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domingo, 24 de marzo de 2024

EL TRABAJO HUMANO *** Autor: WALTHER NEIL BÜLER*** CONCEPTO Y VALORACIÓN - EL TRABAJO COMO DERECHO Y DEBER SOCIAL - LA DIGNIDAD DEL TRABAJO -DOCTRINAS POLÍTICAS - LIBERALISMO - SOCIALISMO - COMUNISMO -ANARQUISMO _ CORPORATIVISMO - NEO-LIBERALISMO - NEO-CORPORATIVISMO -

 



EL TRABAJO HUMANO

CONCEPTO Y VALORACIÓN

 

"Ganarás el pan con el sudor de tu frente"  El conocido precepto bíblico nos recuerda que en la antigüedad el trabajo era considerado como un castigo.

 

Es por ello que el origen etimológico de las palabras que en los distintos idiomas identifican al trabajo, generalmente tienen significados vinculados con situaciones penosas.

 

Así nuestro vocablo castellano: "trabajo", (del mismo origen del italiano, "trabaglio"; del portugués "trabalho" y del francés "travail"), significa etimológicamente: obstaculizar, trabar.

 

Algunos filólogos lo vinculan con el "tripalium" latino, que era una especie de yugo y también elemento de tortura.

 

 Hoy, sin embargo, se ha revalorizado la función del trabajo.

 

Se sostiene  que "es un bien escaso", que tiene contenidos económicos, espirituales y sociales, porque posibilita, no sólo el acceso a los bienes y la creación de nuevos bienes sino que promueve el desarrollo integral del individuo y de la comunidad.

En nuestra época el castigo de la divinidad consiste en la privación del trabajo, con su secuela de miseria, desarraigo, pérdida de identidad y valoración del individuo, aislamiento familiar y social, etc.

 

Por algo Lord William Beveridge calificó al desempleo como uno de los "jinetes del apocalipsis".

 

Guillermo  Cabanellas  dice  que  "puede  entenderse  por  trabajo  el  esfuerzo humano, sea físico, intelectual o mixto, aplicado a la producción u obtención de la riqueza".

 

 Preferimos la simple, pero fascinante, definición que trae la Ley de Contrato de Trabajo en su artículo 4º, cuando expresa:

 

“”"El contrato de trabajo tiene como principal objeto la actividad productiva y creadora del hombre en  sí.  

“””Sólo  después  ha  de  entenderse que  media  entre  las  partes una relación de intercambio y un fin económico..."

 

Dice Juan Carlos Fernández Madrid que esta es una norma rectora que da primacía a la persona humana y a su realización.

 

 Probablemente  -según  nuestro  criterio-  esta  sea  la  norma  legal  más importante establecida en el derecho laboral argentino; implica, sencillamente, el triunfo de la dignidad humana sobre las cosas, sobre los meros aspectos económicos.

 

 EL TRABAJO COMO DERECHO Y DEBER SOCIAL

 

Según  señala  Guillermo  Cabanellas (*),  el  dogmatismo  liberal  de  la Revolución Francesa condujo en un aspecto más, de la libertad absoluta

reconocida al hombre, a que el trabajo fuera un derecho individual, tanto en su aspecto positivo (dedicación de la actividad personal a la profesión

elegida) como en el negativo de no desempeñar ocupación alguna.

 

Con distinta motivación, apoyándose unos en el Derecho Natural y basándose otros en la forzosa cooperación que la vida social impone, se establece  que  el  trabajo  es  también,  y  ante  todo,  una  obligación  socialmente exigible.

 

 Así, el trabajo deja de constituir el medio natural y optativo para ganar el sustento diario o para mejorar la posición de cada cual, y se convierte en obligatorio hasta para los poseedores de medios de fortuna bastantes importantes como para no preocuparse por el pan de cada día; y esto, por el  deber  de  contribuir  a  la  mayor  riqueza  y  bienestar  general.  

 

En  este sentido se declara que, si el trabajo es precepto impuesto al hombre por la naturaleza, su cumplimiento será exigible en justicia, porque la voz del deber requiere desenvolver las facultades físicas y espirituales conforme a la estructura orgánica y al ser moral.

 

Aún  sin  alcanzar  el  grado  de  coerción  que  torna  ineludible  el  trabajo por movilización bélica, imperativos de la economía nacional, prestaciones  estatales  o  municipales  con  carácter  de  impuesto  o  penas  que  se traducen en trabajos, forzosos o forzados, el trabajo se ha erigido genéricamente en  obligación de  carácter  social  para  todos  los  habitantes  del país en condiciones físicas de prestar servicios útiles.

 

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO


Siguiendo al mismo autor (Cabanellas) recordamos que el trabajo fue denigrado  en  la  sociedad antigua  y  medieval,  habiéndose  reducido  su  apreciación  al  enfoque  económico  de  una  mercancía.  

 

Fue  la  Doctrina Social  de  la  Iglesia,  iniciada  por  León  XIII  en  1891  (aunque  es  consecuencia  de  antiguas  tradiciones  cristianas)  la  que  revalorizó  el  trabajo señalando en su Encíclica Rerum Novarum que:

    “”"El  trabajo  común según  el  testimonio  de  la  razón  y  de  la filosofía cristiana, lejos de ser un motivo de vergüenza hace honor al hombre, porque le proporciona un medio noble de sustentar su vida"””.

 

 En los tiempos modernos se alza un coro de alabanzas al trabajo, entre las voces más notorias preciso es recordar a Juan Bautista Alberdi (considerado un visionario del Derecho del Trabajo, al punto de que la Universidad de Tucumán ha puesto su nombre al Instituto de Derecho Laboral)

quien decía

“”"La tierra es la madre; el hombre es el padre de la riqueza. En la maternidad de la riqueza no hay generación espontánea. No hay producción de riqueza si la tierra no es fecundada por el hombre. Trabajar es fecundar. El trabajo es la vida, es el goce, es la felicidad del hombre. No es un castigo... Trabajar es crear, producir, multiplicarse en las obras de su hechura: nada puede haber más plácido y lisonjero para una naturaleza elevada"””.

 

¡Qué contraste de estas expresiones con las del filósofo inglés John Locke quien decía

“”"Cuando la mano se emplea para manejar el arado y la azada, la cabeza raramente se eleva a ideas sublimes...””" (The reasobleness of Christianity)

 

DOCTRINAS POLÍTICAS

 

El análisis de las ideologías que han dominado (y dominan) al mundo nunca ha sido desapasionado.

 

Aún aquellos que han anunciado "la muerte de las ideologías" (Francis Fukuyama: “The End of History and the Last Man”),  revelaron  con  tal  anuncio  su  propia  ideología  y  reavivaron  las llamas de quienes sienten que el hombre debe alimentar el fuego de los grandes ideales.

 

Creemos que negar las ideologías es como desconocer la  existencia  del  amor:  no  lo  podemos  palpar,  pero  existe.  

 

Pero  las ideologías, como toda obra humana, no son perfectas, debemos rescatar de ellas sus aspectos positivos y desechar sus lacras.

 

Todas las ideologías han  sido  utilizadas  por  seres  despreciables:  dictadores  (comunismo  y

socialismo),  genocidas  (corporativismo),  terroristas  (anarquismo), corruptos  e  insensibles  (liberalismo);  pero  ello  no  debe  cegarnos  en advertir  que  todas  ellas,  han  tenido  algún  aspecto  beneficioso  para  la humanidad  y  que  han  sido  inspiradas  por  hombres  que  pretendían  un  mundo mejor.

 

 LIBERALISMO

 

No hay duda que la Revolución Francesa, al margen de la gravitación del pensamiento de la Ilustración fue la respuesta coherente a una suerte de tensión que la sociedad europea venía experimentando desde el ocaso del absolutismo monárquico que no se resignaba a compartir el poder ni a hacer prudentes concesiones a las ascendentes clases burguesas.

 

Coincide  la  Revolución  Francesa,  cronológicamente,  con  el  nacimiento de la Revolución Industrial, de allí su profunda repercusión en el ámbito de las relaciones laborales.

 

 El liberalismo surgido a consecuencia del triunfo de la Revolución Francesa, implanta el principio fundamental de la libertad de trabajo, garantizando la autonomía de la voluntad de los contratantes en la celebración del contrato de trabajo.

 

Las consecuencias del liberalismo en materia social  son  harto  conocidas.  

 

Privados  los  trabajadores  de  una  legislación protectora y proscripto el derecho de Asociación profesional por la ley Le Chapelier,  los  trabajadores  se  vieron  sometidos  a  condiciones  inhumanas de trabajo, porque a causa del abstencionismo estatal, quedaron librados a sus propias fuerzas para contratar condiciones dignas de trabajo.

 

El Estado, influido por el liberalismo de la Revolución Francesa, organizado para proteger los intereses de la burguesía capitalista, se "abstenía" de intervenir en las relaciones de patrones y obreros, dejando que se las arreglaran de acuerdo al libre juego de sus conveniencias recíprocas.

 

 El liberalismo económico asimiló el trabajo humano a una mercancía y, por consiguiente el precio de ésta quedó sometido a los vaivenes de la

conocida ley de la oferta y la demanda.

 

Consecuentemente, en la práctica, la aplicación de la explotación del hombre por el hombre, con todas sus nefastas consecuencias sociales.

 

SOCIALISMO

 

Según señalaba La  Tour du  Pin (Hacia un  orden  social Cristiano)  

“”"El liberalismo  ha  engendrado  al  socialismo  como  consecuencia  ineludible de sus doctrinas y reacción obligada de sus prácticas"””.

 

 El  socialismo  ha  atravesado  distintas  etapas,  iniciándose  con  la  fase utópica de Tomas Moro y Campanella, siguiendo un período romántico con Saint Simon, Fourier y Proudhon, avanzando con la científica de Marx y  Engels  para  culminar  con  la  etapa  revisionista  o  parlamentaria  de Bernstein, Lasalle y Mac Donald.

 

 En  su  esencia  la  ideología  socialista  postula  para  la  solución  de  los problemas sociales, la abolición de la propiedad privada, la socialización de los medios de  producción capitalista y el trabajo obligatorio para  todos.

 

 COMUNISMO

 

En una noción amplia se entiende por comunismo la doctrina social y política  basada en la comunidad general de bienes y  el  movimiento  de

masas que propugna  la  abolición de la propiedad privada  y la  instauración de la "dictadura del proletariado".

 

En los hechos el comunismo accedió al poder con la Revolución Rusa de Octubre de 1917, (años más tarde en  China)  la  que  para  consolidarse  desestimó  el  ejercicio  de  la  democracia instaurándose una burocracia que aterrorizó a la mayor parte de la  población.  

 

Los  comunistas  nunca  pudieron  explicar  las  bondades de su "paraíso" frente al muro de Berlín. Sin embargo, la caída del muro no debe verse sólo como el fracaso del comunismo, sino también como fruto de la convergencia de los sistemas ya que el Capitalismo evidentemente se humanizó y se "socializó" en el curso de este siglo.

 

ANARQUISMO

 

El anarquismo coincide con el comunismo en la idea de la supresión de la propiedad privada, pero se diferencian en que el anarquismo propone también las supresión violenta del Estado, propugnando un régimen libre donde no haya leyes ni autoridades.

 

El nuevo régimen sería comunista-libertario, no autoritario como el soviético.

 

El  anarquismo  tuvo  como  representantes  más  destacados  a  dos  nobles  rusos:  el  príncipe  Kropotkine  ("rebelaos  contra  todas  las  leyes")  y

Bakounine  ("la  libertad  es  el  fin  supremo  de  todo  desarrollo  humano"), ambos hombres de ciencia.

 

El anarquismo tuvo  una influencia poderosa en  el movimiento obrero entre 1870 y 1930, luego comenzó a declinar hasta su práctica desaparición en la actualidad.

 

 CORPORATIVISMO

 

Dice  Deveali  que  es  interesante  señalar  los  elementos  tan  dispares que coexisten  en  el  fascismo;  su  doctrina  política  es de  negación  de  la democracia, de exaltado nacionalismo, y su dictadura representa una forma  de  Estado  totalitario  y  autoritario,  sin  embargo  su  doctrina  social  a través del derecho corporativo permitía a los trabajadores por medio de sus organizaciones sindicales una amplia participación en la política económica  y  social.  

 

Incluso  el  régimen de  Mussolini  estableció  en  abril  de 1927 la "Carta del Lavoro" (Carta del Trabajo) que establecía una amplia gama de derechos en favor de los trabajadores.

 

El fascismo instituyó una organización del trabajo basada en la existencia de sindicatos únicos por profesión, sometidos a un estricto control del Estado, al punto de ser consideradas  entidades  de  derecho  público.  

 

El sindicato  no  sólo  perseguía fines económicos sino culturales y patrióticos.

 

Los sindicatos se agrupaban en 4 confederaciones que abarcaban todas las actividades económico-sociales del país, que integraban organismos mixtos con otras 4 confederaciones empresarias.

 

Esta conjunción daba lugar a las corporaciones, cuyo consejo nacional era algo así como el estado mayor de la economía italiana.

 

 El nazismo adoptó varias de las ideas del corporativismo pero se diferenció  fundamentalmente  por  su  pensamiento  anticristiano  y  racista.

 

Ambos regímenes cayeron estrepitosamente con su derrota en la Segunda Guerra Mundial, aunque varios países imitaron tanto la estructura laboral como el sistema dictatorial (Portugal de Antonio Salazar, España del "Generalísimo" Franco).

 

Cabe acotar que Juan Domingo Perón también se manifestó simpatizante del fascismo, y de hecho el  “modelo sindical argentino” es –indudablemente- tributario de esa ideología.

 

 NEO-LIBERALISMO

 

Como directa consecuencia de la crisis energética que en la década de los "70” afecta seriamente las economías de los países industrializados, resurgen  las  ideologías  que  culpan  a  la  intervención  del  Estado  como causante de todos los males al “alterar morbosamente las leyes del mercado”.

 

Esas ideologías tienen su correlato en el ámbito laboral en las ideas de "flexibilización" que más adelante analizaremos.

 

 En 1962 la Universidad de  Chicago publicó la  obra "Capitalismo y Libertad" que junto con "Libertad de Elegir" conforman un poco la "biblia" de este  nuevo  dogma.  Su  autor  Milton  Friedman,  en  colaboración  con  su esposa Rose, fue galardonado, en 1976, con el Premio Novel en Materia Económica.

 

 Friedman  formula  una  reivindicación  expresa  de  Adam  Smith  y  una encendida  crítica  al  Estado  de  Bienestar  propulsado  por  el  presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt.

 

En el ámbito de las relaciones laborales  Friedman  sostiene  que  el  secreto  del  crecimiento  de  la  clase obrera  en  Estos  Unidos  obedece  a  la  vigencia  del  mercado  libre, formulando  una  encendida  crítica  a  las  asociaciones  sindicales  (en especial a las que nuclean a los médico).

 

 Con  una  especie  de  efecto  "dominó"  los  distintos  países  han  ido abandonando distintas funciones del Estado en el entendimiento de que la mayoría de ellas resultarán más eficientemente administrada en manos privadas.

 

Este es indudablemente un tema polémico, sobre el que -a la luz de la experiencia argentina- cada uno debe tener  su  comprometida opinión.

 

NEO-CORPORATIVISMO

 

En algún viaje al extranjero nos sorprendieron los profesores italianos que hacían referencia constante y no peyorativa al "neo-corporativismo".

 

Luego de hacerles notar nuestra sorpresa entendimos que para ellos tal palabra  no  contiene  una  carga  emotiva  o  peyorativa  como  en Latinoamérica.

 

En una oportunidad el profesor Gino Giugni (ex Ministro de Trabajo de Italia y ex Senador por el Socialismo) nos explicó que con el término  neo-corporativismo  sólo  se  hace  referencia  a  los  mecanismos tripartitos  de  negociación  y  participación  entre  el  Estado  y  las organizaciones  obreras  y  empresarias.  

 

La  principal  diferencia  es  que estas organizaciones son independientes del Estado.

 

 A diferencia del liberalismo o del neo-liberalismo, el neo-corporativismo propugna la participación de los actores sociales y la concertación para la elaboración de las políticas del Estado.

 

Ello ha dado lugar en la mayoría de  los  países  de  Europa  a  la  celebración  de  "Pactos  Sociales"  y  a  la creación permanente de organismos de concertación como el  "Consejo Económico-Social". 


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