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sábado, 15 de marzo de 2025

NEOCONSERVADURISMO, MULTIPOLARIDAD Y LA DECADENCIA DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES POR JUAN LABORDA - ARQUITECTOS DEL CAOS GLOBAL - TOTALITARISMO INVERTIDO: LA AGONÍA DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES

 




NEOCONSERVADURISMO, MULTIPOLARIDAD Y LA DECADENCIA DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES

POR JUAN LABORDA

El Salto [12 marzo 2025]0

 

Occidente, en su obsesión por dominar, ha fracasado en su intento de moldear el mundo a su imagen, dejando tras de sí Estados fallidos, migraciones masivas y un Sur Global cada vez más resentido.

 

Vivimos en una era de fracturas geopolíticas, donde las decisiones de unas pocas élites han arrastrado a la humanidad a un ciclo de conflictos y decadencia moral.

 

La guerra en Ucrania, lejos de ser un evento aislado, es síntoma de un juego de poder impulsado por los neoconservadores estadounidenses, cuyas ambiciones hegemónicas han sembrado caos desde Medio Oriente hasta Europa del Este.

 

Permítanme explorar tres ejes críticos:

--- el papel destructivo de los neocon como principal amenaza global,

--- la oportunidad perdida de Europa para liderar un mundo multipolar en alianza con los BRICS, y

--- la metamorfosis de las democracias occidentales en “totalitarismos invertidos”, según el concepto de Sheldon Wolin.

 

A través de estos prismas, analizamos cómo Occidente, en su obsesión por dominar, ha acelerado su propia derrota, tal como anticipa Emmanuel Todd en La Derrota de Occidente.

 

LOS NEOCONSERVADORES: ARQUITECTOS DEL CAOS GLOBAL

 

Emmanuel Todd, en La Derrota de Occidente (Akal, 2024), describe a los neoconservadores estadounidenses como una élite que instrumentaliza la retórica democrática para imponer un orden unipolar basado en la fuerza.

 

Su estrategia, arraigada en el excepcionalismo estadounidense, ha consistido en desestabilizar regiones enteras bajo el pretexto de exportar libertad, mientras consolidan un complejo militar-industrial que alimenta guerras interminables.

 

Todd señala que esta “hiperpotencia” ha fracasado en su intento de moldear el mundo a su imagen, dejando tras de sí estados fallidos, migraciones masivas y un Sur Global cada vez más resentido.

 

Los neocon, tanto demócratas como republicanos, han activado conflictos por poder, por dinero, para dominar el mundo, desde Irak hasta Ucrania.

Su obsesión por aislar a Rusia y contener a China ignora que el poder estadounidense ya no es omnipresente.

 

La invasión de Ucrania, llevada a cabo por Putin, pero promovida por una OTAN expansionista –tal como han confirmado Gerhard Schröder, Naftali Bennett, Jeffrey Sachs, o Robert F. Kennedy Jr., entre otros- ejemplifica esta miopía:

en vez de negociar una arquitectura de seguridad europea inclusiva, se optó por una provocación que ha desangrado a Ucrania y alienado a Moscú.

 

Como advierte Todd, la arrogancia neocon ha acelerado la formación de un bloque antioccidental liderado por China, Rusia y los BRICS, mientras Estados Unidos se debate entre la hostilidad y la irrelevancia.

 

EL MUNDO MULTIPOLAR Y LA TRAICIÓN EUROPEA

 

El segundo eje gira en torno al ascenso de un orden multipolar y el papel de Europa como cómplice de su propia subordinación.

 

Tras la Gran Recesión de 2008, Europa tuvo una ventana histórica para redefinir su lugar en el mundo. La solución óptima radicaba en fortalecer la cooperación con los BRICS —un bloque emergente con el 40% de la población mundial y un PIB combinado que supera al del G7—.

 

En lugar de ello, Bruselas optó por convertirse en un “vasallo” de Washington, ignorando advertencias tempranas como las del politólogo Franck Biancheri, el auténtico ideólogo de las becas Erasmus, quien pronosticó, allá por 2010, la guerra en Ucrania si persistía la confrontación con Rusia.

 

La administración Obama, lejos de ser un faro de progresismo, profundizó esta dinámica. Al promover sanciones contra Rusia y respaldar golpes de Estado “vestidos de primaveras de colores” —como el Euromaidán en Ucrania—, reactivó las tensiones Este-Oeste.

 

Resulta hilarante escuchar las recientes palabras de la responsable diplomática europea, Kaja Kallas, quien, al albor de la bronca que Trump le dedicó a Zelensky, declaró que Europa debe “derrotar a China”, revelando una sumisión estratégica: en vez de equilibrar su relación con Washington mediante alianzas con Pekín, Bruselas se enreda en una confrontación innecesaria, debilitando su posición en un mundo donde el eje BRICS-EURASIA gana influencia.

 

La ampliación de los BRICS en 2024 confirma este giro. Estos países, unidos por su rechazo al dominio anglosajón, están reescribiendo las reglas del comercio, la energía y la seguridad.

 

Europa, en cambio, sigue anclada a un Occidente en declive, incapaz de ofrecer una alternativa cooperativa. Nos hemos convertido en una colonia definitiva de Estados Unidos, desperdiciando la chance de ser puente entre civilizaciones.


TOTALITARISMO INVERTIDO: LA AGONÍA DE LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES

 

El tercer eje, que hemos desgranado hasta la saciedad en estas líneas, aborda la decadencia interna de Occidente.

 

Sheldon Wolin acuñó el término “totalitarismo invertido” para describir un sistema donde, bajo la fachada democrática, las élites económicas controlan el poder real.

 

Da igual quién gobierne; el núcleo duro de las políticas económicas se mantiene bajo argumentos autocráticos.

 

Esta distopía se manifiesta en la austeridad impuesta tras 2008, la captura corporativa de instituciones y la creciente desigualdad —contrastante con China, que erradicó la pobreza extrema en 2020—.

 

Dense una vuelta por Madrid, Londres y París y verán

como miles de ciudadanos, cada día más jóvenes, vagan por sus calles sin más techo que la intemperie.

 

Ver a Keir Starmer abanderar políticas militaristas y de reducción de los ya de por sí debilitados servicios públicos británicos me produce un profundo asco. ¡Esto es lo que promovieron los mal llamados periódicos “progresistas”, como The Guardian y compañía, en sus campañas contra Jeremy Corbyn! Solo espero que sea barrido en todas y cada una de las elecciones que se celebren en Reino Unido, y que su futuro político sea el Biden y compañía.

 

Lo mismo podía extrapolarse a gobiernos como el alemán, el del mal logrado Olaf Scholz, barrido en las urnas.

 

Aquí en España, Sánchez resiste, por la absoluta inutilidad de las alternativas existentes, y por haber implementado algunas dosis de políticas no ortodoxas, muy pocas, por cierto, cuando han demostrado tener exactamente efectos positivos contrarios a las previsiones de la heterodoxia económica. Sin embargo, como no solucione el grave problema de la vivienda, por obra y gracia de la financiarización, que ellos también abrazaron, la indolencia de Feijoo, Abascal y compañía no será suficiente para amarrarse al poder.

 

Las democracias occidentales han abandonado su esencia: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

En su lugar, una “superclase” transnacional dicta políticas que benefician al 1%, mientras los ciudadanos enfrentan servicios públicos recortados y salarios estancados.

 

La UE, por ejemplo, prioriza rescates bancarios sobre inversión social. Estados Unidos gasta billones en armas mientras millones carecen de salud pública. Ahora nos preparan para el siguiente asalto a los servicios públicos, el aumento del gasto militar. Como diría mi paisano Labordeta, ¡a la mierda!

 

Para rearmarse, Occidente debe rescatar sus principios fundacionales:

libertad, igualdad y fraternidad. Esto exige líderes dispuestos a desafiar a las élites rentistas, como hizo Franklin D. Roosevelt con el New Deal.

 

Hay un párrafo en su famoso discurso en el en el viejo Madison Square Garden ideal en tiempos de líderes superfluos, vacuos: “Durante casi cuatro años ustedes han tenido un gobierno que, en lugar de entretenerse con tonterías, se arremangó. Vamos a seguir con las mangas levantadas.

Tuvimos que luchar contra los viejos enemigos de la paz: los monopolios empresariales y financieros, la especulación, la banca insensible, los antagonismos de clase, el sectarismo, los intereses bélicos.

Habían comenzado a considerar al gobierno como un mero apéndice de sus propios negocios.

 

Ahora sabemos que un gobierno del dinero organizado es tan peligroso como un gobierno de la mafia organizada.

 

Nunca antes en nuestra historia esas fuerzas han estado tan unidas contra un candidato como lo están hoy. Me odian de manera unánime, y yo doy la bienvenida a su odio. Me gustaría que mi primer gobierno fuera recordado por la batalla que libraron el egoísmo y la ambición de poder. Y me gustaría que se dijera que durante mi segunda presidencia esas fuerzas se encontraron con la horma de su zapato”.

 

Soy, sin embargo, pesimista: no hay nadie en Occidente capaz de emular a FDR.

 

La convergencia de estos tres factores —el belicismo neocon, la miopía europea y la corrosión democrática— explica la derrota de Occidente que Todd anticipa en su última obra.

 

El mundo multipolar no es una amenaza, sino una realidad que exige cooperación. Europa aún puede redimirse si abraza su autonomía estratégica, tiende puentes con los BRICS y reforma sus instituciones para devolver el poder al pueblo. De lo contrario, su destino será decidido entre Washington, Pekín y Moscú, mientras sus ciudadanos claman por un renacimiento que, por ahora, solo existe en textos y discursos olvidados. Pero, por soñar, que no quede.

 

sábado, 8 de marzo de 2025

FALSAS NOTICIAS - LA DEMOCRACIA ASEDIADA POR LA MENTIRA -LA ÚNICA VERDAD ES LA PUBLICIDAD -DE LA MENTIRA PERTINENTE A LA MENTIRA EXPERTA - DESCONFIANZA Y REALIDAD PARALELA - Por: Esteban Rodríguez Alzueta

 



 

LA DEMOCRACIA ASEDIADA POR LA MENTIRA

 

La frontera entre la verdad y la mentira se ha ido desdibujando. Ninguna época anterior toleró tantas opiniones diversas, pero tampoco ninguna otra época soportó tantas mentiras.

 

Por Esteban Rodríguez Alzueta - Publicó Revista "MALAS PALABRAS" -marzo 2025

 

La política y la verdad nunca se llevaron bien.

La política siempre vio en la mentira una herramienta necesaria y justificable no sólo para la actividad política sino para la gestión del Estado.

 

Acaso por eso mismo se preguntaba Hannah Arendt: ¿Está en la esencia misma de la verdad ser impotente, y en la esencia misma del poder ser falaz?

 

Como sea los políticos han defraudado la confianza cívica cuando se aferraron a la mentira de manera sistemática. La mentira es un problema, pero también ha sido una oportunidad para muchos gobernantes; ha sido su talón de Aquiles, pero también su espada de Excalibur.   

 

ENTRE LA DEBILIDAD Y EL SECRETO

 

Alexandre Koyré en su clásico libro, Reflexiones sobre la mentira, nos dice que

la mentira, mucho más que la risa o el odio, es lo que caracteriza al hombre moderno.

 

La mentira ha sido una constante, sin embargo, nunca se mintió tanto y tan descaradamente como en nuestros días. El hombre siempre mintió. Mintió por placer, para divertirse, pero también para defenderse. Porque la mentira es un arma:

“El arma preferida del subordinado y del débil que, al engañar al adversario, se afirma y se venga de él.”

Los débiles no siempre pueden permitirse el lujo de ser sinceros. 

 

Mentir es decir intencionadamente lo que no es o disimular lo que es, pero también deformar la verdad, esto es, decir lo que no se piensa y tampoco se cree; y, además, velar la realidad, ocultar o secretar lo que se piensa y hace.

 

La mentira, agregaba Koyré, puede asumir muchas formas y se tolera mientras no perjudique las relaciones sociales y no haga mal a nadie. 

 

De hecho, como había sugerido Benjamin Constant, en la polémica que mantuvo con Kant,

“decir la verdad es un deber, pero solamente en relación a quien tiene el derecho a la verdad”.

Por tanto, ningún hombre tiene el deber de decir la verdad si el otro tampoco tiene derecho a la verdad.

No es ese el caso de los ciudadanos con sus representantes. Aquellos tienen el derecho a la verdad, de modo que la mentira contradice los deberes de los representantes.   

 

Los gobiernos totalitarios y autoritarios quieren ocultar o disimular sus intenciones, por eso buscan protección en la mentira.

Donde hay mentira hay secreto, una realidad paralela, secretada.

Su poder comienza donde empieza el secreto.

En este contexto la verdad se volvió una tarea clandestina y la mentira una empresa sistemática. 

 

La mentira, en la época de la reproductibilidad técnica,

se fabrica en serie y se dirige a la masa a través de la propaganda.

 

La mentira está obligada a rebajar el estándar de la verdad:

“Nada es más grosero que el contenido de sus aserciones, que muestran un desprecio absoluto y total por la verdad.”

 

Detrás de estas reflexiones están las palabras del ex ministro de Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels, autor de eslóganes que quedaron para la historia hasta convertirse en las recetas de rigor entre los nuevos magos del Kremlin:

“Una mentira mil veces repetida, se transforma en verdad”,

o también:

“Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.

 

Dicho de otra manera, se empieza con una mentira, se sigue con otras tres o cinco, hasta llegar al punto donde ya no se sabe cuando se está mintiendo y cuando se está diciendo la verdad.  

Un grupo de hombres con traje y corbata

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Jonatan Viale entrevistó a Javier Milei.

 

DESCONFIANZA Y REALIDAD PARALELA

 

La mentira descarada, hecha a la medida de los seguidores entusiastas y propalada a cuatro vientos en forma reiterada posee una eficacia probada.

 

Nunca los gobiernos tuvieron a su disposición tantos medios para engañar a los electores sobre la existencia de una realidad paralela.

La verdad termina siendo tan fantasiosa que ella será vaciada de todo contenido y vínculo con aquello que efectivamente está sucediendo, dejando el terreno para controversias interminables sobre lo que puede o no ser real. 

 

Es cierto, como ya señalara Arendt, en su reconocido ensayo, “La mentira en la política”, el engaño sistemático y la falsedad deliberada nos han acompañado desde el comienzo de la historia: “La sinceridad nunca ha figurado entre las virtudes políticas y las mentiras han sido siempre consideradas en los tratos políticos como medios justificables.” 

 

Empero, quizás como nunca hasta ahora, la mentira se despliega con tanto entusiasmo y falta de pudor entre quienes desean persuadir a la población sobre la modalidad en que los fenómenos ocurren. 

 

Ahora bien, la mentira no es patrimonio de los gobiernos totalitarios. Los partidos políticos han hecho de la mentira la manera de estar en la democracia. Pareciera que en la política ya no hay espacio para la verdad. La mentira, electoralmente hablando, se volvió productiva: alcanza para ganar una elección y sostenerse unos cuantos años en el gobierno. 

 

Los partidos políticos han hecho de la mentira la manera de estar en la democracia. Pareciera que en la política ya no hay espacio para la verdad. La mentira, electoralmente hablando, se volvió productiva

 

DE LA MENTIRA PERTINENTE A LA MENTIRA EXPERTA      

 

Para Arendt, existen dos tipos de mentiras. Por un lado, está la mentira más elemental que consiste en negar la verdad o decir una mentira pertinente.

 

Con la mentira se prefiere

eliminar los hechos de la realidad, encubrirlos o apartarlos del resto de la gente.

Acá de lo que se trata es de la abolición del acontecer.

 

Mentiras banales de este tipo siempre son graves, pero no dejan de ser inofensivas en comparación con las otras que mencionaremos seguidamente. 

 

En efecto, la segunda forma que asume el arte de mentir

es más sofisticada, pero más grave toda vez que amenaza no solo la realidad sino la idea misma de verdad.

 

Arendt la llamó la mentira experta. Los resolvedores de problemas

fabrican imágenes míticas sobre la realidad para hacer creer a la gente en esas apariencias, hasta que sus seguidores empiezan a confundir la realidad objetiva con sus deseos subjetivos.

 

Son operaciones ideológicas sobre la realidad.

Los hechos se sustituyeron por completo por una realidad alternativa y fingida que ya no es posible impugnar.

Si uno busca los hechos, chocará una y otra vez contra los muros ideológicos invisibles que cautivaron a los seguidores. 

 

Dicho de otra manera:

los expertos en resolver problemas no están interesados en los problemas sino solamente en sus teorías, y este amor por la teoría conduce a un desprecio por los hechos.

La lógica y la claridad pasan a primar sobre la realidad siempre contingente y confusa, de modo tal que la capacidad de juzgar es reemplazada por la razón instrumental. 

 

LA ÚNICA VERDAD ES LA PUBLICIDAD

 

Con la mediatización de la política, los partidos fueron reorganizándose en función del marketing y la publicidad, y solo tienen muñeca para la rosca y tacto para la mentira.

 

No hay lugar para el juicio ponderado y la deliberación paciente sino para la formación de imágenes encantadas y consignas ideológicas y trasnochadas a la altura de la credulidad:

se trata de construir un ambiente para que la gente crea en lo que se le está diciendo.

La propaganda se orienta a la creación constante de consensos afectivos y volubles. 

 

Nos gusta demasiado creer lo que de alguna manera parece real o verosímil. Los políticos aprendieron que una buena mentira convence más que los hechos.

 

Políticamente hablando, la única verdad es la publicidad, esto es, las mentiras resultan mucho más plausibles, muchas más atractivas a la razón, y mucho más movilizantes que la verdad y la realidad.

Y esto es así porque el que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír.

La retórica mentirosa siempre estará a la altura de su auditorio entusiasta. 

 

Los estudios focales, las encuestas de opinión, y sobre todo los algoritmos,

proveen información no solo para identificar las diversas audiencias sino para mandar mensajes específicos, segmentados, según el target.

La narrativa se adecua con precisión al espectáculo en curso. 

 

Escribe Arendt:

“Ha preparado su relato para el consumo público con el cuidado de hacerlo verosímil mientras que la realidad tiene la desconcertante costumbre de enfrentarnos con lo inesperado, con aquello para lo que no estamos preparado.”

 

Por eso no solo toleramos la mentira, sino que se la prefiere y espera. La fragilidad humana hace que el engaño, por lo menos hasta cierto punto, resulte siempre tentador, un incentivo extra para hacerse los boludos y mirar para otro lado, esquivando de paso cualquier responsabilidad.