PENSAMIENTO DÉBIL
VERSUS PENSAMIENTO FUERTE EN LA COTIDIANEIDAD.
Por: Manuel Mora
Lourido
El pensamiento débil
era, pues, una teoría fuerte, una propuesta filosófica fuerte.
1 GIANNI VATTIMO
Estuvo en Las Palmas
de Gran Canaria Gianni Vattimo, el filósofo italiano asociado al pensamiento
débil y a la posmodernidad, concepciones que han marcado de forma
significativa, tanto teóricamente como en su traducción práctica, partes
características de los últimos tiempos.
La iniciativa del
Aula Manuel Alemán, tuvo un gran éxito y las intervenciones de Vattimo fueron
seguidas por un público numeroso e interesado.
Vattimo en Las
Palmas fue un acontecimiento. Buena ocasión para replantear someramente algunas
cuestiones relativas a la operatividad del denominado pensamiento débil.
La concepción del
pensamiento débil en Vattimo se remonta a 1979, expuesto inicialmente en una
conferencia que fue trasladada tiempo después como ensayo a un libro colectivo
publicado en 1983.
Desde entonces el
término queda ya acuñado y su significado tendrá repercusión importante en
diversas disciplinas, entre ellas la historia.
¿Qué es el
pensamiento débil?
Tras la
consideración del fracaso de la modernidad, esto es
el pensamiento
fuerte basado en el absoluto metafísico y, finalmente, en la voluntad de poder,
surge la posmodernidad,
el pensamiento
débil, que no se impone, que se propone, que busca la verdad en el otro,
poniendo el acento más en la interpretación
que en el hecho en sí.
En los términos
cristianos, y aun filosóficos, empleados por Vattimo y que son claves en su
pensamiento, la caridad.
Más allá del mundo
de las ideas y ante su aplicación práctica se suscitan dos cuestiones.
La primera, ¿cómo se
sistematiza la caridad?
“No se puede”, me
contestó inicialmente Vattimo al hacerle la pregunta.
Entonces, ¿cómo se
aplicaría, más allá del ámbito personal, en un mundo de grandes y complejas
estructuras?
Vattimo no ofreció
una respuesta clara y, tras apuntarle que quizás a través de la actuación
personal en las instituciones, asintió.
Hace años surgió
también esta cuestión en un encuentro con el filósofo Carlos Díaz.
Proponía éste que
había que ir hacia la aplicación de la caridad, más allá de la justicia.
Cuando le observé
que la justicia era posible sistematizarla, haciéndola así aplicable con
carácter general, para después preguntarle sobre cómo se sistematizaría la
caridad, respondió que a esa pregunta aún no había respuesta y que era la gran
cuestión pendiente.
Este reconocimiento
me ha parecido más clarificador que la respuesta ofrecida por Vattimo, que no
supone, en este punto concreto, una aportación novedosa.
Lo cierto es que la
justicia, con todas sus limitaciones y frustraciones,
no ha sido aun
superada en términos sociales y que su aplicación, a todas luces imperfecta, se
presenta todavía como una etapa previa a nuevos desafíos.
El quemar etapas,
véase los intentos de concreción histórica del “de cada uno según su capacidad,
a cada uno según sus necesidades”, puede llevar a resultados opuestos a los
deseados.
La segunda cuestión
que se plantea es la confrontación de un modo de actuar basado en el
pensamiento débil frente a otro basado en el pensamiento fuerte.
Una actitud
fundamentada en el acercamiento a los demás, a buscar la verdad en la posición
del otro, aún en la posición del contrario, en no imponerse sino proponerse,
¿qué viabilidad
tiene en el enfrentamiento que se produce en el teatro de operaciones de la
realidad social ante una posición basada en el pensamiento fuerte?
Por un lado, una
cuestión no bien aclarada por Vattimo,
¿es el pensamiento
débil, contrario a los absolutos, un absoluto en sí mismo?
Y, por otro lado, la
fortaleza interna del pensamiento débil
¿es suficiente para
defenderlo ante la expresión del pensamiento fuerte?
El ejemplo histórico
del Pacto de Munich, personificado en la actitud de Chamberlain frente a
Hitler, es un paradigma al respecto.
Por el contrario,
tenemos el ejemplo de Gandhi frente al Imperio Británico.
En este caso, el
resultado no puede ser achacado sólo a las virtudes de Gandhi sino también a
las dosis de “debilidad” en el sistema político británico debido a su carácter
democrático.
Ante Hitler, Gandhi
hubiera sido barrido sin contemplaciones a las primeras de cambio.
Pese a su posición
en el lado de la verdad “cómoda”, lo cual no le ha ahorrado críticas adversas,
Vattimo aclara que
el pensamiento débil
no implica relativismo. No todo vale.
Y el acercamiento al
otro, para comprenderlo, para aprender y para incorporar elementos de su visión
no supone el dar por buenas sus concepciones.
Por ello, aunque
Vattimo no lo exprese así, al final siempre existe la posibilidad de que haya
un momento en que el pensamiento débil
se vea en la
disyuntiva de o bien cerrarse en banda ante los intentos de imposición de un
pensamiento fuerte y,
paradójicamente,
convertirse así también en pensamiento fuerte o, en caso contrario,
quedar relegado a
las catacumbas e, incluso, llegar a desaparecer.
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