país.

Es el espíritu popular de la enmienda total a un sistema político apoyada en la ira de ciudadanos que sienten que este no les sirve, no les protege, no les funciona, que está sesgado y podrido. 


Esa profunda frustración alimenta la voluntad de cambio radical y encumbra a outsiders que predican un mix populista de satanización de la casta, nacionalismo, conservadurismo, revisionismo histórico, nostalgia de un pasado presuntamente mejor ―hacer grande a América de nuevo; recuperar el control supuestamente perdido en el Reino Unido; el desierto que empezó con la democracia en Argentina, etc.―.

Líderes habilidosos echan gasolina a ese fuego aprovechando las posibilidades del tiempo moderno, redes sociales hoy, y pronto, cada vez más, habrá que temer la inteligencia artificial. 


La política se lleva al terreno emocional, y una vez ahí, la racionalidad difícilmente se impone.

Pero esa raíz común no debe desdibujar las diferencias. 

Esa frustración se alimenta, según los casos, de resentimientos por causas nacionales o globales en proporciones diferentes. 


En algunos países predominan, por mucho, los primeros. En otros, parecen tener mayor relevancia los segundos.

En el caso de Argentina, es evidente que la victoria de Milei es un rechazo total a la gestión del peronismo kirchnerista


De forma parecida, el éxito de Bolsonaro se alimentaba de un antipetismo (PT, partido de Lula y Rousseff) arraigadísimo. 


En estos casos, las propuestas progresistas perdieron en gran medida por fracasos propios, sea por gestiones económicas de resultados nefastos, sea por la larga sombra de corruptelas que se extendían sobre ellas, más que por un anhelo nacional de cerrazón ante un mundo del que se importan problemas.

En otros casos, el auge nacional-populista responde en mayor medida a fenómenos globales, a un instinto proteccionista ante las vicisitudes globales, los desarrollos de un mundo interconectado, los dañinos efectos colaterales de cierto tipo de libre comercio, los movimientos migratorios, las tecnologías de las que algunos se benefician mientras perjudican a otros, el cambio climático y sus retos. 


En este apartado también la social-democracia ha pagado errores del pasado, su adhesión durante un amplio periodo a valores con aroma liberal, que la hizo poco distinguible de la derecha moderada. 

Pero en este caso parece incidir más un devenir general del mundo que tampoco es responsabilidad directa de la izquierda. 


Trump, Orbán o el Brexit encajan mucho en este esquema en el que el rechazo a lo que viene de fuera tiene un peso enorme y avala propuestas proteccionistas, nacionalistas, conservadoras, de anhelo de regreso al pasado.

Según cuál es la principal fuerza motriz, por ejemplo, las posiciones en materia de librecambismo, inmigración o política exterior pueden ser diferentes, o en todo caso tener mayor o menos peso en el planteamiento.

Otras diferencias intrínsecas al auge nacional-populista conciernen la procedencia del abanderado. 


En algunos casos ―como Milei o Bolsonaro― se trata de outsiders totales que alcanzan el poder. 


En otros, se trata de partidos tradicionales que se escoran hacia ese tipo de ideario ―republicanos en EE UU y tories en el Reino Unido―.

Los dos distintos escenarios tienen implicaciones diferentes ―los frenos que, a pesar de un viraje, puede seguir aplicando un partido tradicional, con largo recorrido, en el que sigan militando moderados, y la situación desatada de quienes no están embridados en ellos―, así como, por supuesto, la tienen la fuerza política de la que disponen en los Parlamentos ―mayorías absolutas o necesidad de negociar― y la calidad democrática de los países en los que logran el poder.

La ola nacional-populista no es ni mucho menos invencible, y sufre reveses. 


Recientemente, en Polonia o España. Se aprecia un patrón por el que sus pésimos resultados de gestión son sancionados en las urnas, impidiendo la renovación de mandatos allá donde la democracia mantiene suficiente vigor, como en EE UU (derrota de Trump); Brasil (derrota de Bolsonaro) o la propia Polonia (derrota del PiS). 


El caso de Hungría ejemplifica los riesgos de las circunstancias en las cuales la propuesta nacional-populista logra erosionar la calidad democrática, lo suficiente como para casi sofocar opciones reales de cambio (la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OCSE) consideró que las últimas elecciones en Hungría fueron libres, pero no justas).

Desgraciadamente, según coinciden en señalar los más respetados estudios internacionales en la materia, la calidad de la democracia retrocede en muchos lugares en el mundo.

Las derechas conservadoras tradicionales, en plena crisis de pánico por el auge de propuestas nacional-populistas radicales que las aniquilan (Francia, Italia) o les comprimen el espacio de una manera que les imposibilita gobernar sin ellos, cada vez más han decidido cooperar con los radicales o incluso comprar sus argumentos. 

La historia les juzgará por ello.


Las izquierdas social-demócratas y los liberales, por su parte, deberían razonar a fondo. 


No ya solo sobre los problemas globales que dan alas a los ultras y ofrecer respuestas en clave de protección social (“La Europa que protege”, pregonaba Macron; “proporcionar seguridad”, señalaba Sánchez en su discurso de investidura). 


Esto es correcto y esencial. 

Pero es preciso analizar más a fondo todo el espectro de acciones y fallos que, desde los ámbitos de la moderación y el progresismo, han facilitado el fenómeno de la ola nacional-populista en el hemisferio occidental, un gravísimo peligro para el mantenimiento de derechos fundamentales y, en algunos casos, de los más básicos valores democráticos. 


El caso de Milei, probablemente el más radical de todos, demuestra que su desarrollo puede conducir a lugares inimaginables y explosivos.
…………………
*Corresponsal de asuntos globales de EL PAÍS y autor de una columna dedicada a cuestiones europeas que se publica los sábados. Anteriormente fue redactor jefe de Internacional y subdirector de Opinión del diario. Es licenciado en Derecho (La Sapienza, Roma) máster en Periodismo (UAM/EL PAÍS, Madrid) y en Derecho de la UE (IEE/ULB, Bruselas).


martes, 21 de noviembre de 2023

MILEI *** POR FABIAN ARIEL GEMELOTTI

 


TRABAJO TOMADO DE REVISTA

PARODIA REALIZADA EN EL LEGENDARIO PROGRAMA DE TELEVISION ABIERTA EN ESPAÑA, «EL INTERMEDIO» (CICLO QUE YA LLEVA 17 AÑOS)
EL PERSONAJE ES INTERPRETADO POR EL HUMORISTA RAUL PEREZ: 
«LA LUCHA CONTRA EL ZURDERIO NUNCA DESCANSA. Y POR LO QUE ME HAN DICHO, ESTE PROGRAMA ES UNO DE LOS MAYORES NIDOS DE RATAS IZQUIERDISTAS QUE TENEIS ACA EN ESPAÑA. 
¡PERO ESO SE ACABO! ¡ACABARE CON USTEDES SIN DESPEINARME», AMENAZA EL FALSO MILEI FRENTE A LA CAMARA, PARA CONTINUAR:
 «PIENSO INSTAURAR LA LIBERTAD Y ACABAR CON TODAS LAS LACRAS DEL COMUNISMO. 
¿LOS IMPUESTOS? ¡SE ACABO! 
¿LA SANIDAD? ¡SE ACABO! 
¿EL SOL? ¡FUERA TAMBIEN! 
¿Y EL OXIGENO? QUIEN QUERA RESPIRAR… ¡QUE LO PAGUE! 
¡VIVAN LOS RECORTES, CARAJO!, 
EXCLAMO EL HUMORISTA QUE REPRESENTO A JAVIER GERARDO MILEI. 
(FUENTE: lagaceta.com.ar)

POR FABIAN ARIEL GEMELOTTI


Milei es el Nuevo Presidente de la Argentina. 

Una Argentina endeudada y con altas tasas de pobreza.

¿Por qué Milei? 


Los motivos son varios y ya los he marcado en una Serie de Artículos para esta Revista (¿Por qué Milei? La Argentina 2023, 16 artículos en «De puño y Letra» desde el 17/08/2023 al 20/10/2023 ).


La desesperación, a mí entender, es el motivo principal. 

Cuando hay desesperación se hace lo que sea para salir de la desesperación.

Una persona desesperada vende su vida al diablo porque sabe que su vida no vale nada; está desesperada. 

El Pueblo Argentino vendió su Alma al Diablo, está desesperado y no puede salir de ese lugar llamado desesperación. 

Un hambriento por un pedazo de pan mata a su hijo o a su padre, porque el hambre puede más que los sentimientos familiares.

El Pueblo Argentino fue llevado a la desesperación y nadie pudo advertirlo o a nadie le interesó. 

Crearon un monstruo, le dieron forma y lo subestimaron y trataron de loco. 

A Hitler también lo trataron de loco y ganó unas elecciones cómodamente porque el Pueblo Alemán tenía hambre y nadie quiso ver ese hambre. 

Hitler llega al poder gracias a la pobreza y el hambre y porque nadie quiso advertir lo que pasaba en Alemania.

El Liberalismo hace décadas que es un Proyecto en construcción y trabaja para lograr el Poder. 

Primero fue la Dictadura, después vino Menem y después Macri. 

Y tuvimos a un Gobierno Inepto como Alberto Fernández que fue un Presidente Ausente que en vez de ser un Presidente Seductor dejó que los Mercados se impongan y creen una Inflación Imparable.

Con un 200 por ciento de inflación, con desempleo, con falta de dinero, con salarios paupérrimos, con falta de acceso a la salud y a la educación y al bienestar de un gran porcentaje de la población el Pueblo votó al Patrón de la Estancia, porque eligió el camino más fácil y que cree necesario para terminar con su Pobreza.

Recién miraba a la gente en el Obelisco, no son ricos ni rubios ni gente «DE BIEN»; en el Obelisco estaba el cabecita negra, el desempleado, el pobre, todos con banderas amarillas. 

Ese sector que siempre fue Patrimonio del Peronismo se le dio vuelta al Peronismo porque el Peronismo no quiso advertir que el Pueblo está MUY MAL.

No le echemos la culpa a la Juventud; una Juventud sin acceso al Trabajo Estable y marginada y subestimada. 

Subestimaron a un tipo como Milei, un error que costó muy caro.

Una vez creado el MONSTRUO no podés destruirlo así porque sí. 

Los Monstruos toman forma y se hacen fuertes cuando lo tratan de destruir.

Creo que no sirve la burla o la chicana barata. Milei es el nuevo Presidente. Milei se transformó en el mesías de la pobreza.

Ahora la cuestión es fortalecer a la oposición y no burlarse más de los Monstruos. 

Tomar seriamente la cosa y ver que los Pueblos responden al Hambre y cuando un Pueblo está Hambriento tenés que darle una respuesta y escucharlo porque si no se lo escucha se lo pierde.