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domingo, 13 de septiembre de 2015

CUANDO LA EDUCACIÒN NO SIRVE A LA DEMOCRACIA - Por: CARLOS RODRÌGUEZ ESTACIO - 25/02/2015 - ENSEÑANZA ILUSTRADA - INFLUENCIA DE LOS IGNORANTES, TEMOR DE LAS DEMOCRACIAS - IGNORANCIA ACTIVA - INTELIGENCIA CRITICA - IGUALDAD DE OPORTUNIDADES - REPARTO DESIGUAL DE BIENES BÀSICOS - GUILLOTINA ACADÈMICA - GUILLOTINA CLASISTA - FETICHIZAR LA CULTURA - TODOS SOMOS IGUALES PORQUE TODOS SOMOS DIFERENTES - EL RELATIVISMO - EL PRAGMATISMO - EL PATERNALISMO - LA PERMISIVIDAD - ENSEÑANZA CONCERTADA -

TOMADO DEL BLOGG CUATRO FILOSOFOS 


TRIBUNA

Cuando la educación no sirve a la democracia

Podemos definir enseñanza ilustrada como aquella que posibilita el desarrollo libre de las facultades intelectuales, afectivas y volitivas del alumnado. 
Los argumentos a su favor son muchos, pero nos centraremos únicamente en aquellos que afectan de manera esencial al proyecto democrático.
J. K. Galbraith afirmó con lucidez que «todas las democracias contemporáneas viven bajo el permanente temor a la influencia de los ignorantes». 
Desde ese punto de vista se puede sostener que, respecto a esta 'ignorancia activa', las sociedades democráticas educan en defensa propia. 
En efecto, únicamente una ciudadanía que ejerza la inteligencia crítica puede evitar que un país quede en manos de los que mienten, sobornan o manipulan. 
Por otro lado, la igualdad de oportunidades constituye un pilar imprescindible democrático, de acuerdo con el ideal de justicia social que lo inspira. Y eso exige un sistema público que garantice una enseñanza de calidad a todos.

Sería absurdo defender que el sistema anterior estaba exento de desigualdad o injusticia. 
Basta con constatar cómo, en los entornos deprimidos socioculturalmente, sólo una minoría llegaba a cursar estudios universitarios. 
El problema de la LOGSE es que suprimió lo que funcionaba bien (un bachillerato igualitario y de calidad) en vez de generalizarlo (por ejemplo, a través de lo que Rawls llama «reparto desigual de bienes básicos»; en este caso, más profesores, mejores bibliotecas, becas, políticas culturales específicas...). 
En otras palabras, sustituyó la 'guillotina académica' por la 'guillotina clasista'. 
La primera se podía sortear con empeño y voluntarismo; la segunda, sólo naciendo en otro lado. 
Esta dependencia del entorno es de naturaleza inequívocamente clasista, pues reproduce miméticamente la estratificación social: «tanto tienes, tanto aprendes».
El segundo concepto que popularizó la LOGSE no ha sido menos letal para un proyecto de enseñanza pública de calidad: la adaptación al entorno, es decir, el hecho de colocar como un objetivo educativo central la integración de los jóvenes en el contexto en el que viven. 
La intención es fetichizar las características de cada cultura (entendida en sentido antropológico) e igualar el valor de cada una de ellas. 
Por poner un ejemplo oído directamente de uno de sus portavoces: «la cultura del puchero (sic) no es en absoluto inferior a la cultura de Cervantes». 
La considerada como «cultura escolar» -según estos «teóricos»- no es más que la cultura de una determinada clase social. 
En consecuencia, hay que abrir la escuela a lo que ha sido ignorado, respectivamente, de cada cultura. 
De esta manera halagadora, estos alumnos reciben una enseñanza de inferior calidad (como es obvio, no modela igual la mente leer a Cervantes o resolver ecuaciones que aprender a tocar un tambor rociero) y quedan así mansamente aparcados en los márgenes de la sociedad. 
Y, digámoslo con claridad, nadie necesita más los bienes simbólicos de la escuela que las personas de origen humilde, pues probablemente no tendrán otra oportunidad de entrar en contacto con las mejores creaciones del espíritu humano.
Por lo demás, la diferencia que de verdad debiera importarnos es la individual y se defiende desde la indiferencia. 
No hay más punto de partida y de llegada que constatar que todos somos iguales porque todos somos diferentes. 
Pretender «adaptarnos» a nuestro entorno constituye una manera infalible de frustrar la apertura a lo universal de toda genuina enseñanza y anular, así, la irrepetible aventura individual que somos.
Estos dos males principales se agravan con otros que apenas podemos esbozar:
1) El relativismo. Todas las opiniones tienen la misma jerarquía, lo cual implica renunciar a la verdad objetiva y, con ella, a las `ilusiones de la ciencia y de la racionalidad. 
Estas herramientas de emancipación personal se dejan, pues, a los oligarcas, que las monopolizarán para su propio uso y conveniencia.
2) El pragmatismo alicorto, que declara obsoleto cualquier contenido que no tenga aplicación práctica más o menos inmediata.
3) El paternalismo y la permisividad. 
La pretensión de que la institución escolar sea un segundo hogar donde quedan vetados el esfuerzo, la disciplina y, en consecuencia, la autotutela.
4) La enseñanza concertada. 
Únicamente apuntaremos dos cosas: 
--- por un lado, exacerba las consecuencias segregadoras descritas;
--- por otro, confiere una estabilidad indispensable a un sistema tan disparatado, al proporcionar «pateras de lujo» a todas aquellas personas con capital social.
El poeta latino Juvenal comentaba que las esposas que discutían de historia y poesía, y que utilizaban correctamente la gramática, eran realmente irritantes. 
Nuestro sistema educativo parece diseñado para evitar este «riesgo» en las personas de extracción social humilde. 
Por eso es necesaria una reacción cívica contra esta anomalía que, en tantos sentidos, desmiente el ideal civilizatorio que declaramos nuestro.
Carlos Rodríguez Estacio es miembro del sindiacto de profesores PIENSA (Profesores de Instituto de Enseñanza Secundaria Asociados).