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miércoles, 22 de marzo de 2017

GIORGIO AGAMBEN - ***El libro de la Semana por Damián Tavarovsky: “Gusto”, de Giorgio Agamben (27/01/17) - EL GUSTO, EL PODER, LAS INSTITUCIONES, LA HISTORIA, LAS CLASES SOCIALES - GUSTO GANADOR Y GUSTO PERDEDOR - GUSTO DOMINANTE Y GUSTO DOMINADO - GUSTO Y HABLA COTIDIANA - TEMA FILOSÓFICO, TEORIA DE LA ESTETICA - EL ENIGMA DEL GUSTO - HOMO ESTETICUS, HOMO ECONOMICUS -


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27/01/2017 CRÍTICA

El Libro de la Semana por Damián Tavarovsky: “Gusto”, de Giorgio Agamben

En el año 1979, un joven Giorgio Agamben de 37 años, publica en la Enciclopedia Einaudi un breve ensayo llamado “Gusto”, en el que recorre esa tradición de un modo exhaustivo y erudito.

Por Damián Tabarovsky


“Sobre gustos no hay nada escrito”, dice el refrán. Sin embargo, desde los griegos en adelante hay escrito una biblioteca entera sobre el tema. 

Tal vez el refrán remita a que no hay un gusto que valga más que otro, a que todas las opiniones valen igual, como una especie de ilusión de igualdad democrática que olvida que en el gusto también se cuela el poder, las instituciones, la historia, las clases sociales. 

Hay gustos dominantes y otros subalternos. Hay gustos olvidados y otros publicitados diariamente. 

Hay combates por el gusto, con ganadores y perdedores: podríamos decir, con un eco nietzscheano, que el gusto ganador lo primero que hace es borrar las huellas de que precisamente hubo un combate, para volverse así sentido común naturalizado, doxa, habla cotidiana. 

El habla cotidiana de nuestro tiempo está marcada por el imperativo casi totalitario del gusto. Todo está hecho para que nos guste, para seducirnos. El gusto entra por la lengua. Es el habla cheta que usa la palabra divertir en lugar de querer, desear, interesar, o incluso propiamente gustar (“Te ofrezco esta propuesta. ¿Te divierte, entonces?”). 

Gusto es también la palabra fetiche de Facebook (Me gusta). Es por supuesto también la clave de los buenos modales y la elegancia estándar.

Pero el gusto es, ante todo y sobre todo, uno de los grandes temas de la filosofía y la teoría estética. 

Dejando atrás a la sociología impresionista –que impregnó los párrafos anteriores de esta reseña- el gusto como problema ha sido fuente de las reflexiones más agudas de la filosofía clásica y, luego, del pensamiento moderno y contemporáneo. 

En el año 1979, un joven Giorgio Agamben de 37 años, publica en la Enciclopedia Einaudi un breve ensayo llamado “Gusto”, en el que recorre esa tradición de un modo exhaustivo y erudito, es decir, cumpliendo con todos los requisitos para una entrada en una enciclopedia, pero permitiéndose también más de un recodo, de una digresión, de una torsión que bien anticipa varios de los libros fundamentales que escribiría años después. 

Es ese texto que ahora Adriana Hidalgo Editora publica en castellano, traducido por Rodrigo Molina-Zavalía, en la muy bien pensada colección Fundamentales, que presenta textos breves de ensayistas destacados (Marc Augé, Étienne Balibar, etc.) sobre algún tema puntual, titulado siempre con una sola palabra (“Futuro”, “Ciudadanía”, etc.)

En un recorrido que va de Platón a Lévi-Strauss, Agamben no puede dejar de hacer centro en Kant, en un concepto que reaparece una y otra vez: enigma (“Kant identifica desde las primeras páginas de la 'Kritik der Urteilskraft'-1790- el ‘enigma’ del gusto en una interferencia entre saber y placer”). 

El gusto es un enigma porque remite a la pregunta por la división del conocimiento, a la pregunta de si es posible “una reconciliación de la fractura que pretende que la ciencia conoce la verdad pero no goza de ella y que el gusto goza de la belleza sin poder dar razón de ella”. 

A partir de esa escisión, de esa indeterminación, Agamben avanza por el desfiladero de ese enigma, hasta llegar a una conclusión: 

“Lo bello es un excedente de la representación por sobre el conocimiento y es precisamente ese excedente lo que se presenta como placer”. 

Agamben introduce aquí a Lévi-Strauss, y detrás de él a Marcel Mauss, y nosotros intuimos que también está pensando en Bataille y en la noción de “gasto” (depense) y por supuesto en Marx, sobre el que unas páginas después dirá unas palabras notables: 

“Así como la estética tiene por objeto el saber que no sabe, de igual forma la economía política tiene por objeto el placer que no se goza (…) Homo aesteticus y Homo economicus son, en un cierto sentido, las dos mitades, las dos fracciones (el saber que no se sabe y el placer que no se goza) que el gusto había intentado por última vez mantener unidas en la experiencia de un saber que goza y de un placer que sabe”. 

No deja de ser interesante reparar en cierta sincronía con otros pensamientos europeos de esos años –en particular franceses- que también merodean en torno a la pregunta por el gusto, por lo bello, e incluso por lo sublime (asunto curiosamente ausente en el texto de Agamben). 

En Leçons sur L’Analytique du sublime, las clases de Jean-François Lyotard sobre el gusto y lo sublime en Kant, de los años 80, (publicado por la editorial Galilée en 1991, increíblemente aún inédito en castellano) leemos: 

“Hay una suerte de simplicidad, de pobreza en la condición a priori del juicio estético, que lo aproxima a la penuria. Ese minimalismo debería volver inútil, e inclusive nefasto, un ‘método’ de análisis gobernado por las categorías del entendimiento”. 

Para Lyotard, es la imposibilidad de definir al gusto lo que, paradójicamente, lo define, tal como señala Agamben: 

“El concepto de gusto ha sido examinado como la cifra en la que la cultura occidental ha fijado el ideal de un saber que se presenta como el conocimiento más pleno en el instante mismo en el cual se subraya su imposibilidad”.

“Gusto” concluye con la llegada del psicoanálisis, con Freud y luego con Lacan (“el análisis ha venido a anunciar que hay un saber que no sabe…”), que es también el momento de reconocimiento del otro, de otro que -otra vez la palabrita en cuestión- es un enigma. Y por ese hiato, Agamben escribe frases que bien podrían leerse como un programa de su trabajo futuro: 

“No es sorprendente que el hombre moderno cada vez menos llegue a dominar un saber y un placer que, en creciente medida, no le pertenecen. Entre el saber del sujeto y el saber sin sujeto, entre el Yo y el Otro, se abre un abismo, que la técnica y la economía en vano intentan colmar”. 

Aquí ya estamos en el terreno de libros como “Homo Sacer”, o “La comunidad que viene”. “Gusto” también tiene ese atractivo: el de la pequeña pieza breve, como una miniatura de lo que vendrá.

NOAM CHOMSKI - DONALD TRUMP Y LOS GRUPOS DE INTERESES QUE REPRESENTA - (Por: MARÍA HIDALGO - 22-03-2017) - MANIPULACIÓN MEDIÁTICA - PODER E INTERESES EMPRESARIALES - POPULARIDAD BASADA EN EL MIEDO - SOCIEDAD QUEBRADA POR EL NEO-LIBERALISMO - GRAN CRISIS FINANCIERA (1930) - TRANSFERENCIA DE RIQUEZAS A SECTORES MÁS RICOS - GATOPARDISMO DE DONALD TRUMP - LOBO ADVIERTE EL PELIGRO DE LOS LOBOS - GOBIERNO EN LA SOMBRA - DEMOCRACIA PARTICIPATIVA - CANDIDATOS REPRESENTATIVOS DE INTERESES Y GRUPOS DE PODER - EL MUNDO SIN ESPERANZAS -



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MARÍA HIDALGO 22/03/2017
POLÍTICA Y ECONOMÍA

Noam Chomsky es filósofo, escritor, controvertido activista y uno de los lingüistas más brillantes y reconocidos de la humanidad. 

Su trabajo es estudiado en las universidades de todo el mundo, desde facultades de psicología hasta titulaciones lingüísticas, pasando por muchas otras disciplinas. 

En este post os explicaremos brevemente lo que él consideraba como las estrategias más comunes en la manipulación mediática. 

Chomsky siempre ha criticado con dureza a Donald Trump e incluso antes de su llegada a la presidencia, intentó advertir a sus potenciales votantes de qué implicaría otorgarle el poder a alguien con sus intereses empresariales.

En febrero de 2016, Chomsky ya vaticinó la victoria de Trump al explicar que la popularidad del magnate se debía al “miedo” y que es el resultado de una “sociedad quebrada” por el neoliberalismo. 

Chomsky ya ha vaticinado, además, un irreversible y fuerte aumento de los precios en los principales mercados, fomentado por las políticas emprendidas por Donald Trump, que pronto dará lugar a otra grave crisis financiera.

¿Por qué iba un político a querer generar una crisis financiera? Porque siempre que hay una crisis, hay un gran trasvase de dinero de las capas inferiores y medias de la sociedad hacia las capas más altas (que, con cada nueva crisis, son las únicas favorecidas).

Pero esta no es la única gran crítica al magnate, Chomsky va mucho más allá en sus advertencias. En cada entrevista especializada nos recuerda que toda la campaña que Donald Trump enmascara como anti-establishment es simplemente una estrategia de manipulación que le funciona transformando su mayor defecto en virtud: es como un lobo advirtiendo del peligro de los lobos. 

Y tiene razón, al menos en los primeros meses de mandato, Trump está favoreciendo a lo que siempre se ha considerado las instituciones del sistema: los multimillonarios, las grandes instituciones financieras y el ejército.

Las palabras de Chomsky son confirmadas por otros expertos, que esperan un tiempo tumultuoso en el mundo financiero bajo el mandato de Trump. 

Pero no son sólo acusaciones generales, también señala a algunos hombres que forman parte del equipo del presidente, como Steven Mnuchin, procedente de Goldman Sachs, y Gary Cohn, director del Consejo Económico Nacional, que también es un ex miembro del banco de inversión de Nueva York.

“Tan pronto como fue elegido Trump, los valores de las acciones de las instituciones financieras se dispararon hacia el cielo”, recuerda Noam Chomsky.

Lo realmente preocupante y de lo que nadie habla es de quién está detrás de este “político-actor”, su próximo gabinete conservador: Rudy Giuliani, Sarah Palin, Jeff Sessions… Y, de entre todos, el nombre que más desconfianza levanta es el del próximo vicepresidente de Trump: Mike Pence

El gobernador de Indiana tiene a sus espaldas una larga carrera llena de insultos a mujeres, miembros de la comunidad LGTB y, en general, cualquiera que se salga  de los cánones de la ideología más ultraconservadora.

Se define a si mismo como “cristiano, conservador y republicano, en ese orden”. Mike Pence es el político a quien realmente deberíamos temer, porque no solo gobernará en la sombra, sino que si a Trump le pasara algo, accederá al cargo del presidente de forma directa.

Chomsky asegura que su edad, 87 años, le permite comparar la situación actual en la campaña electoral de Estados Unidos con la década de 1930 durante la que Estados Unidos sufrió la llamada Gran Depresión económica, cuando existía objetivamente mayor pobreza y mayor sufrimiento que ahora, aunque también señala una notable diferencia: “una sensación de esperanza, que hoy falta”.

“La democracia participativa presupone la capacidad de la gente normal para unir sus limitados recursos, para formar y desarrollar ideas y programas, incluirlos en la agenda política y actuar en su apoyo”.

“En ausencia de recursos y estructuras organizativas que hagan posible esta actividad, la democracia se limita a la opción de escoger entre varios candidatos que representan los intereses de uno u otro grupo que tiene una base de poder independiente, localizada por lo general en la economía privada”. 
—Noam Chomsky.

En resumen, el mundo se encuentra hoy sin esperanza y al borde de otra crisis (esta vez por culpa de Trump y su gabinete).

martes, 21 de marzo de 2017

ROBERTO ARLT - LOS SIETE LOCOS - (Por: LUIS MIGUEL MADRID) - CAOS SIN SENTIDO NI SOLUCIÓN - ENTRE LA IDEOLOGÍA Y EL DISPARATE - IMPOSIBLE ENCONTRAR SENTIDO A LA VIDA - VACÍO DE IDEALES Y DE ESPERANZA - SOCIEDAD SECRETA - REVOLUCIÓN CIENTÍFICA, SANGRANTE Y DEFINITIVA - RED INSTITUCIONES ÁCRATAS - MISTICISMO INDUSTRIAL - CONCIENCIA DEL FRACASO - ACEPTACIÓN EXISTENCIAL DE UNA VIDA SIN SENTIDO - EXISTENCIALISMO - OBRA SOCIOLÓGICA - INDIVIDUALISMO E IRONÍA DOBLEGAN A LO SOCIAL - NO ESCLARECE POSICIÓN IDEOLÓGICA - DESCALABRO SOCIAL - ARLT BUSCA SOLUCIÓN METAFÍSICA - EXTRAÑO DESDOBLAMIENTO DE LOS PERSONAJES -

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Roberto Arlt

LA OBRA

Los siete locos

Por Luis Miguel Madrid
ROBERTO ARLT parte de la premisa del caos sin sentido ni solución en el mundo actual, por lo que sus personajes viajan entre la ideología y el disparate a un horizonte donde es casi imposible de encontrar un sentido a la vida, amargamente caracterizada por el vacío de ideales y esperanza: 

«Yo lo acompaño de aburrido que estoy. Ya que la vida no tiene ningún sentido, es igual seguir cualquier corriente».

La primera parte del díptico que Arlt completará en 1931 con Los lanzallamas, relata como Remo Erdosain, un modesto estafador sin ánimo de lucro, se une a una sociedad secreta dirigida por El Astrólogo y en la que participan El Rufián Melancólico y El hombre que vio a la Partera, entre otros, la cual pretende promover una revolución científica, sangrienta y definitiva financiada por una cadena de burdeles y rodeada de una importante red de instituciones ácratas —aunque basadas en la obediencia— planteando la creación, entre otras cosas, del misticismo industrial

«Es tan bello ser jefe de un alto horno como hermoso antes descubrir un continente».
Cada uno de los personajes vive encerrado en su propia cárcel, adosados a la conciencia del fracaso pero con una expectativa de salvación que sólo puede llegar por medio de «un acontecimiento extraordinario», fruto de una idea genial o un golpe de fortuna, que los mismos personajes consideran remoto. 

Erdosain, consciente de ser «un inventor fracasado y un delincuente al margen de la cárcel», dispone de momentos de angustia y contradicciones intelectuales que pasan por el masoquismo, la aceptación de la locura de todos o la aceptación existencial de una vida sin sentido. 

Sus actos no le facilitan un especial sentimiento de culpabilidad ni tampoco de satisfacción. 

Por supuesto, en el universo de Arlt no proliferan los términos medios o la violencia y la dejadez extrema son sus hábitos. 

En uno de esos bordes, nos podemos encontrar con algún planteamiento similar a lo que años más tarde se llamó existencialismo, a través de la definición de Jean Paul Sartre: 

«Nacemos, vivimos, morimos, sin que por ello dejen las estrellas de moverse y las hormigas de trabajar».
También se corresponde a veces con una obra sociológica, donde hay lugar para tratar la crueldad del capitalismo, la inmoralidad sexual, la mentira y los abusos, pero sin tomar decididamente un partido, ya que el individualismo y la ironía suelen doblegar a lo social en los planteamientos arltianos: 

«Conocí a un hombre admirable —dice Erdosain— que está firmemente convencido de que la mentira es la base de la felicidad humana y me he decidido a secundarlo en todo».
Como sucede en toda la obra de Arlt, su posición ideológica no se clarifica y todos los estamentos sufrirán el desprecio de sus personajes, intercalando rabia y sarcasmo en situaciones imposibles de imaginar sino es a través de la parodia o el absurdo: 

«Ah, y a ver si puede averiguar qué diablo es el gas mostaza. Destruye cualquier substancia que no esté protegida por un impermeable empapado en aceite».
La solución que busca Arlt ante el descalabro social en el que se ve rodeado es por tanto, metafísica (sentimental o espiritual), a imagen quizás de los escritores españoles de la generación del 98 ante unas circunstancias en cierta forma parecidas. 

Sus personajes sufren un extraño desdoblamiento propio más bien del folletín que abarca desde la angustia metafísica a la refutación del sentimentalismo con dibujos cruelmente expresionistas.
Añade Arlt a esta mezcla inverosímil de elementos una fantasía lúcida en la que se intercala un juego irónico de múltiples interpretaciones.

MANFRED MAX-NEEF Y PHILIP B. SMITH - *** LA ECONOMÍA DESENMASCARADA - DEL PODER Y LA CODICIA A LA COMPASIÓN Y EL BIEN COMÚN*** - COMENTARIO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA DE MANFRED MAX-NEEF:

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COMENTARIO  A LA EDICIÓN   ESPAÑOLA DE MANFRED MAX-NEEF: 

El co-autor deja expresamente establecido que la economía que domina al mundo en este momento, fuerza a la mayoría de la Humanidad a vivir con indignidad y pobreza y amen de ello amenaza a todas las formas de vida.-

Basado en la afirmación de que las muertes por suicidio superan las que provocan los accidentes de tránsito, plantea que debemos preguntarnos si en lugar de estar frente a este tipo de muertes no se trata de asesinatos de este sistema económico perverso.-

Considera que el sistema económico imperante es perverso, debido  que la economía no es una ciencia, solo de trata de una disciplina que tiene por objeto construir modelos económicos desde los que se pretende interpretar y representar el mundo en que vivimos y sus procesos.-

Como consecuencia de ello quienes adhieren a este modelo, si la política económica no funciona, no es porque el modelo desde el que analizan la realidad sea incorrecto y deba ponerse en crisis para mejorarlo y evitar errores, sino que lo reafirman condenando a la realidad que introdujo una trampa  e impidió el éxito de la política económica.-

El comentarista señala que si la economía fuese una ciencia, los economistas actuarían como científicos, o sea que constatarían que la teoría o modelo no funciona, ergo, lo descartarían y buscarían otro alternativo.- 

Nos informa que la economía convencional está fundada en las teorías neo-clásicas de fines del siglo XIX, fundadas en una cosmovisión del mundo estática, cuyo único fin son metas cuantitativas de crecimiento medidas por el PBI, ídolo al que rinden culto y que produce un daño enorme.-

El Mundo no es mecánico, sino que es orgánico como lo afirma la Economía Ecológica; es por ello que estos economistas sistémicos no entienden el mundo real, ni perciben la trascendencia de la interconexión inseparable entre la economía, la naturaleza y la sociedad.-

Que los fundamentos de la economía dominante son tres:

---1*) La obsesión por el crecimiento, y como consecuencia del mismo el incremento exponencial del consumismo.-

---2*) El supuesto de las externalidades que en caso de efectos negativos desplazan la responsabilidad del proceso económico.-

---3*) Contabilizan la pérdida del patrimonio como un incremento de ingresos.-

Agrega que estos tres principios producen efectos negativos y que juntos son desvastadores para la naturaleza y la sociedad.-

Por último, fundado en una afirmación de un economista en la introducción de un libro, critica la arrogancia de los economistas convencionales ya que este reconoció que si bien no previeron la crisis económica, los economistas son quienes más saben sobre las leyes de las interacciones humanas ya que son quienes han reflexionado más profundamente y con mejores métodos que cualquier otro ser humano.-

Señala que este libro intenta explicar como se llegó a esta situación absurda, en que una disciplina decimonónica se convierte en una pseudo-religión que maneja el mundo, al que no entiende, basada en dogmas con los que lavaron el cerebro a gran parte de la humanidad.-

Afirma que frente a un religión perversa la heregía es saludable.-

lunes, 20 de marzo de 2017

ROBERTO ARLT - *** UNA LECTURA SOCIOLÓGICA DE LOS SIETE LOCOS*** - (Autor: TOMÁS RAMOS MEJIAS) - COMUNIDAD DE HUMILLADOS, ABYECTOS, EXCLUIDOS, SEGREGADOS - MORAL DOMINANTE - ENCARNACIÓN DEL MAL - COMÚN HUMILLACIÓN GENERA SENTIMIENTO DE ODIO - PERTURBADOR SILENCIO INTERIOR - RELACIÓN PARADOGICA CON LA SOCIEDAD - PALABRA IMPLICA JUICIO MORAL - SILENCIO - PROYECCIÓN COLECTIVA DEL MAL - COMUNIDAD DE LOS HUMILLADOS - CLASE ALTA - ESTADO PSÍQUICO Y AMBIENTE - COMUNIDAD DESLIGADA - RELACIÓN DE INTERIORIDAD Y EXCLUSIÓN COMO DESTINO PRE-DETERMINADO - UNIVERSO ESTÁTICO DE LOS PERSONAJES - HUMILLACIÓN PROVIENE DE SU CONDICIÓN SOCIAL - RIDICULEZ QUE COMPORTA LA CLASE MEDIA - COMO SER A TRAVÉS DE UN CRIMEN - DIMENSIÓN OPACA Y TURBIA DE LA REALIDAD HUMANA - EL EROTISMO - EL ARTE - ¿LOS SIETE LOCOS ES UN OBRA DE ARTE? - EL MUNDO DEL TRABAJO - EL MAL -

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UNA LECTURA SOCIOLÓGICA DE LOS SIETE LOCOS”


Afirma Oscar Masotta, en Sexo y tradición en Roberto Arlt, que las obras de Roberto Arlt nos presentan una comunidad de humillados, una comunidad de abyectos. 


Según este autor, sus personajes componen una comunidad de excluidos mediante la cual la moral dominante, por oposición, se define. 

Estos sujetos conforman un conjunto de segregados

Constituidos bajo un determinismo estático y absoluto, estos sujetos se viven a sí mismos y son vividos como la encarnación del mal dentro del conjunto social y aparecen como una suerte de reverso de aquello que los define, un negro al lado del blanco. 


Dicha concentración maldita es, siguiendo a Masotta, una comunidad imposible en la medida en que su común humillación no genera más que sentimientos de odio y repulsión recíprocos.  

Conformados por la moral dominante, se reconocen como un “excremento social” y, lejos de conformar un colectivo potencialmente rebelado contra las clases dominantes, terminan cayendo en la traición mutua. 

Comparten un perturbador silencio interior que se expresa exteriormente y “se condensa” (Masotta: 2009) en angustia, temática central en la obra de Arlt. 

Sus personajes comparten la angustia que la humillación les provee y que parece ser el motor de sus acciones. 

Estos sujetos son como mónadas angustiadas, interiormente vacías y externamente humilladas, predestinadas a ser lo que son. 

Por eso, aunque interaccionen, no se comunican, puede decirse, mantiene una relación paradójica con la sociedad: esta, al nombrarlos como abyectos, los fabrica como tales, permaneciendo de alguna forma al mismo tiempo dentro y fuera del orden social. 

En otras palabras, en un mismo movimiento la moral dominante se define instituyendo un núcleo “no-sociedad” o “no-moral” que vive en el corazón mismo de la sociedad, lo que en Sexo y Tradición en Roberto Artl aparece en los términos de una “contra-sociedad” y que constituye “la imagen invertida de la sociedad” (Masotta:2008: 51).
En tanto toda palabra implica un juicio moral el silencio opera, según el autor, como una suerte de tregua respecto de ese lenguaje que -otra vez de forma paradójica- los constituye en esas figuras innombrables. 

Es una puesta entre paréntesis en ese determinismo absoluto en el que están inmersos los personajes. En una suerte de topografía social, Masotta pone de relieve el hecho de que el grupo maldito no es más que una proyección colectiva del mal hacia un punto de concentración y que, en el fondo, ese mal vive en la sociedad toda. 

Afirma el autor que “La fealdad, la suciedad, las ropas que usan, la condición social: he aquí los requisitos que permiten la entrada en la comunidad de los humillados” (Masotta: 2008:53)
Ahora bien, puede leerse en “Los siete locos” que el foco está puesto en esa comunidad de humillados y que raramente roza las manifestaciones externas de la llamada clase alta. 

Describe profundamente la relación angustiosa que tienen con esta sus personajes:
“De alguna quinta salían los sones de un piano y a medida que caminaba, su corazón se empequeñecía más, oprimido, por la angustia que le producía el espectáculo de la felicidad que adivinaba tras de los muros de aquellas casas refrescadas por las sombras, y frente a cuyas cocheras se hallaba detenido un automóvil.” (Arlt, 2009:116)
Da la sensación de que el texto trabaja por momentos en los bordes externos de esa moral dominante, sin tocarla. Hace alusión a esta indirectamente, a través de descripciones internas desde los personajes mismos o en sus manifestaciones físicas. 

La obra parece una totalidad cerrada y estática en donde los estados psíquicos están totalmente entramados con un ambiente denso, oscuro y turbio, formando ambas dimensiones una unidad cerrada. Como si la comunidad de humillados y el resto de la sociedad no respiraran el mismo aire. 

Así, por ejemplo, es descripta la casa del Astrólogo:
“Atravesando el vestíbulo oscuro y hediondo a humedad, entraron en un escritorio de muros rameados por un descolorido papel verdoso. La habitación era francamente siniestra, con altísimo cielo raso surcado de telarañas y le estrecha ventana protegida por el nudoso enrejado. En el enchapado de un armario antiguo, arrinconado, la claridad azulada se rompía en lívidas penumbras”. (Arlt:2009 :57)
Todos sus personajes componen esa suerte de comunidad desligada de la que habla Oscar Masotta: Erdosain, la Coja, el Astrólogo, el Rufián Melancólico, el Hombre que vio a la Partera, Barsut, Ergueta. 

Este último estaba casado con La Coja, ex prostituta y sirvienta. Él era un farmacéutico delirante que terminará internado en un manicomio. 

La Coja, por su parte, sufría bajo la forma de la angustia la humillación que había sufrido en su infancia y especialmente en sus años de sirvienta. Puede decirse que este personaje funciona como un ejemplo, a escala individual, de esa relación paradójica mencionada anteriormente: varias páginas están dedicadas a una descripción minuciosa de la relación de interioridad y exclusión experimentada como un destino naturalmente predeterminado:

El Astrólogo pretendía llevar a cabo un plan totalmente indefinible, por lo contradictorio y disparatado, mediante el cual pretendía fundar una sociedad secreta para llevar a cabo una impensable revolución. 


Arturo Haffner, apodado por el Astrólogo como “El Rufián Melancólico” por haberse querido suicidar unos años antes, era un hombre que se dedicaba a explotar prostitutas  y para quien la vida no tenía ningún sentido. Él  guiaría la instalación y administración de prostíbulos con los que se subvencionaría la sociedad secreta planeada por el Astrologo.

“Todo lo que la rodeaba, cacerolas y fogones y las limpias maderas de las estanterías de la cocina, y los espejos del cuarto de baño y las pantallas rojas de las lámparas, le parecían representar un valor que ponía para siempre a esos enseres fuera de su alcance, y el repasador como la alfombra, así como el triciclo de niños, le parecía haber sido creado para proporcionar felicidad a seres de distinta pasta de la que ella estaba formada,” (Arlt, 2009: 292)
Finalmente, se encuentra Barsut, primo de Elsa, la esposa de Erdosain. Erdosain sentía un profundo odio y repulsión hacia él, quien conscientemente buscaba alimentar esos sentimientos. 

Tenían un vínculo de desprecio y dependencia al mismo tiempo, habiendo entre ellos “….una situación indefinida, oscura. Una de esas situaciones que dos hombres que se desprecian toleraban por razones independientes de sus voluntades”. (Arlt, 2009:43) 

Barsut estaba guiado por el sentimiento ambivalente de odio y amor que sentía hacia su hermana, quien lo había humillado toda la vida, por lo que buscaba incansablemente la forma de humillarla para vengársele. 

Vivía además subyugado bajo el miedo de volverse loco, tal como su padre y hermanos.
Dejando de lado este muy breve repaso de los personajes principales de la obra, es necesario poner el foco en Erdosain, el protagonista. 

Él expresa claramente y a lo largo del libro esa inmovilidad de los personajes artlianos, que actúan según la naturaleza que se les ha conferido. 

En este marco, puede verse cómo cada acción y acontecimiento solo confirman lo estático de ese universo: Erdosain es un ladrón y goza al afirmarse como “lacayo”; además, suele buscar sumergirse en prostíbulos, buscando intencionalmente los más inmundos. Su esposa lo deja por otro hombre y siente esto como un hecho “natural” teniendo en cuenta su esencia. 

Según Masotta, es él quien se encuentra en el núcleo de la comunidad humillada, puesto del lado del mal, quien no busca otra cosa que hacer coincidir sus actos con su esencia de humillado y maldito. 

Sin embargo, su camino hacia el mal no coincide con el del resto de los humillados, ya que él no presenta ninguno de los atributos mencionados. 

Para este autor, es la toma de conciencia de la ridiculez que comporta la clase social a la que pertenece -la clase media- lo que lo impulsa hacia la comunidad de humillados. 

En su caso, entonces, la humillación proviene también de su condición de clase: 

“…Erdosain, aplastado por sus jefes y sus gerentes, es un humillado, también él, por su condición social.” (Masotta, 2008: 53) 

En este sentido, es necesario detenerse en uno de los ejes centrales de la obra: el crimen. Erdosain planea matar a Barsut y no es casual que uno de los apartados del libro este titulado como “’Ser’ a través de un crimen”. 

Erdosain busca afirmar de alguna manera su existencia, que dice vivir como una existencia muerta, y automáticamente se le viene a la cabeza la idea del asesinato. 

Este acto, parece, le conferiría una identidad abyecta, una identidad con el mal y permitiría su entrada dentro de la “contra sociedad”:
“Yo, que soy la nada, de pronto pondré en movimiento ese terrible mecanismo de polizontes, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, guardacárceles, coches celulares, y nadie verá en mí un desdichado sino el hombre antisocial, el enemigo que hay que separar de la sociedad. (…) solo el crimen puede afirmar mi existencia, como solo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra” (Arlt, 2008: 113)
Vemos que, tal como dice Masotta, si Erdosain intenta escapar de su condición de clase para inmiscuirse en la  comunidad de humillados, nunca logrará sin embargo escapar de los valores de referencia de la clase dominante, “del código” (Arlt: 2009). 

Es decir, no haría más que pasarse al otro polo dentro de la misma unidad. De todas formas y a pesar de sus esfuerzos, nunca podrá formar completamente parte de ese misterioso y en buena medida fascinante polo social abyecto y en cambio flotará en una suerte de vacío social indefinido y contradictorio.

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Los Siete Locos, entonces, puede decirse que es una obra cerrada, sincrónica y estática, en la que sus personajes se mueven impulsados por el determinismo oscuro de la humillación: “hay una dialéctica cerrada” (Prólogo de Luis Gusmán en Masotta, 2008: 19). 

Asimismo, queda la impresión de que Arlt, si bien se focaliza en una dimensión opaca y turbia de la realidad humana, logra dar cuenta de la densidad de la trama social, conectándose y conectándonos con las capas más profundas de dicho entramado. 

Lo económico y lo político no son temáticas abordadas de forma tradicional por este autor, sino, más bien, están presentadas a través de una mirada original que permite dar cuenta de lo que puede decirse en una experiencia más inmediata de todo aquello. 

Ahora bien, vale ahora preguntarse sobre el significado tanto social como político de una obra de arte cuyo temática refiere a lo socialmente excluido.
Bataille define al erotismo como “la aprobación de la vida hasta la muerte”. (Bataille, 1997:15). 

En primer lugar, es un fin psicológico independiente del efecto reproductivo en la actividad sexual; lo define como la exuberancia de la vida cuyo objeto “no es extraño a la muerte misma” (Bataille, 1997:15). 

En “El erotismo” el autor presenta la noción de “discontinuidad” para explicar aquella dimensión en la que cada hombre vive como sujeto individual y está separado por un abismo respecto de los demás, es decir, se vive como discontinuidad respecto de los otros. 

La única opción –afirma- es sentir en común el vértigo de ese fascinante abismo que no puede suprimirse y que es, en cierta medida, la muerte. 
Esta última “tiene el sentido de la continuidad del ser” (Bataille, 1997:17), siendo entonces continuidad y muerte idénticos. 

Los seres discontinuos que permanecen en una individualidad aislada sufren la nostalgia de una primera continuidad perdida que los vincula al ser “de un modo general” (Bataille, 1997:17), a la vez que angustiosamente desean perdurar en esa misma individualidad. 

En este sentido, el autor establece que esa nostalgia determina tres formas de erotismo: de los cuerpos, de los corazones y de lo sagrado. 

Sin adentrarnos en cada una de esas formas, basta decir que estas son todas formas sustitutas del paso de la discontinuidad del ser hacia un sentimiento de continuidad que no es a otra cosa que la fusión y la disolución finalmente en la muerte.
En esta línea, Richman, en su libro Revoluciones Sagradas, retoma la teoría batailleana y afirma que para el escritor francés existe un impulso esencial en el humano que se orienta al gasto improductivo y el derroche y que busca desvincularse de la dependencia exclusiva del trabajo y la producción. 

Es un impulso hacia el desgarro de los límites individuales, que busca dejar así de lado las convenciones de la realidad discursivamente constituidas. 

Esta vocación hacia el desgarro de los límites de la subjetividad individual es un camino esencialmente violento, en la medida en que es una violación de esa identidad monádica. 

Para Bataille existe entonces, por un lado, la dimensión del trabajo que constituye el reino de lo profano y está conformado por las personas, cosas y lugares a los que se tiene libre acceso, que puede decirse es la dimensión de los seres discontinuos. 

Por otro lado, las personas, objetos y lugares cuyo acceso está limitado por prohibiciones y que constituyen el mundo de lo sagrado. 

Ahora bien, el reconocimiento social de esta necesidad de ser impulsado fuera de sí y experimentar una sensación de pérdida – en “El erotismo”, de experimentar la continuidad- se expresa en la estructuración social de momentos de transgresión de las prohibiciones, que son instancias de comunicación con lo sagrado: tanto el erotismo como el arte son fenómenos socialmente estructurados que resultan de esta necesidad catártica.
Entonces, además del erotismo, una de las formas de satisfacer este impulso hacia la des-subjetivación, hacia la experimentación de la continuidad del ser, es el arte. 

Bataille afirma que el arte hace desaparecer de un objeto su estatuto de cosa – “El objeto se identifica con la discontinuidad” (Bataille, 1997:27) -, hecho que al mismo tiempo provoca una experiencia des-subjetivación del sujeto como individuo aislado, es decir, genera una experiencia de la continuidad. 

Pero, llegados a este punto, podemos preguntarnos: ¿en qué sentido Los siete locos es, entonces, una obra de arte? 

Puede decirse que la obra de Arlt, al hacernos convivir con esas figuras oscuras y radicalmente externas e internas a la sociedad, con ese excremento social, con esa concentración del mal, logra arrojarnos por momentos de la vida cotidiana de la producción para sumergirnos en esa atmósfera maldita que es la que constituye la cara oculta pero necesaria del conjunto social. 

Nos alejamos de las identidades cerradas y, en esas innumerables descripciones angustiosas y por momento agotadoras, encontramos contadas referencias a lo que Bataille llama el mundo del trabajo. 

En esta línea, el autor, en una entrevista, define al mal como aquello que consiste en transgredir ciertas prohibiciones llamadas fundamentales, como la prohibición de matar o la prohibición de ciertos actos sexuales. 

A su vez, afirma que si la literatura se aleja del mal “se vuelve aburrida”, y que “uno debería notar que en la literatura la angustia está implicada” en tanto “está fundada en algo que va mal” (Bataille, 1958, min. 1:32). 

Como se ha dicho, estos son todos elementos que se encuentran claramente en esta obra y que generan en el lector una tensión que es, según Bataille, aquello que permite que la literatura en definitiva no aburra.
Tomás Ramos Mejía

Referencias bibliográficas:
Arlt R, Los siete locos. Ed. Losada, Buenos Aires, 2009.
Bataille, G. “El erotismo”, Tusquets Editores, 1997.
Bataille, G. “Acéphale”, Caja Negra, Buenos Aires, 2005.
Bataille, G. “La parte maldita” Ed. Las cuarenta, Buenos Aires, 2009.
Bataille, G. “Georges Bataille en T.V. (1958)” http://www.youtube.com/watch?v=LeuffpGl8uE
Masotta, O, “Sexo y tradición en Roberto Arlt”, Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2008.
Richman, Michèle H, 2002. Revoluciones Sagradas. Durkheim y el Collège de Sociologie.  University of Minnesota Press. Minneapolis, London

SOCIEDAD DEL CONSUMO - *** 10 LIBROS PARA ENTENDER LA SOCIEDAD DEL CONSUMO - NO LOGO. El poder de las marcas. Naomi Klein, 2000 - Coerción. Por qué hacemos caso a lo que nos dicen. Douglas Rushkoff, 2000 -Nacidos para comprar. Los nuevos consumidores infantiles. Juliet B. Schor, 2004 - La era del consumo. Luis Enrique Alonso, 2005 - La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Naomi Klein, 2007 - Vida de consumo. Zygmunt Bauman, 2007 - Comprender la publicidad. Antonio Caro, 2010 - El negocio de la comida. ¿Quién controla nuestra alimentación? Esther Vivas, 2014 - En la espiral de la energía. Luis González y Ramón F. Durán, 2014. -La sociedad de coste marginal cero. Jeremy Rifkin, 2014. -

NO LOGO. El poder de las marcas. Naomi Klein, 2000


Comenzamos con un imprescindible ensayo sobre las formas de producción y consumo que han marcado el último tercio del siglo XX. Naomi Klein, periodista canadiense de extraordinaria lucidez, describe de forma amena cómo las grandes multinacionales han ido concentrando cada vez más poder en un mundo globalizado que se ajusta a sus fines. El libro está escrito en un tono cercano, pero aborda temáticas de enorme complejidad, como el ocaso de la producción fabril en EEUU y Europa ante el imparable crecimiento de la externalización y las zonas de producción a bajo coste. Sin embargo, lo más potente de NO LOGO son las conexiones que la autora establece entre diversos fenómenos, permitiéndonos una mirada global: el ocaso de las fábricas del Norte enlaza con la estrategia mercadotécnica de las grandes marcas por generar un vínculo emocional con sus clientes. De postre, todavía el libro habla de los movimientos que han ido apareciendo en contra del consumismo salvaje y el omnipresente monólogo publicitario. Lo dicho, lectura obligada.

Coerción. Por qué hacemos caso a lo que nos dicen. Douglas Rushkoff, 2000


Douglas Rushkoff también es periodista (colabora en medios como The New York Times o la revista Time) pero su libro nada tiene que ver con la investigación detenida y escrupulosa de Naomi Klein. Antes al contrario, Rushkoff ha conseguido con “Coerción” un libro ecléctico, irónico, lleno de anécdotas y reflexiones personales, pero que es capaz de lanzar un hilo conductor en los métodos de coerción psicológica habituales en el mundo comercial. El autor ha trabajado también en el campo del marketing para empresas de varios sectores y retrata con humor y cierto aire de misterio peliculero, las técnicas básicas de manipulación del consumidor, desde el charlatán vendedor de coches hasta el centro comercial, uno de los espacios más preparados para incitar el consumo compulsivo. Hace 15 años, cuando vio la luz la primera edición de este libro, era difícil encontrar una obra del estilo y todavía hoy podemos sacar ideas interesantes del trabajo de este periodista neoyorkino.

Nacidos para comprar. Los nuevos consumidores infantiles. Juliet B. Schor, 2004


Juliet B. Schor era una brillante estudiante de Harvard cuando empezó a estudiar la publicidad dirigida al público infantil. Su experiencia dentro de varias agencias publicitarias le permitió analizar con profundidad las estrategias mercadotécnicas que tienen a niños y niñas como protagonistas y, unos años después, siendo ya profesora del Boston College, publicaba un libro que se ha convertido en todo un referente en el tema. Aunque no deja de ser un libro divulgativo, Schor recopila una buena cantidad de datos sobre el papel de los menores en las decisiones de consumo. También dibuja un escenario de una infancia estadounidense enganchada a la tele e influída de forma cotidiana por las campañas de marketing de las grandes empresas del sector. Hasta la educación formal, expone Schor, ha terminado abriendo sus puertas a las grandes empresas, así que educar en otro modelo de consumo se convierte en un reto cada vez más complicado. Por lo fundamental de estos temas, “Nacidos para comprar” es otro de esos libros importantes.

La era del consumo. Luis Enrique Alonso, 2005


Estupendo y bien hilado análisis de la sociedad de consumo a cargo de Luis Enrique Alonso, Catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, que lleva años estudiando los valores que sostienen la ideología consumista: “Vencer la resistencia a la austeridad, al puritanismo, a las formas tradicionales de consumo, al ahorro ’excesivo’, a la culpa por la compra, venía a ser la misión psicológica de una nueva industria de la investigación y la promoción de los mercados, que consagraba al consumismo como la nueva lógica del capitalismo frente a la ética tradicional del autocontrol”, explica el autor, que hace un repaso teórico por intelectuales de la talla de Pierre Bourdieu, Roland Barthes o Zygmunt Bauman. Luis Enrique Alonso analiza en su trabajo el paso de una sociedad de consumo de matriz fordista, modelo de bienestar social, a una sociedad postfordista donde estalla ese universo social unificador e integrador que había servido como marco de referencia para el consumidor. Este es un libro netamente acádemico, pero puede ser muy sugerente para quien hace el esfuerzo de leerlo.

La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Naomi Klein, 2007


Tras el éxito de NO LOGO, había expectación en saber si el siguiente libro importante de Naomi Klein estaría a la altura, y no decepcionó. “La doctrina del shock” es otro libraco, resultado de cuatro años de investigación, donde la periodista canadiense hace un minucioso recorrido por la historia del neoliberalismo, tanto en su faceta ideológica como en las políticas específicas que lo han llevado a cabo. Para ello, la escritora nos traslada a épocas concretas en determinados países que han sufrido la doctrina del shock neoliberal. Y el resultado siempre es el mismo: tras conflictos armados o derrumbes económicos, el neoliberalismo de Friedman y sus poderosos seguidores parecía el único remedio viable. Eso sí, la historia muestra que ha sido un remedio doloroso, dejando tras de sí muertos, pobreza y sólidos oligopolios en el poder. La dictadura de Pinochet, la reconstrucción de Beirut, Sudáfrica, el 11-S... Bajo la promesa de liberalizaciones milagrosas, gobernantes y élites introducian en cuestión de semanas impopulares medidas de choque económico, recortando los derechos adquiridos durante décadas de lucha obrera. Es difícil encontrar un libro que explique de forma tan detallada los efectos que han tenido estas políticas: es una mirada histórica esencial para quien quiera entender el poder del neoliberalismo en nuestros días.

Vida de consumo. Zygmunt Bauman, 2007


Bauman, uno de los ensayistas más lúcidos y prolíficos, extiende su teoría de la modernidad líquida al análisis de la sociedad de consumo. Si en estos “tiempos líquidos” las estructuras sociales (flexibles y volubles) no perduran lo necesario para solidificarse, el terreno del consumo parece uno de los espacios más empantanados: las fábricas y sus obreros han dado paso a un mundo globalizado y dirigido por los capitales financieros, donde todo está en venta y, lo que es peor, donde todo puede ser consumido. las propias relaciones humanas, ahora estructuras mínimas y etéreas, se despojan de compromiso alguno. Bauman mantiene las tesis que ha ido construyendo y difundiendo durante décadas, solo que en el terreno del consumo adoptan tintes dramáticos: hemos terminado convirtiendo a los demás seres humanos en meros productos comerciales. Otro libro provocador y sugerente de este sociólogo de origen polaco, quizás nada nuevo en su trayectoria, pero no por ello menos recomendable.

Comprender la publicidad. Antonio Caro, 2010


Antonio Caro, profesor de publicidad en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, se jubilaba de la docencia dejando un libro que bien podría resumir el trabajo crítico que el autor ha desarrollado durante décadas: el análisis de la publicidad sigue atrapado, incluso en el ámbito académico, en la pragmática reduccionista que impone la lógica comercial. Sin embargo, es importante entender cómo funciona la publicidad, porque sirve de mecanismo ideológico, construyendo una pretendida imagen cohesionada de la sociedad, donde quedan camuflados hasta los conflictos sociales de clase. En este texto de carácter académico, Caro repasa con conocimiento de causa las principales columnas ideológicas que sostienen la comunicación publicitaria y muestra hasta qué punto ese análisis es esencial a la hora de conocer nuestra sociedad de consumo. Es, por tanto, una interesante mirada al consumo desde el discurso comunicativo que quizás mejor lo representa.

El negocio de la comida. ¿Quién controla nuestra alimentación? Esther Vivas, 2014


¿Por qué los alimentos recorren miles de kilómetros del campo al plato? ¿Por qué hay hambre en un mundo donde se produce más comida que nunca? ¿Por qué somos ’adictos’ a la comida basura? Esther Vivas, prolífica escritora e investigadora, lleva también años participando activamente en movimientos sociales por la soberanía alimentaria, algo que evidencia el carácter reivindicativo de su último libro. El modelo agroindustrial que empobrece lo rural y hace de los alimentos un negocio más, los vínculos entre la especulación alimentaria y la pobreza, las falsas soluciones como los productos transgénicos... Vivas ha conseguido trazar en su libro un montón de conexiones que nos permiten entender el funcionamiento de algo tan complejo como la alimentación. También es la prueba del papel determinante que este sector cumple para la sociedad de consumo. Un estupendo libro.

En la espiral de la energía. Luis González y Ramón F. Durán, 2014.


Antes de morir en 2011, el gran activista y pensador Ramón Fernández Durán dejó en manos de Luis González la finalización de lo que tenía entre manos, un ambicioso análisis del escenario que ha surgido del proceso globalizador y sus límites físicos y sociales. El resultado final son dos tomos plagados de datos, gráficas y análisis que muestran la predilección de Luis González por la rigurosidad científica, sobre todo en el análisis del papel de la energía. El primer tomo, titulado “Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo)” ofrece las claves para entender cómo las energías fósiles transformaron los modelos de producción y consumo y, por tanto, son protagonistas excepcionales de la sociedad de consumo. El segundo tomo, titulado “Colapso del capitalismo global y civilizatorio” recoge y amplía las tesis de Ramón Fernández Durán sobre la insostenibilidad del proceso civilizatorio que se dibuja con la modernidad y se consolida tras la segunda guerra mundial. El capitalismo, piensan los autores, nos ha llevado a un punto de autodestrucción donde ni siquiera hay vuelta atrás. No es el libro más optimista que puedas encontrarte, pero desde luego ofrece una profundidad de miras imprescindible.

La sociedad de coste marginal cero. Jeremy Rifkin, 2014.


Jeremy Rifkin, uno de los sociólogos e intelectuales más influyentes, ha vuelto a publicar un libro provocativo y arriesgado. Suele hacerlo cada poco y, como en este caso, a veces el resultado es sorprendentemente bueno. El libro, titulado “La sociedad de coste marginal cero. El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo” dibuja un mundo dominado por los “prosumidores” (consumidores que se involucran activamente en la producción) y las tecnologías de la Tercera Revolución Industrial, donde se reducirá el coste de la producción hasta lo impensable. Rifkin, polémico showman intelectual, sin duda disfruta anunciando que en 2050, con el dominio de la economía colaborativa, el capitalismo, tal y como hoy lo conocemos, va a desaparecer. Internet se ha convertido en un espacio importante de ciudadanía activa y Rifkin elucubra cómo será el mundo cuando ese modelo productivo y cultural se extienda a todos los ámbitos de lo analógico. No deja de ser un ejercicio cuasi-astrológico, pero tampoco es mala idea pensar qué modelo de sociedad podría substituir el sistema capitalista que conocemos. La lectura de este libro es, desde luego, un paso sugerente en ese sentido.