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domingo, 31 de mayo de 2015

RAUL SCALABRINI ORTIZ - Y LA DENUNCIA DEL IMPERIALISMO BRFITÁNICO


Scalabrini Ortiz y la denuncia del "imperialismo británico"
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Pocas figuras de la intelectualidad argentina pueden lograr un reconocimiento tan amplio como Raúl Scalabrini Ortiz. Es cierto, no le han faltado detractores ni detractados, pero concentra como pocos las simpatías de un amplio espectro político-social por su irrestricta defensa de los intereses del país y de ahí que se le haya dado el mote de “profeta nacional”.

Raúl Scalabrini Ortiz nació en Corrientes, un 14 de febrero de 1898. Hijo de un reconocido científico naturalista, “un juntador de huesos” -diría Raúl- y de una mujer de “abolengo patricio”, de chico se interesó por la historia del país, pero aceptando el legado de la corriente mitrista, al tiempo que las amistades de la infancia lo acercaban a las costumbres aristocratizantes. También le interesaba en gran manera la literatura, espacialmente  las novelas o cuentos rusos de Tolstoi y Dostoievsky.

La primera guerra sacudió al mundo y el conocimiento de obras rusas lo hicieron simpatizar con la revolución bolchevique y el marxismo. 

Nunca olvidará por ello la importancia de las variables económicas a la hora de analizar la realidad. Entonces, Raúl asistía a la Facultad de Ingeniería y pronto se graduaría de Agrimensor. 

Era un solitario, pero uno de los que escribe, porque era un sagaz observador. De esta inspiración nació su primer libro, La Manga en 1923.

Con 26 años, Raúl viajó a París, hecho que le permitió revalorizar “al hombre de nuestra tierra”. A su regreso se conectó con sectores del nacionalismo tradicionalista, como Ernesto Palacio y los hermanos Irazusta. Siguió escribiendo y se le abrieron incluso las páginas del diario La Nación


Por entonces, a diferencia de Jauretche, su futuro gran compañero, apoyó el golpe contra Yrigoyen; pero pronto reaccionó y, nutrido ya de un importante sentimiento antibritánico, comenzó a dar un giro definitivo a sus ideas. 

Abandonó el diario La Nación y se abocó definitivamente a descubrir aquello grandioso que ofrece lo autóctono. 

El hombre que está solo y espera es fruto de este repensar. También, el inicio de un exhaustivo análisis de las estructuras económicas de la dependencia del país. “La República Argentina está en poder del capital británico” comenzará a repetir con frecuencia.

Ya alcanzados los 35 años, Scalabrini comenzó una intensa campaña personal en defensa de la soberanía integral del país. 


Desde el periódico Última Hora, pero también con las armas en la mano en la insurrección de Pasos de los Libres de 1933. El fracaso del levantamiento conlleva su aprensión y posterior deportación a Europa. Preso y todo, alcanzó a casarse con Mercedes Comaleras, con quien tendría cinco hijos.

A fines de 1934, el presidente Justo le permite regresar al país. Entonces, ya tenía esbozado el libro Política Británica en el Río de la Plata y enseguida volcaría sus ideas en el semanario Señales. Allí finalmente entablaría amistad con Arturo Jauretche y el grupo Forja. 


Los ferrocarriles, el petróleo, la deuda pública, nutren sus páginas. Si no es enSeñales, pronto será en el fugaz Reconquista, fundado en noviembre de 1939. Pero la realidad le es adversa y Raúl se encuentra aislado y sin trabajo.

Un inesperado acontecimiento lo pone nuevamente en guardia. Conoce a Perón y, el 17 de octubre de 1945, festeja la movilización popular. Gana protagonismo y encabeza frentes para la recuperación del patrimonio nacional. Su pluma entonces se leía enPolítica. La lucha por la “Revolución Nacional”, por “empezar todo de nuevo”, encuentra un fin abrupto. Luego del golpe del 55, Scalabrini vuelve a la trinchera. Desde El LíderEl FederalistaEl 45 o De Frente, todos periódicos de la resistencia, Scalabrini lanza sus denuncias, que pronto encontrarán una luz de esperanza en Arturo Frondizi. Es la etapa de la revista Qué de Rogelio Frigerio, que durará tanto cuanto duró la breve esperanza en Frondizi.


Raúl Scalabrini Ortiz ya alcanzaba los 61 años, estaba agotado por las desventuras de su país y, ahora, enfermo de cáncer. Moriría el 30 de mayo de 1959. A 53 años de su fallecimiento, lo recordamos con una frase de marca registrada.
Fuente: Raúl Scalabrini Ortiz, Política británica en el Río de la Plata, Editorial Plus Ultra, Serie La Biblioteca Argentina, pág. 7.
"El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran."
Raúl Scalabrini Ortiz
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

RCC - CUANTIFICACIÓN DE LOS DAÑOS A LAS PERSONAS NUEVO CODIGO CIVIL Y COMERCIAL - Por: SILVIA Y.TANZY - DAÑO E INDEMNIZACIÓN - DAÑO-LESIÓN - RESPONSABILIDAD - INDEMNIZACIÓN INTEGRAL - REPARACIÓN PLENA - LA PERSONA CENTRO DEL SISTEMA JURÍDICO - INVIOLABILIDAD DE LA PERSONA - INVIOLABILIDAD DEL PATRIMONIO DE LA PERSONA - PERSONA HUMANA COMO UN FIN EN SI MISMO - ALTERUM NOM LAEDERE - LESIÓN AL HONOR, LA INTIMIDAD O IDENTIDAD PERSONAL - DETERMINACIÓN DEL CONTENIDO DEL DAÑO Y LA MEDIDA DE ESE CONTENIDO - BAREMOS - FÓRMULAS MATEMÁTICAS - PRUDENTE ARBITRIO DEL JUEZ - REALIDAD DEL DAÑO Y SU COMPROBACIÓN - COMPENSACIONES SUSTITUTIVAS Y COMPENSATORIAS - INDEMNIZACIÓN POR FALLECIMIENTO, POR LESIONES O INCAPACIDAD PERMANENTE, TOTAL O PARCIAL - PRESUNCIÓN DE GASTOS - ACUMULACIÓN DAÑO MORATORIO AL COMPENSATORIO -

Cuantificación de los daños a las personas. Su tratamiento en el Código Civil y Comercial de la Nación 

 Por Silvia Y. Tanzi 

I.- Introducción 

 A fin de tratar el tema en cuestión es necesario, en primer lugar, detenerse en los fundamentos de la Comisión integrada por los doctores Ricardo L. Lorenzetti, como Presidente, Elena Highton de Nolasco y Aída Kemelmajer de Carlucci al presentar el Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación, en los que se detalla tanto el método como los principios que inspiraron el profundo y destacado trabajo. 

 Se “distingue entre daño e indemnización sobre la base de los siguientes criterios: 

 El daño causa una lesión a un derecho o a un interés que no sea contrario al ordenamiento. 

 Cuando ese derecho o interés es individual recae sobre la persona o el patrimonio y esto significa que los derechos tienen un objeto…

Esta caracterización hace que distingamos entre la definición del daño-lesión y la indemnización, lo que aporta más claridad en la redacción. 

La responsabilidad es uno de los instrumentos de protección de los mencionados derechos, siendo una de sus funciones la reposición al estado anterior al hecho generador o la indemnización. 

Por lo tanto, la indemnización es una consecuencia de la lesión…”. 

 Uno de los aspectos más controvertidos de la regulación propuesta por el Proyecto de 1998 en materia de daño fue la existencia de limitaciones cuantitativas y en aras de un acabado conocimiento, en dichos fundamentos se precisa que “la indemnización del daño nunca es integral, porque no coincide el daño “real” con el “jurídico”. 

Si hay algo que pueda ser denominado “real”, comprende muchos aspectos que para el legitimado del derecho son importantes, pero el sistema jurídico excluye… Frente a toda esa variedad, y teniendo en cuenta la tradición argentina en la materia, se ha decidido consagrar, como principio general, la reparación plena. Como todo principio, debe lograrse su satisfacción en la mayor medida posible, lo que no es incompatible con que, en situaciones delimitadas, pueda armonizarse con otros principios y establecerse una limitación por medio de leyes especiales…” (1). 

 De Lorenzo (2), con su habitual claridad, remarca que ante la aparición de nuevas circunstancias sociales y económicas exigen que se protejan intereses sobre la base de una cláusula general que prevea una reacción jurídica contra el daño injustamente sufrido, lo que posibilita indudablemente una respuesta mucho más flexible e inmediata. 

 El daño es un presupuesto relevante en el marco de la responsabilidad civil “pues su reparación es una exigencia elemental de justicia” (3). 

La reconocida jurista Zavala de González afirma que, si de personas se trata, la nueva concepción del Derecho de Daños entiende que el personalismo es un principio básico porque el centro de todo sistema jurídico es la persona (su creadora, destinataria y protagonista), tendencia que se condensa en una diáfana directiva: el respeto por la persona humana, con motivo de existir…” (4). 

Así, En el “II Congreso Internacional de Derecho de Daños”, celebrado en Buenos Aires en 1991, la Comisión N°1 trató la problemática desde la tesis de la inviolabilidad del patrimonio a la inviolabilidad de la persona y recomendó, entre otras, tener presente que la inviolabilidad de la persona humana, como fin en sí misma supone su primacía jurídica como valor absoluto. Debe ser protegida no sólo por lo que tiene y pueda obtener, sino por lo que es y en la integridad de su proyección; configurando un ámbito lesivo de honda significación y trascendencia en el que pueden generarse perjuicios morales y patrimoniales. 

Nuestra Constitución Nacional reconoce plenamente el derecho a la reparación conforme los artículos 14 a 17 y 19 y consagra el principio “alterum non laedere” que autoriza a fijar un resarcimiento adecuado. 

 La Comisión N°5 de las “Jornadas de Responsabilidad por Daños en Homenaje al Profesor Jorge H. Bustamante Alsina”, efectuadas en Buenos Aires, en 1990 recomendó la necesidad de organizar el sistema de responsabilidad de modo tal que se privilegie la tutela de la persona humana. 

En esa dirección evolucionó el concepto de daño a la persona, sostenido intachablemente por el Profesor Carlos Fernández Sessarego que logró su incorporación al texto del Código Civil de Perú de 1984 (5). 

 Y en la protección a la persona tiene vigencia el principio de la reparación plena, como bien lo establece el Código Civil y Comercial de la Nación de 2012, en el artículo 1740 del Proyecto de Código Civil y Comercial de la Nación (Sección 4ª.). 

Consiste en “la restitución de la situación del damnificado al estado anterior al hecho dañoso, sea por el pago en dinero o en especie. 

La víctima puede optar por el reintegro específico, excepto que sea parcial o totalmente imposible, excesivamente oneroso o abusivo, en cuyo caso se debe fijar en dinero. 

En el caso de daños derivados de la lesión del honor, la intimidad o la identidad personal, el juez puede, a pedido de parte, ordenar la publicación de la sentencia, o de sus partes pertinentes, a costa del responsable”. 

Pizarro y Vallespinos (6) se preguntan: ¿Qué debemos entender por reparación plena o integral y cual es su utilidad y alcance? 

Y afirman que el tema suele ser conectado con dos cuestiones de relevancia en materia de indemnización: “la determinación del contenido del daño y la medida de ese contenido…”. 

 En cuanto a la primera refieren que “se advierte la estrecha vinculación que existe entre el principio de la reparación plena o integral del daño y el régimen predeterminado de imputación de consecuencias que consagra nuestro Código Civil…

Y por vía de contraposición, con otros supuestos, en donde el legislador se aparta del régimen general y consagra, sobre la base de distintas técnicas jurídicas, una extensión del resarcimiento más acotada…”. 

Respecto de la medida del contenido del daño se debe vincular con la idea de equivalencia que genera dificultades porque se puede transitar desde una económica y rigurosa a otra más flexible. 

Determinan cuatro reglas fundamentales: 

-------“…el daño debe ser fijado al momento de la decisión, 
-------la indemnización no debe ser inferior al perjuicio, 
-------la apreciación debe formularse en concreto y 
-------la reparación no debe ser superior al daño sufrido…” 

Resaltan el principio de reparación plena o integral como una de las grandes columnas sobre las que se asienta el sistema de responsabilidad civil. Y en ese ámbito adquiere relevancia el tema -siempre ríspido- acerca de la cuantificación de los daños a las persona. 

II.- La cuantificación de los daños a las personas Pizarro y Vallespinos en su obra citada recuerdan que la doctrina dominante en nuestro país admite, aunque con distintos alcances, la plena vigencia del principio de la reparación plena o integral. 

 A nivel jurisprudencial hay copiosos fallos nacionales y provinciales que atienden, a la hora de cuantificar, a la naturaleza de las lesiones, edad del damnificado, estado civil y condiciones personales, la influencia negativa en sus posibilidades de vida futura y la específica disminución de sus aptitudes laborales. 

Asimismo también tienen en cuenta nivel de recuperación, necesidad de tratamientos tanto físicos como psicológicos, medio social, sexo, y toda otra circunstancia que pudiere el Juzgador tener en cuenta en aras de fijar un monto que responda al criterio de reparación plena o integral. 

 Asimismo se ha hecho hincapié en que los diferentes baremos son meras pautas para el sentenciante, no vinculantes y que el monto indemnizatorio no puede surgir de la utilización únicamente de un cálculo estricto efectuado sobre la base de la expectativa de vida que pudiera tener la víctima ni a los porcentuales rígidos de incapacidades fijadas por los peritos porque el Juzgador debe seguir un criterio flexible y apropiado a las circunstancias de cada caso (7). 

 De Cupis (8), al referirse a la liquidación del daño en el marco del derecho italiano, afirma que el legislador ha dejado la aplicación de la cuantificación al prudente arbitrio del Juez. 

 En este tema también corresponde tener presente lo regulado en el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. El art. 165 regula el marco del monto de la condena al pago de frutos, intereses, daños y perjuicios. Establece que la sentencia “…fijará su importe en cantidad líquida o establecerá las bases sobre que haya de hacerse la liquidación. Si por no haber hecho las partes estimación de los frutos o intereses, no fuese posible lo uno ni lo otro, se los determinará en proceso sumarísimo…”.

Gozaini (9) refiere que toda sentencia condenatoria debe establecer la determinación del daño y expresar los motivos de la resolución. 

 La indemnización de los daños y perjuicios lleva implícita la realidad de los mismos pero, en aras de su establecimiento judicial, es necesaria la comprobación suficiente de esa realidad, al decir de nuestro siempre recordado Maestro Morello (10). 

III.- Su tratamiento en el Código Civil y Comercial de la Nación El Código Civil y Comercial de la Nación de 2012 se refiere al tema, puntualmente en los artículos 1741,1745, 1746,1747 y 1748. 

 Fija pautas que deben ser apreciadas por el Juzgador a la hora de la cuantificación. En efecto, el artículo 1741 al referirse a la indemnización de las consecuencias no patrimoniales establece que:

”…el monto de la indemnización debe fijarse ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurarse las sumas reconocidas…”. 

 Respecto a la indemnización por fallecimiento toma como pauta no sólo los gastos para asistencia y posterior funeral de la víctima sino lo necesario para alimentos del cónyuge, del conviviente, de los hijos menores de 21 años de edad (recordemos que la mayoría de edad se adquiere, luego de la reforma legislativa a los 18 años de edad) con derecho alimentario, hijos incapaces o con capacidad restringida, aunque no hayan sido declarados tales judicialmente. También procede aún cuando otra persona deba prestar alimentos al damnificado indirecto. 

En cuanto a la cuantificación en sí misma la reparación debe tener en cuenta “…el tiempo probable de vida de la víctima, sus condiciones personales y las de los reclamantes, la pérdida de chance de ayuda futura como consecuencia de la muerte de los hijos; este derecho también compete a quien tenga la guarda del menor fallecido”. (art. 1745). 

 En el caso de lesiones o incapacidad permanente, física o psíquica, total o parcial, debe ser evaluada mediante “…la determinación de un capital, de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades productivas o económicamente valorables, y que se agote al término del plazo que razonablemente pudo continuar realizando tales actividades. 

Se presumen los gastos médicos, farmacéuticos y por transporte que resultan razonables en función de la índole de las lesiones o la incapacidad. 

En el supuesto de incapacidad permanente se debe indemnizar el daño aunque el damnificado continúe ejerciendo una tarea remunerada. Esta indemnización procede aun cuando otra persona deba prestar alimentos al damnificado…” (art. 1746). 

Corresponde también acumular el daño moratorio al compensatorio o al valor de la prestación y en su caso, a la cláusula penal compensatoria, sin perjuicio de las facultades morigeradoras que tiene el magistrado cuando dicha acumulación resulte abusiva (art. 1747) y en lo que respecta al curso de los intereses, en el art. 1748 se establece que comienza a correr desde la producción de cada perjuicio; lo que implica una aplicación absolutamente equitativa y justa. 

 EL Código Civil y Comercial de la Nación, al hablar de capital, lo legisla de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades productivas o económicamente valorables, y que se agote al término del plazo que razonablemente pudo continuar realizando tales actividades. Todo lo cual es indicativo para evitar desequilibrios a la hora de la cuantificación. 

 Prudencia y operatividad son las pautas que el Juez debe tener en cuenta para brindar la debida tutela y protección de todos los aspectos del ser humano, no sólo físicos o psíquicos, sino individuales, familiares, sociales y su capacidad para gozar y proyectar (11). -

NOTAS: 
(1)“Código Civil y Comercial de la Nación” – Presentación del Proyecto por Ricardo Luis Lorenzetti, Rubinzal-Culzoni Editores, Santa Fe, 2012. Ver asimismo comentario del Profesor Dr. Enrique Carlos Muller en “Corte Suprema de Justicia de la Nación- Máximos Precedentes- Responsabilidad Civil-Parte General, Tomo I, Ricardo L. Lorenzetti (Director), La Ley, Buenos Aires, 2014. 
(2) De Lorenzo, Miguel Federico ”El daño injusto en la responsabilidad civil”, Ed. Abeledo-Perrot, Bs.As., 1996. 
(3) Bueres, Alberto J. “El acto ilícito”. Hammurabi, Buenos Aires, 1986. 
(4)“Resarcimiento de daños, Tomo 4, “Presupuestos y funciones del Derecho de Daños”, Hammurabi, Buenos Aires, 1999. 
(5) “El derecho de las personas (en el Umbral del Siglo XXI), Lima, 2002. 
(6) Pizarro, Ramón Daniel - Vallespinos, Gustavo en “Instituciones de Derecho Privado Obligaciones”, Tomo 3, Hammurabi, Buenos Aires, 1999. 
(7) Ver detallada jurisprudencia nacional y provincial en “Rubros de la cuenta indemnizatoria de los daños a las personas”, Hammurabi, Bs.As., 2005. Asimismo, ver capítulo 1 “El daño” a cargo del Prof. Carlos A. Calvo Costa en el Tomo II de la obra Corte Suprema de Justicia de la Nación-Máximos Precedentes-Responsabilidad Civil-Parte General-Ricardo L. Lorenzetti Director, La Ley, Buenos Aires, 2013. 
(8) De Cupis, Adriano, en “El Daño. Teoría General de la Responsabilidad Civil”, Barcelona, 1975. 
(9) “Tratado de Derecho Procesal Civil” –Tomo IV- La Ley, Buenos Aires, 2009. 
(10) “Indemnización del daño contractual” con la colaboración del Dr. Jorge Mario Galdós, 3ª. edición reelaborada, actualizada y ampliada, Lexis Nexis-Abeledo-Perrot; Librería Editora Platense, Buenos Aires-2003 y La Plata-2002. 
(11 Mosset Iturraspe, Jorge en “Responsabilidad por daños”, Ediar, Buenos Aires, 1973 y su interesante trabajo “Diez reglas sobre la cuantificación del daño moral” en La Ley, 1994-A-728.; Corte Suprema de Justicia de la Nación-Máximos PrecedentesResponsabilidad Civil-Parte General, Ricardo L. Lorenzetti-Director, Tomo II, La Ley, Buenos Aires, 2013; Sagarna, Fernando A. Funciones de la Responsabilidad Civil en Tomo I de Máximos Precedentes, La Ley, Buenos Aires,2013.

sábado, 30 de mayo de 2015

LA SONRIZA DE MAQUIAVELO - DE MAURIZIO VIROLI - REBATE LA IMAGEN CRUEL DE MAQUIAVELO - EN POLITICA LA RAZÓN SOLA NO BASTA, NECESITA LA FUERZA MILITAR EN POLITICA EXTERIOR Y LA PERSUACIÓN EN POLITICA INTERNA - TEMIDO POR LOS ARROGANTES Y PODEROSOS -

MIÉRCOLES, 14 de junio de 2000

Maurizio Viroli rebate en un libro la imagen cruel de Maquiavelo

El historiador desvela la faceta humanista del político florentino

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Maquiavélico ha sido, desde el siglo XVI, un sinónimo de intrigante y despiadado. 

Pero el historiador italiano Maurizio Viroli rebate ahora en la biografía La sonrisa de Maquiavelo (Tusquets) que el político florentino fuera un ideólogo de la crueldad. 

Este profesor dibuja el retrato de un Maquiavelo vitalista y divertido, leal con sus amigos, preocupado por las libertades italianas y defensor del sistema republicano. 

"Maquiavelo nunca participó en conspiraciones ni cometió crueldades", señala Viroli.
Viroli, que estudia la figura de Nicolás Maquiavelo (Florencia, 1469-1527) desde hace 20 años, habla del intelectual y diplomático como de una mujer a la que se ama con pasión. 

"En Maquiavelo", comenta, "siempre hallas algo que te sorprende y yo escribo, sobre todo, para divertirme. 

Pero, además, Maquiavelo era un hombre que sabía luchar por los grandes ideales de libertad y de justicia, un pensador capaz de encarar la ligereza de la vida a través de la comedia, al tiempo que analizaba con seriedad los problemas políticos de fondo. 

Esa combinación de gravedad y de ligereza es algo que me atrae mucho de Maquiavelo".

A juicio de Viroli, el pensador florentino utiliza la historia para explicarse el mundo y para comprender el presente en tanto que escribe comedias -entre ellas La mandrágora- para reírse y hacer reír. 

"La ironía es para Niccolò una defensa frente a la mezquindad y la vulgaridad de mucha gente". 

Este historiador italiano, nacido en Forli en 1952 y profesor en la Universidad estadounidense de Princeton, no se sorprende de que la faceta más humana del autor de El príncipe sea poco conocida. 

"Los académicos no han estudiado ni valorado ese aspecto y sólo se han ocupado del pensamiento político", comenta este profesor con un aire inequívoco de identificarse con las tesis vitalistas de su personaje favorito.
En un párrafo significativo, Viroli desvela la clave del título de su libro. "Ya sabíamos", escribe, "que su sonrisa era una máscara que nacía de la pena, pero todavía no sabíamos por qué se obstinaba tanto en cubrir la pena con aquella sonrisa suya. 

No le gusta mostrar a los hombres y a la fortuna un rostro surcado de lágrimas y marcado por la tristeza, incluso porque sabe que la una y los otros tendrían más gusto todavía haciéndolo sufrir".
Viroli destaca así la vigencia de la obra de Maquiavelo: 

"En política la razón sola no basta y por ello resulta necesaria la fuerza militar en la política exterior y la capacidad de persuasión en la política interna". 

También matiza el biógrafo la validez de la famosa dicotomía de El príncipe. "Un político ha de ser temido por los arrogantes si ha de elegir entre ser amado o ser temido. 

Pero Maquiavelo no planteaba la disyuntiva en perjuicio de los ciudadanos. Maquiavelo pensaba que un político que respeta a la gente honesta debe provocar temor en los poderosos". 

Viroli abre y cierra su biografía con un sueño de Maquiavelo que el pensador contó a sus amigos antes de morir. 

"Prefiero reunirme en el infierno con sabios como Platón o Tácito antes que aburrirme en el cielo con santos y beatos", afirmó.

EL DERECHO CONTRA LA DERECHA - Por: LEONARDO BOFF - COLAPSO DEL ORDEN CAPITALISTA - LÍMITES DE LA TIERRA QUE NO SE PUEDEN TRASPASAR - ACUMULACIÓN PRIVADA - AGOTAMIENTO DE LOS BIENES NATURALES - ESPECULACIÓN FINANCIERA - DESTRUCCIÓN BASES FÍSICO QUÍMICAS SUSTENTAN LA VIDA - EROSIÓN BIODIVERSIDAD - CALENTAMIENTO GLOBAL - CALENTAMIENTO ABRUPTO -




El derecho contra la derecha - 2015-05-2


  
Prolongando reflexiones anteriores, veo que para intentar salir de la crisis actual (si es que es posible) hay dos presupuestos que deben ser considerados seriamente. De lo contrario corremos el riesgo de perder todo lo que hayamos proyectado: el colapso del orden capitalista y los límites de la Tierra que no se pueden traspasar

Naturalmente se trata de hipótesis, pero creo que fundadas.

Primer presupuesto: el sistema del capital ha entrado en colapso, lo que significa su fin en un doble sentido: fin en el sentido de que ha alcanzado su propósito fundamental: aumentar la acumulación privada hasta su límite extremo. 

Como constató Thomas Piketty en El capital en el siglo XXI: «los pocos que están arriba tienden a apropiarse de una gran parcela de la riqueza nacional». Hoy esa tendencia es no sólo nacional sino global.

Los datos varían de año en año, pero en el fondo se resumen en esto: un grupo cada vez menor detenta y controla gran parte de la riqueza mundial. Hoy son, según datos de la respetada Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH), 737 actores que controlan cerca del 80% de los flujos financieros mundiales. Dentro de poco serán muchos menos.

Pero ese fin significa también fin como colapso y desenlace final. La agonía puede prolongarse, pues usa mil estratagemas para perpetuarse, pero la crisis es inevitablemente terminal. El capitalismo ha tocado techo y no consigue ir más allá; peor aún, no tiene nada más que ofrecer, a no ser más de lo mismo, que es aquello que produce la crisis: su ilimitada voracidad.

Ocurre que sobrepasó los límites físicos de la Tierra; el agotamiento de los bienes naturales es de tal orden que ya no tiene condiciones para autorreproducirse, pues los necesita. 

Al forzar su lógica interna, puede volverse biocida, ecocida y, en el límite, geocida. 

Como no puede autorreproducirse más, se vuelve sobre sí mismo, acumulando con más y más furia, vía especulación financiera: dinero haciendo dinero. El lema sigue siendo el mismo, el perverso “greed is good” (la codicia es buena). 

Que se dañe la humanidad, la naturaleza y el futuro de las próximas generaciones.

Si en Brasil queremos salir de la crisis a base de esta lógica, estamos escogiendo el camino del abismo. 

Dentro de poco, todos experimentaremos en carne propia el sentido de la metáfora de Sören Kirkegaard: el payaso pidió a los espectadores que ayudasen a apagar el fuego de las cortinas de atrás del teatro. Todos reían y aplaudían pues pensaban que era parte del espectáculo. Nadie hizo caso al payaso hasta que el fuego quemó el teatro entero y a todos los que estaban dentro y aún en los alrededores.

El segundo presupuesto, ausente casi siempre en los analistas económicos convencionales, es el estado gravemente enfermo del planeta Tierra. 

La aceleración productivista está destruyendo rápidamente las bases físico-químicas que sustentan la vida, además de producir una espantosa erosión de la biodiversidad (cerca de cien mil especies, según E. Wilson, desparecen cada año) y el imparable calentamiento global, cuyos gases de efecto invernadero han alcanzado en la actualidad los niveles más elevados desde hace 800 mil años. 

Con la subida de la temperatura 2 grados centígrados podremos todavía gestionar la biosfera. Sin embargo, si no hacemos nada a partir de ahora, como afirmó ya en 2002 la sociedad científica norteamericana, aun en este siglo podríamos conocer el “calentamiento abrupto”. Este podría llegar a 4-6 grados centígrados más. 

Bajo esa temperatura, advierte la comunidad científica, las formas de vida conocidas no podrían subsistir y gran parte de la humanidad se vería afectada gravemente con millones de víctimas.

¿Cómo salir de ese impasse? Tal vez nadie tenga condiciones para ofrecer una alternativa realmente viable, porque tiene una dimensión que va más allá de Brasil, pues es global. 

A nosotros, los intelectuales, nos toca reflexionar, alertar y urgir medidas concretas. Es nuestro imperativo ético.

Mi bola de cristal me sugiere tres caminos:

El primero, ante la gravedad de la crisis, consiste en crear un consenso mínimo, suprapartidario, que incluya a parlamentarios progresistas, sindicatos, empresas, intelectuales, ONGs, iglesias y pueblo de la calle en torno a un proyecto mínimo de Brasil fundado en algunos principios y valores asumidos por todos (seguramente se exigirá una reforma política, tributaria y fuerte inversión en la agroecología). Estimo que el liderazgo de Lula sería suficientemente fuerte todavía para encabezar esta propuesta. 

El Gobierno de Itamar Franco, pos-crisis Collor, podría servir de referencia inspiradora.

El segundo sería constituir un frente amplio y vigoroso de partidos progresistas, sindicatos y otros grupos e intelectuales progresistas para hacer frente al fuerte avance de la derecha con sus políticas neoliberales, asociadas al proyecto-mundo liderado por los países centrales. 

La derecha no tiene una preocupación social consistente, pues ella está interesada en el crecimiento vía PIB que favorece a las clases propietarias y a los bancos, dejando a los pobres allí donde siempre han estado, en la periferia.

Nuevamente estimo que la figura más adecuada para tejer este frente progresista sería Lula. Pero su dirección debería ser pluralista y no personalista. 

La convergencia en la diversidad no anularía las singularidades de los partidos y de los grupos que tienen su identidad y su historia. Pero ante un peligro general, deben relativizar lo particular en función de lo universal.

El tercer camino sería que el PT haga una rigurosa auto-crítica (hasta hoy no la ha hecho), se recomponga internamente, refuerce el nexo del poder con los movimientos sociales, politice lo más rápidamente posible las bases y se presente con una agenda nueva que completaría la primera, cuyos temas básicos serían la infraestructura de salud, educación, transporte, la urbanización de las favelas, la reforma política, la tributaria y la agraria, entre otros puntos.

Pero veo que el desgaste del PT, a partir de un puñado de traidores y ladrones que llenaron de vergüenza a más de un millón de afiliados y desmoralizaron al país ante sí mismo y ante el mundo, vuelve frágil, tal vez hasta ineficaz este camino.

Por algunas de estas salidas se podrá superar la perplejidad, el sentimiento de impotencia y construir alguna esperanza de que todavía tenemos solución. En cualquier caso, lo que de verdad cuenta en la superación de cualquier crisis es esta tripleta, verdadera Trinidad de la economía sana que va más allá del PIB pequeño o grande: el empleo, el salario y la promoción social de las bases. Eso garantizará la supervivencia de la mayoría y creará un orden soportable.

En todo caso, a la derecha política que elucubra salidas fuera de la democracia, debemos oponer el derecho. No podemos aceptar que se rompa el rito democrático pues la historia ha mostrado que aquella no tiene un compromiso serio con la democracia; para salvar sus intereses no teme romper las reglas.

En cuanto a nosotros, no nos es permitido desistir de buscar lo mejor para nuestro país, más allá de las diferencias y desavenencias que puedan existir. El bien común debe prevalecer sobre cualquier otro bien particular.



LA DOMINACIÓN MEDIATICA - Por: EDUARDO CONTRERAS MERINO - LEGITIMIDAD DEL DISCURSO - PORTADOR DE LA VERDAD - EL LIBERALISMO - DESCRIPCIÓN DE LA VERDAD DEL SUJETO - LÓGICA DEL DISCURSO DEL SABER - MUERTE DE DIOS Y VERDAD ABSOLUTA - DISCURSO POSITIVISTA Y VERDAD - DOGMATIZACIÓN DEL DISCURSO CIENTÍFICO - LA DENOMINADA< CIENCIA - SABER Y PODER - EXPERIENCIA HUMANA COMO ENFERMEDAD - DESPLAZAMIENTO DIALÉCTICO DEL DISCURSO MORAL - DEL CONFESOR AL PSIQUIATRA - FORMAS DE LEGITIMAR EL DISCURSO: 1] Lugar de enunciación del discurso, 2] La forma de enunciación del discurso, 3] Utilidad del discruso del saber - EL BIOPODER Y SU INVISIBILIDAD - CONTROL DEL COMPORTAMIENTO DEL SUJETO - ESTADÍSTICAS: conocer mejor para controlar mejor - COMO EVITAR EL CONTROL CULTURAL - PENSAMIENTO CRITICO - INVERSIÓN DIALÉCTICA DEL LUGAR DEL SABER - EL DISCURSO DE PODER, RESISTENCIA -


LA DOMINACIÓN MEDIATICA - 

Por: Eduardo Contreras Merino.

Comúnmente nos encontramos en los medios de comunicación masiva a múltiples “expertos” del comportamiento humano, que enuncian discursos muy específicos sobre lo que són los modos de vida saludables y patológicos en la experiencia humana.

En su discurso nos encontramos con términos como relaciones sanas, salud mental, vida sexual plena; desarrollan manuales de cómo relacionarse con otros saludablemente, cómo comer saludablemente, cómo tener una vida sexual saludable.

Estos discursos establecen criterios muy específicos con respecto a los límites entre la salud y la enfermedad, hasta donde lo celos són sanos y cuando ya es una enfermedad, cuando se tienen relaciones sexuales sanas y en qué punto ya es un problema sexual.

Es en este aspecto donde iniciare la problematización. La abordare desde un eje que podría llamar de legitimidad. ¿Qué legitima a estos discursos a enunciarse como portadores de una verdad sobre el sujeto?

Para responder a esto habría que poner sobre la mesa algunos antecedentes históricos y situarnos a finales del siglo XIX en Europa. 

Con la producción del liberalismo y la transformación de la filosofía occidental, en Europa se generó un auge de disciplinas que buscaban describir la verdad del sujeto desde diversos enfoques, desde su cuerpo, (la medicina y sus variantes), desde su comportamiento (la psiquiatría, la psicología, la criminología), etc.

A diferencia de otros momentos en la historia del pensamiento filosófico o epistemológico, aquí la producción de discursos de saber tenía una lógica muy distinta. Estos discursos querían saber más del sujeto para poder ejercer poder sobre ellos de formas más eficientes y sistemáticas.

Con la muerte de dios enunciada por Nietzsche, el lugar de la verdad absoluta y de lo sagrado quedo vacío. 

El discurso positivista con el paso del tiempo logro tomar su lugar, adjudicándose el lugar de productor de discursos de verdad. 

Se generó una dogmatización de los discursos científicos transformándose en un nuevo culto a la ciencia.

Este nuevo culto se propago rápidamente por toda Europa y a nivel mundial. 

La denominada ciencia comenzó a apoderarse de todos los dominios de la experiencia humana, con la finalidad de controlar el hacer, el pensar, el sentir y el desear de los sujetos.

Michel Foucault explica en muchos momentos de su obra, como existe una estrecha relación del saber con el poder. 

El saber construye relaciones asimétricas para con los que no saben, produciendo que por medio de un conjunto de estrategias y técnicas se logre que el otro actué de una determinada forma esperada.

Otro de los espacios en donde se desarrollaron estos discursos de verdad fue en la denominada “Salud Mental”, teniendo a la psiquiatría y la psicología como principales exponentes, construyendo una verdad sobre la locura y la salud.

Estas disciplinas produjeron objetos de estudio, trastornos de la personalidad, trastornos del desarrollo, trastornos sexuales; la locura pasó de ser una experiencia humana a ser una enfermedad mental.

El sujeto enfermo mental se coloca como alguien que hay que rehabilitar, curar y en caso de que su curación falle, hay que encerrarlo. La sociedad no tiene un lugar para él. Hay que recluirlo creando los manicomios y los grandes hospitales psiquiátricos, como el espacio idóneo para ello.

Estos discursos pasan a sustituir a los juicios morales. Ante la imposibilidad de enunciar los comportamientos en base al bien o al mal, se realiza un desplazamiento dialéctico, las nuevas estrategias de enjuiciamiento se establecerán con base en lo sano y lo patológico. 

Ya no se hablara más de sujetos buenos o malos, se hablara de sujetos enfermos o sujetos sanos, la maldad y la bondad serán vistas como huellas arcaicas de un pasado mágico absurdo.

El psiquiatra se coloca como el heredero del poder pastoral, el sustituto moderno del confesor que fuerza al sujeto a desvelar la verdad sobre sí, sobre sus deseos, sobre su cuerpo, sobre sus pensamientos, para aplicarle las correcciones necesarias con la finalidad de volverlo un sujeto funcional socialmente, adaptado a su entorno y las regulaciones que este le impone.

Tomando en cuenta esto, se puede responder a la pregunta de la legitimidad de los saberes proponiendo la hipótesis de que lo que proporciona la legitimidad a un discurso no es su construcción epistemológica ni la solidez de su argumentación, sino algunos puntos principales que describiré a continuación:

1.- El lugar de enunciación del discurso.

Todo discurso se produce desde un lugar y se enuncia desde la representación de ese lugar. 

Tomemos como ejemplo a un psiquiatra que aparece en un programa de televisión diciendo que todos aquellos que duermen más de 8 horas diarias tienen depresión, ¿desde dónde argumenta eso?

Para que este argumento se establezca como discurso de verdad el psiquiatra apela, no a su lugar de sujeto, enuncia su discurso desde el positivismo, argumenta lanzando datos de estudios realizados en alguna universidad, análisis estadísticos en un grupo poblacional, apela a teorías genéticas, todo con la finalidad de desmarcar su subjetividad de su argumento.

La legitimidad se encuentra basada en la lógica positivista que considera lo verdadero como aquello que es susceptible de observarse, medirse, describirse, analizarse. Las matemáticas y la medicina han sido los ejemplos más claros del positivismo llevado a su máxima potencia.

Complementario a esto, se juega desde lugar de sujeto portador de saber, al presentar al psiquiatra en el programa de televisión, nos describen claramente que ha estudiado una carrera universitaria, una maestría, un doctorado, apela a legitimidad institucional, al tener reconocimientos oficiales; su saber queda avalado, reconocido, se coloca como un “especialista en el área”, alguien que sabe de lo que habla. 

Esto produce la asimetría descrita con anterioridad, es alguien que sabe enunciando un discurso ante quienes no saben, produciendo así la situación idónea para el ejercicio de poder.

2.- La forma de enunciación del discurso.

El segundo aspecto a tomar en cuenta es la forma en la cual está construido el discurso de saber enunciado. 

Todo discurso de saber tiene que estar en relación a las terminologías históricas de un momento en particular.

Esto se puede ejemplificar de una forma muy clara, antes del siglo XIX el discurso médico incluía en sus términos sobre las enfermedades, los humores, la dietética, los caracteres sanguíneos, los líquidos dañinos, los vapores malsanos.

A partir del siglo XIX estas nomenclaturas desaparecieron dando lugar a los virus, las bacterias, infecciones, tumores. Cualquier médico respetable comenzó abandonar esta forma alquímica de ejercer y comprender la medicina para darle paso a este nuevo discurso de verdad.

Estas nuevas formas de explicar lo patológico suponían una trasformación en el comportamiento del sujeto. Se empezó a poner más atención a la higiene, esto obligaba al sujeto a hacer hincapié en las formas de preparar sus alimentos, de conservarlos, la forma de consumirlos, transformó su relación con su cuerpo, con la limpieza, con su aseo.

Sé puede decir entonces que los regímenes de veridicción són históricos, están construidos en base a la intensidad de las fuerzas discursivas que disputan constantemente el lugar de verdad, las fuerzas dominantes institucionalizan los discursos, adjudicándose la verdad y produciendo nuevos sujetos de estudio.

3.- La utilidad del discurso de saber.

Todo discurso que se institucionaliza como portador de una verdad, obedece a una serie de intereses colocados en ellos Tomemos como ejemplo el discurso psiquiátrico. Su forma de operar es simple, por una lado describe de forma amplia y basta, el catálogo de comportamientos patológicos que varían en su intensidad.

Por otro lado describe las formas de rehabilitación recomendadas para cada trastorno en particular, la vía privilegiada de atención se basa en la medicalización del sujeto, se podría argumentar que no hay ningún problema en esto, que los médicos solo tratan de brindarles salud a los sujetos, que el interés fundamental está en el bienestar del sujeto, 

¿Pero esto es realmente así?

Para responder a eso se puede pensar en algunos puntos que harían dudar de estas intenciones ‘bondadosas’ por parte de los psiquiatras. 

Empecemos por el más visible, la relación de los discursos psiquiátricos con las empresas farmacéuticas productoras de medicamentos.

La industria médica obtiene ganancias multimillonarias cada año por la venta de medicamentos psiquiátricos. Cada día crece el número de consumidores de medicamentos en el mundo, un crecimiento que está en una estrecha relación con la patologización de la vida cotidiana del sujeto.

Con cada actualización del DSM se incrementan los trastornos que están ligados a la cotidianidad del sujeto, se patologiza su forma de amar, de beber, de comer, de tener relaciones sexuales, de pensar; de tal forma que el número de sujetos normales y sanos es cada vez menor, la venta de medicamentos aumenta pero la recuperación de los sujetos no. Se les condena en muchos casos a consumir medicamentos de por vida.

Michel Foucault denomina a esto el biopoder. La psiquiatría juega un papel clave en la implementación de las estrategias del biopoder. 

Controlando los comportamientos del sujeto se puede controlar su vida y su eficacia se logra a partir de su invisibilidad. Ya estamos lejos de ese poder del soberano que mediante decretos controlaba la vida de sus súbditos. 

El biopoder actúa desde las sombras haciendo pensar al sujeto que está actuando libremente, que es su deseo de estar saludable lo que lo conduce a la antesala del psiquiatría, cuando en realidad son la exposición constante que sufre a estos discursos, así como su miedo a la exclusión social, los motivos que originan su búsqueda de atención.

La medicalización tiene por un lado un interés económico pero por otro lado tiene un interés regulatorio. Se busca darle un lugar a cada sujeto, establecer estadísticas definidas sobre los comportamientos de una población dada para poder ejercer estrategias de poder sobre ellos, lo cual ,en términos simples se definiría como conocerlos mejor para poder controlarlos mejor.

¿Cómo escapar a estas formas de control? ¿Cómo evitar quedar atrapado en estos saberes? La respuesta no es fácil, pero se podrían establecer algunos puntos que pudieran servir como pautas iniciales para desmarcarse de estas formas de saber-poder:

1.- La problematización de lo que parece evidente.

Lo propio de estos discursos de saber y su efectividad se sostienen a partir de su enunciación. Se enuncian como verdades evidentes y fuera de discusión. Es en este lugar donde el pensamiento crítico puede posibilitar una alternativa. Es importante cuestionar y problematizar estas verdades evidentes, analizar de donde proceden estos discursos, que condiciones históricas, económicas y políticas están detrás de ellos. 

Analizar cuál ha sido el proceso de veridicción que los ha llevado a ser institucionalizados. Al hacer esto, el saber queda desnudado, se logran evidenciar las estrategias de poder, pudiendo así denunciarlas y ejercer formas de resistencia a ellas.

2.- La disolución de los lugares de saber.

Como explique con anterioridad estos discursos se legitiman a partir de su lugar de enunciación. Esto va desde los métodos epistemológicos, así como desde el asumirse como un sujeto que sabe. Una alternativa es ir disolviendo estos lugares de saber, el psiquiatra o psicólogo que acude a un programa de televisión no sabe más de lo que el propio sujeto conoce de sí mismo.

La apuesta se jugaría desde dos vías: por un lado implica una inversión dialéctica, descolocar del lugar del saber a estos “especialistas” para darle el lugar del saber al sujeto. Sólo el sujeto sabe de su deseo, de sus pasiones, por tanto sólo él puede tener la posibilidad de elegir; la posibilitación de la elección en el sujeto, permite negativizar los efectos de estos discursos de saber.

Por otro lado al fortalecer la libre elección de los sujetos, se evidencia las formas homogenizantes que estos discursos producen, las técnicas por las cuales producen sujetos en masa, alienados subjetivamente. 

La apuesta buscaría producir nuevas formas de subjetivación no basadas en un saber externo sino retomando esta “inquietud de si”.

3.- El fortalecimiento del conocimiento de sí en el sujeto.

La fuerza de estos discursos procede de la inutilización de las habilidades de los sujetos para pensarse a sí mismos. Estos saberes los definen, los alienan. Al estar enajenados de sí mismos se identifican en estas propuestas discursivas, se reconocen como enfermos, como trabajadores, y viven su vida en relación a su trastorno o a su lugar social.

La propuesta está en producir nuevos espacios en donde se puedan problematizar y discutir estas verdades evidentes, pero a la par, producir espacios en donde el sujeto pueda pensarse y reflexionar sobre sí mismo, espacios en donde la relación del sujeto consigo mismo no se establezca por mediación de un discurso externo, si no de su propio discurso. En devolver al sujeto su relación para con la verdad sobre sí, una verdad producto de un proceso de reflexión y análisis y no de un proceso de alienación.

Hasta aquí quedaría está reflexión, dejando abierta la problematización del tema y la discusión de algunas otras estrategias de resistencia y de oposición a estos discursos de poder. Un tema que es difícil agotar en unas cuantas líneas pero que sin duda es importante reflexionar.

Eduardo Contreras Merino.