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miércoles, 10 de mayo de 2023

FRANZ KAFKA *** ANTE LA LEY

 




ANTE LA LEY

por: Federico Fojas

 

Franz Kafka nació el 3 de Julio de 1883 en Praga. De niño era tímido y discreto, intentaba pasar desapercibido, por lo que era una persona que se encerraba en sí misma.

 

Trabajó en una Compañía de Seguros de Accidentes Laborales hasta dos años antes de morir y por las noches escribía. Estaba obsesionado por amortizar el tiempo lo máximo posible, por ello empezó a padecer de insomnio y agotamiento nervioso.

 

Murió a causa de la tuberculosis en el año 1924. Poco antes de morir le pidió a su amigo Max Brod, que destruyera todos sus manuscritos, cartas, cuentos, diarios, relatos… pero al contrario de lo que deseaba el difunto Kafka este editó su obra y la propagó hasta hacerla famosa.

 

Entre sus obras está América, El proceso, El castillo y su obra más conocida, La metamorfosis, publicada en 1915. Varias de estas obras han sido llevadas al cine y al teatro. El texto que vamos a analizar a continuación, Ante la ley[1], fue publicado por primera vez en 1916 en una recopilación de cuentos cortos titulada Un médico rural.

 

Aunque no lo parezca, la mayoría de las veces, un texto literario posee un orden, es decir, está formado por unas partes secuenciadas y relacionadas entre sí. Estas partes ordenadas que componen el texto conforman su estructura. En nuestro caso, se pueden distinguir claramente tres partes o apartados.

 

Como ya se ha mencionado anteriormente, nuestro texto es un cuento y, como cuento que es, posee una estructura lineal y cronológica. Esta estructura se presenta en tres partes o apartados relacionados entre sí  construyendo el discurso, las cuales son:   introducción, nudo y desenlace.

 

En la introducción es donde se presenta a los personajes y sus propósitos, se plantea la pregunta dramática para captar la atención del lector e introducirlo hacia el nudo.

 

A esta introducción le acompaña un problema/obstáculo que el personaje principal tiene que tratar de resolver en la siguiente parte.  En el texto, esta primera parte o apartado comprende las líneas 1 a 5 (desde “Ante la ley hay” hasta  “no por ahora.”).

 

Se nos presenta al guardián y al campesino como personajes del cuento y nos deja con la incertidumbre de si el guardián, en algún momento, dejará entrar en la Ley al campesino.

 

A la introducción le sigue el nudo que desarrolla el problema y nos muestra al protagonista en el trance de superar el obstáculo. En este intento el protagonista irá superando poco a poco algunos retos y fracasando en otros que, finalmente, le llevarán a conseguir o no su objeto de deseo.

 

Evidentemente, este intento por superar el obstáculo, se desarrollará poco a poco, ya que de no ser así, el cuento acabaría enseguida.

 

En el texto, este apartado comprende las líneas 6 a 28 (desde “La puerta que da a la Ley” hasta “poco tiempo de vida.”) donde podemos observar los fallidos intentos del campesino por acceder a la Ley, así como la firmeza del guardián en su postura de no dejarlo pasar. La incansable espera del campesino ante la puerta acabará por alargarse hasta su vejez.

 

Finalmente, como última y tercera parte de la estructura, está el desenlace. En el desenlace las tensiones del nudo alcanzan su punto más álgido hasta llegar a un  resultado, positivo o negativo, de las acciones llevadas a cabo por el protagonista. Este momento de máxima tensión narrativa recibe el nombre de clímax. Es el fin de la intriga, la culminación de la trama.

 

En el cuento, esta última parte o apartado comprende las líneas 28 a 38 (desde “Antes de morir” hasta “Ahora voy a cerrarla.”) Después de tan larga espera, el protagonista no accede a la Ley. El guardián cierra la puerta y condena a un campesino a punto de morir. En este cuento, como puede suceder en algunos otros, carece de anticlímax (parte dedicada a aliviar la tensión del clímax generando una vuelta a la calme en el lector). Parece ser que el autor buscaba acabar la historia de una manera brusca y dramática.

 

Como en todas sus obras, Kafka nos presenta una narración que gira entorno a los elementos nucleares de su universo literario: el absurdo, la burocracia, la impotencia ante el poder y la angustia vital.

 

En Ante la ley nos encontramos con una parábola acerca de los mecanismos sutiles de la coacción jurídica y su impacto en el individuo.

 

El estilo de la narración contribuye en la generación de un espacio y una atmósfera particulares que desde el principio rompen con cualquier intento de verosimilitud realista y nos introducen en el mundo fantástico de Kafka.

 

Las dos primeras frases del cuento constituyen un ejemplo perfecto de esta técnica Kafkiana:

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián y solicita que le permita entrar en la Ley.

 

Prescindiendo de todo florilegio prosopográfico, el autor nos presenta los elementos de la historia de una manera escueta pero efectiva: ordenándolos de manera jerárquica (Ley-Guardián-Campesino); introduciendo la atmósfera de extrañamiento nada más empezar con una prosopopeya sobre la Ley; y finalmente prefigurando la pregunta dramática que recorrerá toda la narración (¿será capaz el campesino de cruzar la puerta?).

 

La sencillez del vocabulario, la construcción llana de las oraciones y la brevedad de la narración confieren al texto de Kafka un tono de parábola bíblica o fábula alegórica. Sin embargo, esta sencillez no debe engañar al lector, ya que el texto está cargado de símbolos y alegorías que apuntan hacia la temática central del cuento: el poder de la Ley.

 

De entre estos elementos configuradores cabría destacar el espacio, el tiempo, los personajes y el objeto de deseo.

 

El espacio de la narración se presenta, desde un primer momento, como un lugar extraño más propio del mito que del cuento realista. A medida que avanza la historia se va convirtiendo en un locus terribilis en el cual se juntan la angustia de la espera y el absurdo de la situación.

 

La combinación magistral de elementos opuestos refuerza esta sensación de malestar: por un lado Kafka nos describe una edificación de enormes medidas y por otro limita toda la acción del cuento al portal de la construcción; la grandeza e imponencia del guardián contrasta con la pasividad y pequeñez del campesino que se ve todavía más disminuido cuando se sienta a esperar en el escabel.

 

Todo este juego de proporciones bosqueja los contornos de una atmósfera extrañada tan propia de las obras del autor.

 

Al igual que el espacio, el tiempo y el ritmo narrativo son manipulados al servicio del tono fantástico del cuento. Cabría destacar aquí el cambio vertiginoso de ritmo que se produce en el octavo párrafo donde el autor, a base de  elipsis y el uso de la frase corta, acelera el paso del tiempo de la historia hasta situarnos en los momentos cercanos a su muerte.

Como señala Mieke Bal[2], esta técnica narrativa suele ser empleada en la fábula y la narración breve para producir una distinción entre un tiempo de crisis (en el cual en un breve lapso se condensan acciones significativas para el desarrollo de la acción narrativa) y un tiempo de desarrollo (que viene, normalmente, a detallar consecuencias que se desprenden de la crisis).

 

Sin embargo, contrariamente a lo habitual en la narración, Kafka dedica una mayor extensión del cuento para narrar el momento de la crisis que para contar el momento del desarrollo. Esta disociación de proporciones contribuye a sumergir al lector en la atmósfera extrañada y angustiosa que el escritor busca evocar.

 

En el caso de los personajes, el autor aprovecha cada detalle para situar a los dos en los extremos opuestos del objeto de deseo: la Ley.

 

La separación queda plasmada a través de una cualidad fundamental en el universo kafkiano: la autoridad.

 

Esta autoridad se manifiesta de manera sutil a través del gesto, la voluntad y los objetos connotativos de poder o sumisión. Su distribución es siempre asimétrico puesto que necesita de dos polos opuestos para su existencia: el dominador y el dominado.

 

En el cuento Kafka nos sitúa ante dos personajes que encarnan cada uno de estos aspectos: el guardián y el campesino.

 

El guardián es un personaje imperioso acostumbrado a dar órdenes y seguro de sí mismo. Puede permitirse cierta condescendencia (como podemos comprobar en las líneas 6-8, 21 y 31-32) e incluso proponer el desafío de su autoridad (líneas 9-11) porque se sabe investido de un dominio que el campesino respeta y hasta teme.

 

Como hemos indicado, su aparición no viene precedida de una descripción física sino que se nos muestra de pie “Ante la ley” (línea 1) y recibiendo la solicitud del campesino (línea 2). Esta manera ostensiva de caracterizar al guardián recorre toda la narración y realza su dominio sobre la situación.

 

Otras dos estrategias narrativas contribuyen a la hora de fijar la autoridad sobre el campesino.

 

En primer lugar, el diálogo en el cuento impone una jerarquía de importancia similar al orden de aparición; el estilo directo es acaparado por el guardián durante una gran porción del texto (líneas 5, 9-11, 21 y 34) y en cada intervención se nos transmite un aire de seguridad e indiferencia. Solo en el desenlace cede Kafka la palabra al campesino y su intervención no hace más que precipitar la condena.

 

En segundo lugar, cabe destacar la representación que se hace el campesino del guardián (líneas 13-15). Esta descripción prosopográfica se introduce en un punto muy posterior a la aparición del guardián y no tiene como objetivo presentar personaje sino describirnos el impacto que tiene la imagen del guardián. Es esta percepción la que acaba anulando la voluntad del campesino y a aceptar su lugar en la jerarquía.

 

En contraposición al guardián, al protagonista de la historia le corresponden las cualidades de la sumisión y la debilidad. Provisto de unas ideas ingenuas (“la Ley debería ser accesible a todos” línea 12), el campesino jamás cuestiona el dominio que el guardián ejerce sobre él. Ante el temor a la represalia se somete a su condición y se sitúa en el lugar que le corresponde al aceptar el objeto simbólico de su pequeñez: el escabel que le entrega el guardián (línea 14).

 

Sin embargo, su deseo por entrar en la Ley le lleva a realizar el esfuerzo absurdo de esperar toda una vida delante de la puerta. Los intentos por superar su obstáculo (el soborno y la adulación, líneas 19-20 y 25-26) más que acercarlo a la Ley, ahondan en su estado de sumisión ante el guardián.

 

El campesino representa, por tanto, el extremo necesario pero desagradable de poder: la parte que ha de aceptar con docilidad el dominio para que el mecanismo de la autoridad funcione.

 

El cuarto elemento de la narración es, quizás, el más interesante puesto que constituye el eje central en torno al cual  gira la acción y, a la vez, es el que menos presencia tiene en el relato.

 

La Ley solo aparece en el cuento como palabra y como objeto de deseo, nunca como presencia real y tangible; pero a pesar de esta ausencia, o tal vez gracias a ella, su fuerza es palpable en todo el texto.

 

Sus cualidades (el silencio y la invisibilidad) obligan al lector a inferir su naturaleza a través de manifestaciones secundarias como son el aura de autoridad del guardián, la actitud pusilánime del campesino o la grandeza del edificio.

 

A través de esta elipsis genial, Kafka vacía completamente el significado ordinario de la palabra Ley y lo convierte en continente de una metáfora acerca del poder absurdo que la burocracia ha alcanzado en nuestra sociedad.

 

A pesar del desenlace trágico de la historia, Kafka arroja un rayo de esperanza para las personas que vivimos en el mundo moderno. La frase del guardián “esta entrada solamente era para ti” (línea 39) se convierte en la condena final del campesino pero también puede interpretarse como una advertencia al lector: el poder que la Ley y los guardianes poseen surge de una aceptación. Somos nosotros quienes decidimos someternos ante la autoridad, somos nosotros quienes les concedemos su fuerza y somos nosotros quienes dejamos que nos venzan sin levantar un dedo.

 

Si realmente queremos ser dueños de nuestro destino, si realmente queremos dictar nuestras propias normas, debemos tener el coraje suficiente para ponernos en pie, dar el paso y, finalmente, cruzar la puerta.

 

La lectura del cuento de Kafka puede despertar en nosotros una serie de reflexiones interesantes puesto que lo podemos relacionar con vivencias relacionadas con la burocracia o las colas que hacemos para realizar alguna gestión. Durante estas experiencias, al igual que el campesino del cuento, la mayoría no sentimos bastante perdidos y desamparados.

 

Como primera actividad sería interesante compartir con la clase una situación personal en la que nos hallamos sentido así. Por ejemplo, la lista de espera para entrar a una carrera, largas horas para que nos atendieran en el medico, etc. A continuación, cada alumno puede compartir con la clase una experiencia real de su vida cotidiana en la que se haya podido ver reflejados en el campesino del texto.

 

Muchos autores como Kafka han encontrado inspiración en su propia experiencia vital para escribir sus obras. Por ello, otra actividad quizá mucho más agradable para los alumnos, y a la vez mucho más didáctica, podría consistir en escribir cuentos a partir de experiencias ocurridas en su propia realidad. El juego consistiría en  que cada alumno pusiera en un papel una anécdota personal y en otro papel un sentimiento hacia esa situación. Una vez escritos todos los sentimientos y todas las anécdotas el profesor las recogería y mezclaría por separado. Tras mezclarlo todo, se metería en dos cajas, en una los sentimientos y la otra las anécdotas. A cada alumno se repartiría una anécdota al azar y un sentimiento al azar. Una vez repartidos los papeles a todos, cada alumno tendría que componer un cuento que se base en la anécdota y el sentimiento que le ha tocado. Pensamos que los alumnos se pueden reír mucho y ser muy originales puesto que las anécdotas pueden ser de todo tipo. Por ejemplo podría salir una situación muy desagradable con un sentimiento de alegría, y al contrario. Después de escribir cada uno su cuento, cada alumno lo leería para el resto de la clase.

 

        Un cuento puede tener varias interpretaciones, ya que a cada persona el texto le puede transmitir una sensación diferente. Cuando nos encontramos con un final sorprendente como el de Kafka esta situación de ambigüedad se multiplica.

 

En el texto “Ante la ley” el campesino no consigue la puerta, pero, nos queda una incertidumbre: ¿Qué hay detrás? Una actividad que se puede realizar con los alumnos es crear un pequeño debate en el que se especule sobre las múltiples posibilidades que podrían aguardar tras esas puertas y que se encontraría el campesino tras cruzarla.

 



[1] Para el estudio se ha empleado la traducción del texto de Kafka que figura en la siguiente página virtual: Biblioteca digital Ciudad Seva, http://www.ciudadseva.com/bibcuent.htm [Fecha de consulta: 10 de abril de 2014]. También se han consultado los datos biográficos del estudio preliminar que incluye la edición en castellano: KAFKA, Franz. (1999), La metamorfosis y otros cuentos, Madrid, Edicomunicación S.A. pp 5-22.

 

[2] BAL, Mieke, (2009), Teoría de la narrativa, Madrid, Cátedra, pp. 45-50.

CHARLES CHAPLIN **** SABIOS PENSAMIENTOS

 



Charlie Chaplin vivió hasta los 88 años
Dejó cuatro dichos sobre la vida, entre las cosas más bonitas que he leído:




(1) Nada dura para siempre en este mundo, ni siquiera nuestros problemas


(2) Me gusta caminar bajo la lluvia porque nadie puede ver mis lágrimas


(3) El día más desperdiciado en la vida es el día en que no nos reímos


(4) Seis de los mejores médicos del mundo:

--- 1 sol
--- 2 descanso

--- 3 ejercicio

--- 4 dieta

--- 5 autoestima

--- 6 amigos

Mantenlo durante toda tu vida y diviértete.
vida saludable

Si ves la luna, verás la belleza de Dios Si ves el sol, verás el poder de Dios Si ves un espejo, verás la mejor creación de Dios.
Así que cree:
todos somos turistas
¡La vida es solo un viaje! Entonces, vive por hoy
Mañana puede o no ser

martes, 9 de mayo de 2023

JEAN PAUL SARTRE *** LAS 10 FRASES MÁS IMPACTANTES DE LA NAUSEA

 




Choque existencial: Las 10 frases más impactantes de «La náusea» de Sartre

Publicado el: 21 marzo, 2023

 

«LA NÁUSEA» DE JEAN-PAUL SARTRE ES UNA NOVELA FILOSÓFICA QUE EXPLORA TEMAS existenciales como la libertad, la autenticidad y la angustia. A continuación, se presentan las diez mejores frases de esta obra:

 

1.    «Es esto lo que engaña a la gente: el hombre es siempre un narrador de historias y vive rodeado de ellas. Trata de vivir su vida como si las contara pero hay que escoger: o vivir o contar».

 

2. «El hombre es condenado a ser libre».

 

3. «Todo hombre, en cuanto se esfuerza por ser algo, se distancia de los demás».

 

4.                       «Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad».

 

5.«El mundo no es algo que se descubre, es algo que se inventa».

 

6. «Nada se me aparece como intolerable, salvo lo que destruye».

 

7. «En la vida, cada uno carga con su propio cadáver».

 

8.«No hay amor más profundo que el que muere lentamente en la incomunicación».

 

9. «La existencia precede a la esencia».

 

10.                  «Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera».

 

JULIAN ASSANGE - CARTA AL REY DE INGLATERRA, CARLOS III - Una visión irónica sobre la monarquía y su confinamiento

 




Una visión irónica sobre la monarquía y su confinamiento

Carta de Julian Assange al Rey de Inglaterra, Carlos III


Desde 2019, el fundador de Wikileaks está detenido en una cárcel de máxima seguridad, la prisión de Belmarsh, cerca de Londres, en condiciones de aislamiento que fueron asimiladas a la tortura. En esta carta abierta, denuncia su situación ante el nuevo monarca británico.

Por Julian Assange

7 de mayo de 2023 - 00:01

  •  Julian Assange está preso en una cárcel de alta seguridad cerca de Londres.

A Su Majestad el Rey Carlos III,

 

En la coronación de mi señor, pensé que sería oportuno extenderle una sincera invitación para conmemorar esta trascendental ocasión visitando un reino dentro de su reino: la Prisión de Su Majestad en Belmarsh.

 

Sin duda, recordará usted las sabias palabras de un renombrado dramaturgo: “La gracia de la misericordia no se fuerza; cae como la suave lluvia sobre el bajo”.

 

Ah, pero ¿qué sabrá ese bardo de la piedad ante el ajuste de cuentas en los albores de vuestro histórico reinado?

 

Después de todo, uno puede realmente conocer la medida de una sociedad por la forma en que trata a sus prisioneros, y su reino seguramente se ha destacado en ese sentido.

 

La prisión de Su Majestad en Belmarsh está ubicada en la prestigiosa dirección de One Western Way de Londres, a poca distancia del Old Royal Naval College en Greenwich. Qué delicia debe ser que una institución tan estimada lleve su nombre.

 

Es aquí donde se encuentran recluidos 687 de sus súbditos leales, lo que respalda un récord del Reino Unido como la nación con la población carcelaria más grande de Europa Occidental.

 

Como su noble gobierno ha declarado recientemente, su reino está experimentando actualmente “la mayor expansión carcelaria en más de un siglo”, con sus ambiciosas proyecciones que muestran un aumento de presos de 82.000 a 106.000 en los próximos cuatro años. Sin duda, todo un legado.

 

Como preso político, retenido por placer de Su Majestad en nombre de un soberano extranjero avergonzado, me siento honrado de residir dentro de los muros de esta institución de clase mundial. De verdad que su reino no tiene límites.

 

Durante su visita, tendrá la oportunidad de disfrutar las delicias culinarias preparadas para sus fieles súbditos con un generoso presupuesto de dos libras al día. Podrá saborear las pócimas hechas con cabezas de atún y los omnipresentes pollos procesados. Eso en caso de que sean pollos. Pero no se preocupe, porque a diferencia de instituciones menores como Alcatraz o San Quentin, no hay cenas comunitarias en un comedor. En Belmarsh, los presos cenan solos en sus celdas, asegurando la máxima intimidad con su comida.

 

Más allá de los placeres gastronómicos, le puedo asegurar que Belmarsh brinda amplias oportunidades educativas para sus sujetos. Como dice Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su camino, que cuando se haga viejo no se apartará de él”.

 

Observará también las colas para recibir medicamentos, donde los reclusos se alinean para recoger sus medicamentos, no para el uso diario, sino para poder tener la experiencia de una expansión de sus horizontes durante ese “gran día”.

 

También tendrá la oportunidad de presentar sus respetos a mi difunto amigo Manoel Santos, un hombre gay que se enfrentaba a la deportación al Brasil de Bolsonaro, y quien se quitó la vida a solo ocho metros de mi celda con una cuerda tosca hecha con sus sábanas. Su exquisita voz de tenor ahora ha sido silenciada para siempre.

 

Luego podrá visitar las regiones más profundas de Belmarsh para encontrar el lugar más aislado dentro de sus muros: el lugar donde se cuida la salud o, dicho de otra forma, el infierno (healthcare o "Hellcare"), como lo llaman cariñosamente sus habitantes. Aquí, se maravillará con las reglas sensatas reglas de la seguridad para bien de todos, como la prohibición de jugar al ajedrez y el permiso de un juego mucho menos peligroso como las damas.

 

A su vez, en lo más profundo de Hellcare (“centro de cuidados del infierno”) se encuentra el lugar más gloriosamente edificante de todo Belmarsh. ¿Pero qué digo? De todo el Reino Unido: el sublimemente llamado “la suite para el final de la vida en Belmarsh”.

 

Si presta atención, es posible que escuche los gritos de los prisioneros. “Hermano, voy a morir aquí” como un testimonio de la calidad de la vida y de la muerte dentro de su prisión.

 

Pero no se preocupe, porque no todo es malo. También se puede encontrar con la belleza dentro de estas paredes. Se podrá entretener mirando los pintorescos cuervos que anidan en el alambre de púas y los cientos de ratas hambrientas que también consideran a Belmarsh su hogar.

 

Si usted decide venir en primavera, es posible que pueda ver a los patitos descarriados dentro de los terrenos de la prisión.

 

No se demore, porque las ratas hambrientas se aseguran de que sus vidas sean fugaces.

 

Le imploro, rey Carlos, que visite la prisión de Su Majestad en Belmarsh, porque sería un honor digno de un rey. Al embarcarse a su reinado, recuerde siempre las palabras de la Biblia King James: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7). Y que la misericordia sea la luz que guíe su reino, tanto dentro como fuera de los muros de Belmarsh.

 

Lo saluda atentamente, su vasallo,

Julian Assange

(Traducción Jorge Majfud)

 


domingo, 7 de mayo de 2023

EL FMI Y SUS HUÉRFANOS IDEOLÓGICOS POR ALVARO GARCÍA LINERA

 





Hubo un tiempo en el que las “recomendaciones” del FMI sobre como reorganizar la economía eran leídas, defendidas y ejecutadas como si tratara de un mandato divino. Eran los años 90s del siglo pasado cuando cada estudio del curso de la economía mundial o convenio alcanzado con tal o cual país, no solo emanaba un enjundioso optimismo histórico con lo que se estaba proponiendo, sino que, además, venia acompañada de una apodíctica y eficiente difusión piramidal que iba de ministros de economía, a parlamentarios; de asesores económicos de gobiernos; a reconocidos empresarios locales; de prestigiosas universidades a comentaristas de televisión y periódicos; de académicos a tertulianos de café, que se relamían los labios con cada frase, con cada dato, con cada sugerencia de este organismo internacional.

 

Eran los tiempos del “gran consenso social” tejido por una profusa red molecular de opinión pública dedicada a consentir que los sacrificios colectivos de la pérdida de derechos, de la expropiación de bienes públicos y el abandono estatal, iban a redimirse con un brillante éxito individual de volverse empresario, accionista o director de empresa. 

 

Privatizar todo, desproteger todo y dejar que el libre mercado se encargue del resto eran los credos fundadores de un nuevo mundo de emprendedores, al que inmediatamente los clérigos de esta religión acompañaban, en medio de responsos e incienso, con frasecitas huecas como “achicar el estado para agrandar la nación”, “país de ganadores”, “distribución por goteo” o “fin de la historia”.

 

Pero al despuntar el siglo XXI todo comenzó a fracturarse. La pobreza, escondida debajo del tapete del “emprendedurismo” salto por los aires. Las desigualdades brutales quebraron consensos y el libre mercado corría a arrodillarse ante el Estado para demandar rescates financieros o subvenciones; primero ante la crisis de las hipotecas sub-prime; luego ante el gran encierro del covid-19; luego ante el poderío productivo de China; luego ante la elevación de los precios de los combustibles; luego ante los quiebres bancarios; luego ante el cambio climático. La excepcionalidad ha devenido en regla.

 

Y ahora resulta que, de ese gran principio supremo ordenador del capitalismo tardío, el “libre mercado”, ya no queda nada más que la nostalgia. El 2020, el Estado ha salvado a las empresas y a las bolsas de valores de las grandes economías del norte. El comercio mundial y los capitales transfronterizos han ralentizado estructuralmente su crecimiento; las subvenciones a la energía, los alimentos y el consumo han desplazado a la libre oferta y demanda. La “seguridad nacional” o el expansionismo geopolítico han asesinado a la ley de la oferta y demanda para definir los precios de los combustibles, de las redes de telecomunicaciones, de los microprocesadores o de la transición energética.

 

Europeos y norteamericanos premian con dinero público a los empresarios que retraen sus cadenas de valor a cada país y castigan la eficiencia de la externalización de los costos. 

 

El globalismo está siendo sustituido por el nacionalismo económico y la geopolítica.

 

Esto lo sabe el FMI. Y lo lamenta infinitamente. En un reciente estudio (Fragmentation geoeconomic and the future of multilateralism), hace un recuento de este catastrófico retroceso del libre mercado. Muestra como después de un largo flujo globalista que va de 1980 al 2010, se ha entrado en un reflujo que puede durar décadas. Para ello brinda datos del retraimiento del comercio mundial de bienes, servicios y finanzas, con respecto al PIB, de un 45% a un 33%. El incremento mundial, hasta en un 400%, de medidas restrictivas y proteccionistas. Habla de encuestas que revelan el sustancial aumento de la desconfianza social con la globalización (50%) y el crecimiento de la demanda de medidas proyectivas (33%).

 

El estudio también proporciona datos sobre del terremoto en los imaginarios colectivos que está acompañando todo esto al comprobar como es que las palabras de “seguridad nacional”, “nearshoring” o “deslocalización” está sustituyendo de manera abrumadora el viejo léxico mercantilista en las instituciones internacionales, empresarios y directivos de empresas. Para rematar este panorama adverso, en el último informe de abril sobre la economía mundial (World Economic Outlook), muestra cómo es que la inversión extranjera directa de haber alcanzado un 5% con respecto al PIB el año 2008, ha caído a menos del 2% el 2022. Para ensombrecer el efecto de estos hechos, los informes también señalan que estas “desgracias” traerán una posible caída del PIB mundial del orden del 2 al 7% en los siguientes años. Pero, a pesar de esto, no le queda más que admitir que lejos de tratarse de un recodo en el camino que será enderezado por un inmediato y triunfal regreso del libre mercado, esta “slowglobalization” es un hecho estructural y de largo aliento.

 

Decir estas cosas a una institución que durante décadas fue el oráculo del triunfo inevitable del libre mercado, no es fácil. Acarrea traumas internos, frustraciones existenciales y una catarata de contradicciones casi paranoicas.

 

Esto ya se hizo manifiesto el 2020, cuando al finalizar el “gran encierro” ante la pandemia, el FMI recomendó a los gobiernos de los países, subir los impuestos a los ricos y aumentar la inversión pública, tanto en protección social como en capital (World Economic Outlook, 2020); exactamente todo lo contrario de lo que había exigido todos los 40 años previos. Más desconcertante es aun comparar las anteriores imposiciones a los países en “vías de desarrollo” para que levanten barreras arancelarias, abran sus mercados y acepten un mundo sin “perjudiciales” fronteras, con la nueva teoría fondomonetarista del semáforo de “compromisos diferenciales” (Outlook, 2023) en el que cada país podrá optar, de manera “pragmática”, por acuerdos comerciales sin restricciones allá donde existen acuerdos globales (semáforo en verde); acuerdos regionales, donde no hay alineamiento extendido de preferencias (semáforo en amarillo); y medidas protectoras unilaterales, donde cada gobierno opta por sus propios intereses internos (semáforo en rojo).

 

Pero donde esta inversión lógica del mundo llega a groseras antinomias es cuando, en el mismo documento se ofrecen dos caminos antagónicos para un mismo problema.

 

Frente a la crisis de la deuda soberana que en los últimos 5 años se ha disparado en todo el mundo, el FMI exige, por una parte, la “consolidación fiscal”, eufemismo para reducir la inversión pública, contraer gastos sociales y despedir personal, como lo intenta imponer en Argentina. 

 

Pero, por otra, le dedica todo un capitulo para demostrar que por experiencia histórica comparada en 33 economías de mercado emergentes y 21 economías desarrolladas, entre 1980 al 2019, los casos de contracción fiscal no han generado una reducción significativa del endeudamiento. Y, por el contrario, los datos facticos muestran que la expansión del gasto fiscal dirigida a aumentar el PIB mediante un “choque positivo de oferta y demanda” reducen notablemente los índices del endeudamiento público hasta en un tercio. Ciertamente esto una obviedad. Solo haciendo crecer la economía y los ingresos que tiene el Estado, se puede recudir los porcentajes de deuda y pagar los créditos; más aún en un mundo en que hay un repliegue estructural de la inversión extranjera que está optando por refugiarse en los países económicamente más fuertes, por las altas tasas de interés que otorgan y la incertidumbre económica que ha corroído cualquier atisbo de confianza en el porvenir.

 

Milton Friedman, guía espiritual de los tiempos neoliberales, recomendaba saber “cuando la marea está cambiando” para poder volver efectiva una doctrina económica. Se refería a tener la sensibilidad para comprender los cambios en la opinión pública, en la atmosfera intelectual y en la gente común. Él lo supo percibir en los años 70s, cuando el armazón keynesiano se desmoronaba y, junto con otros, pudieron irradiar el nuevo credo económico. Pero está claro que hoy, para comprender el nuevo “cambio de marea”, sus acólitos del FMI no lo están haciendo con suficiente perspicacia.

 

Pero donde el desquiciamiento cognitivo es mucho mayor, es en los hijos ideológicos de los organismos internacionales del orden globalista. Portadores de un entusiasmo liberal que compensa un recortado talento, todo el ejército de “analistas económicos”, consultores, profesores, políticos y promotores del libre mercado que bebían del dogma derramado desde el FMI o el BM, han quedado descocados. Su mundo plano se está hundiendo y no entienden por qué.

 

Unos han optado por el estupor paralizante. Se sienten traicionados por una realidad que no se adecuó a sus profecías y les cambió las preguntas a sus respuestas.

 

El resultado es el desconcierto ante una sociedad que ha extraviado su rumbo.

Otros han devenido en espectros llorosos de un orden económico que se está desvaneciendo junto con sus certidumbres y, ante la evidencia, no queda más que aferrarse a los recuerdos melancólicos de unos compromisos para los que la historia aún no estaba preparada.

 

Y finalmente están los hijos zombis, Se trata de criaturas despiadadas nacidas y alimentadas por un tiempo histórico, unos paradigmas y unas circunstancias económicas que hoy ya no existen más.

 

El consenso y optimismo globalista que les infundía vida ha muerto al igual que ellos. Pero aún no se han dado cuenta o no lo aceptan; y deambulan furiosos fagocitando las hilachas corrompidas del viejo orden arrastrado por la inercia y el viento. A diferencia del espectro, que solo vagabundea por los rincones de las conciencias patéticas, el zombi es violento y destructor.

 

Como ya no busca seducir con el libre mercado sino imponer y sancionar a sus detractores, se proponen “dinamitar” las reglas económicas; compite por la rapidez de “terapias de shock” y, hasta hay quienes resucitan chapuceras propuestas de “vouchers” educativos. Son iliberales dispuestos a defender un liberalismo a palos.

 

Con todo, representan la memoria fósil de un fracaso que condujo a los estallidos continentales del 2001-2003. Con la agravante que, a diferencia de entonces, prometen no ser “blandos” y poner en regla a los revoltosos, es decir, más desastres es espiral. Quizá a eso se refería Gramsci cuando hablaba de las expresiones morbosas o monstruosas de una hegemonía desfalleciente propia de un “interregno”.

 

INGRESO BÁSICO UNIVERSAL O EMPLEO GARANTIZADO * DEBARTE CENTRAL DE LA ARGENTINA ACTUAL * LIBRO * AUTORES: NOEMÍ GIOSA ZUAZUA - ANA RAMERI - CLAUDIO LOZANO Y HORARIO FERNÁNDEZ * PROLOGO

 




A continuación compartimos un fragmento del prólogo.

 

¿Por qué sí el Ingreso Básico Universal y por qué no su exclusividad? (Fragmento del prólogo)

 

Se entiende por Renta Básica Universal (RBU) al paradigma que incorpora en los esquemas de protección social el derecho a un ingreso incondicional a todas las personas sin restricciones.

 

También se lo conoce como Ingreso Ciudadano (IC) para señalar que la condición de ciudadanía es suficiente para acceder al mismo.

 

En nuestra propuesta (IPyPP-CTA-A) la RBU se compone de tres instrumentos según franjas etarias de la población: la asignación universal por hijo para la población menor de 18 años, un Ingreso Básico Universal (IBU) para la población entre 18 y 65 años y un haber mínimo garantizado para la población de 65 años y más.

 

Nuestro país ha realizado avances importantes en los grupos de los más jóvenes y de los adultos mayores pero mantiene pendiente la conformación de una red de ingresos que pueda proteger a la población en edades centrales.

 

Un ingreso básico universal, que no requiera una contrapartida de empleo en el caso de la población en edades centrales, es la única manera de hacer efectivo el derecho a la existencia en economías monetarias como las contemporáneas.

 

Actualmente ese derecho está intermediado por los requerimientos de mano de obra que dependen de las demandas del capital, o por las posibilidades presupuestarias del sector público.

 

De esta manera el empleo se vuelve una variable dependiente de la rentabilidad empresarial con lo cual el quantum de la disponibilidad de inserciones laborales no es otra cosa que el empleo “rentable” para el esquema de negocios.

 

Si a ello le sumamos el desarrollo exponencial de las fuerzas productivas derivadas de las tecnologías del nuevo siglo, gestionadas bajo el paradigma de ahorro de mano de obra vigente, el destino ineludible es a la racionalización de los puestos de trabajo y la consiguiente amenaza a los modos vivibles de la existencia humana.

 

Por otra parte, se produce una paradoja. A la menor disponibilidad de la forma salarial del empleo se le opone una multiplicación de formas de manifestación del trabajo vivo en la producción de riqueza social, e incluso en la producción mercantil concebidas a raíz de las nuevas técnicas de captura de valor en el capitalismo.

 

Lejos de que se concrete el «fin del trabajo» como lo afirma Rifkin (1995)en su famoso libro, lo que aparece con la crisis de la sociedad salarial, es una cartografía fuertemente variada y heterogénea de prácticas y actividades humanas que sostienen a la vida y al sistema económico.

 

En concreto, el conjunto de actividades que se vinculan con formas de trabajo autónomo y de autogestión, que asume realidades variadas, pero que en general se sitúan en actividades que satisfacen aspectos de la reproducción social que el esquema de negocios no atiende debidamente (como el reciclaje urbano, la venta ambulante, la producción casera de alimentos, reparaciones diversas, etc.).

 

Asimismo, en contextos de fuerte deterioro de las redes públicas de protección y de escasas oportunidades de empleos, se intensifican las tareas de cuidado y derraman por sobre los confines del hogar promoviendo estrategias comunitarias y colaborativas (por ejemplo, comedores y merenderos comunitarios; servicios de salud en barrios populares).

 

Se abre también, conforme al avance de la digitalización en la comunicación, otro conjunto de actividades pero también con estrecha vinculación con un aspecto específico de reproducción social,’ que consiste en la producción social de información y conocimiento acumulado en infraestructuras digitales.

 

Todo un conjunto amplio y diverso de trabajo humano que participa de distintos modos en la formación de la tasa de ganancia de la economía y que por ejemplo, en el caso particular de las actividades que tienen lugar en el ámbito de la economía de plataformas digitales, el oligopolio de la industria de datos sabe traducirlas en valores mercantiles y renta tecnológica sin contrapartida retributiva.

 

Así como la posibilidad de acceder a un salario queda asociada a una contrapartida laboral bajo el imperio de la moral del trabajo (esfuerzo-recompensa), lo cierto es que nunca el monto salarial tuvo que ver con la contribución individual de cada cual al proceso productivo.

 

Ello, que siempre fue así, hoy lo es más que nunca, ya que asistimos a una etapa en la cual el conocimiento y los atributos humanos (relacionales, lingüísticos, etc.) puestos al servicio de la producción son efectos de la inteligencia colectiva de una comunidad.

 

La cooperación social en la cual se pone en movimiento la dimensión cognitiva y humana del trabajo desborda, así, los tiempos de la jornada laboral entendida convencionalmente pero multiplica la productividad de quienes se ven inscriptos, voluntaria o involuntariamente, en procesos de valorización de capital.

 

En definitiva, la asimetría de las retribuciones al trabajo desconoce que detrás del aporte individual existe un creciente soporte social, y en la medida que esa contribución no sea reconocida, la consecuencia será continuar alimentando las distintas formas que asume la renta (tecnológica, financiera, etc.).

 

Para ponerlo en términos más sencillos: el ingreso básico universal que aquí se propone es la contrapartida retributiva de carácter social a trabajos múltiples y actividades humanas socialmente útiles que ya se realizan pero que no son debidamente reconocidas.

 

Sin embargo, existen también razones que nos llevan a identificar algunos límites que una propuesta de estas características tiene en contextos específicos.

 

En primer lugar, hay que tener presente que un ingreso incondicionado es un instrumento de transición hacia un modelo alternativo y no un fin en sí mismo, con lo cual una de las advertencias nodales para inscribirlo en economías sometidas a la injerencia prolongada de políticas neoliberales que desguazaron los sistemas de seguridad social, es evitar que se transforme en un medio para profundizar la mercantilización de cada vez más aspectos de la vida.

 

En este sentido, la interacción de un ingreso garantizado con la restauración de las instituciones que proveen bienestar como el sistema de salud, educación, vivienda, cuidados, entre otros, es fundamental para no tergiversar el horizonte transformador que le asignamos.

 

Por otra parte, la implementación plena de este instrumento, es decir, un ingreso universal que se pague a todas las personas ciudadanas de un país, requiere de una estrategia temporal que coordine de manera muy precisa la modificación de los esquemas tributarios.

 

No por razones de financiamiento sino por motivos específicamente redistributivos ya que la sustitución de los actuales programas de transferencias de ingresos condicionados (o planes sociales) por un ingreso universal, produciría un efecto neto que implicaría una mayor inyección relativa de dinero en las capas medias y altas de la población.

 

Asimismo, la línea de indiferencia que requiere esta alternativa, esto es que el Estado tenga la capacidad de recuperar vía impuesto a la renta sobre los estratos de mayor poder adquisitivo lo transferido, se ve seriamente opacado en el marco de un sistema tributario local que sólo captura entre el 8% y el 9% de la renta de las personas físicas que pertenecen al decil más rico y cuya evasión equivale al 20% de la recaudación tributaria total.

 

En este sentido, una implementación en etapas que vigile el espíritu redistributivo requiere de una alternativa para mejorar los ingresos del conjunto de los hogares y completar, en un dispositivo integrado, una red universal de ingresos efectiva de manera inmediata por alguna de ambas vías.

 

Porque, por otra parte, así como la inserción en el mercado de trabajo es extorsiva toda vez que sea la única vía para acceder a un ingreso que asegure la existencia, ejercer la opción por un empleo que satisfaga además otros deseos, aspiraciones y necesidades humanas es atendible, más aún, cuando el status de las opciones laborales disponibles en el mercado de trabajo actual está tan devaluado.

 

¿Por qué sí garantizar empleo por la vía de un Salario Social de Empleo y Formación y por qué no su exclusividad?

 

Son tres las razones fundamentales a favor de la creación de un programa de empleo garantizado que contenga la posibilidad de acceder a un Salario Social de Empleo y Formación: la reconstrucción de bienes y servicios sociales para el bienestar, la creación de un nuevo actor en la producción y la fijación de un efectivo piso salarial en el mercado laboral.

 

Respecto a la primera razón debe considerarse que la persistente crisis que atraviesan las grandes áreas del Estado Social, especialmente la relativa a la producción de bienes y servicios públicos de consumo universal como la salud, la educación, la infraestructura social, la red de cuidados, entre otros, puede revertirse con una política pública dirigida.

 

El punto central es poder orientar los esfuerzos para reunir la diversidad de actividades que se vienen realizando en algunas de las áreas sociales, desde los distintos niveles del sector público incluyendo lo realizado por las organizaciones sociales que auto-gestionan su trabajo, para multiplicar el alcance, coordinar las tareas en función de un mapa de necesidades objetivo a través de la conformación de un Área de Economía Pública y Social (AEPS) de administración y gestión participativa (no exclusivamente estatal).

 

Esta es la vía que permite reponer las garantías sociales socavadas durante décadas a la población que para sostener o reforzar el acceso universal y des-mercantilizado no pueden atenderse mediante transferencias de ingresos a la población.

 

Forman parte de aspectos fundamentales de la pobreza multidimensional y colabora en quebrar la reproducción intergeneracional de ésta.

 

Por otro lado, y pasando al segundo aspecto, la creación del AEPS significa la fundación de un nuevo sujeto económico, que no pertenece ni a la esfera exclusivamente estatal ni al sector privado, ya que se conformaría con la participación de actores de la Economía Social y Popular (unidades asociativas y auto-gestionadas, el movimiento cooperativo, empresas recuperadas, etc.), las pymes, el Estado y los/as trabajadores/as involucrados/as con el objetivo de actuar como motor de desarrollo de las inversiones sociales necesarias al tiempo que brinda oportunidades de integración a la fuerza de trabajo en procesos de producción, trabajo y formación definidos.

 

Ello supone la rediscusión del proceso de inversión y de una cuota nada menor del excedente económico local que confronta abiertamente con el uso dominantemente internacionalizado del capital concentrado.

 

Requiere de la incorporación de instrumentos tributarios que permitan captar parte de la renta nacional, así como también la creación monetaria que será realizada.-