«Solo si interrumpimos la rapidez podremos empezar a estar seguros de lo que hacemos»
Victoria Camps – Filósofa y consejera permanente del Consejo de Estado
El cansancio y la hiperactividad son rasgos de nuestro tiempo. Quizá por eso, porque tanta presión y tanta oferta son extenuantes, tuvo tanto éxito el libro de Carl Honoré, Elogio de la lentitud.
Mucha gente quisiera vivir más despacio y lo busca por medios dudosamente eficaces, a través de talleres y cursos que enseñan a meditar o a guardar silencio.
En La lentitud, Milan Kundera decía que solo si nos tomamos tiempo para pensar interrumpiremos la rapidez y podremos empezar a estar seguros de lo que hacemos.
Los jubilados aprendemos que disponer de tiempo para hacer lo que uno quiera y a la velocidad que le apetezca es una riqueza, siempre que contemos con recursos para llenar ese tiempo con cosas apetecibles, que exijan tranquilidad y paz.
Esos recursos se van obteniendo a lo largo de una vida que entienda que es posible entretenerse sin consumir. Lo que los griegos llamaron la «vida contemplativa» es una opción que compensa los excesos de productividad y un analgésico para el cansancio que provocan las prisas.
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