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miércoles, 11 de enero de 2023

JORGE AMADO - "EL CABALLERO DE LA ESPERANZA" - HISTORIA DE LUIS CARLOS PRESTES Y SU MARCHA









 "EL CABALLERO DE LA ESPERANZA" DE JORGE AMADO

 

·       --- En 1942, entrelazando motivaciones políticas y literarias, Jorge Amado emprendió la biografía novelada de Luís Carlos Prestes, ya por entonces, legendario personaje de Brasil que había encabezado la Columna Prestes, una marcha de veinticinco mil kilómetros llevada a cabo por más de mil hombres entre 1925 y 1927, que cruzó varios estados del extenso territorio brasileño para reclamar por la pobreza, pedir el voto secreto y la nacionalización de las principales industrias.

 

·       --- Ahora el Fondo de Cultura Económica rescata El Caballero de la Esperanza: Vida de Luís Carlos Prestes, un libro que desde su publicación sufriría tantas persecuciones como sus protagonistas. Aquí se reproducen algunos fragmentos en los que Jorge Amado reconstruye la figura del Héroe y refiere los avatares de la publicación de su libro desde 1942 a 1979. 

·       Por Jorge Amado - 8 de enero de 2023 - 01:36


    Ahora te contaré la historia del héroe. Ya te conté, amiga, la historia del poeta, la poesía era su arma, iba al frente del pueblo.

 

    Fue en los muelles de Bahía, era una noche de mil estrellas ¿te acuerdas? Me diste tu mano derecha, yo te conté la historia del poeta Castro Alves. La gran luna en el cielo, el verde mar donde el reflujo de las estrellas se confundía con el brillo de los faroles de los saveiros. Llegaban sonidos de tambores de nuestra ciudad misteriosa, Iemanjá extendía su cabellera sobre el mar, también ella había venido a ver la luna llena en el cielo de Bahía.

 

   Y también se quedó, junto a la gente de mar, los estibadores, el ciego que era poeta, los obreros que descansaban de un día arduo, los jugadores semi-profesionales y el negro guitarrista, también Iemanjá se aquedó a tu lado escuchando la historia del poeta.

 

   Canté mi alabanza al poeta del pueblo y el pueblo me dio de beber y de comer. Los marineros trajeron los mariscos, los estibadores trajeron frutas y pan, cachacha los vagabundos. El negro punteó su guitarra, el ciego dijo su improvisación. Los jugadores semi-profesionales partieron las barajas grasientas y dejaron, como reconocimiento y bondad, que ganara una partida y aprendiera todas las marcas, incluso las más misteriosas, de sus naipes preparados.

 

   Aquella noche llegaba música de los muelles, hablaba del mar, del supremo misterio del amor. Llegaba música de la ciudad, música negra de las macumbas, hablaba de hombres esclavos y de la suprema belleza de la libertad. Iemanjá salió de su encantada morada y vino a estar con nosotros, era la poesía súbitamente conquistada. Y tú me diste tu cuerpo en las arenas del muelle y en él descansé mi cabeza, cubrí las estrellas, la luna, a los hombres y a Iemanjá con el manto de tus cabellos, y reposé en ti, negra mía, en las arenas de los muelles de Bahía.

 

   Canté mi alabanza al poeta del pueblo y el pueblo me dio comida para mi hambre, bebida para mi sed, negra para mis deseos. Y sobre todos nosotros brillaba en el cielo la estrella matutina que era el corazón del poeta Castro Alves junto a los hombres que se libertaban.

 

   Tiempo después estábamos en el mar, tú me dijiste: “Había otra estrella en el corazón de los hombres y había un negro, gigantesco y risueño como los negros de tus novelas, que tenía una enorme P tatuada en el pecho. Salía una estrella de su corazón. Como en las historias que narras, pero solo que esta vez era verdad. ¿Por qué había tanta esperanza flotando sobre nosotros aquella noche en los muelles de Bahía?”.

 

   Una estrella existía y no era la estrella matutina, brillando en lo alto de los cielos, no era una luz en la noche del pasado. Tú la sentiste, venía realmente del pecho de los hombres, de los obreros que descansaban, de los marineros que olían a mar y tenían los ojos quemados por el viento del mar, del soldado que amaba a una mulata en las arenas del trapiche, venía de la tierra, una luz de presente, una luz de esperanza, una luz de futuro. Tú la sentiste en la noche, flotando en el aire, venía del pueblo sentado en la arena.

 

   Varias veces vimos esa estrella, amiga, en nuestros viajes de feria en feria por Brasil. Cierta vez –en una noche de lluvia y viento- íbamos por la calle pobre de una ciudad distante. Íbamos inclinados, tu cuerpo juntito al mío. De lo oscuro de una sala, a través de la madera de las ventanas, el rumor de las voces de los hombres en una plática amarga llegaba hasta nosotros. Y de pronto, en la sala, alguien dijo un nombre, y desapareció la amargura y la desesperación, quedó solamente la esperanza. También sobre nosotros, sobre la lluvia y el viento, brilló en la calle pobre una estrella. Hubo una alegría de primavera en la noche lluviosa de invierno. Otra vez vimos cómo se llevaban presos a los hombres. Sonreían, no eran ladrones ni asesinos, no explotaban a las mujeres ni vendían drogas. Los que se los llevaban eran ladrones, asesinos, explotaban a las mujeres y vendían drogas, y eran la policía. Los presos sonreían, las mujeres que los veían pasar lloraban, los hombres apretaban los puños. Alguien murmuró un nombre, el nombre de otro preso. Y la esperanza brilló en la sonrisa de los que iban presos, en las lágrimas de las mujeres, en los puños cerrados de los que se quedaban. Luz de una estrella que puso pálidos a los asesinos, ladrones, padrotes, cocainómanos que eran la policía.

 

   En la noche de Brasil, amiga, vimos una estrella que brilla; ella anuncia los rayos y la tempestad del pueblo y anuncia también la mañana de bonanza y alegría. Estrella de la esperanza.

 

   Te voy a contar, amiga, la historia de esa luz, de esa estrella, de esa esperanza. Muchas veces me preguntaste si era Pedro Ivo, si era Tiradentes, si era el negro Zumbi Dos Palmares, alguno de los héroes cantados por el poeta Castro Alves. En la noche de los muelles de Bahía, un negro sonreía, tenía una P tatuada en el pecho, sabía la verdad.

   “¿Será un milagro?”, me preguntaste. “Es un milagro”, te respondí.

 

   Un milagro del pueblo, amiga. Nosotros que somos vagabundos de los caminos de Brasil, que los cruzamos en todas direcciones, en todos los vehículos, hemos visto diariamente nuevos milagros, sorprendentes milagros del pueblo. Aquellos que no creen en el pueblo son los que ya no creen en la poesía y en el heroísmo. Y el pueblo realiza cada día nuevos milagros de poesía, nuevos milagros de heroísmo.

 

   Un día el pueblo negro de Brasil, esclavo y desdichado, hizo el milagro de poesía que fue el poeta Castro Alves. Un pueblo que no podía hablar y necesitaba de una voz que clamara. Hizo el milagro de las más bellas de las voces.


   Y muchos años después, todo el pueblo del Brasil, esclavo y desdichado, el pueblo negro, el pueblo indio escondido en las profundidades de las selvas, el pueblo blanco, el pueblo mulato, que es el pueblo más lindo del mundo, pueblo atado de manos y pies, con sed, con hambre, sin libros y sin amor, hizo el milagro del heroísmo que es Luís Carlos Prestes, P en el pecho de los negros, en el corazón de los soldados de la Columna, luz en el corazón de los hombres, obreros, marinos, campesinos, sambistas, tenientes y capitanes, novelistas y sabios. Luz en el corazón de los hombres, de las mujeres también, estrella de la esperanza.

 

Un pueblo esclavo que necesita a su Héroe, hizo el milagro del más grande los héroes.

 

EL PAGO DE UNA DEUDA

 

   Así como sentí la necesidad de escribir una biografía de Castro Alves, de la misma manera me parece que era mi deber de escritor, ante el pueblo de Brasil, de escribir una biografía de Luís Carlos Prestes. Este paréntesis que hago en mi trabajo de novelista para escribir la biografía de un Héroe y la de un Poeta me parece sumamente honroso para mí.

 

   Ayer, con Brasil en efervescencia, el pueblo levantándose, luchando y construyendo la revolución, estaba muy bien que me preocupara solo por las figuras de novela que simbolizaban la lucha, el sufrimiento y la vida del pueblo.

 

   Hoy, cuando el nazismo sangriento y asesino amenaza la propia existencia de nuestra patria, me pareció que debía hablarle al pueblo sobre las figuras que produjo y que nunca fueron acalladas, las que construyeron la libertad.


   Hablé primero del Poeta, aquel que hizo la Abolición y la República, que cantó las revoluciones que habrían de venir, genio y profeta de un pueblo. Quería presentarle al pueblo a su Poeta en su integridad. Y al mismo tiempo quería ver si, con el ejemplo de Castro Alves, era posible salvar algunos vestigios de dignidad y honor en la degradación por la que está pasando parte de la literatura brasileña, que día tras día se entrega a las fuerzas reaccionarias. Y quise que el pueblo supiera que existen artistas que nunca se entregaron, nunca se vendieron, que lucharon siempre, lejos de intereses mezquinos. Por eso hablé de Castro Alves, artista del pueblo, artista social, político comprometido, revolucionario. Y, justo por eso, genial. Al entregarlo al cariño del pueblo, quise también señalar su tradición literaria a los escritores nuevos que surgen en Brasil y que se encuentran, en estos tristes momentos, ante fuerzas intelectuales en descomposición, vencidas por el miedo y por el soborno, pregonando el regreso a las formas caducas y reaccionarias del “arte por el arte” alejando criminalmente a la literatura del pueblo.

 

   Hablo ahora de Luís Carlos Prestes, le traigo al pueblo a su héroe, figura nacida del pueblo para estar al frente del pueblo. Un ejemplo para todo Brasil. Por grande que pueda ser la suciedad bajo la dictadura, la dignidad de Prestes, por sí sola, es suficiente para arrojar luz sobre ese lodazal, una luz de esperanza.

 

Cuando el pueblo de Brasil ve a una generación de hombres claudicar, nada mejor que apuntar hacia Luís Carlos Prestes una vez más.

 

Por otra parte, esta biografía representa el pago de una deuda. Se ha hablado mucho de los motivos que dieron lugar a la literatura brasileña moderna, a la novelística y a la crítica. Incontables artículos y ensayos han sido escritos sobre este tema, y no conozco ninguno que vincule el nombre de Luís Carlos Prestes a ese movimiento. Sin embargo, nadie ha tenido al respecto tanta importancia, tanta influencia decisiva.

 

   La moderna literatura brasileña, aquella que produjo las grandes novelas sociales, los estudios de sociología, la rehabilitación del negro y los estudios históricos es resultado directo del ciclo de los movimientos, iniciado en 1922, que solo hallará su conclusión en el pleno desarrollo de la revolución democrático-burguesa: 1922, 1924, 1926, 1930 y 1935 trajeron al pueblo al centro del debate, lo involucraron en los problemas de Brasil, le dieron anhelos por una cultura de la que resultó el actual movimiento literario.

 

   Y como Luís Carlos Prestes fue y es la figura más sobresaliente de todos estos movimientos, jefe, conductor y general, su vínculo con la moderna literatura brasileña es indiscutible. Pero esta literatura no se enfocó en él, en su figura, en ningún momento. Se entiende que el “modernismo”, movimiento de una clase, de los oligarcas paulistas, no haya tomado en cuenta los sucesos de 1922 y 1924. Creo que solo la voz de un poeta se alzó para cantar a la Columna Prestes. Fue Raúl Bopp y sus poemas con esta temática, los cuales hasta el día de hoy se encuentran inéditos. Sólo un novelista describió la vida del Brasil de aquel entonces, ligándola a los acontecimientos revolucionarios, Pedro Mota Lima con Bruhaha. 

 

   La victoria del movimiento armado de 1930 permitió que éste y otras luchas anteriores a él dieran sus frutos literarios. Toda la moderna literatura del Brasil se volcó a las realidades cotidianas, se dedicó al pueblo, al contrario del “modernismo”.

 

   Con el surgimiento de la Alianza Nacional Libertadora, toda esa literatura que comenzaba, encontró su apoyo en un movimiento de masas y pudo alcanzar su punto más alto. Todo esto, con Prestes. El fracaso del levantamiento de 1935, el encarcelamiento de líderes revolucionarios y de Prestes, vino a paralizar esa literatura.

 

   Aún produjo algunos libros, con la fuerza que le quedaba del movimiento de la Alianza.

 

    La implantación del Estado Novo, en 1937, trajo el soborno como arma política. La compra de una literatura. Los escritores más nobles se han callado, se les ha impedido hablar. Otros se vendieron. Otros más se han contenido, han bajado la voz en una última tentativa por decir algo. Cuando Prestes salga de prisión, liberado por el pueblo, y las masas brasileñas regresen a las calles, este movimiento literario volverá a la vida, renacerá seguramente con más fuerza y ya con una inmensa experiencia literaria, superadas sus fallas, vencidos sus errores.

 

   Así, esta biografía vale también como el pago de una deuda de toda una generación de escritores a un líder del pueblo. Mucho le debemos a Luís Carlos Prestes, con este homenaje quiero pagarle una parte de esa deuda.

 

NOTA DE 1979

 

   Escrito en 1942, durante la vigencia de la dictadura del Estado Novo, con el objetivo fundamental de servir a la causa de la amnistía a los presos (y exiliados) políticos, Vida de Luís Carlos Prestes, el Caballero de la Esperanza, circuló ampliamente en Brasil, incluso antes del lanzamiento de su primera edición en portugués, a través de la traducción al español, publicada ese mismo año. Cumplió, creo yo, el objetivo esperado, contribuyendo a popularizar e intensificar la campaña por la amnistía que en aquel entonces apenas se había iniciado.

 

   La contingencia política, resultado del golpe de Estado de 1964, con el establecimiento de la dictadura militar, retiró a El Caballero de la Esperanza de las librerías brasileñas, a las cuales regresa ahora con el mismo objetivo que lo inspiró: servir a la causa de la amnistía a los presos (y exiliados) políticos, campaña que es de nuevo la bandera más urgente y generosa de nuestro pueblo.


LUÍS CARLOS PRESTES

 

   Hace un tiempo, en una entrevista, un periodista me preguntó si estaría yo de acuerdo en reeditar El Caballero de la Esperanza, en caso de que se abriera esa perspectiva. Le respondí que seguro lo haría, tan pronto como fuera posible, pues me siento orgulloso de ser autor de este libro que es también un homenaje de estima y admiración por uno de los brasileños más notables, figura que rebasó todas las más diversas fronteras donde lo quisieron detener, para volverse una leyenda y un símbolo, en Brasil y en el exterior. Soy viejo amigo y admirador de Luís Carlos Prestes, cuya vida me parece un ejemplo de coherencia y dignidad, de dedicación al pueblo. No estar de acuerdo con Prestes, combatirlo, es un derecho que tienen todos sus adversarios políticos. Lo que nadie puede hacer, honradamente, es negar la enormidad de su presencia en más de medio siglo de vida nacional, su supremo amor por Brasil, la pasión que lo condujo en una extraordinaria trayectoria.

 

   A un amigo que solo ahora pudo leer este libro le pareció ingenuo; el calificativo no me disgusta. La ingenuidad no representa un mal mayor; peligroso es el cinismo que se viene transformando en hábito en el pensamiento político del país. La condición ingenua de estas páginas escritas cuando Hitler amenazaba con dominar el mundo y la dictadura del Estado Novo parecía inamovible, nace de mi obstinada creencia en el futuro

 

JORGE ALEMÁN: EL INTENTO DE GOLPE EN BRASIL *** NEOLIBERALISMO, FAKE NEWS *** "LA POLÍTICA TIENE QUE HACERSE CARGO DE LA POÉTICA"

 



NEOLIBERALISMO, FAKE NEWS Y EL INTENTO DE GOLPE EN BRASIL

JORGE ALEMÁN: "LA POLÍTICA TIENE QUE HACERSE CARGO DE LA POÉTICA"

 

El reconocido psicoanalista y escritor analizó el intento de Golpe de Estado en Brasil y aseguró que es el resultado del “giro a la ultraderecha” de la sociedad “como consecuencia de la intervención del neoliberalismo en las democracias”.

11 de enero de 2023 - 13:23

 

--- El psicoanalista y escritor Jorge Alemán analizó este miércoles el intento de Golpe de Estado de este domingo en Brasil y aseguró que “se enmarca en el giro a la ultraderecha” de la sociedad “como consecuencia de las intervenciones del neoliberalismo sobre lo que tradicionalmente llamábamos democracia”.

 

--- Por AM750 el pensador aseguró que este reparo a la hora de nombrar la democracia tiene que ver con que en la actualidad se trata de sistemas “intervenidos y condicionados”.

 

--- “Esto no responde solo a la debilidad o a la falta de audacia de los movimientos populares. Hay una mutación sociológica que es el resultado de muchos años de trabajo de estos dispositivos neoliberales”, explicó consultado por La Mañana con Víctor Hugo Morales.

 

--- Para Alemán, de esta manera, “la realidad actual aparece condicionada”. “Aunque no triunfen, el gobierno que se hace cargo del Ejecutivo tiene que volver a definir toda su relación con la sociedad de acuerdo a la presión que ejerce la ultraderecha. Provoca un giro conservador en los propios gobiernos progresistas”, expresó.

 

--- El psicoanalista explicó que uno de los mecanismos mediante los que el neoliberalismo penetra en la sociedad son las fake news, las noticias falsas. Tras analizar su repercusión, consideró que “la política tiene que hacerse cargo de la poética”.

 

--- “Las fake news inventan una realidad alternativa, porque la mentira absoluta no existe. La palabra no permite el absoluto. Las fake news emergen como una realidad alternativa. Es un nuevo orden, la realidad. Algo que está independizado de la realidad”, sostuvo.

 

--- Y, en este sentido, añadió: “La política tiene que hacerse cargo de la poética, de ese modo de tratar a las palabras, si quiere volver a proyectar un proceso transformador”.

 

--- Luego, puso un ejemplo: “Lula, ahora, en el mejor de los casos, va a estabilizar el Gobierno, pero va a tener que contar con que tiene que seducir al electorado bolsonarista. Ya no puede ser el Lula de antes. Va a tener que, para construir el consenso, dirigirse a este grupo de la sociedad”. 

 

martes, 10 de enero de 2023

IGNACIO RAMONET *** TRAS EL ASALTO AL PODER EN BRASILIA *** LA NUEVA ULTRADERECHA Y LA REBELIÓN DE LAS MASAS CONSPIRANOICAS

 







publicó "LE MONDE DIPLOMATIQUE"

TRAS EL ASALTO AL PODER EN BRASILIA

LA NUEVA ULTRADERECHA Y LA REBELIÓN DE LAS MASAS CONSPIRANOICAS

por IGNACIO RAMONET, Martes 10 de enero de 2023

 

Decía Luiz Inácio Lula da Silva el pasado domingo 8 de enero, cuando aún las turbas extremistas de los revoltosos bolsonaristas seguían ocupando y destrozando las tres sedes del poder en Brasilia, que “nunca la izquierda tomó por asalto las sedes del Congreso, del Tribunal Supremo y de la Presidencia”, ni siquiera cuando él mismo perdió, en circunstancias discutibles, varias elecciones presidenciales (1989, 1994, 1998), o cuando lo encarcelaron con falsos pretextos para impedir que se presentase a las elecciones de 2018…

 

Con esa declaración, el nuevo presidente de Brasil y líder máximo del Partido de los Trabajadores subrayaba el carácter disciplinado y democrático de las masas izquierdistas y, sobre todo, el sentido de responsabilidad de los líderes de la izquierda que, en sistemas democráticos, nunca llamaron a la legión de sus partidarios a tomar por asalto el poder.

 

En la historia de la izquierda mundial eso no siempre fue así. Basta recordar dos asaltos fundadores llevados a cabo por las masas populares sublevadas durante las dos principales revoluciones de la historia: la toma de la Bastilla (1789) en la revolución francesa, y el asalto al Palacio de invierno (1917) en la revolución rusa.

 

Claro, en ambos casos se trataba de insurrecciones populares contra poderes autocráticos: el del rey Luis XVI en Francia, y el del zar Nicolás II en Rusia. No contra regímenes democráticos. Por consiguiente, Lula tiene razón.

 

Pero otra observación que se podría hacer es que tampoco, nuncamasas de sediciosos de ultraderecha se habían lanzado al asalto insurreccional del poder. Hasta ahora la extrema derecha tomaba el poder mediante golpes de Estado directamente realizados por las Fuerzas Armadas o por un partido extremista de tipo paramilitar (como los fascistas de Benito Mussolini en Italia en 1922 o los nacional-socialistas de Adolfo Hitler en Alemania en 1933) apoyados por las fuerzas armadas.

 

Lo nuevo –como ocurrió en particular el 6 de enero de 2021 en Washington con el asalto al Capitolio, y el 8 de enero de 2023 en Brasilia con el asalto a las sedes de los Tres Poderes–, es que ahora la nueva ultraderecha es capaz de organizar insurrecciones populares como herramienta golpista para la conquista del poder. O sea, es como si, de pronto, la rebeldía se hubiera vuelto de derechas(1)...

 

¿Qué ha ocurrido para que algo semejante sea posible? Es lo que he tratado de explicar en mi reciente libro La era del conspiracionismo(2).

 

Una era en la que las redes sociales ejercen una influencia mental y psicológica como nunca antes la tuvieron la prensa, la radio, el cine o la televisión.

 

En el nuevo universo de los memes y de la pos-verdad es cada vez más difícil distinguir lo cierto de lo falso, la realidad de la ficción, lo auténtico de lo manipulado, lo seguro de lo probable, lo cómico de lo serio, lo objetivo de lo subjetivo, lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo dudoso...

 

Este flagelo de las falsedades en línea favorece la difusión de teorías conspiracionistas delirantes. Lo cual está erosionando a pasos agigantados los cimientos de la democracia.

 

Lo que está ocurriendo es semejante, en cierta medida, a lo que Sigmund Freud llamó, en 1930, el malestar en la cultura(3).

 

En el fondo, el asalto de los trumpistas al Capitolio de Washington y el ataque de los bolsonaristas contra las sedes de los Tres Poderes en Brasilia constituyen los ejemplos más elocuentes y significativos del malestar actual de nuestra civilización basada, en principio, en los valores democráticos pero también en las tecnociencias, la razón y el progreso...que también están en crisis.

 

El desconcierto actual del capitalismo neoliberal sumado a la turbación que provoca la aceleración desbocada de las tecnologías de la comunicación están abriendo un período sin precedentes de inestabilidad social, de extrema polarización y de gran confusión política.

 

La desconfianza en el sistema dominante no cesa de extenderse. En Estados Unidos, diversas investigaciones sociológicas recientes revelan que más del 25% de los ciudadanos están dispuestos a renunciar a la democracia en favor de un líder dominador que “haga lo que hay que hacer”...

 

Se estima que por lo menos el 50% de los votantes republicanos aceptaría un régimen autoritario, no democrático... Y en Brasil, apenas el 20% de los ciudadanos cree que la democracia puede resolver los problemas del país…

 

Mucha gente, incluso desde la derecha(4) (que es lo nuevo), está buscando alternativas antisistema. Y todos estos procesos se han visto intensificados estos dos últimos años por la pandemia mundial de Covid.

 

El ataque al Capitolio de Washington y el asalto a los Tres Poderes de Brasilia se inscriben en este clima de época marcado también por la polarización extrema, la intolerancia social, los discursos de odio, las obsesiones complotistas y la violencia discursiva.

 

Como escribe el politólogo argentino José Natanson: “Muchas cosas tienen que pasar para que una cosa semejante ocurra”(5).

 

Aunque la relación entre un clima social y un episodio criminal nunca es automática ni lineal. Porque no existe determinismo sociológico absoluto, y porque el contexto socio-económico nunca determina completamente. Pero no hay duda de que crea la atmósfera y el ambiente que permiten explicar y dar sentido a las acciones de los agentes sociales.

 

En este caso, los delirios paranoicos verbales de Trump y de Bolsonaro, sus mentiras constantes, sus chifladuras conspiranoicas aceleraron un fenómeno político muy contemporáneo: la polarización social extrema, el aumento de la intolerancia, el auge de la confrontación violenta y la invocación del odio como discurso dominante.

 

Por eso muchedumbres populares son ahora seducidas por el discurso de la ultraderecha racista que destruye su conciencia de clase.

 

La contraposición entre la identidad étnica y la clase social es interesada y absurda. Pero, en medio de tanta confusión, produce efectos y esos efectos producen a su vez algo nuevo: masas protestatarias de ultraderecha. Que le arrebatan la calle y la épica de la insurrección a la propia izquierda.

 

 

Por eso consideramos que el asalto al Capitolio aquel 6 de enero de 2021 en Washington constituye un parte-aguas, un hito, una línea divisoria en la historia de la democracia. Hay ahora un antes y un después de esa fecha en el estudio de las patologías contemporáneas del sistema democrático(6). Aunque también es cierto que ese asalto no fue el primero de los recientes ataques contra edificios-símbolos en las grandes democracias occidentales. Siendo el de Brasilia el más reciente.

 

La serie de asaltos empezó quizás en París (Francia) el 1 de diciembre de 2018, durante la tercera jornada de una ola de protestas sociales contra la subida del precio de los carburantes. En esa ocasión, en el corazón de la capital francesa, se enfrentaron a pedradas, contra las fuerzas del orden, varios centenares de “chalecos amarillos”, un grupo social muy heterogéneo en el que se mezclaban trabajadores indignados, sindicalistas furiosos, elementos de ultraderecha, complotistas profesionales y provocadores infiltrados. Ese día, los protestatarios antisistema intentaron en un primer momento atacar el palacio del Elíseo, sede de la presidencia de la República. Pero fueron repelidos con cañones de agua y gases lacrimógenos por los agentes antidisturbios de las Compañías republicanas de seguridad (CRS). Entretanto, otros “chalecos amarillos” más radicales –algunos encapuchados– se lanzaban al asalto de otro de los edificios-símbolos más sagrados del Estado francés: el Arco del Triunfo, construido por Napoleón y situado en lo alto de los Campos Elíseos, bajo cuya bóveda que se halla la tumba del Soldado Desconocido. Mientras se abrían paso entre escaramuzas hacia ese monumento, los manifestantes destrozaron numerosas vitrinas y le prendieron fuego a decenas de vehículos. En una atmósfera humeante de caos, gritos y desorden, los “chalecos” incendiaron incluso algunos de los palacetes que bordean la plaza de l’Etoile... Derribaron las barreras de protección.... Enfrentaron a las fuerzas del orden. En medio de una feroz batalla campal, éstas retrocedieron en tanto los insurrectos conseguían invadir la plaza, asaltar y ocupar el Arco de Triunfo... Saquearon en parte el monumento... Destrozaron una venerada estatua de Marianne, una de las alegorías de la República Francesa... Agitando banderas de victoria, los antisistema alcanzaron la azotea desde donde se domina todo París. Finalmente, recubrieron el monumento sagrado con decenas de vindicativos grafitis: “¡Macron, renuncia!”, “¡Los chalecos amarillos triunfarán!”.

 

Esas imágenes dieron la vuelta al planeta. Ante la estupefacción universal. Durante unos instantes, una de las grandes democracias del mundo dio la impresión de tambalearse... De estar a la merced de un grupo numeroso y decidido de insurrectos violentos…

 

Dos años más tarde, un nuevo ataque tuvo lugar contra otro edificio también muy simbólico. Ocurrió el sábado 29 de agosto de 2020, en Berlín (Alemania), en plena epidemia de la covid-19. Ese día, unos cuarenta mil protestatarios, representantes de una variopinta amalgama de colectivos anti-vacuna, entre los que había libertarios, extremistas de derecha y multitud de conspiranoicos, colapsaron el centro histórico de la capital alemana gritando consignas contra las restricciones impuestas, a causa del coronavirus, por el Gobierno federal.

 

Después de que la policía dispersara la manifestación, varios centenares de miembros de diversas organizaciones de extrema derecha se lanzaron al asalto de uno de los edificios más emblemáticos y más cargados de historia de Berlín, el Reichstag(7), sede del Bundestag, Parlamento federal alemán.

 

Con saña y furia, los pendencieros extremistas rompieron las barreras de seguridad levantadas alrededor del Parlamento, e invadieron las escalinatas que conducen al célebre edificio. Se agolparon con violencia ante las puertas, aunque no consiguieron penetrar en él. Entre los asaltantes extremistas, había neonazis y miembros de organizaciones nacionalistas, de movimientos identitarios y de los Reichsbürger (“Ciudadanos del Reich” los cuales no reconocen las fronteras alemanas, ni el orden constitucional federal vigente(8)), portadores de banderas color negro, blanco y rojo del viejo imperio alemán (1871-1918) disuelto en 1919 tras la Primera Guerra Mundial.

 

La intención de asaltar la sede parlamentaria había sido anunciada en las redes sociales días antes de la manifestación. Por su enorme carga simbólica, las imágenes de este ataque ocuparon los titulares internacionales e impactaron a la opinión democrática mundial. Eso sucedió apenas cinco meses antes del asalto al Capitolio de Washington. Sin duda sirvió de modelo a los partidarios de Donald Trump y a los grupos supremacistas blancos y neonazis estadounidenses.

 

A su vez, después del 6 de enero de 2021, los acontecimientos del Capitolio inspiraron nuevos ataques –realizados por el mismo tipo de asaltantes extremistas antisistema movidos por teorías del complot, en circunstancias muy semejantes– a otros edificios simbólicos en diferentes países.

 

Podemos citar, por lo menos, dos otros casos además del reciente de Brasilia también directamente inspirado, incluso en la fecha, por el asalto al Capitolio.

 

Primero, el que se produjo el 9 de octubre de 2021 –o sea, nueve meses después del ataque de Washington–, cuando militantes de la ultraderecha neofascista aprovecharon una multitudinaria manifestación en Roma (Italia), convocada para protestar contra el certificado obligatorio de vacunación anti-covid, para intentar asaltar primero el Palacio Chigi (sede del Gobierno italiano y residencia del Presidente del Consejo de Ministros), y atentar violentamente después contra la histórica sede nacional de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL por sus siglas en italiano), principal sindicato del país.

 

Hubo gases lacrimógenos y cargas de los antidisturbios. Los manifestantes respondieron con agresiones a la policía y a las fuerzas de seguridad lanzándoles piedras, botellas, antorchas... Centenares de activistas, especialmente los grupúsculos neofascistas más violentos, instigados por militantes del partido Forza Nuova, consiguieron penetrar en el edificio sindical y saquearon y destruyeron –como se hizo después en Brasilia–, los archivos y las oficinas.

 

En una combinación de reivindicaciones delirantes, tesis conspiranoicas y llamados al caos, los neofascistas italianos recurrieron a las redes sociales para intentar –apoyándose en fake news y distorsiones de la realidad– manipular la ira y la insatisfacción de la población. Vía la mensajería Telegram, habían llamado a la movilización y al ataque refiriéndose directamente a los acontecimientos protagonizados, en Estados Unidos, por los fanáticos de Donald Trump. Por su parte, los organizadores de esta agresión admitieron que sus estrategias se inspiraban directamente en el asalto al Capitolio.

 

El segundo ataque se produjo unos meses más tarde, el 29 de enero de 2022, en Ottawa (Canadá), cuando unos quinientos camioneros(9) –enojados por una nueva regla que exigía que los conductores debían vacunarse contra la Covid para cruzar la frontera entre Estados Unidos y Canadá–, ocuparon el núcleo central de esa ciudad y bloquearon el edificio de Parliament Hill, la sede del Parlamento canadiense. Pronto, a ese “Convoy de la Libertad” (Freedom Convoy) se le sumaron miles de otros manifestantes, en su mayoría gente blanca de extrema derecha con banderas nazis y confederadas, pancartas en favor de Donald Trump (!) y multitud de logos de QAnon, que se declaraban en favor del nacionalismo blanco con un discurso decididamente antigubernamental, conspiracionista, supremacista, machista, xenófobo, racista y antisocialista... Y también se referían directamente al asalto del Capitolio.

 

Según las autoridades, muchos de los manifestantes cometieron delitos de odio, de racismo y daños a la propiedad. Durante el primer fin de semana, varios alborotadores profanaron incluso –igual que en Francia– la Tumba del Soldado Desconocido...

 

Dirigentes políticos estadounidenses como el propio Donald Trump, el senador republicano Ted Cruz y la representante republicana por el Estado de Georgia, Marjorie Taylor Greene, entre otros, les apoyaron públicamente(10). Diferentes grupos antisistema también respaldaron el bloqueo de Parliament Hill, en particular la organización complotista Action4Canada, la cual sostenía que la pandemia “fue obra, al menos en parte, de Bill Gates y el ‘Nuevo Orden (Económico) Mundial’ para facilitar la inyección de microchips, habilitados para la 5G, en la población”(11).

 

Aunque muy diferentes entre sí, estos ataques contra edificios-símbolos responden, como hemos visto, a un modus operandi semejante que se confirmó el pasado 8 de enero en Brasilia con el ataque de las masas bolsonaristas a las sedes de los Tres Poderes (aunque, en este caso, la intención probable de los bolsonaristas era provocar la intervención de las Fuerzas Armadas y convertir su protesta insurreccional en un golpe de Estado tradicional).

 

Hoy –no sólo en Estados Unidos o en Brasil– el odio circula subterráneamente por nuestras sociedades. Fluye por todas partes. Riega el paisaje político. No es exclusivo de un partido o de un dirigente. El problema se agrava, como lo observa muy bien José Natanson, cuando un líder, un partido o un comunicador –es decir, alguien con poder en la discusión pública– moviliza ese odio en contra de un grupo social, una ideología o una persona concreta. Esa es la dimensión neofascista del momento actual. Porque la ultraderecha ha hecho, una vez más, del odio su principal herramienta de construcción política.

 

El estudio de esos ataques contra el corazón de la democracia en Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Brasil –y de las circunstancias que los originaron– nos permite explorar, con prudencia, el triángulo principal de la desazón contemporánea: la crisis de la verdad, la crisis de la información, la crisis de la democracia.

 

Estas tres crisis existenciales, articuladas entre sí, afectan hoy, de una manera u otra, a casi todas las naciones(12).

 

Tanto más cuanto que el (mal) ejemplo viene de Estados Unidos. Y si algo no posee casi excepción desde hace un siglo, es la capacidad del modelo estadounidense –en materia de cultura popular, de modas, de consumo, de comunicación y de marketing político– en ser imitado y replicado por doquier... Más aún, obviamente, en la edad de Internet, de la web y de las redes sociales, un ecosistema cultural y comunicacional fundamentalmente creado y desarrollado en Estados Unidos, y que se ha salido de control…

 

Por eso es tan urgente frenar la propagación en las redes de contenidos conspiranoicos mentirosos y dañinos. Tenemos que elegir ahora mismo: ¿dejamos que nuestras democracias se marchiten? ¿O las mejoramos? Porque esto va a ir a peor. Se volverá mucho más complejo, ya que la Inteligencia Artificial (AI) progresa y se sofistica sin cesar. Consecuencia: cada vez será más difícil detectar y denunciar las teorías conspirativas, las manipulaciones, la desinformación. Eso provocará que se repitan los enfurecidos asaltos de las masas conspiranoicas de ultraderecha, cada vez más fanatizadas, contra las sedes de los poderes democráticos... ¿Hasta cuándo?

 

NOTAS:

 (1)Léase Pablo Stefanoni, ¿La rebeldía se volvió de derechas?, Siglo XXI, Buenos Aires, 2021.

(2)Ignacio Ramonet, La era del conspiracionismo. Trump, el culto a la mentira y el asalto al Capitolio, Capital Intelectual, Madrid, 2022.

(3)Sigmund Freud, El malestar en la cultura, traducción de Alfredo Brotons Muñoz, Akal, Madrid, 2017.

(4)Pablo Stefanoni, op. cit.

(5)José Natanson, “El discurso y el acto”, Le Monde diplomatique edición Cono Sur, Buenos Aires, septiembre de 2022.

(6)Steven Levitzki, Daniel Zeblat, Cómo mueren las democracias, traducción de Gemma Deza Guil, Ariel, Barcelona, 2018.

(7)A principios de 1933, el Partido Nacional Socialista (nazi) de Adolfo Hitler llegó al poder. El 27 de febrero de ese mismo año, el edificio del Reichstag ardió debido a un incendio intencional. Las circunstancias de éste no se han podido esclarecer hasta ahora. Los nazis usaron ese incendio para suspender los derechos fundamentales y, finalmente, abolir la democracia.

(8)El 7 de diciembre de 2022, las autoridades alemanas detuvieron a un grupo de 25 personas acusadas de “planificar un golpe de Estado”. Los cabecillas pertenecían a este movimiento de extrema derecha llamado Reichsbürger. Planeaban asaltar el Parlamento alemán con la complicidad de otro movimiento complotista llamado Querdenker (pensadores laterales) y otros partidarios de la conspiración QAnon... “Los detenidos estaban convencidos de que el país está gobernado por miembros de un ‘Estado profundo’ (del inglés deep state) y que una sociedad secreta llamada La Alianza se disponía a intervenir para liberar a los alemanes. Los miembros del brazo militar de la red debían ayudarles a deponer a los poderes actuales. Eran conscientes de que se producirían muertes, asegura la Fiscalía, pero las consideraban un paso intermedio para lograr el pretendido “cambio de sistema en todos los niveles”, El País, Madrid, 8 de diciembre de 2022.

(9)Rob Lyon, “Canadá: El ‘convoy de la libertad’, una advertencia para el movimiento obrero”, In Defence of Marxism, 15 de febrero de 2022.

(10)Libération, París, 31 de enero de 2022.

(11)Henry A. Giroud, “Canada-Etats-Unis. Quand l’extrême-droite subvertit la ‘notion de liberté’. A propos du ‘Freedom Convoy’”, Nouveau Cahiers du Socialisme, Montreal, 14 de febrero de 2022.

(12)Es significativo, a este respecto, que la Administración de Biden haya creado, en mayo de 2022, un Consejo de Gobernanza de la Desinformación. El Secretario del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU, Alejandro Mayorkas, declaró que se creaba ese Consejo porque “la desinformación está afectando a la seguridad fronteriza, a la seguridad de los estadounidenses durante los desastres, y a la confianza del público en las instituciones democráticas”. Cf. Kevin Reed, World Socialist Web Site, 4 de mayo de 2022.

 

IGNACIO RAMONET - Director de Le Monde Diplomatique en español.