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viernes, 6 de febrero de 2026

LA POLITICA EN "LA HORA DE LOS DEPREDADORES"

 

La política en la hora de los depredadores

enero 30, 2026

 

 

LA HORA DE LOS DEPREDADORES

 

Cinco siglos después de que Maquiavelo presenciara la crueldad calculada de César Borgia, el politólogo Giuliano Da Empoli acuño el término “Borgianos”, en referencia a una elite política para quienes

“la única ley del comportamiento estratégico es la acción temeraria”.

 

En su último libro “La hora de los depredadores”, el arquetipo moderno de los “borgianos” tiene como único objetivo “restituir la verticalidad del poder” en el mundo.

 

Esta “nueva” clase política, interpreta

“que el exceso de horizontalidad” -producto del multilateralismo político, económico y cultural basado en la arquitectura organizacional de la ONU-, ha actuado en detrimento de las grandes potencias y de Estados de peso relativo.

 

Consideran que la “anomalía” es el sistema vigente de reglas internacionales y que la “normalidad” es volver a un sistema de poder vertical similar al que rigió durante la guerra fría.

 

Sin embargo, para Da Empoli la novedad de la época proviene de la “convergencia estructural” entre “borgianos” y “elites tecnológicas”.

 

Ambos comparten la misma visión de un poder que no debe estar limitado por “regulaciones o leyes de otros tiempos”.

 

LA IRA Y CÓLERA DEL PUEBLO

 

A diferencia de Marx y Engels quienes veían el motor de la historia en la “lucha de clases” o de Hegel quien lo veía en el despliegue de la autoconciencia de la libertad en la historia universal, para los “borgianos” el motor de la historia es la ira acumulada de los pueblos.

 

La politóloga belga Chantal Mouffe, detectó hace dos décadas este problema estructural de las democracias liberales, y es que no contemplan en su diseño institucional una válvula de escape para la ira acumulada producto de los antagonismos sociales.

 

Al apostar por una “deliberación racional parlamentaria”, las democracias liberales han caído en un formalismo procedimental, que no ha permitido domesticar los antagonismos ni resolver problemáticas estructurales vinculadas al aumento del costo de vida, la criminalidad o la inmigración masiva.

 

Para Mouffe, este vacío de representación conduciría, tarde o temprano, al surgimiento de partidos “anti-establishment”. Hoy, ese giro ya es conocido. En algunos casos, el antagonismo político emergió de manera disruptiva, pero sin desbordar los marcos democráticos, en otros, las democracias liberales han derivado en “autoritarismos competitivos” o democracias “iliberales”, con una fuerte erosión de sus instituciones y valores claves.

 

En El malestar en la cultura, Sigmund Freud identificó este problema muchos años antes que Mouffe. Para Freud,

la cultura no elimina la agresividad humana, sino que la reprime y la introyecta en el “yo” en forma de culpa o neurosis.

La tesis de Freud es que la “pulsión de muerte” y la “pulsión de vida” como energías contrapuestas de la vida social no se resuelven, no hay síntesis superadora.   

 

LOS INGENIEROS DEL CAOS

 

“Los ingenieros del caos” reconocen que la ira acumulada es el combustible número uno del comportamiento político y social.

 

“Si tenemos que vender Coca Cola en una sala de cine, solo aumentamos la temperatura de la sala”, explica Alexander Nix, dueño de Cambridge Analytica.

 

La receta es conocida, identificar los temas de conflicto, las fracturas que dividen a la opinión pública, estimular en cada bando las posiciones más extremas y hacer que se enfrenten, para luego, proyectar ese enfrentamiento a escala industrial en las redes social, para así, a su vez, caldear aún más el ambiente.

 

El método de elevar la temperatura de la sala es lo que a criterio de Alexander Nix diferencia a la agencia Cambridge Analytica de toda una industria convencional del marketing basada en redactores, fotógrafos, editores de video y creativos publicitarios.

 

“Nosotros no trabajamos así. La gente compra Coca Cola porque tiene sed, por eso nosotros subimos la temperatura de la sala”.

 

La política algorítmica de los “ingenieros del caos” no busca persuadir, sino

crear las condiciones emocionales -en particular la ira- para que determinadas conductas emerjan de manera casi automática.

 

EL DESAHOGO VIOLENTO DE LA IRA

 

Popularizado en “El Mago del Kremlin”, es re-presentado el sutil método con el que Stalin desahogaba la ira de los soviéticos.

 

Ante una serie de accidentes de trenes en la URSS, manda a detener y fusilar al director del área, Von Meck, por sabotaje.  Stalin sabe que la ejecución no resuelve el problema de los trenes, aún más, lo agrava.

Pero comprende que lo fundamental es desahogar la ira: “siempre el sabotaje es una explicación más convincente que la ineficiencia”.

 

El cine también ha abordado la cuestión de la ira. En la saga de películas de Hollywood La Purga, el nuevo gobierno de Estados Unidos (New Founding Fathers of America, NFFA) autoriza una vez al año un evento llamado La Purga. Durante doce horas se suspenden todas las leyes y garantías constitucionales, quedando permitido el asesinato y otros delitos violentos. La justificación oficial es que este desahogo anual reduce la criminalidad, estabiliza la economía y preserva el orden social durante el resto del año.

 

EL PARTIDO DE LOS ABOGADOS

 

En la vereda de enfrente de los “borgianos” y las “elites tecnológicas”, Da Empoli ubica al “partido de los abogados” en alusión a los demócratas norteamericanos y las “elites tradicionales”, que con cierta ingenuidad intentan combatir a los “borgianos” desde la corrección política, la defensa de la democracia liberal y el sistema de reglas que más o menos “disimula” las relaciones internacionales de poder. 

 

El politólogo alemán-estadounidense Yascha Mounk, también se detuvo en este punto. Mounk cuestionó al Partido Demócrata y al progresismo por priorizar las “políticas de la identidad” por sobre enfoques más universales. Definir las políticas de Estado priorizando los “atributos identitarios” de las personas conlleva el riesgo de generar grupos contra-identitarios que confronten entre sí y amenacen toda forma de cohesión social.

 

Que el Partido Demócrata haya priorizado la defensa de minorías raciales, culturales y sexuales, es para Mounk una de las causas de que el péndulo se haya movido en la dirección contraria, la de la reivindicación de una nueva categoría de oprimidos, ahora la de los blancos, cristianos, heterosexuales y conservadores del Partido Republicano.

 

Mounk propone salir de esta encrucijada retomando la idea de que el Estado proteja a las personas en tanto

portadora de derechos universales (salud, educación, seguridad) y no de atributos identitarios, ya que

esta última opción conduce a definir tantas políticas públicas como identidades existan en la sociedad, al riesgo

de estimular la “competencia entre grupos identitarios por reconocimiento y recursos estatales”.

 

LA NOSTALGIA NO ES UNA ESTRATEGIA

 

El primer ministro canadiense ofreció una lectura clara del momento histórico. En su intervención en Davos 2026, Mark Carney invitó a asumir con realismo el fin de un ciclo y a sincerar el diagnóstico,

“sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia”.

 

Su planteo es la prueba más fehaciente de un orden internacional preponderantemente “borgiano” e interpela a las “potencias intermedias” a tomar una decisión estratégica, elegir entre “competir por obtener favores” de “las grandes” o unirse para crear “una tercera vía que tenga peso”.

 

Para ilustrar este punto, Carney retomó el ensayo de Václav Havel “El poder de los sin poder” y la idea de las mentiras funcionales que sostuvieron durante décadas al sistema soviético. Evocó la conocida anécdota del verdulero que cada mañana colocaba en su local el cartel “¡trabajadores de todo el mundo, únanse!” aun sabiendo que nadie creía ya en esa consigna y que el gesto no expresaba convicción, sino conformidad.

 

La pregunta ya no es si el viejo orden puede ser restaurado, sino qué tipo de orden puede construirse una vez retirados los carteles que lo sostenían. En ese interregno se está jugando hoy buena parte de la política internacional contemporánea.

 

Notas bibliográficas

 

--- Las referencias a Yascha Mounk provienen de su último libro, La trampa identitaria, donde desarrolla una crítica extensa al progresismo contemporáneo y a las políticas de la identidad.

Mounk sostiene que la llamada “síntesis identitaria” instala una forma de

“autoritarismo moral” que alimenta la cultura de la cancelación y vuelve sospechoso el disenso en torno a esta;

“fragmenta el tejido social” al privilegiar identidades de grupo en detrimento de una solidaridad cívica más amplia;

y “debilita el ideal igualitario”, basado en la igualdad ante la ley y en la vigencia de derechos universales.

 

Estos elementos constituyen el núcleo de su crítica a la deriva identitaria de las democracias liberales.

 

--- En El mago del Kremlin, Giuliano Da Empoli formula una de sus tesis más incómodas.

La violencia no reside únicamente en el poder, sino en el pueblo mismo.

A través de la escena fundacional de la guillotina, muestra cómo la ira colectiva

puede volverse insaciable y cómo la tarea del poder no es suprimirla, sino administrarla.

La cólera es una constante histórica. El verdadero arte del gobierno consiste, entonces, en evitar que se acumule hasta volverse ingobernable.

 

--- La formulación sobre “subir la temperatura de la sala”, atribuida a Alexander Nix, es retomada por Giuliano Da Empoli en La hora de los depredadores para describir la lógica operativa de los llamados “ingenieros del caos”, término que el propio Da Empoli desarrolla en su libro homónimo.

 

--- Desde Freud hasta Mouffe, el conflicto aparece como un elemento irreductible de la vida en común.

Freud muestra en El malestar en la cultura que la agresividad no se extingue, solo se reprime; Mouffe advierte, tanto en En torno a lo político como en sus trabajos posteriores, que

las democracias liberales fracasan cuando intentan negar el antagonismo en nombre del consenso racional.

 

Da Empoli extrae la conclusión política,

la ira no desaparece, se gestiona, y quien aprende a “administrarla” adquiere una ventaja decisiva.

Eric German. Politólogo y Consultor. 

 

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