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miércoles, 25 de diciembre de 2024

GABRIEL GARCIA MÁRQUEZ - SI CONSEGUIS ARREGLAR AL HOMBRE ARREGLARARÁS AL MUNDO - Cuento corto

 




SI CONSEGUIS ARREGLAR AL HOMBRE ARREGLARARÁS AL MUNDO - GABRIEL GARCIA MÁRQUEZ - Cuento corto
 

Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

 

Cierto día, su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.

 

De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:

… "como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie".

 

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así.  Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

 "Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".

 

¡Al principio el padre no creyó en el niño!

Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño.

 

Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?

 

De esta manera, el padre preguntó con asombro a su hijo:

Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo lograste?

 

Papá, respondió el niño; yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre.

Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era.

 

"Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo".

 

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

 


domingo, 22 de diciembre de 2024

OPPENHEIMER - ICONOGRAFÍA DE «EL PROMETEO AMERICANO» - LIBRO - FILM - OPPENHEIRMER Y EL «FUEGO» DE LOS DOS PROMETEOS: GLORIA Y CASTIGO -

 


OPPENHEIMER, EL «PROMETEO AMERICANO»



OPPENHEIRMER Y EL «FUEGO» DE LOS DOS PROMETEOS: GLORIA Y CASTIGO


Un recorrido por la iconografía del Prometeo mitológico y su paralelismo con la última película de Christopher Nolan


“Prometeo robó el fuego de los dioses y se lo entregó a los hombres. Por ello, fue encadenado a una roca y torturado por toda la eternidad”. 


Hubo un hombre, mucho tiempo después del protagonista de la tragedia que tradicionalmente se le ha atribuido al griego Esquilo, que también fue castigado por entregar algo muy poderoso a la humanidad y que tendría la terrible capacidad de destruir, en cuestión de segundos, todo cuanto se encontrara a su paso: la bomba atómica. 


Al físico judío Robert Oppenheimer se le puso el sobrenombre de Prometeo Americano en la que fue su biografía definitiva, escrita en 2005 y ganadora del premio Pullitzer un año más tarde.


Fue escrita por Kid Bird y Marthin J. Serwin e inspiró el filme estrenado en España el pasado 20 de julio “Oppenheimer”. Dirigida por Christopher Nolan (tan amado como odiado, según comentan los cinéfilos entendidos).


Oppenheimer recoge a lo largo de tres tensas horas el periplo científico y el proceso psicológico del físico teórico, interpretado por el irlandés Cillian Murphy, antes, durante y después del proyecto Manhattan, que cambiaría su vida (y la de muchos otros) para siempre. 


Poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, el objetivo de los Estados Unidos era derrotar a la Alemania nazi, por lo que cuentan con Oppenheimer para dirigir dicho proyecto, que se desarrollaría en Los Álamos, pueblo construido expresamente para este fin. 


La película nos acerca, de alguna manera, a la postura un poco ambivalente del científico, ya que, a la hora de juzgar su historia, no es todo tan fácil como criminalizarlo o ponerse de su parte.


Toda historia está llena de matices, luces, sombras, y a veces contradicciones e incluso, dentro de la barbarie, puntos que al ser mirados en un plano más íntimo se pueden llegar a, si no justificar, comprender en su contexto. O, dicho de otro modo: las cosas no suelen ser nunca completamente blancas o negras. 


El sufrimiento de Oppenheimer terminó siendo, como el del Prometeo griego, eterno. Y eso que Prometeo logra, finalmente, liberarse del castigo al final del mito. ¿Qué paralelismo existe, entonces, entre ambos Prometeos? 

 

VAYAMOS AL ORIGEN: EL MITO CLÁSICO.


Prometeo era un joven titán muy astuto que logró, ya no solo desafiar, sino burlar, la inteligencia del Dios de Dioses del Olimpo: Zeus.


Éste le había encargado sacrificar a un buey y dividirlo en dos mitades. La más apetitosa sería alimento para los dioses, y la otra, para los humanos.


El ingenioso Prometeo colocó en una mitad los huesos del animal, pero cubriéndolos con deliciosa grasa, dejando la mejor parte oculta en el vientre del buey sacrificado: las vísceras, la piel y la carne. Zeus cayó entonces en la trampa: se dejó llevar por el ojo y eligió lo que estaba bajo la grasa.


Tal fue la furia que se desencadenó en el al caer en la cuenta del engaño que la pagó con los hombres arrebatándoles el fuego.


Y es aquí donde empieza el mito del Prometeo encadenado. 


Para Zeus el fuego era un elemento que permitía a los hombres progresar como humanidad -primer paralelismo con la historia de Oppenheimer-.


Se trataba de un avance tecnológico, que les daría autonomía y poder: les permitía entrar en calor y cocinar lo que llevarse a la boca, pero también era destructor y un elemento que debía ser utilizado con respeto y cuidado. 


Oppenheimer también jugaba con fuego cuando desarrolló junto con su equipo el diseño de la bomba. Reveló a la humanidad su secreto más peligroso: un ingenio que, de no estar bien planteado en su formulación, podría haber hecho que se incendiase la propia atmósfera, acabando definitivamente con el planeta Tierra.


Como Prometeo, el físico judío quiso otorgar a los hombres algo que podría salvarlos. En su caso e inicialmente pensado para acabar con la guerra, probablemente sin contar con los efectos de destrucción, devastación y muerte que vendrían después, por no mencionar su propio calvario.


Finalmente, y como se vio en la prueba de la detonación, “Trinity”, la operación definitiva del “día de…” saldría con éxito.


Al descubrirse el suicidio de Hitler, Truman decidió emplear la bomba para forzar la rendición de Japón, donde tendría un efecto devastador por su enorme radio de acción (sin quedar justificado, como se vio más adelante en la historia). Una destrucción masiva, pero… ¿controlada?


Minutos de tensión: silencio ensordecedor y una enorme claridad discurren en el momento en que la prueba de la bomba detona en Los Álamos en la película de Nolan. El 6 de agosto de 1945 explotaría Little boy sobre Hiroshima y lo haría Fat man tres días más tarde en Nagasaki.


Como primer síntoma de remordimiento, el físico judío pronunciaría estas palabras que le sobrevivirían: “Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.


Los japoneses vivieron un auténtico infierno en el que fallecieron 214.000 personas: muchas en el acto, sin tener tiempo a sentir dolor. 


Todavía se presentan secuelas entre los habitantes de estas ciudades, generaciones después de vivir la masacre, por terribles efectos de la radiactividad. 


Retomamos a Zeus: cuando le prohíbe el fuego, elemento poderoso de la naturaleza, a los humanos, para así asegurarse de que estos seguirían dependiendo de la protección de los dioses, Prometeo, decide recuperarlo para ellos y así devolvérselo.


Emprende su camino al monte del Olimpo, donde estaba custodiado por Hefesto en su forja, introduciéndolo en el tallo de una cañaheja, que ardía lentamente, para transportarlo hasta el mundo de los mortales. De nuevo con el fuego, el hombre pudo volver a calentarse y sacrificar animales para comerse su carne y, en honor al obsequio de Prometeo, ofrecerles los huesos a los dioses. 


Naturalmente, este mito ha sido plasmado en los lienzos de los artistas más afamados a lo largo de la historia del arte, atendiendo a sus momentos más cruciales.


En el Museo del Prado de Madrid se conserva el boceto de Pedro Pablo Rubens con su versión definitiva por Jan Cassiers, que se corresponde con el momento en que Prometeo desciende del Olimpo con el fuego, mirando hacia atrás para no ser descubierto y en actitud defensiva, protegiendo la cañaheja que contenía el fuego divino.




Prometeo trayendo el fuego. Versión definitiva de Cassiers y boceto de Rubens (1636-1638) Óleo sobre lienzo y sobre tabla



Se trata de una de las obras destinadas al ciclo decorativo de la Torre de la Parada, un pabellón de caza situado a las afueras de Madrid que fue encargado por Felipe IV y del que el Maestro del barroco realizaría algunas pruebas de todas las composiciones, como la que ahora compartimos, para concretar algunas de ellas y las demás dejárselas a su taller o a otros artistas independientes, entre los que se encontraba el pintor flamenco Jan Cossiers, que también realizaría Júpiter y Licaón y Narciso para el mismo ciclo. 

 

Volviendo a nuestro mito, Zeus tenía guardada una venganza para el titán y le tendió una trampa. En la casa del hermano de este, Epimeteo, había guardado un ánfora que contendría todos los males del mundo (la peste, la locura, la pasión, el dolor, la pobreza, el crimen…) con los que lo castigaría, de ser abierta.

 

Entonces, encomienda a Hefesto la creación de una mujer con arcilla: Pandora, con la que Epimeteo habría de casarse.

 

Como al principio se negó, ya que su hermano le había advertido que no aceptase regalos de los dioses, Zeus decidió castigar a Prometeo, encadenándolo en una roca del Cáucaso por Hefesto, dios del fuego, con ayuda de Bía y Kratos. 

 

Mientras, Pandora terminaría casándose con Epimeteo, por el temor de éste a la furia de Zeus, y acabó abriendo el ánfora (aunque se acabaría extendiendo en el dicho popular como la famosa “caja de Pandora”) y envenenando a la humanidad con todos aquellos horribles males, tal como había previsto el dios Zeus. 





Prometeo siendo encadenado por Vulcano, Dirck van Baburen (1595-1624)


El neerlandés Dirck van Baburen se encarga de retratar el momento en que Vulcano (la versión romana de Hefesto) encadena con violencia al joven Prometeo a la roca del Cáucaso: el horror se observa en su rostro y con su cuerpo busca la manera de huir, aunque sin éxito.  

 

En tonos terrosos que otorgan a la escena sobriedad y dramatismo, el uso de las luces y las sombras es el encargado de otorgar la sensación de profundidad al cuadro, además de la proyección en escorzo de Prometeo mientras es encadenado. Vulcano, más sereno, tensa sus músculos en su tarea por apresar al titán. 

 

En el cuadro de van Baburen, un águila acecha en la esquina superior izquierda. Así se terminaría de cumplir la totalidad del castigo: el ave devoraría el hígado de Prometeo. Cada día. Al ser inmortal, se regeneraría una vez destruido por completo, por lo que el sufrimiento nunca tendría fin, y pagaría para siempre por haberle devuelto el fuego a los hombres.

 





Prométhée, Theodor Rombouts (1620)




Con todos estos ejemplos comprobamos que el mito de la tragedia de Esquilo fue muy del gusto del Barroco. En el cuadro de Theodor Rombouts vemos, nuevamente entre un juego muy contrastado de luces y sombras, un cuerpo desnudo y encadenado, el de Prometeo, que describe la diagonal que protagoniza el cuadro y que centra, gracias a su iluminación, la mirada del espectador: es sobresaliente el gesto sollozante de dolor del titán al estar sirviendo de alimento para el águila que logra captar el autor en su rostro.

 

Afortunadamente para Prometeo, esta historia no acaba en tragedia: Heracles, hijo de Zeus, pasó por el lugar de cautiverio del joven cuando se dirigía hacia el jardín de las Hespérides, liberándolo al disparar con una flecha al águila y rompiendo las cadenas que lo sujetaban.

 

Contrariamente a lo que podrías estar esperando, no, Zeus no volvió a castigar a Prometeo por conseguir salvarse, sino que decidió perdonar su castigo porque este hecho llevaba a la glorificación del mito de Heracles. En agradecimiento a éste, Prometeo le reveló el modo de obtener las manzanas doradas de las Hespérides. 

 

El mito acaba entonces con la liberación de dolor y sufrimiento y además no tiene que cargar para siempre con la culpa de haberle robado el fuego a los dioses.

 

El Prometeo americano, fallecido en el 64 del siglo pasado, sí cumplió con la totalidad de su castigo: tras chispazos de brillo, gloria y éxito profesional, cargó con el remordimiento y la culpa hasta, probablemente, el fin de sus días. Renovándose día tras día, como el hígado del primer Prometeo. 

 

BIBLIOGRAFÍA

La aventura de la Historia, agosto 2023 nº 298. Ed.Art Duomo Global, S.L. p. 18 El proyecto Manhattan: Robert Oppenheimer, ¿Héroe o traidor? (Iván Giménez Chueca)

 

WEBGRAFÍA

Museo del Prado. Prometeo. Rubens, Pedro Pablo.

Wikipedia. Prometeo

Museo del Prado. Prometeo trayendo el fuego. Cossiers, Jan.

Fundación Bancaja. Prometeo, 1961

Historia-arte. Prometeo

Wikipedia. Prometeo

Kuadros. Prometeo siendo encadenado por Vulcano

 
















MILEI - EL GOCE DE LA CRUELDAD - ARGENTINA EN TIEMPOS DE MILEI - COMENTARIO DE LIBRO

 



Este jueves fue presentado en Argentina el libro El goce de la crueldad: Argentina en tiempos de Milei, una propuesta donde se profundiza en el análisis del fenómeno político y social generado por la ascensión de Javier Milei a la presidencia de la nación, según publican medios locales.

Con la participación de Santiago Levin, Alfredo Grande, Nora Merlin, el cura Francisco "Paco" Olivera, Julieta Camels, Carlos Rozanski, Dora Barrancos, Francis Rosemberg y Juan Luis González, la publicación propone "considerar si puede nuestro sistema normativo tolerar la implementación de una política de la crueldad, en contradicción con los fines tenidos en cuenta en el propio Preámbulo de nuestra Constitución Nacional".

La presentación de la obra establece como punto de análisis la contradición en cuanto a la imagen de un gobernante real, el cual debería "trabajar para el desarrollo común, afianzar la paz interior y la justicia como valores en nuestra comunidad".

 

El libro ofrece una mirada crítica sobre la figura de Milei, considerando el contexto de su ascenso y la repercusión de sus propuestas. Desde su estilo confrontativo hasta las medidas económicas y sociales que han sido presentadas, el texto explora cómo estos elementos se interrelacionan con un sentido de "goce" ante la crueldad, como sugiere el título.

 

Esto hace referencia no solo a la dureza de las políticas de Milei, sino también a una cierta fascinación por la ruptura de convenciones sociales, económicas y políticas tradicionales.

Los autores, no solo aborda las medidas que Milei ha propuesto para enfrentar la crisis económica, sino también los modos en que estas propuestas han impactado en el tejido social argentino.

En este sentido, el libro se convierte en una herramienta esencial para comprender los desafíos del presente argentino y cómo se está construyendo el futuro del país bajo la presidencia de Milei.

El texto propone entre otros, los siguientes capítulos: "Ningún pibe nace Milei", de Juan Luis González; "Milei, un necropresidente. El goce de dañar" de Carlos Rozanski; "La celebración de la crueldad" de Huco Presman; "La crueldad que nos gobierna", de Dora Barrancos; "La Libertad Avanza y el goce de la crueldad" de Nora Merlin; "El desafío ético ante un Gobierno que promueve abiertamente las pasiones tristes" de Enrique Carpintero; "Entre el dolor y la furia" de Alfredo Grande; y "Lo nazi y el neofascismo del siglo XXI" de Julián Varsavsky

 







martes, 17 de diciembre de 2024

ROLANDO GIALDINO - DIGNIDAD HUMANA - LÍMITES A LA LEGITIMIDAD DEL PODER Y A LA VALIDEZ DE SUS ACTOS

 




Dignidad Humana:

 

Al otorgarse jerarquía constitucional a los D.H. “la dignidad humana”, la “dignidad de la persona humana” se convierte en el pilar axiológico fundamental de los valores en que estos se motivan.

 

Basta solo la hominidad del ser humano, para ser digno, ya que nace con él, la vida trae consigo la dignidad humana, siendo la esencia en la que se fundan los D.H., ya que no es uno de ellos, es su razón de ser, y el instrumento que permite al mortal ser respetado, reconocido y desarrollar su potencialidad en plenitud.

 

El orden jurídico en su totalidad responde a la “moral universal del respeto de la dignidad humana”, principio superior en grado e inalterable        que la signa, ya que la dignidad de la criatura humana es el fundamento intransformable de todo sistema de derechos, y es anterior a toda organización política y social.

 

Los D.H. constituyen … “ un límite infranqueable a la regla de las mayorías, es decir, a la esfera de lo susceptible de ser decidido por parte de las mayorías en instancias democráticas” [C.I.D.H. “Gelmans”239;].

 

Estos D. traducen, reconocen preceptivamente la relación consustancial entre D.H. y dignidad intrínseca, por ello en el preámbulo de la D.U.D.H. se señala que “ el desconocimiento y menosprecio de los D.H. originaron actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la Humanidad”.

 

La legitimación del poder y la validez de sus actos se encuentra, supeditada, sometida, a este nuevo principio de legitimación del orden internacional de los D.H., en su dimensión constitucional que condiciona las relaciones a la  “moral universal del respeto de la dignidad humana”, principio superior en grado e inalterable entre el poder público y los particulares al respeto de la Dignidad Humana, que no puede ser dejado sin efecto por estos gobiernos, atento a que en este caso no rige el principio de ”lex posterior derogar lex priori”, atento:

“””El ejercicio de la función pública tiene unos límites que derivan de que los D.H., son atributos inherentes a la Dignidad Humana y, en consecuencia, superiores al poder del estado. “””  [Corte I.D.H., “Velazquez, Rodriguez” -165 y “Galindez Cruz” 174.

[reiteramos]: “”“Los D.H. constituyen … “un límite infranqueable a la regla de las mayorías, es decir, a la esfera de lo susceptible de ser decidido por parte de las mayorías en instancias democráticas” [C.I.D.H. “Gelmans”239;].””” 


DR. ROLANDO E. GIALDINO - Derecho Inrternacional de los D.H.: Prtincipios, Fuentes, Interpretación y Obligaciones - fs.5/11




domingo, 15 de diciembre de 2024

ATILIO BORON - PERPLEJIDADES DEL “MILAGRO ARGENTINO [inflación – exclusión social – pauperización – crueldad – recesión]

 





PERPLEJIDADES DEL “MILAGRO ARGENTINO

[inflación – exclusión social – pauperización – crueldad – recesión]

POR ATILIO A. BORON* –

 

El gobierno de Javier Milei ha cumplido un año y el balance difícilmente podría ser más desolador.

 

El “ajuste más grande que tuvo la humanidad”, tal como lo calificara con mucho orgullo el presidente en su discurso, ha reducido el PBI en por lo menos un 4 %; desplomado el consumo de las clases populares; pauperizado a grandes segmentos de las capas medias; provocado la desaparición de casi trescientos mil puestos de trabajo y el cierre de 16.500 pymes y 10.000 kioscos.

 

La gente come mucho menos carne, los niños toman mucho menos leche: un millón de éstos se van a dormir sin cenar, y según la UNICEF la cifra asciende a cuatro millones y medio de personas si se toma en cuenta a los adultos.

 

Con ingresos cada vez más recortados las familias deben gastar mucho más que antes en agua, gas, electricidad, telefonía y transporte.

 

Quien tenga la desgracia de enfermarse tendrá grandes dificultades para ser atendido en el hospital público, con presupuestos ferozmente recortados y su personal luchando desde hace años por una imprescindible recomposición salarial.

 

Agréguese a lo anterior que las cuotas de la medicina prepaga se fueron a la estratosfera y por eso ya son legión aquellas familias clasemedieras que antes podían pagarla, pero ya no más, y que ahora se dirigen infructuosamente al hospital público.

 

Esto para ni hablar del precio de los medicamentos requeridos por la población -sobre todo de la tercera edad- otrora distribuidos gratuitamente por el PAMI y hoy reducidos a una mínima expresión. La imagen de abuelos y abuelas rogando que en las farmacias les vendan un blíster o le regalen una muestra médica porque no pueden pagar el medicamento se ha convertido en un clásico del panorama social de la Argentina libertaria.

 

Enfermos necesitados de remedios oncológicos se tropiezan con la indiferencia de un gobierno que ha hecho de la crueldad uno de sus rasgos definitorios.

 

Y si se habla de la educación el gobierno ha profundizado hasta límites desconocidos el desfinanciamiento de la educación pública en todos sus niveles, siendo el ataque a las universidades nacionales uno de sus objetivos más encarnizadamente perseguidos.

 

La situación es igualmente alarmante si se habla de la educación escolar y la escuela secundaria, también afectadas por un desfinanciamiento que viene de largos años.

 

¿Cómo es posible que, en el distrito más rico de la Argentina, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ¿sus escuelas públicas no tengan suficientes vacantes para atender a la población infantil?

 

Ante una situación como ésta, en la cual el estado se desentiende de las funciones esenciales que garantizan el bienestar de su población (cosa que no ocurre en los capitalismos metropolitanos) no deja de sorprender la indiferencia oficial ante tanto sufrimiento. Pero basta con recordar que el emblema que sintetiza la ideología de este gobierno es “donde hay una necesidad hay un mercado”, frase que la Casa Rosada contrapone al supuesto “exceso populista” de Evita, cuando dijo con razón que “donde hay una necesidad nace un derecho”, algo que constituye una legítima reivindicación democrática.

 

Aquel emblema, que emparenta la necesidad con el mercado, demuestra la ignorancia que prevalece en las filas del oficialismo, su fenomenal desconocimiento de la historia del capitalismo “realmente existente”, que nada tiene que ver con las idílicas imágenes de diligentes empresarios privados respondiendo a los estímulos de mercados, promoviendo el bienestar general y actuando en el marco de una total deserción de estados cuya única preocupación es que ninguna regulación gubernamental entorpezca el accionar de estos “héroes” civilizatorios.

 

La idea de que la necesidad genera un mercado no sólo es empíricamente errónea, también adolece de una imperdonable inmoralidad.

 

La lista de los horrores producidos a lo largo de este primer año de gobierno libertario sería interminable. Me abstengo de hablar de la política exterior porque en este caso el catálogo de aberraciones y chapucerías sería aún más extenso.

 

En lo social, este experimento ha producido ricos más ricos gracias a la enjundia con que Milei luchó para “agrandar sus bolsillos”; y pobres mucho más numerosos -mínimo la mitad de nuestra población, con una metodología que subestima las dimensiones reales de la pobreza- y también más pobres que antes.

 

No es el socialismo sino el “anarcocapitalismo” gobernante el que merece el adjetivo de “empobrecedor”, que Milei adjudica a todo gobierno progresista o de izquierda.  ¿O hay alguna duda que la gran mayoría de los argentinos hemos sido empobrecidos por este gobierno?

 

Aparte de eso ¿cómo calificar a destrucción del sistema científico, el ataque a las artes y a la cinematografía, el desprecio por todo lo que se aparte de esa lógica bolichera que reduce las más excelsas creaciones del género humano a la condición de mercancía, objetos sólo valiosos en la medida en que puedan ser fuente de lucro? Ese es el verdadero significado de la batalla cultural que proponen los libertarios.

 

No deja de ser asombroso que este verdadero desastre económico, social, cultural y político producido en apenas un año haya sido calificado por el presidente como “el milagro argentino”. Una frase que, sin duda, pasará a la historia, seguramente que no por buenas razones.

 

Para terminar, permítame decir unas palabras sobre las cifras que el presidente tiró al voleo en su discurso.

 

Reparemos apenas en aquellas relacionadas con la inflación, en donde el tenebroso número de 17.000 por ciento aparece por enésima vez como un espectro terrible que se agita en el fondo de la caverna donde se guardan las pócimas mágicas del “anarcocapitalismo”.

 

Es evidente que Milei busque fortificarse apelando al “éxito” de su combate a la inflación. La última cifra, de noviembre, fue de 2.4%, y fue celebrada en la Casa Rosada como un logro histórico. Pero una somera mirada al vecindario aporta un necesario baño de sobriedad ya que demostraría que, por ejemplo, en octubre ese valor fue del 0.33 % en Uruguay, 0.56 % en Brasil y 1 % en Chile, al paso que en Colombia el indicador fue negativo: -0.13 %.

 

Se comprende la necesidad que tiene este gobierno de convencer a la opinión pública que ha controlado a la inflación dado que su victoria en el balotaje del año pasado se explica en buena medida por la ineptitud del gobierno del Frente de Todos para contener ese flagelo.

 

Pero presentar como positivo un índice de inflación mensual que es unas ocho veces superior al de Uruguay y casi cinco al de Brasil suena como un tanto excesivo, para decir lo menos.

 

Además, tanto Milei como sus numerosos voceros en el ecosistema mediático amén de los políticos que avalan sus proyectos en el Congreso y en las provincias mucho se cuidan de decir que el relativo control de la inflación es resultado de la terapia de shock que castiga al conjunto de la economía.

 

La caída en los niveles de consumo a causa del deterioro en los salarios del sector formal e informal y de los haberes jubilatorios tuvo como efecto reducir el consumo y de este modo “planchar” los precios, creando la ilusión de que la inflación -que tiene causas estructurales y no es un tema de exceso de emisión monetaria como dice el gobierno- ha sido derrotada.

 

La inflación es expresión de la puja distributiva y refleja el control que los oligopolios formadores de precios ejercen sobre los mercados mismos que en el momento actual pueden actuar a su antojo sin temer ningún tipo de regulación gubernamental.

 

Que hay un cambio de tendencia en los índices de la inflación es indudable; pero ni se la derrotó ni nada autoriza a pensar que ni bien se supere la recesión actual la inflación no vaya a retornar con renovados bríos.

 

Los factores estructurales que la explican no han sido controlados en lo más mínimo por un gobierno que concibe a su misión como “destruir al estado desde dentro” y que se desvive por eliminar todas las restricciones que las autoridades deben imponer para evitar el darwinismo social de mercado, una de cuyas consecuencias es precisamente la inflación. 

 

*Sociólogo, politólogo, catedrático y escritor argentino. Doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard.

Publicó - https://www.other-news.info/noticias - diciembre 2024


sábado, 14 de diciembre de 2024

UN MUNDO DE CHARLATANES - Por Esteban Rodríguez Alzueta*

 

UN MUNDO DE CHARLATANES



 



 

 

 

Javier Milei y Donald Trump exponen un síntoma crucial de época. La vidriera de la conversación pública actual, banal y acelerada, es dominada por embusteros. Cuando la única realidad es la posverdad, la charlatanería es la etapa superior de la mentira.

 

Por Esteban Rodríguez Alzueta*

 

La posverdad es el resultado de la mentira sistemática, pero también de la charlatanería.

 

En este artículo me gustaría volver sobre esta última categoría propuesta por Harry Frankfurt, filósofo y profesor de la Universidad de Princeton, en su libro On bullshit, publicado originalmente en la revista literaria Raritan en 1986, y como volumen independiente en 2005.

 

Todavía Donald Trump no había llegado al gobierno, tampoco Boris Johnson, Jair Bolsonaro ni Javier Milei. Pero ya se respiraba en el ambiente, podía averiguárselo en la cháchara que inundó el espacio público en los años previos.

 

Detrás de la charlatanería coloquial estaba la desconfianza que las instituciones y partidos políticos tradicionales acumularon durante décadas, el descrédito social hacia los discursos públicos, la incapacidad de las narrativas modernas para continuar haciéndose eco de los problemas de las mayorías.

 

Pero, hay otros dos factores, según Frankfurt, que fueron creando condiciones para el triunfo de aquellos charlatanes. Por un lado, nuestra ya arraigada creencia que tenemos que hablar de asuntos que ignoramos. Las redes sociales nos hicieron creer que todo lo que sentimos puede interesarle a todo el mundo y nos interpelan a que estemos compartiendo nuestras vidas y nuestras opiniones 24 X 7. Es cierto, no hay democracia sin debate colectivo. Pero, los debates siempre estuvieron precedidos por el acceso a la información y la reflexión meditada sobre ella.

 

Las redes sociales nos hicieron creer que todo lo que sentimos puede interesarle a todo el mundo y nos interpelan a que estemos compartiendo nuestras vidas y nuestras opiniones 24 X 7

 

Los medios nos enseñaron que no hay tiempo para ponerse a pensar y tampoco es necesario. Por eso todos los días los usuarios de las redes sociales, los oyentes de los programas de radio y lectores de noticias en los sitios de internet generan una cantidad de bullshit. En efecto, el término bullshit alude a la mierda de toro que el animal deja caer de manera aleatoria sin demasiado esfuerzo, sin demandar un trabajo específico. Ahora bien, ese producto descuidado y poco exigente, apesta y se hace sentir. Más aún cuando tropezamos y nos embarramos con él.

 

Por el otro, ha sido determinante también el clima generalizado de escepticismo y relativismo contemporáneo. Cuando la gente cree que resulta imposible acceder a la realidad objetiva o a como son las cosas, la verdad se devalúa. Hemos dejado de ser fieles a los hechos para ser fieles a nosotros mismos.

 

Cuando las minorías desplazaron a las mayorías, a medida que las políticas identitarias se fueron alejando de la cuestión social, para concentrarse en las identidades minoritarias, cada uno tiene derecho a inventarse como una obra de arte, auto percibirse perro y reclamar al resto que le tire un hueso.

 

Las identidades son narcisistas, se construyen mirándose el ombligo, ostensiblemente, transformando el estigma en emblema, exagerando sus rasgos, exhibiendo las marcas que lo diferencian y convierten en un cachalote en un charco de agua. El disfraz es más verdadero que la realidad. 

 

Lo digo, para remarcar lo siguiente: la charlatanería no es patrimonio de las derechas: basta pispear el muro de los amigos progresistas, las selfies que se toman 24 X 7 para hacernos saber lo que opinan, lo que comen ellos o sus hijos, la música que escuchan, los recitales que asisten, la cerveza que les gusta, sus diversiones con la mascota.  

 

Basta pispear el muro de los amigos progresistas, las selfies que se toman 24 X 7 para hacernos saber lo que opinan, lo que comen ellos o sus hijos, la música que escuchan, los recitales que asisten, la cerveza que les gusta, sus diversiones con la mascota

 

MANDAR FRUTA

 

No hay que confundir la mentira con la charlatanería. Para Frankfurt la charlatanería es algo muy distinto y mucho más peligroso que la mentira. El espacio público ha sido copado por los charlatanes.

 

“El mentiroso, al menos, conserva un vínculo con la verdad, mientras que para el charlatán la verdad no le importa en absoluto”, enfatiza.

 

Quiero decir, la diferencia entre la mentira y la cháchara hay que buscarla en la intencionalidad. Cuando mentimos estamos invirtiendo tiempo y creatividad en hacerlo, porque el mentiroso siempre tiene en claro la distinción entre lo verdadero y lo falso. En cambio, cuando charloteamos, lo hacemos desaprensivamente. No importa si lo que se dice es verdadero o falso. 

 

Hablamos sin decir nada, por pura incontinencia verbal, lanzamos al mundo chorradas de cosas sin ton ni son. Como decía el escritor francés, Louis-René des Forets, en su novela de 1946, El charlatán: 

… “Que sienta la necesidad de hablar y sin embargo no tenga nada que decir, y, más aún, que no pueda satisfacer esa necesidad sin la complicidad más o menos tácita de un compañero escogido (…) Este individuo no tiene estrictamente nada que decir y, mientras tanto, dice mil cosas, poca le importa el asentimiento o la contradicción de un interlocutor, y sin embargo no sabría prescindir de aquél a quien tiene, por otra parte, la sensatez de no pedirle más que una atención exclusivamente protocolaria”. 

 

La charlatanería, entonces, no requiere esfuerzo alguno. El charlatán habla por hablar y no tiene intenciones de tergiversar la realidad. Dice lo primero que se le cruza por la cabeza. Hay un desinterés por la verdad. Su visión es más panorámica que particular. Su atención está puesta en la superficialidad de sus proyectos, en su propia propaganda. Solo le interesa escucharse a sí mismo y llamar la atención.

 

LAS DEMOCRACIAS EN PELIGRO 

 

Estamos en una época tomada por la demagogia, donde los dirigentes políticos y periodísticos le dicen a la gente no solo lo que esta quiere oír y mirar, sino lo que esta tiene que sentir y resentir frente a lo que oye y mira.

 

Todo un clero de dirigentes que desprecia los hechos, que no solo ignora y tergiversa los hechos, sino que sus puntos de vista contienen una fuerte carga emocional que desvía el centro de atención.

 

La estrangulación de la especialización nos ha llevado muy lejos. Ya nadie cree en la objetividad de los medios de comunicación. Ya nadie cree en lo que dicen los políticos. O, mejor dicho, cada uno solo está dispuesto a prenderle una vela a la persona que sigue con pasión y devoción, sea un periodista, un político, un actor, un científico, un youtuber.

 

Lo que impide la comunicación es la comunicabilidad misma. Estamos todos conectados a la velocidad de la luz, pero alienados del sentido que tienen las palabras. Ya nada es lo que significa. El lenguaje ha dejado de ser un terreno común, donde tiene lugar lo común. Estamos todos conectados, pero en un espectáculo difuso, fragmentado, organizado según los algoritmos. Microespacios de afinidad que garantizan la dispersión y la impotencia. Desarraigados de una lengua que se parece a un cocoliche, alienados de los sentidos que tienen las palabras para cada interlocutor.

 

El lenguaje ha dejado de ser un terreno común, donde tiene lugar lo común. Estamos todos conectados, pero en un espectáculo difuso, fragmentado, organizado según los algoritmos. Microespacios de afinidad que garantizan la dispersión y la impotencia

 

Aaron James, filósofo y profesor de la Universidad de Harvard, en su libro Trump. Ensayo sobre la imbecilidad, vuelve sobre Frankfurt para contar a este presidente que se la pasa echando pestes a diestra y siniestra. Un vilipendiador prolífico y embustero consumado, un extravagante que usa insultos para descalificar a cualquiera que se le interponga en su camino.

 

El embustero, como el charlatán, es aquel que se dedica a producir una falsedad tras otra. 

 

Trump es el prototipo de charlatán, un especialista en la perorata. No le interesa la verdad de lo que está aseverando, le alcanza con saber que aquello que afirma transmita una impresión determinada de él mismo y capte la atención de sus seguidores que se convertirán en sus mejores propaladores.

 

En la charlatanería de Trump gran parte de los estadounidenses, y no solo los estadounidenses, se sienten hablados y tenidos en cuenta. El odio y la alegría de odiar no necesitan coherencia sino conectar con las palabras mágicas.

 

La charlatanería es el revoltijo de imágenes y palabras que continúa alimentando la polarización, enemistando a los ciudadanos. No sólo desautoriza la conversación callejera cotidiana, sino que vuelve a las discusiones colectivas cada vez más imposibles. La charlatanería clausura los debates y los vacía de sentido.

 

*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y la Universidad Nacional de La Plata. Profesor de sociología del delito en la Especialización y Maestría en Criminología de la UNQ. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor, entre otros libros, de Temor y control; La máquina de la inseguridad; Vecinocracia: olfato social y linchamientos, Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil, Prudencialismo: el gobierno de la prevención; La vejez oculta y Desarmar al pibe chorro.

 

PUBLICÓ EN SU NÚMERO DE DICIEMBRE 2024  REVISTA MALAS PALABRAS