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domingo, 11 de enero de 2026

GIULIANO DA EMPOLI: LOS DEPREDADORES QUIEREN LIQUIDAR ÉLITES, REGLAS Y EL ESTADO DE DERECHO, SON PERSONALIDADES SIN LÍMITES

 

Giuliano Da Empoli: “Los depredadores quieren liquidar élites, reglas y el Estado de derecho, son personalidades sin límites que terminan peleados como Trump y Elon Musk”

·        El brillante ensayista vuelve con un impactante ensayo sobre los “depredadores”: una alianza de políticos y tecnológicos en el que menciona a Milei.

·        El matrimonio fallido entre Trump y Musk fue el clímax de este pacto.

·        Se acaba de proyectar en Venecia y San Sebastián la película basada en su libro El mago del Kremlin.

Giuliano Da Empoli: "Los depredadores quieren liquidar élites, reglas y el Estado de derecho, son personalidades sin límites que terminan peleados como Trump y Elon Musk" 

Hector Pavon Hector Pavon - 01/10/2025 01:53/ Actualizado al 04/10/2025 15:05

 

Primero fueron Los ingenieros del caos, luego El mago del Kremlin, hoy es La hora de los depredadores, recientemente publicado por Editorial Planeta. En este catálogo vertiginoso de libros y de personajes extremos se mueve con soltura el politólogo italiano –y residente en París–, Giuliano Da Empoli.

 

Si bien ya era un personaje conocido en el mundo político europeo, la publicación de El mago... lo sacó del mundo político secreto, lo catapultó a las primeras planas y lo puso bajo las luces de otras realidades.

 

Fue tan exitoso que llegó al cine y se presentó en los festivales de Venecia y de San Sebastián. "El guion de la película fue escrito por el director Olivier Assayas y mi amigo, el gran escritor Emmanuel Carrère. Yo los acompañé, pero el trabajo es suyo. Han sido muy fieles al libro, aproximadamente el 90 % del texto está tomado de él, así que como autor estoy muy satisfecho... El papel principal lo interpreta Paul Dano, que lo hace de forma gélida, con una vocecita blanca, muy eficaz.

 

Vladimir Putin lo interpreta Jude Law, lo que podría parecer un cumplido al presidente ruso, pero en realidad se ha afeado tanto que no lo es...", explica Da Empoli sonriéndose.

 

En su flamante libro, Da Empoli vuelve sobre algunos personajes conocidos y otros no tanto para releer el mundo de hoy.

Se refiere a la emergencia de una nueva élite autoritaria: los “depredadores” modernos,

… que se imponen en el escenario mundial mediante el caos, la provocación y la velocidad,

… todo ello alimentado por tecnologías dominantes como la Inteligencia Artificial (IA) y las redes sociales.

 

Da Empoli propone una imagen elocuente:

nuestras democracias occidentales se han comportado como los aztecas frente a los conquistadores 

… –sorprendidos, pasivos y entregados frente a quienes detentan nuevas formas de poder–.

Y lo ubica en un plano de comparación con la idea de una rendición ante los “conquistadores de la tech”.

 

Identifica dos grandes grupos de depredadores actuales:

por un lado, líderes populistas como Trump, Bukele o MBS (Mohammad bin Salmán bin Abdulaziz Al Saud, príncipe heredero de Arabia Saudita).

Da Empoli los encuentra inspirados en César Borgia (noble, religioso, militar romano que vivió entre 1475 y 1507)

 

… por otro, los poderosos de la tecnología, como Elon Musk, Sam Altman o los fundadores de las grandes plataformas digitales, libres de regulaciones y con impacto profundo en la política global.

 

Giuliano Da Empoli:

“Los depredadores quieren liquidar élites, reglas y el Estado de derecho, son personalidades sin límites que terminan peleados como Trump y Elon Musk”.

 

“El cuerpo de los poderosos es una entidad abstracta”, escribe en su libro Da Empoli. Una conclusión basada en su trabajo de asesor político, un papel que lo ha transportado a escenarios insólitos y únicos: del Kremlin a la Casa Blanca; de Brasilia a Riad. Juega a ser un escriba azteca y traslada impresiones, climas y palabras que, a veces, aturden, en este libro del que se explayó en una conversación por videollamada desde París –donde trabaja–, poco antes de llegar a Buenos Aires para presentarlo.

 

–¿Quiénes son hoy los depredadores? ¿Son los nuevos protagonistas de la política o siempre existieron?

 

--– En el fondo son personajes políticos,

muy clásicos, no los entendemos si solo miramos la política y la ciencia política de las últimas décadas.

 

Vayamos a los clásicos romanos, desde Suetonio, a Tácito, las sátiras de Petronio Juvenal: sus personajes son figuras que,

en el fondo, son políticos que gobiernan en entornos caóticos, toman decisiones que sorprenden, asombran, desconciertan a los adversarios, rompen las reglas y

hacen de esta velocidad –y de este hecho de romper los códigos de forma muy agresiva– una estrategia de conquista del poder en medio del caos.

Lo nuevo es la alianza entre estas figuras, que yo llamo “conquistadores de la tecnología”.

Son estos personajes que aparecieron en escena hace unos treinta años, estos chicos con buzos, encapuchados, que dicen portar la noticia de un mundo nuevo.

 

Es el mundo de los empresarios de Internet, las plataformas y todos los que han creado este entorno que, durante mucho tiempo, parecían más bien progresistas amables. En EE.UU. eran bastante demócratas, parecía que habían ayudado a Obama, eran ellos mismos factores de progreso y de emancipación.

 

Pero, en realidad, han construido un entorno que

refuerza y da fuerza a los agresores, al caos, y tienen los mismos objetivos políticos que los depredadores, es decir,

acabar con las viejas élites, no solo las políticas, sino también las de los periodistas, universitarios, autoridades de todo tipo. 

 

Proponen emanciparse y romper cualquier regla y cambiar la forma en que se gobiernan nuestras sociedades, salir de la democracia y entrar en otra cosa. 

Es una alianza de dos categorías de depredadores, una premoderna y otra posmoderna.

 

–Aquí entran personajes clave de esta era. ¿Cómo definís a Elon Musk, hoy el segundo hombre más rico del mundo, su ascenso con Trump, finalmente renunciado y alejado de la Casa Blanca?

 

–--- Por mucho que Musk sea realmente un personaje muy poderoso e importante en sí mismo, lo más interesante es que la pareja con Trump, antes de que explotara, hizo visible por primera vez esta alianza entre extremistas: depredadores políticos y depredadores tecnológicos.

 

Fue la primera vez que vimos un duopolio en la cima del Estado estadounidense, un fenómeno que se fue gestando desde hace varios años, que reunió a los dos hombres más poderosos del mundo.

 

Hay un antecedente. En 2012, Eric Schmidt, director de Google, dejó su cargo para colaborar en la reelección de Obama. Allí tuvo un papel comparable al de Musk en 2024 en la reelección de Trump, solo que no se veía, porque Schmidt no pretendía tener un papel político. Además estaba del lado de los “gentiles”, al lado de Obama, así que todos estábamos bastante contentos de que existiera este vínculo.

 

Sin embargo, ya en ese momento, había construido una máquina electoral digital asentada en una base de datos para

dirigirse a los votantes y hacerles cambiar de opinión. Se dirigía, especialmente, a los indecisos, tramó una estrategia muy poderosa hace 13 años.

 

Trump y Musk provienen de dos mundos aparentemente muy diferentes, el de un extremismo político que

se dirige a un público de personas que se sienten abandonadas, que viven en el Estados Unidos profundo, pero que están en realidad convergiendo hacia los mismos objetivos del mundo de la tecnología porque están de acuerdo en acabar con el viejo sistema.

Concuerdan en terminar con las viejas élites, la de los adversarios demócratas y también con la vieja guardia de los republicanos, y con los periodistas. Quieren liquidar todas las élites y las reglas, es decir, el Estado de derecho.

Son personalidades sin límites que terminan peleados.

 

-Esta idea de una relación entre la élite tecnológica, los tecnócratas de Davos y los poderes políticos, no es muy estable. Puede cambiar mañana mismo…

 

---– Creo que los antiguos poderes económicos, incluidos los grandes poderes financieros

–de los que siempre se ha dicho que ponían en peligro la soberanía de los estados–, estaban bastante contentos de hacer negocios con las antiguas élites.

 

Son las élites de Davos: tecnocráticas, moderadas, de derecha o de izquierda, pero en cualquier caso tecnócratas. Así, la alianza entre las antiguas élites económicas y los políticos tecnócratas era, en definitiva, bastante estable, o al menos así ha sido en EE.UU., en Europa y quizás también en parte de América Latina.

 

La novedad son las nuevas élites económicas, las digitales, tecnológicas, que son disruptoras, en definitiva, están acostumbradas.

Como el antiguo eslogan de Facebook “Move fast and break things” (movete rápido y rompé cosas).

Esta élite se siente mucho más cercana y tiene una mentalidad mucho más parecida a la de los políticos extremistas, como Trump, pero también como Milei, Bukele y otros que quieren romper las reglas del Estado de derecho, de las viejas élites y pasar a otra cosa. Están mucho más en sintonía. Esto es un cambio bastante visible y estructural.

 

-Aparece la Inteligencia Artificial en manos de los depredadores. ¿A dónde nos lleva esa mezcla explosiva?

 

---– No se puede tratar solo como un tema técnico, tiene una repercusión económica muy importante, multiplica y concentra el poder. 

La IA tiene el estilo de los depredadores porque es una herramienta que se alimenta del caos para producir poder. 

Nadie puede pensar en destruir o combatir la tecnología, pero es un gran problema de gobernanza, de quién y cómo se gobierna esta tecnología, al servicio de quién está y qué valores, principios y objetivos tiene. Hay que seguir discutiendo esto.

 

–Y a esto se suman las redes sociales que mutan permanentemente.

 

---– Todo forma parte de esta evolución en la que cada uno de nosotros ha decidido confiar una parte cada vez más importante de nuestras vidas a esta interfaz. Ahora tenemos todo en el teléfono, pronto serán los anteojos inteligentes, después, probablemente, las interfaces neuronales. Y cuanto más, nuestra vida social y política, nuestra conversación democrática, y en todos los niveles, nuestras relaciones con las personas que amamos, nuestro trabajo, actividades cotidianas.

Todo entra en una esfera que no está gobernada por la democracia, la política, ni las reglas que conocemos en el mundo físico. Está gobernada por otras lógicas de poder que ni siquiera entendemos y de las que se nos dice que no se pueden tocar, que son así, porque esas son las reglas de la tecnología y nosotros no entendemos nada. Entonces, confiamos en quienes las entienden. El problema es que son reglas que no tienen nada que ver con los mecanismos de nuestra democracia.

 

–Hablás de nuevos centros de poder... ¿Cuáles son, dónde se encuentran?

 

---– Cuando el exasesor de seguridad nacional estadounidense Jake Sullivan dejó la Casa Blanca hace unos meses, concedió una última entrevista al medio digital Político en la que dijo que el problema hoy es que hay al menos cinco o seis proyectos Manhattan en EE.UU..

 

Proyectos de investigación y desarrollo tecnológico que tienen el mismo impacto potencial sobre la humanidad y su futuro que tuvo el proyecto de desarrollo de la bomba atómica al final de la Segunda Guerra.

 

Pero Jake Sullivan sostiene que:

“estos proyectos se llevan a cabo completamente fuera del control de los poderes públicos estadounidenses.

Nosotros, el Estado, no sabemos nada, ni siquiera sabemos cómo se desarrollan, no tenemos ningún poder, ningún control sobre esto”.

 

En definitiva,

el lugar del poder se ha desplazado, el juego se ha trasladado a otra parte.

Durante mucho tiempo, este desplazamiento no ha tenido ningún impacto en la política, ya que las cosas sucedían en otra parte.

Ahora estamos en la fase terminal de este proceso y, por lo tanto, este proceso entra en la esfera política, incluso en la militar y con la ambición de tomar el control.

 

–Decís que el mundo está lleno de políticos y expertos que no entienden absolutamente nada de política. ¿Qué es lo que no funciona? ¿La formación, el origen, los intereses?

 

---– En cualquier caso, en todas las épocas,

la relación entre la cultura, el poder intelectual y el éxito político no es muy directa, en el sentido de que se puede ser muy inteligente, muy culto, y también conocer muy bien la política por haberla estudiado mucho, y no tener ningún instinto ni ninguna fuerza política.

 

Trump es alguien que no solo no lee libros, no lee periódicos, ni siquiera lee las diez líneas de notas que le hace un asesor antes de una reunión. No lee nada, es como un analfabeto, pero no lo es. 

 

Es un analfabeto funcional, pero eso

no le impide tener el instinto político que efectivamente tiene, le permite ser siempre disruptivo, sorprendente, rompedor.

El acto de poder, estudiado y reflexivo, ni siquiera es un verdadero acto de poder, es un gesto de un tecnócrata.

El verdadero acto de poder ni siquiera tiene detrás una reflexión profunda.

 

Es como ese viejo duque de Sajonia, que cita Goethe, a quien sus consejeros rogaban que estudiara, que considerara todas las diferentes cosas, que reflexionara antes de decidir, y él decía: “No quiero estudiar ni considerar, porque si no, ¿por qué sería el duque de Sajonia?”. 

 

En Trump el verdadero acto de poder es casi sin reflexión, es casi un impulso. 

Lo que me parece muy importante es que

–en sistemas políticos bloqueados en crisis, donde mucha gente tiene la impresión de que no se puede hacer nada, que todos los políticos son iguales, que no cambia nada–, la promesa del depredador político es una forma de milagro.

 

Lo es al igual que en teología,

el milagro es Dios que interviene en el mundo eludiendo las reglas, las leyes normales de funcionamiento del mundo para producir un efecto en un caso específico.

 

El depredador político hace lo mismo en el sentido de que dice:

“Rompo las reglas, tal vez incluso infrinjo la ley, voy en contra del estado de derecho, rompo sin duda todas las costumbres políticas y todas las convenciones.

Lo hago porque es la única manera de abordar los problemas de la gente”.

 

Por lo tanto, la forma de abordar la delincuencia o la inmigración en algunos países, o quizás, como en el caso argentino, la inflación, la situación económica, es

con una promesa de milagro que es muy eficaz porque los que se oponen, los que solo defienden las reglas dicen:

“No puedes hacerlo porque las reglas dicen que no puedes”.

 

Pero la promesa del depredador del milagro es más fuerte porque él dice:

“Yo me intereso por los problemas de la gente, no por las reglas, ni las cosas abstractas”.

Eso es muy poderoso, algo muy fuerte.

 

–Una pregunta para el consigliere que hay en vos: ¿Cómo invertir la tendencia al caos como método de gobierno y restablecer los contrapesos democráticos?

 

---– Por un lado, los milagros políticos no funcionan. Incluso en los casos de aparente éxito, como puede ser el de Bukele en El Salvador, que ha suspendido el estado de derecho para hacer frente a la delincuencia y ha reducido considerablemente la tasa de homicidios.

 

Sin embargo, el milagro político se convierte en una distopía. Probablemente, pronto, El Salvador

ya no será una democracia, aumentará la corrupción y quizás sea peor.

Creo que los milagros políticos deben combatirse porque, aunque funcionan a corto plazo, no es así en el largo plazo y demuestran que los problemas se abordan y resuelven mejor en un contexto en el que se respetan las normas y el estado de derecho, centrándose en los problemas, no solo en la forma.

 

Por otro lado,

es necesario aplicar las reglas, los principios y los valores de la democracia también al ámbito digital.

 

Aquí está ocurriendo prácticamente lo contrario, lo que yo llamo “Somalia digital”, es decir, un estado fallido.

 

En cuanto la política se desarrolla en la esfera digital –en lugar de desarrollarse con las reglas de la democracia como en los medios normales, como en la calle, como ocurre en los sistemas democráticos–,

el debate político se traslada a un Estado fallido como Somalia o Yemen, donde las reglas las dictan los señores de la guerra.

La violencia y la agresión prevalecen, solo los conceptos más extremos son exitosos.

 

Entonces, aplicar también a la esfera digital las reglas de la democracia, del estado de derecho, de una conversación civilizada que permita obtener resultados políticos democráticos y razonables, es un gran desafío y es algo que diferentes países y sistemas intentan hacer.

 

Hoy tenemos al gobierno estadounidense que trabaja en contra de esto, lo que se vuelve una amenaza para Europa y las normas europeas sobre lo digital. Es una amenaza para Brasil cuando intenta aplicar normas de este tipo. Hay que luchar por ello.

 

–Caracterizás a Nayib Bukele como depredador. Es un presidente que no oculta esa condición e incluso se viste de forma tal que es muy distinguible. ¿No?

 

---– Es una especie de caudillo tecnológico, parece un personaje de Star Wars con ese “uniforme” que usa. Es casi de manual, en el sentido de que es un depredador que consigue producir un milagro. Muy a menudo, los depredadores prometen milagros, dicen que resolverán cuestiones o cosas y no lo consiguen y, por lo tanto, fracasan más fácilmente.

El verdadero problema, es cuando el depredador tiene éxito, cuando promete un milagro, suspende las reglas del estado de derecho pero consigue algo, como es el caso de Bukele. Alcanza, al menos por el momento, su objetivo y es reelegido democráticamente.

 

Él lo logró en 2024 con el 84 % de los votos en unas elecciones bastante libres, con algunos problemas, pero muy populares.

 

Ahí es donde surge el problema de que las fuerzas democráticas se opongan a esto

sin ser acusadas de ser una élite desconectada de los verdaderos problemas del pueblo, acusadas de ser abogados que solo quieren defender a los criminales o hacer lo que les conviene. Ahí está todo el desafío político.

 

–¿Y Javier Milei sería un depredador del Estado, por ejemplo?

 

---– Milei tiene el estilo de un depredador. ¿Qué es un depredador en el fondo?

Yo hago este paralelismo con el periodo de Maquiavelo en Italia. Un periodo a principios del siglo XVI, del año 1500, en el que los pequeños estados del Renacimiento italiano son arrasados por la invasión francesa, pero también por una revolución tecnológica, que es la invención de la artillería pesada, la que consigue romper las murallas de las fortificaciones de las ciudades.

Es una tecnología que da ventaja a los más agresivos, a los que atacan, a los que hacen la guerra. Y esto, en mi opinión,

hace que surjan personajes muy agresivos, los condottieri (proto mercenarios), en ese periodo de la historia italiana, y que Maquiavelo identifica en El príncipe.

 

Es un tipo de modelo de líder político del tipo César BorgiaMilei forma parte de esta generación de líderes

que han ejercido la agresión en todos los ámbitos no solo contra los adversarios políticos, también contra los medios, las élites de todo tipo, la casta. 

Milei ha hecho de esto su motor y por lo tanto está en el esquema de los depredadores políticos.

 

También se alía con la dimensión digital, las estrategias en la web, por eso mantiene su vínculo con Santiago Caputo.

 

–Los políticos de hoy están siempre en guerra, decís en el libro. Es una metáfora, pero en los casos de Putin y Netanyahu, por ejemplo, es una realidad muy concreta y desde hace tiempo.

 

–El caso de Netanyahu y esta retórica muy agresiva lo demuestran. Me ocupé de él en Los ingenieros del caos. Me llamó la atención que había sido el primer cliente fuera de EE.UU. de un spin doctor (asesor de imagen) llamado Arthur Finkelstein (1945-2017), que ya había desarrollado en EE.UU. en los años 70-80, –antes de Internet, enviando cartas por correo–, la idea de campaña negativa.

Algo muy violento que se centraba no en el candidato, sino en el adversario para destruirlo, era un poco el Mago del Kremlin.

 

En 1996 comenzó a trabajar fuera de EE.UU. y tuvo a Netanyahu como primer cliente, quien hizo una campaña electoral muy destructiva. Era un joven, inexperto, poco estimado pero considerado muy extremista.

 

La campaña que hizo contra el premio Nobel Simon Pérez, alguien muy respetado y con gran experiencia, fue puramente destructiva, muy violenta, diciendo que Simon Pérez estaba en contra de los judíos, que estaba vendiendo Jerusalén a los árabes, etcétera. Netanyahu ganó en ese momento con ese estilo violento.

 

Hoy, 30 años después, se traduce en la tragedia que estamos viviendo en Gaza, con una violencia inaudita.

Es difícil distinguir entre la violencia simbólica en el debate.

Una vez que se introduce la violencia en el debate público, en la política, en la retórica, puede desbordarse en la realidad y convertirse en violencia real en las calles.

 

Espero que esto no suceda en EE.UU., pero ¿quién puede decir hoy que no ocurrirá? Veamos a dónde nos lleva el aumento de la violencia retórica en la política de EE.UU. Yo estoy bastante preocupado.

 

- ¿Y qué ocurre en el centro de Europa? ¿España, Italia, Francia...?

 

---- Hay un enfrentamiento entre

los depredadores y el partido de los abogados. Me refiero sobre todo al Partido Demócrata estadounidense: todos los candidatos demócratas de los últimos 25 años eran abogados y juristas.

Lo digo porque también la propia construcción europea es de abogados, de reglas, de tecnócratas, de toda la clase política europea de los últimos 30 años.

Es sobre todo una clase de tecnócratas, de personas que han crecido en un marco de reglas bastante restrictivas y que hoy se sienten muy desestabilizados por la ofensiva de Trump y de los depredadores.

 

Tienen muchas dificultades para comprender la naturaleza del desafío al que se enfrentan, es decir, les cuesta entender cuál es el problema, les cuesta no reforzar a su adversario dándole argumentos.

 

Es como si hubieran llegado personas de otro mundo y ellos ni siquiera supieran cómo discutir o enfrentarse a ellas. Por lo tanto, son sistemas que hoy están bajo ataque, que son muy vulnerables, pero que también tienen elementos de resistencia. 

La democracia europea está bajo ataque, es cada vez más frágil, sin embargo, todavía tiene la posibilidad de resistir.

 

En Italia hay un gobierno de extrema derecha, semi depredador, un híbrido.

 

En España hay uno socialista liderado por una persona muy hábil, pero que tiene muchas dificultades. Según las leyes de la política, ya debería haber caído 30 veces, pero, increíblemente, aún no lo ha hecho, aunque es muy frágil.

 

La crisis política francesa, como ves, está en marcha estos días.

 

–¿Qué es Waze (GPS e información de tráfico en tiempo real) para este escriba azteca en el que te convertiste?

 

---– Waze, para mí es un caso interesante. Es una aplicación que hace visible el tema de la soberanía. Es decir, quién es soberano en un territorio.

Pongo como ejemplo al alcalde de Lieusaint una pequeña ciudad en las afueras de París que conocí y que es una zona residencial tranquila, donde la gente está un poco alejada de la ciudad, tenés tu jardincito, vivís tranquilo. Y, un día, tu ciudad empieza a ser transitada por miles de coches y camiones porque la aplicación que da consejos sobre el tráfico y que es propiedad de Google, aconseja salir de la autopista, que está congestionada, pasar por el pueblo y ahorrar tiempo. Y así, esta ciudad, donde la gente vivía muy tranquila, se encuentra como si estuvieran al lado de una autopista.

 

¿Quién gobierna la ciudad? ¿Es el alcalde quien regula el tráfico, instalando semáforos, haciendo pasos peatonales, o es un algoritmo, una aplicación lo que en realidad dice a miles de automovilistas o camioneros que salgan y tomen otra carretera?

 

Este alcalde gestiona esta situación, intenta contactarse con Waze… Pero Waze no tiene teléfono, es una entidad misteriosa, tiene como 15 millones de usuarios en Francia, pero no hay ni un solo empleado de Waze en Francia. Solo hay una oficina en Ámsterdam para toda Europa.

Insisto: ¿Quién tiene la soberanía al final?

¿Sigue estando en el alcalde, en el Parlamento, en el Gobierno o se ha desplazado a medida que entramos en la era digital a otros lugares sobre los que, sin embargo, no tenemos ningún control, de los que no sabemos nada, que no tienen un número de teléfono al que podamos llamar?

 

Publicó: Revista Ñ – Clarin

 

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