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jueves, 21 de abril de 2022

LA GUERRA - INTERCAMBIO EPISTOLAR ENTRE EINSTEIN Y FREUD - *** LOS DOMINANTES *** ¿ HAY MANERA DE LIBERAR A LOS SERES HUMANOS DE LA FATALIDAD DE LA GUERRA? *** DEPENDE LA EXISTENCIA DE LA HUMANIDAD CIVILIZADA *** IMPOTENCIA *** EL QUERER Y EL SENTIR HUMANO *** AUTORIDAD LEGISLATIVA Y JUDICIAL *** UN TRIBUNAL ES UNA INSTANCIA HUMANA *** EL DERECHO Y LA FUERZA *** CAMINO HACIA LA SEGURIDAD INTERNACIONAL *** NECESIDAD DE PODER DEL SECTOR DOMINANTE *** COMERCIO DE ARMAS *** INTELECTUALES *** PACIFICACIÓN DEL MUNDO *** CONFLICTO DE INTERESES ENTRE EL HOMBRE Y EL HOMBRE *** CONFLICTOS DE OPINION *** OPONENTE FUERA DE ACCIÓN *** MATANSA DEL ENEMIGO *** CONDICIONES PRIMITIVAS *** DE LA VIOILENCIA A LA LEY *** SUPERIORIDAD DEL HOMBRE FUERTE

 


[tomado de """BLOGHEMIA"""]

"...la minoría de los dominantes tiene sobre todo la escuela, la prensa y casi siempre también las organizaciones religiosas bajo su control...

 

¿Cómo es posible que las masas se dejen enardecer hasta llegar al delirio y la autodestrucción?" 

Albert Einstein a  Sigmund Freud.                       



Desde Caputh (Potsdam), Albert Einstein escribió a Freud el 30 de julio de 1932, un año antes de que el nazismo tomase el poder en Alemania.

 

La elección del corresponsal fue decisión suya, al igual que el motivo central de la correspondencia: arrojar luz sobre la manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra[1].

 

Freud contestó desde Viena apenas un mes más tarde, septiembre de 1932, señalando que cuando se enteró de que Einstein se proponía invitarle a un intercambio de ideas sobre un tema que le interesaba y que le parecía digno del interés de los demás, lo aceptó de muy buen grado, sin vacilación.

 

Estimado señor Freud:


Tengo la satisfacción, a instancias de la Sociedad de Naciones y de su Instituto Internacional para la Cooperación Intelectual, con sede en París, de poder analizar un problema libremente escogido por mí con una persona de mi elección, en el marco de un intercambio libre de opiniones, lo que me da una oportunidad única de dialogar con usted sobre la pregunta que, tal y como están las cosas en la actualidad, resulta la más importante de las que se le plantean a la civilización:

 

¿Hay una manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra?

 

Es sabido que, debido a los progresos de la técnica, de esta pregunta depende la existencia de la humanidad civilizada; y, sin embargo, los apasionados esfuerzos por resolverla han fracasado de forma alarmante hasta la fecha.

 

Yo creo que también entre los seres humanos que se ocupan práctica y profesionalmente de este problema existe el deseo, resultado de una cierta sensación de impotencia, de interrogar a personas que, debido a su actividad científica habitual, mantienen la distancia necesaria respecto de todos los aspectos de la vida.

 

En cuanto a mí, la habitual orientación de mi pensamiento no me permite formarme una idea acerca de las profundidades del querer y del sentir humanos.

 

Por lo tanto, en el presente intercambio de opiniones no puedo hacer gran cosa más que intentar formular la pregunta acertadamente y, por medio de la anticipación de las respuestas más obvias, darle a usted la oportunidad de dilucidar la cuestión echando mano de su profundo conocimiento de la vida de los instintos humanos.

 

Confío en que usted podrá indicarnos unos métodos educativos que hasta cierto punto se alejan de la política para eliminar los obstáculos psicológicos.

 

La persona inexperta en temas psicológicos intuye la existencia de estos obstáculos, pero no sabe cómo valorar sus correlaciones y su variabilidad.

 

Puesto que me considero una persona libre de sentimientos nacionalistas, el aspecto exterior o, mejor dicho, organizativo del problema me resulta sencillo: que los Estados creen una autoridad legislativa y judicial para la solución de todos los conflictos que surjan entre ellos.

 

Que cada Estado se comprometa a someterse a las leyes sancionadas por la autoridad legislativa, a acudir al tribunal en todos los casos de conflicto, a acatar sin reservas sus decisiones y a ejecutar todas las medidas que dicho tribunal considere necesarias para la realización de sus decisiones.

 

En este punto se encuentra la primera dificultad: un tribunal es una institución humana cuya tendencia a permitir que influencias extrajudiciales afecten a sus decisiones es tanto mayor cuanta menos fuerza tiene a su disposición para imponer sus decisiones.

 

Es un hecho con el que debemos contar: el derecho y la fuerza están unidos de forma inseparable, y las decisiones de un organismo judicial se aproximan más al ideal de justicia de una comunidad, en cuyo nombre e interés se emiten los fallos, cuantos más medios coercitivos pueda procurarse esta comunidad para que su ideal de justicia sea respetado.

 

En la actualidad [1932], sin embargo, estamos lejos de poseer una organización supraestatal que se halle en condiciones de dictar sentencias de indiscutible autoridad y de obtener por medio de la fuerza la obediencia absoluta para su ejecución.

 

Se abre paso aquí, pues, la primera constatación: el camino a la seguridad internacional pasa por la renuncia sin condiciones de los Estados a una parte de su libertad de acción o, mejor dicho, de su soberanía, y parece indudable que no existe otro camino para alcanzar esta seguridad.

 

Una ojeada al fracaso de los sin duda serios esfuerzos de los últimos decenios para conseguir este objetivo, hace que todos percibamos con claridad que existen enormes fuerzas psicológicas que paralizan estos esfuerzos.

 

Algunas de estas fuerzas son evidentes.

 

La necesidad de poder del sector dominante se resiste en todos los Estados a una limitación de sus derechos de soberanía.

 

Dicha necesidad de poder se alimenta con frecuencia de un afán de poder material y económico de otro sector.

 

Me refiero sobre todo al pequeño pero decidido grupo de aquellos que, activos en todos los Estados e indiferentes a las consideraciones y limitaciones sociales, ven en la guerra, la fabricación y el comercio de armas una oportunidad de obtener ventajas personales, o sea, de ampliar su esfera de poder personal.

 

Esta sencilla constatación supone, sin embargo, sólo un primer paso hacia la comprensión del estado de las cosas.

 

Inmediatamente se plantea la pregunta: ¿Cómo es posible que la citada minoría pueda poner a las masas al servicio de sus deseos, si estas, en el caso de una guerra, sólo obtendrán sufrimiento y pérdidas?

 

(Cuando me refiero a las masas, no excluyo a aquellos que, en calidad de soldados de cualquier graduación, han hecho de la guerra su oficio, con la convicción de que sirven a la defensa de los bienes más preciados de su pueblo y de que, a veces, la mejor defensa es el ataque).

 

Aquí la respuesta más indicada es: la minoría de los dominantes tiene sobre todo la escuela, la prensa y casi siempre también las organizaciones religiosas bajo su control.

 

Con estos medios, domina y dirige los sentimientos de las masas, al tiempo que los convierte en sus instrumentos.

 

Pero tampoco esta respuesta ofrece una solución completa, ya que puede plantearse la siguiente pregunta:

 

“””¿Cómo es posible que las masas se dejen enardecer hasta llegar al delirio y la autodestrucción por medio de los recursos mencionados?”””

 

La respuesta sólo puede ser: en los seres humanos anida la necesidad de odiar y de destruir.

 

Esta predisposición permanece latente en las épocas en las que impera la normalidad y se manifiesta sólo en circunstancias excepcionales; puede, sin embargo, ser fácilmente despertada e intensificada hasta alcanzar la psicosis colectiva.

 

Aquí parece residir el problema más profundo de todo el aciago conjunto de factores que estamos analizando.

 

Este es el punto que sólo el gran conocedor de los instintos humanos puede dilucidar.

 

Todo esto nos lleva a una última pregunta: ¿es posible dirigir el desarrollo psíquico de los seres humanos de tal manera que éstos se vuelvan más resistentes a las psicosis del odio y de la destrucción?

 

De ninguna manera pienso aquí sólo en las llamadas masas incultas.

 

De acuerdo con mi experiencia, son sobre todo los denominados intelectuales los que sucumben con mayor facilidad a las funestas sugestiones colectivas, puesto que no acostumbran tener un contacto directo con la realidad, sino que la experimentan por medio de su forma más cómoda y cabal, la del papel impreso.

 

Para acabar, una última cosa: hasta ahora sólo me he referido a la guerra entre Estados; es decir, a los llamados conflictos internacionales.

 

Soy consciente de que la agresividad humana obra también bajo otras formas y en otras condiciones (pienso, por ejemplo, en las guerras civiles, originadas antaño por motivos religiosos, hoy en día por causas sociales; o, también, en la persecución de minorías nacionales).

 

No obstante, he destacado conscientemente la más representativa y desastrosa, en tanto que desenfrenada, forma de conflicto entre comunidades humanas, porque considero que ésta nos permite conocer, sin demasiados rodeos, los medios para evitar los conflictos bélicos.

 

Sé que usted, en sus escritos, ha contestado tanto directa como indirectamente a todas las preguntas relacionadas con el problema que nos interesa y nos preocupa.

 

Con todo, sería de gran utilidad que usted expusiera por separado el problema de la pacificación del mundo a la luz de sus nuevos conocimientos, puesto que de una exposición de este tipo podrían resultar empeños fértiles.

 

Le saludo amistosamente. Suyo, A. Einstein



LA RESPUESTA DE SIGMUND FREUD:


Los conflictos de intereses entre el hombre y el hombre se resuelven, muchas veces, mediante el recurso de la violencia.

 

Es lo mismo en el reino animal, del cual el hombre no puede reclamar exclusión; sin embargo, los hombres también son propensos a conflictos de opinión, tocando, en ocasiones, los picos más elevados del pensamiento abstracto.

 

Sin embargo, este refinamiento es un desarrollo tardío … Ahora, por primera vez, con la llegada de las armas, los cerebros superiores comenzaron a expulsar la fuerza bruta, pero el objeto del conflicto seguía siendo el mismo: una de las partes debía verse limitada por el daño hecho o deterioro de su fuerza, para retractarse de un reclamo o una negativa.

 

Este final se obtiene con mayor eficacia cuando el oponente definitivamente queda fuera de acción, en otras palabras, es asesinado.

 

Este procedimiento tiene dos ventajas: el enemigo no puede renovar las hostilidades y, en segundo lugar, su destino disuade a otros de seguir su ejemplo. Además, la matanza de un enemigo satisface un deseo instintivo …



EN CUANTO AL APOYO DE EINSTEIN A LA LIGA DE LAS NACIONES COMO LA SOLUCIÓN A LA GUERRA, FREUD RESPONDIÓ: 


Por lo tanto, en condiciones primitivas, es la fuerza superior, la violencia bruta o la violencia respaldada por las armas, lo que domina en todas partes.

 

Sabemos que en el curso de la evolución se modificó este estado de cosas, se trazó un camino que condujo de la violencia a la ley.

 

¿Pero cuál era este camino? Seguramente surgió de una sola verdad: que la superioridad de un hombre fuerte puede ser superada por una alianza de muchos débiles y que la unión constituye la fuerza.

 

La fuerza bruta es vencida por la unión; por lo tanto, podemos definir “derecho” (es decir, ley) como el poder de una comunidad.

 

Pero cuando aparece un hombre confiando en su poder superior, buscará restablecer la regla de la violencia, contra la regla de la ley y el ciclo se repetirá sin cesar.

 

NOTA:

[1] He usado la siguiente traducción: Albert Einstein y Sigmund Freud, ¿Por qué la guerra?, Barcelona, Minúscula, 2001, págs. 63-65. Agradezco al profesor Francisco Fernández Buey su llamada de atención sobre el interés de este intercambio epistolar.

 


martes, 19 de abril de 2022

PREGUNTAS A LOS AMOS DEL MUNDO" POR PIERRE BOURDIEU *** MUNDO MEDIÁTICO *** PODER DEL DINERO, PODER SIMBÓLICO *** AMOS DEL MUNDO ¿ ACASO UDS. DOMINAN SUDOMINIO? *** PROTECCIÓN JURÍDICA *** COMPETENCIA *** LEY DEL BENEFICIO, DEL MERCADO *** LOS HECHOS *** BENEFICIOS MÁXIMOS CON COSTOS MÍNIMOS *** ABUSO POSICIÓN DOMINANTE *** LÓGICA DE LA VELOCIDAD Y EL BENEFICIO *** REDUCCIÓN DE LA CULTURA A PRODUCTO COMERCIAL *** GLOBALIZACIÓN VS.CULTURA


PREGUNTAS A LOS AMOS DEL MUNDO" POR PIERRE BOURDIEU

 

[Texto publicado en Le Monde (14 de octubre de 1999) y en Libération (13 de octubre de 1999)]

Sería un poco ridículo para mí tratar de exponer el estado del mundo mediático a individuos que lo conocen mejor que yo. A personas que se hallan entre las más poderosas del mundo, con ese poder que no es sólo el del dinero sino el que el dinero puede dar sobre los espíritus.

 

 

Ese poder simbólico que en la mayoría de las sociedades era propio del poder político o económico y hoy está en las manos de las mismas personas, aquellas que detienen el control de los grandes grupos de comunicación, es decir, del conjunto de los instrumentos de difusión de los bienes culturales.

Me encantaría someter a estas personas tan influyentes a un interrogatorio similar al que Sócrates planteaba a los poderosos de su tiempo.

 

No estoy en condiciones de hacerlo, pero de todos modos quisiera arrojar algunas preguntas -que a estas personas seguramente ni se les ocurren, en especial porque no tienen tiempo- que remiten todas a una sola: Amos del mundo, ¿acaso ustedes dominan su dominio?

 

O para decirlo más sencillamente, ¿saben qué es lo que están haciendo y todas las consecuencias que ello acarrea?

 

Preguntas a las cuales Platón respondía con una fórmula célebre que sin duda también se aplica aquí: "Nadie es malvado voluntariamente".

Nos dicen que la convergencia tecnológica y económica de lo audiovisual, las telecomunicaciones y la informática y la confusión de las redes hacen que las protecciones jurídicas se vuelvan completamente inoperantes e inútiles; nos aseguran que la profusión tecnológica ligada a la multiplicación de los canales temáticos responderá a la demanda potencial de los consumidores más diversos y que gracias esta explosión of media choices todas las demandas recibirán una oferta adecuada; en suma, que todos los gustos conseguirán satisfacerse.

 

Afirman que la competencia, en especial cuando está asociada al progreso tecnológico, es sinónimo de "creación".

 

Podría ilustrar cada una de mis aserciones con decenas de referencias y citas que me harían caer en la redundancia. (...)

Sin embargo, también nos dicen que la competencia de los nuevos ingresantes, mucho más poderosos -que provienen de las telecomunicaciones y la informática- es tan fuerte que al ámbito audiovisual le cuesta cada vez más resistir; que las cifras de derechos, en especial en materia de deportes, son cada vez más elevadas; que todo lo que producen y hacen circular los nuevos grupos de comunicación tecnológica integrados económicamente -desde publicidades de televisión hasta libros, películas o juegos televisivos- debe recibir el mismo trato que cualquier otra mercancía; y que este producto industrial estándar tiene que obedecer por lo tanto a la ley común, la del beneficio, fuera de toda excepción cultural sancionada por limitaciones reglamentarias, como el precio único en los libros o las restricciones de difusión.

 

Nos dicen finalmente que la ley del beneficio, es decir, la ley del mercado, es claramente democrática, pues otorga el triunfo al producto plebiscitado por la mayoría.

Deberíamos confrontar cada una de estas "ideas" no con otras ideas -correríamos el riesgo de pasar por ideólogos perdidos en las nubes- sino con hechos: a la idea de la diferenciación y diversificación extraordinaria de la oferta podríamos oponerle la extraordinaria uniformización de los programas de televisión; las múltiples redes de comunicación tienden cada vez más a difundir -a menudo a la misma hora- el mismo género de productos, juegos, soap operas, música comercial, melodramas sentimentales del tipo telenovela, series policíacas que da igual que sean francesas, como Navarro, o alemanas, como Derrick, y tantos otros productos surgidos de la búsqueda de beneficios máximos con costos mínimos; o, en un ámbito muy diferente, la homogeneización creciente de los periódicos y, sobre todo, de las revistas semanales.

Otro ejemplo. A las "ideas" de competencia y diversificación podríamos oponerle la concentración extraordinaria de los grupos de comunicación.

 

La suma de las actividades de producción, explotación y difusión desencadena abusos de posición dominante que favorecen a las películas de la misma empresa: Gaumont, Pathé y UGC proyectan el 80% de las películas de exclusividad presentes en el mercado parisino; habría que mencionar también la proliferación de cines multiplex que incurren en una competencia desleal con las pequeñas salas independientes, condenadas a menudo a cerrar sus puertas.


Pero lo esencial es que las preocupaciones comerciales y en particular la búsqueda del beneficio máximo a corto plazo se imponen más y más en el conjunto de las producciones culturales.

 

De esta manera, en la edición de libros -ámbito que he estudiado de cerca- las estrategias de los editores se limitan a orientarse inequívocamente hacia el éxito: cuando las editoriales están integradas por grupos multimedias deben extraer tasas de beneficio muy elevadas.

Es momento de empezar a plantear preguntas. Hablé de producciones culturales.

 

¿Acaso se puede seguir hablando hoy, y se podrá seguir haciéndolo mañana, de producciones culturales y de cultura?

 

A quienes construyen el nuevo mundo de la comunicación y son construidos por él les gusta evocar el problema de la velocidad, los flujos de información y las transacciones que se vuelven cada vez más rápidas; en parte tienen razón cuando piensan en la circulación de la información y en la rotación de los productos.

 

Dicho esto, la lógica de la velocidad y del beneficio que se reúnen en la búsqueda del beneficio máximo a corto plazo -el rating para la televisión, el número de lectores para los libros y diarios y la cantidad de espectadores para las películas- me parecen difícilmente compatibles con la idea de cultura.

 

Como decía Ernst Gombrich, el gran historiador del arte, cuando las "condiciones ecológicas del arte" se destruyen, éste y la cultura no tardan en morir.

A modo de prueba, podría contentarme con mencionar lo que resultó del cine italiano, que fue uno de los mejores del mundo y que sobrevive sólo gracias a un puñado de cineastas, o del cine alemán o del de Europa del Este. O la crisis que conoce en todas parte el cine de autor por la falta, entre otras cosas, de circuitos de difusión.

 

Y ni hablemos de la censura que los distribuidores pueden imponer a ciertas películas como la de Pierre Carles, que no por casualidad versaba acerca de la censura en los medios.

 

O incluso el destino de una radio cultural como France Culture, uno de los pocos lugares de libertad frente a la presión del mercado y del marketing editorial, que hoy está entregada a la liquidación en nombre de la modernidad, el rating y las connivencias mediáticas.

Pero únicamente podemos comprender realmente lo que significa la reducción de la cultura al estado de producto comercial si recordamos cómo se constituyeron los universos de producción de las obras que consideramos universales en el terreno de las artes plásticas, la literatura o el cine.

 

Todas las obras expuestas en los museos, todas esas obras de la literatura que se convirtieron en clásicos, todas esas películas conservadas en las cinematecas y en los museos del cine son el producto de universos sociales que se conformaron de a poco, liberándose de las leyes del mundo ordinario y en particular de la lógica del beneficio.

 

Pensemos en el siguiente ejemplo: el pintor del quattrocento tuvo que luchar contra los apoderados para que su obra dejara de ser tratada como un simple producto y evaluada en función de la superficie pintada y de los colores empleados; debió pelear para obtener el derecho de firmar, es decir, el derecho de ser tratado como un autor; debió combatir por la singularidad, la unicidad, la calidad y gracias a la colaboración de los críticos, biógrafos y profesores de historia del arte se impuso como artista, como "creador".

Pero todo esto es lo que se encuentra hoy amenazado por la reducción de la obra a un mero producto o mercancía.

 

Las luchas actuales de los cineastas por el final cut y contra la pretensión del productor de retener el derecho final sobre la obra son el equivalente exacto de los esfuerzos del pintor del quattrocento.

 

Fueron necesarios casi cinco siglos para que los pintores obtuvieran el derecho de escoger los colores empleados, la manera de emplearlos, y luego el derecho de elegir el tema, en especial haciéndolo desaparecer, con el arte abstraco, para gran escándalo del apoderado burgués.

 

Asimismo, para tener un cine de autor hace falta todo un universo social, pequeñas salas y cinematecas que proyecten películas clásicas y que sean visitadas por los estudiantes, cineclubs dirigidos por profesores de filosofía formados por la frecuentación de dichas salas, críticos bien preparados que escriban en los Cahiers du cinéma (Revista de cine), cineastas que hayan aprendido su oficio viendo películas que reseñaban en esos Cahiers, en fin, todo un medio social en el cual un cierto tipo de cine sea reconocido como valioso.

Estos universos sociales están bajo amenaza por la irrupción del cine comercial y el dominio de los grandes difusores, con los cuales deben contar los productores -salvo cuando éstos también trabajan de difusores-: son la culminación de una larga evolución y hoy se hallan en un proceso de involución.

 

Presenciamos una regresión de la obra al producto, del autor al ingeniero o al técnico que utiliza los famosos efectos especiales o acude a grandes estrellas, recursos extremadamente costosos, para manipular o satisfacer las pulsiones primarias del espectador, pulsiones a menudo anticipadas gracias a las investigaciones de otros técnicos: los especialistas en marketing.

 

Y sin embargo sabemos todo el tiempo que hace falta para crear creadores, es decir, espacios sociales de productores y receptores en el interior de los cuales aquellos puedan aparecer, desarrollarse y tener éxito.

Reintroducir el reino del comercio y de lo "comercial" en universos que muy lentamente se habían construido contra él es poner en peligro las obras más altas de la humanidad, el arte, la literatura e incluso la ciencia.

 

No creo que alguien realmente pueda desear eso. Por tal razón al comienzo recordaba la célebre fórmula platónica: "Nadie es malvado voluntariamente".

 

Si las fuerzas de la tecnología aliadas con las fuerzas de la economía, la ley del beneficio y de la competencia amenazan la cultura,

--- ¿qué podemos hacer para contrarrestarlas?

--- ¿Qué podemos hacer para fortalecer las chances de aquellos que sólo pueden existir en los plazos largos, aquellos que, como los pintores impresionistas de otro tiempo, trabajan para un mercado póstumo?

 

Me refiero a los que se esfuerzan para que sobrevenga un nuevo espacio, en oposición a quienes se someten a las exigencias del mercado actual y reciben beneficios inmediatos, materiales, económicos o simbólicos (premios, condecoraciones o renombre académico).

La elección no es entre la "globalización", es decir, la sumisión a las leyes del comercio y en consecuencia al reino de lo "comercial" -que siempre se distingue de lo que casi universalmente se entiende por cultura- y la defensa de las culturas nacionales o tal o cual forma de nacionalismo o localismo cultural.

 

Los productos kitsch de la "globalización" comercial, la película de entretenimiento con efectos especiales o incluso la world fiction cuyos autores pueden ser italianos o ingleses, se contrapone a los productos de la internacional literaria, artística y cinematográfica cuyo centro está en todas partes y en ninguna, aun si por mucho tiempo se halló en París, Londres o Nueva York, sedes de una tradición nacional de internacionalismo artístico.

 

Así como Joyce, Faulkner, Kafka, Beckett o Gombrowicz, productos puros de Irlanda, Estados Unidos, Checoslovaquia o Polonia florecieron en París, muchos cineastas contemporáneos como Kaurismaki, Manuel de Olivera, Satyajit Ray, Kieslowski, Woody Allen, Kiarostami -y tantos otros- deben sus logros a esa internacional literaria, artística y cinematográfica situada en París.

 

Sin duda porque allí, por razones estrictamente históricas, ese microcosmos de productores, críticos y receptores informados que resulta tan vital se constituyó hace mucho tiempo y pudo sobrevivir hasta hoy.

Insisto: lleva muchos siglos crear productores que trabajen para mercados póstumos. Colocar por un lado una "globalización" supuestamente vinculada al poderío económico-comercial, al progreso y la modernidad y por otro un nacionalismo atado a formas arcaicas de conservación de la soberanía no ayuda a comprender el problema.

 

En realidad presenciamos una lucha entre una potencia comercial que pretende expandir universalmente los intereses particulares del comercio y de sus amos y una resistencia cultural basada en la defensa de las obras universales producidas por la internacional desnacionalizada de los creadores.

Quisiera terminar con una anécdota histórica también ligada a la cuestión de la velocidad y que en mi opinión señala bastante bien las relaciones que un arte liberado de las presiones del comercio podría mantener con los poderes temporales.

 

Se cuenta que Miguel Angel empleaba tan pocas formas protocolares en su vínculo con el Papa Julio II, su apoderado, que éste se veía obligado a sentarse muy rápido para impedir que Miguel Angel se sentara antes que él. En cierto sentido, podría decir que aquí he intentado perpetuar, muy modestamente, pero con total fidelidad, la tradición inaugurada por Miguel Angel: distanciarse de los poderes y muy especialmente de esas nuevas fuerzas que se apoyan en el dinero y en los medios.

 

 

LA HEGEMONÍA IMPOSIBLE POR FERNANDO ROSSO *** POLÍTICA ARGENTINA SIGLO XXI *** EL PERONISMO *** LAS DERECHAS CAMBIARON EL PELO PERO NO LAS MAÑAS *** CRISIS CRÓNICA *** NEO-LIBERALISMO, POPULISMO *** CAMBIO CUALITATIVO RELACIÓN DE FUERZAS *** LENTA DECADENCIA *** REALIDAD COMPLEJA DIFICIL DE TRANSFORMAR *** IDEAS PARA EL DEBATE *** CHOQUE DE IDEAS, EMERGENCIA DE IDEAS MÁS POTENTES *** CONSENSO



LA HEGEMONÍA IMPOSIBLE

POR FERNANDO ROSSO*

Descripción: https://www.eldiplo.org/wp-content/uploads/2022/04/LHI-frente-rosa-webdiplo.jpg

 

“Todo libro comienza con el deseo de otro libro, como impulso de copia, de robo, de contradicción, como envidia y desmesurada confianza”, escribió Beatriz Sarlo en la introducción a Una modernidad periférica (1).

 

Podría agregar que el resultado final se ubica entre el fracaso de ese libro imaginario y el “éxito” de lo realmente escrito. Con la excepción de la “desmesurada confianza”, este libro contiene copia, robo y envidia, pero sobre todo, diálogos, conversaciones y polémicas con múltiples textos o intervenciones que intentaron pensar con seriedad la política argentina de las dos primeras décadas del siglo XXI a partir de un acontecimiento fundante de esta época: el 2001.

 

Es el producto de varios años de reflexión sobre la Argentina reciente a la luz de su historia: el devenir de su “sociedad civil” siempre contenciosa y especialmente sus inquietas clases trabajadoras; el itinerario del peronismo, movimiento que estuvo en el corazón del sistema político en los últimos ochenta años y que hoy es una sombra de lo que fue; el derrotero de sus derechas, que han cambiado el pelo, pero no las mañas; y un fenómeno que se ha instalado en el centro de la vida pública: la crisis.

 

Efectivamente, si algo nos define a los argentinos y argentinas es la persistencia de la crisis, que lejos de ser un problema “patológico” es el resultado de la irresolución de conflictos entre fuerzas sociales y políticas que vienen protagonizando un largo “empate”.

 

El país de los vetos recurrentes, el péndulo eterno, el círculo vicioso entre los que llegan y no pueden y los que dicen que pueden y no llegan.

 

El país en el que no se puede ser más neoliberal ni más populista de lo que permite la relación de fuerzas.

 

En síntesis, el país de la hegemonía imposible.

 

Luego de la ocupación menemista y del primer kirchnerismo, cuyas administraciones establecieron algo parecido a una “hegemonía”, en los últimos años nadie logró reunir las condiciones políticas para un cambio cualitativo de las relaciones de fuerza y un ciclo expansivo, tanto desde el punto de vista económico como desde la representación política.

 

En este laberinto, la crisis se tornó crónica y el país parece transitar una lenta decadencia.

 

Este es un libro militante, en el sentido de que aspira a contribuir al conocimiento de una realidad compleja porque es difícil transformar lo que no se conoce o lo que no se entiende.

 

Sin embargo, el lector o la lectora no encontrarán lo que desde una posición de izquierda tradicional se denomina una “línea”, una propuesta para la acción inmediata, un posicionamiento programático explícito o precisas coordenadas estratégicas que con mis capacidades limitadas realizo en otros ámbitos y bajo otros formatos.

 

Por el contrario, aquí se vuelcan reflexiones provisionales, ideas para el debate, hipótesis que buscan someterse a la prueba de la realidad y discusiones que pretenden animar la conversación colectiva que nos ayude a entender ese problema que llamamos Argentina: la Argentina reciente como problema.

 

El libro tampoco es una historia pormenorizada de cada periodo político o de las diferentes etapas que siguieron al 2001 como acontecimiento hasta lo que periodísticamente denomino el “quinto peronismo”, sino más bien un ensayo sobre cuáles fueron sus características esenciales y los hechos que desde mi punto de vista las confirman.

 

Intenta restablecer un método que coloque en el centro del análisis a las relaciones de fuerza sociales y su traducción política sobre la base de los condicionamientos económicos. Un vector que estuvo relativamente ausente o relegado a un segundo plano en el grueso de las lecturas de la política argentina del último periodo, con valiosas excepciones, que estimularon estas reflexiones.

 

El país de los vetos recurrentes, el péndulo eterno, el círculo vicioso entre los que llegan y no pueden y los que dicen que pueden y no llegan.

 

El país en el que no se puede ser más neoliberal ni más populista de lo que permite la relación de fuerzas. En síntesis, el país de la hegemonía imposible.

 

Un complemento que consideré muy productivo para contribuir en este sentido fue la exposición crítica de las diferentes polémicas o debates que se desataron ante cada fenómeno.

 

En la historia política o intelectual, el choque de ideas siempre habilitó la emergencia de verdades más potentes que la narrativa del consenso, que termina, en general, en un compromiso ecléctico que todos veneran y en el que nadie cree.

 

La deformación profesional me inclinó hacia el uso del formato periodístico y algunas herramientas de la crónica, pero conjugadas con lecturas de mediano o largo plazo, elaboraciones teóricas o trabajos académicos que ayudan a tomar la distancia necesaria para entender los avatares del presente.

 

Se dijo alguna vez que el periodismo es “la primera versión de la historia”; podría agregar que a veces también es la más precaria. Sin embargo, no me encuentro entre los elitistas que reniegan del periodismo como una literatura menor frente a otros géneros que tendrían una estatura presuntamente superior.

 

Despojado de esa dudosa legitimidad autorreferente y de las ínfulas que pretenden encontrar en cada hecho irrelevante “al hombre que mordió al perro”, el periodismo puede brindar instrumentos útiles para la compresión de una época.

 

José Carlos Mariátegui llegó a afirmar que “el mejor método para explicar y traducir nuestro tiempo es, tal vez, un método un poco periodístico y un poco cinematográfico” (2).

 

Este libro tiene, además, algo de la sensibilidad y la impronta generacional, justamente por aquella vieja advertencia: “Escribe sobre lo que sabes”, y ¿qué mayor conocimiento que el de las cosas y hechos que, además de estudiarse, se han vivido?

 

Por último, el libro padece, sí, de una desmesura: la pretensión del ensayo, precisamente por aquello de que “todo contenido reclama su forma”. Y en esa confluencia híbrida entre el campanear de las siempre cambiantes coyunturas argentinas, la experiencia política cotidiana y ciertas elaboraciones teóricas, estos textos encontraron la forma más adecuada de transmitir lo que querían decir. Los lectores y las lectoras juzgarán con qué éxito.

 

1. Beatriz Sarlo, Una modernidad periférica, Siglo XXI, Buenos Aires, 2020.

2. José Carlos Mariátegui, “La escena contemporánea”, en Antología (seleccionada por Martín Bergel), Siglo XXI, Buenos Aires, 2021.

 


 

lunes, 18 de abril de 2022

IGNACIO RAMONET *** "EL IMPERIO DE LA VIGILANCIA" - LIBRO - *** INTERNET REVOLUCIONÓ LA INFORMACIÓN Y LA VIGILANCIA *** MEGA-EMPRESAS BENFICIARIAS EXPLOTAN NUESTROS DATOS PERSONALES *** ALIANZA ENTRE ESTADO, APARATO MILITAR DE SEGURIDAD E INTERNET *** BIG BROTHER *** VIGILANCIA MASIVA *** LA VIDA DE LOS OTROS *** ¿DEMOCRACIA O DICTADURA? *** CENTRALIZACIÓN DE INTERNET *** MODELO ECONÓMICO DE PULICIDAD, CONTRA GRATITUD ** PRE-DELITO ***DIAGNOSTICAR LA PELIGROSIDAD *** RETORNO AL DETERMINISMO GENÉTICO *** TODA PERSONA ES SOSPECHOSA A PRIORI *** METAMORFOSIS DE LA JUSTICIA *** LA CUESTIÓN DE LA LIBERTAD *** ¿DEMOCRACIA DIGITAL? *** REPÚBLICA DIGITAL *** CONTROLAR INTERNET PARA CONTROLARNOS MEJOR *** RESISTIR, ENCRIPTAR *** ¿CÓMO DEFENDERSE? *** LOS LANZADORES DE ALERTAS *** POR UNA CARTA DE INTERNET

 

 




Ignacio Ramonet revela la increíble vigilancia ejercida hoy día sobre los ciudadanos del mundo, que deja pequeño al Gran Hermano de Orwell.

Hoy día los ciudadanos del mundo estamos siendo vigilados y, por tanto, controlados.

 

Internet ha revolucionado totalmente los campos de la información y de la vigilancia, que ahora es omnipresente y totalmente inmaterial.

 

AUTOR

RAMONET MÍGUEZ, IGNACIO

 

Ignacio Ramonet (Redondela, Pontevedra, 5 de mayo de 1943) es un periodista español establecido en Francia. Es una de las figuras principales del movimiento antiglobalización.

 

Nacido en 1943, Ramonet creció en Tánger donde sus padres, republicanos españoles que huían de Franco, se instalaron en 1948.

 

Estudió en la Universidad de Burdeos y regresó a Marruecos. En 1972 se trasladó a París, donde se inició como periodista y crítico cinematográfico.<BR><BR>

 

Es doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París-VII).<BR><BR>

 

Especialista en geopolítica y estrategia internacional y consultor de la ONU, actualmente imparte clases en la Sorbona de París.

 

Desde 1990 hasta 2002 fue director de la publicación mensual Le Monde Diplomatique y la bimensual Manière de voir.<BR><BR>

 

Es cofundador de la organización no gubernamental Media Watch Global (Observatorio Internacional de los Medios de Comunicación) de la que es presidente.<BR><BR>

 

Un editorial escrito en Le Monde Diplomatique durante 1997 dio lugar a la creación de ATTAC, cuya labor se dedicó originalmente a la defensa de la tasa Tobin.

 

En la actualidad se dedica a la defensa de una gran variedad de causas de la izquierda política y tiene como presidente de honor a Ignacio Ramonet.

 

Fue también uno de los promotores del Foro Social Mundial de Porto Alegre.<BR><BR>

 

Es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina y de la Universidad de La Habana, en Cuba.

 

Hoy todos los estadounidenses están bajo escucha.
Edward Snowden

 

A nuestro alrededor merodea permanentemente un Big Brother que quiere saberlo todo de cada uno de nosotros, y clasificarnos en función de los “riesgos potenciales” que podríamos presentar.

 

Esta vigilancia masiva ha sido siempre la gran tentación de los poderes autoritarios. En este sentido, algunos regímenes del pasado permanecen definitivamente asociados a prácticas secretas de intromisión en la vida de las personas.

 

Pensamos sobre todo en el III Reich hitleriano y en el Estado estalinista. En su novela 1984, George Orwell se burló especialmente de este último

 

Más próxima a nosotros, la película La vida de los otros [1] ha estigmatizado el sistema de vigilancia generalizada en la antigua República Democrática Alemana (RDA), implantado por el Ministerio para la Seguridad del Estado, más conocido como Stasi.

 

Estos regímenes eran dictaduras. Pero, en nuestros días, son democracias las que han levantado sofisticadas redes de vigilancia clandestina, a veces en contradicción con sus propias tradiciones.

 

En este sentido, hay que recordar que el acto fundador de los Estados Unidos fue la revuelta de los colonos norteamericanos contra una ley inglesa que autorizaba la violación de la vida privada.

 

La explosión de cólera desembocó en la revolución norteamericana de 1776. La cuarta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege siempre a los ciudadanos estadounidenses contra cualquier abuso de una administración que quisiera someterlos a una violación ilegal de su intimidad:

“”“No será violado el derecho de los ciudadanos a la seguridad de sus personas, domicilios, documentos y bienes; contra cualquier registro o detención arbitrarios …”””.

 

El auge de Internet y de las nuevas redes electrónicas ofrece actualmente a los principales servicios estatales de escucha de las comunicaciones –la NSA, en los Estados Unidos; el GHCQ, en el Reino Unido; la DGSE, en Francia; el CNI en España-, una inesperada ocasión para instaurar fácilmente una vigilancia sistemática y generalizada de todas las protestas políticas y sociales.

 

Precisamente porque Internet ya no es ese espacio de libertad descentralizado que permitiría escapar a la dependencia de los grandes medios de comunicación dominantes.

 

Sin que la mayoría de los internautas se haya dado cuenta, Internet se ha centralizado en torno a algunas empresas gigantes que lo monopolizan y de las que ya casi no se puede prescindir.

 

No se vio venir la centralización de Internet –confirma Laurent Chemla, uno de los pioneros de la Internet militante en Francia.

 

No entendimos que el modelo económico de publicidad-contra-gratuidad crearía un peligroso fenómeno de centralización, porque los anunciantes tienen interés en trabajar con los más grandes, aquellos que tienen más audiencia.

 

En la actualidad, hay que conseguir ir en contra de esta lógica, para descentralizar de nuevo Internet.

 

La opinión pública debe comprender que la gratuidad conlleva una centralización tal de Internet que, poco a poco, el control se vuelve más fuerte y la vigilancia se generaliza [2].

 

Otro cambio: hoy la vigilancia se basa esencialmente en la información tecnológica, que es automática, más que en la información humana.

 

Como en Minority Report, es el “predelito” lo que a partir de ahora se persigue. Para “anticiparse a la amenaza”, las autoridades tratan de “diagnosticar la peligrosidad” de un individuo a partir de elementos de sospecha, más o menos comprobados.

 

Con la paradójica idea de que, para garantizar las libertades, hay que empezar por limitarlas.

 

RETORNO DEL DETERMINISMO GENÉTICO

 

En el nuevo Estado de vigilancia, toda persona es considerada sospechosa a priori. Sobre todo, si las “cajas negras algorítmicas” la clasifican mecánicamente como “amenazante” después de analizar sus contactos y sus comunicaciones.

 

Esta nueva teoría de la seguridad, que es una variante del funesto determinismo genético, considera que el ser humano está desprovisto de verdadero libre arbitrio o de pensamiento autónomo.

 

El hombre no sería sino una mera máquina sometida a la influencia de pulsiones de nacimiento y a fatalidades biológicas.

 

Es inútil, por lo tanto, que, para prevenir eventuales derivas, se busque intervenir retroactivamente en el entorno familiar o en las causas sociales.

 

Lo único que ahora quiere el Estado, con la fe puesta en los informes de vigilancia, es reprimir lo antes posible, antes de que se cometa el delito.

 

Esta concepción determinista de la sociedad, imaginada hace más de sesenta años por el excelente escritor estadounidense de ciencia ficción Philip K. Dick, se impone poco a poco en numerosos países, a medida que son golpeados por la tragedia del terrorismo[3].

 

METAMORFOSIS DE LA JUSTICIA

 

El gran cambio arrancó en los Estados Unidos. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la ley Patriot Act modificó, por primera vez en el seno de una democracia, la relación seguridad/vida privada.

 

Más que un cambio, explica la jurista francesa Mireille Delmas-Marty, es una auténtica metamorfosis de la justicia penal, y, por extensión, del control social […].

 

La Patriot Act ha hecho posible que, por orden del presidente, emerjan una vigilancia masiva y un régimen penal derogatorio, y que se llegue a amparar el uso de la tortura e incluso la organización de asesinatos selectivos […].

 

Se ha pasado muy rápidamente a una “guerra contra el terrorismo” desplegada sobre el conjunto del planeta; primero, con la apertura del campo de concentración de Guantánamo fuera del territorio de los Estados Unidos; y, más tarde, con la “tela de araña” estadounidense, denunciada en 2006 por el Consejo de Europa: el mapa de centros secretos de detención en todo el mundo y las transferencias ilegales de detenidos[4].

 

Otras democracias han imitado a los Estados Unidos. De la Terrorism Act [5], en el Reino Unido, a la ley Renseignement, en Francia, pasando por la Ley de Seguridad Ciudadana[6], en España, se ha multiplicado la legalización de la vigilancia clandestina de masas.

 

Expresar en Internet una simple intención de cometer un acto “irregular” puede llevar hoy, en algunos países democráticos, a la detención del internauta [7]. Lo cual es contrario a uno de los principios fundadores de la Justicia penal moderna.

 

El jurista Beccaria [8] estableció, en el Siglo de las Luces, que para declarar “criminal” a una persona, primero tiene que haberse cometido realmente el crimen, o al menos haberse iniciado su ejecución.

 

LA CUESTIÓN DE LA LIBERTAD

 

Nada que hacer: nuestro uso de Internet nos delata. Lo cual ha llevado a Julian Assange a decir: “Internet ha sido transformado para convertirse en el más peligroso vehículo del totalitarismo que jamás hayamos conocido”. La red es “de ahora en adelante una amenaza para la civilización humana [9]”.

 

Porque, hay que admitir finalmente que, con la centralización de Internet, la “democracia digital”, en la que se pudo creer en los albores, se ha revelado como una impostura y un engañabobos.

 

La “República digital” –explica François de Bernard—no es el gobierno del interés público por medio de las leyes -lo cual, según Rousseau, constituye la condición, si no la esencia, de toda República-, sino solamente el gobierno de los números, por los números y para los números; el gobierno de las cifras, de lo cifrado y destinado a la cifra, con el fin de que, con un simple clic del ratón, la República pueda ser gobernada con el menor número de obstáculos que pudieran dificultar el despliegue del proyecto de sus dirigentes[10].

 

Succionados por la dinámica centralizadora, los gobiernos, los servicios de seguridad y las empresas gigantes de la Red se fusionan ante nuestros ojos en un complejo securitario-digital que tiene un objetivo preciso: controlar Internet para controlarnos mejor.

 

En Internet, cada internauta está interconectado y proporciona, en tiempo real, una cantidad incalculable de informaciones personales que ningún Estado ni empresa privada habría soñado nunca en poder recopilar.

 

Como “un ejército de ocupación” que controla los puntos de paso […], los Estados impiden la independencia de la Red.

 

Llevados al extremo, pueden alimentarse, como sanguijuelas, en las venas y las arterias de nuestras nuevas sociedades, atiborrándose con cada intercambio expresado o comunicado, con cada mensaje enviado y con cada pensamiento “googleado”, y almacenar luego todo este saber –miles de millones de interceptaciones diarias, un poder inimaginable- en centros de procesamiento de datos. Y para siempre.

 

Frente a este rodillo compresor, muchos ciudadanos tiran la toalla y se resignan a ver amenazada su libertad de expresión y violados sus derechos fundamentales. Están equivocados. Porque la auténtica cuestión no es la vigilancia, sino la libertad, como explica Edward Snowden:

 

Cuando alguien dice: “No tengo nada que ocultar”, en realidad está diciendo: “Me río de mis derechos”. [..]

 

Si dejáis de defender vuestros derechos pensando: “No necesito mis derechos en este contexto”, ya no se trata de derechos.

Los habéis convertido en algo de lo que disfrutáis como de un privilegio revocable por el gobierno […] Y ello reduce el perímetro de la libertad en el seno de una sociedad [11].

 

RESISTIR, ENCRIPTAR

 

¿Cómo defenderse?

 

En primer lugar, informándose y consultando las numerosas páginas web especializadas en seguridad informática [12].

 

También uniéndose a las diferentes organizaciones que luchan contra la vigilancia masiva, especialmente WikiLeaks [13] y, en Francia, La Quadrature du Net [14].

 

Y sobre todo optando, en primer lugar, por la autodefensa mediante la encriptación, o codificación, como nos aconseja Edward Snowden: “La encriptación es una responsabilidad cívica, un deber cívico”.

 

Solamente la encriptación permite enviar y recibir mensajes de correo electrónico codificados. Impide que una herramienta automática de vigilancia pueda leerlos si los intercepta.

 

Aunque no se tenga nada que ocultar, la encriptación nos ayuda a proteger nuestra vida privada y la de las personas con quienes nos comunicamos. Lo cual hará más difícil el trabajo de los espías del nuevo Complejo securitario-digital.

 

Aunque muchos gobiernos, sobre todo después de los odiosos atentados del 13 de noviembre en París, están planteándose la prohibición de todo sistema de encriptación de mensajes, las revelaciones de Edward Snowden han permitido la emergencia y la democratización de varias herramientas de encriptación de mensajes SMS y de comunicaciones telefónicas. Por ejemplo: Signal, Telegram, Wickr, TrueCrypt, ProtonMail, Threema, etc.

 

Oponerse a la vigilancia del Estado, cuando se es inocente, es una lucha política. Y aprender a protegerse es la primera etapa de esta lucha.

 

Después, hay que pasar a la guerrilla digital: engañar a los espías, cegarlos, disimular nuestras conexiones a Internet, cifrar nuestros correos electrónicos, proteger nuestros mensajes.

 

El objetivo es hacer que los algoritmos enloquezcan, crear zonas de opacidad, y escapar a la inspección y al cacheo de los chivatos digitales secretos.

 

El derecho está de nuestra parte. Una importante sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), dictada el 6 de octubre de 2015, constituye efectivamente una gran victoria jurídica, y alienta la rebelión de los ciudadanos contra la vigilancia masiva.

 

En respuesta a la demanda contra Facebook interpuesta por un joven austriaco, Maximilian Schrems, que, a raíz de las revelaciones de Edward Snowden, acusó a la empresa gigante de haber colaborado con la NSA, el TJUE decidió ese día invalidar el acuerdo entre la Unión Europea y los Estados Unidos, firmado en el año 2000, llamado comúnmente Safe Harbor (“Esfera de Seguridad”), que autorizaba a las empresas estadounidenses, y especialmente a las GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft) a exportar a los Estados Unidos los datos personales de los europeos, y a almacenarlos allí [15].

 

La sentencia “Schrems” debería obligar a Facebook a suspender la transferencia de datos a los servidores estadounidenses.

 

También debería obligar a la Comisión Europea a ser más severa en la renegociación del acuerdo con Washington[16]. Y forzar a las GAFAM, que obtienen la mayor parte de sus ingresos de la explotación a gran escala de nuestros datos personales, a revisar sus prácticas.

 

Finalmente, el Consejo de Europa[17], ha estimado en un informe reciente que “mientras los Estados no acepten fijar límites a los programas de vigilancia masiva que llevan a cabo sus agencias de información, la codificación generalizada, y orientada a proteger la vida privada, es la solución de repliegue más eficaz para permitir a la gente proteger sus datos”[18].

 

Más aún. Con ánimo de resistencia, algunos sitios web asociativos permiten iniciarse fácilmente en el cifrado de las comunicaciones digitales[19].

 

Hay también otras armas: la red de anonimato TOR[20], sobre todo; las empresas ProtonMail (Alemania) y Tutanota (Suiza), que ofrecen servicios para proteger mejor los correos; el sistema de explotación Tails[21]; la solución de ciframiento Trucrypt, que permite ante todo cifrar archivos; o proyectos de mensajería como Caliopen, un software libre destinado a proteger la confidencialidad de los intercambios de sus usuarios, lanzado en septiembre de 2013 por Laurent Chemla[22].

 

Al parecer, las revelaciones de Edward Snowden han generado una toma de conciencia de la importancia de la encriptación[23], incluso en el seno de algunos organismos más oficiales, como el Internet Engineering Task Force (IETF), encargado de la estandarización de los protocolos de Internet a escala global.

 

LOS LANZADORES DE ALERTAS

 

Desde hace varios años, hackers, militantes contra el espionaje y lanzadores de alertas colaboran y se relevan para denunciar los abusos. Resisten al Imperio de la vigilancia y son los héroes de la era Internet.

 

Conocemos, desde luego, a los tres más célebres: Julian Assange, Chelsea Manning y Edward Snowden, pero recordemos que otros iniciaron la resistencia antes que ellos. Por ejemplo, Mark Klein, un ex ejecutivo de la empresa AT&T, y el jurista Thomas Tamm, en los Estados Unidos. También algunos ex agentes de la NSA, inspirados probablemente en el ejemplo de Daniel Ellsberg, un analista de la Rand Corporation que, en 1971, se atrevió a publicar los célebres Pentagon Papers[24], que sacaron a la luz las razones ocultas de la intervención militar de los Estados Unidos en Vietnam (55.000 muertos del lado estadounidense, más de un millón del vietnamita), un conflicto que jamás fue autorizado por el Congreso.

 

Entre los lanzadores de alertas anteriores a Snowden, y ex agentes de la NSA, se puede citar también a Perry Fellwock, o a Russell D. Tice. Y, más recientemente, a William Binney, Thomas Drake, Edward Loomis y J. Kirk Wiebe, quienes, junto a Diane Roark, del Comité para la Información de la Cámara de Representantes, llegaron a difundir públicamente un manifiesto contra la vigilancia masiva, el 17 de enero de 2014 [25].

 

En muchos países se han lanzado campañas para incitar a los agentes de información a que dimitan. Por ejemplo, en septiembre de 2015, y a iniciativa del colectivo berlinés Peng (www.pen.gg), grupos de artistas y activistas defensores de las libertades públicas pegaron, delante de las agencias de información estadounidenses y alemanas, banderolas animando a los espías con remordimientos a que abandonasen su trabajo. “¿Queríais servir a vuestros conciudadanos? Habéis terminado por espiarlos. ¡Dimitid![26]”.

 

De igual modo, ante la entrada de la base militar estadounidense de Dager, en Alemania, donde hay una importante estación de escucha de la NSA, unos activistas instalaron un panel estratégico en el que se podía leer:

 

“”“Escuchad vuestro corazón, no nuestras conversaciones”””.

 

Por otra parte, el sitio web IntelExit (www.intelexit.org) ofrece muchos consejos y argumentos para convencer a los agentes de que dejen sus funciones, y les ayuda también a redactar automáticamente una carta de dimisión[27].

 

POR UNA CARTA DE INTERNET

 

Pero hay que hacer más, y contraatacar. Muchos militantes anti-cibervigilancia proponen el lanzamiento de una Carta de Internet, semejante a la Carta de la ONU:

 

“””Es necesario –afirma Snowden—que nuestra generación cree lo que Tim Berners-Lee, el inventor de la Red, llama la Gran Carta de Internet. Queremos definir lo que deben ser los “derechos digitales”. ¿Qué valores debemos esforzarnos en proteger? ¿Cómo vamos a garantizarlos[28]? “””

 

En una entrevista en The Guardian[29]Tim Berners-Lee deseó, efectivamente, que esta Gran Carta[30] mundial que él exige consagre la vida privada, la libertad de expresión y el anonimato:

 

“”” Sin un Internet libre y neutral, sobre el que podamos apoyarnos sin tener que preocuparnos por lo que pasa entre bastidores –declaró—, no podemos tener un gobierno abierto, ni una buena democracia, ni un buen sistema de salud, ni comunidades conectadas entre sí, ni diversidad cultural. […]

“”” Nuestros derechos son pisoteados cada vez más en todas partes. Y el peligro es que nos acostumbremos a ello. Quiero, por tanto, aprovechar el 25 aniversario del nacimiento de la Web para invitarnos a todos a ponernos manos a la obra con el fin de retomar las riendas y definir la Web que queremos para los próximos 25 años[31].

 

Con la cooperación de ONG internacionales y de juristas de todo el mundo, WikiLeaks ha creado también su propia Carta.

 

Consta de trece principios[32], denuncia la vigilancia del Estado como “un atentado a las leyes internacionales sobre los derechos humanos”, y rechaza que lo gobiernos utilicen su poder para controlarnos.

 

Otros pensadores, como el filósofo François de Bernard, reclaman el derecho a “una objeción de conciencia digital[33]”.

 

¿Cómo resistir? La solución está en buscar una multitud de micro resistencias, que pasan por la educación popular, la formación en herramientas informáticas de cifrado, la búsqueda de soluciones alternativas para volver caducas las actuales normas dominadas por las GAFAM.

 

La batalla por los nuevos derechos cívicos en la era digital no ha hecho más que comenzar.

 

Los Estados de vigilancia se apoyan en su carácter democrático para manifestarse especialmente implacables contra los nuevos disidentes.

 

No es casualidad que Snowden decidiera difundir sus espectaculares revelaciones sobre el programa PRISM justo el día en el que comenzaba en los Estados Unidos el proceso contra Chelsea Manning (antes Bradley Manning), acusada de transmitir archivos secretos a WikiLeaks; la misma fecha en la que se cumplía también el primer aniversario de la reclusión de Julian Assange en los locales de la embajada de Ecuador en Londres, donde hubo de encontrar refugio para evitar ser extraditado a los Estados Unidos vía Suecia…

 

Snowden, Manning, Assange, tres héroes de nuestro tiempo, acosados y perseguidos por el Imperio de la vigilancia.

 

Edward Snowden se arriesga a una pena de treinta años de prisión[34], tras haber sido acusado por los Estados Unidos de “espionaje”, “robo” y “utilización ilegal de bienes gubernamentales”.

 

El 21 de agosto de 2013, Chelsea Manning fue ya condenada a treinta cinco años de prisión. Y Julian Assange está amenazado con la pena de muerte[35].

 

A aquellos que se preguntan por qué estos tres paladines de la libertad asumen tantos riesgos, Snowden les responde:

 

“””Cuando te das cuenta de que el mundo que has ayudado a crear será peor para la nueva generación y para las siguientes, y de que no deja de reforzarse la capacidad de esta arquitectura de la opresión, comprendes que hay que denunciarla y que, por eso, debes aceptar todos los riesgos. Cualesquiera que sean las consecuencias.”””

 

A todos los ciudadanos libres de actuar de la misma forma, una sola consigna: “¡Contra la vigilancia masiva, resistencia masiva!”.

 

NOTAS

[1] Florian Henckel von Donnersmarck, Das Leben der Anderen, 2006.

[2] Cf. “Entretien avec Laurent Chemla”, Le Journal du Net, 11 de marzo de 2015 (http://www.journaldunet.com/edbusiness/le-net/laurent-chemla-laurent-chemla-project-caliopen-shtml.)

[3] Recordemos que, en Francia, el antiguo ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, afirmó, en abril de 2007, que ciertos comportamientos, en especial la pedofilia y el suicidio de los jóvenes, tenían en su opinión “causas genéticas”. Cf. Philosophie Magazine, abril de 2007.

[4] Le Monde, 4 de junio de 2015.

[5] La ley Terrorism Act se promulgó en 2006, tras los atentados de Londres de julio de 2005. Fue reforzada en 2008 por la Counter-Terrorism Act, que, sobre todo, prolonga el plazo de retención hasta los 42 días.

[6] Conocida popularmente como Ley Mordaza, entró en vigor el 1 de julio de 2015. Viene a completar el importante arsenal de medidas antiterroristas en España, especialmente la ya muy severa Ley Antiterrorista de 1984.

[7] El 10 de marzo de 2004 entró en vigor el artículo 221-5-1 del Código Penal, que creó, en Francia, el delito de intención criminal. Esta ley castiga el “mandato criminal”, es decir, el hecho de solicitar a una persona afín que cometa un delito, aunque el mandante no cometa la infracción principal. Castigar actos que aún no se han cometido constituye toda una innovación… Por lo tanto, con este artículo hay una derogación efectiva del principio de legalidad de los delitos y las penas, establecido por Cesare Beccaria.

[8] Cesare Beccaria (1738-1794), jurista y filósofo italiano perteneciente al periodo de las Luces. En su libro, De los delitos y las condenas, funda el derecho penal moderno, y destaca por desarrollar la primera argumentación contra la pena de muerte.

[9] J. Assange et al.,op. cit.

[10] François de Bernard, L’Homme post-numérique, París, éditions Yves Michel, 2015.

[11] K. van den Huevel y S. F. Cohen, art. cit.

[12] Por ejemplo: http://www.nextinpact.comwww.anonymat.orghttp://www.udernews.frhttp://assite.com.free.frhttp://sous-surveillance.fr Véase también el sitio web de la Agencia Nacional de Seguridad de los sistemas informáticos (ANSSI), http://www.ssi.gouv.fr

[13] Ver la web https://wikileaksactu.wordpress.com

[14] www.laquadrature.net/fr

[15] Le Monde, 7 de octubre de 2015.

[16] Cf. Marc Rees, “Safe Harbour: Bruxelles prône la poursuite des flux des données transatlantiques”, NextINpact, 6 de octubre de 2015 (www.nexintpact.com/news/96777-safe-harbor-bruxelles-prone-poursuite-flux-donnees-transatlantiques.htm)

[17] Creado en 1949, el Consejo de Europa tiene la misión de promover los derechos humanos en todo el continente. Sus principios han sido retomados por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).

[18] Cf. E. Tréguer, “Résistance multiforme”, art. cit.

[19] Por ejemplo, la web Autodefensa del correo (https://emailselfdefense.fsf.org/es).

[20] La red TOR puede hacer anónimos los intercambios en Internet basados en el protocolo de comunicación TCP; es decir, aproximadamente el 95% de todo el tráfico de Internet.

[21] Tails es un sistema cuyo objetivo es preservar la vida privada y el anonimato. Permite utilizar Internet de manera anónima y esquivar la censura en cualquier ordenador y en casi todos los sitios que se visitan. Tails no deja rastro alguno de lo que se hace, salvo que se le pida expresamente. (https://tails.boum.org/about/index.fr.html).

[22] Con respecto a Caliopen, véase “Entretien avec Laurent Chemla”, art. cit.

[23] Cf. F.Tréguer, “Résistance multiforme”, art. cit.

[24] http://www.wllsberg.net/archive

[25] Con el título “We Need Real Protection From The NSA” (http://www.informationclearinghouse.info/article37397.htm)

[26] Le Monde, 30 de septiembre de 2015.

[27] Wired, 28 de septiembre de 2015 (http://www.wired.com/2015/09/campaign-help-surveillance-agents-quit-nsa-gchq).

[28] K. van den heuvel y S. F. Cohen, art. cit.

[29] The Guardian, Londres, 12 de marzo de 2014 (http://www.theguardian.com/technologyu/2014/mar/12/online-magna-carta-berners-lee-web)

[30] En alusión a la Magna Carta de 1215, que limitó por primera vez el poder absoluto de la Corona, y fue el fundamento del derecho y las libertades inglesas.

[31] Cf. Numérama, 12 d emarzo de 2014 (http://www.numerama.com/magazine/28719-1-inventeur-du-web-veut-une-charte-mondiale-pour-proteger-internet-html).

[32] Sed puede leer el texto íntegro en la web https://wikileaksactu.wordpress.com

[33] Cf. F. de Bernard, “Pour une objection de conscience numérique”, Mémoire des luttes, 2 de septiembre de 2015 (http://www.medlu.org/Pour-une-objection-de-conscience).

[34] Tras dejar Hong Kong por Moscú, Edward Snowden pidió asilo político a veintiún países, entre ellos a Francia. Sólo Rusia le dio una respuesta positiva y lo acogió en su territorio.

[35] La ley sobre espionaje, promulgada en 1917, en el momento en que el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, buscaba criminalizar a todos aquellos que se oponían a entrar en guerra, prevé sanciones muy duras: cadena perpetua e incluso pena de muerte.