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sábado, 29 de agosto de 2026

PODER - GRANADA NEOLIBERAL: EL BLINDAJE DEL BANCO CENTRAL PERPETUA LA DESIGUALDAD Y EL GRUPO ESPECULADOR EN EL PODER -

 

 


 

La granada neoliberal: cómo el blindaje del Banco Central perpetúa la desigualdad

 

 

 

 

 

 

 

 

 La autonomía de los bancos centrales que propone la derecha, como se muestra en la experiencia peruana y brasileña, se funda en el «escudo contra los arrebatos populistas del poder político», aunque en la práctica sea

 

 
En el caso peruano, esa «granada» tiene nombre y apellido: Julio Velarde, ratificado por Keiko Fujimori para un nuevo quinquenio al frente del Banco Central de Reserva tras 20 años en el cargo, un periodo que ha visto desfilar a más de 11 presidentes.
Su gestión, celebrada por los mercados, ha sido el pilar de un modelo que, con la estabilidad cambiaria como dogma, facilitó el extractivismo de multinacionales que dejan migajas, profundizando la desigualdad social y consolidando un esquema donde el bienestar de unos pocos se paga con la perpetuación de la pobreza de las mayorías.

 

 Este fenómeno no se reduce a una cuestión de nombres. En Brasil, no se trató únicamente de la gestión de Roberto Campos Neto, el presidente del Banco Central «heredado» de Bolsonaro, que no pudo ser renovado hasta pasado el primer tramo del gobierno de Lula.

 

Su sucesor, Gabriel Galípolo, a pesar de ser ungido con un halo de ideas «progresistas», no modificó la política de tasas exorbitantes.

 

La razón es estructural: una Selic tan elevada convierte a los títulos públicos en el mejor negocio del mercado, sin riesgo y con altísima rentabilidad, alimentando una «cultura rentista» que desalienta el crédito productivo y premia la especulación.

 

En ese marco, la autonomía formal no es más que un blindaje para que el Banco Central perpetúe un modelo que transfiere ingresos del trabajo al capital financiero, sin rendir cuentas al Congreso ni a la ciudadanía, tal como se evidenció en la negativa sistemática a reducir la Selic pese a la desaceleración inflacionaria.

 

Vale recordar que la inflación en Brasil se mantuvo dentro de la banda estipulada, e incluso el gobierno de Lula, fruto de una política de responsabilidad fiscal, nunca se aproximó al techo máximo permitido.

 

 

 

 

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