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miércoles, 8 de febrero de 2023

SANTOS, BOAVENTURA DE SOUSA *** LA GLOBALIZACIÓN DEL DERECHO. LOS NUEVOS CAMINOS DE LA REGULACIÓN Y LA EMANCIPACIÓN *** comenta: DRA. MARÍA DE LOURDES SOUZA

 



Cuadernos Electrónicos de Filosofía del Derecho. núm. 3-2000

SANTOS, BOAVENTURA DE SOUSA: 

LA GLOBALIZACIÓN DEL DERECHO. LOS NUEVOS CAMINOS DE LA REGULACIÓN Y LA EMANCIPACIÓN, Universidad Nacional de Colombia - facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos (ILSA), 1998, 288 pp.


DRA. MARIA DE LOURDES SOUZA
 .
UNIVERSIDAD DE LEÓN

 

       La publicación de este libro de Santos en castellano viene a subsanar, especialmente en los medios intelectuales españoles, la deficiente divulgación del pensamiento de este sociólogo portugués. Infortunio que, por suerte, es compensado por la amplia penetración e impacto que sus obras han tenido y tienen en América Latina, Norteamérica y África. En buena hora surge este riguroso y documentado estudio en lengua castellana como una demostración fehaciente de la insoslayable riqueza teórica de éste autor. Creo que no nos equivocamos al afirmar que la obra de Santos es una guía teórica, descriptiva y analítica imprescindible para afrontar las transformaciones actuales del orden mundial y sus incidencias en el universo jurídico.

 

   En lo que sigue trataré de situar brevemente sus ideas básicas. Y a tal fin quizá convenga empezar diciendo que se trata de un pensamiento que se enfrenta con toda frescura y rigor a las transformaciones recientes del orden mundial, sobre todo los vínculos entre dichas transformaciones y el sistema legal.

 

       Constituye también una atractiva invitación para recurrir a algunos senderos abiertos por las luchas emancipatorias en este final de siglo.

 

       En la obra reseñada se coadunan una doble perspectiva crítica epistemológica y social que se traduce en el bosquejo de modelos explicativos de la complejidad de los fenómenos actuales y, sobre todo, una aguda crítica a las deficiencias e insuficiencias de los supuestos conceptuales, metodológicos y teóricos de la modernidad.

      

       Se trata, en síntesis, de una nueva auto-reflexión de la modernidad, de una nueva comprensión epistemológica de las energías e impulsos libertarios existentes en la misma, con el fin de fomentar un nuevo paradigma comprometido con la emancipación social y dignificación de la vida humana.

 

       En el libro resplandece con toda fuerza la idea de que el derecho, como forma social de dominación, no permanece ajeno ni independiente de las reorganizaciones socio-económicas en curso en gran parte del planeta. Por ello, el autor se plantea cómo y en qué medida los procesos de globalización del capital y, más en general, la expansión e intensificación de las prácticas e interacciones internacionales están cambiando las bases del derecho moderno.

 

        La oscilación dilemática de la transnacionalización del campo jurídico apunta a una "diasporización" de las "ecúmenes" legales nacionales (las políticas desreguladoras de los años setenta y ochenta, junto con la crisis del Estado de bienestar en los países centrales son ejemplo de la "diasporización" de los campos jurídicos nacionales), que ocurre de manera simultánea con la "ecumenización" del campo jurídico internacional (que resulta del surgimiento y desarrollo de múltiples formas de transnacionalización jurídica).

 

       Todo esto está produciendo, dice nuestro autor, un enorme cambio en la diada moderna de "ecúmene" y "diásporas jurídicas".

 

       Más allá de eso, el entrelazamiento internacional de política y economía, la explosiva interdependencia de países ricos y pobres, el peligro de una catástrofe ecológica de tipo global, así como la realidad internacional de las grandes corrientes de refugiados y emigrantes, representan una serie de problemas prácticos y morales de primer orden con los que las sociedades liberales y democráticas de Occidente se ven confrontadas.

 

       Y precisamente es en la perspectiva de tal posición y diagnóstico donde Santos propone como objetivos básicos de su investigación los de mostrar:

*** (a) que el campo jurídico en las sociedades contemporáneas y en el sistema mundial como un todo es un paisaje mucho más rico y complejo que aquel que ha asumido la teoría política liberal;

*** (b) que ese campo jurídico es una constelación de legalidades (e ilegalidades) diversas, que operan en espacios y tiempos locales, nacionales y transnacionales, y, finalmente,

*** (c) que si se concibe de esta forma, el derecho tiene tanto un potencial regulatorio o incluso represivo, como un potencial emancipatorio.

 

       La forma en que el potencial del derecho evoluciona, ya sea hacia la regulación o la emancipación, no tiene nada que ver con la autonomía o auto-reflexividad del derecho sino con la movilización política y las fuerzas sociales en competencia (p.19-20).

 

       Dada la imposibilidad obvia de este espacio para discutir todos los detalles del fascinante análisis propuesto por Santos, propongo conectar sólo con algunos puntos que se me antojan son el núcleo de la obra.

 

       Me centraré, pues, en primer lugar en las premisas de tipo conceptual desarrolladas para, posteriormente, ofrecer las novedosas e interesantes aportaciones que formula como base para un nuevo guión emancipatorio en este final de siglo.

 

       Santos define globalización como "un proceso a través del cual una determinada condición o entidad local amplía su ámbito a todo el globo y, al hacerlo, adquiere la capacidad de designar como locales las condiciones o entidades rivales" (p.56).

 

       Pero se debe tener en cuenta que dicho proceso no es homogéneo ni simétrico, sino dispar y cargado de tensiones dialécticas inherentemente contradictorias.

 

       Con el fin de explicar estas asimetrías distingue cuatro formas de globalización, las cuales pueden aplicarse a fenómenos diferentes, pero también pueden ser dos dimensiones diversas de los mismos fenómenos.

 

***- Localismo globalizado. Consiste en el proceso por el cual un fenómeno local dado es globalizado con éxito.

 

Usualmente la globalización de prácticas locales se origina en el centro del sistema mundial y son después expandidas y diseminadas a la periferia y a la semi-periferia.

 

En realidad, dice Santos, un localismo globalizado es "un proceso cultural mediante el cual una cultura local hegemónica se come y digiere, como un caníbal, otras culturas subordinadas" (p.202).

 

Como ejemplo tendríamos ciertas operaciones mundiales de las empresas transnacionales, la transformación de la lengua inglesa en lengua franca, la globalización de la comida rápida o la música popular norteamericanas, o la adopción mundial de las leyes de propiedad intelectual norteamericana sobre software para computadoras.

 

*** - Globalismo localizado. Consiste en el impacto específico de las prácticas e imperativos transnacionales en las condiciones locales, que son así desestructuradas y reestructuradas con el fin de responder a dichos imperativos.

 

Tales globalismos localizados incluyen: enclaves de libre comercio; deforestación y deterioro masivo de los recursos naturales para pagar la deuda externa; uso turístico de los tesoros históricos, los lugares y ceremonias religiosas, las artes y artesanías, la vida salvaje; dumping ecológico; conversión de la agricultura de subsistencia en agricultura orientada a la exportación como parte del "ajuste estructural"; etnización del lugar de trabajo, etc.

 

*** - Cosmopolitismo. La jerarquía del sistema mundial y las relaciones de poder e interdependencia que éste implica se desenvuelven en formas complejas.

 

Las formas de dominación prevalentes no excluyen la posibilidad de que los Estados-nación subordinados, las regiones, las clases y grupos sociales y sus aliados, se organicen transnacionalmente en defensa de intereses percibidos como comunes y usen en su provecho las posibilidades para la interacción transnacional creadas por el sistema mundial.

 

       Tal organización está destinada a contrarrestar los efectos dañinos de las formas hegemónicas de globalización y se desarrolla a partir de la conciencia de nuevas oportunidades de creatividad y solidaridad transnacionales, creadas por la intensificación de las interacciones globales.

 

       Las actividades cosmopolitas incluyen, entre otros, los diálogos y las organizaciones Sur-Sur; las organizaciones laborales mundiales (la Federación Mundial de Sindicatos y la Confederación Internacional de Sindicatos de Libre Comercio); la filantropía transnacional Norte-Sur; las redes internacionales de servicios jurídicos alternativos; las organizaciones de Derechos Humanos; la ONG con agencias transformativas; los movimientos literarios y artísticos en la periferia del sistema mundial que buscan valores alternativos, no imperialistas, etc.

 

- La herencia común de la humanidad. La idea detrás de este concepto es que hay entidades naturales que pertenecen a la humanidad entera y que todos los pueblos tienen derecho a opinar y participar en el manejo y la distribución de sus recursos.

 

Cinco elementos son asociados usualmente con el concepto de herencia común de la humanidad: inapropiabilidad; manejo por parte de todos los pueblos; participación internacional en los beneficios obtenidos de la explotación de los recursos naturales; uso pacífico incluyendo libertad de investigación científica en beneficio de todos los pueblos; y conservación para las generaciones futuras.

 

Aquí, por ejemplo, están involucradas cuestiones ambientales como la protección de la capa de ozono, la Antártida, los océanos; la exploración de espacio exterior, la luna y otros planetas; las luchas contra la proliferación del armamento de destrucción masiva, etc.

Las dos primeras formas de globalización son organizadas directamente por el capitalismo mundial, en su búsqueda de un nuevo régimen de acumulación. Las otras dos formas de transnacionalización son organizadas por principios opositores concebidos de manera amplia, que se enfrentan con la lógica hegemónica y las jerarquías del sistema mundial en nombre de grupos sociales e intereses dominados u oprimidos, así como de recursos naturales degradados cuya preservación/conservación es un prerrequisito de la sostenibilidad de la vida sobre la tierra. Estas últimas son intensamente más contradictorias que las dos primeras, debido a que se enfrentan la lógica capitalista dominante del sistema mundial.

Pues bien, la traducción de estos fenómenos de globalización en el campo jurídico lleva el autor a distinguir siete tipos de transnacionalización jurídica. De forma sinóptica tendríamos el siguiente cuadro (p.79):

 

1°] TIPOS Y CARACTERÍSTICAS

   *** Derecho estatal transnacional;

   *** Derecho de la integración;

   *** Lex mercatoria;

   ***  Derecho de la gente en movimiento;

   *** Derecho infra-estatal trans-nacionalizado;

   *** Derecho cosmopolita;

    *** Jus humanitatis.-

 

2°] FOCO PRINCIPAL DE LA GLOBALIZACIÓN

   *** Localismo globalizado y globalismo localizado;

   *** Localismos globalizados y globalismo;

   *** Localismos globalizado y globalismo localizado;

   ***  Localismos globalizados; globalismo localizado y cosmopolitismo;

   *** Cosmopolitismo; globalismo localizado

   *** Cosmopolitismo; localismo globalizado

   *** Herencia común de la humanidad; cosmopolitismo; globalismo localizado; localismo globalizado

 

3°] TERRENO PRINCIPAL EN DISPUTA

   *** Acumulación a escala mundial y división del trabajo;

   *** Trabajo; estrategias de acumulación creación de confianza y hegemonía;

   *** Acumulación a escala mundial y división del trabajo; estrategias de acumulación, creación de confianza y hegemonía;

   *** Acumulación a escala mundial y división del trabajo;

   *** Estrategia estatal de confianza; "relación salarial global"; identidades excluyentes;

   *** Autonomías e identidades locales; estrategias estatales de hegemonía y creación de confianza; soberanía;

   *** Identidades transnacionales estrategias estatales de hegemonía y de creación de confianza;

   *** Identidades globales; estrategias estatales de creación de confianza; acumulación a escala planetaria;

 

4°] ACCIÓN TRANSACCIONAL

   *** Instituciones financieras internacionales; empresas transnacionales;

   *** Estado

   *** Estados; gobierno supraestatal; organizaciones corporativistas;

   *** Empresas transnacionales; grandes oficinas de abogados norteamericanos;

   *** Estados; organizaciones internacionales; ONG;

   *** Movimientos de base; ONG; organizaciones internacionales;

   *** ONG; movimientos de base; Estados; organizaciones internacionales;

   *** ONG; movimientos de base; Empresas transnacionales organizaciones internacionales;

 

5°] ESCENARIO NORMATIVO E INSTITUCIONAL

   *** Regulación-desregulación; ajuste estructural; Estado heterogéneo; Estado paralelo;

   *** Contratos y acuerdos transnacionales; arbitraje internacional;

   *** Derecho internacional privado; convenios internacionales; política de derechos;

   *** derechos colectivos; derecho a la autodeterminación; autogobierno;

   *** Política de derechos;

   *** Política de derechos; convenios y tribunales internacionales ONG; tratados alternativos; reportes sobre derechos humanos de Amnistía Internacional y otras organizaciones;

   *** Política de derechos (derechos de la naturaleza y del ambiente); convenios internacionales tratados alternativos de las ONG.-

 

       En el curso del desarrollo que hace el autor de este cuadro sinóptico se encuentran imbricadas las reflexiones sobre las vicisitudes y virtudes del proceso de globalización, especialmente en las sociedades periféricas.

 

       Lo esencial del aporte de Santos está en la forma magistral en que combina los puntos positivos y negativos de dicho fenómeno y, especialmente, la manera en que trata de culminarlos en la propuesta de una "ecúmene" jurídica emancipadora.

 

       El núcleo analítico de dicha propuesta gira en tono a una nueva epistemología cosmopolita de los derechos humanos.

 

       Dicha epistemología presupondría por un lado, la disolución de la contienda entre Derechos del Hombre y Derechos del Ciudadano, que pasa por una nueva teoría de la ciudadanía, y, por otra parte, una reconstrucción intercultural de los Derechos del Hombre por vía de una hermenéutica diatópica.

 

       En conexión con la primera de las premisas, propone nuestro autor que la nueva teoría de la ciudadanía debe ser desarrollada con el fin de dar cuenta de los crecientes movimientos transnacionales subordinados y de los desafíos que presentan al régimen internacional de los Derechos Humanos.

 

       La ciudadanía debe ser desterritorializada (menos nacional y más igualitaria), de tal manera que la diáspora jurídica de millones de personas desplazadas pueda llegar a su fin.

 

       La ciudadanía debe ser "descanonizada" (menos sagrada y más democrática), de manera tal que el pasaporte y el visado dejen de ser un fetiche jurídico de acuerdo con el cual la vida cambia y de la cual depende la dignidad humana de muchas personas.

 

       La ciudadanía debe ser reconstruida de manera socialista (más consecuente socialmente y menos única), para que el principio de la asociación voluntaria se torne universal.

 

       En suma un Estado de derecho de carácter cosmopolita donde un cambio de ciudadanía sería tan fácil o difícil como lo es hoy un cambio de residencia, de profesión o como una separación matrimonial (p.148).

 

       El tema de la reconstrucción intercultural pone de manifiesto toda una gama de problemas.

 

       El primero es la cuestión del universalismo versus cosmopolitismo, que a su vez, suscita varios problemas:

1.    ¿cuáles son los estándares mínimos absolutos de los Derechos Humanos básicos? o

2.¿cuáles son los denominadores comunes más bajos ?

 

       Santos parte de la idea de que los Derechos Humanos, en su concepción convencional, son falsamente universales porque ocultan las desigualdades del sistema mundial, los estándares dobles y la pertenencia cultural diferencial.

 

       Corresponde a la política cosmopolita transformar esa falsa universalidad en una nueva universalidad del cosmopolitismo.

 

       La reconstrucción intercultural de los Derechos Humanos tiene como premisa la centralidad del vínculo entre el contexto local y la organización de base, de una parte, y la inteligibilidad translocal y la vibración transnacional, de la otra.

 

       En este sentido, defiende nuestro autor que los Derechos humanos "son un esperanto político, que la política cosmopolita debe transformar en una red de lenguajes nativos mutuamente inteligibles.

 

       Las condiciones para tal transformación son las siguientes: personalidades transnacionales, reconstrucción intercultural y el sistema mundial como un campo único de derechos humanos" (p. 214).

 

       Por otro lado, teniendo en cuenta que de una forma u otra, en mayor o menor medida, todas las culturas sufren una cierta debilidad fundamental frente a una política cosmopolita de los Derechos Humanos, el diálogo intercultural presupone el reconocimiento recíproco de tales debilidades y su telos general es su eliminación.

 

       El reconocimiento de la incompletud y de las debilidades recíprocas es una condición sine qua non del diálogo intercultural.

 

       Los principios reguladores de la reconstrucción cultural de los Derechos Humanos se fundamentan en la hermenéutica diatópica, que es un ejercicio de tolerancia cultural.

 

       Dicha hermenéutica está basada en la idea de que los "topoi" de una cultura individual son tan incompletos como la misma cultura.

 

       El objetivo de la hermenéutica diatópica no es lograr la completud, lo que es considerado como un fin inalcanzable, sino, por el contrario, suscitar la conciencia de la incompletud recíproca tanto como sea posible, mediante la participación en el diálogo de la manera que se haría si se tuviera un pie en una cultura y otro en otra. (P.200).

 

       El carácter diatópico de esta hermenéutica está en que la misma se construye sobre la identificación local y su intangibilidad translocal; privilegiando, en cada cultura individual, las versiones que son en sí mismas más tolerantes, más abiertas y que promueven márgenes más amplios de reciprocidad.

 

       En este particular, subraya Santos,

·       "la apertura hacia otras culturas debe ser con frecuencia encontrada en versiones no hegemónicas, opositoras, transgresivas, que, debido a que son más distantes del centro cultural, evolucionan en los márgenes, en esa zona crepuscular donde las culturas se mezclan y dan lugar a universos simbólicos interculturales" (pp. 221-222).

 

       Como reflexión final, se puede decir que las indagaciones llevadas a cabo en este libro indican que el proceso de globalización es un proceso dispar y asimétrico que tiene, además, consecuencias muy diferentes y a menudo contradictorias en el centro y la periferia del sistema mundial.

 

       Estas ambivalencias del fenómeno de la globalización también se manifiestan en el campo jurídico.

 

       Así, aunque, como reconoce el autor, la "ecúmene" jurídica internacional se encuentra mucho más avanzada en relación con las formas de transnacionalización jurídica directamente organizadas por el capitalismo mundial que en relación con las formas cosmopolitas y de herencia común de la humanidad, también lleva aneja la posibilidad de coaliciones transnacionales informadas por el ideal transformador de una ecúmene jurídica emancipadora.

 

       Y precisamente es en razón de estos impulsos libertarios desplegados en las ambivalencias del proceso de globalización, dónde deben ser buscados y explorados tanto las caras ocultas de la opresión y dominación, como los nuevos senderos de emancipación y de radicalización del proceso democrático.

 

       Santos nos invita con esta obra a recorrer estos nuevos senderos, equipándonos con las herramientas y utensilios necesarios para afrontar este reto.

 

       Se trata de una hermosa invitación, especialmente en nuestros tiempos, tan plagados de conformismos y falta de iniciativa; donde merodea el miedo a pensar lo nuevo, a construir nuevos proyectos y nuevas esperanzas.

 

       El nihilismo que nos acecha en este final de siglo amenaza con transformarnos en lo que nuestro autor denomina como "futuricidas": los que en nombre del presente matan el futuro.

 

       Santos, por el contrario, rehuye y nos invita a rehuir de la subjetividad conformista que considera mejor, o por lo menos inevitable, todo lo que va ocurriendo, en nombre de una "pseudo-racionalidad" del presente.

 

       Es cierto que hay muchos valores del presente que deben ser mantenidos, pero no se puede, creo, aferrarse a los mismos y matar cualquier perspectiva futura, por miedo de trastocarlos.

 

       No podemos olvidar que, para gran parte de la humanidad, la única esperanza y salida es la de un futuro radicalmente diferente del presente.

 

       Imaginar este futuro y transformarlo en una alternativa posible es la propuesta y el desafío que nos lanza el autor.

 

CUADERNOS ELECTRONICOS DE FILOSOFIA DEL DERECHO. núm. 3

I.S.S.N.: 1138-9877 Fecha de publicación: diciembre de 2000

 




GEORGE ORWELL, EL PROFETA DE LA DISTOPÍA *** MANIPULACIÓN Y ENTRETENIMIENTO VACIO PARA CONTROLAR A LOS PUEBLOS Y SUS DECISIONES

 


 tomado de esta publicación 

GEORGE ORWELL, EL PROFETA DE LA DISTOPÍA

 

1.  - Si es cierto eso de que los escritores viven en sus obras, Orwell está más vivo que nunca: aunque hoy se cumplan 70 años de su fallecimiento, sus escritos y sus profecías parecen cada vez más actuales.

Artículo

María G. Aguado

@Maria_G_Aguado

21-ENE-2020

   

       «Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece». Millones de personas recuerdan qué sucedió ese día de abril a las trece horas en punto, y ni un minuto más, porque fue el momento en el que conocieron a Winston Smith, el pobre hombre que mostró al mundo la distopía en la que vivía. 

 

       Esa realidad paralela brotaba de la pluma de George Orwell y se convertiría en una de las novelas más terribles –y, quizá, proféticas– de la historia de la literatura. También en  una de las mejores denuncias políticas a los totalitarismos jamás escrita.

 

       Y, aunque Orwell ya había publicado en 1945 - Rebelión en la granja, en 1949 daría el puñetazo en la mesa definitivo, precisamente, con la publicación de 1984.

 

       Un año después, el sábado 21 de enero de 1950, fallecía Orwell. Aunque no hay constancia del parte meteorológico de aquella jornada, lo que es seguro es que fue un día frío y triste para la literatura.

 

       Era un adiós a medias, pues su legado era férreo, no solo por la buena pluma, sino por lo profético de su historia. 

 

       1984 presenta un régimen totalitario que ejerce un control absoluto vigilando todos los pasos de unos ciudadanos que apenas saben escribir con pluma, que se ven bombardeados por la propaganda del Gobierno y en el que la oferta cultural se destina al mero entretenimiento insustancial de un pueblo que se desea ignorante para mayor gloria de su mandatario.

 

       «Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír», decía Orwell

 

       Quizá encuentren su paralelismo en la vigilancia que hacen de nosotros en la red, en el uso del lenguaje táctil en detrimento del lápiz, en la publicidad continua que se vale de algoritmos para dar en el clavo por todas las vías posibles y por una cultura que lucha contra el entretenimiento vacío.

 

       ¿Cómo no iba a trascender con este planteamiento distópico?

 

       De hecho, se vendieron aún más ejemplares ante el posible ascenso de Trump al poder hace ya tres años y ante el bombardeo mediático en la era de las fake news. 

 

       De la misma forma se cita sin parar su otro gran título, Rebelión en la granja, ante las promesas de rebeliones por parte de políticos que, como avisa el escritor, pueden cambiar sus ideales con el subidón de poder, como le sucede al personaje de Napoleón, el jefe de los cerdos revolucionarios.

 

       Durante su vida, además de estos dos hitos literarios, Orwell escribió innumerables artículos de periódico y reseñas de libros y trabajó en la radio de la BBC. Todos estos trabajos le han valido el aplauso de la derecha y de la izquierda: tan pronto admiraba a Churchill y el tradicionalismo victoriano inglés como afirmaba que el pueblo era más decente que las elites –a las que él pertenecía, dicho sea de paso–.

 

       Desde luego era el mejor embajador de una de sus declaraciones más célebres:

***«Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír».

Y lo hacía con su mejor arma: su máquina de escribir.

 

       Cometió algunos errores y tenía algunas ideas un tanto vergonzantes. No era un santo, aunque nadie lo es. Pero valieron más las palabras –dicen que escribió unos dos millones– que tuvo que teclear para ganarse el sustento y dejar constancia de su rebeldía. Por eso, aquel 21 de enero quien falleció no fue el eterno George Orwell, sino Eric Arthur Blair, su nombre real. Nacido en el seno de una familia de «baja clase media alta», como a él le gustaba bromear, decidió dejar el ejército con 23 años y ser escritor. Volcó todas sus ansias revolucionarias en aquella máquina de escribir destartalada, con la voluntad de hierro de quien ha sobrevivido a una vida encorsetada por el camino marcado por el colegio católico, la universidad privada, el ejército durante la época imperialista inglesa… En cierta medida le avergonzaba su pasado, por eso hizo de su obra su vida. Respiraba para escribir, hasta que la tuberculosis se lo llevó con solo 46 años. O lo intentó: Orwell siempre será el profeta inmortal.



lunes, 6 de febrero de 2023

GNACIO RAMONET HABLA DE "LA ERA DEL CONSPIRACIONISMO" - “BOLSONARO Y TRUMP DEMOSTRARON QUE LAS CALLES HOY PUEDEN SER DE LA DERECHA”



IGNACIO RAMONET HABLA DE "LA ERA DEL CONSPIRACIONISMO"   -   “BOLSONARO Y TRUMP DEMOSTRARON QUE LAS CALLES HOY PUEDEN SER DE LA DERECHA”

 

   El director de Le Monde Diplomatique en español, referente del pensamiento crítico, analiza lo que ocurrió en Brasilia y sus semejanzas con el ataque al Capitolio, al que define como "un parteaguas" en la historia. El rol de los medios tradicionales, las redes y las teorías conspiranoides. La crisis de las clases medias y su respuesta identitaria.

Por Natalia Aruguete y Bárbara Schijman

6 de febrero de 2023 - 00:52

 

       En su reciente libro La era del conspiracionismo (Siglo XXI), Ignacio Ramonet se propone entender, en particular, el imaginario de los asaltantes al Capitolio el 6 de enero de 2021 y, más estructuralmente, las razones que han llevado a los sectores desclasados —clases medias empobrecidas que dejaron perdieron una serie de derechos con los que contaban hace unas décadas— a caer en una desconfianza sistémica, en teorías conspiracionistas y en la cultura de la mentira.

 

       En esta entrevista con Página/12, el periodista español y director de Le Monde Diplomatique en español, compara el ataque al Capitolio con el asalto a la Plaza de los Tres Poderes, ocurrido el 8 de enero pasado.

 

       Bolsonaro como Trump, advierte Ramonet, demostraron que “las masas y la calle son de ellos”.

 

       -En el libro destaca que gran parte de los votantes republicanos siguen pensando que hubo fraude en las elecciones. Allí un cuarto de la población estaría dispuesta a renunciar a la democracia si cuenta con algún liderazgo con el que se sienta identificada. ¿Qué prevé para las próximas elecciones en Estados Unidos?

 

       -Hemos visto la importante influencia de Trump en las recientes elecciones de medio término en Estados Unidos; en particular, de los candidatos y las candidatas que se identifican con él.

 

       Muchos analistas advierten la pequeña victoria —o la no victoria contundente— de los republicanos y señalan que muchos de los candidatos y candidatas que se impusieron para este medio término los impuso Trump. Es decir que la radicalidad de esas candidatas y candidatos republicanos trumpistas impidió una victoria que podría haber sido mejor.

 

       Si los demócratas consiguieron conservar la victoria en el Senado, en parte fue por esta victoria incompleta de los republicanos. La influencia de Trump sigue siendo importante, aunque le cueste al Partido Republicano.

 

-¿Qué costos pagaría el Partido Republicano?

 

       -Esto último lo hemos visto con la elección del presidente de la Cámara de Representantes, que no ha sido elegido en la primera vuelta, como no ocurría prácticamente desde hace un siglo.

 

       Los trumpistas siguen siendo importantes en el seno del Partido Republicano, lo hemos visto en las elecciones de medio término, en las elecciones para presidente de la Cámara de Representantes y lo vamos a ver en estos dos próximos años en las candidaturas para las primarias en el Partido Republicano. Trump ya prácticamente ha anunciado que él sería candidato para las elecciones del 2025.

 

       -Esta mayor polarización que alientan los trumpistas dentro del Partido Republicano, ¿amplía la base electoral o no? ¿La radicalización es, finalmente, provechosa para un potencial triunfo de los republicanos en una elección presidencial o es más bien un impedimento?

 

       -Ese es el debate que tiene ahora el Partido Republicano en su seno. El hecho de que se hable de un candidato alternativo a Trump, como es el caso del gobernador de Florida, Ron DeSantis, es una de las primeras deducciones que se hacen de lo que ocurrió en las elecciones de medio término.

 

       Es decir, ese radicalismo es el núcleo duro de los republicanos, aunque también su debilidad electoral general. No solo eso: algunas de las medidas republicanas más radicales pronunciadas por el Tribunal Supremo, dominado por jueces nombrados por Trump —en particular, la decisión de impedir el aborto—, ha conducido a muchas mujeres históricamente republicanas a desviarse, porque efectivamente esa medida no entra en la vida cotidiana de mucha gente.

 

       Ese debate que plantea la pregunta es un poco la contradicción en la que se encuentra el Partido Republicano hoy. 

 

       El conspiracionismo es el alimento principal del núcleo más dinámico y fuerte con el que tiene que lidiar el Partido Republicano en una perspectiva electoral.

 

       -¿Qué semejanzas encuentra entre el ataque al Capitolio y el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia? ¿Estos ataques les sirven o pueden ser búmerans para los liderazgos opositores?

 

       -La primera deducción que podemos hacer de lo que pasó el 8 de enero en Brasilia es que fue voluntaria y una copia del asalto al Capitolio, incluso por la elección de la fecha: 6 de enero en Washington, Capitolio; 8 de enero en Brasilia, los Tres Poderes.

 

       No cabe duda de que el análisis que han hecho los bolsonaristas es que el asalto al Capitolio ha sido positivo para Trump. La opinión pública general en Estados Unidos lo condenó, igual que en Brasil, pero una vez tamizados los comentarios, la conclusión que han sacado los analistas bolsonaristas es que eso acaba por ser rentable.

 

       Trump, aún hoy, vive de su capacidad de movilizar a decenas de miles de militantes, que se han lanzado al asalto del Congreso de los Estados Unidos mediante la violencia, algo inédito que, ahora, ellos ven como algo épico.

 

       -En el caso de Brasil, lo sucedido forzó a que los militares se pronunciaran y que surja respaldo a Lula desde varios sectores. ¿Cómo se performa la relación oficialismo-oposición para este inicio de su gobierno de Lula, que requiere de muchos apoyos en el Congreso?

 

       -La lectura más sencilla que puede hacerse de lo que pasó en Brasilia es que, finalmente, los bolsonaristas anticiparon el hecho de que muchos partidos en el Congreso brasileño van a negociar con el nuevo gobierno, con Lula. Pero han demostrado que las masas y la calle son de ellos.

 

       Lo mismo que dijo Trump: la calle y la insurrección, que históricamente fueron de izquierda, ahora son —o pueden ser— de derecha.

 

       Ese capital era del PT, de los sindicatos petistas. Ahora, Bolsonaro puede decir: “la calle también es mía, las masas también son mías”, y están dispuestas a ir más lejos de lo que pueden ir las masas petistas.

 

       -¿Por qué?

 

       -Porque el propio Lula declaró que nunca lanzó a las masas populares de izquierda brasileñas al asalto del poder. Bolsonaro lo hizo.

 

       Eso simbólicamente es muy fuerte, en particular, porque le arranca una de las señas de identidad de la izquierda desde la toma de la Bastilla en 1789.

 

       -¿Por qué señala lo sucedido en el Capitolio como un parteaguas? 


       -Hasta ahora, no se ha producido un ejemplo como el que describí recién. Los golpes de Estado en América Latina, como en todas partes, esencialmente son golpes de Estado de las Fuerzas Armadas o, digamos, de los cuerpos armados de un país. Incluso el fascismo en 1922 o el nazismo en 1933. Aunque el nazismo llega al poder mediante elecciones, el golpe de Estado se produce después del incendio del Reichstag, cuando las Fuerzas Armadas apoyan a estos partidos que además eran como paramilitares, tanto el fascismo mussoliniano como el nacional-socialismo hitleriano.

 

       No veo ejemplos de un golpe de Estado hecho con masas populares. Eso es lo que intentó Trump con sus 127 millones de seguidores.

 

       Evidentemente, el asalto a Washington no lo hacen los 127 millones, basta con algunas decenas de miles de los cuales más o menos un millar consigue entrar al Capitolio.

 

       Pero simbólicamente, las masas irritadas asaltan. Mi interés con este libro es entender el imaginario de los asaltantes, qué ideas tienen en la cabeza y quién les ha puesto esas ideas en su cabeza.

 

       -¿Qué rol juegan los medios tradicionales y las redes sociales en la propagación de estas ideas?

 

       -La realidad es que los medios tradicionales, los grandes medios de prensa escrita, radio y televisión, juegan un rol prácticamente inexistente. 

 

       Si este tema hubiera surgido hace 15 o 20 años, hubiéramos dicho que la televisión era el medio determinante, pero no es el caso hoy. La prueba es que todos los grandes medios profesionales en Estados Unidos están contra Trump y no han conseguido invertir el movimiento.

 

       Trump no ganó la elección contra Biden, y la democracia no fue derrocada. Eso también hay que decirlo. Pero no cabe duda de que el arraigo del conspiracionismo, como el caso de QAnon (una de las principales teorías de conspiración de la extrema derecha estadounidense), y el modo en que se ha diseminado, ha sido por las redes.

 

       Las redes, precisamente, tienen una relación muy diferente con el consumidor de información y con el productor de información.

 

       -Fox News, un conglomerado mediático, profesional, ha sido la columna vertebral de Trump, incluso antes de asumir su mandato.

 

       -Sí.

 

   -¿Es posible instalar un discurso utilizando solo con redes sociales, sin el respaldo editorial de los grandes medios tradicionales?

 

       -Los medios tradicionales son medios de contenido. Las redes sociales no funcionan así; las redes sociales transmiten memes, frases, fotografías, pequeños videos en los que no hay contenido. No hay un contenido que desarrolle un análisis de lo que es el trumpismo.

 

       Nadie en las redes lee algo que tenga más de 15 líneas; no es el mismo universo.

 

       Los medios —sea prensa, radio o televisión—, tienen un alcance relativamente limitado frente a la viralidad de las redes.

 

       Quiero añadir en ese sentido que el trumpismo no solo se desarrolla por las redes, sino que hay muchísimas pequeñas televisiones, pequeñas radios, muchísimos pequeños periódicos u hojas impresas de octavillas que repercuten el discurso.

 

       Pero esencialmente, las redes repercuten en base a dos elementos fundamentales que no son de tipo racional: la emoción y los sentimientos.

 

       -También las redes han sido escenario propicio para ciertas desobediencias civiles que ampliaron la agenda en materia de derechos civiles y de reconocimiento de minorías: el movimiento Black Lives Matter, la legalización del aborto, la violencia de género. Estos temas lograron disputar agenda en el escenario de las redes sociales.

 

       -Es la misma relación con los medios. ¿Quién tiene más influencia?

 

        Zola publicó “Yo acuso” en L’Aurore (La Aurora), que no era un periódico dominante.

 

       A partir de ahí se produce un movimiento intelectual importante y surge la prensa como herramienta capaz de pesar en el debate, no solo como información.

 

       Hoy con las redes podemos decir lo mismo. Lo que ocurre es que hay algunos fenómenos, como las "verdades alternativas", que se pueden resumir en un meme que diría algo así:

·       "mi ignorancia vale tanto como tu información". Y ese razonamiento, que es en sí absurdo, es el que funciona en las redes. 

 

       Por otra parte, hasta ahora se pensaba que la manipulación funcionaba en base a la ecuación de Goebbels,

·       “una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad”.

·       Hoy estamos en un sistema de desconfianza generalizada, que yo llamo "desconfianza epistémica", que hace que aquella premisa se haya invertido: "una verdad repetida mil veces se transforma en una mentira".

 

       -Durante la pandemia, diversos sectores en distintas partes del mundo apostaron al miedo y a la desconfianza. ¿De qué manera ciertos grupos de poder se aprovecharon de la coyuntura y alimentaron lo que usted llama la “cultura de la mentira”?

 

       -Es que la Covid llegó en un momento en que ya se había instalado una gran desconfianza hacia los medios, que fueron denunciados por el uso de la mentira, así como de su aspecto militante y comprometido, en lugar de tener una capacidad de analizar más serenamente.

 

       Pero esa desconfianza se extendió también a la ciencia. La ciencia, bajo la idea de su semejanza con el progreso, ha provocado desde Hiroshima hasta Fukushima una serie de catástrofes cuyas consecuencias han tenido que soportar muchas personas. 

 

       Hay una gran desconfianza hacia la ciencia, hacia los medios y hacia la democracia. Se repite que la democracia es el mejor sistema con excepción de todos los demás y vemos que son sociedades en las que crece la desigualdad en lugar de reducirse y en las que sus dirigentes políticos constantemente son acusados de corrupción.

 

       Frente a esto, el ciudadano es presa fácil para un discurso de tipo demagógico que pone en cuestión todos esos elementos, y la Covid vino a concentrar todo eso.

 

       -¿De qué modo lo concentró?

 

       -Cuando llegó la Covid nadie sabía de qué se trataba. Los dirigentes, por muy honestos que fueren, incurrieron en contradicciones: “hay que poner mascarilla, no hay que poner mascarilla, hay que tomar tal medida, no hay que tomar tal medida”. A nivel global, eso provocó una gran irritación.

 

       Al mismo tiempo, millones de personas perdieron: pequeños comerciantes, gente que vive de la economía informal, artistas, el mundo de la cultura. Todo esto creó mucha irritación. En un contexto social de irritación, de desconcierto y de desconocimiento, eso produce conspiracionismo.

 

       -La polarización vuelve muy homogéneos a los grupos hacia adentro y aumenta los niveles de intolerancia hacia los miembros de un grupo externo.

¿Cómo juegan las identidades en esta polarización?

 

       -Es un punto muy importante para entender lo que está pasando, en particular en Estados Unidos, aunque no solamente.

 

       La extrema derecha en Europa está subiendo y está en el poder. En Italia, los fascistas han regresado al poder.

 

       En el libro, trato de explicar quiénes eran los asaltantes al Capitolio y qué tenían en la cabeza. Pero, primero, se hace un análisis de tipo sociológico tradicional acerca del perfil socioeconómico de los trumpistas, por ejemplo.

 

       En la crisis de la democracia a nivel internacional, en el corazón de esa crisis, está la crisis de las clases medias. Todo el mundo sigue hablando de los ricos o los mega ricos, de los pobres o los ultras pobres, pero las clases medias son las que más se desgastaron en estos 40 años de ultra-liberalismo.

 

       -¿Cómo responden las clases medias a esta situación?

 

       -En Estados Unidos, la clase media blanca, que está perdiendo su base socioeconómica, que gana menos dinero y tiene menos ventajas económicas de las que supo tener en algún momento, podía haberse sublevado, irritado o protestado como categoría social afectada por un modelo económico que la margina.

 

       En lugar de hacer una lectura de clase o social de su situación, hizo una lectura identitaria. Ahí la derecha americana, la ultraderecha, le ha sugerido a esas clases medias que lo que les ocurre no se debe al modelo económico sino a motivos de identidad étnica.

 

       -En un país profundamente racista, además.

 

       -Efectivamente, en Estados Unidos el racismo está muy arraigado, y la extrema derecha ha utilizado muy bien ese sentimiento racista.

 

       El racismo está subiendo en todas partes, en particular en el seno de la Unión Europea. En Europa vemos cómo los temas racistas, étnicos y lingüístico-nacionales han regresado con el conflicto entre Rusia y Ucrania.

 

       Lo vemos también en América Latina con los afrodescendientes, los pueblos originarios; esta cuestión se coloca de nuevo en el corazón de todo.

 

       En definitiva, esas categorías sociales que deberían haberse acercado a las organizaciones sindicales o a las políticas que históricamente las han defendido, han tenido sobre ellas mismas una lectura identitaria y no social.